sábado, 3 de octubre de 2026

LA PAZ Y TRANQUILIDAD DE VIVIR EN GRACIA DE DIOS



— No, no es la muerte la que vendrá a buscarme, sino el mismo Dios. La muerte no es un fantasma, ni un espectro horrible, como se la representa en las estampas. 

Está escrito en el catecismo que la muerte es la separación del alma y del cuerpo, nada más. Pues bien: no temo una separación que ha de unirme con Dios toda una eternidad.

 Santa Teresita del Niño Jesús.

 

viernes, 2 de octubre de 2026

2 de Octubre: LOS SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS


La misión primaria de todos los Ángeles es la de adorar incesantemente a la Divinidad, y de aquí que la Iglesia nos permita asociar nuestras voces a las suyas para alabarle, ensalzarle, adorarle y glorificarle. Pero a más de esto han recibido otra misión especial respecto de los hombres, pues según nos lo enseñan la Iglesia, los Santos y los Doctores católicos, al menos desde nuestro nacimiento, todos tenemos un ángel señalado para guardarnos y defendernos de las asechanzas de nuestros enemigos, visibles e invisibles, los demonios, de suerte que ni los paganos, ni los herejes, ni los pecadores se ven privados de este celestial protector. Y no sólo los individuos, sino también de las sociedades e instituciones están confiados al cuidado de los ángeles de suerte que las familias, las parroquias, las diócesis, las provincias, las naciones, las comunidades religiosas las órdenes y congregaciones religiosas y la misma Iglesia tienen su Ángel de la Guarda especial.

Los Ángeles Custodios nos preservan de muchos daños y peligros, alejan de nosotros las ocasiones de pecado, nos inspiran santos pensamientos, nos sostienen en las tentaciones, nos consuela en las aflicciones, nos animan en los desalientos, suscitan remordimientos si no obramos rectamente, interceden por nosotros ante la divina misericordia, etc. Y en fin nos iluminan y sostienen en las enfermedades y sobre todo a la hora de la muerte. San Bernardo resume en tres palabras nuestros deberes para con el Ángel Custodio: Merecen, dice, de nuestra parte, respeto por su presencia, amor por los beneficios que nos dispensan, confianza por la docilidad a sus buenas inspiraciones.


jueves, 1 de octubre de 2026

LA MENTIRA DE "LA SOLA ESCRITURA"


 
La propia Biblia distingue entre la Palabra de Dios transmitida por escrito y la transmitida oralmente. No dice que todo lo que enseñaron los Apóstoles quedó escrito en las Escrituras.

La propia Biblia muestra que la enseñanza apostólica no se limitó a lo escrito.

Primero, San Juan afirma que no todo lo que hizo Jesús quedó escrito: «Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús, que, si se escribieran una por una, pienso que ni aun el mundo podría contener los libros que se escribieran» (Jn 21,25).

Segundo, San Pablo manda expresamente conservar tanto las enseñanzas orales como las escritas: «Manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta» (2 Tes 2,15).

Tercero, San Juan mismo demuestra que la comunicación apostólica no dependía exclusivamente de una carta: «Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no he querido hacerlo con papel y tinta, sino que espero ir a vosotros y hablaros de viva voz» (2 Jn 12). Y nuevamente: «Tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribirte con tinta y pluma; espero verte pronto y hablaremos de viva voz» (3 Jn 13-14).

Por tanto, la Biblia no enseña “solo lo escrito”. Enseña la importancia de conservar fielmente la enseñanza apostólica, recibida tanto por escrito como de viva voz. Esto concuerda con la exhortación de San Pablo: «Conservad las tradiciones» (2 Tes 2,15).

martes, 29 de septiembre de 2026

SUEÑO PROFÉTICO DE DON BOSCO: EL MAL USO DE LOS CELULARES TELEFÓNICOS


 
En el año 1865, San Juan Bosco soñó que había un hombre alto, de color negro y con cuernos, que tenía en su mano "una linterna mágica" con la cual entretenía a los jóvenes

A través de esa "linterna mágica", los jóvenes podían ver cosas divertidas, partidos de fútbol que se habían perdido, pueblos lejanos, libros, familiares, amigos, vacaciones que habían tenido, dinero que les debían, y hasta "escenas pecaminosas", entre otras cosas.

Don Bosco relató que este dispositivo los entretenía tanto que alejaba a estos jóvenes de los sacramentos, especialmente de la confesión y de la comunión.

Este texto se encuentra bien documentado y disponible para el que quiera leerlo, en G. B. Lemoyne, Memorie Biografiche di San Giovanni Bosco, vol. VIII, p. 110.

lunes, 28 de septiembre de 2026

SOBRE LA PUREZA DE LA JUVENTUD (TEXTOS DE SU SANTIDAD PÍO XII)



Varias veces, en diversas ocasiones, Su Santidad Pío XII ha recordado al mundo cristiano, especialmente a la juventud de hoy, las enseñanzas de la Iglesia sobre la castidad. 

En un mundo que muy frecuentemente ha perdido el sentido y la estima de la pureza, bueno será releer y meditar algunas de las palabras con que el Sumo Pontífice supo exaltar esta virtud a los ojos de la juventud de nuestro tiempo. 

Su obligación es siempre actual.

 «Nos, declaramos... a los educadores y a los mismos jóvenes: el mandamiento de la pureza de alma y cuerpo es valedero para la juventud de hoy día, la cual tiene la obligación moral y, con la gracia de Dios, la posibilidad de conservarse pura. Rechazamos, pues, como errónea la afirmación de   quienes consideran como inevitables las caídas durante los años de la pubertad, de las cuales no habría que hacer mucho caso, como si no fuesen culpas graves.

»Por el contrario, es una regla sabia y obligatoria para el educador, el inculcar claramente el mandamiento como tal y su importancia como ley divina, sin por eso dejar de representar ante los jóvenes las nobles cualidades de la pureza, de forma que los lleven a amarla y desearla por sí misma.» (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Unidos todos con una generosa emulación, esforzaos por reintegrar y restaurar la honestidad y la pureza de costumbres en todos los órdenes: en la educación de los niños, en la formación de una juventud pura, sincera, fiel y celosa de su virtud; en todos los órdenes de la vida del trabajo, en las diversiones, esparcimientos y en el deporte. Si no hacéis esto, hay que dar por perdido el honor del pueblo cristiano, hay que dar por perdida la dignidad humana, porque Dios «no nos ha llamado a la impureza, sino a la santidad» (I Thess., 4, 7). (Al pueblo de Roma, 18 de marzo de 1945.) 

Sus motivos profundos.

a) La dignidad humana y cristiana reclama respeto al cuerpo.

«No olvidéis nunca que, por la gracia, lleváis a Dios en vuestra alma; no olvidéis que esta divina presencia os constituye, no solo en cuanto al alma, sino también en cuanto al cuerpo, en templos santos.

»¿No sabéis —escribía San Pablo en su primera carta a los corintios— que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿No sabéis que vuestros miembros son el santuario del Espíritu Santo, que habita en vosotros, el cual habéis recibido de Dios y que ya no os pertenecéis?» (I Cor., VI, 15 y 19).

«El pensamiento consciente de esta inhabitación divina, esta incorporación a Cristo, ha hecho nacer y desarrollarse a través de los siglos, en los pueblos dóciles al Evangelio, un religioso respeto hacia el cuerpo, que se traduce en un conjunto formado   por la compostura de la persona, las maneras,   actitudes, palabras sabiamente compuestas y mesuradas: la modestia... La conciencia y la gracia infunden en el alma como un sentido que vigila contra los peligros que amenazan a la pureza». (A las jóvenes de Acción Católica, 6 de octubre de 1940.)

b) La verdadera libertad cristiana y la alegría.

«Grabad en la conciencia de los jóvenes el concepto puro de la verdadera libertad, digna y característica de una criatura hecha a imagen de Dios, que es algo muy distinto de la corrupción y el desenfreno... La verdadera libertad hace que uno mismo se decida a querer el bien y a realizarlo, enseñoreándose de sus propias facultades e instintos». (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Otros jóvenes, la inmensa mayoría, son llamados por Dios a ser sus cooperadores en la procreación de nuevas vidas. Haced que conozcan la belleza del amor cristiano; y para prepararlos a la formación de una familia honesta y dichosa, haced que sepan apreciar las alegrías de una pureza sin mancha». (A la J. A. C., 8 de septiembre de 1953.)

c) La condición de toda formación cristiana.

«El Jacismo se ha impuesto como tarea la formación de las jóvenes del ambiente rural. Ahora bien: en el primer plano de esta acción educativa hemos de mencionar la regeneración de la institución familiar. Ya en esa edad las condiciones han de ser las siguientes: la reforma de costumbres demasiado libres, el respeto a la joven, la seria preparación para el matrimonio». (A la J. A. C., 7 de mayo de 1950.)

d) La condición para un hogar feliz.

«La educación de la juventud en la castidad de pensamientos y afectos, en la continencia antes del matrimonio, no es el fin último al que tiende la pedagogía cristiana, sino la prueba de su eficacia para formar el espíritu contra los peligros que amenazan su virtud. El joven que se enfrenta con la dificultad y lucha victoriosamente por la pureza, guardará los demás mandamientos de Dios y será apto para fundar una familia conforme a los designios de Dios».

«¿Cómo esperar castidad y fidelidad conyugales de un joven que nunca sabe vencerse a sí mismo, dominar sus pasiones, rechazar las invitaciones pérfidas y los malos ejemplos y que antes del matrimonio se ha permitido toda clase de desórdenes?» (Al clero y predicadores de Roma, 22 de febrero de 1944.)

La estima que hay que tener.

«Prometed a María ser una juventud pura. 

»A vosotros toca el hacer surgir en pos de vosotros una generación nueva, que presente al Creador sobre el altar, el día de la boda, el tesoro de su pureza intacto e incontaminado.

»Ofreced, pues, a María siempre Virgen y Madre, vuestra inquebrantable promesa de santa pureza. Y que Ella, con su todopoderosa protección, os ayude a observarla fielmente hasta el fin». (A la juventud femenina de Roma, 12 de mayo de 1946.) 

Peligros a que está expuesta en el mundo actual.

 «Se puede decir que es unánime la opinión de que la moralidad de mucha gente está en decadencia. Y no solamente de la juventud de las ciudades. También en el campo, donde antaño florecían sanas y vigorosas las buenas costumbres, la degradación moral ha hecho sus estragos; pues muchos elementos que en las ciudades arrastran al lujo y al placer, tienen ya entrada libre en los mismos pueblos. 

»Es superfluo recordar hasta qué punto se ha usado y abusado de la radio y del cine...; hasta qué punto la radio y el cine, el libro malo, la revista licenciosa ilustrada, el espectáculo indecente, el baile inmoral, la inmoralidad de las playas, han contribuido a aumentar la libertad, la mundanidad, la sensualidad de la juventud.

«Los informes que tenemos de otras regiones, muy diversas entre sí, nos señalan en todo esto hogares en que la juventud ha abandonado toda moral y religión. De todo ello el primer responsable es la   destrucción del   matrimonio, cuya funesta consecuencia ha sido el descenso moral de la juventud». (A la Unión de Mujeres Católicas, 24 de julio de 1949.)

 Condiciones para salvaguardarla. 

a) Huida de las ocasiones próximas. 

«El educador cristiano estimulará a la juventud a evitar las ocasiones próximas de impureza...» (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Padres y madres de familia: ¿estáis dispuestos a comprometeros solemnemente a velar, en cuanto podáis, sobre vuestros hijos e hijas, para prepararlos y defenderlos contra todos los peligros que los acechan y para alejarlos de los sitios en que puedan ser arrastrados a la impiedad y a la perversión moral?» (Alocución en la canonización de María Goretti, 24 de junio de 1950.)

b) Hábitos de esfuerzo, de sacrificio y de dominio de sí mismo.

«El educador cristiano animará a los jóvenes a la lucha, sin ocultar la dureza de la misma; los incitará a realizar con valentía los sacrificios que exige la virtud, y los exhortará a perseverar, para no exponerse a abandonar las armas desde el principio sucumbiendo sin resistencia a los malos hábitos». (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.)

«Educad a la juventud en la pureza. Ayudadla cuando necesita una palabra de explicación, un consejo, una dirección. No olvidéis, sin embargo, que una buena educación que abarque toda la vida, que enseñe sobre todo el dominio personal, es también la mejor formación para la castidad». (A las mujeres de la Acción Católica Italiana, 24 de julio de 1949.)

«El pastor de almas... debe formar, hacer crecer e instruir en las luces de la fe a una generación que ya desde sus primeros años ha aprendido a pensar santamente, a vivir castamente y a dominarse a sí misma». (Al clero y predicadores de Roma, 22 de febrero de 1944.)

«Al inmoderado afán de placeres y a la indisciplina moral que trata de invadir las filas de la juventud católica, haciéndola olvidar que lleva en sí una naturaleza caída, triste herencia del pecado original, oponed la educación del dominio personal, del sacrificio y del renunciamiento, la educación de la pureza, en especial durante los años en que el desarrollo va llegando a su madurez«.
  (Radiomensaje al Congreso de Educación Católica de Bolivia, 6 de octubre de 1948.) 

c) La modestia o el pudor cristiano.

«Teniendo en cuenta la nobleza que Cristo ha conferido al misterio de la maternidad, se puede concluir cuál ha de ser la fuerte, valerosa y firme actitud de la joven católica frente a publicaciones o espectáculos audazmente sensuales, que solo dejan ver intrigas, adulterios, lenguaje equívoco, cuando no escándalos desvergonzados por su crudeza.» 

»En vuestra mano está la mejor arma y más poderosa para oponeros a semejantes manifestaciones; esa arma es la abstención absoluta...

»Educad a las jóvenes en esta alta y santa dignidad, fuente de protección franca y eficaz de la integridad física y espiritual, Esta dignidad, esta nobleza valerosa e indomable es un don precioso... que realza el valor moral de la mujer, la cual, en su integridad, no se entrega sino a su esposo para la formación de una familia». (A las jóvenes de Ácción Católica, 24 de abril de 1943.) 

«Oh madres cristianas, si supierais las angustias   y   peligros   interiores, las dudas mal contenidas, las   vergüenzas mal reprimidas que preparáis a vuestros   hijos   y   vuestras   hijas, acostumbrándolos imprudentemente a vivir apenas cubiertos, haciéndoles perder el sentido delicado de la modestia, enrojeceríais de vergüenza, y os avergonzaríais de vosotras mismas y del daño que estáis causando a esos hijos que el cielo os ha confiado a fin de que los eduquéis cristianamente.

 »Y lo que decimos a las madres lo repetimos a tantas mujeres creyentes y aun piadosas, que siguiendo tal o cual moda atrevida, son con su ejemplo causa de que otras hermanas suyas, a quienes retenían alejadas muchas vacilaciones, sigan una moda que puede ser para ellas causa de ruina espiritual. Mientras ciertas toilettes (prendas de vestir) provocativas sigan siendo el triste privilegio de mujeres de dudosa reputación y como la señal que las distingue de las demás, nadie se atreverá a adoptarlas. Mas el día en que esta toilette (prenda provocativa) aparezca en personas al abrigo de toda sospecha, ya no habrá miedo de seguir una corriente que acaso lleve a las peores caídas.

 "Se ha observado muy justamente que si las cristianas sospechasen las tentaciones y caídas de que son causa en los demás con sus vestidos (provocativos) y familiaridades, a las que en su inconsciencia dan tan poca importancia, se llenarían de espanto a la vista de su responsabilidad». (A las jóvenes de Acción Católica, 6 de octubre de 1940.)

 d)   Recurso   a   las   fuerzas   sobrenaturales   (oración   y   sacramentos).   

«La   general experiencia de ayer, de hoy y de siempre, atestigua que en la educación moral ni la iniciación sexual ni la instrucción presentan ventaja alguna, sino al contrario, que es gravemente malsana y perjudicial, a no ser que vaya unida a una constante disciplina, a   un   vigoroso   dominio   de   sí   mismo,   al   empleo   sobre   todo   de   las   fuerzas sobrenaturales de la oración y de los sacramentos. Todos los educadores católicos dignos de este nombre y de su misión conocen perfectamente el papel preponderante de las energías sobrenaturales en la santificación del hombre, joven o adulto, soltero o casado». (A los padres de familia de Francia, 18 de septiembre de 1951.) 

«No olvidéis nunca que esta meta (la conquista de la pureza) no puede alcanzarse sin la ayuda poderosa de los sacramentos de confesión y comunión, cuyo valor sobrenatural educativo no podrá nunca justipreciarse como es debido». (Radiomensaje a Bolivia, 6 de octubre de 1948.)

 «Enseñadles (a los jóvenes) a rezar y a sacar de las fuentes de la Penitencia y Éucaristía lo que la naturaleza no puede dar: la fuerza para no caer, la fuerza para levantarse». (A la Acción Católica Italiana, 23 de marzo de 1952.) 

«Es claro que el que no quiere dominarse a sí mismo no lo podrá nunca, y que el que cree poder dominarse contando tan solo con sus propias fuerzas, sin buscar con sinceridad y perseverancia el auxilio divino, se engaña miserablemente(*)» (A las comadronas italianas, 29 de octubre de 1951.)

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 (*) Estas últimas palabras se referían directamente a la castidad conyugal, pero valen igualmente para la pureza en general.

sábado, 26 de septiembre de 2026

SÚPLICA

 

Ved, Señor, postrado a vuestros pies al que tan poco tuvo en cuenta vuestros dones ni vuestros castigos… ¡Desdichado de mí! Si Vos, Jesús mío, no hubieseis tenido misericordia, muchos años ha que estaría yo en aquel horno pestilente, donde arderán tantos pecadores como yo.

¡Ah Redentor mío! ¿Cómo podría en lo sucesivo ofenderos otra vez? No suceda así, Jesús de mi vida; antes enviadme la muerte. Y ya que habéis comenzado, acabad la obra; ya que me habéis sacado del lodazal de mis culpas y tan amorosamente me invitáis a que os ame, haced ahora que el tiempo que me deis le invierta todo en serviros.

¡Cuánto desearían los condenados un día, una hora de ese tiempo que a mí me concedéis!… Y yo ¿qué haré? ¿Seguiré malgastándole en cosas que os desagraden?…

No, Jesús mío, no lo permitáis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, que hasta ahora me han librado del infierno. Os amo, Soberano Bien, y porque os amo me pesa de haberos ofendido, y propongo no ofenderos más, sino amaros siempre.

Vuestra Sangre y vuestra muerte son, Jesús mío, mi esperanza. Habéis muerto por librarme de la muerte eterna. ¿Y quién, Señor, alcanzó mayor parte en los méritos de vuestra Pasión que este miserable, tantas veces merecedor del infierno?… No permitáis que continúe siendo ingrato a tantas gracias como me habéis concedido.

Librándome del infierno, quisisteis que no ardiese yo en las llamas eternas, sino en el dulce fuego de vuestro amor. Ayudadme, pues, a fin de que cumpla vuestros deseos. Si estuviese en el infierno, no podría amaros.

Pero ya que ahora puedo amar, amaros quiero… Os amo, Bondad infinita; os amo, Redentor mío, que tanto me habéis amado. ¿Como he podido vivir tan largo tiempo olvidado de Vos? Mucho, Señor, os agradezco que Vos no me hayáis olvidado. De no haber sido así, hallaríame ahora en el infierno, o no tendría dolor de mis culpas.

Este dolor de corazón por haberos ofendido, este deseo que siento de amaros mucho, dones son de vuestra gracia, que me, auxilia y vivifica… Gracias, Dios mío.

Espero consagraros la vida que me resta. A todo renuncio, y quiero pensar únicamente en serviros y complaceros. Imprimid en mi alma el recuerdo del infierno que merecí y de la gracia que me disteis, y no permitáis que, apartándome otra vez de Vos, vuelva a condenarme yo mismo a los tormentos de aquella cárcel…

Sois, pues, Dios mío, Sumo Bien, el bien infinito, ¿y yo, voluntariamente, tantas veces os he perdido?… Sabía yo que con mis culpas os enojaba y perdía vuestra gracia, ¡y, sin embargo, las cometí!… ¡Ah, Señor, si no supiese que clavado en la cruz moristeis por mí, no me atrevería a pedir y esperar vuestro perdón!…

 ¡Oh Eterno Padre! No me miréis a mí, mirad a vuestro amado Hijo, que por mí ruega, y oídle y perdonadme.

Muchos años ha que merecí verme en el infierno, sin esperanza de amaros ni recuperar la perdida gracia. Me pesa, Dios mío, de todo corazón, de las injurias que os hice renunciando a vuestra amistad, despreciando vuestro amor por los viles placeres del mundo… ¡Antes hubiera muerto mil veces!… ¿Cómo pude estar tan ciego y tan loco?…

Gracias, Señor, que me dais tiempo de remediar el mal que cometí. Ya que por vuestra misericordia no estoy en el infierno y puedo amaros todavía, deseo amaros, Dios mío. No he de dilatar más mi sincera y firme conversión…

Os amo, Bondad infinita; os amo, vida y tesoro mío, mi amor y mi todo… Acordaos siempre, Señor, del amor que me tuvisteis; y recordadme a mí el infierno en que debiera hallarme, a fin de que este pensamiento me encienda en vuestro amor y me mueva a repetir mil veces que de veras os amo…

Reina y Madre nuestra, María Santísima, rogad a Jesús por mí, y alcanzadme los dones de la perseverancia y del divino amor.

¡Oh Madre de Dios, rogad por este pecador arrepentido! Vuestra intercesión me libró del infierno. Libradme también del pecado, único motivo capaz de acarrearme nueva condenación.

¡Oh María, Reina, esperanza y Madre nuestra, si me viese en el infierno, tampoco podría amaros a Vos!…
Mas ahora os amo, Madre mía, y espero que jamás dejaré de amar a Vos y a mi Dios. Ayudadme y rogad a Jesús por mí.

Amén.

 TOMADO DE: PREPARACIÓN PARA LA MUERTE DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO.

viernes, 25 de septiembre de 2026

LA IGLESIA DE CRISTO Y LAS SECTAS POSTERIORES


Todas las demás dizque iglesias fueron fundadas al menos 1.500 años después de Cristo por hombres rebeldes que falsificaron el Evangelio y fundaron sectas que no salvan, que no son instrumentos de salvación, sino de perdición. Jesucristo no fundó muchas iglesias, ni dejó a cada hombre la libertad de inventar su propia religión. Dijo claramente a San Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18). Y San Pablo enseña que hay «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4,5).

Martín Lutero, en el siglo XVI; Juan Calvino, en el siglo XVI; Enrique VIII, en el siglo XVI; José Smith, fundador del mormonismo en 1830; Charles Taze Russell, iniciador del movimiento de los Estudiantes de la Biblia en la década de 1870; y los fundadores y promotores de otros movimientos religiosos posteriores aparecieron muchos siglos después de Jesucristo.

Por eso, ninguna secta puede usurpar el nombre de Iglesia fundada por Cristo. La Iglesia Católica no nació ayer, ni en el siglo XVI, ni en el XIX, ni en el XX: nació de Jesucristo y fue confiada a los Apóstoles. La antigüedad, la sucesión apostólica, la doctrina y los sacramentos no pueden ser sustituidos por una interpretación privada del Evangelio. El evangelio falsificado es distinto del Evangelio verdadero. Por eso advierte San Pablo: «Aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gál 1,8).


jueves, 24 de septiembre de 2026

EL TESTAMENTO DE ISABEL LA CATÓLICA. EL BUEN TRATO A LOS INDIOS.



La Reina Isabel hizo testamento en el castillo de La Mota, en Medina del Campo, el 12 de octubre de 1504.

El 23 de noviembre agregó un codicilo, en cuyo capítulo XII muestra su preocupación por los habitantes de las recién descubiertas tierras americanas.

Por ello, ruega a su esposo Fernando, a su hija la princesa Juana y a su yerno el archiduque Felipe que se ocupen de que se trate a los indios con justicia y respeto y que recuerden que el principal fin por el que les han sido concedidos los territorios del Nuevo Mundo es la evangelización:

"Por quanto, al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos fizo la dicha concession, de procurar inducir e traher los pueblos dellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano prelados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vezinos e moradores dellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en ello la diligencia debida, según como más largamente en las Letras de la dicha concessión se contiene, por ende suplico al Rey, mi Señor, mui afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que ansí lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vezinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e justamente tratados. E si algún agravio han rescebido, lo remedien e provean".

miércoles, 23 de septiembre de 2026

LOS PECADOS CONTRA LA NATURALEZA


 San Agustín afirma:

“Así pues, todos los pecados contra naturaleza, como fueron los de los sodomitas, han de ser detestados y castigados siempre y en todo lugar, los cuales, aunque todo el mundo los cometiera, no serían menos reos de crimen ante la ley divina, que no ha hecho a los hombres para usar tan torpemente de sí, puesto que se viola la sociedad que debemos tener con Dios cuando dicha naturaleza, de la que Él es autor, se mancha con la perversidad de la lascivia”.

San Juan Crisóstomo proclama desde el púlpito:

“Todas las pasiones llevan consigo un carácter vergonzoso, pero nada más ignominioso que el delirio por personas del mismo sexo, por el cual el alma se degrada más, se cubre más de oprobio, que el cuerpo por las enfermedades físicas. Los hombres, dice San Pablo, han cambiado los placeres legítimos de la unión conyugal por placeres abominables, rechazando la unión de los sexos conforme a la naturaleza. Pensad en aquella lluvia que hizo arder a Sodoma. Es imagen en este mundo del fuego real que quema al impúdico en el infierno. ¡Cuán enorme debe ser el pecado que trae el infierno sobre la tierra! ¡Oh hombre! ¡Hasta qué punto degradas tu nobleza!”.

San Gregorio Magno comenta:

“Es por haber ardido en deseos perversos venidos de una carne fétida por lo que los sodomitas merecieron perecer a la vez por el fuego y por el azufre, a fin de que un justo castigo les mostrase lo que habían hecho por sus deseos infames”.


viernes, 18 de septiembre de 2026

CUIDADO, MUCHO CUIDADO! ⚠️


 «Todos deberían evitar la familiaridad o amistad con cualquier sospechoso de pertenecer a la Masonería o a los grupos afiliados a esta. Conocerlos por sus frutos y evitarlos. Debe evitarse toda familiaridad, no solo con aquellos impíos libertinos que promueven abiertamente el carácter de la secta, sino también con aquellos que se esconden bajo la máscara de la tolerancia universal, el respeto a todas las religiones, y el anhelo de reconciliar las máximas del Evangelio con las de la revolución. Esos hombres buscan reconciliar a Cristo y a Belial, la Iglesia de Dios y el estado sin Dios»

PAPA LEÓN XIII, Encíclica “Custodi di quella Fede”.


jueves, 17 de septiembre de 2026

MEDITACIÓN SOBRE CÓMO HAY QUE VENCER LA TRISTEZA



¿Hay entre vosotros alguno que esté triste? (Santiago, 5, 13).

   I. Cuando estamos agobiados bajo el peso de la tristeza, cuando la malicia de nuestros enemigos, la infidelidad de nuestros amigos, los sufrimientos de nuestro cuerpo y tantos otros acontecimientos desfavorables nos colman de amargura, buscamos un amigo fiel para descargar nuestro corazón en el suyo. ¿Dónde encontrar un amigo más fiel que Jesús? Vayamos, pues, al pie de los altares, confiémosle el motivo de nuestras lágrimas, roguémosle que nos libre de nuestras penas. 
   Interroguémosle, escuchemos lo que nos diga en el fondo del corazón, y pronto seremos consolados. Me acordé de ti, Señor, y me alegré (El Salmista).

   II. Para disipar la tristeza, consideremos que existen personas más desventuradas que nosotros. ¡Tantos pobres en los hospicios, tantos enfermos en su lecho sufren mucho más que nosotros! Las benditas almas del purgatorio, los condenados en el infierno, sufren tormentos incomparablemente más crueles que los que nos hacen gemir a nosotros. Aceptemos de buen grado esta tristeza para expiar nuestras faltas. Si una hora de pena te resulta intolerable, ¿cómo sufrir los suplicios eternos del infierno? 
   Piensa en esta verdad y ya no derramarás lágrimas sino para borrar tus pecados.

   III. Piensa en la tristeza que se apoderó del corazón de Jesucristo en el huerto de los Olivos; piensa en los tormentos que por ti soportó en la cruz, y di con Él: “Padre mío, que se haga vuestra voluntad; si queréis que gima durante toda mi vida, me someto a vuestra santa voluntad”. Después de todo, no debemos esperar estar siempre alegres y contentos, puesto que Jesucristo y los santos han estado siempre en aflicción y lágrimas. Señor, quiero llorar con Vos, porque nadie puede gozarse en la tierra con el rico epulón y reinar con Dios en el cielo. 
   Los cristianos deben temer los gozos de la vida presente y desear los sufrimientos con ardor (San Juan Crisóstomo).

Haced oración.
Orad por las órdenes religiosas.

   ORACIÓN: Señor Jesucristo, que, para sacar al mundo de la tibieza en que había caído e inflamar nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, habéis impreso en el cuerpo del bienaventurado Francisco las Sagradas llagas de vuestra Pasión, dignaos, en vista de sus méritos y de su intercesi6n, concedernos la gracia de llevar constantemente la cruz y hacer dignos frutos de penitencia. Vos que vivís y reináis en los siglos de los siglos. Amén.

“SANTORAL DE GROSEZ. S. J.”


miércoles, 16 de septiembre de 2026

DISCURSO DE ANACLETO GONZÁLEZ FLORES

 

"Muchos católicos desconocen la gravedad del momento y sobre todo las causas del desastre, ignoran cómo los tres grandes enemigos, el Protestantismo, la Masonería y la Revolución, trabajan de manera incansable y con un programa de acción alarmante y bien organizado.

Estos tres enemigos están venciendo al Catolicismo en todos los frentes, a todas horas y en todas la formas posibles. Combaten en las calles, en las plazas, en la prensa, en los talleres, en las fábricas, en los hogares. Trátase de una batalla generalizada, tienen desenvainada su espada y desplegados sus batallones en todas partes. Esto es un hecho. Cristo no reina en la vía pública, en las escuelas, en el parlamento, en los libros, en las universidades, en la vida pública y social de la Patria. Quien reina allí es el demonio. En todos aquellos ambientes se respira el hálito de Satanás.

Y nosotros, ¿qué hacemos? Nos hemos contentado con rezar, ir a la iglesia, practicar algunos actos de piedad, como si ello bastase «para contrarrestar toda la inmensa conjuración de los enemigos de Dios». Les hemos dejado a ellos todo lo demás, la calle, la prensa, la cátedra en los diversos niveles de la enseñanza. En ninguno de esos lugares han encontrado una oposición seria. Y si algunas veces hemos actuado, lo hemos hecho tan pobremente, tan raquíticamente, que puede decirse que no hemos combatido. Hemos cantado en las iglesias pero no le hemos cantado a Dios en la escuela, en la plaza, en el parlamento, arrinconando a Cristo por miedo al ambiente.

Reducir el Catolicismo a plegaria secreta, a queja medrosa, a temblor y espanto ante los poderes públicos cuando éstos matan el alma nacional y atasajan en plena vía la Patria, no es solamente cobardía y desorientación disculpable, es un crimen histórico religioso, público y social, que merece todas las execraciones.

....Las almas sufren de empequeñecimiento y de anemia espiritual. Nos hemos convertido en mendigos, renunciando a ser dueños de nuestros destinos. Se nos ha desalojado de todas partes, y todo lo hemos abandonado.

Hasta ahora casi todos los católicos no hemos hecho otra cosa que pedirle a Dios que Él haga, que Él obre, que Él realice, que haga algo o todo por la suerte de la Iglesia en nuestra Patria. Y por eso nos hemos limitado a rezar, esperando que Dios obre. Y todo ello bajo la máscara de una presunta «prudencia». Necesitamos la imprudencia de la osadía cristiana.

Más aún, no son pocos los católicos que se atreven a llamar imprudente al que sabe afirmar sus derechos en presencia de sus perseguidores. Es necesario que esta situación de aislamiento, de alejamiento, de dispersión nacional, termine de una vez por todas, y que a la mayor brevedad se piense ya de una manera seria en que seamos todos los católicos de nuestra Patria no un montón de partículas sin unión, sino un cuerpo inmenso que tenga un solo programa, una sola cabeza, un solo pensamiento, una sola bandera de organización para hacerles frente a los perseguidores."

Discurso de Anacleto González Flores, mártir.

martes, 15 de septiembre de 2026

LA GUERRA DE LAS ETIQUETAS (Trump-Sheinbaum).

 



Por Lorenzo Carrasco

Como en un reto entre infantes, los presidentes de Estados Unidos y México, Donald Trump y Claudia Sheinbaum, mantienen una peculiar guerra de etiquetas: de derecha a izquierda, compiten por rebautizar, reinterpretar o cancelar partes de la geografía y de la historia.

Trump, en su senectud narcisista, rediseña mapas y rebautiza territorios: todo es América y, a ser posible, todo es Trump. Canadá, Groenlandia, México y hasta el estratégico estrecho de Ormuz parecen caber, de una u otra manera, dentro de su cartografía mental. La guerra contra Irán demuestra, además, que el viejo impulso imperial estadounidense, a pesar de su notable capacidad geopolítica, no está precisamente sanforizado.

Por su parte, su colega mexicana, Claudia Sheinbaum, ha blandido la espada del indigenismo más elemental para combatir los fantasmas del hispanismo y, colocándose simbólicamente al lado de Cuauhtémoc, parece empeñada en derrotar definitivamente, cinco siglos después, a Hernán Cortés.

Todo esto podría no pasar de una pantomima infantil si no terminara convertido en política de Estado. La célebre película La guerra de los botones conservaba la gracia y la inocencia de la infancia y la adolescencia. De ambas carece, en gran medida, esta particular «guerra de las etiquetas» entre México y Estados Unidos, protagonizada por adultos que, desde el poder, parecen competir con la lógica de una riña escolar.

Hay, incluso, otro paralelismo interesante. Trump promete beneficios económicos directos a los ciudadanos estadounidenses en busca de respaldo electoral, quizá imaginando un efecto semejante al alcanzado en México por las pensiones para adultos mayores, que, siendo necesarias para millones de personas, se han convertido también en uno de los principales activos políticos y electorales de la llamada Cuarta Transformación.

Pero, para comprender mejor la raíz del culto político al indigenismo, acompañado frecuentemente por la descalificación de Cortés y de la herencia española, conviene retroceder en la historia mexicana. Esa narrativa no nació con Claudia Sheinbaum; es heredera de corrientes mucho más antiguas.

Podemos señalar, con las necesarias diferencias históricas, dos momentos particularmente significativos.

El primero aparece ya en los años inmediatamente posteriores a la conquista, durante el gobierno de la Primera Audiencia de México, presidida por Nuño de Guzmán. Su enfrentamiento con Hernán Cortés y con sus partidarios fue feroz. A ello se sumaron los abusos cometidos contra las poblaciones indígenas y el tráfico de esclavos, denunciados con enorme dureza por fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, quien llegó a describir en términos casi demoníacos la conducta de los gobernantes de aquella Audiencia.

No sería exacto afirmar que Carlos V creó formalmente la Primera Audiencia con el mandato explícito de destruir a Cortés; pero, en la práctica, su actuación produjo un violento desplazamiento del poder cortesiano y abrió una profunda confrontación con los conquistadores vinculados a él, con los franciscanos y con numerosos aliados indígenas que habían participado en la caída del imperio mexica.

En el trasfondo de aquella pugna se encontraba también una cuestión mayor: quién debía controlar y dar forma política a la Nueva España. La política diplomática del Imperio buscaba impedir que el enorme prestigio y poder adquirido por Cortés desembocara en un señorío prácticamente autónomo. Comenzaba así una tensión que recorrería buena parte del siglo XVI entre los protagonistas de la conquista, las órdenes misioneras y la creciente burocracia de la monarquía.

La firme actuación de Zumárraga y las denuncias contra la Primera Audiencia contribuyeron a poner fin a aquella experiencia. Pero, tres siglos después, en el México recién independizado, surgió otro proyecto de redefinición de la identidad nacional, esta vez bajo una poderosa influencia estadounidense.

 Aquí aparece Joel Roberts Poinsett.

Poinsett recorrió México en 1822 y posteriormente publicó sus Notes on Mexico. Regresaría en 1825 como primer ministro plenipotenciario de Estados Unidos ante la nueva república. Su intervención en la política mexicana fue considerable y su nombre quedó estrechamente ligado al desarrollo de las logias del rito de York, cuya patente fue obtenida con su intermediación y que pronto se convirtieron en uno de los grandes instrumentos de organización política del México independiente.

Alrededor de los lorquinos se consolidó una corriente marcadamente republicana y federalista, hostil a los sectores monárquicos y crecientemente enfrentada a la influencia política española. La pugna dejó de ser únicamente entre formas de gobierno: comenzó también una disputa por la memoria histórica y por la identidad que debía asumir la nueva nación.

Pero la misión de Poinsett tenía también una dimensión territorial que no debe pasarse por alto. Washington le había encargado explorar la posibilidad de modificar la frontera establecida por el Tratado Adams-Onís y adquirir para Estados Unidos una parte considerable de Texas. En 1827 fue autorizado a ofrecer un millón de dólares por determinados territorios texanos, y posteriormente la administración de Andrew Jackson llegó a contemplar una oferta todavía mayor. Poinsett consideraba, además, que el creciente establecimiento de colonos angloamericanos en Texas facilitaría su futura adquisición por Estados Unidos.

Poinsett no dirigió personalmente la independencia texana de 1836 ni la anexión de 1845, pero su misión anticipó con sorprendente claridad la dirección que tomaría posteriormente la expansión estadounidense. La presión para adquirir Texas fue seguida por la creciente colonización angloamericana, la separación de Texas de México en 1836 y, finalmente, su incorporación a Estados Unidos en 1845.

La anexión de Texas desencadenó una nueva crisis con México y precedió inmediatamente a la guerra mexicano-estadounidense de 1846-1848. Bajo la presidencia de James K. Polk, Estados Unidos llevó su expansión territorial hasta sus mayores dimensiones. El Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848 obligó a México a reconocer la pérdida de Texas y a ceder Alta California y Nuevo México, un vastísimo territorio que, sumado a Texas, representó aproximadamente la mitad del territorio que México había reclamado al alcanzar su independencia.

Vista retrospectivamente, aparece así una continuidad geopolítica que trasciende a Poinsett como individuo: primero, separar cultural y políticamente al nuevo México de su antigua matriz hispánica; simultáneamente, desplazar hacia el sur y el oeste la frontera de Estados Unidos; y finalmente convertir aquella expansión demográfica y territorial en una nueva realidad continental.

España, la monarquía católica y la herencia novohispana pasaban a representar, para determinados sectores del México independiente, el pasado del cual había que desprenderse. En contrapartida, el México prehispánico —Moctezuma, Cuauhtémoc y la antigua Tenochtitlan— ofrecía los símbolos necesarios para construir una genealogía nacional anterior a Cortés.

Así se fue desarrollando una lectura según la cual México no habría nacido del dramático encuentro iniciado en 1519 y de la nueva sociedad cristiana y mestiza surgida después de 1521, sino que constituiría esencialmente la restauración política de una nación interrumpida por la conquista española.

La conjura tenía enormes consecuencias simbólicas: Cortés dejaba de ser uno de los fundadores del México histórico para convertirse exclusivamente en su destructor; Cuauhtémoc pasaba de último tlatoani mexica a héroe nacional de un Estado que aparecería tres siglos después; y la continuidad novohispana era sustituida progresivamente por una narración que saltaba de Tenochtitlan a la Independencia.

No puede atribuirse toda esta construcción histórica únicamente a Poinsett ni a las logias lorquinas. Pero su intervención contribuyó a fortalecer en el México independiente una corriente republicana, federalista y anti hispánica que veía en Estados Unidos, y no en la tradición monárquica hispánica, el modelo político hacia el cual debía orientarse la nueva nación.

En términos simplificados, el mensaje era poderoso: el pasado está en Tenochtitlan; el futuro, en Washington.

Y aquella disputa sobre la identidad mexicana nunca terminó completamente. Bajo distintas formas reaparece hasta nuestros días, cada vez que la historia se divide entre indígenas y españoles, vencidos y vencedores, Cuauhtémoc y Cortés, como si cinco siglos de mestizaje pudieran reducirse nuevamente a los dos ejércitos enfrentados en 1521.

Pero dejemos por un momento la guerra de las etiquetas y pasemos a una realidad histórica mucho más profunda.

En la relación entre México y Estados Unidos se está produciendo desde hace décadas una transformación sustancial: la presencia masiva y creciente de mexicanos y de sus descendientes en territorio estadounidense. Decenas de millones de personas de origen mexicano viven hoy en Estados Unidos, y ciudades como Los Ángeles poseen una dimensión cultural mexicana imposible de ignorar.

Dentro de este proceso se podría hablar, provocativamente, de una suerte de «reconquista», no territorial ni militar, sino cultural, demográfica y espiritual, de espacios que México perdió en el siglo XIX bajo el avance ideológico del llamado Destino Manifiesto.

Y aquí aparece una de las ironías mayores de la historia.

El país que durante el siglo XIX ejerció una poderosa influencia sobre la transformación política y territorial de México observa ahora cómo millones de mexicanos y sus descendientes transforman culturalmente a Estados Unidos desde dentro. Y, para información de la presidente Sheinbaum, esa transformación no se está produciendo por obra de un indigenismo retrogrado, sino, fundamentalmente, por la fuerza de la presencia hispana.

El castellano se ha convertido desde hace tiempo en la segunda lengua más hablada de Estados Unidos y constituye uno de los elementos centrales de una transformación cultural de largo alcance.

Aquí adquieren particular relevancia unas palabras atribuidas a Octavio Paz en la década de 1990: «La Virgen de Guadalupe ha sido más “antimperialista” que 60 años de fervorosos discursos de los políticos mexicanos». Paz apuntaba con ello a algo mucho más profundo que la política coyuntural: la capacidad de una cultura para resistir mediante sus instituciones naturales, sus símbolos y sus formas tradicionales de vida.

Al explicar la resistencia cultural de México frente a la influencia de la mayor potencia del continente, Paz destacaba la fuerza de la organización comunitaria, de la familia, de la madre como centro de esa familia, de la religión tradicional y de las imágenes religiosas. En otras palabras, aquello que preserva a una cultura no es únicamente el Estado ni su discurso político, sino una trama mucho más profunda de costumbres, creencias, lengua, memoria y vínculos sociales.

Una idea semejante fue formulada por san Juan Pablo II en su célebre discurso ante la UNESCO, en 1980:

«La nación es, en efecto, la gran comunidad de los hombres que están unidos por diversos vínculos, pero, sobre todo, precisamente por la cultura. La nación existe “por” y “para” la cultura».

Y añadía que existe una «soberanía fundamental de la sociedad» que se manifiesta precisamente en la cultura de la nación.

Es ahí donde el asunto deja de ser jocoso.
La migración mexicana hacia Estados Unidos no representa solamente un fenómeno laboral, económico o demográfico. Lleva consigo una lengua, una religión, una concepción de la familia, determinadas formas comunitarias y una memoria histórica. Es decir, transporta cultura en el sentido más profundo señalado por Juan Pablo II.

La magnitud de este fenómeno terminó incluso modificando radicalmente el pensamiento de Samuel P. Huntington. El autor de El choque de civilizaciones, que inicialmente había planteado los grandes conflictos internacionales en términos de bloques culturales, acabó concentrando buena parte de su preocupación en la inmigración hispana —y muy particularmente mexicana— hacia Estados Unidos.

En Who Are We? The Challenges to America’s National Identity, Huntington llegó a presentar la continuidad territorial, demográfica, lingüística y cultural de la inmigración mexicana como un desafío sin precedentes para la identidad estadounidense. Muchas de aquellas preocupaciones reaparecen hoy, explícita o implícitamente, en sectores de la política estadounidense y ayudan a comprender parte del trasfondo cultural de la política migratoria de Donald Trump.

Aquí se encuentra, quizá, la paradoja principal. Mientras Trump y Sheinbaum libran sus respectivas batallas simbólicas por los nombres, los mapas y la interpretación del pasado, debajo de esa superficie se desarrolla un proceso histórico mucho más poderoso y difícil de controlar desde los palacios presidenciales: el encuentro —y también la tensión— entre dos grandes espacios culturales unidos por una frontera que separa Estados, pero que cada vez separa menos a sus sociedades.


lunes, 14 de septiembre de 2026

EL JUICIO FINAL SEGÚN LAS SAGRADAS ESCRITURAS


El Juicio Final tendrá lugar después de la resurrección de los muertos. Jesucristo mismo juzgará a todos los hombres: «Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria... serán congregadas delante de Él todas las naciones» (Mt 25,31-32). Dios manifestará públicamente la verdad sobre cada persona, sus obras buenas y malas, incluso aquello que permaneció oculto: «Dios juzgará las acciones secretas de los hombres» (Rom 2,16).

No será porque Dios necesite conocer algo, pues Él conoce perfectamente nuestros corazones, sino para manifestar ante todos su justicia. «Todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo» (2 Cor 5,10). «Los que hicieron el bien saldrán para la resurrección de vida, y los que hicieron el mal, para la resurrección de condenación» (Jn 5,29).

Entonces Cristo separará definitivamente a los justos de los pecadores (Mt 25,33) y pronunciará la sentencia eterna: «Venid, benditos de mi Padre» (Mt 25,34), o «Apartaos de mí, malditos» (Mt 25,41).


sábado, 12 de septiembre de 2026

viernes, 11 de septiembre de 2026

LA MANSEDUMBRE, SELLO DEL VERDADERO CRISTIANO



La mansedumbre es, junto con la humildad, el sello particular de los verdaderos cristianos y de las personas profundamente piadosas. Nuestro Señor Jesucristo quiso presentarse a nosotros como modelo de estas dos virtudes: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29).

La mansedumbre no es debilidad ni cobardía. Es la virtud que mantiene el alma serena y dueña de sí misma aun en medio de las ofensas, las contradicciones y los sufrimientos. El verdadero cristiano sabe defender la verdad y cumplir su deber con firmeza, pero sin odio, violencia interior ni deseo de venganza.

La serenidad propia de la mansedumbre acompaña a los cristianos hasta en el martirio. Así lo vemos admirablemente en San Esteban, quien, mientras era apedreado, oró por sus verdugos: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (Hch 7,60). De este modo, el discípulo imita a su Maestro, que desde la Cruz dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).

La mansedumbre, unida a la humildad, hace que el alma se parezca cada vez más a Jesucristo y pueda permanecer en paz incluso en las mayores pruebas. Por eso dijo el Señor: «Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra» (Mt 5,5).

miércoles, 9 de septiembre de 2026

PARA ORAR

 


Os dejo una oración por si os ayuda para hoy para iniciar ese diálogo con el Señor, esa conversación que Él siempre, pacientemente espera y que transforma nuestro dia..

Me comentaba una persona hace poco: "yo no sé rezar, ¿Cómo hay que hacer?"... Es muy sencillo, pero si os cuesta hablar con Él, intentadlo por ejemplo, con esta bella oración:

"Desde que mi voluntad

está a la vuestra rendida,

conozco yo la medida

de la mejor libertad.

Venid, Señor, y tomad

las riendas de mi albedrío;

de vuestra mano me fío

y a vuestra mano me entrego,

que es poco lo que me niego

si yo soy vuestro y vos mío.

 

A fuerza de amor humano

me abraso en amor divino.

La santidad es camino

que va de mí hacia mi hermano.

Me di sin tender la mano

para cobrar el favor;

me di en salud y en dolor

a todos, y de tal suerte

que me ha encontrado la muerte

sin nada más que el amor. Amén."


José Luis Blanco Vega.

martes, 8 de septiembre de 2026

MILLONES DE CONCIENCIAS CORROMPIDAS



Y a la pregunta de Dios "¿Dónde está tu hermano?" Hemos repondido: 

"No sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?"

Al igual que sucedió con Caín, Dios nos hace responsables de la sangre de nuestros hermanos los más pequeños asesinados en el vientre de sus madres. A diferencia de otros crímenes, en el aborto participan casi todos: la madre y el padre que engendraron, los abuelos que lo consintieron, los amigos que lo recomendaron, los que fabricaron el material quirúrgico, los doctores que lo ejecutaron, los políticos que lo impulsaron a ley, los jueces que lo despenalizaron, los que lo promueven, los laicos católicos que lo apoyan, los sacerdotes que no denuncian este crimen, los que opinan que está justificado en ciertas circunstancias y los que guardan silencio.

Por ello el aborto es el crimen más execrable de todos, porque no solo mata millones de seres humanos, también corrompe millones de conciencias. Hablamos de millones de almas perdidas cada día.

Lo que Dios nos envíe lo tenemos bien merecido...

lunes, 7 de septiembre de 2026

NADIE QUE PERSEVERE EN EL REZO DEL ROSARIO SE CONDENARÁ


"...Esta Madre de Cristo es omnipotente y puede impedir que sus siervos caigan en el Infierno. Ella, como un sol, disipa las tinieblas de nuestras astutas maquinaciones. Descubre nuestras intrigas, rompe nuestras redes y reduce a la inutilidad todas nuestras tentaciones. Nos vemos obligados a confesar que ninguno que persevere en su servicio se condena con nosotros.

Un solo suspiro que ella presente a la Santísima Trinidad vale más que todas las oraciones, votos y deseos de todos los santos. La tememos más que a todos los bienaventurados juntos y nada podemos contra sus fieles servidores

Tened también en cuenta que muchos cristianos la invocan al morir y que deberían condenarse, según las leyes ordinarias, se salvan gracias a su intercesión. 

Tenemos que añadir, con mayor claridad y precisión –obligados por la violencia que nos hacen– que nadie que persevere en el rezo del Rosario se condenará. Porque ella obtiene para sus fieles devotos la verdadera contrición de los pecados, para que los confiesen y alcancen el perdón e indulgencia de ellos”.

Esto dijeron los demonios a Santo Domingo de Guzmán.

Fuente: San Luis María Grignon de Monfort. El secreto admirable del Santo Rosario.