Uno de los males más silenciosos de nuestro tiempo es la pérdida de esperanza.
Muchos no niegan a Dios, pero piensan:
“Nada va a cambiar.”
“Ya es tarde para mí.”
“No vale la pena intentarlo.”
Pero esa voz no viene de Dios.
La Iglesia siempre ha enseñado que la desesperación es una tentación contra la virtud de la esperanza.
El enemigo del alma intenta convencer al hombre de que su historia está perdida.
Sin embargo, la verdad es otra:
Mientras el alma vive, Dios puede obrar en ella. Por eso siempre debe haber Esperanza.
La misma mentira de siempre:
Antes del pecado el demonio sugiere:
“No pasa nada.”
“No es grave.”
“Hazlo.”
Después del pecado susurra:
“Ya caíste.”
“Dios no te perdonará.”
“Es inútil levantarte.”
Pero la misericordia de Dios es más grande que cualquier pecado.
Lo que realmente pierde al alma es dejar de levantarse de sus pecados mortales y rendirse.
Cuando llega el desaliento
La vida moderna llena la mente de ruido: preocupaciones, comparaciones, miedo al futuro.
El alma se cansa. Y cuando el alma se cansa, aparece la desesperanza.
Pero el cristiano recuerda una verdad fundamental:
Si Dios permite una prueba grande, también concederá una gracia más abundante para superarla.
El camino de regreso
Cambian los tiempos, pero los remedios siguen siendo los mismos:
~Oración diaria
~Confesión frecuente
~Menos ruido y distracción
~Caridad con el prójimo
~Confianza en la Providencia
Verdades que sostienen al católico:
Nuestro Señor Jesucristo venció al pecado.
Nuestro Señor Jesucristo venció al demonio.
Nuestro Señor Jesucristo venció la muerte.
Por eso ninguna persona mientras tenga vida está realmente derrotada.
Incluso el pecador más gravemente caído puede y debe levantarse.
¿Qué hacer si me cuesta levantarme?
Empieza con algo pequeño.
A veces basta:
• Una oración sincera pidiendo volver a la gracia.
• Una confesión bien hecha (necesaria para recuperar la gracia).
• Un acto de Caridad.
Da un pequeño paso.
Y Dios hará el resto.
Aleja la desesperación, porque viene de la mentira.
Deja entrar la virtud de la Esperanza, para que more siempre en tu alma.
Y si te sientes agobiado y no sabes a dónde acudir, acude al refugio seguro, la Santísima Virgen María y dile:
“Madre de la Esperanza,
Refugio de los pecadores,
Consuelo de los afligidos,
Ruega por nosotros.”

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