"La Iglesia prescribe el mayor respeto delante del Santísimo Sacramento, sobre todo cuando está expuesto, pues entonces el silencio debe ser aún más absoluto y más respetuosa la compostura. Quisiera que no se sentara nadie ante el Santísimo expuesto, y aunque tolera esto no debe hacerse sin verdadera necesidad.
Durante la exposición lo que la santa liturgia exige no es genuflexión sencilla, sino doble o de ambas rodillas, a semejanza de los veinticuatro ancianos delante del Cordero celestial.
Por manera que en los actos del culto todo debe ordenarse a la significación del homenaje íntimo del alma, su respetuosa y profunda adoración, decía Santa Teresa, que daría su vida por la menor ceremonia de la Iglesia, porque bien conocía su valor. Que las almas le den por lo menos respeto, devoción y amor".
San Pedro Julián Eymard

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