Significa, dice San Francisco de Sales, recibir y sufrir nuestros dolores, contradicciones, aflicciones y mortificaciones que nos suceden en esta vida, sin excepción, con total sumisión e indiferencia. Las mejores cruces son aquellas que más perturban la parte inferior del alma. Las cruces que nos imponemos son inferiores, porque son nuestras; y tienen menos mérito que las que Dios nos manda.
Recibamos, pues, con amor aquellas cosas que no hemos elegimos y que Dios nos ha dado, aunque sean de paja y no de madera. El mérito de la Cruz no consiste en su peso, sino en el modo como se lleva; y a menudo hay más virtud en llevar una cruz de paja, porque es más abyecta y menos acorde con nuestra inclinación, que una pesada cruz de madera, que nos hace brillar a los ojos del mundo, adula nuestra vanidad y nos atrae fama, celebridad y alabanza.
“La Pasión”, del Padre Julio María de Lombaerde.


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