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jueves, 1 de octubre de 2026

LA MENTIRA DE "LA SOLA ESCRITURA"


 
La propia Biblia distingue entre la Palabra de Dios transmitida por escrito y la transmitida oralmente. No dice que todo lo que enseñaron los Apóstoles quedó escrito en las Escrituras.

La propia Biblia muestra que la enseñanza apostólica no se limitó a lo escrito.

Primero, San Juan afirma que no todo lo que hizo Jesús quedó escrito: «Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús, que, si se escribieran una por una, pienso que ni aun el mundo podría contener los libros que se escribieran» (Jn 21,25).

Segundo, San Pablo manda expresamente conservar tanto las enseñanzas orales como las escritas: «Manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta» (2 Tes 2,15).

Tercero, San Juan mismo demuestra que la comunicación apostólica no dependía exclusivamente de una carta: «Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no he querido hacerlo con papel y tinta, sino que espero ir a vosotros y hablaros de viva voz» (2 Jn 12). Y nuevamente: «Tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribirte con tinta y pluma; espero verte pronto y hablaremos de viva voz» (3 Jn 13-14).

Por tanto, la Biblia no enseña “solo lo escrito”. Enseña la importancia de conservar fielmente la enseñanza apostólica, recibida tanto por escrito como de viva voz. Esto concuerda con la exhortación de San Pablo: «Conservad las tradiciones» (2 Tes 2,15).

lunes, 30 de septiembre de 2024

EL MAYOR PLACER DE UNA PERSONA INTELIGENTE ES APARENTAR SER IDIOTA FRENTE A UN IDIOTA QUE APARENTA SER INTELIGENTE


Un hombre de unos 75 años viajaba en tren y aprovechaba el tiempo leyendo un libro... a su lado, viajaba un joven universitario también leía un voluminoso libro de Ciencias. De repente, el joven percibe que el libro que va leyendo el anciano es una Biblia y sin mucha ceremonia, le pregunta:

- ¿Usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y de cuentos? 

- Sí por supuesto, le respondió el viejo, pero éste no es un libro de cuentos ni de fabulas, es la Palabra de Dios... ¿Ud. cree que estoy equivocado? 

-Claro que está equivocado. Creo que usted señor, debería dedicarse a estudiar Ciencias e Historia Universal, vería como la Revolución Francesa, ocurrida hace más de 100 años, mostró la miopía, la estupidez y las mentiras de la religión. Sólo personas sin cultura o fanáticas todavía creen en esas tonterías. Usted señor debería conocer un poco más lo que dicen los científicos de esas cosas... 

- Y dígame joven, ¿qué es lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia? 

- Mire, como voy a bajar en la próxima estación, no tengo tiempo de explicarle, pero déjeme su tarjeta con su dirección, para que le pueda mandar algún material científico por correo, así se ilustra un poco, sobre los temas que realmente importan al mundo... 

El anciano entonces, con mucha paciencia, abrió con cuidado el bolsillo de su abrigo y le dió su tarjeta al joven universitario. Cuando el joven leyó lo que allí decía, salió con la cabeza baja y la mirada perdida sintiéndose peor que una amiba. En la tarjeta decía: Profesor Doctor Louis Pasteur, Director General Instituto Nacional Investigaciones Científicas Universidad Nacional de Francia. 

(Hecho verídico ocurrido en 1892).

 "Un poco de Ciencia nos aparta de Dios. Mucha, nos aproxima":

Dr. Louis Pasteur.

 Moraleja: El mayor placer de una persona inteligente es aparentar ser idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente.

lunes, 4 de enero de 2016

martes, 22 de julio de 2014

EL HOMBRE ES JUSTIFICADO POR LAS OBRAS Y NO SOLAMENTE POR LA FE

Lutero, con su soberbia, corregía la plana a Dios mismo y a su Revelación para inventar la herejía de la salvación por la Sola Fe.



La Iglesia enseña que nadie se condena sin culpa personal y que para salvarse se requieren tanto la FE como las buenas OBRAS. Ni la fe sola justifica –como inventan los protestantes- ni sólo las buenas obras justifican. AMBAS SON NECESARIAS PARA LA SALVACIÓN. Dios otorga gratuitamente el don de la fe a quien lo busca sinceramente. Dios puede utilizar, para ello, tanto medios ORDINARIOS como EXTRAORDINARIOS en cualquier momento de la vida del hombre –incluso en su agonía- pues es absolutamente cierto que nadie se condena sin culpa personal.

Dice la palabra de Dios: “Sin fe es imposible agradar a Dios, porque ES PRECISO que el que se llega a Dios crea (en) su ser y que es remunerador de los que le buscan” (Heb XI, 6), pero también enseña que “la FE si no tiene OBRAS, está realmente muerta” (Santiago Cap II, 14 a 26) y señala que los demonios “creen y tiemblan”, pues no basta la pura fe para salvarse sino que ambas son necesarias, es decir tanto la fe como las buenas obras son necesarias para salvarse. Entendiéndose como OBRAS (o buenas obras) el obrar todo de acuerdo con la voluntad de Dios, lo que implica vivir en gracia y obedeciendo toda la ley divina. Quien vive y muere así, se salva (en caso de perder la gracia se recupera con un acto de contrición perfecta –por amor a Dios- en tanto hay oportunidad de confesarse o una buena confesión, que implica necesariamente el arrepentimiento y el propósito de enmienda). Luego cuando la Iglesia con el apóstol Santiago enseña y habla de las buenas obras, no se refiere a una simple o eventual obra de caridad sino a la sumisión plena de la voluntad del hombre a la voluntad de Dios, lo que implica vivir y morir en gracia.

G. K. Chesterton narra como Martín Lutero sufría irracionales ataques de furia y se refiere a que en uno de ellos arrancó de la Biblia la epístola de Santiago. El mismo Lutero señala su posición sobre este tema en el prólogo del Nuevo Testamento de su Biblia de Septiembre: “Hay que distinguir entre libros y libros. Los mejores son el evangelio de S. Juan y las epístolas de S. Pablo, especialmente la de los Romanos, los Gálatas y los Efesios, y la 1ª epístola de S. Pedro, estos son los libros que te manifiestan a Cristo y te enseñan todo lo que necesitas para la salvación; aunque no conozcas ningún otro libro. La epístola de Santiago, delante de éstas, no es más que paja, pues no presenta ningún carácter evangélico”. Prólogo del Nuevo Testamento de 1546 (Bibel VI, 10).

O sea, que se autonombraba árbitro a favor de los pasajes que le gustaban y suprimía de la Biblia aquello que contradijera sus herejías. En este caso y para decirlo claramente: Le corregía la plana a Dios mismo y a su Revelación para inventar la herejía de la salvación por la Sola Fe.

Veamos que no le gustaba a Lutero de la Palabra de Dios:
“¿DE QUÉ SIRVE, HERMANOS MÍOS, QUE ALGUIEN DIGA: «TENGO FE », SI NO TIENE OBRAS? ¿ACASO PODRÁ SALVARLE LA FE? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: «Idos en paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta. Y al contrario, alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan. ¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras es estéril? Abraham nuestro padre ¿no alcanzó la justificación por las obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por las obras, la fe alcanzó su perfección? Y alcanzó pleno cumplimiento la Escritura que dice: Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia y fue llamado amigo de Dios.» Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente. Del mismo modo Rajab, la prostituta, ¿no quedó justificada por las obras dando hospedaje a los mensajeros y haciéndoles marchar por otro camino? PORQUE ASÍ COMO EL CUERPO SIN ESPÍRITU ESTÁ MUERTO, ASÍ TAMBIÉN LA FE SIN OBRAS ESTÁ MUERTA”
Santiago 2,14-26.

viernes, 28 de marzo de 2014

NORMAS PARA LEER LA BIBLIA

Lee diariamente un pasaje del Evangelio


REGLAS CATÓLICAS PARA LA LECTURA DE LA SAGRADA ESCRITURA
por Mons. Juan Straubinger


Como poseemos en el magisterio infalible de la Iglesia la próxima y última regla de nuestra fe, la lectura de la Sagrada Escritura no es requisito indispensable para nosotros. Sin embargo, desde los tiempos de los apóstoles hasta las más recientes manifestaciones de las autoridades eclesiásticas, fue inculcado y sigue siendo inculcado el leer y estudiar las Escrituras a fin de profundizar la fe y ampliar y arraigar los conocimientos religiosos, y principalmente, para conocer la persona, vida y doctrina de nuestro Salvador Jesucristo. “Ignora a Cristo quien ignora las Sagradas Escrituras.” (San Jerónimo).

Más aun insiste San Juan Crisóstomo en la lectura del libro divino, por ejemplo en su primera homilía a la Epístola de San Pablo a los romanos: “Como los ciegos se hallan incapaces de ir derecho, así los privados de la luz que resplandece de las Escrituras Divinas, yerran continuamente puesto que caminan en espesas tinieblas.”

¡Ay de los muchos que hoy en día recorren los caminos de un mundo tempestuoso sin la luz del Evangelio!

I. Leamos la Sagrada Escritura con espíritu de fe.

El hombre que vacila en la fe, “es semejante a la ola del mar alborotada y agitada por el viento, acá y allá” (Santiago 1, 6). El hombre de ánimo doble, que está dividido entre Dios y el diablo, es inconstante en todos sus caminos. En vez de enseñarle y consolarle, la palabra de Dios le sirve para su ruina.

¡Cuántas veces Nuestro Señor no ha insistido en la necesidad de la fe!: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase conforme tú lo deseas. Y en la misma hora la hija quedó curada.” (Mat. 15, 28). Negó el médico divino varias veces su ayuda por faltar la fe, por la incredulidad de los suplican­tes. “Tenéis poca fe... si tuviereis fe, como un granito de mostaza, podréis decir a este monte: Trasládate de aquí a allá, y se trasladará y nada os será imposible.” (Mat. 17, 19). Jamás olvidemos el lamento del Señor: “¡Oh raza incrédula y per­versa! ¿hasta cuándo he de vivir con vosotros? ¿hasta cuándo habré de sufriros?” (Mat. 17, 16).

II. Leamos la Sagrada Escritura con espíritu de humildad.

Los misterios del reino de Dios no se revelan a la sabiduría puramente humana, por grande que sea el genio de sus maestros, sino sólo a los humildes. La humildad, la virtud de los pequeños es indispensable, para que el lector de la Biblia saque los valores intrínsecos del libro de los libros. Hay que volver a ser niño; hay que exponerse con espíritu sencillo e inocente a los rayos de la luz que, por falta de nombre adecuado, definimos con el nombre de misterios.

De otro modo no podríamos comprender el espí­ritu del Evangelio, ni aplicarlo a la vida: “En verdad os digo, que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mat. 18, 3). Y para grabar esta amonestación en los corazones de sus discípulos, Jesús llamando a un niño y colocándolo en medio de ellos, les dio una lección más elocuente que todas las palabras.

“Quien se humillase, será ensalzado.” (Mat. 23, 12). Quien con espíritu de niño se acerca a los tesoros de la Sagrada Escritura, los conseguirá. A los demás, los orgullosos y presumidos, los presuntuosos y ambiciosos se les cierra la puerta.

Saca, pues, saca, alma mía. El pozo es pro­fundo; y jamás se agotará.

III. Leamos la Sagrada Escritura con el propósito de reformar nuestra vida.

Mons. Dr. Juan Straubinger
La senda que conduce a la vida eterna, es estrecha, mientras que el camino que conduce a la perdición, es ancho y espacioso (Mat. 7, 13-14). ¿Quién será nuestro guía en la estrecha senda? Abre el Evangelio, lee las Escrituras; medita un ratito sobre las enseñanzas que te brinda el Evangelio en cada página; y encontrarás al guía que te hace falta. La palabra de Dios es uno de los medios más apropiados para nuestra salvación; sólo que debemos ponerla en práctica, como dice Santiago: “Recibid con docilidad la palabra ingerida que puede salvar vuestras almas. Pero habéis de ponerla en práctica, y no sólo escucharla, engañándoos a vosotros mismos. Porque quien se contenta con oír la palabra, y no la practica, este tal será parecido a un hombre que contempla al espejo su rostro nativo y que no hace más que mirarse, y se va y luego se olvida de cómo está.” (Santiago 1, 21-24). El Evangelio es, pues, el espejo en que hemos de contemplar el semblante de nuestra alma, para ver las faltas que la manchan. Si no, somos como aquel hombre olvidadizo que se engaña a sí mis­mo, no sabiendo cuál es su rostro.

Reformar la vida, conformar la conducta a los preceptos del Evangelio; he aquí los frutos más provechosos de la lectura del Evangelio. Leyén­dolo, meditándolo dejamos de ser injustos, menti­rosos, avaros, orgullosos. La palabra de Dios penetra en el alma como una espada de dos filos (Hebr. 4, 12), que ha de apartar a los malos de los buenos; que va a despertar a los ociosos y rechazar a los presuntuosos; que está destinada a humillar a los doctos vanidosos, pero a satis­facer a quien con razón recta y pura busca a Dios y la salud eterna.

¡Ojalá busquemos con toda el alma esa fuente de regeneración moral!

IV. Leamos la Sagrada Escritura todos los días.

¿Por qué todos los días? ¿No bastaría leer la Biblia una sola vez, como los otros libros, y des­pués depositarla en la biblioteca? No, amigo mío. La Sagrada Escritura es un libro de categoría superior, y no como los demás de tu biblioteca, muchos de los cuales, una vez leídos no valen más que el polvo que los cubre.

Hallábase en Alejandría, en Egipto, la más rica biblioteca que se conocía en la antigüedad, una verdadera maravilla de riqueza literaria. Sin em­bargo, los musulmanes cuando ocuparon aquella ciudad, arrojaron al fuego todos los libros de la biblioteca argumentando: o consienten con el corán (libro santo de los musulmanes) o no consienten con él. En el primer caso son superfluos, en el segundo malos.

Hay en realidad un libro de que se podría afir­mar la preeminencia que los secuaces de Mahoma atribuyen al coran. Es la Sagrada Escritura. Por tanto ya León XIII concedió indulgencias a los que leen la Sagrada Escritura: una indulgencia de 300 días para la lectura de quince minutos y una indulgencia plenaria a los que durante un mes observen tan provechosa práctica. Pío X no desea más que la lectura diaria de la palabra de Dios. Benedicto XV repite la misma intimación en la Encíclica llamada de San Jerónimo del 15 de Sept. de 1920: “Toda familia debe acostum­brarse a leerlo y usarlo (el Nuevo Testamento) todos los días.”

V. Leamos la Sagrada Escritura en la familia.

“Donde dos o tres se hallan congregados en mi nombre, allí me hallo yo en medio de ellos.” (Mat. 18, 20). Estas palabras del Señor, además de verificarse constantemente en la comunidad de la Iglesia, siguen cumpliéndose donde quiera que dos o tres se reúnen en nombre de Jesús para la lectura común de la Biblia en la familia. ¡Qué aspecto tan hermoso! El padre, rodeado de sus hijos, leyendo en voz alta el Evangelio, y añadiendo algunas anotaciones que el sentimiento religioso y la responsabilidad paterna le dictan!

La familia que diariamente se reúne pura la lectura de la Biblia, es un pilar del temor de Dios, un fuerte fundamento de la vida religiosa y un dique contra las ideas perversas. “¡Que no haya ninguna familia sin el Nuevo Testamento”. Este deseo de Benedicto XV sea para nosotros un precepto. Tan pronto como las familias se pongan a leer la Biblia, el mundo se cambiará, porque de la familia inspirada en la doctrina del Evangelio, surge el renacimiento de la humani­dad, así como la regeneración del cuerpo procede de la célula.

VI. Siete consejos para los lectores de la Sagrada Escritura.

1° Antes de leer, recoge tus pensamientos. Dios, la verdad eterna quiere dialogar contigo fami­liarmente. ¿Hay un honor más alto que conver­sar con Dios?
2° Luego pide al Espíritu Santo la gracia de entender su Palabra. Piensa que el sacerdote antes de leer el Evangelio de la misa, está obli­gado a rezar el “Munda”, el “limpia mi corazón y mis labios”.
3° No leas demasiado de una vez. La Sagrada Escritura no es una novela. Dios no habla por la multitud de palabras sino más bien mediante la fuerza del espíritu, infusa en las palabras de la Sagrada Escritura.
4° Después de leer hay que meditar los ver­sículos leídos. En otras palabras: no sólo estudiar el contenido sino prestar los oídos a las inspira­ciones de Dios.
5° Cuando no comprendas lo que lees, consulta las notas añadidas, los comentarios o a un sacer­dote. La Iglesia, y no el lector, es intérprete de la Sagrada Escritura. (Nota de CATOLICIDAD: Por ello se recomienda la Biblia Comentada de Mons. Straubinger -haz click AQUÍ-, enriquecida con múltiples notas a pie de página con la explicación e interpretración católica).
6° Acaba la lectura con una oración y acción de gracias por las ilustraciones que Dios te ha regalado.
7° Escribe en un cuaderno cuanto quieras gra­bar en la memoria para leerlo repetidas veces. Así se aumenta la eficacia de la Palabra de Dios.

VII. Pongamos el hacha en la raíz.

¿Qué es lo que debemos hacer? preguntaba la gente que salía a Juan el Bautista (Luc. 3, 10). ¿Qué exige de nosotros la situación religiosa de nuestro tiempo y país? “La segur”, responde el Bautista, “está ya puesta en la raíz de los árboles. Así que todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego.” (Luc. 3, 9). Hoy también la gente va a buscar “la salud de Dios.” (Luc. 3, 6). El gran predicador del Jordán necesita sucesores que sin cesar proclamen lo que “la voz en el desierto” proclamaba: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.” (Luc. 3, 4). Voz en el desierto son todos aquellos que tratan de difundir la palabra de Dios transmitida en la Sagrada Escritura.

Dios, quien es el inspirador de toda actividad fecunda, conduzca nuestros pasos, a fin de que de la lectura cotidiana del Evangelio nazcan siempre más beneficios para nuestra alma y para la patria; y que así vaya a cumplirse el dicho del apóstol: Toda escritura inspirada de Dios es propia para enseñar, para convencer, para corre­gir, para dirigir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, y esté apercibido para toda obra buena. (II. Tim. 3, 16-17).

Mons. Dr. Juan Straubinger.
Profesor de Sagrada Escritura.

No cualquier versión de la Biblia es correcta, aunque se diga "católica". Ver video AQUÍ -haz click-.

martes, 18 de junio de 2013

VENGAN A MÍ LOS ENFERMOS, LOS PECADORES...


"Porque son los pecadores y no los justos,
 a quienes he venido yo a llamar" Mt IX,13

Cristo cenaba en la casa de un fariseo donde la pecadora se presentó y al momento se arrojó al suelo frente al Señor, se echó a llorar y le enjugó los pies con sus cabellos. Después le ungió con el perfume que llevaba en un vaso de alabastro. El fariseo interpretó el silencio y la quietud de Cristo como  aprobación del pecado y murmuró en su corazón. Jesús le recriminó por sus pensamientos. Primero le preguntó en forma de parábola cuál de dos deudores debe mayor agradecimiento a su acreedor: aquél a quien se perdona una deuda mayor, o al que se perdona una suma menor. Y descubriendo el sentido de la parábola, le dijo directamente:

"¿Ves a esta mujer? Al entrar en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies, pero ella me los ha lavado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de paz; en cambio ella no ha cesado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza y ella me ha ungido los pies. Por ello, te digo que se le han perdonado muchos pecados, pues ha amado mucho. En cambio, aquél a quien se perdona menos, ama menos". Y volviéndose a la mujer, le dijo: "Perdonados te son tus pecados. Tu fe te ha salvado. Vete en paz". (Lc. 7)

-oOo-

“No son los que están sanos los que tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos” (Mt 9,12). Enseña al médico tu herida de manera que puedas ser curado. Aunque tú no se la enseñes, Él la conoce, pero exige de ti que le hagas oír tu voz. Limpia tus llagas con tus lágrimas. Es así como esta mujer de la que habla el evangelio se quitó de encima su pecado y el mal olor de su extravío; es así como se ha purificado de su falta, lavando con sus lágrimas los pies de Jesús.

"¡Resérvame para mí también, oh Jesús, el poder lavar tus pies, esos que has ensuciado mientras caminabas conmigo!... Pero ¿dónde encontraré el agua viva con la que podré lavar tus pies? Si no tengo agua, tengo mis lágrimas. ¡Haz que, lavándote los pies con ellas, yo mismo me purifique!

"No puedo comparar a esta mujer con cualquiera otra, ya que, con justa razón, fue preferida al fariseo Simón que recibía al Señor a comer. Sin embargo, ella enseña, a todos los que quieren merecer el perdón, que es besando los pies de Cristo y lavándolos con sus lágrimas, enjugándolos con sus cabellos, y ungiéndolos con perfume, la manera de obtenerlo... Si no podemos igualarla, el Señor Jesús sabe venir en ayuda de los débiles. Allí donde nadie sabe preparar una comida, llevar un perfume, traer consigo una fuente de agua viva (Jn 4,10), viene Él mismo". (San Ambrosio de Milán. La Penitencia, II, 8).


PON A LOS PIES DE CRISTO TODOS TUS PECADOS, DUÉLETE DE ELLOS Y ACUDE AL CONFESIONARIO CUANTO ANTES CON EL FIRME PROPÓSITO DE NO PECAR MÁS

domingo, 27 de enero de 2013

NI FRÍO NI CALIENTE






Nos dice el Señor:
"Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente.
"¡Ojalá fueras frío o caliente!. Pero porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca.
"Porque dices: "Yo soy rico, me he enriquecido y no tengo necesidad de nada"; y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lástima, pobre, ciego y desnudo.
"Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas; y vestiduras blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez; y colirio para untarte los ojos a fin de que veas.
"Yo, a cuantos amo, reprendo y corrijo; arde, pues, en celo y haz penitencia.
"Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguno escuchare mi voz y me abriere la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.
"Al que venciere, le haré sentar conmigo en mi trono.
Apocalipsis 3, 15-21

Él nos lo dice: a los que ama, los corrige. ¿Estamos dispuestos a recibir la corrección del Señor? ¿Seguiremos siendo tibios? ¿Ni fríos ni calientes? ¿Sólo mediocres espiritualmente?

¿Nos rebelamos ante la menor adversidad?

Jesús espera a la puerta. ¿Le abriremos?

Arde, pues, en celo, oye el reclamo del Señor, conviértete y haz penitencia.




martes, 15 de enero de 2013

BIBLIA COMENTADA PARA DESCARGAR (versión Mons. Straubinger)

FAVOR DE VER LOS ÚLTIMOS COMENTARIOS, ABAJO, PUES HAN CAMBIADO LOS LINKS.

DESCARGAR LIBRO: 


Mons. D. Juan Straubinger
En esta oportunidad compartimos la Biblia Católica en la muy recomendable versión de Mons. Straubinger que hemos localizado en la red.

La notable traducción, conocida en el mundo como la Biblia Platense por haberse realizado en La Plata (Argentina), es de gran importancia tanto por las múltiples y excelentes notas de Mons. Straubinger -que son de una interpretación práctica y exegética muy confiable y ortodoxamente católicas- como por ser la primera Biblia traducida en América directamente de los textos primitivos, anteriores a la traducción de San Jerónimo al latín.

No dejes, por ningún motivo, de bajarla a tu PC. En México todavía se consigue en una excelente presentación de un tomo. En otros países es difícil encontrarla. ¡Es una verdadera joya!

Ver aviso de DERECHOS DE AUTOR al final de la columna derecha de nuestro blog
¿QUÉ DECIR DE LA BIBLIA LATINOAMERICANA? NO ES RECOMENDABLE DE NINGÚN MODO. 



sábado, 17 de marzo de 2012

BIBLIA CATÓLICA CONTRA BIBLIA PROTESTANTE


Ver video:

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OBSERVACIONES A PROPÓSITO DEL VIDEO:


La Iglesia con base en la Palabra de Dios, enseña que para salvarse se requiere tanto de la fe como de las buenas obras. "Así la fe, si no es acompañada de obras, está muerta en sí misma...¿No veis como el hombre se justifica por las obras, y no por la fe solamente?...En suma, como un cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta". (Epístola del apóstol Santiago Cap. II 17-26).  A los pobres protestantes se les ha hecho creer falsamente que pueden pecar fuertemente y salvarse con la pura fe.

Además la Iglesia Católica -la única fundada por Cristo- enseña que las fuentes de la Revelación Divina son dos: Las Sagradas Escrituras y la Sagrada Tradición. El protestante rechaza la Sagrada Tradición. ¿Qué nos dice la Historia? Durante los primeros tiempos los cristianos sólo tenían la Tradición. Los evangelios no fueron escrito por Jesucristo sino por San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, años después de la muerte de Cristo. La Biblia fue compilada después por la Iglesia Católica. Antes de eso, cada iglesia particular tenía su propia colección de escrituras. Además de ello no toda la doctrina revelada está en la Biblia, sino también en la Sagrada Tradición. No todo lo que hizo y enseñó Jesucristo se escribió en la Biblia. San Juan, divinamente inspirado enseña que: "Muchas otras cosas hay que hizo Jesús, que si se escribieran una por una, me parece que no cabrían en el mundo los libros que se habrían de escribir" (Evangelio de San Juan Cap. XXI, 25). Luego, es imposible rechazar la Sagrada Tradición si se desea ser fiel discípulo de Cristo. El protestante rechaza una de las dos fuentes de la Revelación Divina.
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Por último: No olvidemos que muchos pasajes de las Biblias protestantes han sido traducidos y adaptados conforme al interés de sus propias doctrinas adulteradas.

Nota: Para ver temas relacionados, haz click en las etiquetas que están abajo.
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jueves, 23 de febrero de 2012

LA ORACIÓN

La plegaria constante y con fe, arrebata de Dios el sí a todas las súplicas... si convienen a nuestra alma


Las Sagradas Escrituras

“Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad y os abrirán. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá.”
 (Mt. 7 7-8)

“Y todo cuanto pidiereis en la oración, si tenéis fe, lo alcanzaréis.”
 (Mt. 21, 22)

“Por tanto os aseguro que todas cuantas cosas pidiereis en la oración, tened fe de conseguirlas, y se os concederán.”
(Mc. 11, 24)

“Estad, pues, alerta, velad y orad, ya que no sabéis cuándo será el tiempo.”
(Mc. 13, 33)

“Así os digo yo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y quien busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”
(Luc. 11, 9)

“Propúsoles también esta parábola, para hacer ver que conviene orar siempre y no desfallecer, diciendo: En cierta ciudad había un juez, que ni tenía temor de Dios, ni respeto a hombre alguno. Vivía en la misma ciudad una viuda, la cual se dirigía a él, diciendo: Hazme justicia de mi contrario. Mas el juez por mucho tiempo no quiso hacérsela. Pero después dijo para consigo: Aunque yo no temo a Dios, ni respeto a hombre alguno, con todo, porque no me deja en paz esta viuda, le haré justicia, para que al fin no venga a romperme la cabeza. Ved, añadió el Señor, lo que dijo ese juez inicuo. ¿Y Dios dejará de hacer justicia a sus escogidos que claman a él día y noche, y les hará esperar? Os aseguro que no tardará en vengarlos. Pero cuando viniere el Hijo del hombre, ¿os parece que hallará fe sobre la tierra?”
(Luc. 18, 1-8)

“Velad, pues, orando en todo tiempo, a fin de que merezcáis evitar todos estos males venideros, y comparecer ante el Hijo del hombre.”
(Luc. 21, 36)

“Y cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, Yo lo haré, a fin de que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo me pidiereis en mi nombre Yo lo haré. Si me amáis, observad mis mandamientos.”
(Jn. 14, 13)


San Agustín

“Vete al Señor mismo, al mismo con quien la familia descansa, y llama con tu oración a su puerta, y pide, y vuelve a pedir. No será Él como el amigo de la parábola: se levantará y te socorrerá; no por aburrido de ti: está deseando dar; si ya llamaste a su puerta y no recibiste nada, sigue llamando que está deseando dar. Difiere darte lo que quiere darte para que más apetezcas lo diferido; que suele no apreciarse lo aprisa concedido”.
(Sermón 105).

“Vergüenza para la desidia humana. Tiene El más ganas de dar que nosotros de recibir; tiene más ganas El de hacernos misericordia que nosotros de vernos libres de nuestras miserias”.
(Sermón 105).

“La oración que sale con toda pureza de lo íntimo de la fe se eleva como el incienso desde el altar sagrado. Ningún otro aroma es más agradable a Dios que éste; este aroma debe ser ofrecido a él por los creyentes”.
(Coment. sobre el Salmo 140).

“Si la fe falta, la oración es imposible. Luego, cuando oremos, creamos y oremos para que no falte la fe. La fe produce la oración, y la oración produce a su vez la firmeza de la fe”.
(Incl. en Catena Aurea).

“Puede resultar extraño que nos exhorte a orar aquel que conoce nuestras necesidades antes de que se las expongamos, si no comprendemos que nuestro Dios y Señor no pretende que le descubramos nuestros deseos, pues él ciertamente no puede desconocerlos, sino que pretende que, por la oración, se acreciente nuestra capacidad de desear, para que así nos hagamos más capaces de recibir los dones que nos prepara. Sus dones, en efecto, son muy grandes y nuestra capacidad de recibir es pequeña e insignificante. Por eso, se nos dice: Dilatad vuestro corazón”.
(Carta 130, a Proba).

“Con objeto de mantener vivo este deseo de Dios, debemos, en ciertos momentos, apartar nuestra mente de las preocupaciones y quehaceres que de algún modo nos distraen de él, y amonestarnos a nosotros mismos con la oración vocal; no vaya a ocurrir que nuestro deseo comience a entibiarse y llegase a quedar totalmente frío, y, al no renovar con frecuencia el fervor, acabe por extinguirse del todo”.
(Carta 130, a Proba).

“Lejos de la oración las muchas palabras; pero no falte la oración continuada, si la intención persevera fervorosa. Hablar mucho en la oración es tratar una cosa necesaria con palabras superfluas: orar mucho es mover, con ejercicio continuado del corazón, a aquel a quien suplicamos, pues, de ordinario, este negocio se trata mejor con gemidos que con discursos, mejor con lágrimas que con palabras”.
(Carta 121 a Proba).

“Haz tú lo que puedas, pide lo que no puedes, y Dios te dará para que puedas”.
(Sermón 43, sobre la naturaleza y la gracia).

“Si vas discurriendo por todas las plegarias de la santa Escritura, creo que nada hallarás que no se encuentre y contenga en esta oración dominical (Padrenuestro)”.
(Carta 130, a Proba).


Santa Teresa de Jesús

“Sin este cimiento fuerte (de la oración) todo edificio va falso”.
 (Camino de perfección, 4, 5).

“No son menester fuerzas corporales para ella, sino sólo amar y costumbre; que el Señor da siempre oportunidad si queremos”.
(Vida, 7, 4).

“No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”.
(Vida, 8, 2).

“Pensar y entender lo que hablamos y con quién hablamos y quién somos los que osamos hablar con tan gran Señor; pensar esto y otras cosas semejantes de lo poco que le habemos servido y lo mucho que estamos obligados a servir, es oración mental; no penséis que es otra algarabía ni os espante el nombre”.
(Camino de perfección, 25, 3).

“Toda la pretensión de quien comienza oración -y no se olvide que esto importa mucho- ha de ser trabajar y determinarse y disponerse, con cuantas diligencias pueda, a hacer su voluntad conforme a la de Dios (...). Quien más perfectamente tuviera esto, más recibirá del Señor, y más adelante estará en el camino”.
(Las Moradas, 11, 8).


Santa Teresita del Niño Jesús y la Santa Faz

“Para mí, la oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio de la tribulación como en medio de la alegría. En fin, es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une con Jesús”.

“¡Qué grande es, pues, el poder de la oración! Se diría que es una reina que en todo momento tiene entrada libre al rey y puede conseguir todo lo que pide”.

“Algunas veces, cuando mi espíritu se encuentra en una sequedad tan grande que me es imposible formar un solo pensamiento para unirme a Dios, rezo muy despacio un “padrenuestro”, y luego la salutación angélica. Estas oraciones, así rezadas, me encantan, alimentan mi alma mucho más que si las recitara precipitadamente un centenar de veces”.

“Comprendo muy bien que San Pedro cayera. El pobre San Pedro confiaba en sí mismo, en vez de confiar únicamente en la fuerza de Dios. Y saco la conclusión de que si yo dijera: “Dios mío, tú sabes que te amo demasiado para detenerme en un solo pensamiento contra la fe”, mis tentaciones se harían más violentas y ciertamente sucumbiría a ellas. Estoy convencida de que si San Pedro hubiese dicho humildemente a Jesús: “Por favor, concédeme fuerzas para seguirte hasta la muerte”, las habría obtenido inmediatamente”.


Santo Tomás de Aquino

“Después del bautismo, le es imprescindible al cristiano la continua oración: pues si es verdad que por el bautismo se borran todos los pecados, no lo es menos que en las mismas entrañas del alma nos queda el fómite del pecado, y por defuera el mundo y el demonio nos persiguen a todas horas...Por tanto: del mismo modo que las plantas necesitan del agua para no secarse, necesitamos nosotros de la oración para no perdernos...Un religioso sin oración, es como un soldado sin armas en el campo de batalla.
Nosotros para poder salvarnos, tenemos que luchar y vencer, según aquello de San Pablo: “El que combate en la palestra o en los juegos públicos, no es coronado si no lidiare según las leyes” (2 Tm.2, 5). Pero para luchar y vencer, necesitamos la gracia de Dios, y sin ella no podemos resistir a tantos y tan poderosos enemigos…Pero como resulta que Dios solamente da la gracia a los que se la piden; por tanto, sin oración no puede haber victoria ni puede haber salvación.”
(Antología de textos sobre la oración, Codesal)


San Alfonso María de Ligorio

“La vida de todos los Santos ha sido una vida de oración y de plegarias, y todas las gracias, merced a las cuales lograron santificarse, obtuviéronlas con sus oraciones. Si queremos, pues, salvarnos y santificarnos, debemos estar de continuo a las puertas de la Divina Misericordia pidiendo de limosna con fervorosas súplicas cuanto nos sea necesario para ello. ¿Necesitamos humildad? Pidámosla, y seremos humildes. ¿Necesitamos paciencia? Pidámosla, y seremos sufridos. ¿Deseamos amor divino? Pidámoslo, y lo alcanzaremos. Pedid, y se os dará –es la promesa que Dios nos tiene hecha y a la cual no puede faltar.
Para inspirarnos todavía mayor confianza en la oración o plegaria, Jesucristo nos ha empeñado su divina palabra de que todas las gracias y mercedes que pidamos a su Padre Celestial en nombre suyo, o por su amor, o por sus méritos, nos serán indefectiblemente otorgadas: De verdad, de verdad os digo: si algo pidiereis al padre en Mi Nombre, os lo concederá (Jn. 16,23). Y, en otro lugar, el Señor se expresa así: Si algo me pidiereis en Mi Nombre, conviene a saber, por mis méritos, Yo lo haré (Jn. 14,14). En efecto, es de fe que Jesucristo, siendo como es Hijo de Dios, tiene el mismo poder que su Padre Celestial”.
(Dios es Amor)

“Sin oración, según los planes ordinarios de la providencia, inútiles serán las meditaciones, nuestros propósitos y nuestras promesas. Si no rezamos seremos infieles a las gracias recibidas de Dios y a las promesas que hemos hecho en nuestro corazón. La razón de esto es que para hacer en esta vida el bien, para vencer las tentaciones, para ejercitarnos en la virtud, en una sola palabra, para observar totalmente los mandamientos de Dios, no bastan las gracias recibidas ni las consideraciones y propósitos que hemos hecho, se necesita sobre todo la ayuda actual de Dios y esta ayuda actual no la concede Dios Nuestro Señor sino al que reza y persevera en la oración. Lo probaremos más adelante. Las gracias recibidas, las meditaciones que hemos concebido sirven para que en los peligros y tentaciones sepamos rezar y con la oración obtengamos el socorro divino que nos preserva del pecado, mas si en esos grandes peligros no rezamos, estamos perdidos sin remedio”.
(“El gran medio de la oración”)

Padre Pío de Pietrelcina
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“Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración…La oración es la mejor arma que tenemos. Es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no sólo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle sólo con el corazón”.


Sor Lucía de Fátima

“Alejarse de la oración es alejarse de Dios. El diablo es demasiado astuto y busca nuestros puntos débiles a fin de atacarnos. Si nosotros no estamos aplicados y atentos para obtener de Dios la fuerza, caeremos, pues nuestro tiempo es muy malo y nosotros somos débiles. Sólo la fuerza de Dios puede mantenernos en pie”.
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-EN CUARESMA DEBEMOS INTENSIFICAR NUESTRA ORACIÓN A DIOS-
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