sábado, 26 de septiembre de 2026

SÚPLICA

 

Ved, Señor, postrado a vuestros pies al que tan poco tuvo en cuenta vuestros dones ni vuestros castigos… ¡Desdichado de mí! Si Vos, Jesús mío, no hubieseis tenido misericordia, muchos años ha que estaría yo en aquel horno pestilente, donde arderán tantos pecadores como yo.

¡Ah Redentor mío! ¿Cómo podría en lo sucesivo ofenderos otra vez? No suceda así, Jesús de mi vida; antes enviadme la muerte. Y ya que habéis comenzado, acabad la obra; ya que me habéis sacado del lodazal de mis culpas y tan amorosamente me invitáis a que os ame, haced ahora que el tiempo que me deis le invierta todo en serviros.

¡Cuánto desearían los condenados un día, una hora de ese tiempo que a mí me concedéis!… Y yo ¿qué haré? ¿Seguiré malgastándole en cosas que os desagraden?…

No, Jesús mío, no lo permitáis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, que hasta ahora me han librado del infierno. Os amo, Soberano Bien, y porque os amo me pesa de haberos ofendido, y propongo no ofenderos más, sino amaros siempre.

Vuestra Sangre y vuestra muerte son, Jesús mío, mi esperanza. Habéis muerto por librarme de la muerte eterna. ¿Y quién, Señor, alcanzó mayor parte en los méritos de vuestra Pasión que este miserable, tantas veces merecedor del infierno?… No permitáis que continúe siendo ingrato a tantas gracias como me habéis concedido.

Librándome del infierno, quisisteis que no ardiese yo en las llamas eternas, sino en el dulce fuego de vuestro amor. Ayudadme, pues, a fin de que cumpla vuestros deseos. Si estuviese en el infierno, no podría amaros.

Pero ya que ahora puedo amar, amaros quiero… Os amo, Bondad infinita; os amo, Redentor mío, que tanto me habéis amado. ¿Como he podido vivir tan largo tiempo olvidado de Vos? Mucho, Señor, os agradezco que Vos no me hayáis olvidado. De no haber sido así, hallaríame ahora en el infierno, o no tendría dolor de mis culpas.

Este dolor de corazón por haberos ofendido, este deseo que siento de amaros mucho, dones son de vuestra gracia, que me, auxilia y vivifica… Gracias, Dios mío.

Espero consagraros la vida que me resta. A todo renuncio, y quiero pensar únicamente en serviros y complaceros. Imprimid en mi alma el recuerdo del infierno que merecí y de la gracia que me disteis, y no permitáis que, apartándome otra vez de Vos, vuelva a condenarme yo mismo a los tormentos de aquella cárcel…

Sois, pues, Dios mío, Sumo Bien, el bien infinito, ¿y yo, voluntariamente, tantas veces os he perdido?… Sabía yo que con mis culpas os enojaba y perdía vuestra gracia, ¡y, sin embargo, las cometí!… ¡Ah, Señor, si no supiese que clavado en la cruz moristeis por mí, no me atrevería a pedir y esperar vuestro perdón!…

 ¡Oh Eterno Padre! No me miréis a mí, mirad a vuestro amado Hijo, que por mí ruega, y oídle y perdonadme.

Muchos años ha que merecí verme en el infierno, sin esperanza de amaros ni recuperar la perdida gracia. Me pesa, Dios mío, de todo corazón, de las injurias que os hice renunciando a vuestra amistad, despreciando vuestro amor por los viles placeres del mundo… ¡Antes hubiera muerto mil veces!… ¿Cómo pude estar tan ciego y tan loco?…

Gracias, Señor, que me dais tiempo de remediar el mal que cometí. Ya que por vuestra misericordia no estoy en el infierno y puedo amaros todavía, deseo amaros, Dios mío. No he de dilatar más mi sincera y firme conversión…

Os amo, Bondad infinita; os amo, vida y tesoro mío, mi amor y mi todo… Acordaos siempre, Señor, del amor que me tuvisteis; y recordadme a mí el infierno en que debiera hallarme, a fin de que este pensamiento me encienda en vuestro amor y me mueva a repetir mil veces que de veras os amo…

Reina y Madre nuestra, María Santísima, rogad a Jesús por mí, y alcanzadme los dones de la perseverancia y del divino amor.

¡Oh Madre de Dios, rogad por este pecador arrepentido! Vuestra intercesión me libró del infierno. Libradme también del pecado, único motivo capaz de acarrearme nueva condenación.

¡Oh María, Reina, esperanza y Madre nuestra, si me viese en el infierno, tampoco podría amaros a Vos!…
Mas ahora os amo, Madre mía, y espero que jamás dejaré de amar a Vos y a mi Dios. Ayudadme y rogad a Jesús por mí.

Amén.

 TOMADO DE: PREPARACIÓN PARA LA MUERTE DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO.

viernes, 25 de septiembre de 2026

LA IGLESIA DE CRISTO Y LAS SECTAS POSTERIORES


Todas las demás dizque iglesias fueron fundadas al menos 1.500 años después de Cristo por hombres rebeldes que falsificaron el Evangelio y fundaron sectas que no salvan, que no son instrumentos de salvación, sino de perdición. Jesucristo no fundó muchas iglesias, ni dejó a cada hombre la libertad de inventar su propia religión. Dijo claramente a San Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18). Y San Pablo enseña que hay «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4,5).

Martín Lutero, en el siglo XVI; Juan Calvino, en el siglo XVI; Enrique VIII, en el siglo XVI; José Smith, fundador del mormonismo en 1830; Charles Taze Russell, iniciador del movimiento de los Estudiantes de la Biblia en la década de 1870; y los fundadores y promotores de otros movimientos religiosos posteriores aparecieron muchos siglos después de Jesucristo.

Por eso, ninguna secta puede usurpar el nombre de Iglesia fundada por Cristo. La Iglesia Católica no nació ayer, ni en el siglo XVI, ni en el XIX, ni en el XX: nació de Jesucristo y fue confiada a los Apóstoles. La antigüedad, la sucesión apostólica, la doctrina y los sacramentos no pueden ser sustituidos por una interpretación privada del Evangelio. El evangelio falsificado es distinto del Evangelio verdadero. Por eso advierte San Pablo: «Aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gál 1,8).


jueves, 24 de septiembre de 2026

EL TESTAMENTO DE ISABEL LA CATÓLICA. EL BUEN TRATO A LOS INDIOS.



La Reina Isabel hizo testamento en el castillo de La Mota, en Medina del Campo, el 12 de octubre de 1504.

El 23 de noviembre agregó un codicilo, en cuyo capítulo XII muestra su preocupación por los habitantes de las recién descubiertas tierras americanas.

Por ello, ruega a su esposo Fernando, a su hija la princesa Juana y a su yerno el archiduque Felipe que se ocupen de que se trate a los indios con justicia y respeto y que recuerden que el principal fin por el que les han sido concedidos los territorios del Nuevo Mundo es la evangelización:

"Por quanto, al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos fizo la dicha concession, de procurar inducir e traher los pueblos dellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano prelados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vezinos e moradores dellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en ello la diligencia debida, según como más largamente en las Letras de la dicha concessión se contiene, por ende suplico al Rey, mi Señor, mui afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que ansí lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vezinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e justamente tratados. E si algún agravio han rescebido, lo remedien e provean".

miércoles, 23 de septiembre de 2026

LOS PECADOS CONTRA LA NATURALEZA


 San Agustín afirma:

“Así pues, todos los pecados contra naturaleza, como fueron los de los sodomitas, han de ser detestados y castigados siempre y en todo lugar, los cuales, aunque todo el mundo los cometiera, no serían menos reos de crimen ante la ley divina, que no ha hecho a los hombres para usar tan torpemente de sí, puesto que se viola la sociedad que debemos tener con Dios cuando dicha naturaleza, de la que Él es autor, se mancha con la perversidad de la lascivia”.

San Juan Crisóstomo proclama desde el púlpito:

“Todas las pasiones llevan consigo un carácter vergonzoso, pero nada más ignominioso que el delirio por personas del mismo sexo, por el cual el alma se degrada más, se cubre más de oprobio, que el cuerpo por las enfermedades físicas. Los hombres, dice San Pablo, han cambiado los placeres legítimos de la unión conyugal por placeres abominables, rechazando la unión de los sexos conforme a la naturaleza. Pensad en aquella lluvia que hizo arder a Sodoma. Es imagen en este mundo del fuego real que quema al impúdico en el infierno. ¡Cuán enorme debe ser el pecado que trae el infierno sobre la tierra! ¡Oh hombre! ¡Hasta qué punto degradas tu nobleza!”.

San Gregorio Magno comenta:

“Es por haber ardido en deseos perversos venidos de una carne fétida por lo que los sodomitas merecieron perecer a la vez por el fuego y por el azufre, a fin de que un justo castigo les mostrase lo que habían hecho por sus deseos infames”.


viernes, 18 de septiembre de 2026

CUIDADO, MUCHO CUIDADO! ⚠️


 «Todos deberían evitar la familiaridad o amistad con cualquier sospechoso de pertenecer a la Masonería o a los grupos afiliados a esta. Conocerlos por sus frutos y evitarlos. Debe evitarse toda familiaridad, no solo con aquellos impíos libertinos que promueven abiertamente el carácter de la secta, sino también con aquellos que se esconden bajo la máscara de la tolerancia universal, el respeto a todas las religiones, y el anhelo de reconciliar las máximas del Evangelio con las de la revolución. Esos hombres buscan reconciliar a Cristo y a Belial, la Iglesia de Dios y el estado sin Dios»

PAPA LEÓN XIII, Encíclica “Custodi di quella Fede”.


jueves, 17 de septiembre de 2026

MEDITACIÓN SOBRE CÓMO HAY QUE VENCER LA TRISTEZA



¿Hay entre vosotros alguno que esté triste? (Santiago, 5, 13).

   I. Cuando estamos agobiados bajo el peso de la tristeza, cuando la malicia de nuestros enemigos, la infidelidad de nuestros amigos, los sufrimientos de nuestro cuerpo y tantos otros acontecimientos desfavorables nos colman de amargura, buscamos un amigo fiel para descargar nuestro corazón en el suyo. ¿Dónde encontrar un amigo más fiel que Jesús? Vayamos, pues, al pie de los altares, confiémosle el motivo de nuestras lágrimas, roguémosle que nos libre de nuestras penas. 
   Interroguémosle, escuchemos lo que nos diga en el fondo del corazón, y pronto seremos consolados. Me acordé de ti, Señor, y me alegré (El Salmista).

   II. Para disipar la tristeza, consideremos que existen personas más desventuradas que nosotros. ¡Tantos pobres en los hospicios, tantos enfermos en su lecho sufren mucho más que nosotros! Las benditas almas del purgatorio, los condenados en el infierno, sufren tormentos incomparablemente más crueles que los que nos hacen gemir a nosotros. Aceptemos de buen grado esta tristeza para expiar nuestras faltas. Si una hora de pena te resulta intolerable, ¿cómo sufrir los suplicios eternos del infierno? 
   Piensa en esta verdad y ya no derramarás lágrimas sino para borrar tus pecados.

   III. Piensa en la tristeza que se apoderó del corazón de Jesucristo en el huerto de los Olivos; piensa en los tormentos que por ti soportó en la cruz, y di con Él: “Padre mío, que se haga vuestra voluntad; si queréis que gima durante toda mi vida, me someto a vuestra santa voluntad”. Después de todo, no debemos esperar estar siempre alegres y contentos, puesto que Jesucristo y los santos han estado siempre en aflicción y lágrimas. Señor, quiero llorar con Vos, porque nadie puede gozarse en la tierra con el rico epulón y reinar con Dios en el cielo. 
   Los cristianos deben temer los gozos de la vida presente y desear los sufrimientos con ardor (San Juan Crisóstomo).

Haced oración.
Orad por las órdenes religiosas.

   ORACIÓN: Señor Jesucristo, que, para sacar al mundo de la tibieza en que había caído e inflamar nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, habéis impreso en el cuerpo del bienaventurado Francisco las Sagradas llagas de vuestra Pasión, dignaos, en vista de sus méritos y de su intercesi6n, concedernos la gracia de llevar constantemente la cruz y hacer dignos frutos de penitencia. Vos que vivís y reináis en los siglos de los siglos. Amén.

“SANTORAL DE GROSEZ. S. J.”


miércoles, 16 de septiembre de 2026

DISCURSO DE ANACLETO GONZÁLEZ FLORES

 

"Muchos católicos desconocen la gravedad del momento y sobre todo las causas del desastre, ignoran cómo los tres grandes enemigos, el Protestantismo, la Masonería y la Revolución, trabajan de manera incansable y con un programa de acción alarmante y bien organizado.

Estos tres enemigos están venciendo al Catolicismo en todos los frentes, a todas horas y en todas la formas posibles. Combaten en las calles, en las plazas, en la prensa, en los talleres, en las fábricas, en los hogares. Trátase de una batalla generalizada, tienen desenvainada su espada y desplegados sus batallones en todas partes. Esto es un hecho. Cristo no reina en la vía pública, en las escuelas, en el parlamento, en los libros, en las universidades, en la vida pública y social de la Patria. Quien reina allí es el demonio. En todos aquellos ambientes se respira el hálito de Satanás.

Y nosotros, ¿qué hacemos? Nos hemos contentado con rezar, ir a la iglesia, practicar algunos actos de piedad, como si ello bastase «para contrarrestar toda la inmensa conjuración de los enemigos de Dios». Les hemos dejado a ellos todo lo demás, la calle, la prensa, la cátedra en los diversos niveles de la enseñanza. En ninguno de esos lugares han encontrado una oposición seria. Y si algunas veces hemos actuado, lo hemos hecho tan pobremente, tan raquíticamente, que puede decirse que no hemos combatido. Hemos cantado en las iglesias pero no le hemos cantado a Dios en la escuela, en la plaza, en el parlamento, arrinconando a Cristo por miedo al ambiente.

Reducir el Catolicismo a plegaria secreta, a queja medrosa, a temblor y espanto ante los poderes públicos cuando éstos matan el alma nacional y atasajan en plena vía la Patria, no es solamente cobardía y desorientación disculpable, es un crimen histórico religioso, público y social, que merece todas las execraciones.

....Las almas sufren de empequeñecimiento y de anemia espiritual. Nos hemos convertido en mendigos, renunciando a ser dueños de nuestros destinos. Se nos ha desalojado de todas partes, y todo lo hemos abandonado.

Hasta ahora casi todos los católicos no hemos hecho otra cosa que pedirle a Dios que Él haga, que Él obre, que Él realice, que haga algo o todo por la suerte de la Iglesia en nuestra Patria. Y por eso nos hemos limitado a rezar, esperando que Dios obre. Y todo ello bajo la máscara de una presunta «prudencia». Necesitamos la imprudencia de la osadía cristiana.

Más aún, no son pocos los católicos que se atreven a llamar imprudente al que sabe afirmar sus derechos en presencia de sus perseguidores. Es necesario que esta situación de aislamiento, de alejamiento, de dispersión nacional, termine de una vez por todas, y que a la mayor brevedad se piense ya de una manera seria en que seamos todos los católicos de nuestra Patria no un montón de partículas sin unión, sino un cuerpo inmenso que tenga un solo programa, una sola cabeza, un solo pensamiento, una sola bandera de organización para hacerles frente a los perseguidores."

Discurso de Anacleto González Flores, mártir.