lunes, 20 de abril de 2026

CATOLICISMO Y PATRIOTISMO – Por el Cardenal Isidro Gomá y Tomás



   Empezamos por definir los términos. Catolicismo y Patriotismo son dos palabras que expresan la proyección social de dos grandes conceptos: Dios y Patria. Para nosotros...., Dios es el Dios Trino y Uno que confesamos en el Credo; y es, en su manifestación temporal y humana, el Enviado del Padre, su Hijo Jesucristo, Fundador de la religión católica, con su doctrina, su ley, su culto y su organización social. Y la Patria es... tierra de nuestros padres, terra patrum, con su territorio, sus instituciones y su historia, con su vida específica que la distingue de todos los pueblos, con los hermanos que son, fueron y serán, y que hace su camino a lo largo de los siglos.

   Catolicismo es, pues, sinónimo de religión católica, no sólo en cuanto es un sistema religioso peculiar de una institución fundada por el Hijo de Dios, la Iglesia católica; sino en cuanto es la profesión de la doctrina, la práctica de la ley y el ejercicio del culto que la Iglesia católica impone a sus adeptos. Y Patriotismo es el complejo de las virtudes que se condensan en el amor y servicio de la Patria.

   La filosofía y el sentido popular de todos los pueblos civilizados unieron siempre en lazo sagrado los nombres de Dios y Patria. Sólo los sin-Dios y sin- Patria han podido romperlo. La razón es profunda y simple, como todos los grandes hechos de orden universal. Dios es el Autor del hombre, su Hacedor. Sin Dios no hay hombre. Desde el momento en que el hombre tiene conciencia de sí, habrá de reconocer el lazo profundo que le une al Ser que le dió la vida. Es la relación de la obra con su autor, con los vínculos de amor, de dependencia, de servicio que exige la creación en un ser moral, y que vienen comprendidos en la palabra santa de “religión”, expresión de la “religadura” que el acto creador implica entre la criatura racional y su Criador.

   Pero Dios no nos ha manifestado directamente su pensamiento y su voluntad con respecto a nosotros. Somos, por exigencia de nuestra naturaleza, seres enseñados y educados. Ni ha querido darnos personalmente la totalidad del ser y la perfección del ser. Somos hijos de nuestros padres, en nuestro ser orgánico y en nuestra educación. Y somos hijos de la Patria, que no es más que una prolongación y una ampliación del hogar paterno, donde recibimos la plenitud de nuestra vida natural. Ser social como es el hombre por naturaleza, aparece en el seno de una sociedad determinada que es su Patria, que labra la nueva vida en colaboración con Dios y con los padres, con todos los recursos de una pedagogía más o menos perfecta según sea su civilización.

   Así el hombre, por exigencia de su misma naturaleza, está atado con triple vínculo: a Dios, a sus padres y a la Patria; y este triple vínculo, que es de criatura racional y por lo mismo de pensamiento y de voluntad, implica una triple religión o “religadura”, con su expresión que es el “culto” o servicio, de pensamiento, de libertad, de acción: el que debemos a Dios, que es propiamente la religión, función sagrada que tiene por objeto al Dios santísimo; el culto a los padres, que se dice por analogía del que debemos a Dios, y que se traduce en los servicios de amor y obediencia reverente; y el culto de la Patria, con sus exigencias de amor y servicio, hasta de la vida en ciertos casos.

   Dios, los padres, la Patria. Son tres paternidades a cuyas influencias ningún hombre se sustrae. Dios Padre, “de quien viene toda paternidad en los cielos y en la tierra” (Eph. 3-15); nuestros padres según la carne, que nos engendran y educan dentro de ciertos límites; y la Patria, que recibe la obra de Dios y de los padres al nacer un nuevo ciudadano y en cuyo seno, prolongación del de la familia, como ésta, es prolongación espiritual del útero materno en frase de Santo Tomás, el hombre logrará la plenitud de su desarrollo: fuerza, amplitud y trascendencia para su pensamiento; energía y eficacia para su voluntad, formación de su sentido estético, satisfacción plena de las necesidades materiales, el goce, en fin, de la vida perfecta en el orden natural, que es el fin de la sociedad para los hombres que la integran.

   A la luz de estas sencillas reflexiones aparece claro el sentido de estas palabras: Catolicismo y Patriotismo. Prescindiendo, para nuestro objeto, del pequeño coto de la familia, “seminario” de la sociedad, sagrado reducto de las virtudes domésticas que dan su fuerza íntima al hombre y que tienen su expansión en la vida social, queda la doble paternidad, de Dios y Patria: Dios, que reclama para sí toda la actividad de la vida humana, como último fin que es de ella; y la Patria, que exige, salvando la dignidad de la persona humana y las exigencias de otras instituciones, todo el servicio que puedan prestarla los ciudadanos para la formación de esta obra maravillosa, la sociedad humana, la más excelsa de las manos de Dios en el orden natural.

   Catolicismo, que es nuestra Religión. Hijos del Padre Jesús y de la Madre Iglesia, que salió de su costado abierto por la lanza en la Cruz, nos llamamos “cristianos”, de Cristo nuestro Padre, y “católicos”, porque es católica nuestra Madre la Iglesia; y nuestra profesión religiosa, esta ligadura que nos ata al Soberano Señor de Cielos y tierra, es la religión católica o Catolicismo. Religión sobrenatural, porque Dios, por Jesucristo, ha querido darnos una participación de su misma naturaleza (Divinae consortes naturae, 2 Petr. 1-4.) y, por último destino, la visión de su propia esencia en un cielo eterno. Y Patriotismo, el culto de la Patria de la tierra... para nosotros, que reclama el abnegado esfuerzo de todos para su grandeza, ayudándonos ella en cambio al logro de nuestros destinos temporales y eternos.

   Así Catolicismo y Patriotismo representan para nosotros a un tiempo los factores máximos de nuestra grandeza y el doble altar en que ofrezcamos los mayores sacrificios. Lo primero, porque todo en el hombre tiene su aspecto social, en orden a la Patria de la tierra y a la del cielo. Lo segundo, porque los sacrificios responden al favor de nuestros bienhechores, y no hay otro superior al que nos hace Dios al hacernos hijos suyos, y el que le sigue en orden, que es el que nos hace la Patria al acabar en nosotros, en el orden natural, la obra de Dios y de nuestros padres.

   Ya veis, amados diocesanos, cómo el doble concepto de Dios y Patria, que tiene su expresión social en el Catolicismo y Patriotismo, están profundamente vinculados, en el orden objetivo y en el de nuestros afectos; y que difícilmente puede sufrir quebranto uno de los dos amores sin que de rechazo sufra el otro, en el tesoro de nuestros sentimientos o en su manifestación externa y social.

“CATOLICIMOS Y PATRIOTISMO”
Editorial Difusión (Bs. As. Arg.) Año 1940

sábado, 18 de abril de 2026

¿QUÉ SIGNIFICA TOMAR LA CRUZ?


   Significa, dice San Francisco de Sales, recibir y sufrir nuestros dolores, contradicciones, aflicciones y mortificaciones que nos suceden en esta vida, sin excepción, con total sumisión e indiferencia. Las mejores cruces son aquellas que más perturban la parte inferior del alma. Las cruces que nos imponemos son inferiores, porque son nuestras; y tienen menos mérito que las que Dios nos manda.

   Recibamos, pues, con amor aquellas cosas que no hemos elegimos y que Dios nos ha dado, aunque sean de paja y no de madera. El mérito de la Cruz no consiste en su peso, sino en el modo como se lleva; y a menudo hay más virtud en llevar una cruz de paja, porque es más abyecta y menos acorde con nuestra inclinación, que una pesada cruz de madera, que nos hace brillar a los ojos del mundo, adula nuestra vanidad y nos atrae fama, celebridad y alabanza.

“La Pasión”, del Padre Julio María de Lombaerde.

viernes, 17 de abril de 2026

ADORACIÓN


 ADORACIÓN


   En medio del alegre y peregrino

concierto musical de la mañana

un eco grave, dulce y argentino

se dilata en el valle… ¡Es la campana 

de la ermita cercana!


   Impío, ven conmigo; y tú, cristiano,

ven conmigo también. Dadme la mano,

y entremos juntos en la pobre ermita

solitaria, pacífica, bendita…

Ante el ara inclinado

ved allí al sacerdote… Ya es llegado

el sublime momento…

¡Elevad un instante el pensamiento!

El dueño de esa gran Naturaleza

que admirabais conmigo hace un instante,

el Soberano Dios de la grandeza,

el Dios del infinito poderío

¡Es Aquél que levanta el sacerdote

en su trémula mano!

¡De rodillas ante Él! ¡Témelo, impío!

¡De rodillas! ¡Témelo, cristiano!

Yo también me arrodillo reverente,

y hundo en el polvo, ante mi Dios, la frente.


Jorge Gram

jueves, 16 de abril de 2026

LA MISA POR ENCIMA DE TODO

 


Al incorporarla a la Santa Misa, nuestra oración no solamente entra en el río caudaloso de las oraciones litúrgicas—que ya le daría una dignidad y eficacia especial ex opere operantis Ecclesiae (por la acción de la Iglesia que obra)—, sino que se confunde con la oración infinita de Cristo. El Padre le escucha siempre: “Yo sé que siempre me escuchas” (Jn 11, 42), y en atención a Él nos concederá a nosotros todo cuanto necesitemos (y sirva realmente a nuestra alma).

Por consiguiente: No hay novena ni triduo que se pueda comparar a la eficacia impetratoria de una sola Misa. ¡Cuánta desorientación entre los fieles en torno al valor objetivo de las cosas! Lo que no obtengamos con la Santa Misa, jamás lo obtendremos con ningún otro procedimiento. Está muy bien el empleo de esos otros procedimientos bendecidos y aprobados por la Iglesia; es indudable que Dios concede muchas gracias a través de ellos; pero coloquemos cada cosa en su lugar. La Misa por encima de todo.

P. Antonio Royo Marín O.P.

miércoles, 15 de abril de 2026

ESTE SANTO SE NEGÓ A RECIBIR LA COMUNIÓN DE MANOS DE UN OBISPO HEREJE



San Hermenegildo mártir de la Eucaristía.


San Hermenegildo (fallecido en 585) es considerado un mártir por su defensa de la fe católica frente al arrianismo, y específicamente se le conoce como mártir de la Eucaristía porque fue ejecutado al negarse a recibir la comunión (la hostia consagrada con el el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo Dios) de manos de un obispo arriano durante la Pascua. 

El contexto: Hermenegildo, hijo del rey visigodo arriano Leovigildo, se convirtió al catolicismo.

El martirio: Tras ser encarcelado en Tarragona, su padre le ofreció la libertad y la reconciliación a cambio de comulgar con un obispo arriano (que negaba la divinidad de Cristo).

La negativa: Hermenegildo rechazó la comunión otorgada por el hereje, prefiriendo la muerte antes que traicionar la fe católica, siendo ejecutado inmediatamente.

Reconocimiento: 
San Gregorio Magno narra su historia como un auténtico mártir, y su festividad se celebra el 13 de abril.

lunes, 13 de abril de 2026

LA IGNORANCIA CULPABLE



“¡Qué pena que los católicos ignoren todo sobre sus dogmas, su moral y su culto! La inmensa mayoría de los llamados católicos de hoy tienen una cultura religiosa que no llega ni siquiera a al conocimiento de los principios elementales del “Padre Astete”. 

¡Qué suerte tenemos quienes aún somos fieles a la TRADICIÓN BIMILENARIA  y al MAGISTERIO PERENNE, quienes tenemos a mano en el “Enquiridion Symbolorum” y podemos mantener con su luz e  infalibilidad magisterial, el rumbo marcado por Cristo a su Iglesia y trasmitida por los Apóstoles!

No olvidemos nunca que nuestra felicidad en este mundo y en el otro tienen la misma raíz: el dogma, la moral y el culto que se rige por la sentencia de San Vicente de Lerins: “Más aun,  en la misma Iglesia católica ha de cuidarse con esmero mantener aquello que ha sido creído , en todas partes, siempre y por todos”.

Gil de Pisa
 

sábado, 11 de abril de 2026

EL ALMA Y EL CUERPO



 En las nuevas costumbres de la modernidad, encontramos el darle al cuerpo mucha importancia y cuidado.

 La vida que poseemos, la empleamos en cuidar el cuerpo en todas sus funciones internas y externas: ejercicio diario, yoga, respiración profunda, temor a la enfermedad y a la muerte.  Podríamos exponer una lista interminable de acciones, tanto para el hombre como para la mujer, quienes abundan en el cuidado y la reparación del cuerpo.

 Lo raro es que, al mismo tiempo, se le envenena con el alcohol, con la droga, desvelos, y placeres que desgastan la salud y, aunque es un verdadero contrasentido: “Cuido mi cuerpo y, al mismo tiempo, lo daño”. Sólo que con estos vicios y excesos mancho mi alma, la debilito… Sin embargo, es notorio que todo es para el placer de los sentidos y el culto al cuerpo.

 Ahora, pregunto: ¿Qué se hace por la salud del Alma?, ¿A caso sabes que tienes alma?   ¿ya se te olvido?

 La verdad es que, de tanto que la ignoramos, nos hemos olvidado de ella y perdido la luz de su existencia.

 Dios crea un alma para cada cuerpo, y el alma vivifica, le da ánimo a ese cuerpo. Sin el alma el cuerpo no tendría vida. Gracias al alma el hombre piensa, conoce, elige, ama… y, sin embargo, hemos dejado en el olvido al motor de nuestra vida y, pregunto: “¿Qué es el alma?” 

El alma es una substancia creada por Dios, cuyas cualidades son: simple, espiritual, libre e inmortal. Y la cual, necesita del cuerpo para saber del exterior lo que existe y acontece, y ella, como un laboratorio espiritual, transforma y eleva en su interior, lo que le es transmitido. Y, posteriormente, lo expresa hacia el exterior, en manifestaciones múltiples.

 Pero el alma necesita su alimento y, ¿Cuál es el alimento del alma? El conocimiento de Dios, el estudio de las obras buenas, la asistencia a la Santa Misa, la Oración. Pero como fundamento, la “Gracia Santificante” a través de los Sacramentos. Incluso el conocimiento de la verdad a través de la filosofía, de la ciencia y del verdadero arte. Mucho hay que darle al alma y será en beneficio de todo el ser humano.

 Hombre o mujer: mueve tu cuerpo, con la vida que te transmite el alma y llega al confesionario, confiésate y, así ungida tu alma por la gracia, sentirás la vida nueva, la vida de Dios, que es la vida sobrenatural, que puede llevar el ser humano a insospechadas alturas que regalan y satisfacen, lo que no puede regalar ni satisfacer la materia, ni el placer de los sentidos.

 El alma y el cuerpo, son dos substancias diferentes, pero que unidas hacen la unión substancial, formando un solo ser racional y volitivo.

 Cuida armónicamente tu cuerpo y tu alma: “Mi alma para el cuerpo y mi cuerpo para el alma”, siendo una sola identidad, dando sólo gloria a Dios y por ello, lograr la felicidad; ya que para esto hemos nacido.

Sor Clotilde  García Espejel


jueves, 9 de abril de 2026

IMPORTANTE TESTIMONIO MÉDICO (No dejes de leerlo).



Por: Dr. Sergio Villarreal 

En los últimos meses he leído en redes sociales algunos argumentos relacionados con el bebé que no ha nacido que quiero comentar. He leído que son solo células. He leído que no es un ser humano. He leído que no es un ser vivo. He leído que no es un ser con conciencia. Y he leído que por todo lo anterior esas células no tienen ningún derecho que debamos respetar. Ante todas esas cosas que he leído, yo quiero dar mi testimonio:

Soy ginecólogo desde hace 30 años. Desde 1988 he dado consulta a muchas mujeres que han depositado su confianza en mí. He cuidado sus embarazos. He atendido los nacimientos de sus hijos. No pocos de esos bebés que recibí ya crecieron y ahora son padres y en algunos casos he atendido ya el nacimiento de sus propios hijos.

En todos estos años, a muchas pacientes les he tomado ultrasonido desde muy temprano en su embarazo, como parte del cuidado médico que les proveo. Pero en el camino he atestiguado muchas otras cosas que van más allá de la sola apreciación médica y se las quiero comentar:

He visto el corazón de los bebés latir desde muy temprano, con fuerza, con tanta fuerza que no es raro que veamos primero el latido que al bebé mismo.

Los he visto a las 7 semanas dar pequeños saltos sobre su espalda.

Los he visto a las 9 semanas mover sus brazos y sus piernas, mover su cuerpo entero, echar maromas, saltar y brincar, ponerse de frente y ver su cara, ponerse de perfil, abrir su boca y hacer tantos gestos tan comunes y familiares para cualquier ser humano.

Los he visto completos, con cerebro y corazón, con ojos, oídos y boca. Los he visto con manos y pies, con líquido en el interior de su estómago, con orina en su vejiga. He visto las cavidades de su corazón bombeando sangre a su cuerpo entero. He visto como se tocan con sus manos, como doblan sus rodillas, como las extienden y se estiran como si estuvieran en un columpio.

Los he visto crecer dentro del vientre, los he visto cuando bostezan y los he visto tener hipo. Los he visto mover sus músculos respiratorios. Los he visto hacer puños con sus manos y los he visto mover sus ojos. Esperando el momento de nacer.

Y ahí, al verlos dentro del vientre, he podido reconocer que son más que solo células, he reconocido un ser vivo, con su propia fisiología, con su propia estructura. He visto un ser humano. He visto un ser de mi especie, solo que menor que yo, un ser que es un continuo en el tiempo con el ser que será en el futuro. Un ser que no es solo potencial, sino que es realidad ya ahí en el vientre de su madre, tal como el niño pequeño que, aunque es potencial para el futuro, ya es realidad en su presente infancia. Cierto, no es un ser humano consciente de su entorno, cómo no lo es el recién nacido, o el niño que tiene unos días o semanas de vida, o como el adulto mayor que ha perdido algunas de sus funciones cognitivas. Pero es un ser humano, tanto como ellos, igual que ellos, simplemente es un ser humano.

He visto a esos embriones convertirse en fetos, y a esos fetos nacer, y los he visto luego venir con sus padres, ya como niños, a mi consulta, a ver el milagro de tener uno, dos o más hermanitos. Y los he visto crecer y hacerse hombres y mujeres de bien. Y los he visto hacerse a su vez madres y padres que aman la vida que les fue dada y la vida que ahora dan.

He visto a muchos padres y madres llorar de alegría al ver a su hijo por primera vez en una pantalla, y los he visto ser inmensamente felices cuando nacen. Y muchas veces los he escuchado cómo ese bebé ha cambiado sus vidas, y cómo están ahora dispuestos a dar su vida por amor a su pequeño. No es retórica. Cualquier padre lo sabe, cualquier madre lo entiende. Dispuesto, dispuesta a morir por amor a su bebé.

Y he visto casos de mujeres que de pronto se encontraron con una realidad que no esperaban, con un embarazo no planeado, con un bebé que no creían se presentara en el camino. A veces ellas solas, y por solas más valientes. Pero cuando han tomado conciencia de lo trascendente que viven y han aceptado la llegada del bebé, y han continuado a mi cuidado, no he visto a una sola mujer arrepentirse de dar vida, no he visto una sola, que después de algunos años, no vea en su hijo o en su hija lo más valioso de su vida. Jamás, jamás he escuchado a una sola decir: “hubiera preferido no tenerlo”.

Después de dar este testimonio, solo espero que quienes piensan diferente lo hagan por ignorancia, ojalá que sea por falta de información.

No argumenten que son solo células, no argumenten que no es un ser vivo, no argumenten que no es un ser humano o que no tiene conciencia. No insulten su propia inteligencia con esos argumentos, que son tan falsos y vacíos que es increíble que un ser humano con conciencia si quiera los tome en cuenta.

miércoles, 8 de abril de 2026

EL TESTIMONIO DE LOS APÓSTOLES

 

Hechos de los Apóstoles 10, 
37–43:
“Nos mandó Él mismo que
 predicásemos al pueblo…”.

¡Qué doce pescadores pobres, groseros, que habían casi envejecido en la más espesa ignorancia; gentes de un genio y de un corazón apocado; almas naturalmente bajas y tímidas, sin educación, sin apoyo, sin otro arte que el de la pesca y las redes… que estos doce pescadores hayan podido convencer al universo y hacerle creer que aquel Jesús de Nazaret, que había expirado en una cruz, había resucitado, es un prodigio que parece desde luego casi tan pasmoso como el mismo prodigio de la Resurrección!

Pero cuando se considera que unos hombres, que no tenían interés alguno en fingir, no pudieron querer engañarnos con peligro cierto de su vida; que unos hombres tan incrédulos en vida de su Maestro no pudieron engañarse después de su muerte, y creerle resucitado sin tener de ello las pruebas más manifiestas; en fin, que unos hombres como estos, que obraban los más estupendos milagros para establecer la fe de la Resurrección, no pudieron engañarnos… ¿no debe pasmarnos más bien que haya habido incrédulos capaces de resistir a su testimonio?

Pero nuestra creencia, ¿es por ventura más cristiana?

Y creyendo en Jesucristo verdaderamente resucitado, ¿somos acaso más cristianos?

Como el misterio de la Resurrección encierra, por decirlo así, o al menos confirma todos los demás, este misterio, cuando es verdaderamente creído, convirtió al mundo entero.

Nosotros lo creemos; pero ¿qué efecto produce hoy en el entendimiento y en el corazón de los cristianos la fe de este misterio?

La Resurrección del Salvador es la prenda segura, y debe ser al mismo tiempo el modelo de la nuestra. Es el fundamento de nuestra fe, y debe serlo igualmente de nuestra esperanza; y ambas deben reglar nuestras costumbres.

¿Dónde se encuentra hoy esta reforma?

Muertos al pecado por la penitencia —que debe ser el fruto del gran ayuno que hemos concluido— una vida nueva debería ser el efecto ordinario de la Pascua.

¿Hay muchas personas de quienes se pueda decir con verdad que han resucitado?

Es necesario saber primero si hay muchas que hayan muerto al pecado, a los hábitos criminales, a las ocasiones voluntarias y peligrosas; si hay muchas que hayan resucitado a la gracia.

Después de una verdadera resurrección, la mudanza es visible, la reforma es palpable.

¿Se ven muchas reformas, muchas mudanzas en los fieles después de estas fiestas?

Y aquellos que se dispensaron en la Cuaresma de los saludables rigores de la penitencia, ¿gustan en la Pascua las dulzuras de una santa resurrección?

P. JEAN CROISSET S.J.