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lunes, 16 de junio de 2025

LA SANTÍSIMA TRINIDAD


¿Qué hemos de hacer en la fiesta de la Santísima Trinidad? –

En la fiesta de la Santísima Trinidad hemos de hacer cinco cosas: 1ª, adorar el misterio de Dios uno y trino; 2ª, dar gracias a la Santísima Trinidad por todos los beneficios temporales y espirituales que de Ella recibimos; 3ª, consagrarnos totalmente a Dios y rendirnos del todo a su divina Providencia; 4ª, pensar que por el Bautismo entramos en la Iglesia y fuimos hechos miembros de Jesucristo por la invocación y virtud del nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 5ª, determinarnos a hacer siempre con devoción la señal de la Cruz, que expresa este misterio, y a rezar con viva fe e intención de glorificar a la Santísima Trinidad aquellas palabras que tan a menudo repite la Iglesia: Gloria sea al Padre y al Hijo y al Espíritu. Santo.

(Catecismo de San Pío X, Instrucción I, c. XII).


miércoles, 8 de enero de 2025

LA SANTÍSIMA TRINIDAD: MISTERIO Y RESPUESTA ETERNA AL RELATIVISMO


INTRODUCCIÓN: EL MISTERIO DE LA TRINIDAD, LUZ DE LA FE Y LA RAZÓN

Desde los albores del cristianismo, los grandes Padres y Doctores de la Iglesia han contemplado el misterio más sublime y central de la fe: la Santísima Trinidad. Este dogma, revelado en las Escrituras y profesado por la Tradición, nos habla de un único Dios que subsiste en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aunque supera la capacidad de la razón humana, no es irracional, sino un misterio de amor eterno que invita al hombre a entrar en comunión con Dios.

Inspirados por el pensamiento de San Agustín, los primeros teólogos y, posteriormente, Santo Tomás de Aquino, reflexionaron sobre este misterio desde la revelación y la filosofía. El propósito no era explicar lo inexplicable, sino defender la verdad revelada contra los errores y herejías que intentaban reducir el misterio a términos humanos. Este ensayo recoge los ecos de esta gran tradición preconciliar, particularmente de los Padres como San Atanasio, San Cirilo de Alejandría, San Basilio, y el mismo Santo Tomás, que iluminaron con su sabiduría el dogma de la Trinidad.

I. LA UNIDAD EN LA DISTINCIÓN

La esencia de Dios es absolutamente una y simple; no hay en Él partes ni composición. Sin embargo, esta unidad no es solitaria, sino que subsiste en una comunión eterna de tres Personas. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son consustanciales, coeternos y perfectamente iguales, pero se distinguen por sus relaciones de origen:

 • El Padre es el principio sin principio, el origen de la Trinidad.

 • El Hijo es engendrado eternamente por el Padre como su Palabra y Sabiduría.

 • El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como el Amor eterno que los une.

San Basilio enseña:

 “El Padre es fuente de toda divinidad, el Hijo es el que irradia esta fuente, y el Espíritu Santo es la bondad que une y vivifica” (De Spiritu Sancto, 5, 11).

Santo Tomás, retomando a San Agustín, explica que esta distinción de Personas no divide la esencia:

 “En Dios todo es uno, excepto donde hay oposición de relaciones” (Suma Teológica, I, q.28, a.3).

II. EL HIJO: PALABRA Y SABIDURÍA DEL PADRE

El Hijo es el Verbo eterno del Padre, su Sabiduría subsistente y la Imagen perfecta de su ser. San Cirilo de Alejandría señala:

 “El Hijo es de la misma naturaleza que el Padre, irradiación de su gloria y sello de su sustancia. No es una criatura, sino el propio Dios que se hizo hombre” (Glaphyra in Pentateuchum, lib. 2).

San Agustín profundiza en este concepto:

 “El Hijo es llamado Verbo porque expresa al Padre perfectamente, no como una palabra que suena y pasa, sino como la Palabra eterna que permanece” (De Trinitate, XV, 20).

Santo Tomás añade que la generación del Hijo no implica un cambio en Dios, pues es un acto eterno:

 “El Padre comunica su esencia al Hijo, no por necesidad, sino por la perfección de su naturaleza” (Suma Teológica, I, q.27, a.2).

III. EL ESPÍRITU SANTO: AMOR Y COMUNIÓN DIVINA

El Espíritu Santo, en palabras de San Agustín, es “el amor mutuo del Padre y del Hijo” (De Trinitate, XV, 17). No es una emanación pasiva, sino una Persona divina que procede como vínculo eterno de comunión.

San Basilio describe su misión:

 “El Espíritu Santo es el don que perfecciona la creación, santifica las almas y nos introduce en el misterio de la vida divina” (De Spiritu Sancto, 16, 39).

Santo Tomás explica que el Espíritu Santo procede por modo de voluntad, como amor subsistente:

 “Así como el Hijo procede como el Verbo, el Espíritu Santo procede como el amor del Padre y del Hijo, que se comunican mutuamente su bondad infinita” (Suma Teológica, I, q.37, a.1).

IV. LA TRINIDAD EN LA CREACIÓN Y LA SALVACIÓN

Aunque las tres Personas son iguales, sus misiones en la historia de la salvación son específicas:

 • El Padre crea.

 • El Hijo redime.

 • El Espíritu Santo santifica.

San Ireneo enseña:

 “El Padre planifica, el Hijo ejecuta y el Espíritu Santo perfecciona, pero todas estas obras son realizadas por un solo Dios” (Adversus Haereses, IV, 20, 1).

San Atanasio reafirma:

 “La encarnación del Verbo y la efusión del Espíritu Santo son obra del único Dios, que actúa por su amor infinito” (De Incarnatione, 9).

Santo Tomás resalta que, aunque las obras externas son comunes, cada Persona se manifiesta según su propiedad:

 “La obra externa sigue a la esencia, pero la misión refleja la propiedad personal” (Suma Teológica, I, q.43, a.5).

V. REFLEJOS DE LA TRINIDAD EN EL HOMBRE

San Agustín señala que el hombre, creado a imagen de Dios, lleva en su alma un reflejo trinitario:

 “En el alma humana hay memoria, inteligencia y voluntad; tres facultades distintas, pero unidas en una misma esencia” (De Trinitate, IX, 4).

Santo Tomás desarrolla esta analogía:

 “La memoria refleja al Padre, la inteligencia al Hijo, y la voluntad al Espíritu Santo. Este reflejo, aunque imperfecto, nos ayuda a comprender el misterio trinitario” (Suma Teológica, I, q.93, a.9).

CONCLUSIÓN

El misterio de la Santísima Trinidad, fundamento de nuestra fe, es una invitación a contemplar la comunión eterna de amor que define a Dios. Este dogma, custodiado por los Padres de la Iglesia, no es una abstracción, sino la verdad que da sentido a toda la creación y redención.

San Agustín nos anima a adorar este misterio con fe:

 “Cuando amamos, conocemos a Dios, porque Dios es amor. Este amor eterno es la Trinidad: el Padre que ama, el Hijo amado, y el Espíritu Santo, el amor que los une” (De Trinitate, XV, 28).

En un mundo marcado por el relativismo y la confusión, la Santísima Trinidad resplandece como la antítesis de toda fragmentación. Mientras el relativismo niega la verdad objetiva y fomenta el aislamiento del hombre respecto a Dios y al prójimo, la Trinidad proclama la unidad en la diversidad: un único Dios en tres Personas, en perfecta comunión. Este misterio no solo es una verdad de fe, sino un modelo para la sociedad y la Iglesia.

La negación de principios absolutos lleva al individuo a perderse en un mundo sin referencias ni significado. Sin embargo, la Trinidad nos recuerda que toda verdad tiene su origen en Dios, quien es relación y amor en su esencia. Como afirma San Atanasio:

 “El que niega la Trinidad, niega al mismo tiempo el amor, porque no puede concebir una comunión eterna” (Contra Arianos, I, 18).

La Trinidad, lejos de ser una noción abstracta, nos enseña que solo en la verdad absoluta de Dios podemos encontrar nuestra identidad y nuestro destino. Contra el relativismo que disuelve la unidad, el dogma trinitario nos invita a construir relaciones basadas en la comunión, el amor y la verdad. Como subraya Santo Tomás:

 “Dios, en cuanto Trinidad, no es solo el principio de la creación, sino el modelo perfecto de toda relación justa y ordenada” (Suma Teológica, I, q.93, a.8).

Por tanto, el redescubrimiento de esta verdad es fundamental en nuestro tiempo. La Santísima Trinidad no solo es un misterio a contemplar, sino una llamada a vivir en comunión con Dios y con los demás, reflejando en nuestras vidas el amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. En este mundo fragmentado, el misterio trinitario es la respuesta eterna y perfecta al relativismo que oscurece la verdad y divide al hombre.

OMO

BIBLIOGRAFÍA

 • San Agustín, De Trinitate.

 • San Atanasio, Símbolo de San Atanasio.

 • San Basilio, De Spiritu Sancto.

 • San Cirilo de Alejandría, Glaphyra in Pentateuchum.

 • San Ireneo, Adversus Haereses.

 • Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica.

 • San Atanasio, De Incarnatione.

lunes, 30 de diciembre de 2013

LA PROVIDENCIA DIVINA

NO SÓLO HAY QUE PEDIRLE SINO TAMBIÉN CONFIAR EN ELLA Y... ¡AGRADECERLE!
Agradezcamos a la Divina Providencia todos los beneficios recibidos en 2013 y durante
toda nuestra vida. No seamos desagradecidos como aquellos invidentes que Cristo curó
y sólo uno retornó a agradecer al Señor


"Confiad a lo más secreto de la Providencia divina las molestias que encontréis y creed firmemente que Dios os conducirá con dulzura, por lo que hace a vuestra vida y a vuestros asuntos." San Francisco de Sales

"Cuando nos falta toda humana asistencia, entonces debemos esperar más de la asistencia de Dios." San Ambrosio

"Ni aún por las cosas necesarias debemos inquietarnos, ni confiar en ellas cuando las tenemos: cada uno debe dejar este cuidado a la Divina Providencia." San Basilio

"En la oración hay un obstáculo que consiste en pensar que la Providencia de Dios no se ocupa de las cosas de este mundo." Santo Tomás.


LA PROVIDENCIA DE DIOS

Si buscamos el Reino de Dios y su Justicia lo demás se nos dará por añadidura, dice el Señor.
La mejor manera es vivir siempre en Gracia, siguiendo sus mandamientos, alabándole y dándole gracias.
No basta pedir, hay que darle también a Dios lo que Él nos pide. El Señor te proporcionará lo que realmente requieres, no lo que tú crees necesitar. Tú le pides a Dios, pero...¿qué le ofreces?. ¿Eres de los que viven alejados del Confesionario, en constante pecado mortal, y exigen a Dios que resuelva sus problemas?. ¿Te acuerdas y acudes a Él siempre o sólo cuando requieres un favor de su parte? 

La Sma. Virgen quiere darnos todas las gracias que necesitamos para vivir lo mejor posible nuestra vida de cristianos. Hoy queremos reflexionar sobre la gracia de una fe profunda y vital que Ella, quiere regalarnos: la fe práctica en la Providencia de Dios.

¿Cómo entendemos nosotros esa Fe Práctica en la Divina Providencia? Creemos que Dios-Padre ha hecho un plan de vida de cada uno da sus hijos. Por medio de este plan providente, Él quiere conducirnos a su Reino, quiere educarnos como hijos, quiere perfeccionarnos según la imagen de Jesucristo.

Y porque “Dios es amor”, este plan no puede ser sino un plan da amor. Dios quiere que seamos felices. Que seamos felices por toda la eternidad. Por eso, Dios sólo puede querer nuestro bien.

Entonces Dios, consecuente con su plan, se preocupa personalmente de cada ser humano, porque Él es PADRE. Se preocupa de cada cosa, incluso de lo más insignificante, en mi vida. Por eso la palabra del Señor en el Evangelio: “¿Acaso no se venden dos pajaritos por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae a tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el Cielo…”. Y después agrega el Señor: “Vosotros tenéis contados todos vuestros cabellos” (Mt 10, 29s).

Ahora, Dios quiere que conozcamos, que descubramos poco a poco su plan de amor. Él quiere que sepamos cual es su deseo para con nosotros. Es por eso que Él nos habla permanentemente.

En la BIBLIA, en el libro de su CREACIÓN, allí nos habla p.ej. por medio de las flores, del cielo, del sol, etc. Cada una de sus criaturas es la encarnación de un pensamiento y de un deseo suyo.

Pero sobre todo Dios nos habla por medio del libro de la vida, es decir, los acontecimientos de cada día. Cada hecho que sucede -p.ej. ese problema que se presentó en mi trabajo o en mi casa; esa alegría que me dio mi cónyuge; ese consejo que recibí de un amigo…- todo eso es una voz a un llamado de Dios.

Dios está realmente presente en mi vida y es allí donde tengo que encontrarlo y dialogar con Él. Pero para eso necesito saber mirar con fe lo que me sucede y dejarme tiempo para poder descifrar los mensajes que Dios me envía.

Lo que más nos cuesta aceptar en nuestra vida son los sucesos dolorosos, cruces y sufrimientos que Dios envía o que Él permite. Las manos de Dios son siempre bondadosas pero están, algunas veces, revestidas de guantes de hierro. 

¿Qué debemos hacer entonces? Debemos hacer transparentes los guantes de hierro y ver detrás, a la luz de la fe, las manos bondadosas del Padre. Él hace todo siempre por amor, también cuando se trata de injusticias, calumnias, humillaciones, o de otras cruces que Él permite en nuestras vidas para nuestro bien espiritual y santificación*.

Así, cada día de nuestra vida, cada acontecimiento es como una carta de amor que Dios nos escribe.

Para encontrar al Dios de la vida, deberíamos buscarlo primero en nuestro pasado. Deberíamos ver su mano en aquellos hechos que más nos han marcado, tanto en los tristes como en los felices. Nada de eso ha sucedido por casualidad. Dios escribe conmigo una historia de amor original, inédita, diferente a todas las otras. Y yo he de aceptarla así como Él lo ha querido.

Pero principalmente tengo que leer los mensajes que Dios me envía en el presente de mi vida. El pasado ya no puedo cambiarlo y tengo que aceptarlo tal como ha sido. El futuro esta abierto todavía. Y por medio de las cosas que me están sucediendo hoy, Dios me está proponiendo planes que tengo que realizar mañana: me está invitando a actuar, me está haciendo advertencias, me está pidiendo más amor.

Por ejemplo la enfermedad de mi hijo, la situación difícil en mi trabajo, los problemas económicos, la mala nota que saqué en el colegio, etc., son voces, son llamados de Dios. También la situación social, política, religiosa del país forma parte importante de mi diálogo personal con Dios. En todo esto trato de escuchar su voz para darle la respuesta que Él me pide.

Queridos hermanos, esa ha sido la actitud permanente de la Sma. Virgen. El Evangelio nos dice: “María guardaba todas estas palabras, meditándolas en su corazón”. Ella iba recogiendo y meditando todo lo que pasaba a su alrededor, para descubrir así el plan de Dios con Ella.

También nosotros hemos de imitar el ejemplo de María. Hemos de ir acostumbrándonos a reflexionar sobre lo que Dios nos dice o pide por medio de las distintas cosas que nos pasan. Entonces marcharemos con seguridad por la vida.

Pidámosle, por eso, a la Virgen María, que nos regale la gracia de una fe profunda y vital en la Providencia de Dios.

P. Nicolás Schwizer

*NOTA: Cuántos sucesos que consideramos "males" son medios que nos llevarán a nuestra conversión y/o serán recursos y mecanismos para santificarnos y poder alcanzar un día el Cielo. Sin ellos, seguramente muchos nos condenaríamos. Dios emplea la mano derecha, pero en ocasiones requiere de utilizar la izquierda, como sabiamente decía y explicaba el padre Ramón Cué en MI CRISTO ROTO (ver AQUÍ). 

Oración. Omnipotente y sempiterno Dios que nos has concedido a tus siervos el don de conocer la gloria de la eterna Trinidad en la confesión de la verdadera fe, y la de adorar la unidad en el poder de tu majestad; te rogamos que por la firmeza de esta misma fe, nos libres siempre de todas las adversidades. Por Cristo Nuestro Señor. 
Padre nuestro, confiamos plenamente en ti; gracias por tantos beneficios recibidos de tu generosidad y amor. Amén.
Fuente: Catholic.net

jueves, 19 de septiembre de 2013

PRIMICIA EN CATOLICIDAD: CATECISMO EN VIDEOS. PRIMER TEMA: LA SANTÍSIMA TRINIDAD


El equipo de CATEQUISTAS CATÓLICOS está realizando una excelente labor: hacer videos de un antiguo catecismo de mediados del siglo pasado que se había realizado -entonces- con transparencias y sonido en discos analógicos desgastados (33 rpm). Ese material lo están remasterizando, tanto en sus imágenes (lámina por lámina) como en su sonido. CATEQUISTAS CATÓLICOS nos han hecho la amable distinción de "dada la difusión que tiene el blog Catolicidad" solicitarnos su publicación en el mismo y darnos la primicia. 

Naturalmente la idea es que otros blogs aprovechen también estos videos con diferentes y variados temas de la catequesis católica. El material está plenamente apegado al dogma y cuenta con la aprobación del entonces arzobispo primado de México. Está dirigido a niños y adolescentes pero también es útil y aprovechable para adultos. Seguramente muchos lectores adultos aprenderán aspectos que desconocían de su fe y de la historia sagrada.

Es muy aconsejable que los papás lo vean conjuntamente con sus hijos, pues es un material muy didáctico y con doctrina segura, para que lo utilicen como complemento en la catequesis familiar. Por supuesto, será de gran utilidad y apoyo didáctico, también, para el catecismo en grupos de iglesias y parroquias.

CATOLICIDAD irá publicando este material. A continuación el primer video editado por CATEQUISTAS CATÓLICOS:

Ver video


Notas: 1) No hay que olvidar que los protestantes pagan publicidad en Youtube para que aparezca en videos católicos. No te dejes sorprender si aparecen esos anuncios. 2) Recordemos que en el tiempo de Nuestro Señor Jesucristo se le decía hermanos a parientes como a los primos etc, así como también N.S.J.C. decía hermanos a sus apóstoles y a muchos de sus seguidores. Jesús no tuvo hermanos en el sentido carnal de la palabra, es decir la Sma. Virgen María no tuvo ningún hijo fuera de Nuestro Señor que fue concebido por obra del Espíritu Santo.

sábado, 19 de febrero de 2011

SIN AMOR ES IMPOSIBLE


No existe posibilidad alguna de salvación, para la persona que no sea capaz de amar. Que no se capaz de devolver al Señor al menos una pequeña parte del amor que Él nos tiene. Y no pensemos que ese amor suyo a nosotros es un amor genérico, como es generalmente el nuestro, sino tremendamente personal e individualizado, como si cualquiera de nosotros fuésemos la única persona creada por Él. En nuestra pobre mente, esta idea no nos cuadra, porque en nosotros todo es limitado y como siempre medimos todo, con medidas antropomórficas, incluso lo divino, nos resulta imposible concebir que a millones de seres humanos, se les pueda querer individual y personalmente, como si solo uno de ellos fuese el único ser creado por Dios. Y esto es así, de tal forma que si fuese necesario, el Señor bajaría otra vez a la tierra y solo por ti lector o por mí que escribo estas líneas, estaría y está dispuesto a volver a dar su vida humana, con todo el sufrimiento y dolor con que nos la regaló, hace ya más de dos mil años.

Para Dios, el amor es el todo de todo, y ello es perfectamente comprensible que así sea, ya que reiteradamente, San Juan el discípulo amado, no lo escribió una y otra vez en sus cartas y en el evangelio.

“Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y el que vive en amor permanece en Dios, y Dios en él”. (1Jn 4,16). Y aquí, más que emplear la palabra Dios, que para nosotros, puede tener un cierto sentido restrictivo, hemos de emplear el término “Santísima Trinidad”, porque teniendo en cuenta lo poco que conocemos de este gozoso misterio, sabemos que es precisamente el amor lo que une indisolublemente a las tres personas divinas, porque Ellas, las tres lo que tienen es una eterna comunicación de amor.

Y nosotros hemos sido creados, para participar en esa eterna comunicación de amor, en participar en la propia naturaleza del amor de Dios. Y es ahí, donde precisamente se encuentra la felicidad que tan desesperadamente buscamos por errados caminos mundanos y materiales. Solo el amor de Dios puede darnos la plena felicidad, para la que hemos sido creados. Y esta felicidad, que en este mundo nadie puede alcanzarla plenamente, sino solo en muy pequeñas dosis, por aquellas almas dichosas que han alcanzado un nivel de vida espiritual tremendamente alto. Esta felicidad que nos proporciona la participación en el amor del misterio trinitario, es la que nos espera a los que seamos capaces de superar la prueba de amor a la que ahora, aquí abajo, estamos convocados a superar. Tenemos que demostrar que somos dignos de recibir, ese gran amor que Dios nos tiene preparado, para los que se salven. ¡Pero ojo!, este amor no será de la misma medida o tamaño para todo el mundo, sino que será escalonado y jerarquizado, de acuerdo con la cuantía y calidad del amor, que aquí abajo seamos capaces de demostrar.

Reiteradamente más de un santo ha escrito o dicho, que las almas serán juzgadas por la cuantía de su amor. Las obras son importantes pero si no las hemos ejecutado en función del amor a Dios, arriba no nos computarán. A este respecto San Juan de la Cruz escribe diciendo: “Al atardecer te examinarán de amor. Al término de la vida y al término de la existencia, el criterio del juicio será el amor”. Más seremos juzgados por el amor demostrado al Señor durante nuestra vida, que por la bondad de las obras que hayamos ejecutado, porque por muy loable que éstas hayan sido a los ojos de los demás, si resulta que no las hemos realizado en función del amor a Dios, de nada nos aprovecharán.

Es necesario distinguir entre una obra realizada a favor de los demás en razón del amor que al Señor se le profesa, que la obra realizado en favor de los demás solo por razones humanitarias, que es lo que se conoce con el nombre de “filantropía”. San Pablo claramente decía: “Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha”. (1Cor 13,3).

Al mencionar el término caridad, San Pablo se refiere naturalmente a la tercera virtud teologal, a la Caridad entendida solo como amor al Señor.

Es triste ver cuantas buenas obras se ejecutan en el mundo de espaldas al Señor, por ejemplo, la mayoría de las que se realizan al amparo de esas nuevas organizaciones de carácter laico y muchas veces político denominadas ONG, que viven de las subvenciones estatales y que a nadie dan cuenta del dinero que reciben y en que lo emplean.

Muchas veces se realizan obras de caridad, en las que sus promotores o promotoras, más buscan un afán de protagonismo personal y de vanidad, creando rastrillos, tómbolas y rifas para conseguir dinero, que no dudo de que al final se destine, a la obra benéfica de que se trate. Pero tal como diría el Señor cuando estaba entre nosotros: Con su vanidad ya están pagados.

El amor puro y desinteresado demostrado al Señor a lo largo de nuestra vida, será el principal activo con que nos podremos presentar allá arriba. El amor es lo básico y fundamental, todo lo demás, sea una obra de caridad, un sacrificio un ayuno, o sea lo que sea, solo nos aprovechará si lo hemos realizado en función del amor que le debemos al Señor, porque solo en razón de este Amor y nada más que de este Amor nos podemos salvar, ya que en sí, ese Amor es Dios mismo.

Autor: Juan del Carmelo
Fuente: ReL
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