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viernes, 19 de diciembre de 2025

MONS. SCHNEIDER SE ENTREVISTÓ CON EL PAPA PARA SEGURAMENTE SOLICITARLE QUE LIBERE LA MISA TRADICIONAL Y NO NOMBRE OBISPOS QUE SON VERDADEROS LOBOS POR HETERODOXOS



ESTA NOTA DEL PASADO MES DE JULIO DA LUZ DE LOS TEMAS TRATADOS POR EL OBISPO CON LEÓN XIV EN SU RECIENTE ENTREVISTA:

𝐌𝐨𝐧𝐬. 𝐒𝐜𝐡𝐧𝐞𝐢𝐝𝐞𝐫 𝐡𝐚𝐜𝐞 𝐮𝐧 𝐥𝐥𝐚𝐦𝐚𝐝𝐨 𝐚𝐥 𝐏𝐚𝐩𝐚 𝐋𝐞𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 “𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐌𝐢𝐬𝐚 𝐓𝐫𝐚𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 

Por Emily Mangiaracina, LifeSiteNews 16/07/2025

El obispo Athanasius Schneider ha denunciado la supresión de la Misa Tradicional en Latín (MTL) en todo el mundo como una “injusticia” y ha llamado al Papa León XIV a “liberar” la MTL.

En una entrevista realizada el domingo, Christopher Wendt, de la Cofradía de Nuestra Señora de Fátima, abordó con el obispo la represión contra la MTL iniciada por el documento Traditionis Custodes del Papa Francisco, el cual desencadenó una ola de cierres de Misas tradicionales que continúa incluso bajo el pontificado de León XIV.

“Es una injusticia. Debemos decirlo públicamente”, declaró el obispo Schneider, auxiliar de la diócesis de Astaná, en Kazajistán. Señaló que la supresión de la MTL es particularmente injusta en una época en la que, como bajo Francisco, los niveles más altos de la Iglesia proclaman la importancia de escuchar a todos los fieles laicos y acoger sus “propuestas y deseos”.

“Pero solo una categoría es castigada y marginada. Son los sacerdotes fieles que solo desean orar y celebrar la Misa, asistir a la Misa, como se hizo durante… casi un milenio, y por los santos”, añadió.

Cuando se le preguntó qué debería hacer el Santo Padre al respecto, el obispo Schneider lo exhortó a “proteger” a sus “hijas e hijos” que están siendo “perseguidos” por obispos que restringen el acceso a la MTL, como sucede en la arquidiócesis de Detroit, donde desde el 1 de julio las Misas tradicionales fueron prohibidas en las 28 parroquias, permitiéndose solo en cuatro lugares.

“Esto es insoportable. Es una gran injusticia hacia fieles buenos que solo desean orar como lo hicieron sus antepasados”, lamentó el obispo. “Nada más. Aman al papa, aman a su obispo”.

El prelado declaró que es “urgente” que el papa proteja a los fieles que están siendo tratados como católicos “de segunda clase”, y llamó a los fieles a rezar por el Papa León, “para que reconozca esta injusticia” y “tenga el valor” de liberar la Misa en latín mediante un acto de su magisterio.

El obispo Schneider señaló que el Papa San Pío V “canonizó solemnemente” la Misa Tradicional en Latín en su bula Quo Primum, que declaró de manera “extraordinaria” que “nadie puede ser impedido, ni siquiera en el futuro” de ofrecer la Misa Tridentina.

Quo Primum ordena que, “a perpetuidad”, el Misal de la Misa Tridentina “debe ser seguido absolutamente, sin ningún escrúpulo de conciencia ni temor de incurrir en pena, juicio o censura, y puede usarse libre y lícitamente”, y que “el presente documento no puede ser revocado ni modificado, sino que permanece siempre válido y conserva toda su fuerza”.

El obispo Schneider afirmó que “todo sacerdote católico y todo católico tiene el derecho de celebrar o asistir” a este rito y de transmitirlo.

El obispo de Astaná expresó su esperanza de que el Papa León XIV detenga la “persecución” de la MTL, algo que los católicos le han implorado en una campaña de cartas. León XIV aún no ha respondido ni ha dado indicios de que reconocerá la autoridad de Quo Primum declarando inválido Traditionis Custodes. En cambio, al conceder una extensión de dos años a una MTL en Texas, parece estar reconociendo los dictados de Traditionis Custodes.

Wendt preguntó también si el obispo Schneider consideraba justo “evaluar” a León XIV por sus nombramientos clericales, algo en lo que empezó a participar como prefecto del Dicasterio para los Obispos.

El obispo respondió que, al nombrar obispos “que promueven confusión y ambigüedades o incluso errores que ya eran conocidos antes del nombramiento”, es decir, “candidatos dudosos, ambiguos o abiertamente heterodoxos”, el papa está “abriendo la puerta” para que “lobos” entren en el rebaño.

Católicos y clérigos ortodoxos, como el obispo Joseph Strickland, ya han expresado su preocupación por la fidelidad doctrinal de los nombramientos clericales de León XIV, incluyendo, por ejemplo, el nombramiento del obispo Shane Mackinlay —quien ha expresado públicamente su apoyo a la posibilidad de “ordenar” mujeres al diaconado— como arzobispo de Brisbane.

El obispo Schneider cree que Dios pedirá cuentas a cada papa “por sus nombramientos”.

“Esto es serio”, concluyó.


 

miércoles, 20 de diciembre de 2023

DECLARACIÓN DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTA MARÍA EN ASTANA SOBRE LA DECLARACIÓN FIDUCIA SUPPLICANS, PUBLICADA POR EL DICASTERIO DE LA DOCTRINA DE LA FE Y APROBADA POR EL PAPA FRANCISCO EL 18 DE DICIEMBRE DE 2023


El propósito manifiesto de la Declaración de la Santa Sede, Fiducia supplicans, es permitir «la posibilidad de bendecir a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo». Al mismo tiempo, el documento insiste en que tales bendiciones se realizan «sin validar oficialmente su estado ni cambiar de ninguna manera la enseñanza perenne de la Iglesia sobre el matrimonio».

El hecho de que el documento no dé permiso para el «matrimonio» de parejas del mismo sexo no debería cegar a pastores y fieles ante el gran engaño y el mal que reside en el permiso mismo para bendecir a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo. Tal bendición contradice directa y seriamente la Divina Revelación y la doctrina y práctica ininterrumpida y bimilenaria de la Iglesia Católica. Bendecir a las parejas en una situación irregular y a las parejas del mismo sexo es un abuso grave del Santísimo Nombre de Dios, ya que este nombre se invoca sobre una unión objetivamente pecaminosa de adulterio o de actividad homosexual.

Por lo tanto, ninguna, ni siquiera la más bella de las afirmaciones contenidas en esta Declaración de la Santa Sede, puede minimizar las consecuencias destructivas y de largo alcance resultantes de este esfuerzo por legitimar tales bendiciones. Con tales bendiciones, la Iglesia Católica se convierte, si no en teoría, entonces en la práctica, en un propagandista de la «ideología de género» globalista e impía.

Como sucesores de los Apóstoles, y fieles a nuestro juramento solemne con motivo de nuestra consagración episcopal «de preservar el depósito de la fe en la pureza y la integridad, de acuerdo con la Tradición siempre y en todas partes observada en la Iglesia desde la época de los Apóstoles», exhortamos y prohibimos a los sacerdotes y a los fieles de la Arquidiócesis de Santa María en Astana aceptar o realizar cualquier forma de bendición de parejas en situación irregular y parejas del mismo sexo. No hace falta decir que todo pecador sinceramente arrepentido con la firme intención de dejar de pecar y poner fin a su situación pública de pecado (como, por ejemplo, la convivencia fuera de un matrimonio canónicamente válido, la unión entre personas del mismo sexo), puede recibir una bendición.

Con un amor fraternal sincero, y con el debido respeto, nos dirigimos al Papa Francisco, quien, al permitir la bendición de las parejas en una situación irregular y las parejas del mismo sexo, «no camina rectamente de acuerdo con la verdad del Evangelio» (ver Gal. 2:14), para tomar prestadas las palabras con las que San Pablo el Apóstol amonestó públicamente al primer Papa en Antioquía. Por lo tanto, en el espíritu de la colegialidad episcopal, le pedimos al Papa Francisco que revoque el permiso para bendecir a las parejas en situación irregular y a las parejas del mismo sexo, para que la Iglesia Católica pueda brillar claramente como el «pilar y fundamento de la verdad» (1 Tim 3:15) para todos aquellos que buscan sinceramente conocer la voluntad de Dios y, al cumplirla, alcanzar la vida eterna.

Astana, 19 de diciembre de 2023

+ Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Arquidiócesis de Santa María en Astana

+ Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa María en Astana

martes, 14 de noviembre de 2023

MONS. SCHNEIDER EN DEFENSA DE MONS. STRICKLAND


«El único oficio que ahora acarrea severos castigos es el de custodiar fielmente las tradiciones de los Padres.» Estas palabras de San Basilio (Ep.243) ilustran magníficamente la destitución del obispo de la ciudad estadounidense de Tyler (Texas), monseñor Joseph E. Strickland. La destitución de S.E. Joseph Tyler ha supuesto un día aciago para la Iglesia Católica de hoy. Asistimos a una injusticia descarada para con un prelado que cumplía con su deber predicar y defender con parresía las inmutables fe y moral católicas y promover el carácter sagrado de la liturgia, en particular lo relativo al inmemorial rito tradicional de la Misa. Todo el mundo entiende, incluidos los enemigos declarados de este obispo confesor, que las acusaciones contra él presentadas carecen de todo fundamento y son desproporcionadas, y que no han sido sino un pretexto muy oportuno para silenciar a una incómoda voz profética dentro de la Iglesia.

En nuestros días ha vuelto a suceder lo mismo que les pasaba a los obispos durante la crisis arriana del siglo IV, que eran depuestos y desterrados por tan solo predicar valerosamente la Fe católica tradicional. Y mientras tanto, a varios prelados que apoyan públicamente herejías, abusos litúrgicos y la ideología de género, y que animan sin rebozo a sus sacerdotes a bendecir parejas del mismo sexo, la Santa Sede no les amonesta ni sanciona en modo alguno.

Sin duda, monseñor Strickland pasará a la historia como al Atanasio de la Iglesia de los EE.U. Con la diferencia de que, al contrario de San Atanasio, no lo persiguen las autoridades seculares sino –parece mentira– el propio Papa. Se diría que desde hace un tiempo está teniendo lugar una purga de obispos fieles a la Fe y la doctrina católicas, que son inalterables, y esta purga ha llegado a una fase decisiva.

Ojalá el sacrificio que ha pedido el Señor a monseñor Strickland rinda numerosos frutos espirituales en el tiempo y en la eternidad. Tanto monseñor Strickland como otros fieles prelados a quienes ya se ha pedido que presenten su dimisión y se les ha condenado al ostracismo, o bien serán los siguientes, deberían plantear con toda sinceridad al papa Francisco: «Santo Padre, ¿por qué nos persigue y fustiga, si hemos procurado hacer lo que nos habían pedido los santos pontífices? Con amor fraternal ofrecemos el sacrificio de esta persecución y exilio en aras de la salvación de vuestra alma y por el bien de la santa Iglesia de Roma. ¡Ciertamente somos sus mejores amigos, Santo Padre!»

+Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Santa María de Astaná

13 de noviembre de 2023 

Visto en Adelante la Fe

 

miércoles, 27 de septiembre de 2023

CONSEJOS PARA LA JUVENTUD DE HOY POR MONS. SCHNEIDER


Lo más importante para la juventud católica es profundizar en la fe, en el conocimiento de la Fe católica y los argumentos apologéticos que conocen. El joven tiene que decir como San Pablo: «Sé a Quien he creído». Tiene que ampliar su conocimiento de la Fe, y disponer de medios apologéticos, saber defender su fe, porque vivimos en una sociedad neopagana, en el mundo entero, que ataca constantemente nuestra Fe católica y se burla de ella. Hay que educar a los jóvenes para que sean testigos valerosos y fomentar en ellos la espiritualidad de ser auténticos soldados Cristo, enorgullecerse sólo de una cosa: de ser católicos. Otros orgullos son malos; sólo hay un orgullo bueno. Eso es, en mi opinión, lo más importante para los fieles.

También, no aceptar la forma de vida de este mundo neopagano. Eso quiere decir observar y cultivar la virtud de la castidad. Los jóvenes de hoy tienen que guardar en concreto la castidad, la pureza. Será eso lo que los identifique como verdaderos cristianos entre la sociedad y la juventud degradada y sexualizada que nos rodea. Jóvenes castos y puros de ambos sexos; no será necesario en ese caso que digan mucho. Su vida irradiará una energía espiritual que otros percibirán instintivamente. Con la gracia de Dios y con la ayuda de buenos sacerdotes y una buena formación, los jóvenes tienen que cultivar y observar una vida casta. En concreto, eso significa evitar formas de degradación tan frecuentes como la pornografía y otras cosas impropias de un discípulo de Cristo.

Recordemos que cuando en los primeros siglos los paganos perseguían a los cristianos se quedaban maravillados de su actitud. Decían: «¡Mirad cómo se aman!» Para los paganos era algo muy infrecuente. Ellos odiaban, eran crueles. La sociedad en que vivimos se está volviendo cada vez más cruel y llena de odio. Por eso, tenemos que ensalzar el verdadero amor, la caridad. Pero hoy en día, los paganos también dicen: «Mirad lo puros que son». Y al igual que antiguamente el amor que se tenían entre sí los cristianos condujo a muchos paganos a Cristo, yo diría que actualmente la vida casta de muchos jóvenes católicos atraerá a otros jóvenes a Cristo.

Por último, todo esto que acabo de decir tiene que acompañarse de oración. Los jóvenes tienen que ejercitarse en la oración personal. Éstas son las armas. Y siempre tienen que portar el arma en el bolsillo. Me refiero al Rosario. Ésa es el arma de los jóvenes.

Mons. Atanasio Schneider 

Fuente: Adelante la Fe

viernes, 15 de septiembre de 2023

IMPORTANTE CARTA DE MONS. ATANASIO SCHNEIDER A MONS. JOSEPH STRICKLAND


¡Alabado sea Jesucristo!

Su Excelencia, Obispo Strickland, querido y estimado hermano en el episcopado,

Es para mí un privilegio y una alegría expresarles a todos mi gratitud y aprecio por tu valiente dedicación a mantener, transmitir y defender sin compromisos la fe católica, que los apóstoles entregaron a la Iglesia y con la que todas las generaciones de católicos, especialmente nuestros antepasados, nuestros padres y madres, nuestros sacerdotes y religiosas catequistas, fueron alimentados. En verdad, podemos aplicarte, querido Obispo Strickland, lo que San Basilio dijo en su tiempo:

«La acusación que ahora seguramente asegurará un castigo severo es el cuidado en la preservación de las tradiciones de los Padres» (Ep. 243).

Permítanme compartir con ustedes las siguientes palabras muy oportunas del mismo gran y santo obispo:

«Las doctrinas de la verdadera religión están derrocadas. Las leyes de la Iglesia están en confusión. La ambición de hombres que no temen a Dios se apresura a ocupar altos cargos en la Iglesia, y el cargo elevado ahora es conocido públicamente como el premio de la impiedad. El resultado es que cuanto más blasfema un hombre, más apto lo considera la gente para ser obispo. La dignidad clerical es cosa del pasado. Hay una completa falta de hombres que pastoreen el rebaño del Señor con conocimiento. Los eclesiásticos en autoridad tienen miedo de hablar, ya que aquellos que han alcanzado el poder por interés humano son esclavos de aquellos a quienes deben su avance. La fe es incierta; las almas están empapadas en la ignorancia porque los adulteradores de la palabra imitan la verdad. Las bocas de los verdaderos creyentes están mudas, mientras que cada lengua blasfema ondea libremente; las cosas sagradas son pisoteadas». (Ep. 92)

Vivimos de hecho en un tiempo como el descrito por San Basilio con una sorprendente similitud.

Las palabras de San Basilio en su Carta al Papa San Dámaso, en la que pedía la ayuda y la eficaz intervención del papa, son completamente aplicables a nuestra situación hoy:

«La sabiduría de este mundo gana los mayores premios en la Iglesia y ha rechazado la gloria de la cruz. Los pastores son desterrados, y en su lugar se introducen lobos feroces que apresuran al rebaño de Cristo. Las casas de oración no tienen a nadie para reunirse en ellas; los lugares desiertos están llenos de multitudes que lamentan. Los ancianos lamentan cuando comparan el presente con el pasado. Los jóvenes son aún más dignos de compasión, porque no saben de lo que han sido privados». (Ep. 90)

Querido Obispo Strickland, a diferencia de San Basilio, quien se dirigió al Papa Dámaso, lamentablemente no tienes la verdadera oportunidad de dirigirte al Papa Francisco para que te ayude a mantener celosamente las sagradas tradiciones del pasado. Por el contrario, la Santa Sede te somete ahora a escrutinio y te amenaza con intimidaciones y privación del cuidado episcopal de tu rebaño en Tyler, básicamente por una única razón: que, al igual que San Basilio, San Atanasio y muchos otros obispos confesores a lo largo de la historia, mantienes las tradiciones de los Padres; solo porque no silencias la verdad, solo porque no te comportas como no pocos obispos de nuestro tiempo, quienes, utilizando las palabras de San Gregorio de Nazianzo, «sirven a los tiempos y demandas de las masas, dejando su barco a merced del viento que sople en ese momento, y como camaleones, saben darle muchos colores a sus palabras» (De vita sua (Carmina) 2, 11).

Sin embargo, querido Obispo Strickland, tienes la fortuna de que todos los papas del pasado, todos los valientes obispos confesores del pasado, todos los mártires católicos, quienes, en palabras de Santa Teresa de Ávila, estaban «dispuestos a sufrir mil muertes por cada artículo del credo» (La Vida de Teresa de Jesús, 25:12), te están apoyando y alentando. Además, los más pequeños en la Iglesia oran por ti y te apoyan; son un creciente, aunque pequeño, ejército de fieles laicos, tanto en Estados Unidos como en todo el mundo, que fueron puestos en la periferia por altos dignatarios de la Iglesia, incluso en el Vaticano, cuyas principales preocupaciones parecen ser complacer al mundo y promover su agenda naturalista y la aprobación del pecado de la actividad homosexual bajo el pretexto de la bienvenida e inclusión.

Querido Obispo Strickland, gracias por estar decidido «a servir al Señor y no al tiempo», como en su momento exhortó San Atanasio a los obispos (Ep. ad Dracontium). Oro para que más obispos en nuestros días, como tú, alcen su voz en defensa de la Fe Católica, proporcionando así el alimento espiritual y consuelo para muchos católicos que a menudo se sienten abandonados como huérfanos.

Seguramente, los futuros papas te agradecerán por tu valiente fidelidad a la Fe Católica y a sus sagradas tradiciones, con lo cual contribuiste al honor de la Sede Apostólica, que en parte se vio oscurecida y manchada por nuestro tiempo desfavorable.

San José, tu patrón, el «buen y fiel siervo», esté siempre a tu lado, y la Bienaventurada Virgen María, nuestra dulce Madre celestial, la destructora de todas las herejías, sea tu fuerza y refugio.

Con profundo respeto, unidos en la santa batalla por la Fe y en oración,

Mons. Atanasio Schneider 

Agosto 2 de 2023.


Publicado en InfoCatólica

viernes, 23 de octubre de 2020

UNIONES CIVILES DEL MISMO SEXO Y LA FE CATÓLICA por Mons. Schneider


INTRODUCCIÓN DE CATOLICIDAD: 

 Cabe señalar que las opiniones personales expresadas por un Papa en una entrevista no son infalibles ni expresan el Magisterio de la Iglesia si lo dicho no coincide con éste. Es el caso de las recientes opiniones del Papa Francisco referentes a la homosexualidad. Si bien es cierto que en la primera parte de la entrevista ‐en la que aduce al derecho de tener la familia en la que nacieron los homosexuales‐ ha sido distorsionada, con mala intención, por los medios informativos que la presentaron como refiriéndose a la relación homosexual, también es verdad que aseveró lo siguiente que contradice totalmente la doctrina católica: 

“Lo que tenemos que hacer es una ley de CONVIVENCIA CIVIL. Tienen derecho a estar cubiertos legalmente” 

Esta es literalmente la expresión heterodoxa en la segunda parte a la pregunta del reportero acerca de que si un homosexual puede llevar a sus hijos a la Iglesia. El Papa no responde a la pregunta, se va por la exclusión de los homosexuales de la familia en la que nacieron, como primera parte de la respuesta. Y hay una pausa para continuar pidiendo “una ley de convivencia civil”. 

Adjuntamos el enlace al video con las propias palabras del Papa Francisco:


Rome Reports, periódico digital de noticias del Vaticano, interpretó así las declaraciones del Papa Francisco en lo relativo a las parejas homosexuales, con el siguiente título:

“Papa dice que parejas homosexuales tienen derecho a estar cubiertos legalmente”.

Mons. Víctor Manuel Fernández, Arzobispo de la Plata y asesor teológico del Papa Francisco, lo interpreta así: “Convivencia y Unión Civil son lo mismo para el Papa”.

La Iglesia está conformada por la jerarquía y los fieles católicos, el Papa solo representa a Cristo, es el Vicario de Cristo, servidor de Cristo. No puede reemplazar a Cristo, ni contradecirlo, por el contrario, su función es confirmar a las ovejas en la fe de Cristo y mantener ésta ÍNTEGRA e INTACTA. 

La posición correcta frente a este problema con el Papa Francisco, es: 

1. Nunca desconocer la Autoridad del Papa.
2. Reafirmar nuestra filial reverencia al Pontífice.
3. Reconocer que existe una seria crisis por causa de  declaraciones y documentos que ha publicado que se derivan de y extreman los errores modernistas previos. 
4. Mediante una acción prudente y respetuosa, concluir que no es posible aceptar lo que objetivamente es contrario a las enseñanzas de la Iglesia Católica. 
5. Es necesario optar por una sana, respetuosa y filial resistencia, y hacer conocer prudentemente y advertir a otros lo que está fuera de las bimilenarias enseñanzas de la Iglesia Católica para seguir siendo firmemente fieles a ellas y, por lo mismo, fieles a Cristo y a su Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

A continuación reproducimos un importantísimo artículo de Mons. Athanasius Schneider que clarifica extraordinariamente la doctrina y la postura verdaderamente católica.

Uniones civiles del mismo sexo y la fe católica

por Mons.A.Schneider

La fe católica en la voz del magisterio perenne, el sentido de la fe de los fieles (sensus fidelium) así como el sentido común, rechazan claramente cualquier unión civil de dos personas del mismo sexo, unión que tiene como objetivo que estas personas busquen el placer sexual entre sí. Incluso si las personas que viven en tales uniones no participaran en el placer sexual mutuo, algo que en realidad se ha demostrado que es poco realista, tales uniones representan un gran escándalo, un reconocimiento público de los pecados de fornicación contra la naturaleza y una ocasión próxima y continua de pecado. Quienes abogan por las uniones civiles entre personas del mismo sexo son, por tanto, también culpables de crear una especie de estructura de pecado, en este caso de la estructura jurídica de la fornicación habitual contra la naturaleza, ya que los actos homosexuales pertenecen a los pecados que claman al cielo, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (ver n. 1867).

Todo verdadero católico, todo verdadero sacerdote católico, todo verdadero obispo católico debe, con profundo dolor y un corazón lloroso, lamentarse y protestar contra el hecho inaudito de que el Papa Francisco, el Romano Pontífice, el sucesor del apóstol Pedro, el Vicario de Cristo en la tierra , manifestara en la película documental “Francesco”, que se estrenó el 21 de octubre del 2020 como parte del Festival de Cine de Roma, su apoyo a las uniones civiles del mismo sexo. Tal apoyo del Papa significa apoyo para una estructura de pecado, para un estilo de vida contra el sexto mandamiento del Decálogo, que fue escrito con los dedos de Dios en tablas de piedra en el Sinaí (ver Ex. 31:18) y entregado por manos de los ángeles a los hombres (ver Gálatas 3:19). 

Lo que Dios ha escrito con su mano, ni siquiera un Papa puede borrarlo ni reescribirlo con su mano o con su lengua. El Papa no puede comportarse como si fuera Dios o una encarnación de Jesucristo, modificando estas palabras del Señor: “Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pero yo les digo que todo el que mira a una mujer con lujuria, ya cometió adulterio con ella en su corazón ”. (Mt 5, 27-28) y en lugar de esto decir, más o menos, lo siguiente: “Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’, ’si un hombre se acuesta con un varón como con una mujer, ambos han cometido una abominación’ (Lev. 20:13), ‘hombres que practican la homosexualidad no heredarán el reino de Dios ”(1 Cor. 6: 9); ‘la práctica de la homosexualidad es contraria a la sana doctrina’ (1 Tim. 1:10). Pero les digo que para las personas que sienten atracción por el mismo sexo “tenemos que crear una ley de unión civil. De esa forma están cubiertos legalmente”.

Todo Pastor de la Iglesia y, sobre todo el Papa, debería recordar siempre a los demás estas serias palabras de Nuestro Señor: “Así, el que quebrante uno solo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos” (Mt 5:19). 

Todo Papa debe tomarse muy en serio lo que proclamó el Concilio Vaticano I: “Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles,“. (Constitución Dogmática Pastor aeternus , cap.4)

Abogar por una ley para que se dé cobertura legal a un estilo de vida contrario al Mandamiento explícito de Dios, contra la naturaleza humana y contra la razón humana, es una nueva doctrina, que “quienes cosen lazos para todas las articulaciones de las manos y hacen velos de todos los tamaños para la cabeza” (Ez. 13:18), una nueva doctrina que “pervierte la gracia de nuestro Dios en lascivia” (Judas 4), una doctrina que evidentemente está en contra de la Revelación Divina y la enseñanza perenne de la Iglesia de todos los tiempos. Tal doctrina conspira con el pecado y, por lo tanto, es una medida sumamente anti-pastoral. 

Promover jurídicamente un estilo de vida pecaminoso va en contra del núcleo del Evangelio mismo, ya que las personas en uniones del mismo sexo a través de sus actos sexuales ofenden gravemente a Dios. Nuestra Señora de Fátima hizo el llamado maternal a toda la humanidad para que deje de ofender a Dios, que ya está demasiado ofendido.

La siguiente voz del Magisterio, se hace eco fielmente de la voz de Jesucristo, Nuestro Divino Maestro, la Verdad Eterna y la voz de la Iglesia y de los Papas de todos los tiempos:

  • “si las leyes o preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con aquel orden y, consiguientemente, en contradicción con la voluntad de Dios, no tendrían fuerza para obligar en conciencia.“. (cf. Juan Pablo II, Encíclica Evangelium vitae , 72)
  • “Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo. Considerando los valores en juego, el Estado no puede legalizar estas uniones sin faltar al deber de promover y tutelar una institución esencial paroa el bien común como es el matrimonio.”(Congregación para la Doctrina de la Fe, «Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales» , n. 6)
  • “Se podría preguntar cómo puede contrariar al bien común una ley que no impone ningún comportamiento en particular, sino que se limita a hacer legal una realidad de hecho que no implica, aparentemente, una injusticia hacia nadie. En este sentido es necesario reflexionar ante todo sobre la diferencia entre comportamiento homosexual como fenómeno privado y el mismo como comportamiento público, legalmente previsto, aprobado y convertido en una de las instituciones del ordenamiento jurídico. El segundo fenómeno no sólo es más grave sino también de alcance más vasto y profundo, pues podría comportar modificaciones contrarias al bien común de toda la organización social. Las leyes civiles son principios estructurantes de la vida del hombre en sociedad, para bien o para mal. Ellas « desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres  ».(14) Las formas de vida y los modelos en ellas expresados no solamente configuran externamente la vida social, sino que tienden a modificar en las nuevas generaciones la comprensión y la valoración de los comportamientos. La legalización de las uniones homosexuales estaría destinada por lo tanto a causar el obscurecimiento de la percepción de algunos valores morales fundamentales y la desvalorización de la institución matrimonial.“. (ibídem.)
  • “Las relaciones sexuales son humanas cuando y en cuanto expresan y promueven la ayuda mutua de los sexos en el matrimonio y quedan abiertas a la transmisión de la vida.”. (ibíd., n. 7)
  • “Poniendo la unión homosexual en un plano jurídico análogo al del matrimonio o la familia, el Estado actúa arbitrariamente y entra en contradicción con sus propios deberes.”. (ibíd., n. 8)
  • “No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta... hay suficientes razones para afirmar que tales uniones son nocivas para el recto desarrollo de la sociedad humana, sobre todo si aumentase su incidencia efectiva en el tejido social”. (ibídem.)
  • “constituye una grave injusticia sacrificar el bien común y el derecho de la familia con el fin de obtener bienes que pueden y deben ser garantizados por vías que no dañen a la generalidad del cuerpo social.” (ibid., N. 9)
  • “Además, existe el peligro de que una legislación, al fundamentar determinados derechos en la homosexualidad, aliente concretamente a una persona con tendencia homosexual a declarar su homosexualidad o, incluso, a buscar un compañero con el que poder beneficiarse de las disposiciones de la ley.” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Algunas consideraciones acerca de la respuesta a las propuestas legislativas sobre la no discriminación de las personas homosexuales , 24 de julio de 1992, n. 14)

Todos los católicos, sean fieles laicos o niños pequeños, hombres y mujeres jóvenes, padres y madres de familia, personas consagradas, monjas de clausura, sacerdotes y obispos, que se mantienen inviolablemente firmes y “luchan por la fe que fue entregada una vez y para siempre a los santos ”(Judas 3), y que por eso son despreciados y marginados en la periferia de la vida de la Iglesia de nuestros días, lloren y clamen a Dios para que, por la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, quien en Fátima dijo que la gente debe dejar de ofender a Dios, que ya está demasiado ofendido, el Papa Francisco pueda convertirse y retractarse formalmente de su aprobación a las uniones civiles del mismo sexo, a fin de confirmar a sus hermanos, como el El Señor le ha mandado (Cf. Lucas 22:32).

Todos estos pequeños de la Iglesia (niños, jóvenes, jóvenes, padres y madres de familia, monjas de clausura, sacerdotes, obispos) seguramente dirían al Papa Francisco: “Santísimo Padre, por la salvación de vuestra propia alma inmortal, por el bien de las almas de todas aquellas personas que a través de su aprobación de las uniones del mismo sexo están con sus actos sexuales ofendiendo gravemente a Dios y exponiendo sus almas al peligro de perderse eternamente, conviértase, retráctese de su aprobación y proclame con todos sus predecesores la siguiente enseñanza inmutable de la Iglesia":

“La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales.“. (Congregación para la Doctrina de la Fe, «Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales», n. 11)

“Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad.”. (ibíd., n. 11)

Con la increíble aprobación por parte del Papa de las uniones entre personas del mismo sexo, todos los verdaderos hijos de la Iglesia se sienten huérfanos, y ya no escuchan más la voz clara e inequívoca del Papa, que debe guardar inviolablemente y exponer fielmente la Revelación, el Depósito de la Fe, entregado a través de los apóstoles.

Los verdaderos hijos de la Iglesia de nuestros días podrían usar estas palabras del Salmo 137, diciendo: Nos sentimos como en el exilio, junto a los ríos de Babilonia, llorando al recordar a Sión, al recordar la enseñanza luminosa y clara de los papas, de nuestra Santa Madre Iglesia. 

Sin embargo, creemos inquebrantablemente en las palabras de Nuestro Señor, que las puertas del infierno no prevalecerán contra Su Iglesia. 

El Señor vendrá, aunque llegue tarde, sólo en la cuarta vigilia de la noche, para calmar la tormenta dentro de la Iglesia, para calmar la tormenta dentro del papado de nuestros días, y dirá: “Ánimo; soy yo. No tengáis miedo. Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? Y en cuando subieron a la barca, el viento cesó”. (Mt. 14: 27; 32-33)

Nuestro Señor le dirá también al Papa Francisco: “Porque de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, y sufre la pérdida de su propia alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según sus obras ”. (Mateo 16: 26-27); y Nuestro Señor dirá además al Papa Francisco:

“Pero yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos.”(Lucas 22:32)

22 de octubre de 2020

+ Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la archidiócesis de Santa María en Astana

Fuente: Infocatólica.

viernes, 26 de junio de 2020

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL CONCILIO Y LA CRISIS ACTUAL DE LA IGLESIA


S. E. Mons. Athanasius Schneider publicó el 24 de junio de 2020 un documento titulado “Algunas reflexiones sobre el Concilio Vaticano II y la crisis actual de la Iglesia” a fin de esclarecer su posición sobre el Concilio y disipar toda confusión entre los fieles. En algunos temas, Mons. Schneider profundiza algunas de las reflexiones ya presentadas en su libro-entrevista Christus Vincit: Christ’s Triumph Over the Darkness of the Age.

Mons. Schneider dio la versión oficial del documento en exclusividad a Corrispondenza Romana en italiano, a Correspondencia Romana en español, a The Remnant en inglés y al Blog de Jeanne Smits en francés. Todos los derechos reservados.

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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL CONCILIO Y LA CRISIS ACTUAL DE LA IGLESIA

Por Mons. Athanasius Schneider

En las últimas décadas no únicamente algunos modernistas declarados sino también teólogos y fieles que aman a la Iglesia han tenido una actitud que se parecía a una suerte de defensa ciega de todo aquello que había sido dicho en el Concilio Vaticano II. Tal actitud a veces parece requerir verdaderas acrobacias mentales y una “cuadratura del círculo”. También hoy la mentalidad de los buenos católicos lleva a considerar como totalmente infalible cada palabra del Concilio Vaticano II y cada palabra y gesto del Pontífice. Este género de malsano centralismo papal estaba ya presente en varias generaciones de católicos de los últimos dos siglos. Una crítica respetuosa y un debate teológico sereno, sin embargo, estuvieron siempre presentes y permitidos en el interior de la Iglesia, en conformidad con su gran tradición, ya que es la Verdad y la fidelidad a la revelación divina como también la tradición constante de la Iglesia lo que se debe buscar, lo que de suyo implica el uso de la razón y de la racionalidad evitando acrobacias mentales. Algunas explicaciones de ciertas expresiones obviamente ambiguas que inducen al error, contenidas en textos del Concilio, parecen artificiales y poco convincentes, especialmente cuando se reflexiona sobre los mismos, de un modo intelectualmente más honesto, a la luz de la doctrina ininterrumpida y constante de la Iglesia.

Instintivamente, se ha reprimido todo argumento razonable que pudiera, incluso mínimamente, colocar en discusión cualquier expresión o palabra en los textos del Concilio. Sin embargo, un comportamiento semejante no es sano y contradice la gran tradición de la Iglesia, como se observa en los Padres de la Iglesia y en los grandes teólogos de la Iglesia a lo largo de dos mil años. Una opinión diferente de la que ha enseñado el Concilio de Florencia sobre la materia del sacramento del Orden, es decir de la traidito instrumentorum, se permitió en los siglos posteriores a este Concilio y dio lugar al pronunciamiento del Papa Pío XII en el año 1947 en la Constitución Apostólica Sacramentum Ordinis, con la cual corrigió la enseñanza no infalible del Concilio de Florencia, estableciendo que la única materia estrictamente necesaria par la validez del sacramento del Orden es la imposición de las manos del Obispo. Con este acto, Pío XII hizo no un acto de hermenéutica de la continuidad sino, precisamente, una corrección, porque esta doctrina del Concilio de Florencia no reflejaba la doctrina constante y la praxis litúrgica de la Iglesia universal. Ya en el año 1914 el Cardenal G.M. van Rossum había escrito respecto a la afirmación del Concilio de Florencia sobre la materia del sacramento del Orden, que aquella doctrina del Concilio es reformable y que incluso hay que abandonarla (cfr. De essentia sacramenti ordinis, Freiburg 1914, p. 186). Entonces,, en este caso concreto no había margen para una hermenéutica de la continuidad en este caso concreto.

Cuando el Magisterio Pontificio o un Concilio Ecuménico han corregido alguna doctrina no infalible de Concilios Ecuménicos precedentes– aunque esto ha ocurrido raramente–, con ese acto no han minado los fundamentos de la fe católica ni tampoco opusieron el magisterio de mañana al de hoy, como lo demuestra la historia. Con una Bula del año 1425 Martín V aprobó los decretos del Concilio de Costanza e incluso el decreto “Frequens” de la 39a  sesión (del 1417), un decreto que afirma el error del conciliarismo, es decir, de la superioridad del Concilio sobre el Papa. Sin embargo, su sucesor, el Papa Eugenio IV, declaró en el año 1446 que aceptaba los decretos del Concilio Ecuménico de Costanza excepto aquellos (de las sesiones 3, 5 y 39) que perjudican los derechos y el primado de la Sede Apostólica” (absque tamen praeiudicio iuris, dignitatis et praeeminentiae Sedis Apostolicae). El dogma del Concilio Vaticano I sobre el primado del Papa rechazó definitivamente el error conciliarista del Concilio Ecuménico de Costanza. El Papa Pío XII, como ya fue mencionado, corrigió el error del Concilio de Florencia respecto a la materia del sacramento del Orden. Con estos no frecuentes actos de corrección de precedentes afirmaciones del Magisterio no infalible no fueron minados los fundamentos de la fe católica, no se han minado los fundamentos de la fe católica, precisamente porque dichas afirmaciones concretas (como por ejemplo las del Concilio de Costanza y de Florencia) no habían tenido carácter infalible.

Algunas expresiones del Concilio no pueden ser tan fácilmente reconciliables con la constante tradición doctrinal de la Iglesia, como por ejemplo las expresiones del Concilio sobre el tema de la libertad religiosa (en el sentido de un derecho natural y por lo tanto positivamente querido por Dios, de practicar y difundir una religión falsa, que puede abarcar también idolatrías o cosas peores), sobre una distinción entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica (el problema del “subsistit in” da la impresión de la existencia de dos realidades: por una parte la Iglesia de Cristo y por otra la Iglesia Católica), de la conducta ante la confrontación de las religiones no cristianas y de la conducta frente a las confrontaciones del mundo contemporáneo.

Aunque la Respuesta la Congregación para la -Doctrina de la Fe a estos aspectos acerca de la doctrina sobre la Iglesia (29 de junio de 2007) dio una explicación del “subsistit in”, lamentablemente ha evitado decir con toda claridad que la Iglesia de Cristo es verdaderamente la Iglesia Católica, o sea, ha evitado de declarar explícitamente la identidad entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica. Permanece, de hecho, un tono de indeterminación.

También se observa una actitud que rechaza a priori todas las posibles objeciones a las discutibles afirmaciones de los textos conciliares. Se presenta, en cambio, como única solución el método llamado “hermenéutica de la continuidad”. Desafortunadamente no se toman en serio las dudas con respecto a los problemas teológicos inherentes a aquellas afirmaciones conciliares. Debemos tener siempre presente el hecho de que la principal finalidad del Conciliar era de carácter pastoral y que el Concilio no tenía la intención de proponer sus propias enseñanzas de un modo definitivo.

Las declaraciones de los Papas antes del Concilio, también aquellos del siglo XIX y del siglo XX, reflejan fielmente a sus predecesores y a la constante tradición de la Iglesia de un modo ininterrumpido. Los Papas de dos siglos, decimonoveno y veinte, es decir después de la Revolución Francesa, no representan un período “exótico” con relación a la tradición bimilenaria de la Iglesia. No se puede reivindicar ninguna ruptura en las enseñanzas de aquellos Papas respecto al Magisterio anterior. En lo que dice respecto a la realeza social de Nuestro Señor Jesucristo y a la objetiva falsedad de las religiones no cristianas, por ejemplo, no se puede encontrar una significativa ruptura entre las enseñanzas de los Papas desde Gregorio XVI a Pío XII por un lado y a las enseñanzas del Papa Gregorio el Grande (siglo VI) y sus predecesores y sucesores por el otro.

Verdaderamente se puede ver una línea continua sin ninguna ruptura desde la época de los Padres de la Iglesia hasta Pío XII, especialmente en temas como la realeza también social de Cristo, la libertad religiosa y el ecumenismo en el sentido de que existe un derecho natural positivamente deseado por Dios de practicar exclusivamente la única verdadera religión que es la fe católica. Antes del Concilio Vaticano II no existía la necesidad de hacer un esfuerzo colosal para presentar voluminosos estudios a fin de demostrar la perfecta continuidad de la doctrina entre un Concilio y otro, entre un Papa y sus predecesores, pues la continuidad era evidente. El hecho en sí de la necesidad, por ejemplo, de la “Nota explicativa previa” al documento Lumen Gentium demuestra que el mismo texto de la Lumen Gentium en el nº 22 es ambiguo respecto al tema de las relaciones entre el primado y la colegialidad episcopal. Los Documentos esclarecedores del Magisterio en la época post-conciliar, como por ejemplo las encíclicas Mysterium Fidei, Humanae Vitae, il Credo del Popolo di Dio de Paulo VI fueron de gran valor y ayuda, pero los mismos no aclararon las afirmaciones ambiguas del Concilio Vaticano II antes mencionadas.

Frente a la crisis que surgió con Amoris Laetitia y con el documento de Abu Dhabi estamos obligados a profundizar estas consideraciones sobre el necesario esclarecimiento o rectificaciones de algunas de las afirmaciones conciliares anteriormente mencionadas. En la Suma Teológica Santo Tomás presentaba siempre objeciones (“videtur quod”) y contra-argumentaciones (“sed contra”). Santo Tomás era intelectualmente muy honesto; las objeciones deben ser permitidas y tomadas en serio. Deberíamos utilizar su método respecto a algunos puntos controvertidos de los textos del Concilio Vaticano II que fueron discutidos durante casi sesenta años. La mayor parte de los textos del Concilio está en continuidad orgánica con el Magisterio anterior. En última instancia, el Magisterio Pontificio debe esclarecer de modo convincente algunas expresiones específicas de los textos del Concilio, lo que hasta ahora no siempre fue hecho de una manera intelectualmente honesta y convincente. Si fuera necesario, un Papa o un futuro Concilio Ecuménico deberían agregar explicaciones (algo así como notas explicativas posteriores) o presentar incluso modificaciones de esas expresiones controvertidas dado que no fueron presentadas por el Concilio como una enseñanza infalible y definitiva, como lo declaró también Paulo VI diciendo que el Concilio: “evitó de dar definiciones dogmáticas solemnes, empeñando la infabilidad del magisterio eclesiástico” (Audiencia General, 12 de enero de 1966).

La historia nos lo dirá a distancia. Estamos a solo cincuenta años del Concilio. Seguramente lo veremos más claramente después de otros cincuenta años. Sin embargo, del punto de vista de los hechos, de las pruebas, desde un punto de vista global, el Vaticano II no ha traído un verdadero florecimiento espiritual en la vida de la Iglesia. Y aún cuando antes del Concilio ya existían problemas en el Clero, sin embargo, honestamente y por amor a la justicia, se debe reconocer que los problemas morales, espirituales y doctrinales del Clero antes del Concilio no estaban difundidos en una escala tan vasta y con una intensidad tan grave como lo fue en el período postconciliar hasta los días de hoy. Tomando en cuenta que ya antes del Concilio existían algunos problemas, la primera finalidad del Concilio Vaticano II debería haber sido, precisamente, establecer normas y doctrinas lo más claras posibles e incluso privadas de toda ambigüedad, como lo hicieron en el pasado todos los Concilios empeñados en reformas. El plan y las intenciones del Concilio eran principalmente pastorales, sin embargo, a pesar de su propósito pastoral, le siguieron consecuencias desastrosas que aún hoy estamos viendo. Ciertamente, el Concilio tiene varios textos hermosos. Pero las consecuencias negativas y los abusos cometidos en nombre del Concilio fueron tan significativos que obscurecieron los elementos positivos que se encuentran en él.

He aquí los elementos positivos que aportó el Vaticano II: es la primera vez que un Concilio Ecuménico hizo un solemne llamamiento a los laicos a tomar en serio sus votos bautismales para aspirar a la santidad. El capítulo de Lumen Gentium sobre los laicos es bello y profundo. Los fieles son llamados a vivir su bautismo y su confirmación como valientes testigos de la fe en la sociedad secular. Este llamamiento fue profético. Sin embargo, después del Concilio, este llamamiento a los laicos fue utilizado de un modo abusivo por el establishmentprogresista en la Iglesia y también por muchos funcionarios y burócratas eclesiásticos. Frecuentemente los nuevos burócratas laicos (en determinados países europeos) no eran ellos mismos testigos sino que ayudaban a destruir la fe en los consejos parroquiales y diocesanos y en otros consejos oficiales. Desafortunadamente estos burócratas laicos eran a menudo engañados por el Clero y los Obispos.

El período después del Concilio nos dio la impresión de que uno de los principales frutos del mismo fuera la burocratización. Esta burocratización mundana en las décadas posteriores al Concilio a menudo paralizó el fervor espiritual y sobrenatural en una considerable medida y, en lugar de la primavera anunciada, llegó un momento de invierno espiritual. Bien conocidas e inolvidables permanecen las palabras con las cuales Paulo VI diagnosticó honestamente el estado de la salud espiritual de la Iglesia después del Concilio: “Se creía que, después del Concilio, el sol habría brillado sobre la historia de la Iglesia. Pero en lugar del sol, han aparecido las nubes, la tempestad, las tinieblas, la incertidumbre. Predicamos el ecumenismo y nos distanciamos cada vez más de los otros. Buscamos cavar abismos en vez de colmarlos.” (Homilía del 29 de junio de 1972).

En este contexto, el Arzobispo Marcel Lefebvre, en particular, fue quien a una escala más amplia y con una franqueza comenzó (si bien no fue el único que lo hizo) en un ámbito más vasto y con una franqueza similar a la de algunos de los grandes Padres de la Iglesia, a protestar contra el debilitamiento y la dilución de la Fe católica, particularmente en lo que dice respecto al carácter sacrificial y sublime del rito de la Santa Misa, que se estaba difundiendo en la Iglesia, sustentado, o al menos tolerado, también por las autoridades de alto rango de la Santa Sede. En una carta dirigida al Papa Juan Pablo II al comienzo de su Pontificado, el Arzobispo Lefebvre describe de manera realista y apropiada en una breve síntesis la verdadera magnitud de la crisis de la Iglesia. Impresiona la perspicacia y el carácter profético de la siguiente afirmación: “El diluvio de novedades en la Iglesia, aceptado y alentado por el Episcopado, un diluvio que devasta todo en su camino: la fe, la moral, la Iglesia institución: no podían tolerar la presencia de un obstáculo, de una resistencia. Tuvimos entonces la oportunidad de dejarnos llevar por la corriente devastadora y de unirnos al desastre, o de resistir al viento y a las olas para salvaguardar nuestra fe católica y el sacerdocio católico. No podemos dudar. No podíamos dudar. Las ruinas de la Iglesia están aumentando: el ateismo, el abandono de las iglesias, la desaparición de las vocaciones religiosas y sacerdotales son de tal magnitud que los Obispos están comenzando a despertarse” (Carta del 24 diciembre de 1978). Estamos ahora asistiendo a la culminación del desastre espiritual en la vida de la Iglesia que el Arzobispo Lefebvre ya señaló tan vigorosamente hace cuarenta años.

Al acercarnos a cuestiones relativas al Concilio Vaticano II y a sus documentos se deben evitar interpretaciones forzadas o el método de la “cuadratura del círculo”, manteniendo naturalmente todo el respeto y el sentir eclesiástico (sentire cum ecclesia). El principio de la hermenéutica de la continuidad no puede ser utilizado ciegamente a los efectos de eliminar a priori eventuales problemas evidentemente existentes o para crear una imagen de armonía, mientras persisten en la hermenéutica de la continuidad matices de incertidumbre. En efecto, tal enfoque transmitiría de manera artificial y no convincente el mensaje de que cada palabra del Concilio Vaticano II es inspirada por Dios, infalible y a priorien perfecta continuidad con el Magisterio precedente. Dicho método infringiría la razón, la evidencia y la honestidad y no rendiría honor a la Iglesia.

Tarde o temprano – tal vez después de cien años – la verdad será declarada tal como es. Existen libros con fuentes documentadas y demostrables que suministran profundizaciones históricamente más realísticas y reales sobre los hechos y las consecuencias respecto al evento del mismo Concilio Vaticano II, a la redacción de sus documentos y al proceso de interpretación y aplicación de sus reformas en las últimas cinco décadas. Son por ejemplo recomendables los siguientes libros que pueden ser leídos con provecho: Romano Amerio, Iota Unum: un estudio sobre los cambios en la iglesia católica en el siglo XX (1996); Roberto de Mattei, El Concilio Vaticano II: una historia nunca escrita (2010); Alfonso Gálvez, El invierno Eclesial (2011).

Los temas siguientes: el llamado universal a la santidad, el papel de los laicos en la defensa y el testimonio de la fe, la familia, como iglesia doméstica y la enseñanza sobre María Santísima– son los que se pueden considerar contribuciones verdaderamente positivas y duraderas del Concilio Vaticano II.

En los últimos 150 años la vida de la Iglesia fue sobrecargada con una insana papolatría a tal punto que ha surgido una atmósfera en la cual se atribuye un papel de centralidad a los hombres de la Iglesia en lugar de a Cristo y a Su Cuerpo Místico, y esto representa a su vez un antropocentrismo escondido. De acuerdo con la visión de los Padres de la Iglesia, la Iglesia es únicamente la luna (mysterium lunae), y Cristo es el sol. El Concilio fue una demostración de un rarísimo “Magisterio-centrismo”, pues con el volumen de sus prolijos documentos superó de lejos a todos los otros Concilios. Sin embargo, el Concilio Vaticano II también suministró una bellísima descripción de lo que es el Magisterio, que nunca antes había sido dada en la historia de la Iglesia. Está en el documento Dei Verbum, n. 10, donde está escrito: “Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve”

Por “Magisterio-centrismo” se entiende a los elementos humanos y administrativos, especialmente la producción excesiva y continua de documentos y frecuentes forums de discusión (con la consiga de la “sinodalidad”) que fueron colocados en el centro de la vida de la Iglesia. Si bien los Pastores de la Iglesia deben siempre ejercitar con celo el munus docendi, la inflación de los documentos y con frecuencia de los documentos prolijos, se reveló sofocante. Documentos menos numerosos, más breves y concisos habrían tenido un mejor efecto.

Un ejemplo clarísimo del malsano “Magisterio-centrismo”, donde representantes del Magisterio no se comportan como siervos sino como dueños de la tradición, es la reforma litúrgica de Paulo VI. En cierto sentido, Paulo VI se colocó por encima de la Tradición -no de la Tradición dogmática (lex credendi), sino de la gran Tradición litúrgica (lex orandi). Paulo VI se atrevió a iniciar una verdadera revolución en la lex orandi. Y en cierta medida, actuó en desacuerdo con la afirmación del Concilio Vaticano II el cual en Dei Verbum, n. 10 afirma que el Magisterio solo es el servidor de la Tradición. Debemos colocar a Cristo en el centro, Él es el sol: lo sobrenatural, la consistencia de la doctrina y de la liturgia y toda la verdad del Evangelio que Cristo nos ha enseñado.

A través del Concilio Vaticano II, y ya con el Papa Juan XXIII, la Iglesia comenzó a presentarse al mundo, a coquetear con el mundo y a manifestar un complejo de inferioridad con relación a él. Sin embargo, los clérigos, en particular los Obispos y la Santa Sede, tienen el deber de mostrar a Cristo al mundo, no a sí mismos. El Vaticano II dio la impresión de que la Iglesia Católica había comenzado a mendigar simpatía al mundo. Esto ha continuado en los pontificados postconciliares. La Iglesia pide la simpatía y el reconocimiento del mundo; eso no es digno de ella y no ganará el respeto postconciliar. La Iglesia pide la simpatía de quienes verdaderamente buscan a Dios. Debemos pedir simpatía a Cristo, a Dios y al cielo.

Algunos que critican al Concilio Vaticano II afirman que, si bien tiene aspectos buenos, es como una torta con un poco de veneno, y entonces todo el pastel tiene que ser desechado. Pienso que no podemos seguir ese método y ni siquiera el método de «tirar al bebé con el agua sucia». Con relación a un Concilio Ecuménico legítimo, aunque existían puntos negativos, debemos mantener una actitud global de respeto. Debemos valorar y estimar todo aquello que es verdadero y verdaderamente bueno en los textos del Concilio, sin cerrar irracionalmente y deshonestamente los ojos de la razón a aquello que es objetiva y evidentemente ambiguo en algunos de los textos y a aquello que puede inducir al error. Es necesario recordar siempre que los textos del Concilio Vaticano II no son la inspirada Palabra de Dios, ni son juicios dogmáticos definitivos o declaraciones infalibles del Magisterio, porque el mismo Concilio no tenía esa intención.

Otro ejemplo es Amoris Laetitia. Ciertamente existen muchos punto que deben criticarse doctrinalmente. Pero existen algunas secciones que son muy útiles, verdaderamente buenas para la vida familiar, como por ejemplo sobre los ancianos en la familia: de suyo son muy buenos. No se debe rechazar todo el documento sino recibir aquello que es bueno. Lo mismo vale para los textos del Concilio.

Aunque antes del Concilio todos tenían que hacer el juramento anti-modernista, promulgado por el Papa Pío X, algunos teólogos, sacerdotes, obispos e incluso cardenales lo hicieron con reservas mentales, tal como lo demostraron los hechos históricos posteriores. Con el pontificado de Benedicto XV, comenzó una lenta y cauta infiltración de eclesiásticos con un espíritu mundano y parcialmente modernista a altos cargos en la Iglesia. Esta infiltración creció sobretodo entre los teólogos a tal punto que después el Papa Pío XII debió intervenir condenando algunas ambigüedades y errores de importantes teólogos de la llamada “nouvelle théologie” (Chenu, Congar, De Lubac, etc.), publicando en 1950 la encíclica Humani generis. Sin embargo, del pontificado de Benedicto XV en adelante, el movimiento modernista estaba latente y en continuo crecimiento. Y así, en la vigilia del Concilio Vaticano II, una parte considerable del episcopado y de los profesores en la facultad teológica y de los seminarios estaba embebida de una mentalidad modernista, que es esencialmente relativismo doctrinal y moral, como así también mundanismo, amor por el mundo. En la vigilia del Concilio, estos cardenales, obispos y teólogos adoptaron la “forma” – el modelo de pensamiento– del mundo (cfr. Rm. 12, 2), queriendo complacer al mundo (cfr. GAL. 1, 10). Demostraron un claro complejo de inferioridad con relación al mundo.

También el Papa Juan XXIII demostró una suerte de complejo de inferioridad con relación al mundo. No tenía una mentalidad modernista, pero tenía un estilo político de ver al mundo y extrañamente mendigaba simpatía al mundo. Tenía seguramente buenas intenciones. Convocó el Concilio que después abrió un enorme portón hacia el interior de la Iglesia al movimiento modernista, protestantizante y mundano. Muy significativa es la aguda observación hecha por Charles de Gaulle, Presidente de Francia desde 1959 a 1969, respecto al Papa Juan XXIII y al proceso de reformas iniciado con el Concilio Vaticano II: “Juan XXIII abrió las puertas y aún no ha podido cerrarlas. Era como si un dique se hubiera derribado. Juan XXIII fue superado por aquello que desencadenó.” (ver Alain Peyrefitte, C’était de Gaulle, París, 1997, 2, 19).

El discurso de “abrir las ventanas” antes y durante el Concilio era una suerte de ilusión y una causa de confusión. Estas palabras causaron en mucha gente la impresión de que el espíritu de un mundo no creyente y materialista, ya evidente en aquel tiempo, podía transmitir algunos valores positivos para la vida de la Iglesia. Por el contrario, la autoridad de la Iglesia en aquellos tiempos habría debido declarar expresamente el verdadero significado de la expresión “abrir las ventanas”, que consiste en abrir la vida de la Iglesia al aire fresco de la belleza y de la claridad inequívoca de la verdad divina, a los tesoros de la santidad siempre joven, a la luz sobrenatural del Espíritu Santo y de los Santos, a una liturgia celebrada y vivida con un sentido siempre más sobrenatural, sacro y reverente. A lo largo del tiempo, durante la era post-conciliar, los portones parcialmente abiertos dejaron espacio para un desastre que provocó daños enormes a la doctrina, a la moral y a la liturgia. Hoy, el agua de la inundación que entró está alcanzando niveles peligrosos. Estamos viviendo el auge del desastre.

Hoy el velo fue levantado y el modernismo reveló su verdadero rostro, que consiste en la traición a Cristo y en el volverse amigo del mundo, adoptando al mismo tiempo su modo de pensar. Una vez terminada la crisis en la Iglesia, el Magisterio tendrá el deber de rechazar formalmente todos los fenómenos negativos de las últimas décadas en la vida de la Iglesia. La Iglesia lo hará porque es divina. Lo hará con precisión y corregirá los errores que se han acumulado, comenzando con algunas expresiones ambiguas en los textos del mismo Concilio Vaticano II.

El modernismo es como un virus escondido, escondido en parte también en algunas afirmaciones del Concilio, pero que ahora se ha manifestado plenamente. Después de la crisis, después de esta grave infección espiritual, la claridad y la precisión de la doctrina, la sacralidad de la liturgia y la santidad de la vida del Clero resplandecerán más intensamente. La Iglesia lo hará de un modo inequívoco, como lo ha hecho en épocas de grave crisis doctrinal y moral en los últimos dos mil años. Enseñar claramente la verdad del depósito divino de la fe, defender a los fieles del veneno del error y conducirlos de un modo seguro a la vida eterna pertenece a la misma esencia de la misión divinamente confiada al Papa y a los Obispos.

El documento Sacrosanctum Conciliumdel Concilio Vaticano II nos ha recordado la genuina naturaleza de la verdadera Iglesia, “de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos. ” (n. 2).

S. E. Mons. Athanasius Schneider
Obispo Auxiliar de Astana


Mons. Schneider nació en Tokmok, (Kirghiz, Antigua Unión Soviética). En 1973, poco después de recibir su primera comunión de la mano del Beato Oleksa Zaryckyj, presbítero y mártir, marchó con su familia a Alemania. Cuando se unió a los Canónigos Regulares de la Santa Cruz de Coimbra, una orden religiosa católica, adoptó el nombre de Athanasius (Atanasio). Fue ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1990. A partir de 1999, enseñó Patrología en el seminario María, Madre de la Iglesia en Karaganda. El 2 de junio de 2006 fue consagrado obispo en el Altar de la Cátedra de San Pedro en el Vaticano por el Cardenal Angelo Sodano. En 2011 fue destinado como obispo auxiliar de la Archidiócesis de María Santísima en Astana (Kazajistán), que cuenta con cerca de cien mil católicos de una población total de cuatro millones de habitantes. Mons. Athanasius Schneider es el actual Secretario General de la Conferencia Episcopal de Kazajistán.

Fuente: Adelante la Fe

sábado, 16 de mayo de 2020

ENTREVISTA A MONS. SCHNEIDER REALIZADA POR EL P. JAVIER OLIVERA RAVASI




Entrevista realizada por el P. Javier Olivera Ravasi, SE a Mons. Schneider, vía internet.

1) Covid-19: ¿castigo, “casualidad”, o experimento del Nuevo Orden Mundial?

Aún no se ha realizado un análisis objetivo del origen de Covid-19. Hay varias opiniones sobre si este virus fue fabricado o si tiene un origen natural. Esto se verá más claramente en el futuro. La situación objetiva de un confinamiento de casi toda la población del planeta es única y esta proporción no tiene precedentes en la historia. El confinamiento radical está mostrando consecuencias desastrosas en el sector de la economía, comparables a las consecuencias debido a una guerra mundial. La economía privada ha sido gravemente dañada. Parece que después de la crisis causada con Covid-19, el estado tendrá más influencia en la dirección de la vida económica y también en la posesión de la propiedad. Existe el peligro de establecer una forma de comunismo de estado.

Otra consecuencia nefasta de esta crisis y confinamiento es el evidente y creciente control del estado sobre la vida privada de los ciudadanos. Hay evidencia de declaraciones públicas de políticos en varios países de la introducción de una vacuna obligatoria para todos los ciudadanos.

Sin embargo, la consecuencia más dolorosa es la prohibición del culto católico público.

Las medidas drásticas de seguridad de la salud son evidentemente desproporcionadas, y esto se compara con la tasa de mortalidad causada por este virus y una fuerte gripe que tuvo lugar periódicamente en los últimos años. En muchos países, la tasa de mortalidad por Covid-19 es menor que durante la gripe estacional. En Kazajstán, por ejemplo, hasta ahora solo hemos tenido 32 casos de muertes causadas por Covid-19, de una población total de 18 millones, y entre estos casos la mayoría eran personas mayores o personas con enfermedades previas y crónicas. También hay casos presenciados por miembros del personal médico de falsificación del número de infectados de Covid-19. Como ejemplo: según datos oficiales del gobierno de Alemania durante la gripe severa en Alemania 2017-2018, el número de muertes fue de 25 000 en el período de 4 meses, mientras que el número de muertes en Covid-19 es de 6 800 en el período de 3 meses, si agregamos otro mes, el número podría ser un máximo de 8 000. Según datos oficiales, Covid-19 ha en Alemania solo un tercio de casos de fatalidad en comparación con la gripe hace 3 anos.

Estos hechos por sí solos ya demuestran la desproporción de las medidas adoptadas. Sospechoso es también la orquestación del miedo y del pánico público a través de los medios de comunicación, realizada de una manera única de acuerdo con el pensamiento uniforme, eliminando voces disidentes, como en una vera y própia dictatura. El lenguaje de las noticias es claramente alarmante y revela un carácter de propaganda. Los métodos, el contenido del informe de noticias sobre Covid-19, las medidas de contención fueron las mismas incluso en sus detalles en la gran mayoría de los países, como si fueran planeados por un cuerpo central.

Todos estos elementos obvios muestran más que suficiente que las proporciones de casos de mortalidad causada por Covid-19 no superan en varios países el fenómeno de una gripe estacional fuerte, e que se utiliza esta situación como un instrumento para propósitos más globales, sin excluir la posibilidad de un establecimiento gradual de un Nuevo Orden Mundial, dirigido por estructuras ideológicas centrales.



2)      ¿Alguna vez pensó vivir una situación como la que estamos viviendo? Y no nos referimos al COVID-19, sino a la actitud del mundo y a la actitud de los católicos frente a todo esto.

Creo que ninguno de nosotros podría imaginar vivir en un confinamiento tan drástico bajo un control y supervisión totales, como un verdadero estado policial, casi el estado de terror sanitario.

Impresionante es el hecho de que la mayoría de la población acepta sin resistencia el comienzo de un control total de los ciudadanos. Debe abrir al menos un debate serio y pacífico a nivel científico y político sobre las causas, el peligro de contagio y la fatalidad de Covid-19. Parece que tal debate ha sido descartado hasta ahora por la nomenklatura política y de los medios de comunicación. Las voces de los disidentes no se escuchan en tiempos de totalitarismo.

Uno puede preguntarse si la situación actual es un castigo divino. Todas las catástrofes y enfermedades naturales e incluso la muerte son consecuencia del pecado original y, por lo tanto, también son un castigo divino. Sin embargo, con los castigos que Dios estableció, lo hizo con el propósito positivo de que los hombres expiaran los pecados. El castigo divino es también un medio de advertencia, para que los hombres despertaran de la somnolencia del pecado y la indiferencia con las realidades eternas. En este sentido, también se puede entender la situación causada por Covid-19 como un castigo de Dios, principalmente por el indescriptible pecado del aborto, la maquinaria de asesinatos en masa de los niños no nacidos, y también por el pecado de perversión y destrucción del matrimonio y de la familia por la ideología de género. Pero, todos los eventos en la historia están en manos de la Divina Providencia, y nada escapa a estas manos de Dios. Dios también permite que del mal actual causado por Covid-19 El saca un bien mayor.



3)      En muchos lugares del mundo los obispos han suspendido la administración de los sacramentos públicamente y hasta han llamado la atención a algunos sacerdotes y laicos que han actuado contra estas disposiciones. ¿Cree ud. que han desobedecido injustamente?

Mi impresión general es que la mayoría de los obispos reaccionaron apresuradamente y por pánico al prohibir todas las misas públicas y, aún más incomprensiblemente, el cierre de iglesias. Estos obispos reaccionaron más como burócratas civiles que como pastores. Al concentrarse exclusivamente en todas las medidas de protección higiénica, perdieron una visión sobrenatural y abandonaron la primacía del bien eterno de las almas. Mientras los supermercados estén abiertos y accesibles y mientras las personas tengan acceso al transporte público, no hay una razón plausible para prohibir que las personas asistan a la Santa Misa en una iglesia. Las mismas y mejores medidas de protección higiénica podrían garantizarse en las iglesias.

Los sacerdotes deben recordar que son, ante todo, pastores de almas inmortales. Deben imitar a Cristo, quien dijo: “Yo soy el buen pastor: el buen pastor da su vida por sus ovejas. Pero el mercenario, que no es un pastor, de quien no son las ovejas, ve venir al lobo, deja a las ovejas y huye, mientras que el lobo las arrebata y las dispersa, porque es un mercenario y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor: yo conozco mis ovejas y mis ovejas me conocen ”(Jn 10, 11-14). Si un sacerdote observa razonablemente todas las precauciones sanitarias necesarias y es discreto, no debe obedecer las instrucciones de suspender la misa para los fieles. Tales pautas son pura ley humana; Sin embargo, la ley suprema en la Iglesia es la salvación de las almas. Los sacerdotes en tal situación deben ser extremadamente creativos para permitir que los fieles, incluso para un grupo pequeño, asistan a la Santa Misa y accedan a los sacramentos. Este fue el comportamiento pastoral de todos los sacerdotes y mártires confesos en el tiempos de la persecución.

Si una autoridad eclesial prohíbe a un sacerdote visitar a los enfermos y moribundos, no puede obedecer. Tal prohibición es un abuso de poder. Cristo no le dio al obispo el poder de prohibir que un sacerdote visite a los enfermos y moribundos. Un verdadero sacerdote hará todo lo posible para visitar a una persona moribunda. Muchos sacerdotes hicieron esto incluso cuando significaba arriesgar sus vidas, ya sea en caso de persecución o una epidemia. Tenemos muchos ejemplos de tales sacerdotes en la historia de la Iglesia. São Carlos Borromeu, por ejemplo, dio la Sagrada Comunión, con sus propias manos, en el idioma de los moribundos infectados por la peste.

Un luminoso e heroico ejemplo es San Damián de Veuster, que dedicó su vida al cuidado pastoral de los leprosos de Molokai y que se había contagiado la lepra. Mahatma Gandhi por ejemplo había dicho que el mundo cuenta con pocos héroes comparables al padre Damián de Molokai. Bélgica, el país natal de San Damián, lo ha proclamado como el más grande de su historia.

En las últimas décadas, muchos miembros de la jerarquía de la Iglesia se han visto inmersos principalmente en cuestiones seculares y temporales, quedando ciegos a las realidades sobrenaturales y eternas. Sus ojos estaban llenos del polvo de las ocupaciones terrenales, como dijo San Gregorio Magno (cf. Regula pastoralis II, 7). Su reación al tratar con la epidemia de coronavirus reveló que le dan más importancia al cuerpo mortal que al alma inmortal de los hombres, olvidando las palabras de Nuestro Señor: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma?» (Mc 8, 36). Los mismos obispos que ahora tratan de proteger (a veces con medidas desproporcionadas) los cuerpos de sus fieles de la contaminación por un virus material, han permitido que el virus venenoso de las enseñanzas y prácticas heréticas se propague en su rebaño.



4)      ¿Es suficiente la contrición perfecta y la comunión espiritual, o en realidad hace falta la confesión y la comunión?

Dios mismo estableció los sacramentos como medios ordinarios de salvación. En casos extremos, donde no hay posibilidad física de recibir los sacramentos del bautismo, de la penitencia y de la Eucaristía, existe el camino extraordinario del deseo del sacramento, o como dice la teología del «votum sacramenti». Así, la Iglesia enseña que el bautismo de deseo es válido y trae salvación a la persona no bautizada que desea el bautismo. Lo mismo ocurre con el sacramento de la penitencia. La Iglesia enseña que el acto de contrición perfecta o amorosa, junto con el deseo de recibir la absolución sacramental perdona los pecados.

La comunión espiritual pertenece a la práctica comprobada de la Iglesia y a la vida de los santos. Muchos santos practicaron la comunión espiritual y aconsejaron hacerla. En el acto de comunión espiritual, el creyente debe tener un corazón contrito y desear la venida de Cristo en su alma, con todas las gracias que Cristo otorga con la recepción sacramental de la Santísima Eucaristía.

Son caminos extraordinarios. Pero debemos hacer todo lo posible para volver a las formas ordinarias de los sacramentos establecidos por Cristo en su Iglesia. Es por eso que Dios se hizo carne , se hizo hombre, se hizo visible, para darnos un camino de salvación visible y seguro.



5)      Muchos católicos ni siquiera se han conmovido por no tener los sacramentos; y otros sí: ¿por qué cree que es así?¿no hay como muchas “iglesias” dentro de la Iglesia?

La reacción diferente a la situación de privación de los sacramentos muestra el estado mental y la fe en los miembros de la Iglesia y la jerarquía. Esperamos que haya una nueva hambre de la Eucaristía en los fieles cuando pase la epidemia de coronavirus. Es una experiencia humana común que la privación prolongada de una realidad importante inflamará los corazones de quienes lo deseen. Por supuesto, esto se aplica a aquellos que realmente creen y aman verdaderamente la Eucaristía. Esta experiencia también ayuda a reflexionar más profundamente sobre el significado y el valor de la Sagrada Eucaristía. Quizás aquellos católicos que estaban tan acostumbrados a recebir el Santísimo sacramento, hasta el punto de considerarlo algo común, experimentan una conversión espiritual y entienden y tratan la Sagrada Eucaristía como algo extraordinario y sublime.



6)      ¿Qué hacer si, poco a poco, comienza de nuevo el culto y se impone obligatoriamente, la comunión en la mano?¿comulgamos o no comulgamos?

Hay opiniones de expertos en el campo de la medicina y la química que dicen que la recepción de la Comunión en la boca no es en sí misma peligrosa y que no es más peligrosa que la recepción directamente en la mano. Recientemente, en el sitio web italiano «La Nuova Bussola Quotidiana», un médico que trabaja con pacientes de Covid-19 presentó la siguiente opinión. El dijo: “Basado en la literatura científica, hemos llegado a las siguientes conclusiones: el coronavirus, a diferencia de otros virus, ataca directamente las membranas mucosas del tracto respiratorio superior (nariz, faringe y laringe) e inferior (bronquios y bronquios), directamente en sus receptores y sin pasar a través vías linfáticas y sanguíneas como lo hacen otros virus. A menudo hemos sido atacados por el caso de Galileo, cuando el padre Jesuita Grassi quería imponer una falsa idea científica (que duró 2 siglos!) solo para defender sus convicciones, ni siquiera teológicas, sino clericales: me gustaría evitar que vuelvan a ocurrir cosas similares, cuánto amas a la Iglesia. A medida que la tierra y el sol continuaron girando a su manera, independientemente de las ideas de los Jesuitas, el coronavirus hace lo mismo e infecta solo por aire, independientemente de quién esté a favor o en contra de la comunión en la boca o las manos. Podríamos decir con una expresión efectiva que COVID viaja solo en avión, pero no navega en relación con la saliva mientras permanezca en la boca en forma líquida. Las palmas de las manos y las yemas de los dedos, como la saliva, son los principales vectores del coronavirus, pero es difícil que puedan causar infección al no contener virus en forma de gotas o aerosoles: de hecho, el coronavirus debe «volar» para infectar. Mientras la saliva no pase del estado líquido, como normalmente está en la boca, al estado de gotas o aerosoles, es potencialmente inofensiva. La saliva, aunque contiene virus, no puede infectar mientras permanezca líquida en la boca y no pase a un estado parecido al aire. Además, la saliva contiene lisozima, que es un desinfectante natural, que también actúa contra los virus: incluso la lisozima ahora también se usa como medicamento contra el coronavirus. En conclusión, los métodos para recibir la Comunión en mi opinión son indiferentes y potencialmente inofensivos en lo que respecta al riesgo de coronavirus.” Así, el testimónio del doctor Fabio Sansonna.

Ahora observamos la maniobra de la imposición general de la comunión en la mano, con el pretexto de la higiene. Esperamos que la Congregación para el Culto Divino emita normas que garanticen a los fieles el derecho a recibir la Comunión en la boca. Las mismas garantías higiénicas se pueden proporcionar para la Comunión en la boca como para la Comunión en la mano.

En el caso de que un fiel o su conciencia no puedan recibir la Comunión en su mano, él puede hacer la Comunión espiritual. Un método como solución extrema sería que cada creyente pudiera tener su propia pequeña tela blanca, un corporal, el cual pone en la palma de su mano derecha y sobre sus rodillas recibe la Comunión, tomando la hostia consagrada directamente con la boca, sin tocarla con los dedos. y luego doble esta pequeña telo o corporal y después de la Misa haga la purificación del corporal si posiblemente hubiera pequeños fragmentos de la hostia. Pero incluso tal método, muchos sacerdotes no aceptarán, porque quieren imponer con fuerza la comunión en la mano.

El modo generalizado de la Comunión a la mano agravará aún más la desacralización de la Sagrada Eucaristía. La situación de la suspensión pública de la Santa Misa y de la Comunión sacramental es tan única y grave que se puede encontrar un significado más profundo detrás de todo esto. Este evento tuvo lugar casi cincuenta años después de la introducción de la Comunión a la mano (en 1969) y una reforma radical del rito de la Misa (en 1969/1970) con sus elementos protestantizantes (oraciones del Ofertório) y su estilo horizontal y instrutivo (momentos rituais de estilo libre, celebración en círculo cerrado). La práctica de la Comunión en la mano durante los últimos cincuenta años ha llevado a una profanación involuntaria e as vezes intencional del cuerpo eucarístico de Cristo en una escala sin precedentes. Durante más de cincuenta años, el Cuerpo de Cristo fue pisoteado (principalmente involuntariamente) por el clero y los laicos en las iglesias católicas de todo el mundo. El robo de las hostias consagradas también ha aumentado a un ritmo alarmante. La práctica de recibir la Sagrada Comunión directamente con sus propias manos y dedos se asemeja cada vez más como al gesto de comer comida común. En muchos católicos, la práctica de recibir la Comunión a mano ha debilitado la fe en la Presencia Real, en la transubstanciación y en el carácter divino y sublime de la Hostia consagrada. Con el tiempo, la presencia eucarística de Cristo se ha convertido, inconscientemente, para estos fieles, en una especie de pan sagrado o símbolo.

Creo que si la Iglesia no regresa a la forma más reverente y segura posible de recibir el Cuerpo Eucarístico de Cristo, que es la recepción de rodillas y directamente en la boca, Dios podría enviar un castigo más fuerte para purificarla.

En la situación de la imposición forzada de la Comunión en la mano, creo que los fieles deberían tener la posibilidad de recibir, al menos periódicamente, la Comunión en la boca durante las Misas, celebradas por sacerdotes fieles en circunstancias, por así decirlo, clandestinas o de las catacumbas.

Las catacumbas siempre trajeron muchos frutos espirituales a la vida de la Iglesia.



7)      ¿Nunca pensó en la posibilidad de fundar un seminario internacional para formar buenos sacerdotes?

De hecho, nunca pensé en organizar un seminario internacional yo mismo. Primero, porque esto es canónicamente imposible. Los seminarios internacionales solo pueden fundar la Santa Sede. También hay seminarios internacionales para Órdenes, Congregaciones y Sociedades que tienen la liturgia tradicional.

Sin embargo, pensé, lo que se necesita hoy en la Iglesia es un seminario internacional con la formación en la integridad de la doctrina católica, con la liturgia tradicional, con la vida espiritual y ascética tradicional para los seminaristas diocesanos. Tal seminario debería establecer la Santa Sede. Creo que esto lo hará en el futuro un Papa que tendrá un espíritu de tradición católica. Sin embargo, en un seminario internacional tradicional, se debe hacer una selección rigurosa de candidatos, los candidatos con tendencia homosexual se deben excluir categóricamente, tanbién los candidatos con problemas psicopatológicos, y los candidatos con un espíritu de carrera e de ambición. Solo los candidatos con una psique saludable, con motivación pura y sincera, deben ser aceptados, todos imbuidos del celo apostólico por la salvación de las almas. Incluso si tal seminario tuviera menos candidatos, valdría la pena.

En las últimas décadas, la Iglesia ha pagado demasiado con sacerdotes inadecuados, sacerdotes homosexuales y pederastas, sacerdotes con un espíritu mundano y de ambición de carrera, tales sacerdotes por lo tanto ha dañado gravemente la acción misionera y la reputación del sacerdocio. Mejor menos sacerdotes, pero hombres totalmente apostólicos y católicos en doctrina y vida moral.

Tales sacerdotes necesita la Iglesia hoy: hombres eucarísticos, hombres plenamente católicos, hombres totalmente apostólicos.



8)      La Iglesia siempre estuvo en crisis pero, al parecer, la que ahora estamos viviendo afecta a una profunda crisis que llega hasta las más altas esferas: ¿cree ud., como algunos dicen, que nos encontramos cercanos a los últimos tiempos profetizados en las Sagradas Escrituras? Y si es así: ¿cómo deberíamos reaccionar?

La situación actual proporciona suficientes razones razonables para pensar que estamos al comienzo de un tiempo apocalíptico, que incluye castigos divinos. Nuestro Señor se refirió a la profecía de Daniel: «Cuando veas, entonces, la abominación desoladora, de la cual habló el profeta Daniel, instalada en el lugar santo (¡quien lea, presta atención!») (Mt 24:15). El Libro de Apocalipsis dice que la Iglesia tendrá que huir al desierto por algún tiempo (cf. Rev 12, 14). El cese casi general del sacrificio público de la Misa podría interpretarse como un escape a un desierto espiritual. Lo que es deplorable en nuestra situación es el hecho de que muchos miembros de la jerarquía de la Iglesia no ven la situación actual como una tribulación, como un castigo divino, es decir, como una «visita divina» en el sentido bíblico. Estas palabras del Señor también son aplicables a muchos clérigos en medio de la epidemia física y espiritual actual: «porque no reconociste el momento en que fuiste visitado» (Lc 19, 44). La situación actual de este «fuego de la prieba» (cf. 1 P. 4: 12) debe ser tomada en serio por el Papa y los obispos, a fin de lograr una conversión profunda de toda la Iglesia.

Creo que en el futuro la Iglesia disminuirá en número y en influencia social directa. Será aún más despreciada y discriminada por el mundo. No excluyo que la Iglesia en el futuro llevará en parte o en ciertas regiones una vida eclesiástica semi-clandestina. En tal situación, Dios derramará gracias especiales de la fuerza de la fe, de la pureza de la vida y de la belleza de la liturgia. Sobre todo, creo, que en tal situación Dios le dará a Su Iglesia nuevamente valientes papas, confesores de fe y quizás incluso mártires.

Podemos creer que el triunfo del Inmaculado Corazón, anunciado por Nuestra Señora en Fátima, se preparará primero para un período de purificación de la Iglesia a través de la persecución.

Pero el triunfo de Cristo a través del Inmaculado Corazón de María ciertamente lo verá.

Es por eso que, incluso en medio de la tribulación actual, debemos vivir con gran esperanza y confianza.

Tenemos a Dios, tenemos a Jesús en la Eucaristía, y así tenemos todo.



9)      ¿Podría verse ante la actual imposibilidad de celebrar la santa Misa en público (al menos en ciertos lugares) el inicio del cumplimiento de la profecía de Daniel de la supresión del Sacrificio perpetuo?

En cierto modo, la situación actual también se puede comparar con el final de la adoración sacrificial en el Templo de Jerusalén durante el cautiverio babilónico del pueblo elegido de Dios. En la Biblia, el castigo divino se consideraba una gracia, por ejemplo: “¡Feliz es el hombre a quien Dios corrige! No desprecies la lección del Todopoderoso. Él es quien hace la herida y quien la cura; herir y sanar con sus manos «(Job 5, 17-18) y «Yo reprendo y castigo a los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete »(Apo. 3:19). La única respuesta apropiada a las tribulaciones, catástrofes, epidemias y situaciones similares, que son instrumentos en manos de la Divina Providencia para despertar a los hombres del sueño del pecado y la indiferencia a los mandamientos de Dios y la vida eterna, es la penitencia y conversión sincera a Dios. En la siguiente oración, el profeta Daniel da a los fieles de todos los tiempos un ejemplo de la verdadera mentalidad que deben tener y cómo deben comportarse y orar en tiempos de tribulación: «Todo Israel ha violado su ley y se ha vuelto al otro lado, para no escuchar tu voz.  […] Dios mío, presta atención y escúchanos; ¡abre tus ojos a nuestras ruinas y a la ciudad que tiene tu nombre! No es a causa de nuestros actos de justicia que presentamos nuestras súplicas a tus pies, sino en nombre de tu gran misericordia. Señor, escuche! Señor, perdona! ¡Señor, presta atención! Por tu bien, Dios mío, no te demores, porque fue Tu nombre el que se dio a Tu ciudad y a Tu pueblo” (Dan 9, 11, 18-19).

Tanto los inocentes como los culpables soportan esta tribulación, porque en el misterio de la Iglesia todos están unidos como miembros: «De esta manera, si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él» (1 Cor 12:26). El cese actual de la Misa pública y de la Comunión pública podría ser entendido por el Papa y los obispos como un castigo divino por las blasfemias y trivializaciones eucarísticas durante los últimos cincuenta años y, al mismo tiempo, como un llamado misericordioso para una auténtica conversión eucarística de toda la Iglesia.  Que el Espíritu Santo toque el corazón del Papa y los obispos y los aliente a emitir normas litúrgicas concretas para que el culto eucarístico de toda la Iglesia se purifique y se redirija hacia el Señor.

Se puede sugerir que el Papa, junto con los cardenales y obispos, lleve a cabo un acto público de reparación en Roma por los pecados contra la Sagrada Eucaristía y por el pecado de actos de veneración religiosa de las estatuas de la Pachamama. Una vez terminada la tribulación actual, el Papa debe emitir normas litúrgicas concretas, en las que invita a toda la Iglesia a volverse al Señor nuevamente en forma de celebración, es decir, celebrantes y fieles que se vuelven en la misma dirección durante la oración eucarística. El Papa también debería prohibir la práctica de la Comunión en la mano, ya que la Iglesia no puede continuar sin castigo al tratar al Santo de los Santos en la pequeña Hostia consagrada de una manera tan minimalista e insegura.

La siguiente oración de Azarías en el horno de fuego, que cada sacerdote dice durante el rito del Ofertorio de la Misa, podría inspirar al Papa y a los obispos a tomar acciones concretas para reparar y restaurar la gloria del sacrificio eucarístico y el Cuerpo eucarístico del Señor: « Con alma contrita y espíritu humillado te seamos aceptos, como con holocaustos de carneros y toros, y con millares de corderos pingües; tal sea hoy nuestro sacrificio ante ti, y te agrade que plenamente te sigamos, porque no hay confusión para los que en ti confían. Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. No nos dejes en la confusión, trátanos  conforme a tu bondad y según la abundancia de tu misericordia. Líbranos según tus maravillas, y da, Señor, gloria a tu nombre” (Dan 3: 39-43).

FIN DE LA ENTREVISTA
Fuente: QNTLC
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