jueves, 10 de septiembre de 2026
viernes, 19 de diciembre de 2025
MONS. SCHNEIDER SE ENTREVISTÓ CON EL PAPA PARA SEGURAMENTE SOLICITARLE QUE LIBERE LA MISA TRADICIONAL Y NO NOMBRE OBISPOS QUE SON VERDADEROS LOBOS POR HETERODOXOS
jueves, 20 de noviembre de 2025
miércoles, 23 de abril de 2025
viernes, 26 de julio de 2024
miércoles, 20 de diciembre de 2023
DECLARACIÓN DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTA MARÍA EN ASTANA SOBRE LA DECLARACIÓN FIDUCIA SUPPLICANS, PUBLICADA POR EL DICASTERIO DE LA DOCTRINA DE LA FE Y APROBADA POR EL PAPA FRANCISCO EL 18 DE DICIEMBRE DE 2023
El propósito manifiesto de la Declaración de la Santa Sede, Fiducia supplicans, es permitir «la posibilidad de bendecir a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo». Al mismo tiempo, el documento insiste en que tales bendiciones se realizan «sin validar oficialmente su estado ni cambiar de ninguna manera la enseñanza perenne de la Iglesia sobre el matrimonio».
El hecho de que el documento no dé permiso para el «matrimonio» de parejas del mismo sexo no debería cegar a pastores y fieles ante el gran engaño y el mal que reside en el permiso mismo para bendecir a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo. Tal bendición contradice directa y seriamente la Divina Revelación y la doctrina y práctica ininterrumpida y bimilenaria de la Iglesia Católica. Bendecir a las parejas en una situación irregular y a las parejas del mismo sexo es un abuso grave del Santísimo Nombre de Dios, ya que este nombre se invoca sobre una unión objetivamente pecaminosa de adulterio o de actividad homosexual.
Por lo tanto, ninguna, ni siquiera la más bella de las afirmaciones contenidas en esta Declaración de la Santa Sede, puede minimizar las consecuencias destructivas y de largo alcance resultantes de este esfuerzo por legitimar tales bendiciones. Con tales bendiciones, la Iglesia Católica se convierte, si no en teoría, entonces en la práctica, en un propagandista de la «ideología de género» globalista e impía.
Como sucesores de los Apóstoles, y fieles a nuestro juramento solemne con motivo de nuestra consagración episcopal «de preservar el depósito de la fe en la pureza y la integridad, de acuerdo con la Tradición siempre y en todas partes observada en la Iglesia desde la época de los Apóstoles», exhortamos y prohibimos a los sacerdotes y a los fieles de la Arquidiócesis de Santa María en Astana aceptar o realizar cualquier forma de bendición de parejas en situación irregular y parejas del mismo sexo. No hace falta decir que todo pecador sinceramente arrepentido con la firme intención de dejar de pecar y poner fin a su situación pública de pecado (como, por ejemplo, la convivencia fuera de un matrimonio canónicamente válido, la unión entre personas del mismo sexo), puede recibir una bendición.
Con un amor fraternal sincero, y con el debido respeto, nos dirigimos al Papa Francisco, quien, al permitir la bendición de las parejas en una situación irregular y las parejas del mismo sexo, «no camina rectamente de acuerdo con la verdad del Evangelio» (ver Gal. 2:14), para tomar prestadas las palabras con las que San Pablo el Apóstol amonestó públicamente al primer Papa en Antioquía. Por lo tanto, en el espíritu de la colegialidad episcopal, le pedimos al Papa Francisco que revoque el permiso para bendecir a las parejas en situación irregular y a las parejas del mismo sexo, para que la Iglesia Católica pueda brillar claramente como el «pilar y fundamento de la verdad» (1 Tim 3:15) para todos aquellos que buscan sinceramente conocer la voluntad de Dios y, al cumplirla, alcanzar la vida eterna.
Astana, 19 de diciembre de 2023
+ Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Arquidiócesis de Santa María en Astana
+ Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa María en Astana
martes, 14 de noviembre de 2023
MONS. SCHNEIDER EN DEFENSA DE MONS. STRICKLAND
«El único oficio que ahora acarrea severos castigos es el de custodiar fielmente las tradiciones de los Padres.» Estas palabras de San Basilio (Ep.243) ilustran magníficamente la destitución del obispo de la ciudad estadounidense de Tyler (Texas), monseñor Joseph E. Strickland. La destitución de S.E. Joseph Tyler ha supuesto un día aciago para la Iglesia Católica de hoy. Asistimos a una injusticia descarada para con un prelado que cumplía con su deber predicar y defender con parresía las inmutables fe y moral católicas y promover el carácter sagrado de la liturgia, en particular lo relativo al inmemorial rito tradicional de la Misa. Todo el mundo entiende, incluidos los enemigos declarados de este obispo confesor, que las acusaciones contra él presentadas carecen de todo fundamento y son desproporcionadas, y que no han sido sino un pretexto muy oportuno para silenciar a una incómoda voz profética dentro de la Iglesia.
En nuestros días ha vuelto a suceder lo mismo que les pasaba a los obispos durante la crisis arriana del siglo IV, que eran depuestos y desterrados por tan solo predicar valerosamente la Fe católica tradicional. Y mientras tanto, a varios prelados que apoyan públicamente herejías, abusos litúrgicos y la ideología de género, y que animan sin rebozo a sus sacerdotes a bendecir parejas del mismo sexo, la Santa Sede no les amonesta ni sanciona en modo alguno.
Sin duda, monseñor Strickland pasará a la historia como al Atanasio de la Iglesia de los EE.U. Con la diferencia de que, al contrario de San Atanasio, no lo persiguen las autoridades seculares sino –parece mentira– el propio Papa. Se diría que desde hace un tiempo está teniendo lugar una purga de obispos fieles a la Fe y la doctrina católicas, que son inalterables, y esta purga ha llegado a una fase decisiva.
Ojalá el sacrificio que ha pedido el Señor a monseñor Strickland rinda numerosos frutos espirituales en el tiempo y en la eternidad. Tanto monseñor Strickland como otros fieles prelados a quienes ya se ha pedido que presenten su dimisión y se les ha condenado al ostracismo, o bien serán los siguientes, deberían plantear con toda sinceridad al papa Francisco: «Santo Padre, ¿por qué nos persigue y fustiga, si hemos procurado hacer lo que nos habían pedido los santos pontífices? Con amor fraternal ofrecemos el sacrificio de esta persecución y exilio en aras de la salvación de vuestra alma y por el bien de la santa Iglesia de Roma. ¡Ciertamente somos sus mejores amigos, Santo Padre!»
+Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Santa María de Astaná
13 de noviembre de 2023
Visto en Adelante la Fe
miércoles, 27 de septiembre de 2023
CONSEJOS PARA LA JUVENTUD DE HOY POR MONS. SCHNEIDER
Lo más importante para la juventud católica es profundizar en la fe, en el conocimiento de la Fe católica y los argumentos apologéticos que conocen. El joven tiene que decir como San Pablo: «Sé a Quien he creído». Tiene que ampliar su conocimiento de la Fe, y disponer de medios apologéticos, saber defender su fe, porque vivimos en una sociedad neopagana, en el mundo entero, que ataca constantemente nuestra Fe católica y se burla de ella. Hay que educar a los jóvenes para que sean testigos valerosos y fomentar en ellos la espiritualidad de ser auténticos soldados Cristo, enorgullecerse sólo de una cosa: de ser católicos. Otros orgullos son malos; sólo hay un orgullo bueno. Eso es, en mi opinión, lo más importante para los fieles.
También, no aceptar la forma de vida de este mundo neopagano. Eso quiere decir observar y cultivar la virtud de la castidad. Los jóvenes de hoy tienen que guardar en concreto la castidad, la pureza. Será eso lo que los identifique como verdaderos cristianos entre la sociedad y la juventud degradada y sexualizada que nos rodea. Jóvenes castos y puros de ambos sexos; no será necesario en ese caso que digan mucho. Su vida irradiará una energía espiritual que otros percibirán instintivamente. Con la gracia de Dios y con la ayuda de buenos sacerdotes y una buena formación, los jóvenes tienen que cultivar y observar una vida casta. En concreto, eso significa evitar formas de degradación tan frecuentes como la pornografía y otras cosas impropias de un discípulo de Cristo.
Recordemos que cuando en los primeros siglos los paganos perseguían a los cristianos se quedaban maravillados de su actitud. Decían: «¡Mirad cómo se aman!» Para los paganos era algo muy infrecuente. Ellos odiaban, eran crueles. La sociedad en que vivimos se está volviendo cada vez más cruel y llena de odio. Por eso, tenemos que ensalzar el verdadero amor, la caridad. Pero hoy en día, los paganos también dicen: «Mirad lo puros que son». Y al igual que antiguamente el amor que se tenían entre sí los cristianos condujo a muchos paganos a Cristo, yo diría que actualmente la vida casta de muchos jóvenes católicos atraerá a otros jóvenes a Cristo.
Por último, todo esto que acabo de decir tiene que acompañarse de oración. Los jóvenes tienen que ejercitarse en la oración personal. Éstas son las armas. Y siempre tienen que portar el arma en el bolsillo. Me refiero al Rosario. Ésa es el arma de los jóvenes.
Mons. Atanasio Schneider
Fuente: Adelante la Fe
viernes, 15 de septiembre de 2023
IMPORTANTE CARTA DE MONS. ATANASIO SCHNEIDER A MONS. JOSEPH STRICKLAND
¡Alabado sea Jesucristo!
Su Excelencia, Obispo Strickland, querido y estimado hermano en el episcopado,
Es para mí un privilegio y una alegría expresarles a todos mi gratitud y aprecio por tu valiente dedicación a mantener, transmitir y defender sin compromisos la fe católica, que los apóstoles entregaron a la Iglesia y con la que todas las generaciones de católicos, especialmente nuestros antepasados, nuestros padres y madres, nuestros sacerdotes y religiosas catequistas, fueron alimentados. En verdad, podemos aplicarte, querido Obispo Strickland, lo que San Basilio dijo en su tiempo:
«La acusación que ahora seguramente asegurará un castigo severo es el cuidado en la preservación de las tradiciones de los Padres» (Ep. 243).
Permítanme compartir con ustedes las siguientes palabras muy oportunas del mismo gran y santo obispo:
«Las doctrinas de la verdadera religión están derrocadas. Las leyes de la Iglesia están en confusión. La ambición de hombres que no temen a Dios se apresura a ocupar altos cargos en la Iglesia, y el cargo elevado ahora es conocido públicamente como el premio de la impiedad. El resultado es que cuanto más blasfema un hombre, más apto lo considera la gente para ser obispo. La dignidad clerical es cosa del pasado. Hay una completa falta de hombres que pastoreen el rebaño del Señor con conocimiento. Los eclesiásticos en autoridad tienen miedo de hablar, ya que aquellos que han alcanzado el poder por interés humano son esclavos de aquellos a quienes deben su avance. La fe es incierta; las almas están empapadas en la ignorancia porque los adulteradores de la palabra imitan la verdad. Las bocas de los verdaderos creyentes están mudas, mientras que cada lengua blasfema ondea libremente; las cosas sagradas son pisoteadas». (Ep. 92)
Vivimos de hecho en un tiempo como el descrito por San Basilio con una sorprendente similitud.
Las palabras de San Basilio en su Carta al Papa San Dámaso, en la que pedía la ayuda y la eficaz intervención del papa, son completamente aplicables a nuestra situación hoy:
«La sabiduría de este mundo gana los mayores premios en la Iglesia y ha rechazado la gloria de la cruz. Los pastores son desterrados, y en su lugar se introducen lobos feroces que apresuran al rebaño de Cristo. Las casas de oración no tienen a nadie para reunirse en ellas; los lugares desiertos están llenos de multitudes que lamentan. Los ancianos lamentan cuando comparan el presente con el pasado. Los jóvenes son aún más dignos de compasión, porque no saben de lo que han sido privados». (Ep. 90)
Querido Obispo Strickland, a diferencia de San Basilio, quien se dirigió al Papa Dámaso, lamentablemente no tienes la verdadera oportunidad de dirigirte al Papa Francisco para que te ayude a mantener celosamente las sagradas tradiciones del pasado. Por el contrario, la Santa Sede te somete ahora a escrutinio y te amenaza con intimidaciones y privación del cuidado episcopal de tu rebaño en Tyler, básicamente por una única razón: que, al igual que San Basilio, San Atanasio y muchos otros obispos confesores a lo largo de la historia, mantienes las tradiciones de los Padres; solo porque no silencias la verdad, solo porque no te comportas como no pocos obispos de nuestro tiempo, quienes, utilizando las palabras de San Gregorio de Nazianzo, «sirven a los tiempos y demandas de las masas, dejando su barco a merced del viento que sople en ese momento, y como camaleones, saben darle muchos colores a sus palabras» (De vita sua (Carmina) 2, 11).
Sin embargo, querido Obispo Strickland, tienes la fortuna de que todos los papas del pasado, todos los valientes obispos confesores del pasado, todos los mártires católicos, quienes, en palabras de Santa Teresa de Ávila, estaban «dispuestos a sufrir mil muertes por cada artículo del credo» (La Vida de Teresa de Jesús, 25:12), te están apoyando y alentando. Además, los más pequeños en la Iglesia oran por ti y te apoyan; son un creciente, aunque pequeño, ejército de fieles laicos, tanto en Estados Unidos como en todo el mundo, que fueron puestos en la periferia por altos dignatarios de la Iglesia, incluso en el Vaticano, cuyas principales preocupaciones parecen ser complacer al mundo y promover su agenda naturalista y la aprobación del pecado de la actividad homosexual bajo el pretexto de la bienvenida e inclusión.
Querido Obispo Strickland, gracias por estar decidido «a servir al Señor y no al tiempo», como en su momento exhortó San Atanasio a los obispos (Ep. ad Dracontium). Oro para que más obispos en nuestros días, como tú, alcen su voz en defensa de la Fe Católica, proporcionando así el alimento espiritual y consuelo para muchos católicos que a menudo se sienten abandonados como huérfanos.
Seguramente, los futuros papas te agradecerán por tu valiente fidelidad a la Fe Católica y a sus sagradas tradiciones, con lo cual contribuiste al honor de la Sede Apostólica, que en parte se vio oscurecida y manchada por nuestro tiempo desfavorable.
San José, tu patrón, el «buen y fiel siervo», esté siempre a tu lado, y la Bienaventurada Virgen María, nuestra dulce Madre celestial, la destructora de todas las herejías, sea tu fuerza y refugio.
Con profundo respeto, unidos en la santa batalla por la Fe y en oración,
Mons. Atanasio Schneider
Agosto 2 de 2023.
Publicado en InfoCatólica
viernes, 23 de octubre de 2020
UNIONES CIVILES DEL MISMO SEXO Y LA FE CATÓLICA por Mons. Schneider

Uniones civiles del mismo sexo y la fe católica
por Mons.A.Schneider
La fe católica en la voz del magisterio perenne, el sentido de la fe de los fieles (sensus fidelium) así como el sentido común, rechazan claramente cualquier unión civil de dos personas del mismo sexo, unión que tiene como objetivo que estas personas busquen el placer sexual entre sí. Incluso si las personas que viven en tales uniones no participaran en el placer sexual mutuo, algo que en realidad se ha demostrado que es poco realista, tales uniones representan un gran escándalo, un reconocimiento público de los pecados de fornicación contra la naturaleza y una ocasión próxima y continua de pecado. Quienes abogan por las uniones civiles entre personas del mismo sexo son, por tanto, también culpables de crear una especie de estructura de pecado, en este caso de la estructura jurídica de la fornicación habitual contra la naturaleza, ya que los actos homosexuales pertenecen a los pecados que claman al cielo, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (ver n. 1867).
Todo verdadero católico, todo verdadero sacerdote católico, todo verdadero obispo católico debe, con profundo dolor y un corazón lloroso, lamentarse y protestar contra el hecho inaudito de que el Papa Francisco, el Romano Pontífice, el sucesor del apóstol Pedro, el Vicario de Cristo en la tierra , manifestara en la película documental “Francesco”, que se estrenó el 21 de octubre del 2020 como parte del Festival de Cine de Roma, su apoyo a las uniones civiles del mismo sexo. Tal apoyo del Papa significa apoyo para una estructura de pecado, para un estilo de vida contra el sexto mandamiento del Decálogo, que fue escrito con los dedos de Dios en tablas de piedra en el Sinaí (ver Ex. 31:18) y entregado por manos de los ángeles a los hombres (ver Gálatas 3:19).
Lo que Dios ha escrito con su mano, ni siquiera un Papa puede borrarlo ni reescribirlo con su mano o con su lengua. El Papa no puede comportarse como si fuera Dios o una encarnación de Jesucristo, modificando estas palabras del Señor: “Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pero yo les digo que todo el que mira a una mujer con lujuria, ya cometió adulterio con ella en su corazón ”. (Mt 5, 27-28) y en lugar de esto decir, más o menos, lo siguiente: “Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’, ’si un hombre se acuesta con un varón como con una mujer, ambos han cometido una abominación’ (Lev. 20:13), ‘hombres que practican la homosexualidad no heredarán el reino de Dios ”(1 Cor. 6: 9); ‘la práctica de la homosexualidad es contraria a la sana doctrina’ (1 Tim. 1:10). Pero les digo que para las personas que sienten atracción por el mismo sexo “tenemos que crear una ley de unión civil. De esa forma están cubiertos legalmente”.
Todo Pastor de la Iglesia y, sobre todo el Papa, debería recordar siempre a los demás estas serias palabras de Nuestro Señor: “Así, el que quebrante uno solo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos” (Mt 5:19).
Todo Papa debe tomarse muy en serio lo que proclamó el Concilio Vaticano I: “Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles,“. (Constitución Dogmática Pastor aeternus , cap.4)
Abogar por una ley para que se dé cobertura legal a un estilo de vida contrario al Mandamiento explícito de Dios, contra la naturaleza humana y contra la razón humana, es una nueva doctrina, que “quienes cosen lazos para todas las articulaciones de las manos y hacen velos de todos los tamaños para la cabeza” (Ez. 13:18), una nueva doctrina que “pervierte la gracia de nuestro Dios en lascivia” (Judas 4), una doctrina que evidentemente está en contra de la Revelación Divina y la enseñanza perenne de la Iglesia de todos los tiempos. Tal doctrina conspira con el pecado y, por lo tanto, es una medida sumamente anti-pastoral.
Promover jurídicamente un estilo de vida pecaminoso va en contra del núcleo del Evangelio mismo, ya que las personas en uniones del mismo sexo a través de sus actos sexuales ofenden gravemente a Dios. Nuestra Señora de Fátima hizo el llamado maternal a toda la humanidad para que deje de ofender a Dios, que ya está demasiado ofendido.
La siguiente voz del Magisterio, se hace eco fielmente de la voz de Jesucristo, Nuestro Divino Maestro, la Verdad Eterna y la voz de la Iglesia y de los Papas de todos los tiempos:
- “si las leyes o preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con aquel orden y, consiguientemente, en contradicción con la voluntad de Dios, no tendrían fuerza para obligar en conciencia.“. (cf. Juan Pablo II, Encíclica Evangelium vitae , 72)
- “Las legislaciones favorables a las uniones homosexuales son contrarias a la recta razón porque confieren garantías jurídicas análogas a las de la institución matrimonial a la unión entre personas del mismo sexo. Considerando los valores en juego, el Estado no puede legalizar estas uniones sin faltar al deber de promover y tutelar una institución esencial paroa el bien común como es el matrimonio.”(Congregación para la Doctrina de la Fe, «Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales» , n. 6)
- “Se podría preguntar cómo puede contrariar al bien común una ley que no impone ningún comportamiento en particular, sino que se limita a hacer legal una realidad de hecho que no implica, aparentemente, una injusticia hacia nadie. En este sentido es necesario reflexionar ante todo sobre la diferencia entre comportamiento homosexual como fenómeno privado y el mismo como comportamiento público, legalmente previsto, aprobado y convertido en una de las instituciones del ordenamiento jurídico. El segundo fenómeno no sólo es más grave sino también de alcance más vasto y profundo, pues podría comportar modificaciones contrarias al bien común de toda la organización social. Las leyes civiles son principios estructurantes de la vida del hombre en sociedad, para bien o para mal. Ellas « desempeñan un papel muy importante y a veces determinante en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres ».(14) Las formas de vida y los modelos en ellas expresados no solamente configuran externamente la vida social, sino que tienden a modificar en las nuevas generaciones la comprensión y la valoración de los comportamientos. La legalización de las uniones homosexuales estaría destinada por lo tanto a causar el obscurecimiento de la percepción de algunos valores morales fundamentales y la desvalorización de la institución matrimonial.“. (ibídem.)
- “Las relaciones sexuales son humanas cuando y en cuanto expresan y promueven la ayuda mutua de los sexos en el matrimonio y quedan abiertas a la transmisión de la vida.”. (ibíd., n. 7)
- “Poniendo la unión homosexual en un plano jurídico análogo al del matrimonio o la familia, el Estado actúa arbitrariamente y entra en contradicción con sus propios deberes.”. (ibíd., n. 8)
- “No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta... hay suficientes razones para afirmar que tales uniones son nocivas para el recto desarrollo de la sociedad humana, sobre todo si aumentase su incidencia efectiva en el tejido social”. (ibídem.)
- “constituye una grave injusticia sacrificar el bien común y el derecho de la familia con el fin de obtener bienes que pueden y deben ser garantizados por vías que no dañen a la generalidad del cuerpo social.” (ibid., N. 9)
- “Además, existe el peligro de que una legislación, al fundamentar determinados derechos en la homosexualidad, aliente concretamente a una persona con tendencia homosexual a declarar su homosexualidad o, incluso, a buscar un compañero con el que poder beneficiarse de las disposiciones de la ley.” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Algunas consideraciones acerca de la respuesta a las propuestas legislativas sobre la no discriminación de las personas homosexuales , 24 de julio de 1992, n. 14)
Todos los católicos, sean fieles laicos o niños pequeños, hombres y mujeres jóvenes, padres y madres de familia, personas consagradas, monjas de clausura, sacerdotes y obispos, que se mantienen inviolablemente firmes y “luchan por la fe que fue entregada una vez y para siempre a los santos ”(Judas 3), y que por eso son despreciados y marginados en la periferia de la vida de la Iglesia de nuestros días, lloren y clamen a Dios para que, por la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, quien en Fátima dijo que la gente debe dejar de ofender a Dios, que ya está demasiado ofendido, el Papa Francisco pueda convertirse y retractarse formalmente de su aprobación a las uniones civiles del mismo sexo, a fin de confirmar a sus hermanos, como el El Señor le ha mandado (Cf. Lucas 22:32).
Todos estos pequeños de la Iglesia (niños, jóvenes, jóvenes, padres y madres de familia, monjas de clausura, sacerdotes, obispos) seguramente dirían al Papa Francisco: “Santísimo Padre, por la salvación de vuestra propia alma inmortal, por el bien de las almas de todas aquellas personas que a través de su aprobación de las uniones del mismo sexo están con sus actos sexuales ofendiendo gravemente a Dios y exponiendo sus almas al peligro de perderse eternamente, conviértase, retráctese de su aprobación y proclame con todos sus predecesores la siguiente enseñanza inmutable de la Iglesia":
“La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales.“. (Congregación para la Doctrina de la Fe, «Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales», n. 11)
“Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad.”. (ibíd., n. 11)
Con la increíble aprobación por parte del Papa de las uniones entre personas del mismo sexo, todos los verdaderos hijos de la Iglesia se sienten huérfanos, y ya no escuchan más la voz clara e inequívoca del Papa, que debe guardar inviolablemente y exponer fielmente la Revelación, el Depósito de la Fe, entregado a través de los apóstoles.
Los verdaderos hijos de la Iglesia de nuestros días podrían usar estas palabras del Salmo 137, diciendo: Nos sentimos como en el exilio, junto a los ríos de Babilonia, llorando al recordar a Sión, al recordar la enseñanza luminosa y clara de los papas, de nuestra Santa Madre Iglesia.
Sin embargo, creemos inquebrantablemente en las palabras de Nuestro Señor, que las puertas del infierno no prevalecerán contra Su Iglesia.
El Señor vendrá, aunque llegue tarde, sólo en la cuarta vigilia de la noche, para calmar la tormenta dentro de la Iglesia, para calmar la tormenta dentro del papado de nuestros días, y dirá: “Ánimo; soy yo. No tengáis miedo. Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? Y en cuando subieron a la barca, el viento cesó”. (Mt. 14: 27; 32-33)
Nuestro Señor le dirá también al Papa Francisco: “Porque de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, y sufre la pérdida de su propia alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según sus obras ”. (Mateo 16: 26-27); y Nuestro Señor dirá además al Papa Francisco:
“Pero yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos.”(Lucas 22:32)
22 de octubre de 2020
+ Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la archidiócesis de Santa María en Astana
Fuente: Infocatólica.
viernes, 26 de junio de 2020
ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL CONCILIO Y LA CRISIS ACTUAL DE LA IGLESIA
S. E. Mons. Athanasius Schneider publicó el 24 de junio de 2020 un documento titulado “Algunas reflexiones sobre el Concilio Vaticano II y la crisis actual de la Iglesia” a fin de esclarecer su posición sobre el Concilio y disipar toda confusión entre los fieles. En algunos temas, Mons. Schneider profundiza algunas de las reflexiones ya presentadas en su libro-entrevista Christus Vincit: Christ’s Triumph Over the Darkness of the Age.
Mons. Schneider dio la versión oficial del documento en exclusividad a Corrispondenza Romana en italiano, a Correspondencia Romana en español, a The Remnant en inglés y al Blog de Jeanne Smits en francés. Todos los derechos reservados.











