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martes, 12 de mayo de 2026

“¡LA IGLESIA NO PUEDE CAMBIAR LO QUE DIOS MISMO HA REVELADO!”. EL OBISPO JOSEPH E. STRICKLAND ALERTA SOBRE UNA EMERGENCIA EN LA IGLESIA.


 
El obispo estadounidense Joseph E. Strickland publicó un fuerte mensaje advirtiendo sobre lo que considera una grave crisis doctrinal dentro de la Iglesia Católica, tras el reciente informe del Grupo de Estudio 9 del Sínodo sobre la sinodalidad.

En su declaración, el obispo expresó profunda preocupación por los intentos de reinterpretar la enseñanza católica sobre el matrimonio, la sexualidad, el pecado y la ley moral, afirmando que “la Iglesia no puede cambiar lo que Dios mismo ha revelado”.

📖 Esto fue lo que dijo el obispo Joseph E. Strickland:

Una emergencia en la Iglesia.

El reciente informe publicado por el Grupo de Estudio 9 del Sínodo sobre la sinodalidad es profundamente alarmante y contradice directamente la enseñanza constante de la Iglesia Católica sobre la sexualidad humana, el pecado, el matrimonio y la ley moral. 

La Iglesia no puede cambiar lo que Dios mismo ha revelado. 

La Sagrada Escritura habla con claridad sobre el pecado de la sodomía y los actos homosexuales. San Pablo escribe en Romanos 1 que tales actos son «contrarios a la naturaleza», y el Catecismo de la Iglesia Católica enseña claramente que los actos homosexuales son «intrínsecamente desordenados» y «contrarios a la ley natural» (CIC 2357). Esta enseñanza no proviene de prejuicios, política ni costumbres culturales. Proviene de la Revelación Divina, la Sagrada Tradición y el magisterio perenne de la Iglesia. 

Sugerir que el pecado no reside en la relación homosexual en sí misma no es simplemente un lenguaje confuso. Es un ataque directo a la doctrina moral católica y a las propias Escrituras. 

En todas las épocas, la Iglesia está llamada a amar a los pecadores sin bendecir jamás el pecado. La auténtica caridad llama a cada alma al arrepentimiento, la castidad, la santidad y la conversión por medio de Jesucristo. La verdadera pastoral no afirma comportamientos que alejan a las almas de Dios. Un pastor que ve el peligro y guarda silencio no es misericordioso. 

El intento de normalizar o redefinir las relaciones homosexuales dentro de la Iglesia forma parte de un esfuerzo más amplio por transformar el catolicismo en algo más aceptable para el mundo moderno. Pero la Iglesia no pertenece al mundo moderno. La Iglesia pertenece a Jesucristo. 

La destrucción de la doctrina bajo el pretexto de «discernimiento», «escucha» y «experiencia vivida» es uno de los peligros espirituales más graves de nuestro tiempo. La verdad no se determina por la experiencia. La verdad es revelada por Dios. 

Nuestro Señor destruyó Sodoma y Gomorra como advertencia a todas las generaciones contra el grave pecado sexual y la rebelión contra el orden establecido por el Creador. Sin embargo, incluso estas verdades son reinterpretadas y minimizadas por voces dentro de la propia Iglesia. Esto debería causar profunda tristeza y santa alarma entre los fieles. 

Por eso, muchos católicos reconocen cada vez más que estamos viviendo una auténtica emergencia en la vida de la Iglesia. Cuando las verdades morales fundamentales sobre el matrimonio, la sexualidad, el pecado, el arrepentimiento y la salvación se abordan como cuestiones abiertas, la crisis deja de ser teórica. Es una realidad presente y palpable. 

Precisamente acontecimientos como estos han llevado a muchos católicos fieles a concluir que la Iglesia atraviesa una auténtica emergencia doctrinal y pastoral. Cuando verdades que los católicos siempre han considerado establecidas e inmutables se tratan repentinamente como cuestiones de «discernimiento» o reinterpretación, la confusión se extiende rápidamente entre los fieles. 

Este clima de inestabilidad doctrinal también explica en parte por qué grupos como la Sociedad de San Pío X argumentan que son necesarias medidas extraordinarias en nuestros tiempos. Justifican sus consagraciones episcopales planificadas, sin la aprobación explícita de Roma, como respuesta a lo que perciben como una grave emergencia dentro de la propia Iglesia.  

Si bien los católicos pueden debatir sobre la prudencia o las cuestiones canónicas que rodean tales acciones, ningún observador honesto puede negar que declaraciones y documentos como este informe del Sínodo intensifican la crisis y profundizan la preocupación de innumerables fieles católicos en todo el mundo. Cuando voces dentro de la Iglesia cuestionan la Revelación Divina y la enseñanza moral perenne de la Iglesia, la alarma entre los fieles no es ni irracional ni imaginaria. 

Las advertencias de Nuestra Señora de Fátima y de los grandes santos de la era moderna se presentan ahora con mayor urgencia que nunca. Sor Lucía de Fátima escribió que «la batalla final entre el Señor y el reino de Satanás girará en torno al matrimonio y la familia». Estamos presenciando cómo se desarrolla esa batalla ante nuestros ojos. El ataque contra el matrimonio nunca se limita a las relaciones humanas; es un ataque contra Dios Creador, contra el orden de la creación, contra la familia como iglesia doméstica y, en última instancia, contra la salvación de las almas. Cuando se distorsiona el significado del matrimonio, se distorsiona la comprensión del ser humano mismo.  

La confusión que ahora se extiende en algunos sectores de la Iglesia respecto a la sexualidad, el matrimonio y el pecado no refleja la voz de Cristo Esposo, sino la batalla espiritual que la Virgen María advirtió que vendría. Por eso, los fieles deben regresar con renovado fervor a la oración, la penitencia, el Rosario, la devoción eucarística y la fidelidad a las verdades transmitidas a lo largo de los siglos. En Fátima, la Virgen María no llamó al mundo a adaptarse a los errores modernos, sino al arrepentimiento, la conversión y la reparación.  

Como pastor, hago un llamado hoy a todos los fieles a permanecer fieles a Cristo, a la Sagrada Tradición, al Magisterio perenne y a las verdades que la Iglesia siempre ha enseñado. Ningún sínodo, comité, grupo de estudio ni iniciativa eclesiástica tiene autoridad para anular la ley de Dios. 

Debemos orar y hacer penitencia por la Iglesia. Debemos orar por quienes promueven la confusión, para que regresen plenamente a la verdad confiada a los Apóstoles. Y debemos pedir al Espíritu Santo que suscite pastores con el valor de hablar con claridad en defensa de la fe católica, sin importar el costo. 

“Nuestro Señor Jesucristo, que es la Verdad misma, no se contradice. Lo que fue pecado ayer no puede ser santo hoy.” 

Que la Santísima Virgen María, Destructora de las Herejías, interceda por la Iglesia en esta hora oscura. 

Obispo Joseph E. Strickland

martes, 14 de noviembre de 2023

MONS. SCHNEIDER EN DEFENSA DE MONS. STRICKLAND


«El único oficio que ahora acarrea severos castigos es el de custodiar fielmente las tradiciones de los Padres.» Estas palabras de San Basilio (Ep.243) ilustran magníficamente la destitución del obispo de la ciudad estadounidense de Tyler (Texas), monseñor Joseph E. Strickland. La destitución de S.E. Joseph Tyler ha supuesto un día aciago para la Iglesia Católica de hoy. Asistimos a una injusticia descarada para con un prelado que cumplía con su deber predicar y defender con parresía las inmutables fe y moral católicas y promover el carácter sagrado de la liturgia, en particular lo relativo al inmemorial rito tradicional de la Misa. Todo el mundo entiende, incluidos los enemigos declarados de este obispo confesor, que las acusaciones contra él presentadas carecen de todo fundamento y son desproporcionadas, y que no han sido sino un pretexto muy oportuno para silenciar a una incómoda voz profética dentro de la Iglesia.

En nuestros días ha vuelto a suceder lo mismo que les pasaba a los obispos durante la crisis arriana del siglo IV, que eran depuestos y desterrados por tan solo predicar valerosamente la Fe católica tradicional. Y mientras tanto, a varios prelados que apoyan públicamente herejías, abusos litúrgicos y la ideología de género, y que animan sin rebozo a sus sacerdotes a bendecir parejas del mismo sexo, la Santa Sede no les amonesta ni sanciona en modo alguno.

Sin duda, monseñor Strickland pasará a la historia como al Atanasio de la Iglesia de los EE.U. Con la diferencia de que, al contrario de San Atanasio, no lo persiguen las autoridades seculares sino –parece mentira– el propio Papa. Se diría que desde hace un tiempo está teniendo lugar una purga de obispos fieles a la Fe y la doctrina católicas, que son inalterables, y esta purga ha llegado a una fase decisiva.

Ojalá el sacrificio que ha pedido el Señor a monseñor Strickland rinda numerosos frutos espirituales en el tiempo y en la eternidad. Tanto monseñor Strickland como otros fieles prelados a quienes ya se ha pedido que presenten su dimisión y se les ha condenado al ostracismo, o bien serán los siguientes, deberían plantear con toda sinceridad al papa Francisco: «Santo Padre, ¿por qué nos persigue y fustiga, si hemos procurado hacer lo que nos habían pedido los santos pontífices? Con amor fraternal ofrecemos el sacrificio de esta persecución y exilio en aras de la salvación de vuestra alma y por el bien de la santa Iglesia de Roma. ¡Ciertamente somos sus mejores amigos, Santo Padre!»

+Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Santa María de Astaná

13 de noviembre de 2023 

Visto en Adelante la Fe

 

viernes, 15 de septiembre de 2023

IMPORTANTE CARTA DE MONS. ATANASIO SCHNEIDER A MONS. JOSEPH STRICKLAND


¡Alabado sea Jesucristo!

Su Excelencia, Obispo Strickland, querido y estimado hermano en el episcopado,

Es para mí un privilegio y una alegría expresarles a todos mi gratitud y aprecio por tu valiente dedicación a mantener, transmitir y defender sin compromisos la fe católica, que los apóstoles entregaron a la Iglesia y con la que todas las generaciones de católicos, especialmente nuestros antepasados, nuestros padres y madres, nuestros sacerdotes y religiosas catequistas, fueron alimentados. En verdad, podemos aplicarte, querido Obispo Strickland, lo que San Basilio dijo en su tiempo:

«La acusación que ahora seguramente asegurará un castigo severo es el cuidado en la preservación de las tradiciones de los Padres» (Ep. 243).

Permítanme compartir con ustedes las siguientes palabras muy oportunas del mismo gran y santo obispo:

«Las doctrinas de la verdadera religión están derrocadas. Las leyes de la Iglesia están en confusión. La ambición de hombres que no temen a Dios se apresura a ocupar altos cargos en la Iglesia, y el cargo elevado ahora es conocido públicamente como el premio de la impiedad. El resultado es que cuanto más blasfema un hombre, más apto lo considera la gente para ser obispo. La dignidad clerical es cosa del pasado. Hay una completa falta de hombres que pastoreen el rebaño del Señor con conocimiento. Los eclesiásticos en autoridad tienen miedo de hablar, ya que aquellos que han alcanzado el poder por interés humano son esclavos de aquellos a quienes deben su avance. La fe es incierta; las almas están empapadas en la ignorancia porque los adulteradores de la palabra imitan la verdad. Las bocas de los verdaderos creyentes están mudas, mientras que cada lengua blasfema ondea libremente; las cosas sagradas son pisoteadas». (Ep. 92)

Vivimos de hecho en un tiempo como el descrito por San Basilio con una sorprendente similitud.

Las palabras de San Basilio en su Carta al Papa San Dámaso, en la que pedía la ayuda y la eficaz intervención del papa, son completamente aplicables a nuestra situación hoy:

«La sabiduría de este mundo gana los mayores premios en la Iglesia y ha rechazado la gloria de la cruz. Los pastores son desterrados, y en su lugar se introducen lobos feroces que apresuran al rebaño de Cristo. Las casas de oración no tienen a nadie para reunirse en ellas; los lugares desiertos están llenos de multitudes que lamentan. Los ancianos lamentan cuando comparan el presente con el pasado. Los jóvenes son aún más dignos de compasión, porque no saben de lo que han sido privados». (Ep. 90)

Querido Obispo Strickland, a diferencia de San Basilio, quien se dirigió al Papa Dámaso, lamentablemente no tienes la verdadera oportunidad de dirigirte al Papa Francisco para que te ayude a mantener celosamente las sagradas tradiciones del pasado. Por el contrario, la Santa Sede te somete ahora a escrutinio y te amenaza con intimidaciones y privación del cuidado episcopal de tu rebaño en Tyler, básicamente por una única razón: que, al igual que San Basilio, San Atanasio y muchos otros obispos confesores a lo largo de la historia, mantienes las tradiciones de los Padres; solo porque no silencias la verdad, solo porque no te comportas como no pocos obispos de nuestro tiempo, quienes, utilizando las palabras de San Gregorio de Nazianzo, «sirven a los tiempos y demandas de las masas, dejando su barco a merced del viento que sople en ese momento, y como camaleones, saben darle muchos colores a sus palabras» (De vita sua (Carmina) 2, 11).

Sin embargo, querido Obispo Strickland, tienes la fortuna de que todos los papas del pasado, todos los valientes obispos confesores del pasado, todos los mártires católicos, quienes, en palabras de Santa Teresa de Ávila, estaban «dispuestos a sufrir mil muertes por cada artículo del credo» (La Vida de Teresa de Jesús, 25:12), te están apoyando y alentando. Además, los más pequeños en la Iglesia oran por ti y te apoyan; son un creciente, aunque pequeño, ejército de fieles laicos, tanto en Estados Unidos como en todo el mundo, que fueron puestos en la periferia por altos dignatarios de la Iglesia, incluso en el Vaticano, cuyas principales preocupaciones parecen ser complacer al mundo y promover su agenda naturalista y la aprobación del pecado de la actividad homosexual bajo el pretexto de la bienvenida e inclusión.

Querido Obispo Strickland, gracias por estar decidido «a servir al Señor y no al tiempo», como en su momento exhortó San Atanasio a los obispos (Ep. ad Dracontium). Oro para que más obispos en nuestros días, como tú, alcen su voz en defensa de la Fe Católica, proporcionando así el alimento espiritual y consuelo para muchos católicos que a menudo se sienten abandonados como huérfanos.

Seguramente, los futuros papas te agradecerán por tu valiente fidelidad a la Fe Católica y a sus sagradas tradiciones, con lo cual contribuiste al honor de la Sede Apostólica, que en parte se vio oscurecida y manchada por nuestro tiempo desfavorable.

San José, tu patrón, el «buen y fiel siervo», esté siempre a tu lado, y la Bienaventurada Virgen María, nuestra dulce Madre celestial, la destructora de todas las herejías, sea tu fuerza y refugio.

Con profundo respeto, unidos en la santa batalla por la Fe y en oración,

Mons. Atanasio Schneider 

Agosto 2 de 2023.


Publicado en InfoCatólica