jueves, 12 de diciembre de 2024

¿A DÓNDE VAS, SEÑORA?



 La Madre de Dios sale de su cielo llena de majestad. Un querubín la trae en sus alas, en unas alas de variados colores, semejantes a las de las aves de México. Millones de millones de ángeles la preceden formados en inmensos escuadrones. Las músicas celestiales resuenan en los ámbitos del universo y los Ángeles de la América entonan la marcha de la redención: ese canto de que nos habla David en el salmo 110: Redemptionem missit populo suo (mandó la redención a su pueblo).

A su paso los astros que pueblan la inmensidad del firmamento se inclinan ante la primogénita de las criaturas. Baja el sol a cubrirla con sus rayos y las estrellas vienen a engalanar su manto verde-mar... No la preceden el rayo y el relámpago, como en otros tiempos al Dios del Sinaí; sino la luna, señal de paz y de alianza, de la alianza que viene a celebrar con un pueblo que será suyo para siempre.

Los coros angélicos se preguntan asombrados: Quae est ista?  '¿Quién es esa Virgen hermosísima,  cuya tez es morena y cuyos cabellos son negros como los de las hijas de Cuauhtémoc y de Moctezuma? ¿Cuyo talle es esbelto como las palmas de Anáhuac y cuyos ojos son castos como los de las palomas de nuestros lagos?'

Ellos preguntan: '¿A dónde vas, Señora? ¿Vas a Roma, la Ciudad Eterna? y María les responde: 'No'  -¿Vas a Grecia, la antigua patria de las ciencias y de las bellas artes?' -'No' -'¿Vas a España, la señora de los mares, la más rica del mundo?' -'No'- '¿Vas a Jerusalén, esa hermosa cautiva, antes cantada por David y Salomón y ahora con sus cabellos destrenzados y su frente en el polvo?'

-'¿Vas a Nazareth, vas al Monte Carmelo, tu antigua y querida morada?'

'No. Voy a un rincón desconocido del mundo, que se llamará México. Voy a la nación sencilla de los Opatas, que habitan en Sonora bajo tiendas de pieles de cíbolo, y a la nación de los Huaxtecas, que viven en chozas de paja, bajo las palmeras del Potosí. Voy a la nación de los Otomites, que no tienen casas y que duermen en hamacas, como las calandrias cuelgan sus nidos en forma de red de los sabinos de Querétaro. Voy a la nación de los Tarascos, que ejercen sus artes mecánicas en Michoacán y en la Sierra de Guanajuato. Voy a la nación de los Aztecas, que habitan en las lagunas de Tenochtitlan, en Zacatecas, Jalisco y Colima, que al son de su tamboril y de su teponahuaxtli y en el más dulce de los idiomas me cantarán los loores del Testamento Nuevo.

'Voy a la nación de los Totonacas, que son blancos, habitan en la falda del Orizaba y de Acultzingo, y usan de la circunsición, como aquellos israelitas llevados cautivos por Salmanazar, que se perdieron en los hielos de la Rusia. Voy a la nación de los Mixtecas, que en Oaxaca edifican templos al estilo etrusco y cultivan la grana, más preciosa que el múrice de los griegos. Voy a la nación de los Chiapanecas, que viven en Chiapas, que dicen ser los pobladores del Nuevo Mundo y descender de un venerable anciano que fabricó una barca muy grande para salvarse a sí mismo y a su familia en una inundación del mundo. Voy a la nación de los Chichimecas, que viven en míseras barracas de Jalostitlán, Teocaltiche y Comanja.

'De todas estas y otras muchas naciones de diversos idiomas, costumbres, creencias y gobiernos, voy a formar una sola familia: una cosa muy grande, muy santa, muy querida que se llama la Patria; y yo seré la Protectora y la Madre de esa nueva Patria. Llevo retratados en las niñas de mis ojos a todos los mexicanos; llevo todos sus pesares en mi corazón y sus nombres escritos en mi mano derecha. Voy a rescatar sus almas del pecado y sus cuerpos del embrutecimiento.

'No habitaré en los palacios de mármol de Venecia, ni en los jardines de la Alhambra de Granada, sino en un árido monte. Viviré sobre las rocas como la paloma, para orar y conmover al Eterno en favor de este mi pueblo hasta hoy errante y desgraciado. No voy a hablar con Carlos V ni con Francisco I, sino con un indio, que no tiene más que un tosco ayate, fruto del iztle de sus campos. En ese ayate, que es la cuna de sus hijos, estamparé mi semblante. Y este semblante, que venerarán extáticos, será la prenda que dejaré a los mexicanos de mi eterno amor".


miércoles, 11 de diciembre de 2024

LA DIFERENCIA ENTRE LA EDAD MEDIA Y LA EDAD MODERNA ES LA FE EN DIOS


Todo el contraste que existe entre la Edad Media, que buscó las primeras causas, y la era moderna, que persigue las causas secundarias, se ejemplifica en el arte: en la Edad Medía, ningún escultor grabó jamás su nombre en una escultura; y la razón fue que trabajó para Dios; y reconoció que era de Dios quien le dio la capacidad de esculpir, y la mente de un artista; y cuando dejó su obra anónimamente, fue a Dios, la primera causa, quien trajo el crédito. Hoy en día, el escultor graba su nombre en el mármol, porque trabaja para el hombre, y se ha olvidado de la Primera Causa, la Causa de todas las causas, que es Dios. (... )

El arte medieval es el arte de una humanidad redentora. Está arraigada en el alma cristiana, en la orilla de aguas vivas, bajo el cielo de virtudes teológicas, y entre los dulces malvaviscos de los siete dones del Espíritu Santo. Porque en la Edad Media no se trataba de hacer arte cristiano, sino de ser cristianos. Si fueras cristiano, tu arte era cristiano. Si creyeras en los dogmas eternos, tu arte expresaría verdades eternas. El artista medieval solía decir: "Si quieres tallar cosas de Cristo, debes vivir con Cristo. "Para el hombre medieval, el arte requiere calma y meditación en lugar de emoción y motocicletas febril. La historia nos cuenta que el Bendito Angélico lloró mientras pintaba la "Crucifixión" que se encuentra hoy en el Convento de San Marco en Florencia.

(Fulton J. Sheen, de "Verdad y mentiras: una crítica profética del pensamiento moderno" ediciones Mimep)


lunes, 9 de diciembre de 2024

LA «IGLESIA» DE LA MENTIRA, DESDE QUE NACEMOS HASTA LA SEPULTURA


Por Miguel Ángel Yáñez.

«No habitará dentro de mi casa el hombre doble, y el mentiroso no durará en mi presencia». Del Libro de los Salmos, 100-7.

La mentira empapa hoy todo lo que nos rodea, ha calado en [...] los fieles. Poco, muy poco, se salva de la aguachina, parecería que vivimos en una gigantesca burbuja de la que es imposible escapar. Existe una iglesia de la mentira [la falsa iglesia sobre la que nos advierte la Sagrada Escritura] que se contrapone hoy abrumadoramente a la Iglesia de la Verdad.

Nada más nacer mienten muchos delante de sus hijos, cuando padres y/o padrinos juran ante lo más sagrado educar y custodiar la Fe del infante… sin tener la menor intención de hacerlo, y con el único fin de usar el templo sagrado y la ceremonia como antesala de una fiesta privada de presentación de su nuevo hijo. Por si quedara alguna duda, previamente el párroco ya nos ha aleccionado sobre el nuevo Bautismo, nada de pecado original, es una fiesta de bienvenida.

En cuanto nos enseñan a rezar nos mienten, enseñándonos un Padre nuestro en el que se han falsificado las propias palabras de Jesucristo… ¿cabe atrevimiento mayor?

Nos engañan cuando vamos a la catequesis, instruyéndonos en un cristianismo ajeno a la verdad católica, a la vida sacramental auténtica y a las obligaciones morales… sustituyéndolo por una vaga enseñanza humanista e histórica de Cristo, con nulas obligaciones morales. Eso sí, zarandajas mil que no falten, desde pintar barcas, hacer teatro, a recordarnos el urbanismo y a ser «buenos» con el medio ambiente, pero los niños terminan y no saben ni hacer un acto de contrición. Los padres de mientras se lavan por completo las manos sin asumir que no es el «catequista», sino que son ellos los principales responsables de formar cristianamente a sus hijos.

Nos mienten en nuestra primera comunión, cuando muchos padres llevan a sus hijos a la catequesis, no por interés en que sean catequizados, sino como un mero trámite para que el párroco de turno les permita celebrar el inicio de su fiestecita de «puesta de largo»… horas y más horas preparando convites y ni una sola en ver qué formación tiene el niño. Tras la comunión no vuelve a aparecerse por la Iglesia. ¡Un aplauso a la congruencia!

Nos timan en todo tipo de grupos «católicos», parroquiales, coros, de oración, renovaciones, comunidades… donde finalmente se estimula de todo, menos una verdadera vida sacramental y moral acorde con la doctrina tradicional de la Iglesia, y donde no se promueve la debida adoración y respeto al más «débil», a Jesús Eucarístico.

Falsifican el noviazgo, cuando los padres no enseñan los valores del compromiso cristiano, y lo reducen todo a la búsqueda de los perfectos atributos físicos, económicos y de carácter, pero excluyendo la espiritualidad y valores cristianos, tolerando, aprobando y aplaudiendo todas las inmoralidades patentes que cometen los hijos en sus propias narices… los padres apostatan para justificar la apostasía de los hijos.

Nos mienten cuando nos casamos, vendiéndonos el matrimonio como una barra libre de la concupiscencia, donde los hijos son un objeto a estudiar y diseccionar rechazando la plena entrega y confianza en el Plan de Dios… paternidad responsable.

Se burlan de nosotros cuando vamos a Misa, asistiendo a una ceremonia en la que se ha camuflado, escamoteado, escondido, la realidad sacrificial de la Santa Misa para hacernos creer que es una cena de oración fraterna… nos quieren vender azúcar envuelta en un paquete de sal.

Nos estafan con la doctrina, cuando pretenden hacer pasar por católico lo que no es más que pura apostasía… 

La Sociedad pretende no ya engañarnos, sino que mintamos nosotros, cuando quieren que a un hombre le llamemos mujer, que a una mujer le llamemos hombre, que a la sodomía le llamemos orientación, que lo anormal y aberrante sea llamado normal y opción.

Nos vemos obligados a consensuar con el engaño, cuando hay que disimular, callar, no decir para no ofender, la riada de disparates, apostasías, inmoralidades y actos irracionales que no paramos de ver en casi todo y todos los que nos rodean: concubinatos, adulterios, divorcios, inmoralidad, abortos, juego con la vida embrionaria…

Nos engañan incluso cuando fallecemos, cuando dicen a todos los que asisten a nuestro funeral que ya estamos en el cielo, cuando lo más probable es que, en el mejor de los casos, estemos en el purgatorio esperando que alguien rece por nosotros para aliviarnos… pero nadie lo hace, porque un desalmado con casulla se ha encargado de decir a todos que no hace falta, ya que estoy salvado.

Nos mienten desde que nacemos hasta la muerte y, lo que es peor, pretenden obligarnos a mentir. Nos quieren hacer creer que vivimos en un cuento de hadas, cuando es de terror, aunque envuelto en una gigantesca sonrisa. Pero no lo olviden, a Dios no podremos mentirle. Él está rodando la película de nuestras vidas, a cámara muuuuy lenta, con todo tipo de detalles, y nos pedirá cuenta no sólo por lo que hemos hecho, sino por lo que hemos dejado de hacer… y decir.

¿Quién no es cómplice de esta gran mentira en mayor o menor medida? La crisis de la Iglesia y de la sociedad es, sobre todo, una crisis de Santos, de valientes.

El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

domingo, 8 de diciembre de 2024

A JESÚS CRUCIFICADO


Miradme, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado ante vuestra Santísima presencia; os ruego con el mayor fervor y compasión de que soy capaz imprimáis en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad. Verdadero dolor de mis pecados, propósito firmísimo de jamás ofenderos. Mientras que yo, con todo el amor de que soy capaz voy considerando vuestra cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de Vos, oh buen Jesús, el santo profeta David: ¡«Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos.»

sábado, 7 de diciembre de 2024

A LA INMACULADA CONCEPCIÓN

 

Con aplauso general

todos canten a porfía:

Sois concebida, María,

sin pecado original.

Voz de júbilo resuena

en la eterna ciudad santa,

voz de júbilo levanta

la Iglesia

de emoción llena:

¿A quién, Virgen, no enajena

tu pureza divinal?

Con aplauso general.....


Viva la Purísima Concepción!

 

jueves, 5 de diciembre de 2024

LA ESTRATEGIA: AL AGUA PURA AGREGAN UNAS GOTAS DE VENENO


«Dice San Eutimio: “Cristo nos enseñó a no creer nunca a los demonios, aun cuando lo que digan sea verdad. Porque como ellos aman la falsedad, y son hostilísimos hacia nosotros, nunca hablan la verdad sino para engañar. Ellos usan la verdad como si fuera un anzuelo”. Porque, como los mentirosos que son, ellos ocultan y disfrazan sus mentiras bajo color de verdad. Al comienzo dicen algunas cosas que son verdaderas, y después entretejen con ellas lo que es falso, para que aquellos que han creído a lo primero puedan creer también a lo último. Por esta razón San Pablo expulsó al espíritu pitónico que lo alababa (Hechos XVI, 18)»

 PADRE CORNELIO ALÁPIDE SJ, Comentario sobre San Marcos I, 25.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

IDEA DE LA MUERTE, del caballero cristiano – Por Manuel García Morente.


   En la idea que el caballero cristiano tiene de la muerte puede condensarse el conjunto de su percepción y actitud ante la vida. Porque una de las cosas que más y mejor definen a los hombres es su relación con la muerte. El animal difiere esencialmente del hombre en que nada sabe de la muerte. Ahora bien; las concepciones que el hombre se ha formado de la muerte pueden reducirse a dos tipos: aquellas para las cuales la muerte es término o fin y aquellas para las cuales la muerte es comienzo o principio. Hay hombres que consideran la muerte como la terminación de la vida. Para esos hombres, la vida es esta vida que ellos ahora viven y de la cual tienen una intuición inmediata, plena e inequívoca. La muerte no es, pues, sino la negación de esa realidad inmediata. ¿Qué hay allende la muerte? ¡Ah! Ni lo saben ni quieren saberlo; no hay probablemente nada, según ellos, y sobre todo, no vale la pena cavilar lo que haya, puesto que es imposible de todo punto averiguarlo.

   El otro grupo de hombres, en cambio, ven en la muerte un comienzo, la iniciación de una vida más verdaderamente vida, la vida eterna. La muerte, para éstos, no cierra, sino que abre. No es negación, sino afirmación, y el momento en que empiezan a cumplirse todas las esperanzas. El caballero cristiano, porque es cristiano y porque es caballero, está resueltamente adscrito a este segundo grupo, al de los hombres que conciben la muerte como aurora y no como ocaso. Mas ¿qué consecuencias se derivan de esta concepción de la muerte? En primer lugar, una concepción correspondiente y pareja de la vida. Porque es claro que para quien la muerte sea el término y fin de la vida, habrá de ser la vida algo supremamente positivo, lo más positivo que existe y el máximo valor de cuantos valores hay reales. En cambio, el hombre que en la muerte vea el comienzo de la vida eterna, de la verdadera vida, tendrá que considerar esta vida humana terrestre —la vida que la muerte suprime— como un mero tránsito o paso o preparación efímera para la otra vida decisiva y eterna. Tendrá, pues, esta vida un valor subalterno, subordinado, condicionado, inferior. Y así, los primeros se dispondrán a hacer su estada en la vida lo más sabrosa, gustosa y perfecta posible, mientras que los segundos estarán principalmente gobernados por la idea de hacer converger todo en la vida hacia la otra vida, hacia la vida eterna.

   Para el caballero cristiano, la vida no es sino la preparación de la muerte, el corredor estrecho que conduce a la vida eterna, un simple tránsito, cuanto más breve mejor, hacia el portalón que se abre sobre el infinito y la eternidad. El “muero porque no muero” de Santa Teresa expresa perfectamente este sentimiento de la vida imperfecta. En cambio, hay colectividades humanas que han propendido y propenden más bien a hacerse una idea positiva de la vida terrestre. Ven la vida como algo estante, duradero —aunque no perdurable—, que merece toda nuestra atención y todos nuestros cuidados. Esos pueblos, que saben paladear la douceur de vivre, cuidan bien de aderezar y realzar las formas diversas de nuestra vida terrenal; aplican su espíritu y su esfuerzo a cultivar la vida; convierten, por ejemplo, la comida en un arte, el comercio humano en un sistema de refinados deleites y la hondura santa del amor en una complicada red de sutilezas delicadas. Son gentes que aman la vida por sí misma y le dan un valor en sí misma, y la visten, la peinan, la perfuman, la engalanan, la envuelven en músicas y en retóricas, la sublimizan; en suma, le tributan el culto supremo que se tributa a un valor supremo.

   Pero el caballero cristiano siente en el fondo de su alma asco y desdén por toda esta adoración de la vida. El caballero cristiano ofrenda su vida a algo muy superior, a algo que justamente empieza cuando la vida acaba y cuando la muerte abre las doradas puertas del infinito y de la eternidad. La vida del caballero cristiano no vale la pena de que se la acicale, vista y perfume. No vale nada, o vale sólo en tanto en cuanto que se pone al servicio del valor eterno. Es fatiga, y labor, y pelear duro, y sufrimiento paciente, y esperanza anhelosa. El caballero quiere para sí todos los trabajos en esta vida, justamente porque esta vida no es lugar de estar, sino tránsito a la eternidad.

   Y así, la concepción de la muerte como acceso a la vida eterna descalifica o desvaloriza, para el caballero cristiano, esta vida terrestre, y la reduce a mero paso o tránsito, harto largo, ¡ay!, para nuestros anhelos de eternidad. Y esta manera de considerar la muerte y la vida viene a dar la razón, en último término, de las particularidades que ya hemos enumerado en el carácter del caballero español. En efecto, un, tránsito o paso no vale por sí mismo, sino sólo por aquello a que da acceso. Así, la vida del caballero no vale por sí misma, sino por el fin ideal a cuyo servicio el caballero ha puesto su brazo de paladín. Así, el caballero despreciará como mezquina toda adhesión a las cosas y cultivará en sí mismo la grandeza, o sea la conciencia de su dedicación a una gran obra. Así, el caballero será valiente y arrojado; lejos de temer a la muerte, la aceptará con alegría, porque ve en ella el ingreso en la vida eterna. El caballero no será servil; y en la vida, nada, sino su ideal eterno, le parecerá digno de aprecio. El caballero vivirá sustentado en su fe más bien que en los cómputos de la razón y de la experiencia en esta vida. Afirmará su personalidad ideal, la que ha de vivir en lo eterno, ocultando pudorosamente y con vergüenza la individualidad real, manchada por el pecado, que sería deshonroso exhibir. En suma, el caballero cristiano extrae la serie toda de sus virtudes —y defectos— de su concepción de la muerte y de la vida. Porque subordina toda la vida a lo que empieza después de la muerte.


“IDEA DE LA HISPANIDAD”

martes, 3 de diciembre de 2024

EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA TIENE UN VALOR INFINITO


"Toda la gloria que han tributado a Dios los respetuosos obsequios de todos los coros angélicos, las virtudes, penitencias, martirios y demás obras buenas de los hombres, no pueden entrar en parangón con la que resulta al Señor de una sola Santa Misa; porque todos los honores que provienen de las criaturas tienen un cierto límite, pero la honra que a Dios resulta del Santo Sacrificio del altar, es infinita por derivar directamente de una persona divina".

San Alfonso María de Ligorio