lunes, 6 de abril de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN
Este examen es para aquellos que, amando a Cristo, no se conforman con evitar pecados graves, sino que desean amarle con todo el corazón.
Puede complementarse con este otro:
Amarás a Dios sobre todas las cosas (Primer mandamiento).
No tomarás el nombre de Dios en vano. (Segundo Mandamiento)
¿He amado a Dios sobre TODO?.
-¿A quién (que) le he dado la mayor atención?
-¿He hecho de mi familia, trabajo, apostolados, programas, ideas u otras cosas buenas mi primer amor?
-¿Se en la práctica lo que es confiar en el amor y el poder de Dios?
-¿Le confío todo a Dios o ando queriendo hacerlo yo solo?
-¿Confío en Dios cuando todo parece ir mal?
-¿He caído en superstición u otra práctica religiosa ajena al cristianismo?
Oración Diaria
Cómo ha sido diariamente mi:
-¿Tiempo personal con Dios; liturgia de las horas; oración familiar?
-¿He alabado a Dios; le he dado gracias o me he quejado?
-¿Intercedo por mi familia, grupo, Iglesia, por el mundo?
-¿He orado con el corazón, abierto al Espíritu Santo?
-¿Tomo tiempo para discernir?
-¿Se lo que es esperar al Señor, escucharlo? -¿Lo he hecho?
-¿Cuándo me da alguna enseñanza la guardo en mi corazón y busco profundizarla?
-¿Incluyo a mi esposo/a (u otra persona formada y prudente) en mi discernimiento o solo les informo?; -¿Escucho, obedezco y respeto a los que tienen legitima autoridad sobre mi (leyes justas, jefes, etc.)?.
-¿Qué criterios tengo para determinar si algo que quiero hacer es del Espíritu Santo o es mío?,-¿Me parece importante tener y seguir siempre esos criterios?
-¿Uso los dones que Dios me dio para su gloria?
-¿Estoy abierto a recibir nuevos dones según Dios disponga?
-¿He sido legalista (haciendo solo lo necesario para cumplir) o vivo mi fe en el Espíritu
entregándome con todo el corazón?
Obediencia
-¿Busco conocer en la oración la voluntad de Dios para mi vida?
-¿Obedezco la enseñanza del magisterio o interpreto a mi manera?
-¿Qué motiva mi vida, la voluntad de Dios o mis propios "buenos" planes (mi voluntad).
-¿Le permito a Dios guiarme o le "entrego" los planes ya hechos para que los bendiga?.
-¿Mis gustos, criterios, dudas, confusiones, pensamientos, actitudes y valores -en que instancias no han estado bajo el Señor?
-¿En mis gustos, mis criterios, miedos, dudas, confusiones...
Estudio
-¿Estudio mi fe católica (Biblia, magisterio, libros sólidos) o me contento con mi propio modo de entender a Dios?, ¿Estoy avanzando en mi formación como debo?.
-¿Qué pasos prácticos doy para formarme en la fe?
Orden y Prioridades
-¿Mi tiempo responde a las prioridades de Dios o a las presiones de cualquier persona u ocasión para `quedar bien'?); ¿Interpreto lo que hago en la perspectiva de la vida eterna?; ¿Reflexiono sobre mi muerte; sobre el juicio final?
-¿Tengo prioridades claras y soy firme para vivirlas? ¿Pierdo el tiempo (revistas, programas, etc.) que no edifican?
-¿Tengo un horario y organizo el día con disciplina, dando tiempo a cada área con sabiduría: oración, familia, trabajo...?; ¿En que me he desordenado? ¿Me quedo en algo que me gusta sabiendo que es hora de hacer otra cosa?
-¿Respeto el tiempo y necesidades de otros: cuando busco ayuda, en el teléfono, etc..?
-¿Cuido la salud; tengo algún vicio, falta de ejercicio, descanso, alimentación... Me cuido demasiado?
Santificarás el día del Señor. (Tercer Mandamiento)
¿Guardo el día del Señor para el Señor o trabajo innecesariamente ese día?
-¿Voy a misa todos los domingos?;¿He adorado y puesto todo mi corazón en Cristo Eucarístico que me espera en el sagrario?
-¿Lo he amado y consolado por tanto que se le ofende?
-¿Voy a misa diaria si puedo?; ¿he recibido con preparación al Señor?
La Cruz
-¿He meditado ante la cruz?; ¿busco su poder transformador y su sabiduría?; ¿como se manifiesta en mi vida?
-¿Pido a Dios la gracia de amar la cruz?
-¿Me he salido de la voluntad de Dios por evitar la cruz?
-¿Uno mi cruz a la de Cristo?: problemas, enfermedades, responsabilidades, personas, mi edad, mi vocación...
-¿Busco la satisfacción de todas mis necesidades físicas y emocionales o se mortificarme por amor a Jesús?.
-¿Me uno a la cruz del que sufre?; ¿Me sacrifico para amar?.
Confesión
-¿Rechazo el pecado aunque este sea aceptable según la cultura?; ¿He pensado o actuado ligeramente como si la rectitud de los santos es "exageración"?
-¿He evitado la ocasión de pecado: ambientes, programas, malas amistades...?
-¿Busco que Dios me enseñe mi pecado (también pecados viejos y olvidados)?.
-¿Reconozco y reparo con responsabilidad mis pecados y faltas o me justifico?
-¿Cuándo me corrigen, lo agradezco?.
-¿Cuándo fue mi última confesión?, ¿Minimicé el pecado por pena?; ¿han habido cambios?.
-¿Hice una confesión completa o escondí algo?
-¿Hay algo (hábito, herida, complejo) que el enemigo usa para su provecho?; ¿Qué hago para permitirle a Dios que me libere?
-¿Debo reconciliarme con alguien y no lo he hecho?
María
-¿Me he consagrado a Ella y, si lo he hecho, vivo mi consagración plenamente? -¿Cómo?
-¿Acepto su cuidado maternal?; Me dejo formar por ella? -¿Cómo?.
-¿Recurro a ella en oración, medito su vida?.
Relaciones con otros
-¿Están todas mis relaciones a la luz del Señor: amorosas, castas, sanas y sinceras?
-¿Guardo odios o enemistades?
-Peleas, rivalidades, violencias, ambiciones, discordias, sectarismo, disensiones, envidias, ebriedades
-¿He sido fiel a los compromisos con mis hermanos y con otros?; ¿Estoy creciendo en estos compromisos?
-¿Soy confiable en el hogar, grupo, trabajo...?; -¿Cumplo mis promesas, compromisos, guardo confidencialidad?
-¿Busco la unidad en el Señor? (Fil. 2, 1-11, 1 Cor. 10,17)
-¿Soy servicial?
-¿Soy atento sin ser curioso?
-¿Soy prudente en lo que hablo y como actúo?
-¿Soy agradecido por el servicio de rutina que recibo?
En el Hogar
Honrarás a tu padre y a tu madre (Cuarto mandamiento).
-¿Obedezco, cuido y honro a mis padres según mi edad y sus necesidades?
-¿Pongo malas caras?
-¿Doy tiempo a la familia?; ¿Cenar juntos?; ¿Diversiones?
-¿Hospitalidad?
-¿Relación con hermanos?
-¿Responsabilidad en los estudios?
-¿Ayuda económica al hogar según necesidad?
Casados: (además de lo mencionado)
-¿Protejo mi casa y los míos de las malas influencias del ambiente? ¿Cómo?
-¿He manipulado con mis estados de ánimo y enfados para que se haga lo que quiero?
-¿Permito que otros (padres, amigos) manipulen o se antepongan al matrimonio? .
-¿Honro y respeto a mi esposo/a en todo momento?
-¿He compartido con mi esposo/a la visión para la familia?; ¿le escucho con interés?;
- ¿Evito metódos artificiales anticonceptivos y cumplo el plan de Dios sobre la sexualidad?
-¿Le expreso amor, cariño y respeto a mi esposo/a?;
-¿Con mis hijos?
-¿Detecto los problemas y los enfrento con sabiduría?
-¿Qué medidas tomo para que mi casa sea un hogar?
-¿Soy responsable y ordenado con la economía?; ¿Les ayudo para que puedan orar, estudiar, descansar, ir a su grupo, cumplir sus responsabilidades?
Formación: de los hijos: ¿comparto con ellos, enseño y guío?, ¿escucho?, ¿disciplino con sabiduría?; ¿les doy buena educación para ser buenos cristianos?
No matarás. (Quinto Mandamiento).
¿De algún modo he matado o atentado contra la vida? (ej.: apoyo o participación en aborto, suicidio, conducir sin cuidado, actos irresponsables que ponen una vida en peligro, agresión, violencia, etc.? ¿He atentado contra la dignidad de alguien?.
No cometerás actos impuros. (no adulterio, no fornicación) (Sexto Mandamiento)
-¿He buscado afectividad fuera del orden del Señor?
-¿Como distingo entre sentimentalismo y una auténtica relación de amor entre hermanos?; ¿Me relaciono según mi estado de ánimo o lo que edifica en el amor?
-¿Fantasias o actos impuros, conmigo mismo o con otros?
-¿Chistes, programas, actitud seductora, inmodestia en vestir?
-¿Obedezco el plan de Dios para la sexualidad en mi estado de vida?
No robarás (Séptimo mandamiento).
-¿De algún modo he robado?
¿Descuidando o no devolviendo propiedad ajena o común)?
¿Me aprovecho de mi puesto para beneficio personal?
Al Hablar
No levantarás falsos testimonios ni mentirás (Octavo Mandamiento)
-¿Quién inspira mis palabras: Dios o mi ego?¿He querido dar mi opinión en todo?
-¿Digo la verdad?; ¿He revelado secretos; He juzgado (o chismeado)?
-¿Me he quejado buscando conmiseración o desahogo?
-¿He puesto mi atención a lo indebido
-¿He hablado lo que no edifica: chistes con groserías, hirientes a una raza, nacionalidad, etc.?
Obras de Misericordia
-Corporales: solidaridad con enfermos/ hambrientos/ sedientos/presos/ desnudos/ forasteros/ enterrar los muertos. ¿Veo a estos como hermanos por los que me entrego o estadísticas?.
-Espirituales: dar buen consejo/ corregir/ perdonar (¿guardo algún resentimiento?)/ consolar/ sufrir con paciencia las molestias del prójimo/ rezar por los vivos y los muertos.
-¿Estoy atento al dolor ajeno?; ¿Hago a acepción de personas según su apariencia?
-¿Vivo en sencillez?; -¿Imito a Cristo que fue pobre?, ¿soy libre de apegos materiales?
-¿Se refleja esto en mi actitud en las compras?; ¿me dejo llevar por antojos?; ¿cuales?
-¿Coopero con las obras de la Iglesia con verdadero sacrificio y amor o doy de mis sobras?
Evangelización
-¿Soy testimonio?; ¿Soy sal de la tierra y luz del mundo?
-¿Me esfuerzo de todo corazón para que Cristo sea conocido y amado por todos?
-¿Estoy en comunión con el espíritu misionero de la Iglesia?
-¿Llevo a mis amistades al Señor o dejo que ellas me arrastren al mundo?
-Cuando evangelizo, ¿lo hago con seguridad o como si fuera una opinión cualquiera?; ¿Respondo al Espíritu o me paraliza el `que dirán'?
Dominio de las Emociones: Resentimientos, caprichos, impulsos, miedos....
-¿Cuáles son mis emociones mas salientes?; ¿Las someto al Señor para encausarlas para el bien? ¿de que forma están afectando mi comportamiento?
-¿Busco primero mi interés y comodidad o servir con amor?
Puede complementarse con este otro:
domingo, 5 de abril de 2026
FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN A TODOS NUESTROS AMIGOS-LECTORES
“Si habéis resucitado con
Jesucristo, buscad las cosas
de arriba, gustad las cosas
de arriba.”
Cuando un alma ha resucitado con Jesucristo, gusta poco de lo que es de la tierra. Todos sus deseos, todas sus aspiraciones y todos sus suspiros se dirigen hacia las cosas del cielo.
La resurrección espiritual produce en el alma efectos semejantes a los que produce la resurrección corporal en el cuerpo.
Esta resurrección espiritual es una vida nueva. El hombre que ha resucitado espiritualmente es un hombre nuevo, que ya no conserva las imperfecciones del hombre viejo.
¡Qué luz tan brillante en su espíritu!
¡Qué pureza en sus deseos!
¡Qué regularidad en sus costumbres y en su conducta mientras dura esta nueva vida!
Los deseos terrenos nacen de un corazón corrompido. Un corazón dominado por las pasiones produce esas densas nieblas que oscurecen el entendimiento.
Todo se vuelve terreno en quien vive poco cristianamente. Las verdades sublimes, la moral santa y la espiritualidad práctica resultan entonces un lenguaje desconocido para el alma mundana.
De ahí nacen los corazones duros, los espíritus embotados, la obstinación en el mal, la ceguera espiritual y, finalmente, la impenitencia.
La descripción más exacta de una persona mundana es precisamente ésta.
Estamos sordos a la voz de Dios cuando no somos de sus ovejas. No se reconoce esa voz cuando no se vive dentro de su redil.
De aquí vienen las grandes dificultades para convertir a un mundano o a una persona dominada por el espíritu del mundo. De aquí también que tantos permanezcan en el error.
Pero cuando se ha resucitado con Jesucristo, el alma se vuelve verdaderamente espiritual.
Las pasiones, extinguidas o al menos mortificadas, ya no provocan revoluciones en el interior del hombre. El corazón purificado por la gracia deja de ser un terreno donde se levanten vapores corruptos.
El aire es demasiado puro para formar nubes; la fe es demasiado viva para sufrir confusión.
El cielo bajo el cual vive el alma resucitada es sereno, y el mar en que navega está en calma. Por eso el alma tiene libertad para pensar y obrar como cristiana.
Entonces descubre el vacío de los bienes creados, el falso brillo de los honores mundanos y el veneno oculto en los placeres que seducen.
Quien se reconoce ciudadano del cielo mira la tierra como un lugar de destierro.
Solo suspira por el cielo, solo encuentra solidez en los bienes del cielo y solo halla verdadero gusto en las cosas del cielo.
Todo otro gusto es extraño y desordenado, y siempre indica que el alma está enferma.
Las máximas y el espíritu del mundo causan compasión a quienes han resucitado verdaderamente a la gracia.
Ese puñado de días que llamamos vida pierde todo su atractivo cuando se compara con la eternidad.
Pero para quien no ha resucitado con el Salvador, todo sigue siendo encantador: dignidades brillantes, honores, riquezas y placeres fascinan a un corazón material y a un espíritu terreno.
Cuando llega la resurrección espiritual, ese encanto desaparece. El engaño se disipa, la ilusión se cae por sí misma, y aquello que parecía grande se revela tal como es.
¡Qué desgracia para aquellos que en las fiestas de Pascua no experimentan los saludables efectos de la Resurrección!
¡Ay de quien permanece en sus tinieblas!
Dios obra prodigios solo con quienes han salido de Egipto. El maná está reservado para quienes han atravesado el mar Rojo y han sido lavados en la Sangre del Cordero.
P. JEAN CROISSET SJ
sábado, 4 de abril de 2026
SÁBADO SANTO
Sábado Santo. Jesús ha pasado toda la noche y pasará también todo el sábado en el sepulcro, custodiado por los soldados, sobornados por el Sanedrín para testificar contra su Resurrección. La Iglesia está hoy toda absorta en ese hecho, y en virtud del decreto del 9 de febrero de 1951 de la Sagrada Congregación de Ritos, en el que se restituyó todo el rito de la Vigilia pascual a la noche del sábado al domingo, conforme al uso primitivo, todo el día del sábado lo dedica a conmemorar y venerar la muerte y sepultura del Redentor, a las que alude todo el Oficio del día. Tal debe ser también la preocupación de los fieles por todo el Sábado Santo: meditar y venerar la sepultura del Redentor, asistiendo, en cuanto les sea posible, a los oficios litúrgicos y funciones extralitúrgicas del día.
La Sagrada Congregación de Ritos, atendiendo a tantos; ruegos y deseos de liturgistas contemporáneos (nosotros mismos lo reclamábamos en las ediciones anteriores de este Manual) y de obispos de todos los países, después de haber estudiado seriamente el asunto a la luz de los documentos antiguos, se resolvió a restituir el rito de la vigilia de Pascua, que hasta ahora se celebraba en la mañana del Sábado Santo, a las horas de la noche, para que así recobrara todo su significado y sirviera de preparación inmediata a la Pascua de Resurrección. La novedad, aunque anunciada sólo como a título de "experiencia" para el año 1951, fué recibida con aplauso general. Ella significaba no sólo un feliz retorno a la antigüedad, sino también al buen sentido, en el terreno litúrgico.
Según, pues, el aludido Decreto, el Sábado Santo es un día "alitúrgico", es decir, sin sacrificio eucarístico, pero con el Oficio Divino completo. Éste, por lo tanto, se compone de Maitines y Laúdes, Horas Menores, Vísperas y Completas, y ha de rezarse en sus horas correspondientes. Por lo mismo, las Tinieblas del Viernes Santo ya no tienen lugar, como antes, al anochecer de ese día, sino el sábado por la mañana.
El Oficio Divino del Sábado Santo, a excepción de Maitines y Laudes, es el mismo del Jueves Santo, con algunas pequeñas variantes que se han hecho necesarias para acomodarlo al Sábado, que es un día medio de luto, medio de alegre esperanza. Así, por ejemplo, se ha suprimido el salmo "Miserére", que, por otro lado, no existía en el Oficio del Triduo pascual antes del siglo XII; se ha compuesto una Antífona apropiada para el "Magníficat" de Vísperas, y se ha sustituido la oración "Réspice" por la "Concede", que alude a la devota expectación del pueblo cristiano en la Resurrección del Hijo de Dios.
No habiendo, pues, en el Sábado Santo actual, como acabamos de exponer, más que Oficio Divino, los fieles harán bien en asistir a él y en visitar en los templos el Santo Sepulcro, preparando sus corazones para la celebración pascual.
S. Vigilia pascual. El decreto reformador del 9 de febrero de 1951, que hizo del Sábado Santo un día "alitúrgico", restauró en la noche del sábado al domingo la Vigilia pascual, que consta de los siguientes ritos:
a) la Bendición del fuego nuevo,
b) la Bendición del Cirio pascual,
c) la introducción del Cirio, con la luz nueva, en el templo, y el canto del "Exúltet"
d) las lecturas bíblicas,
e) la Bendición de la Pila bautismal,
f) la Renovación de las promesas del Bautismo,
g) la Letanía de los Santos, y
i) la Misa solemne de "Gloria".
La restauración de esta vigilia pascual en la forma indicada ha sido una obra feliz, fruto de concienzudos estudios y combinación muy acertada de los" elementos primitivos con las necesidades actuales. No es el caso ya de pasar toda o casi toda la noche en vela, sino de santificar en el templo las últimas horas del sábado y las primeras del domingo, esperando el triunfo de la Resurrección de Jesucristo, que presagia cada uno de esos ritos y que la solemne Misa pascual anuncia como sucedido.
a) La Bendición del fuego nuevo. La Vigilia pascual comienza con la Bendición del fuego nuevo, el cual ha de encenderse por medio del pedernal para significar que Cristo, a quien el pedernal representa, es el origen de la luz, la cual ha de brotar de ese fuego bendito.
Este rito puede hacerse o en el atrio o dentro del templo, pero cerca de la puerta, como pueda ser mejor visto por los asistentes.
b) Bendición del Cirio pascual. Terminada la Bendición del fuego, el celebrante prepara el Cirio pascual trazando sobre él con un estilete una cruz, escribiendo con el mismo la primera y la última letra del alfabeto griego (Alfa y Omega) y los números correspondientes al año en que se vive, en esta forma y diciendo las palabras del caso. Luego, se bendicen cinco granos de incienso (si no están ya benditos de otro año) y se los clava en el Cirio el cual se enciende con el fuego nuevo, y entonces, finalmente, es él bendecido con una breve fórmula:
Este Cirio, así con tanto cuidado preparado por el sacerdote y por fin encendido y bendecido, representa a Jesucristo Resucitado y recuerda a la vez a la columna luminosa que acompañaba y guiaba por la noche a los hebreos, a su paso por el desierto. Los granos de incienso recuerdan por un lado las llagas del Crucificado y por otro los perfumes y ungüentos que prepararon las santas mujeres para embalsamar el cadáver de Jesús. Por eso va a ser el Cirio el blanco de las miradas y de los homenajes de los fieles cristianos reunidos esta noche en el templo para la Vigilia pascual, y su luz va a iluminarlo y alegrarlo todo y a todos.
c) Introducción del Cirio encendido. En solemne procesión introduce el diácono en el templo el Cirio encendido, encendiendo con él, primero, el celebrante su propia vela; segundo, todo el clero, y tercero todo el pueblo y la luminaria del templo, inundándose así de la nueva luz, que simboliza a Cristo, todo el ambiente sagrado. A continuación el diácono canta el "Exúltet", previa incensación del libro y del Cirio, que ocupa un lugar céntrico del coro.
El Exúltet o "Angélica", o más propiamente Prcecónium paschale o "anuncio pascual", es un poema lírico dedicado a la luz y a la Resurrección de Jesucristo. Primitivamente su composición estaba librada a la inspiración personal del diácono encargado de cantarlo, lo que dio margen a veces a retóricos abusos y adornos excesivos de estilo, de los que el actual está exento. En cambio está henchido de teología, acerca del misterio de la Redención.
Antiguamente (y también hoy, por fortuna), se procuraba hacer en este momento una muy profusa iluminación dentro del templo, para que los hechos concordasen con las palabras del diácono. Este Cirio quedará en el presbiterio todo el tiempo pascual, como testimonio de la Resurrección de Jesucristo.
d) Lecturas bíblicas.-Como reminiscencia de la preparación doctrinal y bíblica que en la antigüedad se daba a los catecúmenos para el bautismo, en el nuevo rito de esta Vigilia pascual se han conservado cuatro de las antiguas lecciones o profecías del Misal romano, con sus tractos y las oraciones, correspondientes
e), f) y g) Letanía, Bendición de la Pila bautismal y Renovación de las promesas. - Terminadas las lecturas bíblicas, se comienza con la Letanía de los Santos, la cual se interrumpe antes de "Propitius esto" para efectuar la Bendición de la Pila bautismal, en medio del coro, o, si el baptisterio lo requiere, en el baptisterio, después de la cual se hace la Renovación de las promesas del Bautismo, y se prosigue la letanía hasta el fin, enlazándola con los Kyries de la Misa.
La Letanía de los Santos y la Bendición de la Pila ya estaban en el anterior rito del Sábado Santo, mas no así la Renovación de las promesas del Bautismo, que ha sido introducida por primera vez ahora. Ésta, lo mismo que la Bendición de la Pila, se hace delante del Cirio pascual, como si fuera delante de Cristo, incensándolo previamente. El rito no puede ser más solemne ni más apropiado para esta noche, en que primitivamente se administraba el bautismo a multitud de catecúmenos, y en que además recuerda al cristiano, con San Pablo, haber sido también él sepultado con Cristo por medio de su bautismo, dejando en la pila de la regeneración espiritual sus vicios y concupiscencias. Esta Renovación viene a ser una reminiscencia de la antigua "Pascua annotina", de la que hablan no pocos rituales antiguos.
La Bendición de la Pila bautismal, que podemos decir es el rito central de esta noche, es sumamente interesante y está llena de un rico simbolismo. Para expresar la infusión del Espíritu Santo sobre el agua bautismal, el celebrante sopla y alienta repetidas veces sobre ella y sumerge en la pila el Cirio pascual, pidiendo descienda con él en el agua "la virtud" del Paráclito. Reservada, luego, el agua necesaria para ' el uso del templo y de los fieles, a la que se destina para el bautismo se la mezcla con el óleo de los catecúmenos y el. Santo Crisma y se la guarda en el baptisterio.
Antiguamente se administraba en este momento el bautismo a los catecúmenos, que eran multitud, y luego se les confirmaba. Hoy, si se presenta el caso, se administra el bautismo, mas no la confirmación.
i) Misa de "Gloria". Se engarza con las Letanías de los Santos, cuyos Kyries finales reemplazan a los de la Misa. Los ministros usan ornamentos blancos. Al entonar el "Gloria", rompen su silencio el órgano y las campanas, descórrense las cortinas moradas que cubren los altares, y el templo entero recobra el aspecto festivo.
Después de la Epístola hace su entrada triunfal en los oficios litúrgicos el "Aleluya", que el celebrante y el coro cantan seis veces alternando. No hay Credo, Ofertorio, ni Agnus Dei, ni ósculo de paz, y también se han suprimido las Vísperas, que antes se intercalaban a continuación de la Comunión. Con el "Ite missa est" aleluyado, terminan los oficios de esta "noche feliz", los cuales son como la primera estrofa del himno triunfal de la triunfante y gloriosa Resurrección.
Es de esperar que, antes de dar a esta reforma su forma "definitiva", se le restituirá a esta Misa toda su solemnidad, sin suprimir ni el Credo, ni el Ofertorio, etc., y colocando los Laudes al fin de la misma, como acción de gracias.
En las iglesias benedictinas, al Ofertorio de la Misa se bendice el Cordero Pascual, figura de. Jesucristo, para reanudar, con esa carne bendita y con el beneplácito de la Iglesia, la comida de carnes prohibida a los monjes durante toda la Cuaresma. Además, simbolízase en él a Jesucristo, Cordero de Dios, inmolado por los hombres, y asado, que diríamos, en la parrilla de la Cruz y. dado en manjar en la Comunión.
Demás estará advertir que los qué asisten a esta Misa de media noche cumplen con ella el precepto dominical, y que los que en ella comulgan no pueden volver a comulgar el día de Pascua. Sin embargo, harán bien los cristianos en asistir a la Misa solemne del día, para santificar y distinguir al día más grande del Año litúrgico.
viernes, 3 de abril de 2026
LA MADRE Y LAS ESPINAS
LA MADRE Y LAS ESPINAS
Ya me lo ponen.
Ya me lo dejan
sobre mis brazos, que una vez lo alzaron
cuando era sólo
peso pequeño,
calor de leche y sueño entre mis manos.
Ya me lo dejan.
Y al recibirlo
se me doblaron dentro las entrañas.
No caí al suelo,
pero hubo un golpe
más hondo que caer: quedarse viva.
Miré su rostro.
¡Ay, rostro mío!
¡Ay, Hijo mío!
¡Ay, flor herida de mi misma sangre!
¿Cuántas veces
besé esa frente
cuando el cansancio lo vencía en la tarde?
¿Cuántas veces
cerré sus ojos
para dormirlo sobre mi regazo?
¿Y quién me lo devuelve
tan deshecho,
tan sin aliento, tan despedazado?
Quise llamarlo.
Decir su nombre.
Moverle el pelo endurecido en sangre.
Poner mi boca
sobre sus párpados
como si un beso pudiera despertarle.
Pero no habló.
No abrió los ojos.
No me buscó las manos como niño.
Y entonces supe,
con un dolor
que me partió el alma y me dejó en silencio,
que estaba muerto.
No lloro sólo
porque esté muerto.
Lloro porque el mundo lo ha herido.
Lloro porque el hombre
tocó al Amor
y no tembló al dejarlo así vencido.
Lloro el pecado.
Pero lo lloro
no como idea ni como palabra:
lo lloro aquí,
sobre esta frente
donde su peso se volvió desgarradura.
Y al levantar
la mano trémula
para llegar a la corona dura,
sentí que el pecho
se me cerraba
como si en mí se abriera la misma punta.
No era un adorno.
No era un castigo
que yo pudiera mirar desde lejos.
Era la culpa
de todos puesta
sobre la nieve donde puse besos.
Y comencé
a quitar las espinas.
Despacio.
Muy despacio.
Como quien teme herir más al herido.
Como quien saca
de carne viva
un hierro ardiente clavado en sí mismo.
Tomé la una.
Salió con sangre.
Y al verla así,
temblando en mis dedos,
vi la soberbia del linaje humano:
ese no querer
doblar la frente,
ese soñar que puede ser su propio amo.
Y le dije quedo,
casi sin voz,
porque el dolor ya no me daba aliento:
—Hijo del alma,
¿por esta altivez
te atravesaron la pureza y el silencio?
Y aunque no habló,
su misma herida
me respondió con una luz oscura:
—Por esta espina
bajé la frente,
para inclinar al hombre hacia la altura.
Tomé la otra.
Ésta quemaba.
Y al arrancarla,
me temblaron tanto
las manos,
que tuve miedo
de hacerle daño aun estando muerto.
Era la carne
fuera del cielo,
el don sagrado torcido en caída,
la sed del cuerpo
cuando ya no ama
y sólo busca devorar la vida.
Entonces lloré
más humanamente.
No con gran voz: con un llanto oprimido.
De esos que apenas
dejan al pecho
seguir llevando el peso de sí mismo.
—Amado mío,
¿también por esto
te abrió la frente la mano enemiga?
Y su silencio
dejó en el mío
una respuesta más honda que la herida:
—Por esta fiebre
quise ser llaga,
para enseñar al hombre su altura perdida.
Tomé otra más.
Ésta era fría.
No abrasaba.
Helaba el alma.
Era la avaricia:
mano cerrada,
corazón chico,
mesa abundante y puerta clausurada.
La saqué lenta,
y en ese instante
sentí una pena seca, casi blanca.
No todo llanto
sale con lágrimas:
hay dolor hondo que por dentro sangra.
—Hijo,
¿también esta dureza
cayó sobre tu sien como castigo?
Y me respondió
su paz deshecha:
—Por esta estrechez me hice pobre, hijo.
Tomé la otra.
Oscura y roja.
La ira amarga.
La voz que hiere.
La mano pronta.
El juicio duro.
La poca piedad con el que cae.
La fuerza usada
para humillar
al mismo hermano que dolor comparte.
La saqué apenas
y me faltó
la respiración por un momento.
Porque hay espinas
que al arrancarse
parecen arrancar también el pecho.
—Hijo querido,
¿también por ésta
quedó tu rostro al golpe abandonado?
Y el gran silencio
de tu costado
me dijo más que un libro desgarrado:
—Por esta herida
dejé que hirieran
la mansedumbre misma de mis labios.
Tomé la quinta.
Verde y amarga.
La envidia triste,
pequeña y sucia,
que se entristece cuando el otro alcanza
lo que no roba,
lo que recibe,
lo que florece por divina gracia.
La vi tan poca,
tan miserable,
que me dolió aún más su pequeñeza.
Porque hay venenos
que no hacen ruido
y, sin embargo, secan la nobleza.
—Hijo mío,
¿también esta sombra
entró en tu frente como espina mala?
Y tu silencio
cayó en mi alma:
—Perdí hermosura para curar la mirada.
Tomé la sexta.
Y aquí mi llanto
se volvió más hondo.
Porque casi no hería.
Casi no pesaba.
Casi no quemaba.
Era la tibieza.
El alma que sigue
rezando a medias,
amando a medias,
viviendo a medias;
la que no niega,
pero pospone;
la que no huye,
pero no entrega.
La quité lenta.
Y al hacerlo sentí
que esto dolía más que lo violento.
Porque hay frialdades
que van matando
sin derramar apenas sufrimiento.
—Hijo…,
esta espina
me duele más de lo que yo sabía.
Y desde el fondo
de tu abandono
tu silencio dejó caer su herida:
—Por esta noche
sudé sangre a solas,
para encender lo que dormido había.
Quedaba una.
Y mis dos manos
temblaron tanto
que tuve que cerrar los ojos antes.
Porque esta espina
era más honda:
no era una culpa entre las otras graves.
Era el olvido.
Era la vida
gastada entera de espaldas al Eterno.
Era llenar
el alma de ruido
hasta no oír ya la voz del cielo.
La tomé al fin.
Y cuando salió,
sentí que el mundo entero estaba herido.
Como si el hombre,
al olvidarse de Dios,
se hubiera también olvidado a sí mismo.
—Hijo…
¿también por esto?
Y tu silencio,
más tierno entonces,
me respondió desde su noche inmensa:
—Por el que ya no me busca, Madre,
abrí mi herida para darle puerta.
Entonces miré
tu frente abierta.
Ya sin espinas.
Baño de sangre.
Paz destrozada.
Lirio vencido.
Y no pude más.
Incliné mi rostro
sobre tu pecho,
y lloré al fin como lloran las madres
cuando el dolor
ya no pregunta
y sólo sabe amar lo que ha perdido.
Lloré por Ti.
Lloré por ellos.
Lloré al mirar
que cada espina
había salido de nuestras miserias.
Y, sin embargo,
allí en tu herida,
nació una esperanza más honda que el llanto:
que si el pecado
te abrió la frente,
tu amor abrió más hondo todavía.
Entonces me volví
hacia mis hijos.
Y les dije quedo:
—No huyáis de esto.
Mirad las espinas.
Mirad lo que hace el pecado en el Amor.
Pero no desesperéis.
Venid aquí.
Llorad conmigo.
Porque quien se atreve a llorar de verdad
ante la frente herida de mi Hijo,
ya empezó a volver.
Y besé entonces
su frente limpia,
ya no para arrancar,
sino para adorar.
Y entendí, temblando,
que al quitarle las espinas de la carne
no había hecho más que mostrar
las que siguen sangrando en nuestras almas.
Miradlo bien.
Porque el que no llora ante esa frente
todavía tiene dormida el alma
donde debía temblar la eternidad.
OMO
VIERNES SANTO (Obligan el ayuno y la abstinencia)
Hay un día en el año en que la Iglesia guarda silencio… y el mundo casi no lo entiende.
El Viernes Santo no es solo un día “triste”. Es el día en que el Amor fue llevado hasta el extremo.
Jesús, inocente, es traicionado, abandonado, humillado y crucificado. No hay cantos de gloria. No hay Eucaristía. El altar está desnudo. Todo parece derrota.
Y sí… humanamente, es un día profundamente doloroso.
Pero aquí está la clave que muchos olvidan: no es una tristeza vacía.
Es una tristeza llena de sentido.
Porque cada golpe, cada herida, cada clavo… fue por amor.
No fue un accidente. No fue un fracaso. Fue una entrega libre.
Jesús no pierde la vida… la entrega.
Y en ese aparente silencio de Dios, en esa oscuridad del Calvario, se está librando la batalla más importante de la historia: la redención del mundo.
Por eso el cristiano no vive el Viernes Santo como quien pierde toda esperanza, sino como quien contempla el precio de su salvación.
Es un día para detenerse. Para mirar la cruz. Para comprender cuánto valemos para Dios.
Porque si alguna vez dudas de cuánto te ama Dios… mira el Viernes Santo.
Ahí está la respuesta.
Hoy no es solo un día triste.
Es el día en que el amor de Cristo se hizo imposible de ignorar.
Y la pregunta ya no es qué le pasó a Jesús…
La pregunta es: ¿qué voy a hacer yo con ese amor?
🙏 Señor, enséñanos a contemplar tu cruz no con indiferencia, sino con un corazón agradecido, capaz de responder con amor al Amor que se entregó por nosotros. Amén.
V.C.
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