jueves, 5 de noviembre de 2026

OFRENDA

 

"Vedme aquí, Dios de mi corazón, cargado con el enorme peso de una inmensa deuda de gratitud y reconocimiento a todos los beneficios generales y particulares de que me habéis colmado, y de los que estáis dispuesto a concederme en el tiempo y en la eternidad. Confieso que vuestras misericordias para conmigo han sido y son infinitas; sin embargo, estoy pronto a pagaros hasta el último óbolo. En satisfacción de todo lo que os debo, os presento por las manos del sacerdote la Sangre divina, el cuerpo adorable y la víctima inocente que está colocada sobre este altar. Esta ofrenda basta (seguro estoy de ello) para recompensar todos los dones que me habéis concedido; siendo como es de un precio infinito, vale ella sola por todos los que he recibido y puedo recibir de Vos.

"Ángeles del Señor, y vosotros, dichosos moradores del cielo, ayudadme a dar gracias a mi Dios, y ofrecedle en agradecimiento por tantos beneficios, no solamente esta Misa a que tengo la dicha de asistir, sino también todas las que en este momento se celebran en todo el mundo, a fin de que por este medio satisfaga yo a su ardiente caridad por todas las mercedes que me ha hecho, así como por las que está dispuesto a concederme ahora y por los siglos de los siglos. Amén".  

– San Leonardo de Porto Maurizio
"El tesoro escondido de la Santa Misa".

martes, 3 de noviembre de 2026

 

"SI ME AMÁIS, GUARDARÉIS MIS MANDAMIENTOS" (Jn 14, 15).


"Si me amáis, guardaréis mis mandamientos" (Jn 14, 15), ha dicho Cristo.

Cierto que no es lo mismo pecar por debilidad ocasionalmente y levantarse por la Confesión, que pecar habitualmente sin escrúpulo alguno.

Quien peca habitualmente y no lucha por evitar la ofensa a Dios no ama a Cristo, aunque lo diga con la boca.

Así.....

  • Si habitualmente tienes relaciones fuera del matrimonio, no le amas.
  • Si empleas métodos microabortivos o artificiales para evitar los hijos, no le amas.
  • Si evitas -sin causa seria ni necesidad- los hijos por medios naturales, aunque el método no sea malo, al no cumplir con el deber de fecundidad no le amas.
  • Si no luchas contra las tentaciones y realizas actos sexuales contra natura, no le amas.
  • Si constantemente pecas de pensamiento o deseo, no le amas.
  • Si vives en concubinato, no le amas.
  • Si no cumples con tus deberes de padre o madre, no le amas.
  • Si no instruyes a tus hijos en el amor y conocimiento de Dios, no le amas.
  • Si constantemente no asistes a Misa los domingos ni acudes a los sacramentos, ni oras, no le amas.
  • Si descuidas instruirte en tu religión, no le amas.
  • Si no te importan los dolores y necesidades de tu prójimo, no le amas. 
  • Si no respetas a tus padres y superiores, no le amas.
  • Si acostumbras acudir a espectáculos o proyecciones inmorales, no lo amas.
  • Si robas o sustraes lo que no es tuyo, no lo amas. 
  • Si ofendes, insultas, hieres o dañas a otros, no le amas.
  • Si difamas o calumnias a tu prójimo, no lo amas.
  • Si te duele el bien ajeno o deseas el mal a otro, no le amas.
  • Si no crees TODA la doctrina que Él enseñó, no le amas.
  • Si la moral cristiana la haces relativa y la adecuas a tus gustos y pasiones, no le amas.

¡Cuántos "si...." podríamos enlistar y añadir a lo anterior! Pero no se trata de hacer una lista exhaustiva, sino de hacer un acto SINCERO de reflexión y conciencia para analizar si de veras amamos a Cristo de corazón y no sólo con la boca.

Nuestro Señor Jesucristo dijo: "No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: ¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad! Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina" (Mateo 7, 21-27).

¿QUÉ DEBEMOS HACER DESPUÉS DE COMULGAR?



​Después de la Sagrada Comunión debemos pasar algún tiempo adorando a Nuestro Señor, agradeciéndole, renovando nuestras promesas de amor y de obediencia a Él, y pidiéndole bendiciones para nosotros y para los demás.

​No debemos salir de la iglesia inmediatamente después de recibir la Sagrada Comunión. Debemos orar al menos diez o quince minutos, dando gracias a nuestro Divino Huésped. Debemos agradecer fervientemente a Nuestro Señor por venir a nosotros, hacer actos de fe, adoración, humildad y amor, y suplicarle por nosotros y por aquellos a quienes amamos.

​Nuestro Señor está real y personalmente presente en nosotros mientras permanezca la apariencia de pan, durante al menos diez minutos después de recibir la Sagrada Comunión. ¿Vamos a tratar a Dios Hijo con frialdad, no haciendo nada cuando Él viene? Por los huéspedes terrenales nos esforzamos al máximo para atenderlos y hacer que su estancia sea agradable. ¿Le diremos entonces a Cristo: «Me alegro de que hayas venido, Señor. Ahora adiós, porque me tengo que ir a casa», y nos olvidaremos de Él?

​Si nuestro trabajo o nuestros deberes nos impiden quedarnos en la iglesia para dar la acción de gracias adecuada, permanezcamos recogidos y en unión con Jesús de camino a casa; y recordémoslo con amor durante todo el día.

​En una ocasión, San Felipe Neri notó que cierto feligrés, sin motivo alguno, tenía por costumbre salir de la iglesia inmediatamente después de recibir la Sagrada Comunión. Para corregirlo, un día les dijo a dos acólitos que acompañaran al hombre con velas encendidas mientras caminaba a su casa. Los acólitos hicieron lo que se les ordenó. La gente en las calles y el hombre, al ver a su escolta, les preguntaron el motivo de seguirlo. Ellos respondieron que el Padre Felipe Neri se lo había indicado así. El hombre regresó a la iglesia para averiguar el propósito de San Felipe. El Santo respondió: «Debemos presentar el debido respeto a Nuestro Señor, a quien te estás llevando contigo. Ya que tú descuidas adorarlo, envié a dos acólitos para que ocupen tu lugar». Dándose cuenta de su falta, el hombre se arrodilló e hizo la debida acción de gracias después de la Sagrada Comunión.

​Fuente: Mi Fe Católica

NOTA: No olvides que debes comulgar en estado de gracia santificsnte, esto es sin haber cometido ningún pecado mortal después de la última Confesión bien hecha (con verdadero arrepentimiento y propósito de enmienda).
Asimismo, nunca permitas que te den la hostia consagrada en la mano, pues tu mano no está consagrada y, además, pueden frecuentemente quedar en ellas partículas consagradas -donde está todo Cristo- y caer luego en el suelo dónde podrían ser pisoteadas. Todo fiel tiene el derecho de recibir a Cristo en la hostia consagrada, en la boca y de rodillas, que es la mejor manera de reverenciar la Eucaristía.

lunes, 2 de noviembre de 2026

domingo, 1 de noviembre de 2026

LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS: NUESTRA VOCACIÓN A LA SANTIDAD


 

I. ¿Por qué celebramos la fiesta de Todos los Santos?

Celebramos la fiesta de Todos los Santos, el 1 de noviembre, para honrar a todos aquellos que alcanzaron la santidad y gozan eternamente de la presencia de Dios en el cielo.

La Iglesia honra no solamente a los santos canonizados, cuyos nombres conocemos, sino también a una multitud innumerable de santos desconocidos, hombres, mujeres, jóvenes y niños que vivieron fielmente su fe, amaron a Dios y perseveraron hasta el final.

La Sagrada Escritura nos dice:

«Después de esto miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero». (Apocalipsis 7,9).

Esta fiesta nos recuerda que el cielo existe, que la vida eterna es nuestra verdadera patria y que Dios nos ha creado para conocerlo, amarlo y gozar de Él eternamente.

II. ¿Cuál es la importancia de esta fiesta?

Esta solemnidad tiene una importancia extraordinaria por cinco razones:

1)  Nos recuerda nuestra vocación: todos estamos llamados a la santidad. No es un privilegio reservado a sacerdotes, religiosos o personas extraordinarias. Todo bautizado debe aspirar a ser santo.

2) Nos muestra que la santidad es posible: los santos fueron personas como nosotros, con dificultades, tentaciones, sufrimientos y luchas. Con la gracia de Dios vencieron el pecado y perseveraron en el bien.

3) Nos enseña cuál es el verdadero sentido de la vida: no hemos nacido solamente para trabajar, ganar dinero, disfrutar de los bienes materiales o alcanzar éxitos humanos. Hemos nacido para salvar nuestra alma y alcanzar la vida eterna.

4) Nos recuerda la comunión de los santos: los santos del cielo son nuestros hermanos y amigos. Podemos pedir su intercesión y seguir sus ejemplos.

5)  Nos anima a combatir el pecado: nadie puede alcanzar la santidad viviendo voluntariamente en el pecado. Necesitamos la conversión, la penitencia, la oración y la gracia de Dios.

III. ¿Qué frutos podemos sacar de esta solemnidad?

Podemos obtener frutos espirituales muy importantes:

Un amor más grande a Dios y un deseo sincero de alcanzar el cielo.

Una mayor confianza en la intercesión de la Santísima Virgen María y de los santos.

Un rechazo más firme del pecado y de todas las ocasiones que nos apartan de Dios.

Un deseo de vivir en gracia de Dios.

Una mayor fidelidad a la Santa Misa, a la confesión y a la oración.

Una renovación de nuestra vida familiar y cristiana.

Una esperanza sobrenatural ante las dificultades, los sufrimientos y la muerte.

Un deseo de imitar las virtudes de los santos: su humildad, pureza, caridad, obediencia, paciencia y espíritu de sacrificio.

Los santos nos enseñan que la verdadera felicidad no está en acumular riquezas, placeres o reconocimientos humanos, sino en amar a Dios sobre todas las cosas y permanecer fieles a Él.

IV. ¿Cómo podemos llegar nosotros también a la santidad?

La santidad no se alcanza solamente con buenas intenciones. Es necesario cooperar con la gracia de Dios y trabajar diariamente por nuestra santificación.

He aquí diez medios concretos:

1. Vivir en gracia de Dios: evitar el pecado mortal y acudir frecuentemente al sacramento de la confesión.

2. Asistir a la Santa Misa todos los domingos: participar con fe, devoción y recogimiento, y recibir dignamente la Santa Comunión.

3. Rezar diariamente: dedicar un tiempo a la oración, al Santo Rosario y a la meditación de la Palabra de Dios.

4. Practicar la virtud: combatir nuestros defectos y cultivar la humildad, la paciencia, la pureza, la obediencia y la caridad.

5. Cumplir los Diez Mandamientos: obedecer la ley de Dios no solamente exteriormente, sino también con el corazón.

6. Practicar la penitencia y la mortificación: aprender a renunciar a nuestros caprichos, dominar nuestras pasiones y ofrecer nuestros sacrificios a Dios.

7. Practicar las obras de misericordia: ayudar a los necesitados, perdonar las ofensas, consolar a los afligidos y enseñar la verdad a quienes la desconocen.

8. Leer y estudiar el catecismo: conocer profundamente nuestra fe para vivirla, defenderla y transmitirla a nuestros hijos.

9. Santificarnos en nuestros deberes cotidianos: cumplir bien nuestras obligaciones familiares, profesionales y sociales por amor a Dios.

10. Perseverar hasta la muerte: no desanimarnos después de nuestras caídas, levantarnos mediante la gracia de Dios y luchar constantemente por nuestra santificación.

San Pablo nos exhorta:

«Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación». (1 Tesalonicenses 4,3).

Y Nuestro Señor Jesucristo nos manda:

«Sed, pues, perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial». (San Mateo 5,48).

V. Un compromiso concreto para nuestras familias

La fiesta de Todos los Santos debe producir un cambio verdadero en nuestra vida y en nuestros hogares.

Propongámonos:

Rezar juntos el Santo Rosario todos los días.

Asistir a la Santa Misa cada domingo.

Confesarnos frecuentemente.

Enseñar a nuestros hijos la vida de los santos.

Evitar los pecados y las diversiones contrarias a nuestra fe.

Practicar diariamente alguna obra de caridad.

Pedir cada día la gracia de ser mejores cristianos.

                               -oOo-

CONCLUSIÓN: ¡ESTAMOS HECHOS PARA SER SANTOS!

Queridos hermanos, no nos conformemos con ser cristianos solamente de nombre. No nos conformemos con una vida mediocre, tibia o alejada de Dios.

¡Estamos llamados a ser santos!

No olvidemos que nuestra vida terrena es pasajera, que la muerte llegará y que un día compareceremos ante Dios. Lo verdaderamente importante será haber amado a Dios, haber guardado sus mandamientos, haber vivido en su gracia y haber perseverado en la fe.

Pidamos a la Santísima Virgen María, Reina de Todos los Santos, que nos alcance de su Divino Hijo la gracia de vivir santamente y morir en su amistad.

Que un día podamos reunirnos con todos los santos en el cielo para contemplar, amar y alabar a Dios por toda la eternidad. Amén.

jueves, 29 de octubre de 2026

NO ES CARIDAD TOLERAR EL ERROR: SAN PÍO X



 "La doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las opiniones erróneas, por muy sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o práctica ante el error o el vicio en que vemos caídos a nuestros hermanos, sino en el celo por su mejoramiento intelectual y moral no menos que en el celo por su bienestar material. Esta misma doctrina católica nos enseña también que la fuente del amor al prójimo se halla en el amor de Dios, Padre común y fin común de toda la familia humana, y en el amor de Jesucristo, cuyos miembros somos, hasta el punto de que aliviar a un desgraciado es hacer un bien al mismo Jesucristo. Todo otro amor es ilusión o sentimiento estéril y pasajero".

Carta encíclica Notre Charge Apotolique de Su Santidad el Papa san Pío X, agosto 15 de 1910.


martes, 27 de octubre de 2026

ORACIÓN A JESÚS SACRAMENTADO


Miradme, oh mi amado y buen Jesús, postrado ante vuestra santísima presencia, os ruego con el mayor fervor del que soy capaz imprimáis en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito firmísimo de jamás ofenderos; mientras que yo, con todo el amor y compasión de que soy capaz, voy considerando y contemplando vuestras cinco llagas, teniendo presente aquello que dijo de Vos el santo profeta David: «Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos». Amén.


lunes, 26 de octubre de 2026

VEA LA PELÍCULA "CRISTIADA" DOBLADA AL ESPAÑOL EN CINES DE LA CIUDAD DE MÉXICO

 

Entra en las redes de *Cinépolis* y *Cinemex* y comenta pidiendo que *CRISTIADA* llegue a tu ciudad y cuente con *un horario accesible*.

📍 ¡No olvides escribir el nombre de tu ciudad!



🎞️ Encuentra la sala más cercana aquí: https://doscorazonesfilms.org

❤️ *40 segundos de tu tiempo pueden ayudar a cambiar la historia.* ¡No dejes pasar la oportunidad.!         
                                                              🎥 Tráiler: https://youtu.be/BRiOSKWy8XM

🇲🇽 *¡Cada mensaje cuenta! Hagamos oír nuestra voz. ¡VIVA CRISTO REY! 🇲🇽*
                                                                                                                                                                                                                   *La historia siempre se repite. Conoce CRISTIADA antes de que se repita…*