domingo, 15 de febrero de 2026

RELIGIOSIDAD y MISA EN NIÑOS DE 1 A 5 AÑOS


 
Por Diego Casanueva Rivero 

Desde la más tierna edad, la acción santificadora del Espíritu Santo puede llenar los corazones de los niños y disponer sus almas para recibir las gracias del Santo Sacrificio de la Misa, que eleva a los hombres hasta la Cruz y los une a Nuestro Señor Jesucristo crucificado. Por ello, no se debe ser un estorbo para que los niños pequeños se acerquen a Él, pues el buen comportamiento en el templo es la mejor preparación para que desde temprano amen el Sacramento de la Eucaristía y se formen religiosamente.

El fundamento para comenzar esta educación desde los nueve meses se apoya en que, a esa edad, el niño ya entiende la palabra “no”, puede dejar de balbucear y es capaz de guardar silencio si se le corrige física y verbalmente con constancia. Desde ese momento comienza un proceso de comprensión y aprendizaje que no cesa, siempre que exista guía firme y vigilancia continua, sin forzar el desarrollo natural, sino interiorizando progresivamente el silencio, la postura corporal y el respeto al santo recinto.

Esta tarea corresponde en general al papá, quien representa para los hijos la paternidad divina y es el modelo irremplazable de fuerza y congruencia. 

Además, ordinariamente es la mamá quien pasa la mayor parte de la semana con los hijos, lo que provoca un desgaste natural en la corrección cotidiana, mientras que la figura paterna introduce una objetividad distinta que renueva la autoridad y da seguridad a los niños. El papá saca a los hijos del ensimismamiento producido por la larga convivencia con mamá y aporta la fuerza, la firmeza y la congruencia necesarias para la formación religiosa, sin sustituir la ternura materna, sino complementándola. Por ello, en la Santa Misa, el papá resulta especialmente idóneo para guiar, corregir y enseñar, pues su presencia representa la paternidad divina y facilita que los niños se introduzcan con respeto y disciplina en el misterio del Sacrificio de la Cruz.

Introducir a los niños en el misterio del Sacrificio de la Cruz es misión propia del padre, pues la Santa Misa es substancialmente el mismo sacrificio que el de la Cruz. Así como Dios Padre entrega a su Hijo para la Redención, Abraham introduce a Isaac en el misterio del sacrificio, y San José fortalece al Niño Jesús y a la Santísima Virgen para el momento de la Cruz, de igual modo el papá debe conducir a sus hijos pequeños al altar y hacer de la Santa Misa su tesoro más querido.

Desde los primeros meses hasta los tres años, el papá debe corregir con constancia el ruido, la postura corporal y la falta de silencio, sin dejar pasar una sola indisciplina. Entre los dos y tres años, el niño puede distinguir los momentos principales de la Santa Misa, especialmente la Consagración y la Comunión, acercándose con manitas juntas y conciencia de la presencia real de Nuestro Señor. Si este camino ha sido constante, hacia los cinco años el niño puede estar quietecito, calladito y atento por largos momentos, con verdadera devoción. Cuando este proceso no ha sido adecuado o se han cometido errores en la primera etapa, es necesario rectificar, pues es de sabios volver al comienzo y empezar de nuevo cuando se ha perdido el rumbo, empezando con cosas fáciles pero puras, con verdades altas pero claras, con principios primeros pero inamovibles.

La constancia, la paciencia y la perseverancia permiten que el trabajo realizado dé fruto, aun cuando cueste mucho, pues en ello va la existencia, la vida y el futuro. Nunca es tarde para comenzar, ni para recomenzar, cuando se busca orientar con rectitud el tronco tierno y conducir a los niños hacia lo más elevado, edificante y digno que es lo espiritual.

*Consejos:*

- Preparar la Santa Misa antes de entrar al templo, explicando con palabras sencillas lo que sucede en el altar.

- Elegir un lugar donde el niño vea el altar y permita corrección inmediata.

- Mantener al papá de rodillas la mayor parte del tiempo para corregir con cercanía y ejemplo.

- Corregir siempre con voz muy baja, contacto físico y firmeza.

- No dejar pasar ninguna indisciplina conforme a la edad del niño.

- Sacar inmediatamente al niño cuando pierda el control, corregirlo y regresarlo lo antes posible.

- Mantener disciplina aun fuera del templo, sin elevar la voz.

- No permitir juguetes ni comida ni distracciones.


- No dar nunca la espalda al altar.

- Dirigir la atención del niño con palabras breves y piadosas hacia Nuestro Señor y la Santísima Virgen.

- Rezar en familia durante la semana, especialmente el rosario.

- Mantener vigilancia y constancia hasta los cinco años, renovando propósitos cuando haya fallas.

sábado, 14 de febrero de 2026

RETRACTACIÓN DEL PATRIARCA PÉREZ


“Abjuro de todos los errores en que he caído, sea contra la santa fe, sea contra las legítimas autoridades de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, única verdadera. Me arrepiento de todos mis pecados, y pido perdón a Dios, a mi prelados y a todos aquellos a quienes he escandalizado con mis errores y mi conducta. Protesto que quiero morir en el seno de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, confiado en la bondad de Jesucristo nuestro señor, y de mi madre amorosa la santísima virgen de Guadalupe; creo todo lo que la misma Santa Iglesia nos enseña, y exhorto a todos a no apartarse de ella, porque es la única arca de salvación. México, octubre 6 de 1931. “

Declaración de José Joaquín Perez Budar.

viernes, 13 de febrero de 2026

NO FUE INÚTIL LA GESTA CRISTERA: S.S. PÍO XII


RADIOMENSAJE DE SU SANTIDAD PÍO XII A LOS FIELES MEXICANOS EN EL 50 ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN CANÓNICA DE LA VIRGEN DE GUADALUPE 
 
Viernes 12 de octubre de 1945

 Venerables Hermanos y amados hijos que, reunidos en torno a la persona de Nuestro dignísimo Cardenal Legado, conmemoráis los cincuenta años de la coronación canónica de la Virgen de Guadalupe. 

 Habían pasado ya más de tres siglos desde el día en que la dulce Madre del Tepeyac comenzó a recibir los homenajes de los católicos de Méjico y de toda la América, en el trono por ella misma elegido; la teníais en el centro de vuestros corazones y por eso la habíais repetidamente proclamado Señora y Patrona vuestra; le habíais dedicado primero una ermita, luego una capilla, después un templo y por último una magnífica Basílica; las voces mejicanas la aclamaban continuamente y nunca cesaba el grito: Noble indita, Madre de Dios; Noble indita, Madre nuestra. Pero vuestra piedad aún no estaba satisfecha; la queríais ver con la frente ceñida, como correspondía a una soberana. ¡Era vuestra Reina y la Reina tenía que ser coronada! 

 Y finalmente se realizó vuestro deseo. Hace hoy cincuenta años —recuerdan las crónicas— la Basílica, recién restaurada, era un ascua de oro; decenas de millares de peregrinos abarrotaban sus espaciosas naves y se derramaban por los alrededores; casi cuarenta mitras se inclinaban reverentes en el presbiterio; los vivas, los himnos y las plegarias llegaban al cielo. Y cuando sobre aquella frente angelical resplandeció la áurea corona, en todos los corazones y en todas las bocas acabó de estallar el grito, hasta entonces mal contenido: «¡Viva la Virgen de Guadalupe, Emperatriz de América y Reina de Méjico!». El espectáculo era tan hermoso, que parecía un dulce sueño. En realidad no era más que el triunfo, consciente y sereno, de vuestro amor y de vuestra fe. 

 Justísimo homenaje. Porque, ¿quién era capaz de ignorar lo que aquel pueblo debía a aquella Señora? ¿Quién podía no recordar la parte principalísima que Ella había tenido en su vocación a la verdadera Iglesia, en su conservación dentro de la práctica y la pureza de una fe. que había sido como el crisol en que su joven y potente nacionalidad se había fundido? 

 La Virgen Santísima fue el providencial instrumento, elegido por los designios del Padre celestial, para dar y presentar a su precioso Hijo al mundo; para ser Madre y Reina de los Apóstoles, que por todas partes habían de propagar su doctrina; para conculcar siempre las herejías, y hasta para intervenir prodigiosamente en todos los tiempos, dondequiera que fuera necesario para la implantación, la consolidación y la defensa de la santa fe católica. «Por Ella —dice a este propósito un gran devoto de María— la Santa Cruz es celebrada y adorada en todo el universo...; por Ella toda criatura, aprisionada en los errores de la idolatría, es llevada al conocimiento de la verdad; ... por Ella los Apóstoles predicaron la salvación a las naciones» [1]. 

 Y así sucedió, al sonar la hora de Dios para las dilatadas regiones del Anáhuac. Acaban apenas de abrirse al mundo, cuando a las orillas del lago de Texcoco floreció el milagro. En la tilma del pobrecito Juan Diego —como refiere la tradición— pinceles que no eran de acá abajo dejaban pintada una imagen dulcísima, que la labor corrosiva de los siglos maravillosamente respetaría. La amable doncellita pedía una sede para desde ella «mostrar y dar todo su amor y compasión, auxilio y defensa ... a todos los moradores de aquella tierra y a los demás que la invocasen y en Ella confiasen». Desde aquel momento histórico la total evangelización fue cosa hecha. Y, lo que es más, quedaba izada una bandera, alzada una fortaleza, contra la que se romperían las iras de todas las tempestades; estaba firmemente asentado uno de los pilares fundamentales de la fe en Méjico y en toda América. Como si la Cruz, que, tal día como hoy, a través de las ondas procelosas, habían llevado al continente nuevo las frágiles carabelas hispánicas, hubiera sido confiada a las manos débiles de aquella jovencita, a fin de que Ella la pasease triunfalmente por todas aquellas tierras, la plantase por doquier y se retirase luego a su castillo roquero, dominando la antigua Tenochitlán, para desde allí reinar en todo el mundo nuevo y velar por su fe; «porque, usando las felices expresiones de uno de vuestros vates, sabe que tal hija —como Reina la proclama— y fiel conserva el depósito de la fe, que al mundo salva »».

 Hoy, amadísimos congresistas americanos, Nuestro pensamiento, con vuelo más veloz y certero que el de las ondas que os llevan Nuestra voz, Nos pone en medio de vosotros; y una vez más Nuestro espíritu se siente confortado al admirar vuestro número sin número, vuestro entusiasmo sin límites: al ver que en este momento más de medio centenar de Arzobispos y Obispos representan allí, en medio de vosotros, la fe de todos los pueblos de América; al recibir, en la persona de Nuestro Legado, los magníficos testimonios de vuestra filial devoción, que ya Nos son conocidos. Y al comprobar que el centro de todos esos fervores sigue siendo vuestra Excelsa Patrona, al ver, casi con Nuestros propios ojos, que continuáis aclamando a la Virgen de Guadalupe como vuestra Madre y vuestra. Reina, elevamos al cielo la mirada y damos gracias al Autor de todo bien, porque en este amor y en esta fidelidad queremos ver la garantía de la conservación de vuestra fe. 

 Por ella, católicos mejicanos, vuestros hermanos y vuestros padres fueron víctima de la persecución, y para defenderla se encararon sin vacilar hasta con la misma muerte, al doble grito de «¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva la Virgen de Guadalupe!». Hoy, las condiciones de la Iglesia y de la Religión en vuestra Patria han mejorado notablemente, demostrando que no fueron inútiles aquella invocación y aquella firmeza. Pero a vosotros toca, a vosotros y a todos los católicos americanos, seguir firmes en vuestro puesto, conscientes de vuestros derechos, con la frente siempre alta ante los enemigos de hoy y de siempre: los que no quieren a María porque no quieren a Jesús, los que querrían arrinconar o ignorar a Jesús, arrebatando así a María el más preciado de sus títulos. Frente a su rebelión, vuestra fidelidad. Que la morenita del Tepeyac, que la Emperatriz de América y Reina de Méjico no tenga que llorar deserciones. Que, como lo estuvo ayer, pueda estar también mañana orgullosa de sus hijos. 

 Vuestro Congreso, recogiendo millares de firmas, la ha aclamado como «Sedes sapientiae», trono de la sabiduría. No lo olvidéis, católicos de Méjico y de toda América: la verdadera sabiduría es la que Ella nos dio, la que en nombre de la Sabiduría encarnada Ella nos enseña. «¡Salve, fuente abundantísima de donde manan los arroyos de la divina sabiduría, rechazando con las aguas purísimas y limpidísimas de la ortodoxia las olas encrespadas del error![2]. ¡Salve, oh Virgen de Guadalupe! Nos, a quien la admirable disposición de la Divina Providencia confió, sin tener en cuenta Nuestra indignidad, el sagrado tesoro de la divina sabiduría en la tierra, para salvación de todas las almas, Nos colocamos hoy de nuevo sobre tus sienes la corona, que pone para siempre bajo tu poderoso patrocinio la pureza y la integridad de la santa fe en Méjico y en todo el continente americano. Porque estamos cierto de que mientras Tú seas reconocida como Reina y como Madre, América y Méjico se han salvado. 

 Prenda de estos Nuestros deseos sea, en el momento presente, la Bendición Apostólica, que de todo corazón os damos. 

 * AAS 37 (1945) 264-267 

 [1] S. Cyrilli Alex.,Hom.4 ex diversis: MIGNE, PG, 77, 991. 
 [2] S. Germ. Const., Serm. 1 in SS Deip. Praesent., n. 14: MIGNE, PG, 48, 305-306.

miércoles, 11 de febrero de 2026

YO OS ALIVIARÉ


Mateo 11:28-30

Luego dijo Jesús: «Venid a mí todos los que estais fatigados y cargados, que yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mi, que yo soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es blando y mi carga ligera».


martes, 10 de febrero de 2026

EL ADOLESCENTE MEXICANO QUE DIO SU VIDA POR CRISTO EL 10 DE FEBRERO DE 1928



José Luis Sánchez del Río (1913–1928) fue un joven adolescente mexicano mártir de la Guerra Cristera, un conflicto religioso ocurrido durante la persecución realizada por el gobierno mexicano contra los católicos entre 1926 y 1929.

Nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán, en una familia católica. Desde pequeño mostró una fe profunda y admiración por quienes defendían la libertad religiosa durante la persecución contra la Iglesia en el país.

A los 13 años, pidió unirse a las fuerzas cristeras, no como soldado combatiente, sino como ayudante, cuidando caballos y apoyando en tareas básicas. Fue capturado por tropas gubernamentales en 1928 después de un enfrentamiento.

Durante su cautiverio, se le presionó para que renegara de su fe. Según los testimonios conservados, se negó repetidamente a hacerlo. Finalmente, tras ser cruelmente martirizado, fue ejecutado el 10 de febrero de 1928, en su ciudad natal, Sahuayo. La tradición relata que sus últimas palabras fueron: “¡Viva Cristo Rey!”.

Décadas después, su testimonio comenzó a difundirse ampliamente. Fue Canonizado el 16 de octubre de 2016.

Hoy es considerado un símbolo de fidelidad religiosa y valentía juvenil, especialmente en México, y su memoria se celebra el 10 de febrero.


lunes, 9 de febrero de 2026

SE ESTÁ CUMPLIENDO PLENAMENTE LA ADVERTENCIA DE S.S. PÍO XII

 

"No preguntéis quién es el enemigo; ni qué vestidos lleva. Éste se encuentra en todas partes y en medio de todos. Sabe ser violento y taimado. En estos últimos siglos ha intentado llevar a cabo la disgregación intelectual, moral, social, de la unidad del organismo misterioso de Cristo. Ha querido la naturaleza sin la gracia; la razón sin la fe; la libertad sin la autoridad; a veces, la autoridad sin la libertad. Es un enemigo que cada vez se ha hecho más concreto con una despreocupación que deja todavía atónitos: Cristo, sí; la Iglesia, no. Después: Dios sí, Cristo no. Finalmente el grito impío: Dios ha muerto; más aún, Dios no ha existido jamás. Y he aquí la tentativa de edificar la estructura del mundo sobre fundamentos que Nos no dudamos en señalar como a principales responsables de la amenaza que gravita sobre la humanidad: una economía sin Dios, un derecho sin Dios; una política sin Dios. El enemigo se ha preparado y se prepara para que Cristo sea un extraño en la universidad, en la escuela, en la familia, en la administración de la justicia, en la actividad legislativa, en la Inteligencia entre los pueblos, allí donde se determina la paz o la guerra. Este enemigo está corrompiendo el mundo con una prensa y con espectáculos que matan el pudor en los jóvenes y en las doncellas, y destruye el amor entre los esposos."

S.S. Pío XII, Alocución del 12-10-1952.


sábado, 7 de febrero de 2026

EXITOSO CONGRESO SOBRE LOS CRISTEROS SE REALIZÓ EN LA CIUDAD DE MÉXICO


El 5 y 6 de febrero se llevó a cabo en El Palacio de la Autonomía de la UNAM el seminario:

🔴100 años de la Cristiada (1926-2026) ¡Viva Cristo Rey!

Se desarrollaron con gran éxito una serie de conferencias académicas por el centenario de la gesta cristera con destacados intelectuales católicos.

El lugar se abarrotó y fue necesario abrir un salón contiguo al Auditorio donde se proyectaron en vivo las ponencias para aquellos que no encontraron cupo en el Auditorio.

Entre los conferenciantes estuvieron en el primer día, en orden de presentación, Jean Meyer (autor de la magistral obra "La Cristiada"), Óscar Méndez Oceguera, Fernán Alttuve, Jaime del Arenal, Juan Pablo Pampillo Baliño, Ricardo M. Dip, Rodrigo Ruiz Velasco, Alexander Gutiérrez Becker, Elizabeth del Carmen Flores, Rodrigo Fernández Díez y Anuar López Marmolejo.

Al día siguiente la ponencias estuvieron a cargo de Julio Alvear, Danilo Castellano, Luis María de Ruischi, John Rao, Austreberto Martínez Villegas y el magistral cierre del doctor Miguel Ayuso.

El exitoso evento fue convocado por el Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II (Madrid), la Unión Internacional de Juristas Católicos (Roma) y el Grupo Sectorial en Ciencias Políticas de la Federación Internacional de Universidades Católicas (París).

Varias de las conferencias pueden verse en el facebook de Mundo Católico, Televisión Network: https://www.facebook.com/share/1DPbVBuyNf/

En la fotografía: Jean Meyer, Oscar Méndez, Adrián Arzate y Miguel Ayuso. Foto: CATOLICIDAD.

jueves, 5 de febrero de 2026

EVITA TODA CONDUCTA INMODESTA


“El pudor advierte el peligro inminente, impide exponerse a él e impone la fuga en determinadas ocasiones. El pudor no gusta de palabras torpes y vulgares, y detesta toda conducta inmodesta, AUN LA MÁS LEVE; evita con todo cuidado la familiaridad sospechosa con personas de otro sexo, porque llena plenamente el alma de un profundo respeto hacia el cuerpo que es miembro de Cristo (cf. 1 Cor 6:15) y templo del Espíritu Santo”.

S. S. Pío XII, Encíclica Sacra Virginitas.

miércoles, 4 de febrero de 2026

LAS TRISTEZAS DEL PADRE PÍO


Carta del Padre Pío al padre Agostino de San Marco:

Usted sabe bien cómo me hace sufrir el ver a tantos pobres ciegos, que huyen, más que del fuego, de la dulcísima invitación del divino Maestro: «Venid a mí todos los que tenéis sed, y yo os daré de beber». Mi espíritu se siente extremadamente triste al encontrarse ante estos verdaderos ciegos, que ni siquiera sienten piedad de sí mismos, de modo que sus pasiones de tal modo les han privado del sentido común que ni siquiera sueñan en venir a beber de esta verdadera agua del paraíso. Un momento de reflexión, padre, y después dígame si tengo razón al sufrir por la locura de estos ciegos. Mire cómo triunfan cada día más los enemigos de la cruz. ¡Oh, cielos!, ellos arden continuamente en un fuego vivo, entre mil deseos de satisfacciones terrenales. Jesús les invita a que vayan a satisfacer la sed en aquella agua viva. Jesús conoce muy bien la gran necesidad que tienen de beber hasta saciarse de esta nueva agua, que él tiene destinada a quienes verdaderamente tienen sed, para no perecer en las llamas por las que son devorados. Jesús les dirige esta tiernísima invitación: «Venid a mí todos los que tenéis sed, y yo os daré de beber». Pero, ¡Dios mío!, ¿qué respuesta recibe de estos infelices? Estos desgraciados dan pruebas de no entender; se alejan; y, lo que es peor, acostumbrados desde hace años a vivir en ese fuego de satisfacciones terrenas, envejecidos entre esas llamas, ya no escuchan estas amorosas invitaciones, y ni siquiera se dan cuenta del peligro grave, horroroso, en el que están. (10 de octubre de 1915, al P. Agostino da San Marco in Lamis, Ep. I, 666).


lunes, 2 de febrero de 2026

2 DE FEBRERO: LA PURIFICACIÓN DE LA SMA. VIRGEN Y LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS AL TEMPLO


Adorna, Sión, tu morada, y recibe a Cristo Rey; abraza a María, que es puerta celestial, pues ella trae al Rey de la gloria, de la nueva luz. La Virgen se detiene, llevando en sus manos al Hijo engendrado antes que la aurora; y Simeón, al tomarle en sus brazos, anuncia a los pueblos que él es el Señor de la vida y de la muerte, y el Salvador del mundo.


viernes, 30 de enero de 2026

DI NO AL CELO AMARGO


"...Es un error esperar atraer las almas a Dios con un celo amargo: es más, increpar con acritud (aspereza) los errores, reprender con vehemencia los vicios, a veces es más dañoso que útil. Ciertamente el Apóstol exhortaba a Timoteo: Arguye, exige, increpa, pero añadía, con toda paciencia".

San Pío X, E Supremi Apostolatus


jueves, 29 de enero de 2026

CONCUBINATO



Se llama concubinato vivir el hombre y la mujer como casados, sin haber recibido el Sacramento del matrimonio.

El concubinato es un crimen (DE FORNICACIÓN) ante Dios, una abominación ante la Iglesia y un escándalo público ante la sociedad.

EL MATRIMONIO CIVIL

Por ser el matrimonio un Sacramento, su celebración, entre cristianos, está completamente fuera de la jurisdicción civil.

En el matrimonio, entre cristianos, el contrato no puede separarse del Sacramento; porque el matrimonio es el mismo contrato natural elevado por Jesucristo a la dignidad de Sacramento.

No puede haber para el cristiano, pues, verdadero matrimonio que no sea Sacramento.

Para los cristianos es válido solamente el matrimonio religioso, y quien no se casa por la Iglesia no está casado. Por consiguiente para el cristiano, el llamado matrimonio civil no es matrimonio válido, y es nulo aún considerado como simple contrato.

Si llega a contraerlo por ser obligatorio o necesario civilmente, sería solo para hacer valer los efectos civiles.

El vicario de Jesucristo en la tierra, el Papa Pío IX, en una Alocución lo dijo bien claramente con estas palabras:
“Toda otra unión del varón y la mujer, fuera del Sacramento, hecha en virtud de cualquier ley civil, no es matrimonio entre cristianos, y está absolutamente condenada”.

Por tanto, los cristianos que unidos SÓLO civilmente (en realidad en concubinato) viven como casados, viven en continuo pecado mortal. Lo mismo que quienes habiendo contraído matrimonio religioso acuden al INVÁLIDO divorcio civil y dizque nuevamente se "casan" civilmente. Quienes viven en concubinato o deben casarse por la Iglesia o separarse. Los casados religiosamente que se divorciaron y se unieron "conyugalmente" ya sea por "matrimonio" civil o no, deben separarse de esa falsa unión conyugal. En ambos casos si la muerte los sorprende en ese estado, sus almas serán condenadas al infierno por toda la eternidad.

Los hijos de los cristianos unidos sólo civilmente, son ilegítimos ante Dios, ante la Iglesia y ante las personas de recta conciencia.

En donde la ley lo exige, debe hacerse la inscripción del matrimonio en el registro civil, para dar y asegurar los efectos civiles a los casados y a su prole.

Pero el cristiano instruido en las cosas de religión, al inscribirse en el registro civil, no intenta contraer realmente matrimonio, sino cumplir una formalidad impuesta por la ley para los efectos civiles.

La ley del matrimonio civil, en la forma establecida en algunas naciones, como sustituto del verdadero matrimonio sacramental, es contraria y ofensiva a la Religión Católica.

Es un vejamen para los católicos obligarles a efectuar el matrimonio civil en sustitución del religioso, puesto que ellos no pueden reconocer otro verdadero matrimonio que el religioso.

Sólo un católico ignorante o impío (el impío ya no es católico, sino un renegado) puede reconocer el matrimonio civil como verdadero matrimonio. El estado podría, con razón, exigir que celebrado el matrimonio religioso se fuera inmediatamente a inscribirlo en el Registro Civil.

Pero el estado no puede en manera alguna, sin ofender los sentimientos religiosos de los católicos conscientes, considerar el acto de registro civil como celebración de matrimonio. Evidentemente en los gobiernos laicos, en realidad ateos, se considera verdadero matrimonio al civil aún para los creyentes.

Aun en naciones no católicas, si en ellas se respetara la libertad de conciencia, el estado no debería tener otra exigencia para los católicos que la inscripción del matrimonio en el Registro Civil.
 

miércoles, 28 de enero de 2026

LA VOZ IMPERIOSA DE CRISTO


Algún día no muy lejano la Santa Iglesia de Dios despertará de su letargo, en que un sector muy amplio del Clero iscariote la mantiene secuestrada y dopada con las hierbas pestilentes de satanás y sus logias. Llegará un puñado de valientes ávido del espíritu de la Verdad y el mundo escuchará el rugir de la Voz imperiosa de Cristo, el Señor de señores y Dios Omnipotente, para unos gozo y alegría indecible y para otros dolor, espanto porque su juicio ha llegado.


lunes, 26 de enero de 2026

NO OSTENTARÁS


"Cuanto más religioso es un hombre menos ganas tiene de ostentar su religiosidad, de orar a gritos o de tocar trompetas -e invitar a los periodistas- cuando da limosna. El gran pudor de mostrar lo que hay de mejor en nosotros viene del miedo al manoseo, que lo estropea todo. Cuando un hombre tiene dones extraordinarios tiene un grandísimo deseo de parecer un hombre ordinario; por lo menos en lo religioso."

- Leonardo Castellani (1899 - 1981)


sábado, 24 de enero de 2026

MEDITACIÓN SOBRE LOS TRES EFECTOS DEL CELO POR LAS ALMAS



   Predica la palabra de Dios, insiste con ocasión y sin ella, reprende, ruega, exhorta con toda paciencia y doctrina. (2 Timoteo, 4, 2).

    I. Aunque no todos los cristianos sean apóstoles, deben con todo tener celo por la salvación del prójimo. Pero a fin de que ese celo esté bien ordenado, cada uno debe comenzar por convertirse a sí mismo. Tú tienes celo por la conversión de tus parientes, de tus amigos, de tus servidores; les adviertes caritativamente sus faltas; este celo es digno de alabanza; pero, si no te adviertes a ti mismo, es indiscreto; mira si no tienes los defectos que reprochas a los demás.

   II. Contribuye todo lo que puedas, con tus palabras, a la salvación de los demás. Jesucristo no tuvo a menos conversar con los niñitos, ni con la Samaritana, para mostrarles el camino del cielo. Una buena palabra que digas a ese pariente, a ese amigo, a ese servidor, ganará su alma para Dios. Jesucristo ha derramado toda su sangre para rescatar esa alma, ¿y tú no quieres decir una palabra para impedir que se condene? ¿Dónde está tu caridad?

   III. ¿Quieres ser un verdadero apóstol? Predica con tus actos. Lleva una vida ejemplar; más conmoverás cuando te vean, que oyendo al más famoso de los predicadores; tu modestia detendrá aun a los más libertinos. ¿Cuántas ocasiones de trabajar por el prójimo dejas escapar? Es seguro, dice San Gregorio, que Dios te pedirá cuenta del alma de tu prójimo, si descuidas trabajar en su salvación en la medida en que lo puedas.

El celo por las almas.
Orad por los eclesiásticos.


viernes, 23 de enero de 2026

IRRESPONSABLE Y FUNESTO DESCUIDO



   Lo es, y lo es en grado sumo, el de muchas familias con sus enfermos, a quienes no disponen convenientemente, en caso de gravedad, para recibir los santos sacramentos.

   Proporcionar los últimos socorros de la religión a los enfermos es, no sólo un acto de caridad meritoria a los ojos de Dios, sino también un deber sagrado que no se infringe sin incurrir en una responsabilidad terrible. Si uno se hace culpable de homicidio cuando deja morir de hambre a su semejante, ¿qué nombre dar al crimen horroroso de dejar perecer un alma por no suministrarle los auxilios de nuestra santa Religión?

   Y, sin embargo, ¡cuántas veces nos muestra la experiencia que se comete este crimen aun por familias católicas! Sea por quiméricos terrores o sea por una inexcusable debilidad, se llama al sacerdote lo más tarde posible y a veces cuando el enfermo está ya destituido de los sentidos. No hablamos aquí de las familias que esperan ex-profeso a que el enfermo entre en agonía y que hacen de la religión una vana formalidad de pura conveniencia. ¡Apartemos la vista de tanta indignidad! Hablamos de esas familias, en las que aún queda bastante fe para considerar los sacramentos como cosas santas, para desear que los enfermos los reciban con disposición cristiana y en las que, sin embargo, no se les habla de confesarse sino después que se ha perdido toda esperanza de curación. ¿Y qué sucede a menudo en este caso? Se vacila todavía, se dilata el momento; los terribles síntomas se declaran; entonces se apresuran, corren en busca de un sacerdote, pero llegan tarde ¡todo ha concluido! ¡No permita Dios que seáis tratados así en vuestra última hora!

   Pero, ¿qué es lo que detiene en el cumplimiento de esta misión sagrada? — “No me atrevo a hablarle de un sacerdote”, decís, “temo asustarle”. —Y aun cuando se asustase, ¿preferís exponer su alma a la condenación eterna o a una larga expiación, en el purgatorio? ¡Asustarle! Pues si durmiese al borde de un abismo o en una casa invadida por las llamas, ¿vacilaríais en despertarle por no asustarle?

   Decís, que llamaréis al sacerdote, cuando el enfermo lo pida. ¿Pero ignoráis, que rara vez se dan cuenta los enfermos de su gravedad? Vuestro es el deber de preparar al enfermo, para que reciba a tiempo los auxilios religiosos. Acudid con tiempo a vuestra parroquia o al sacerdote conocido, que os facilitará el cumplimiento de este grave deber.

   Desterrad de vuestra mente la falsa preocupación de que el enfermo se asustará si le habláis de sacramentos.

   La experiencia enseña, que el enfermo sabe, que el sacerdote viene a llenar a su lado el más dulce y benéfico de todos los ministerios, a purificar y consolar su alma, a traerle, en fin, en medio de las más crueles angustias, la paz y la dulzura de Jesucristo. Nota. En algunos países existen ligas, cuyos adherentes se comprometen a avisarse mutuamente en caso de enfermedad grave, para recibir a tiempo los auxilios espirituales. ¿Por qué no podrían establecerse, también aquí entre nosotros?

La primera diligencia que se ha de hacer cuando se advierta que un enfermo está de peligro, es llamar al párroco o al confesor, para que le administre los sacramentos de la Penitencia, Eucaristía y Extremaunción y le aplique la indulgencia plenaria en el artículo de la muerte (pocos, muy pocos conocen esta gran gracia. Exígela al sacerdote. Entérate haciendo clic aquí: http://www.catolicidad.com/2014/07/indulgencia-plenaria-la-hora-de-la.html).

Nota: En algunos países existen ligas, cuyos adherentes se comprometen a avisarse mutuamente en caso de enfermedad grave, para recibir a tiempo los auxilios espirituales. ¿Por qué no podrían establecerse, también aquí entre nosotros? O bien, comprometerse mutuamente a ello con dos o tres familiares. Otro aspecto a considerar es estar siempre en gracia santificante (confesado) antes de cualquier operación, aunque el riesgo sea bajo. No olvidemos que los mandamientos de la santa Madre Iglesia obligan a la Confesión cuando menos una vez al año (minimum minimorum) o si existe peligro de muerte. Por último, hay que constatar que el enfermo tenga siempre puesto su escapulario y si no se la ha impuesto, solicitarle al sacerdote que lo atiende que lo haga. Todo católico debería portarlo siempre. 

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¡Oh Madre de Piedad, escuchad benigna las súplicas de las familias cristianas, para que ninguno muera en sus hogares sin haber recibido el Santo Viático!

jueves, 22 de enero de 2026

TRANSMITIR Y ANUNCIAR LO MISMO QUE SE RECIBIÓ


"No aceptamos ninguna fe nueva de las que otros nos prescriben, ni tenemos la osadía de transmitir como doctrina los productos de nuestras propias reflexiones, no sea que transformemos las palabras de la Religión en palabras meramente humanas. Aquello que los Santos Padres nos enseñaron a nosotros, lo anunciamos a aquellos que nos interrogan".

San Basilio Magno, Padre y Doctor de la Iglesia, Epístola 140 (A la iglesia de Antioquía).


martes, 20 de enero de 2026

MONS. ATHANASIUS SCHNEIDER REFUTA AL CARDENAL MODERNISTA ARTHUR ROCHE

 


-Monseñor Athanasius Schneider: El informe litúrgico del cardenal Roche es manipulador y distorsiona la historia.

-Una entrevista exclusiva sobre la más reciente defensa del Traditionis Custodes por parte del cardenal Arthur Roche.

DIANE MONTAGNA

Fuente: https://dianemontagna.substack.com/p/bishop-schneider-cardinal-roches

SUBSTACK DE DIANE MONTAGNA

(Crédito de la foto: Simon Caldwell).

ROMA, 20 de enero de 2026 — El obispo Athanasius Schneider ha emitido una enérgica crítica a un reciente informe sobre liturgia preparado por el cardenal Arthur Roche, afirmando que se basa en un «razonamiento manipulador» y «distorsiona la evidencia histórica».

El texto de dos páginas del Cardenal, presentado como una cuidadosa reflexión teológica, histórica y pastoral, se distribuyó a los miembros del Sagrado Colegio en un consistorio convocado por el papa León XIV los días 7 y 8 de enero. Aunque no se presentó ni se debatió formalmente en la reunión por falta de tiempo, el informe recibió una fuerte oposición del clero y los fieles tras la difusión de su contenido en los medios de comunicación.

En un análisis punto por punto, el obispo Schneider cuestiona tanto los supuestos históricos como las premisas teológicas que sustentan el texto. Basándose en los documentos del Concilio Vaticano II, la enseñanza papal y el testimonio de eruditos y testigos directamente involucrados en la reforma litúrgica posconciliar, argumenta que el informe no refleja un análisis imparcial y minucioso, sino más bien un enfoque ideológico marcado por lo que él llama «clericalismo rígido».

En el centro de la crítica del obispo se encuentra la afirmación de que la reforma litúrgica implementada en 1970 representa una ruptura con el desarrollo orgánico del Rito Romano. El obispo Schneider sostiene que la misa más fiel al Concilio fue el Ordo Missae de 1965, y que la forma promulgada posteriormente por el papa Pablo VI —el Novus Ordo Missae— fue rechazada sustancialmente por el primer Sínodo de Obispos después del Concilio en 1967.

También cuestiona la interpretación del cardenal Roche de la bula Quo primum de Pío V, cuestiona su afirmación de que la restauración de la liturgia romana tradicional fue meramente una “concesión” y cuestiona la sugerencia de que el pluralismo litúrgico “congela la división” dentro de la Iglesia.

Para el obispo Schneider, el informe del cardenal Roche “recuerda la lucha desesperada de una gerontocracia enfrentada a críticas serias y cada vez más vocales, que surgen principalmente de una generación más joven, cuya voz esta gerontocracia intenta sofocar mediante argumentos manipuladores y, en última instancia, utilizando el poder y la autoridad como armas”.

En la entrevista que sigue, Su Excelencia también analiza el consistorio extraordinario previsto para finales de junio y describe alternativas que, según él, podrían ayudar a restablecer la paz litúrgica en la Iglesia.

Diane Montagna (DM): Excelencia, ¿cuál es su visión general del documento sobre la liturgia preparado por el cardenal Roche para la consideración de los miembros del Sagrado Colegio en el consistorio extraordinario?

+Athanasius Schneider (+AS): Para cualquier observador honesto y objetivo, el documento del Cardenal Roche da la impresión de un claro prejuicio contra el Rito Romano Tradicional y su uso actual. Parece impulsado por una agenda destinada a denigrar esta forma litúrgica y, en última instancia, eliminarla de la vida eclesial. El cardenal parece decidido a negar al rito tradicional cualquier lugar legítimo en la Iglesia actual. Un compromiso con la objetividad y la imparcialidad, marcado por la ausencia de prejuicios y una genuina preocupación por la verdad, brilla por su ausencia. En cambio, el documento emplea un razonamiento manipulador e incluso distorsiona la evidencia histórica. No logra encarnar el principio clásico, sine ira et studio , es decir, un enfoque «sin ira ni celo partidista».

(DM): Analicemos varios pasajes específicos del informe. En el n.º 1, el cardenal Roche afirma: «La historia de la liturgia, podríamos decir, es la historia de su continua 'reforma' en un proceso de desarrollo orgánico». Esto plantea una pregunta fundamental: ¿son lo mismo reforma que desarrollo ? La reforma parece sugerir una intervención deliberada y positivista, mientras que el desarrollo parece implicar un crecimiento orgánico comprobado a lo largo del tiempo. Históricamente, ¿es correcto decir que la liturgia ha requerido una reforma continua, o se entiende mejor como un desarrollo orgánico, con solo intervenciones correctivas ocasionales?

(+AS): En este sentido, la declaración del Papa Benedicto XVI sigue siendo pertinente e incontrovertible: «En la historia de la liturgia hay crecimiento y progreso, pero no ruptura» (Carta a los Obispos con ocasión de la publicación de la Carta Apostólica Summorum Pontificum , 7 de julio de 2007). Es un hecho histórico —atestiguado por eruditos litúrgicos autorizados— que desde la época del Papa Gregorio VII en el siglo XI, es decir, durante casi un milenio, el Rito de la Iglesia Romana no experimentó reformas significativas. El Novus Ordo de 1970, en cambio, se presenta a cualquier observador honesto y objetivo como una ruptura con la tradición milenaria del Rito Romano.

Esta evaluación se ve reforzada por el juicio del erudito litúrgico Archimandrita Boniface Luykx, perito del Concilio Vaticano II y miembro de la comisión litúrgica vaticana (el llamado Consilium), dirigida por el padre Annibale Bugnini. Luykx identificó fundamentos teológicos erróneos en la labor de esta comisión, escribiendo:

“Detrás de estas exageraciones revolucionarias se escondían tres principios típicamente occidentales pero falsos: (1) el concepto (a la Bugnini) de la superioridad y el valor normativo del hombre occidental moderno y su cultura para todas las demás culturas; (2) la inevitable y tiránica ley del cambio constante que algunos teólogos aplicaron a la liturgia, la enseñanza de la Iglesia, la exégesis y la teología; y (3) la primacía de lo horizontal” ( Una visión más amplia del Vaticano II , Angelico Press, 2025, p. 131).

(DM): ¿Es precisa la descripción que hace el cardenal Roche de la bula Quo primum del papa Pío V en el n.º 2? ¿Acaso el papa San Pío V no permitió que continuara cualquier rito que se hubiera usado durante doscientos años? ¿Y acaso no se permitió que otros ritos, como el ambrosiano o el dominico, persistieran y prosperaran?

(+AS): El cardenal Roche hace una referencia selectiva al Quo primum , distorsionando así su significado y utilizando el documento del papa San Pío V para respaldar una interpretación antitradicional. De hecho, el Quo primum permite explícitamente que todas las variantes del Rito Romano que se han usado ininterrumpidamente durante al menos doscientos años continúen legalmente. La unidad no significa uniformidad, como atestigua la historia de la Iglesia.

Dom Alcuin Reid, estudioso de la liturgia y destacado experto en el desarrollo orgánico de la liturgia, describe así la situación de este período:

No debemos caer en el error revisionista de imaginar un completo encubrimiento centralista de la liturgia occidental: la diversidad persistió en el seno de esta unidad. Los dominicos mantuvieron su propia liturgia. Otras órdenes también mantuvieron ritos distintivos. Las iglesias locales (Milán, Lyon, Braga, Toledo, etc., así como los principales centros medievales ingleses: Salisbury, Hereford, York, Bangor y Lincoln) conservaron sus propias liturgias. Sin embargo, cada una pertenecía a la familia litúrgica romana ( The Organic Development of the Liturgy , Farnborough 2004, pp. 20-21).

Esta realidad histórica confirma que el Papa San Pío V efectivamente permitió que perduraran ritos con una historia continua de al menos dos siglos, incluidos usos bien establecidos como los ritos ambrosiano y dominicano, que no sólo se conservaron sino que continuaron floreciendo dentro de la unidad de la Iglesia romana.

(DM): En la nota 4 del documento, el cardenal Roche escribe: «Podemos afirmar con certeza que la reforma de la Liturgia querida por el Concilio Vaticano II está… en plena sintonía con el verdadero sentido de la Tradición». ¿Cuál es su opinión sobre esta afirmación, especialmente a la luz de la experiencia que la mayoría de los católicos tienen de la Nueva Misa en su parroquia?

(+AS): Esta afirmación es solo parcialmente cierta. La intención de los Padres del Concilio Vaticano II fue, de hecho, una reforma en continuidad con la tradición de la Iglesia, como se desprende de esta importante formulación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia: «No debe haber innovaciones a menos que el bien de la Iglesia las exija genuina y ciertamente; y debe procurarse que las nuevas formas que se adopten surjan, de algún modo, orgánicamente de las ya existentes» (Sacrosanctum Concilium , n. 23).

El cardenal Roche comete el error típico de un ideólogo, utilizando un argumento circular, que se puede resumir así: (1) la reforma de la Misa de 1970 está en plena sintonía con el verdadero significado de la Tradición; (2) la intención de los Padres del Concilio Vaticano II estaba en plena sintonía con el verdadero significado de la Tradición; (3) por lo tanto, la Misa de 1970 está en plena sintonía con el verdadero significado de la Tradición.

Sin embargo, poseemos valoraciones de testigos eminentes que estuvieron directamente implicados en los debates litúrgicos del Concilio y que sostienen que el Ordinario de la Misa de 1970 representa el producto de una especie de revolución litúrgica, contraria a la verdadera intención de los Padres Conciliares.

Entre los testigos más importantes se encuentra Joseph Ratzinger. En una carta de 1976 al profesor Wolfgang Waldstein, escribió con sorprendente claridad:

El problema del nuevo Misal radica en que rompe con esta historia continua —que progresó ininterrumpidamente tanto antes como después de Pío V— y crea un libro completamente nuevo, cuya aparición va acompañada de una especie de prohibición de lo previamente existente, totalmente ajena a la historia del derecho eclesiástico y la liturgia. Por mi conocimiento de los debates conciliares y una lectura renovada de los discursos pronunciados en aquel momento por los Padres Conciliares, puedo afirmar con certeza que esto no fue intencionado.

Otro testigo destacado es el ya mencionado Archimandrita Boniface Luykx. En su recientemente publicado "Una visión más amplia del Vaticano II. Memorias y análisis de un consultor conciliar", declaró con franqueza:

Hubo una continuidad perfecta entre el período preconciliar y el propio Concilio, pero después del Concilio esta continuidad crucial fue interrumpida por las comisiones posconciliares. … El Novus Ordo no es fiel a la CSL [Constitución sobre la Sagrada Liturgia], sino que va sustancialmente más allá de los parámetros que la CSL estableció para la reforma del rito de la Misa. … La aplanadora del horizontalismo antropocéntrico (en oposición al verticalismo teocéntrico) ha aplanado todas las formas litúrgicas después del Vaticano II, pero su principal víctima es el Novus Ordo . … El principal perdedor en este proceso es el misterio, que debería ser, por el contrario, el objeto y contenido principal de la celebración” (pp. 80, 98, 104).

(DM): ¿Qué opina de la afirmación del cardenal Roche en el n. 9, de que “el bien primario de la unidad de la Iglesia no se logra congelando la división, sino encontrándonos en el compartir lo que no puede ser más que compartido”?

(+AS): Para el cardenal Roche, la mera existencia del principio y la realidad del pluralismo litúrgico en la vida de la Iglesia aparentemente equivale a una «división congelante». Tal afirmación es manipuladora y deshonesta, pues contradice no solo la práctica bimilenaria de la Iglesia, que siempre ha considerado la diversidad de ritos reconocidos —o de variantes legítimas dentro de un rito— no como una fuente de división, sino como un enriquecimiento de la vida eclesial.

Solo clérigos de mente estrecha, moldeados por una mentalidad clericalista, han mostrado —y continúan mostrando incluso en nuestros días— intolerancia hacia la coexistencia pacífica de diferentes ritos y prácticas litúrgicas. Entre muchos ejemplos deplorables se encuentra la coerción sufrida por los cristianos de Santo Tomás en la India durante el siglo XVI, quienes se vieron obligados a abandonar sus propios ritos y adoptar la liturgia de la Iglesia latina, basándose en el argumento de que a una lex credendi debe corresponder solo una lex orandi , es decir, una única forma litúrgica.

Otro ejemplo trágico es la reforma litúrgica de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el siglo XVII, que prohibió la forma antigua de su rito e impuso el uso exclusivo de una versión revisada. Si las autoridades eclesiásticas hubieran permitido la coexistencia del rito antiguo y el nuevo, ciertamente no habrían "congelado la división", sino que habrían evitado un doloroso cisma —el cisma de los llamados "Viejos Ritos" o "Viejos Creyentes"— que ha perdurado hasta nuestros días. Tras un período considerable de tiempo, la jerarquía de la Iglesia Ortodoxa Rusa reconoció el error pastoral de la uniformidad litúrgica impuesta y restableció el libre uso de la forma antigua del rito. Desafortunadamente, solo una minoría de los "Viejos Creyentes" se reconcilió con la jerarquía, mientras que la mayoría permaneció en el cisma, ya que los traumas eran demasiado profundos y la atmósfera de desconfianza y alienación mutuas había perdurado demasiado tiempo. En este caso, la intolerancia por parte de la jerarquía hacia el uso legítimo del rito más antiguo literalmente congeló la división: los antiguos ritualistas fueron exiliados por el zar a la helada Siberia.

El apego a la forma más antigua del Rito Romano no “congela la división”. Por el contrario, representa, en palabras de San Juan Pablo II, “una justa aspiración a la que la Iglesia garantiza respeto” (Carta Apostólica Ecclesia Dei, 2 de julio de 1988, n. 5 c). La coexistencia pacífica de ambos usos del Rito Romano, iguales en derecho y dignidad, demostraría que la Iglesia ha preservado tanto la tolerancia como la continuidad en su vida litúrgica, implementando así el consejo del “dueño de la casa”, alabado por el Señor, “que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas (nova et vetera )” (Mt. 13:52). Por el contrario, en este documento el Cardenal Roche emerge como un representante de un clericalismo intolerante y rígido en la esfera litúrgica, uno que rechaza la posibilidad de un genuino compartir recíproco en presencia de diferentes tradiciones litúrgicas.

(DM): En el número 10 del documento —que quizás despertó la mayor consternación— el cardenal Roche afirma: «El uso de los libros litúrgicos que el Concilio intentó reformar fue, desde san Juan Pablo II hasta Francisco, una concesión que de ninguna manera preveía su promoción». ¿Cómo respondería al cardenal sobre este punto, particularmente en vista de la carta apostólica Summorum Pontificum del papa Benedicto XVI y su carta adjunta a este motu proprio ?

(+AS): Yo respondería con la siguiente sabia observación del archimandrita Boniface Luykx: “Sostengo que la pluriformidad —es decir, la coexistencia de diferentes formas de celebración litúrgica manteniendo el núcleo esencial— podría ser una gran ayuda para la Iglesia occidental… El Papa Juan Pablo II, de hecho, adoptó el principio de pluriformidad cuando restauró la Misa Tridentina en 1988” (Una visión más amplia del Vaticano II , pág. 113).

Esta perspectiva contradice directamente la afirmación de que el uso continuado de los libros litúrgicos anteriores fue simplemente una concesión tolerada sin intención de fomentarla ni promoverla. Una importante enseñanza de San Juan Pablo II ilustra aún más este punto. Afirma:

“En el Misal Romano de San Pío V, como en varias liturgias orientales, hay oraciones muy hermosas mediante las cuales el sacerdote expresa el sentido más profundo de humildad y reverencia ante los sagrados misterios: revelan la sustancia misma de la liturgia” (Mensaje a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos , 21 de septiembre de 2001).

En conjunto, estos testimonios autorizados demuestran que el reconocimiento y la restauración de los libros litúrgicos más antiguos no se entendieron simplemente como concesiones renuentes, sino como expresiones de una pluriformidad legítima dentro de la vida litúrgica de la Iglesia, capaz de enriquecer a la Iglesia occidental preservando al mismo tiempo el núcleo esencial del Rito Romano.

(DM): Es muy posible que, si este documento se hubiera debatido en el consistorio del 7 y 8 de enero, los cardenales, en conjunto, no hubieran podido discernirlo adecuadamente, dada la generalizada falta de formación litúrgica en la Iglesia actual, incluso entre el clero y la jerarquía. ¿Cuántos de ellos, por ejemplo, podrían haber refutado la afirmación del cardenal sobre la bula Quo primum de Pío V? En un futuro consistorio, está perfectamente dentro de la facultad del Papa nombrar a un perito para que presente un documento más erudito y fundamentado a los miembros del Sagrado Colegio sobre el tema que desea que consideren. ¿Podría ser esta una vía de avance en el consistorio extraordinario previsto para finales de junio de 2026?

(+AS): Creo que hoy en día hay una gran ignorancia entre los obispos y cardenales sobre la historia de la liturgia, sobre la naturaleza de los debates litúrgicos durante el Concilio e incluso sobre el texto mismo de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II.

Dos hechos muy importantes se olvidan con frecuencia. El primero es que la verdadera reforma de la Misa según el Concilio ya se había promulgado en 1965, concretamente el Ordo Missae de 1965, que la Santa Sede describió explícitamente en aquel momento como la aplicación de las disposiciones de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia. Este Ordo Missae representó una reforma muy cautelosa y conservó todos los detalles esenciales de la Misa tradicional, con solo cambios limitados. Estos incluyeron la omisión del Salmo 42 al comienzo de la Misa —una modificación que no era inédita, ya que este salmo siempre se había omitido en la Misa de Réquiem y durante la Pasión—, así como la omisión del Evangelio de San Juan al final de la Misa.

La verdadera innovación consistió en el uso de la lengua vernácula durante toda la misa, con excepción del canon, que debía rezarse en silencio en latín. Los propios Padres Conciliares celebraron esta misa reformada durante la última sesión de 1965 y expresaron su satisfacción general. Incluso el arzobispo Lefebvre celebró esta forma de la misa y ordenó que se utilizara en su seminario de Écône hasta 1975.

El segundo hecho es el siguiente. En el primer Sínodo de Obispos después del Concilio, celebrado en 1967, el P. Annibale Bugnini presentó a los Padres Sinodales el texto y la celebración de un Ordo Missae radicalmente reformado . Este era esencialmente el mismo Ordo Missae que posteriormente promulgó el Papa Pablo VI en 1969 y que hoy constituye la forma ordinaria de la liturgia en la Iglesia Católica Romana.

Sin embargo, la mayoría de los Padres Sinodales de 1967 —casi todos ellos también Padres del Concilio Vaticano II— rechazaron este Ordo Missae, es decir, nuestro actual Novus Ordo. En consecuencia, lo que celebramos hoy no es la Misa del Concilio Vaticano II, que es en realidad el Ordo Missae de 1965, sino la forma de la Misa que los Padres Sinodales rechazaron en 1967 por considerarla demasiado revolucionaria.

 (DM): ¿Qué alternativas al documento del cardenal Roche les ofrecería a los cardenales, si pudiera ofrecerles sólo algunos puntos?

(+AS): Quisiera presentarles a los cardenales varios puntos fundamentales. En primer lugar, recordaría los innegables hechos históricos sobre la verdadera Misa del Concilio Vaticano II, concretamente el Ordo Missae de 1965, así como el rechazo fundamental por parte de los Padres Sinodales en 1967 del Novus Ordo que les presentó el P. Bugnini.

En segundo lugar, quisiera destacar los principios siempre vigentes que rigen el culto divino, formulados por el propio Concilio Vaticano II: el carácter teocéntrico, vertical, sagrado, celestial y contemplativo de la liturgia auténtica. Como enseña el Concilio:

“En ella lo humano se ordena y subordina a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación, y este mundo presente a la ciudad futura que buscamos. … En la liturgia terrena participamos en un anticipo de la liturgia celestial” ( Sacrosanctum Concilium , nn. 2; 8).

En tercer lugar, quisiera enfatizar el principio de que la diversidad litúrgica no perjudica la unidad de la fe. Como subrayaron los Padres Conciliares:

“En fiel obediencia a la tradición, el sagrado Concilio declara que la santa Madre Iglesia considera de igual derecho y dignidad todos los ritos legítimamente reconocidos y quiere conservarlos en el futuro y fomentarlos por todos los medios” (n. 4).

Por último, quisiera apelar a la conciencia de los cardenales afirmando que el Papa tiene hoy una oportunidad única de restablecer la justicia y la paz litúrgica en la vida de la Iglesia, concediendo a la forma más antigua del Rito Romano la misma dignidad y los mismos derechos que la forma litúrgica ordinaria, conocida como Novus Ordo .

Tal paso podría lograrse mediante una generosa ordenanza pastoral ex integro. Pondría fin a las disputas derivadas de interpretaciones casuísticas sobre el uso de la antigua forma litúrgica. También pondría fin a la injusticia de tratar a tantos hijos e hijas ejemplares de la Iglesia —especialmente a tantos jóvenes y familias jóvenes— como católicos de segunda clase.

Una medida pastoral de este tipo tendería puentes y demostraría empatía con las generaciones pasadas y con un grupo que, aunque minoritario, sigue siendo desatendido y discriminado en la Iglesia actual, en un momento en el que se habla tanto de inclusión, de tolerancia hacia la diversidad y de escucha sinodal de las experiencias de los fieles.

(DM): Excelencia, ¿hay algo que desee añadir?

(+AS): No podría hacer mejor declaración sobre la actual crisis litúrgica que citando las siguientes luminosas palabras del archimandrita Boniface Luykx, un serio erudito litúrgico, un celoso misionero en África y un hombre de Dios que celebró tanto la liturgia latina como la bizantina, respirando así, por así decirlo, con los dos pulmones de la Iglesia:

“El cardenal Ratzinger también ha dado su apoyo, declarando que la antigua Misa es una parte viva y, de hecho, “integral” del culto y la tradición católica, y prediciendo que hará “su propia contribución característica a la renovación litúrgica solicitada por el Concilio Vaticano II” (p. 115).

Cuando desaparece la reverencia, toda adoración se convierte en un simple entretenimiento horizontal, una fiesta social. Aquí, nuevamente, los pobres, los pequeños, son víctimas, ya que los "expertos" y los disidentes les arrebatan la realidad evidente de la vida como emanación de Dios en la adoración (p. 120).

Ningún jerarca, desde un simple obispo hasta el papa, puede inventar nada. Todo jerarca es sucesor de los apóstoles, lo que significa que es, ante todo, guardián y servidor de la Sagrada Tradición: garante de la continuidad en la enseñanza, el culto, los sacramentos y la oración (p. 188).

El documento del cardenal Roche recuerda la lucha desesperada de una gerontocracia enfrentada a críticas serias y cada vez más vocales, que surgen principalmente de una generación más joven, cuya voz esta gerontocracia intenta sofocar mediante argumentos manipuladores y, en última instancia, utilizando el poder y la autoridad como armas.

Sin embargo, la frescura y la belleza intemporales de la liturgia, junto con la fe de los santos y de nuestros antepasados, prevalecerán. El sensus fidei percibe instintivamente esta realidad, especialmente entre los «pequeños» de la Iglesia: niños inocentes, jóvenes heroicos y familias jóvenes.

Por esta razón, recomiendo encarecidamente al cardenal Roche y a muchos otros clérigos mayores y algo rígidos que reconozcan los signos de los tiempos; o, dicho en sentido figurado, que se suban al carro para no quedarse atrás. Porque están llamados a reconocer los signos de los tiempos que Dios mismo da a través de los «pequeños» de la Iglesia, hambrientos del pan puro de la doctrina católica y de la belleza imperecedera de la liturgia tradicional.


lunes, 19 de enero de 2026

CUANDO SON LOS BUENOS LOS QUE NOS DAÑAN


 
PICADURAS DE ABEJAS – Pensamiento para el día 19 de enero.

   Sufrimos por  parte de los malos, somos perseguidos, maltratados por enemigos, por quienes odian nuestra fe, es doloroso en verdad, pero soportable, y el pensamiento de que no podemos esperar nada más de ellos, nos lleva fácilmente a la resignación. No se puede esperar nada bueno de los enemigos de Cristo y su Santa Religión Católica.

   ¿No fue nuestro Señor lleno de oprobio por parte de sus enemigos? ¿Y puede el discípulo ser mejor que el Maestro? 

   Hay, sin embargo, una cruz que, por ser más pesada que muchas otras, es inevitable: “Es el sufrimiento que nos llega de los buenos”. 

   ¡Hay tantos malentendidos, tantas sospechas infundadas, con resultados fatales, en determinadas circunstancias de la vida! San Francisco de Sales llama a este sufrimiento picaduras de abeja. ¿Se puede dudar de la bondad de las abejas? Nos dan miel, cera, ¡trabajan tan duro por nosotros! Hay muchas personas buenas y generosas como las abejas, que a veces nos hacen daño, nos hieren, y eso duele. tal vez con buenas intenciones, por amargo celo, prejuicio o cualquier otro motivo. ¡Abracemos tambien esta cruz que es de oro!

   “Ser despreciado y acusado por gente mala, nos dice el melifluo Doctor San Francisco de Sales en su obra “Introducción a la Vida Devota” es incluso dulce para un hombre valiente; pero, ser reprendido, acusado y maltratado por gente buena, por amigos, por familiares... ¡qué doloroso es! Cómo las picaduras de las  abejas (gente buena) queman más que las de moscas (gente mala), el daño que recibimos de las personas buenas y las contradicciones que nos causan son mucho más insoportables que las de otras personas”. 

   Cristo dijo a Santa Margarita, “Mis enemigos me pusieron una corona de espinas en la cabeza, pero mis amigos, me pusieron una corona de espinas en el corazón” Eso duele más…

   Aceptemos las picaduras de abejas y no nos sorprendamos por ello. ¡Hay tantas avispas en este mundo, Dios mío!…

Pensamientos para cada día del año. Tomado del “Breviario de la Confianza” Monseñor Brandão, Ascânio. Año 1936.