lunes, 11 de julio de 2022

UN BUEN RELIGIOSO ES UN GRAN EJEMPLO


“A la idolatría del dinero, que endurece los corazones y levanta odios y conflictos, el religioso, por el voto de pobreza, opone el ejemplo del total desasimiento y despojo voluntario.

Ante el deseo insaciable de placeres que esclavizan, con el voto de castidad pregona que es posible dominar los sentidos, y mueve con su ejemplo a que se sometan los hogares a las sagradas leyes del matrimonio.

Ante el espíritu de independencia y emancipación que sueña con destruir toda autoridad y no quiere reconocer traba alguna, con el voto de obediencia ofrece el ejemplo de sumisión que, lejos de envilecer, ennoblece, puesto que únicamente se rinde ante Dios.

De este modo los religiosos, al vencer con sus votos el materialismo, salvan al mundo, al mismo tiempo que las almas; atraen a los hombres hacia la práctica de las virtudes cristianas: hacen más de lo debido, para que los otros se animen a hacer lo imprescindible, y además, expían por los pecados de las naciones. ¡Cómo yerra el mundo en sus juicios cuando cree que en las casas religiosas, particularmente en los conventos contemplativos, quedan sepultadas tantas vidas sin utilidad para el bien común!”.

Vida religiosa, P. Royo Marín, O. P.


sábado, 9 de julio de 2022

LA CORRECCIÓN FRATERNA



Tomado del libro "Teología de la Caridad" del Rev. Padre Antonio Royo Marín O.P.

La corrección fraterna—tercer acto exterior de la caridad —es una excelente limosna espiritual encaminada a poner remedio a los pecados del prójimo, que constituyen la mayor de sus miserias. Santo Tomás dedica a la corrección fraterna toda una cuestión dividida en ocho artículos( II, II, 33, 1-8) . He aquí un breve extracto de su doctrina, que ampliaremos oportunamente en la segunda parte de nuestra obra.

1° La corrección fraterna es un acto que puede pertenecer a la caridad o a la justicia. Pertenece a la caridad cuando con ella tratamos de corregir el pecado ajeno en cuanto es nocivo para el propio delincuente; y a la justicia, cuando se hace para remediar el pecado del delincuente en cuanto que perjudica a las demás personas y principalmente al bien común (a.1).

2° Que estamos obligados a corregir a nuestros semejantes cuando yerran, se desprende del amor efectivo que les debemos; si tenemos obligación de socorrerles en sus necesidades corporales, con mayor razón lo estaremos en las necesidades de su espíritu. Claro está que no debe hacerse de cualquier manera, sino guardando las debidas circunstancias para su oportunidad y eficacia (a. 2). La corrección fraterna se puede omitir sin faltar a la caridad cuando se espera ocasión más oportuna o se teme que empeoraría la situación moral del delincuente o perjudicaría a otros. Pero su omisión podría constituir pecado mortal si por temor o codicia se dejara de corregir al hermano; y sería venial el retraso injustificado en realizar este acto de caridad (Ibíd., ad 3).

3° La corrección fraterna pueden y deben ejercitarla no sólo los superiores sobre los súbditos, sino incluso éstos sobre aquéllos, con tal de guardar los debidos miramientos y consideraciones y en el supuesto de que se pueda esperar con fundamento la enmienda; de lo contrario, los súbditos están dispensados de corregir y deben abstenerse de ello. Lo cual no puede aplicarse a los superiores, que tienen obligación de corregir y castigar a los que obran mal, para salvar el orden de la justicia y promover el bien común mediante el escarmiento de los demás (a. 3 y 4).

4° Incluso el pecador puede ejercitar la corrección fraterna, aunque su propio pecado sea obstáculo para la eficacia de la misma. Pero, si reprende con humildad al delincuente, no peca ni se gana doble condenación, aunque se sienta reo en su propia conciencia, o en la del hermano, del mismo pecado que reprende o de otros semejantes (a.5).

5° Cuando se prevé que la corrección empeorará la situación del pecador endureciéndole más, debe omitirse si se trata de simple corrección caritativa; pero no si se trata de una corrección judicial a cargo del superior, pues éste debe mantener el orden de la justicia y promover el bien común mediante el escarmiento de los demás (a.6).

6° En la corrección fraterna debe guardarse el orden impuesto por el Señor en el Evangelio, de suerte que, tratándose de pecados ocultos, se empiece por la amonestación secreta, se continúe ante dos o tres testigos y se haga públicamente sólo cuando hubieran resultado infructuosas las correcciones anteriores. Si se tratara de pecados públicos y conocidos de todos, habría que hacer la corrección públicamente, para que no se escandalicen los demás (viendo que quedan impunes) y escarmienten en cabeza ajena (a.7). 


viernes, 8 de julio de 2022

CUÍDATE DEL ESPÍRITU SEUDO-RELIGIOSO


"Más de una persona que quiere ser piadosa, se dedica a una piedad sentimental, y está convencida de que no será oída por Dios, sino recitando tal fórmula determinada, y esto delante de tal imagen determinada y no de otra, y en tal día y no en otro, y cree esto con tanta firmeza como si lo hubiese leído en el Evangelio, mientras ignora casi por completo las palabras de vida que allí nos dejó nuestro divino Salvador.

A tal persona no le falta lo que se llama devoción -es tal vez la más piadosa de la parroquia- pero sí, la recta espiritualidad. No sabe distinguir entre lo esencial y lo secundario, y así se trastorna en ella el orden de los valores, de modo que los de poco valor le parecen más importantes que los de primera categoría. Es porque esa alma se deja llevar, sin darse cuenta, de un espíritu seudo-religioso, que es precisamente la mejor arma del diablo para corromper las almas piadosas".

Mons. Straubinger


jueves, 7 de julio de 2022

EXCELENCIAS DE LA SOTANA


  

¿Qué importa que un cura no vista su sotana? 

Esta breve colección de textos nos recuerda la importancia del "uniforme sacerdotal", la sotana o hábito talar. Valga otro tanto para el hábito religioso propio de las órdenes y congregaciones. En un mundo secularizado, no hay mejor testimonio cristiano de parte de los consagrados a Dios que la vestimenta sagrada en los sacerdotes y religiosos.

Siete excelencias de la sotana

Fíjese si el impacto de la sotana es grande ante la sociedad, que muchos regímenes anticristianos la han prohibido expresamente. Esto debe decirnos algo. ¿Cómo es posible que ahora, hombres que se dicen de Iglesia desprecien su significado y se nieguen a usarla?

Hoy en día son pocas las ocasiones en que podemos admirar a un sacerdote vistiendo su sotana. El uso de la sotana, una tradición que se remonta a tiempos antiquísimos, ha sido olvidado y a veces hasta despreciado en la Iglesia posconciliar. Pero esto no quiere decir que la sotana perdió su utilidad sino que la indisciplina y el relajamiento de las costumbres entre el clero en general es una triste realidad.

La sotana fue instituida por la Iglesia a fines del siglo V con el propósito de darle a sus sacerdotes un modo de vestir serio, simple y austero. Recogiendo esta tradición, el Código de Derecho Canónico impone el hábito eclesiástico a todos los sacerdotes (canon 136).

Contra la enseñanza perenne de la Iglesia está la opinión de círculos enemigos de la Tradición que tratan de hacernos creer que el hábito no hace al monje, que el sacerdocio se lleva dentro, que el vestir es lo de menos y que lo mismo se es sacerdote con sotana que de paisano.

Sin embargo, la experiencia demuestra todo lo contrario, porque cuando hace más de 1.500 años la Iglesia decidió legislar sobre este asunto fue porque era y sigue siendo importante, ya que ella no se preocupa de niñerías.

Seguidamente exponemos siete excelencias de la sotana condensadas de un escrito del ilustre Padre Jaime Tovar Patrón.

1º - El recuerdo constante del sacerdote

Ciertamente que, una vez recibido el orden sacerdotal, no se olvida fácilmente. Pero nunca viene mal un recordatorio: algo visible, un símbolo constante, un despertador sin ruido, una señal o bandera. El que va de paisano es uno de tantos, el que va con sotana, no. Es un sacerdote y él es el primer persuadido. No puede permanecer neutral, el traje lo delata. O se hace un mártir o un traidor, si llega el caso. Lo que no puede es quedar en el anonimato, como un cualquiera. Y luego... ¡Tanto hablar de compromiso! No hay compromiso cuando exteriormente nada dice lo que se es. Cuando se desprecia el uniforme, se desprecia la categoría o clase que éste representa.

2º - Presencia de lo sobrenatural en el mundo

No cabe duda que los símbolos nos rodean por todas partes: señales, banderas, insignias, uniformes... Uno de los que más influjo produce es el uniforme. Un policía, un guardián, no hace falta que actúe, detenga, ponga multas, etc. Su simple presencia influye en los demás: conforta, da seguridad, irrita o pone nervioso, según sean las intenciones y conducta de los ciudadanos.

Una sotana siempre suscita algo en los que nos rodean. Despierta el sentido de lo sobrenatural. No hace falta predicar, ni siquiera abrir los labios. Al que está a bien con Dios le da ánimo, al que tiene enredada la conciencia le avisa, al que vive apartado de Dios le produce remordimiento.

Las relaciones del alma con Dios no son exclusivas del templo. Mucha, muchísima gente no pisa la Iglesia. Para estas personas, ¿qué mejor forma de llevarles el mensaje de Cristo que dejándoles ver a un sacerdote consagrado vistiendo su sotana? Los fieles han levantando lamentaciones sobre la desacralización y sus devastadores efectos. Los modernistas claman contra el supuesto triunfalismo, se quitan los hábitos, rechazan la corona pontificia, las tradiciones de siempre y después se quejan de seminarios vacíos; de falta de vocaciones. Apagan el fuego y luego se quejan de frío. No hay que dudarlo: la desotanización lleva a la desacralización.

3º - Es de gran utilidad para los fieles

El sacerdote lo es, no sólo cuando está en el templo administrando los sacramentos, sino las veinticuatro horas del día. El sacerdocio no es una profesión, con un horario marcado; es una vida, una entrega total y sin reservas a Dios. El pueblo de Dios tiene derecho a que lo asista el sacerdote. Esto se les facilita si pueden reconocer al sacerdote de entre las demás personas; si éste lleva un signo externo. El que desea trabajar como sacerdote de Cristo debe poder ser identificado como tal para el beneficio de los fieles y el mejor desempeño de su misión.

4º - Sirve para preservar de muchos peligros

¡A cuántas cosas se atreverán los clérigos y religiosos si no fuera por el hábito! Esta advertencia, que era sólo teórica cuando la escribía el ejemplar religioso P. Eduardo F. Regatillo, S. I., es hoy una terrible realidad.

Primero, fueron cosas de poco bulto: entrar en bares, sitios de recreo, alternar con seglares, pero poco a poco se ha ido cada vez a más.

Los modernistas quieren hacernos creer que la sotana es un obstáculo para que el mensaje de Cristo entre en el mundo. Pero, al suprimirla, han desaparecido las credenciales y el mismo mensaje. De tal modo, que ya muchos piensan que al primero que hay que salvar es al mismo sacerdote que se despojó de la sotana supuestamente para salvar a otros.

Hay que reconocer que la sotana fortalece la vocación y disminuye las ocasiones de pecar para el que la viste y los que lo rodean. De los miles que han abandonado el sacerdocio después del Concilio Vaticano II, prácticamente ninguno abandonó la sotana el día antes de irse: lo habían hecho ya mucho antes.

5º - Ayuda desinteresada a los demás

El pueblo cristiano ve en el sacerdote el hombre de Dios, que no busca su bien particular sino el de sus feligreses. La gente abre de par en par las puertas del corazón para escuchar al padre que es común del pobre y del poderoso. Las puertas de las oficinas y de los despachos por altos que sean se abren ante las sotanas y los hábitos religiosos. ¿Quién le niega a una monjita el pan que pide para sus pobres o sus ancianitos? Todo esto viene tradicionalmente unido a unos hábitos. Este prestigio de la sotana se ha ido acumulando a base de tiempo, de sacrificios, de abnegación. Y ahora, ¿se desprenden de ella como si se tratara de un estorbo?

6º - Impone la moderación en el vestir

La Iglesia preservó siempre a sus sacerdotes del vicio de aparentar más de lo que se es y de la ostentación dándoles un hábito sencillo en que no caben los lujos. La sotana es de una pieza (desde el cuello hasta los pies), de un color (negro) y de una forma (saco). Los armiños y ornamentos ricos se dejan para el templo, pues esas distinciones no adornan a la persona sino al ministro de Dios para que dé realce a las ceremonias sagradas de la Iglesia.

Pero, vistiendo de paisano, le acosa al sacerdote la vanidad como a cualquier mortal: las marcas, calidades de telas, de tejidos, colores, etc. Ya no está todo tapado y justificado por el humilde sayal. Al ponerse al nivel del mundo, éste lo zarandeará, a merced de sus gustos y caprichos. Habrá de ir con la moda y su voz ya no se dejará oír como la del que clamaba en el desierto cubierto por el palio del profeta tejido con pelos de camello.

7º - Ejemplo de obediencia al espíritu y legislación de la Iglesia

Como uno que comparte el Santo Sacerdocio de Cristo, el sacerdote debe ser ejemplo de la humildad, la obediencia y la abnegación del Salvador. La sotana le ayuda a practicar la pobreza, la humildad en el vestuario, la obediencia a la disciplina de la Iglesia y el desprecio a las cosas del mundo. Vistiendo la sotana, difícilmente se olvidará el sacerdote de su papel importante y su misión sagrada o confundirá su traje y su vida con la del mundo.

Estas siete excelencias de la sotana podrán ser aumentadas con otras que le vengan a la mente a usted. Pero, sean las que sean, la sotana por siempre será el símbolo inconfundible del sacerdocio porque así la Iglesia, en su inmensa sabiduría, lo dispuso y ha dado maravillosos frutos a través de los siglos.

- CONVIENE RECORDAR: Muchos sacerdotes y religiosos mártires han pagado con su sangre el odio a la fe y a la Iglesia desatado en las terribles persecuciones religiosas de los últimos siglos. Muchos fueron asesinados sencillamente por vestir la sotana. El sacerdote que viste su sotana es para todos un modelo de coherencia con los ideales que profesa, a la vez que honra el cargo que ocupa en la sociedad cristiana.

Si bien es cierto que el hábito no hace al monje, también es cierto que el monje viste hábito y lo viste con honor. ¿Qué podemos pensar del militar que desprecia su uniforme? ¡Lo mismo que del cura que desprecia su sotana!

martes, 5 de julio de 2022

EL RELATO DEL DEMONIO Y LOS TRES MONJES


En una ocasión, el demonio se apareció a tres monjes y les dijo: si os diera potestad para cambiar algo del pasado, ¿qué cambiaríais?

El primero de ellos tenía un gran fervor apostólico, y le respondió:

—”Impediría que hicieses caer a Adán y Eva en el pecado para que la humanidad no pudiera apartarse de Dios”.

El segundo de ellos era un hombre lleno de misericordia, y le dijo al demonio:

—”Impediría que tú mismo te hubieses apartado de Dios”.

El tercero de ellos era el más simple y, en vez de responder al tentador, se puso de rodillas, hizo la señal de la cruz y oró diciendo:

—”Señor, libérame del demonio de lo que pudo ser y no fue”. 

El diablo, dando un grito estentóreo y estremeciéndose de dolor, se esfumó. 

Los otros dos, sorprendidos, le dijeron:

—”Hermano, ¿por qué has reaccionado así?”.

Él les respondió: 

—”En primer lugar, porque NUNCA hemos de entrar en DIÁLOGO con el enemigo. En segundo lugar, porque no hay poder en este mundo capaz de CAMBIAR el pasado. En tercer lugar, porque el interés de Satanás no era que probásemos nuestra VIRTUD, sino que, atrapados en el PASADO, descuidáramos el presente, porque es el único tiempo en el que Dios nos da su gracia y podemos cooperar con ella para CUMPLIR su Voluntad. De todos los demonios, el que más atrapa a los hombres y les impide ser felices es el de lo que PUDO SER Y NO FUE.

El pasado queda a la Misericordia de Dios y el futuro a su Providencia. Solo el presente está en nuestras manos.


sábado, 2 de julio de 2022

LA VISITACIÓN DE NUESTRA SEÑORA


Celebra la Iglesia esta fiesta el día dos de julio en memoria de la visita que la Santísima Virgen hizo a su prima santa Isabel.

Al mismo tiempo que el Ángel anunció a María la encarnación del Hijo de Dios, le dio parte del preñado a su prima santa Isabel, que, aunque estéril y de edad muy avanzada, tenía en su vientre seis meses, había un hijo milagroso destinado a ser precursor del verdadero Mesías. Llenó de gozo a la Virgen esta noticia; y considerando la fortuna de aquella dichosa mujer escogida de Dios para madre del precursor de su amantísimo Hijo, la obligación que tenía de ir cuanto antes a darle el parabien de aquella dicha, los vivos deseos que sentía de servirla, y dándole el Señor un claro conocimiento de las maravillas que quería obrar por ella en aquella misteriosa visita, partió sin dilación para hacerla en aquel mismo día; porque como dice san Ambrosio, la caridad no sufre tardanzas ni dilaciones. El camino era dilatado y penoso; y había que viajar desde Nazaret a Hebron, ciudad sacerdotal situada en la parte meridional de Judá, sobre unas escarpadas montañas, a diez o doce leguas de Jerusalen, a treinta y ocho o cuarenta de Nazaret. No era viaje fácil a una doncella tan tierna como la santísima Virgen; pero el celo y la caridad le allanaron las dificultades, sin acobardarla las fatigas del camino, porque toda su ansia era seguir la divina inspiración y publicar las grandezas del Señor, como dice el mismo san Ambrosio.

Habiendo llegado a Hebrón, se encaminó directamente a la casa de Zacarías, a cuya puerta encontró a su prima que salía a recibirla. Abrazóla tiernamente, saludándola y apenas despegó los labios, cuando el niño de seis meses, que estaba en las entrañas de Isabel, se halló de repente iluminado con una luz celestial; conoció perfectamente la majestad y la grandeza de los huéspedes que le hacían tanta honra, y desde la oscura prisión del materno albergue, ya que no podía hablar, adoró a Jesús como pudo, dando dentro de él un prodigioso salto en señal, dice san Pedro Crisólogo, de su respeto y de su gozo. Notó Isabel tan alegre movimiento, y comunicándose en el mismo instante a la madre la luz sobrenatural que alumbraba al hijo, conoció el incomprensible misterio de la encarnación del Verbo, de manera que llena su alma del Espíritu Santo, no cabiendo el gozo en las estrechas márgenes del pecho, comenzó a exclamar en alta voz: "Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre." ¿De dónde a mí tanta dicha, que venga a visitarme la Madre de mi Dios y Señor? Favor que no soy capaz de agradecer dignamente, dejándome tan llena de asombro como de confusión. El mismo niño que tengo en mis entrañas ha conocido cuánto vale tu celestial presencia, saltando de alegría dentro de ellas luego que llegaron a  mis oídos las primeras palabras de tu dulce salutación. Dichosa mil veces tú, querida prima mía, que con noble sencillez y sin dar lugar a la menor duda, creíste humildemente cuando el Ángel te anunció de parte de Dios. Sí por cierto, porque el Todopoderoso, que comenzó en ti cosas tan grandiosas y tan altas, las acabará y las perfeccionará, como tu lo has esperado. Él te empeñó su palabra, pues Él te la cumplirá.

La respuesta de la Virgen fue humilde y modesta. Ocultando cuanto podía ceder en su alabanza, rindió al Señor la gloria de todo, y solo trató de la obligada que estaba a su beneficencia. Animada del Espíritu Santo, de que estaba llena, prorumpió entonces en aquel divino cántico, el primero del Nuevo Testamento, el cual solo hace infinitas ventajas a todos los del antiguo; y tanto por el espíritu de devoción que respira en cada sílaba, como por la noble elevación de los pensamientos y por la majestuosa soberanía del estilo, es el más precioso monumento de la profunda humildad de María, el acto más auténtico y perfecto reconocimiento y el modelo más excelente para dar gracias al cielo, que nos ha dejado el mismo que le inspiró.

"Engrandece, alma mía, al Señor, -dijo la Virgen-, obrador de tantas maravillas, y sea para solo Él toda la gloria. No puedo pensar en ellas sin sentir todo mi corazón preocupado de alegría en aquel Señor que adoro como a mi Dios, que venero como a mi Salvador, y que amo como a mi Hijo. Dignóse poner los ojos en mi humildad, y elevó su vil esclava a la Dignidad de Madre suya. Bien se que por esto me admirarán tosas las naciones, y ensalzarán perpetuamente mi dicha en los siglos venideros; pero si es que se halla en mí alguna cosa grande y elevada, a Él solo se le debe toda la gloria, Él fue quien me engrandeció, y a Él le debo todo cuanto soy. Nada soy por mí misma; Él es el autor de las maravillas que todas las naciones admirarán y publicarán de mi persona, las que ni aun yo misma puedo bastantemente engrandecer. Confesarán las mismas naciones que el Todopoderoso hizo en mí cosas grandiosas, y que no es menos poderosa su Omnipotente mano que Santo su Nombre agradable. En mil ocasiones experimentaron nuestros padres los excesos de su misericordia. ¿Qué prodigios no hizo por defender a los que temían? Desplegó toda la fuerza de su brazo, combatió por ellos, desconcertó los planes de sus enemigos, derribó del trono a los soberbios monarcas que los amenazaban con su total ruina; y como el Señor se complace en abatir a los que se engríen, y en elevar a los que se humillan, después de haber abatido el orgullo de los tiranos, ensalzó a los humildes, y llenó de hartura a los pobres, mientras los ricos privados de sus riquezas perecían de hambre. Faraón sumergido, Saúl reprobado, humillado Roboam, Olofernes abatido, Amán desgraciado, y Nabucodonosor que presumía de deidad confundido con los brutos, mientras los más viles siervos de Dios se veían exaltados; todo esto acredita cuánto ama el Señor a los humildes.

Y aunque es así que todos los verdaderos israelitas, todos los fieles siervos suyos recibieron de su mano gracias extraordinarias en todas las edades del mundo; pero en este tiempo muy particularmente la misericordia de Dios ha hecho resplandecer su bondad en su favor. Viene a salvarlos, quiere vivir entre ellos y morir por ellos, no habiendo echado en olvido la promesa que hizo a Abraham y a los de su linaje, de derramar en sus hijos los tesoros de sus misericordias."

De esta manera, con un portentoso rayo de luz sobrenatural descubrió, digámoslo así, de una sola ojeada la santísima Virgen todas las antiguas promesas y profecías, con el pleno cumplimiento de todas ellas, mil veces más iluminada y más privilegiada ella sola que todos los profetas juntos. Conocióse bien, dice san Ambrosio, en aquella admirable conversación de María y de Isabel que ambas profetizaban con un mismo espíritu duplicado, uno el que inspiraba a la madres, y otro el que llenaba a los hijos: Duplici miraculo prophetan Matres spiritu parvulorum.

(...)

(Año Cristiano,  J. Croisset).

viernes, 1 de julio de 2022

VUESTRA ALMA INMORTAL VALE MAS QUE TODO EL UNIVERSO


 

Una sola alma inmortal vale mucho más que todo el dinero del mundo, todas las posesiones, todas las casas y mansiones, todas las montañas, las aguas del mar, más que todo el mundo animal y ¡toda la creación!   Tu alma tiene un valor infinito.  En verdad, nadie puede comprender en su plenitud el océano infinito del valor de UNA SOLA alma. 

¿Por qué decimos esto?  ¿Cómo sabemos?  Jesús con claridad nos lo dijo: »¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?  ¿Que puede dar un hombre en cambio por su alma? (Mk 8,36)

San Ignacio de Loyola retó a un joven orgulloso y autosuficiente con ese mismo pasaje bíblico.  San Ignacio con estas palabras que parecían dardos ardientes retó al futuro patrón de las misiones a que hiciera los ejercicios espirituales.  Y así sucedió, Francisco Javier hizo los ejercicios espirituales y su vida fue transformada.  

Las palabras que brotaron del Sagrado Corazón de Jesús como flechas ardientes traspasaron toda la resistencia de Xavier —"¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?".

Santo Tomás de Aquino, el doctor angélico, reitera lo mismo y afirma que el valor de la creación en su conjunto no iguala al valor de una sola alma inmortal.

Contemplemos por un momento la belleza de la naturaleza.  El hermoso cielo azul celeste, las nubes blancas como algodón, el follaje colorido en otoño, las montañas coronadas de nieve, el arco iris resplandeciente con sus colores que adornan el horizonte, las olas que rompen las rocas, la majestuosa águila que vuela en las alturas y el esplendor de las luces que alumbran el cielo oscuro — estos fenómenos naturales son sólo una luz tenue en comparación con la grandeza, majestuosidad y belleza de una sola alma inmortal. La grandeza de una alma inmortal transciende la belleza natural que el ojo contempla.  Fue por eso que en una ocasión cuándo Dios reveló a santa Catalina de Sena una alma en estado de gracia, ella en éxtasis cayó de rodillas al ver la belleza resplandeciente de esa alma.

El celo apostólico de los santos por la salvación de las almas es otra poderosa prueba del valor infinito de una alma.  Esto ha sido la motivación que impulsa sus trabajos, sacrificios, sufrimientos y aun la entrega de su vida en el martirio.  Veamos las vidas de los santos y su insaciable sed por la salvación de las almas…

SAN JUAN MARÍA VIANNEY.  ¿Por qué pasaba el cura de Ars entre 13 a 18 horas en el confesionario, día y noche, en tiempos de frío intenso o calor asfixiante?  ¿Por qué? ¿Por qué? Por una sencilla razón:  por amor a Dios y por amor a lo que Dios más ama, la salvación de las almas.  ¿Por qué comía el santo cura de Ars sólo 2 o 3 patatas al día, por qué dormía sólo tres horas de noche y luchaba contra el diablo, por qué se aplicaba la disciplina y derramaba sangre y lloraba largamente?  Lo hacía por una sola razón: ¡por amor a Dios y por amor a las almas!  Este patrón de los sacerdotes conocía bien el valor de una alma reconciliada con Dios.  Sabía que en el momento de dar la absolución, era la Sangre de Cristo que se derramaba sobre esa alma. 

PADRE PÍO.  ¿Por qué aceptó el P. Pío los estigmas en 1918? Mientras estaba en oración, sus manos, sus pies y su costado fueron traspasados como fueron traspasados las manos y los pies de su amado Jesús el Viernes Santo.  Jesús prometió a este santo, que él llevaría los estigmas por cincuenta años y al llegar al final de su vida desaparecerían.  ¿Por qué aceptó el P. Pío los estigmas dolorosos?  En una ocasión alguien le preguntó si le dolían, a lo cual rápidamente replicó –no son un adorno.  El P. Pío sufrió los estigmas para imitar a su amado Salvador, a Jesús crucificado, pero igual lo hizo como reparación por los pecados y por la conversión de los pecadores.  Es decir, P. Pío soportó ese dolor por la salvación de las almas, y cuan grande fue el precio que pagó!

LOS PASTORCILLOS DE FÁTIMA.  Veamos ahora los tres pastorcillos de Fátima:  Lucía, Francisco y Jacinta.  Aunque eran sólo niños, aceptaron sacrificios que les darían grandes sufrimientos.  ¿Por qué lo hicieron?  ¿Por qué?  Por la misma razón: por su amor al Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María y porque amaban lo que Jesús y María más aman, ¡la almas!  El solo pensar en los incontables sacrificios que hacían a tan tierna edad asombra la imaginación.  Pero es un muestra de la fuerza del Espíritu Santo en una alma generosa.

JACINTA.  Veamos solo los sacrificios que ofrecía Jacinta Marto, la más pequeña de los tres videntes de Fátima.  El 13 de julio de 1917, los tres niños tuvieron una visión gráfica del infierno.  Fue esta visión que les transformó radicalmente, pero en forma singular a Jacinta.  Vieron como las almas se zarandeaban como en una tormenta en alta mar, escucharon cómo gemían las almas con llantos desesperados, llantos que nunca cesarían, vieron como animales horrendos traspasaban las almas (los demonios) y les causaban un tormento eterno.  Esto fue lo que produjo en la pequeña Jacinta una profunda conversión de vida y corazón.  Esta pequeñita tenía un gran amor por las almas, a tal grado que ofreció todo para salvarlas.

Concretamente, Jacinta hizo lo siguiente: renunció al pequeño baile que tanto le deleitaba, reemplazó los dulces racimos de uvas que se daban en las colinas portugueses por el amargo sabor de las bayas silvestres.  Al igual que su prima y su hermano, de día portaba alrededor de su cintura una soga apretada que le causaba gran incomodidad.  Rezaba con su rostro en tierra, que era postura de penitencia, repetía las oraciones que el ángel le había enseñado en 1916.  ¿Y el Rosario?  Antes de la aparición de la Virgen, recorrían las cuentas del Rosario diciendo sólo »Ave María» 50 veces para no desobedecer a sus padres.  Pero después de la visión de infierno, los niños, en especial Jacinta, rezaba el Rosario completo y lo hacia repetidas veces.  ¿Por qué?  Para salvar a las almas de la realidad del infierno y para ayudar a conducirlas al cielo con seguridad!

En una ocasión, era un día de calor asfixiante, los tres niños se morían de sed, y Lucía fue por un cántaro de agua.  Tanto Jacinta como Francisco le imploraron que dejara caer el agua sobre la tierra y que les permitiera sufrir de sed.  ¿Por qué?  Por la salvación de las almas inmortales.  

LA SANGRE DE CRISTO.  La Palabra de Dios nos enseña de forma muy vívida el valor de las almas.  Jesús derramó cada gota de su Preciosa Sangre en el Calvario por la humanidad, pero en forma particular, por mí y por ti. 

‘‘Y si llamáis Padre a quien, sin acepción de personas, juzga a cada cual según sus obras, conducíos con temor durante el tiempo de vuestro destierro, sabiendo que habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una SANGRE PRECIOSA, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo" (1 Pedro 1, 17-19).

En resumen, tu alma y mi alma fueron redimidas por la Preciosa Sangre de Cristo Jesús, Nuestro Señor y Salvador.  Jesús derramó su Sangre por mi y por ti el Viernes Santo en el Calvario.  Y en verdad, si tu fueses el único ser humano creado en todo el universo, Jesús hubiera derramado cada gota de Su Preciosa Sangre por la salvación de tu alma inmortal.  En verdad, ¡cuán precioso y valioso eres a los ojos de Dios todopoderoso!

PADRE EDWARD BROOM, OMV