miércoles, 4 de enero de 2023

ENSEÑA A TU HIJO EL BUEN CAMINO


Cuentan que un niño de unos ocho años, le recuerda a su papá que ese día es domingo y que hay que ir a misa. –Hoy no vamos– respondió el papá. –Yo tengo otras cosas que hacer. –Pero, papá, -insistió el niño-, es que hoy tenemos la obligación de ir. Así lo manda el tercer mandamiento de la Ley de Dios, santificar las Fiestas. –No te preocupes. Eso no tiene importancia. Ya irás otro día. El niño se calla. Pero al poco rato el papá le manda a que limpie su cuarto. El niño se queda pensativo por unos momentos y luego responde: -Papá, si el tercer mandamiento no tiene importancia, el cuarto que es honrar padre y madre, no debe de importar tampoco. ¿No crees, Papá?- El Padre no tuvo fuerza moral para exigir obediencia a su hijo. Poco mas tarde se acercó al muchacho, lo abrazo y le dijo: -Gracias, hijo mío, por enseñarme a obedecer y a honrar al Padre que lo merece todo, que es nuestro Padre  Dios.- Esa tarde toda la familia fue a Misa y desde ese día en adelante siguieron yendo juntos a la Santa Eucaristía. El niño creció en edad y en estatura ante su papá quien optó, desde aquel entonces,  enseñar a su hijo con palabras sí, pero mas aún, con su ejemplo.


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