lunes, 8 de junio de 2026
LA VOZ DE SANTA CATALINA DE SIENA QUE INTERPELABA A LOS OBISPOS DE SU TIEMPO ES PERFECTAMENTE APLICABLE A NUESTRA REALIDAD
«Que la severa palabra de la Verdad no se dirija a vosotros cuando Ella dijo: “¡Malditos seáis por guardar silencio!”».
Desde las profundidades de los siglos, el clamor de Santa Catalina es dirigido a obispos y cardenales que presencian en silencio la matanza de almas perpetrada hoy con su silencio cómplice…
"¡Pobre de mí! ¡Pobre de mí! ¡Alma mía desdichada! Abre los ojos y mira atentamente la perversidad de la muerte que ha entrado en el mundo, y especialmente en la Santa Iglesia, el cuerpo místico de Jesús.
¡Pobre de mí! ¡Que tu corazón y tu alma estallen al ver tantas ofensas cometidas contra Dios! Mira, Padre, que el diablo, el lobo infernal, rapta a los hombres, a las ovejas que pastan en el huerto de la Santa Iglesia; y no hay nadie que se mueva para arrebatárselas de la boca. Los pastores duermen en su amor propio, en la misma avaricia y vileza; Y están tan embriagados de orgullo que duermen y ni siquiera se sienten, aun cuando ven que el diablo, el lobo infernal, les roba la vida de gracia, incluso a aquellos que les han sido confiados. No les importa: y todo esto se debe a la perversidad de su amor propio. ¡Cuán peligroso es el amor propio en obispos, sacerdotes y en el pueblo que les ha sido confiado!
Eres obispo; si te dejas llevar por el amor propio, no corriges los defectos que ves en quienes te han sido confiados: porque si te amas a ti mismo por ti mismo, caes en el respeto de los hombres y, por lo tanto, no intervienes para corregir. Si te amaras por amor a Dios, en cambio, no temerías el respeto de los hombres; con valentía, con un corazón fuerte, corregirías los defectos y no guardarías silencio ni fingirías no verlos.
Querido Padre, quiero que te liberes del amor propio. Te ruego que vivas de tal manera que la Verdad no te dirija esa palabra severa y reprochadora, cuando dijo: «Maldito seas por haber guardado silencio».
¡Ay de mí! ¡No calles más! ¡Clama con cien mil lenguas! Veo que, por el silencio, el mundo está en ruinas, y la santa Iglesia, la Esposa de Jesús, se ha vuelto pálida y ha perdido su color, porque le han robado la sangre: la sangre de Jesús, que nos fue dada por gracia..., es robada por malos pastores por orgullo para su propio beneficio, arrebatándole la gloria que le corresponde a Dios y dándosela a sí mismos. Roban con simonía, vendiendo los dones y gracias que nos fueron dados por gracia, al precio de la sangre del Hijo de Dios. […]".
Santa Catalina de Siena, Carta 16, A un obispo.
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