lunes, 13 de julio de 2026

ANÓNIMO SEVILLANO



¿Qué es nuestra vida más que un breve día
Do apenas sale el sol cuando se pierde
En las tinieblas de la noche fría?
....
Fabio, las esperanzas cortesanas
Prisiones son do el ambicioso muere
Y donde al más astuto salen canas.

El que no las limare o las rompiere
Ni el nombre de varón ha merecido,
Ni subir al honor que pretendiere.
...
Basta al que empieza a aborrecer el vicio,
Y el ánimo a enseñar a ser modesto;
Después le será el Cielo más propicio.
...
Una mediana vida yo posea, 
Un estilo común y moderado,
Que no lo note nadie que lo vea.
...
Ya, dulce amigo, huyo y me retiro 
De cuanto simple amé; rompí los lazos.
Ven y verás al alto fin que aspiro, 
Antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

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Este poema, atribuido a un anónimo sevillano del Siglo de Oro, pertenece a la tradición de la poesía moral y filosófica española. Su tema central es el desengaño del mundo: la convicción de que los honores, las riquezas y las ambiciones terrenales son pasajeros y no pueden dar la verdadera felicidad.

Puede dividirse en varias ideas principales:

La brevedad de la vida
"¿Qué es nuestra vida más que un breve día / Do apenas sale el sol cuando se pierde..."

La vida humana se compara con un solo día. Apenas amanece cuando ya llega la noche. Es una imagen clásica que recuerda la fragilidad de la existencia y la cercanía de la muerte. El poeta invita a no poner el corazón en lo pasajero.

La crítica a la ambición cortesana
"Fabio, las esperanzas cortesanas / Prisiones son do el ambicioso muere..."
"Fabio" es el interlocutor del poema. La corte simboliza el mundo de los cargos, el prestigio y el poder. El poeta afirma que esas esperanzas son una prisión: quien vive obsesionado por ascender termina envejeciendo ("le salen canas") esperando un reconocimiento que quizá nunca llegue.

La verdadera libertad
"El que no las limare o las rompiere..."
Las cadenas de la ambición deben romperse. Solo quien se libera del deseo desordenado de honores puede vivir como un hombre verdaderamente libre y digno.

La reforma interior
"Basta al que empieza a aborrecer el vicio..."
El cambio comienza rechazando el vicio y aprendiendo la modestia. No se trata solo de abandonar ciertos comportamientos, sino de formar el carácter. Entonces, dice el poeta, "el Cielo" será favorable: aparece claramente una perspectiva cristiana, donde la virtud acerca a Dios.

El ideal de la moderación
"Una mediana vida yo posea..."
Este es uno de los pasajes más importantes. El poeta desea una vida sencilla, equilibrada y discreta. No quiere llamar la atención ni por riqueza ni por pobreza extrema. Es el ideal clásico de la aurea mediocritas ("dorada medianía"), desarrollado por Horacio y asumido por muchos escritores cristianos: vivir con lo necesario, lejos de la vanidad.

La conversión y el retiro
"Ya, dulce amigo, huyo y me retiro..."
El poema termina con una decisión firme: abandonar los antiguos afectos desordenados ("cuanto simple amé"), romper sus cadenas y retirarse para buscar un fin más alto. Invita a su amigo a seguir el mismo camino antes de que el tiempo se agote.

El sentido profundo
Desde una lectura cristiana, el poema expresa tres grandes enseñanzas:

La vida es breve y debe orientarse hacia la eternidad.

La ambición mundana esclaviza y nunca satisface plenamente.

La verdadera felicidad nace de la virtud, la humildad y la búsqueda de Dios.

No propone despreciar el trabajo o las responsabilidades, sino ordenar los deseos: usar los bienes del mundo sin convertirlos en el fin último de la vida.

Una frase que resume el romance
Podría condensarse así:

"Quien abandona la ambición y vive con moderación, virtud y mirada puesta en el Cielo alcanza una libertad que el mundo no puede ofrecer."

Es una composición muy representativa del desengaño barroco, pero, a diferencia de otros poemas que terminan en un tono pesimista, este concluye con esperanza: no se limita a denunciar la vanidad del mundo, sino que señala un camino positivo de conversión, modestia y aspiración a un bien superior.

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