sábado, 11 de noviembre de 2023

MEDITAR EN LA CRUZ


“Lo primero que podemos obtener al meditar en la cruz y en las virtudes de nuestro Salvador es un profundo arrepentimiento de nuestros pecados que fueron los que ocasionaron su Pasión y su Muerte, un deseo grande de desagraviarlo por las ofensas que le hemos hecho y un esfuerzo continuo por conseguir la conversión de los pecadores.

Lo segundo que debemos hacer al meditar en la pasión y cruz del Redentor es pedirle confiadamente perdón de todas nuestras faltas, convencidos de que fue por obtenernos el perdón que sufrió tan atroces tormentos. Al recordarlos deberíamos sentir un verdadero odio y asco hacia nuestras maldades, y un gran amor hacia quien tanto ha sufrido por salvarnos.

Lo tercero debe ser esforzarnos con toda la voluntad en alejar del corazón y sofocar en nuestra vida las indebidas inclinaciones que nos llevan al pecado. 

Lo cuarto que nos propongamos imitar las admirables virtudes de Jesús, el cual según dice san Pedro "sufrió por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas" (1P 2, 21).

P. Lorenzo Scupoli – Combate espiritual

viernes, 10 de noviembre de 2023

DOS VICIOS

 


“No es suficiente aclarar el espíritu, es necesario también depurar el corazón, a fin de que el espíritu pueda recibir y conservar la luz. En general, todas las inclinaciones perversas que alteran la pureza del corazón, alteran la penetración del espíritu y lo ofuscan; es el privilegio de un corazón puro el ver en todo su esplendor la luz de Dios. Dos vicios, más que todos los otros, han hundido a nuestro siglo en las tinieblas, estos son el orgullo y la impureza”.


R. P. de Clorivière

jueves, 9 de noviembre de 2023

LA EFICACIA DE LA SANTA MISA PARA VIVOS Y MUERTOS


Revestido del sacerdocio católico, el sacerdote recibe el poder de ofrecer el santo sacrificio de la Misa por los vivos y los muertos.

El divino sacrificio de la Misa contiene e inmola al mismo Jesucristo que se ofreció en la Cruz, pero en la Misa sin derramamiento de sangre.

A través de él obtenemos misericordia y encontramos gracia, auxilio y bendición.

Acerquémonos a Dios con un corazón contrito y arrepentido, con fe recta y con espíritu de temor y reverencia.

La Misa se ofrece por los pecados, las penas, las satisfacciones y otras necesidades de los fieles.

La Misa se ofrece por los vivos y por los que han muerto en Jesucristo y que aún no están del todo purificados.

No hay nada más bello, más grande y más santo que ofrecer la Santa Misa por los vivos y por los difuntos.

Es el acto perfecto del culto divino, el único capaz de reconciliar a los hombres con Dios.

El santo sacrificio de la Misa alivia a las almas del Purgatorio.

La Santa Misa derrama sobre los pecadores los frutos de la Pasión de Cristo y todos los beneficios del Cielo.

Fuente: Exposición de la doctrina sobre el sacrificio de la Misa, Concilio de Trento, 17 de septiembre de 1562 – Fsspx.Actualités".

sábado, 4 de noviembre de 2023

LA ESPADA DE LA VERDAD


“La verdad es como una espada. No puede transigir con las conveniencias del mundo. Por eso los verdaderos discípulos de Jesucristo serán siempre perseguidos. El Señor no envía sus elegidos para las glorias del mundo sino para las persecuciones, como Él mismo ha sido enviado por su Padre”.

Mons. Juan Straubinger, Comentario a Mt. 10, 34.

viernes, 3 de noviembre de 2023

LO ADVIRTIÓ LA VIRGEN


“La masonería, que entonces estará en el poder, hará que se promulguen leyes inicuas, con el objetivo de acabar con este sacramento (el del matrimonio), con lo que casi todo el mundo vivirá  en pecado. … El espíritu cristiano decaerá rápidamente,  extinguiendo la preciosa luz de la fe hasta que llegue al punto de que habrá una corrupción casi total y general de las costumbres".

Nta. Sra. del Buen Suceso a la Madre Mariana de Jesús Torres.


jueves, 2 de noviembre de 2023

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

 


Hoy la Iglesia Católica celebra la memoria de todos los fieles difuntos. El mes de Noviembre comienza con la Solemnidad de todos los santos, que la hemos festejado en el día de ayer. Los santos  (tanto los canonizados como los no canonizados) están definitivamente en el cielo, y nosotros cuando los recordamos simplemente pedimos que intercedan por nosotros ante el Padre Celestial, ya que nuestra peregrinación terrena aún no a terminado. 

    ¿Porqué estamos rezando por los muertos? Por dos razones: la primera es porque seguramente ellos necesitan nuestras oraciones. Salvo los santos que están en el cielo y los condenados en el infierno, todos los demas muertos necesitan de nuestras oraciones. Los santos no necesitan que recemos por ellos ya que gozan de la visión beatífica, los condenados tampoco necesitan nuestras oraciones ya que han tomado la decisión definitiva de rechazar a Dios para siempre, es por eso que están en el infierno. Ahora bien, nosotros no sabemos donde están nuestros muertos. A menos que la Iglesia haya canonizado a alguno de nuestros difuntos, no podemos decir que sabemos si están en el cielo, en el infierno o en el purgatorio. Podemos intuir que una persona que vivió “externamente” toda su vida según los mandamientos divinos seguramente está gozando de la visión beatífica. Sin embargo, a menos que la Iglesia la haya canonizado, no tenemos certeza de ello. En el caso de los condenados, no podemos afirmar en ningún caso que tal o cual persona está en el infierno. La Iglesia canoniza, pero no condena. Se sabe que los santos que están canonizados están en el cielo, pero no se sabe quienes son los que están en el infierno. Lo que sabemos es que el infierno no está vacío. Hay hombres y mujeres que están condenados allí, y ciertamente no son pocos. Lo cierto es que por los santos del cielo y los condenados no es necesario rezar. Ahora bien, ¿Por quienes se reza? Por las almas del purgatorio. Es una verdad de fe que para ir al cielo directamente sin pasar por el purgatorio hay que morir totalmente unido a Dios y libre, sea del pecado como la afección al mismo. San Juan Apóstol en el libro del Apocalípsis dice: “Nada impuro podrá entrar en el paraíso” (Ap. 21; 27). Hay una gran cantidad de personas que, obviamente, no viven y mueren con una vida radicalmente unida al Señor y desapegada de todo pecado o desorden. Puede que esas personas mueran en gracia de Dios gracias a la confesión sacramental. Sin embargo, como su afección al pecado todavía permanece y su unión al Omnipotente no es total, deben ser purificadas antes de entrar en el paraíso. Las almas de los difuntos que necesitan ser purificadas van a un lugar que la Iglesia a llamado tradicionalmente “purgatorio”. La palabra “purgatorio” viene del término latino “purgare” que significa “purificar”.

   Algunos grupos protestantes dicen que el purgatorio no existe, que es un invento de la Iglesia Católica, y por lo tanto sería un absurdo rezar por los difuntos. Sin embargo, estos grupos protestantes con su opinión contradicen no tanto a la Iglesia Católica, sino a la misma Sagrada Escritura. Si vamos al Antiguo Testamento, el Segundo libro de los Macabeos, que fue escrito unos 140 años antes del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, hace referencia al purgatorio. En el segundo libro de los Macabeos se muestra claramente como los judíos ofrecían sacrificios en reparación por los pecados de los judíos muertos que habían traicionado al Señor conspirando con los griegos quienes deseaban destruir el Templo y la fe de Israel. De hecho, el autor sagrado escribió lo siguiente: “Y después de haber recolectado entre sus hombres unas dos mil dracmas, las envió a Jerusalén para que se ofreciera un sacrificio por el pecado. El realizó este hermoso y noble gesto con el pensamiento puesto en la resurrección, porque si no hubiera esperado que los caídos en la batalla iban a resucitar, habría sido inútil y superfluo orar por los difuntos.  Además, él tenía presente la magnífica recompensa que está reservada a los que mueren piadosamente, y este es un pensamiento santo y piadoso. Por eso, mandó ofrecer el sacrificio de expiación por los muertos, para que fueran librados de sus pecados” (2 Mac 12, 43 – 45). También el Nuevo Testamento habla del purgatorio. Nuestro Señor habla del pecado contra el Espíritu Santo y dice lo siguiente: “Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el futuro” (Mt 12, 32).  San Juan Apóstol en su primera carta dice que este pecado no necesariamente es mortal, pero nuestro Señor dice claramente que este tipo de pecados se pagan en el mundo futuro. Se está haciendo alusión al purgatorio. Por lo tanto, el purgatorio no es un invento de la Iglesia Católica como dicen algunos protestantes, sino que está fundamentado en las Sagradas Escrituras. 

       En los primeros siglos de cristianismo también estaba la tradición de rezar por los muertos. Debajo de la Basílica de San Pedro hay una ciudad de los muertos (donde había un templo pagano), que fue descubierta hace unos 70 años. En el siglo IV el emperador Constantino mandó a enterrar esa ciudad y construir encima de ella la antigua Basílica de San Pedro (que no es la basílica que tenemos en la actualidad, estamos hablando de la primera basílica construída por Constantino).  Constantino mandó a construir la basílica justo arriba de la tumba del primer Papa, el Apóstol San Pedro, quien había sido enterrado en esa necrópolis. Sin embargo, antes de destruir esa ciudad de los muertos, Constantino les permitió a las familias paganas sacar a sus difuntos de allí y trasladarlos a otra necrópolis, antes de que esta sea destruída para dar lugar a la Basílica de San Pedro. De esa manera, los paganos podrían seguir visitando la tumba de sus muertos. Muchos de ellos trasladaron a sus difuntos a otra necrópolis. A su vez, los cristianos hicieron otra cosa: desenterraron a sus difuntos y los volvieron a enterrar cerca de la tumba del Apóstol San Pedro, esperando que la cercanía al cuerpo del Apóstol les ayudara a purgar sus pecados si todavía no lo habían hecho. Los cristianos creían que San Pedro, desde el cielo, intercedería más fuertemente por sus “vecinos de tumba”, que junto con Él esperaban la resurrección de los cuerpos. Cuando en 1940 se descubrió la ciudad de los muertos que se encontraba debajo de la Basílica de San Pedro, junto con esta necrópolis se encontraron varias tumbas alrededor de la tumba del Apóstol San Pedro con inscripciones que habían dejado los cristianos, pidiéndole a San Pedro que intercediese por el alma de sus “vecinos”. Una de las inscripciones decía en latín lo siguiente: “Pedro, ruega a Cristo por todos los santos cristianos, tanto hombres y mujeres, que están enterrados cerca de tu cuerpo”. Este descubrimiento arqueológico testimonia claramente que en la Iglesia primitiva existía el culto a los fieles difuntos. Se le está pidiéndo a Pedro que “ruegue” a Cristo por los hombres y mujeres enterrados cerca de su tumba. Obviamente que los cristianos de aquel tiempo tenían en mente que quizás sus difuntos estarían en el purgatorio, ya que de lo contrario no tendría sentido que le pidiésen a Pedro oraciones por sus difuntos, ya que si están en el cielo o en el infierno, no las necesitan. 

   La segunda razón por la cual es necesario rezar por los difuntos es porque, rezando por ellos, uno puede acortar su tiempo de purificación. Se cuenta que en Inglaterra, por el año 1300, dos sacerdotes que vivían juntos habían hecho un pacto: cuando uno de los dos muriese, el otro lo más rápidamente posible deberá rezar la Misa por su alma. Y así sucedió. Uno de los sacerdotes murió, y el otro a los diez minutos de la muerte de su colega estaba celebrando la Misa en sufragio por su alma. Terminada la Misa, el sacerdote muerto se le aparece y le dice: “gracias, estuve diez minutos en el purgatorio y ahora estoy en el cielo. En esos diez minutos sufrí como si hubiesen sido diez años, pero la Virgen me dijo que si no hubiese sido por tu celebración eucarística, yo hubiese estado en el purgatorio por 200 años. Con el Santo Sacrificio de la Misa ayudaste a que mi purificación sea mucho más veloz. Gracias e intercederé por ti delante del Padre Celestial”.  El Catecismo de la Iglesia Católica dice también: “Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios”(CCC 1032). Ofrecer las oraciones y sobre todo el Santo Sacrificio de la Misa por los difuntos es un gran acto de caridad, ya que acortamos su tiempo de purificación y los ayudamos a llegar más rápidamente a la visión beatífica. 

Finalmente, hay que agregar otra razón por la cual hay que rezar por los difuntos. Para explicarla, daré un ejemplo gráfico. Los frailes capuchinos de los Estados Unidos tenían en su celda una cadavera con la siguiente inscripción: “como tú te ves, yo me he visto. Como yo me veo, tú te verás”. Todos nacemos con una sentencia de muerte, ya que lo que se puede decir de un niño que nace es que va a morir. Nada es seguro cuando nacemos. Solo Dios sabrá que cosa será de nuestra vida, no se sabe si seremos abogados, mendigos, ricos o pobres. Solo una cosa es segura: quien nace, a la larga o a la corta deberá morir. Ni bien moriremos, nos veremos cara a cara con Dios, que nos juzgará según nuestras obras, sobre todo según la caridad que hayamos tenido en esta vida. Dios es infinitamente misericordioso, Él mismo nos amó tanto que se hizo hombre y murió en la cruz por cada uno de nosotros. Si tenemos alguna duda del amor que Dios nos tiene, debemos mirar un crucifijo. El Señor dio hasta la última gota de sangre por nosotros. De todos modos, el Señor también es infinitamente justo, y dará a cada hombre lo que merece según sus obras. A quien lo rechazó para siempre, le dará el infierno (por elección pura y exclusiva del condenado, ya que Dios no lo quería condenar); a quien se unió con Él en esta vida, abandonando el pecado y toda afección a el, le dará el paraíso; y a quien murió en gracia pero no purificado totalmente, lo mandará un tiempo al purgatorio hasta que esté en condiciones de ir al cielo.  El Señor nos dará lo que merezcamos según nuestras obras. Es por eso que debemos estar siempre preparados, porque no sabemos si nos visitará esta misma noche o de acá a varios años. Sin embargo, puede suceder que nos salvemos pero que tengamos que purificarnos en el purgatorio. Entonces, puede que nosotros, alguna vez NECESITEMOS DE LAS ORACIONES DE LOS FIELES CATÓLICOS.  He aquí la razón que agregamos para rezar por las almas del purgatorio: si nosotros hemos sido generosos con estas pobres almas y hemos ofrecido Misas por ellas, las hemos encomendado en nuestras oraciones y las hemos tenido presentes en nuestros sacrificios y penitencias, cuando nosotros estemos en el purgatorio y ellas en el cielo, tendremos ante el Padre Celestial varios intercesores que nos ayudarán a acortar nuestro tiempo de purificación. Quien es generoso con las almas sufrientes del purgatorio, ganará muchos amigos y amigas que lo ayudarán a llegar más rápidamente a la visión beatífica. Con este motivo, uno podría decir que reza por las almas del purgatorio, pero simplemente por conveniencia. Puede ser, pero es una “santa conveniencia”, ya que la caridad con caridad se paga. Si uno tiene caridad con las almas del purgatorio, es justo que estas paguen con la misma moneda. Ergo, en este caso es una conveniencia no mundana sino más bien “sagrada”. 

   En esta Santa Eucaristía, pidámosle a la Santísima Virgen María por las almas de todos los fieles difuntos, para que puedan finalizar su purificación lo más rápidamente posible y así llegar al paraíso donde gozarán para siempre de la visión beatífica. Pidamos también la gracia de nunca perder la devoción hacia las almas del purgatorio, ya que rezar por ellas es una de las mayores obras de caridad que el cristiano puede hacer. Que así sea.

P. Tomás A. Beroch

miércoles, 1 de noviembre de 2023

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS


Esta es la gran celebración de aquellos que comparten el triunfo y la gloria de Cristo por toda la eternidad, por haber sido fieles a la Gracia poniendo el esfuerzo en seguir de cerca al Divino Maestro, en muchos casos hasta el martirio.

Esta fiesta tiene sus orígenes en el siglo IV, cuando el número de mártires de la Iglesia llegó a ser tal que era imposible destinar cada día del año para recordar a un solo mártir. Entonces, la Iglesia optó por hacer una celebración conjunta para honrar a todos los que habían alcanzado el cielo, en un solo día, una vez al año.

Cuando el 13 de mayo del 610, el Papa Bonifacio IV dedicó el Panteón romano al culto cristiano, consagró el nuevo templo a la Bienaventurada Virgen María y a todos los mártires. A partir de entonces, la celebración de Todos los Santos quedó fijada en esa fecha y así permanecería por muchos años, hasta que el Papa Gregorio IV, en el siglo VII, trasladó la celebración al primer día del mes de noviembre. Es muy probable que la decisión del Papa Gregorio haya respondido al deseo de contrarrestar la fiesta pagana del “Samhain” o año nuevo celta, que se celebraba la noche del 31 de octubre y cuyo equivalente actual es Halloween.

¡Que estos héroes y heroínas de Dios intercedan por nosotros y nos ayuden a alcanzar la felicidad eterna como ellos! ‎