La Iglesia casi dejó de usar en su liturgia este canto sacro, y con eso renunció en gran medida a uno de sus más valiosos tesoros, al igual que cuando la multisecular Misa Tradicional dejó de oficiarse y, recientemente, ya se ha iniciado su redescubrimiento también. A la belleza, sin embargo, no se puede renunciar, y a la larga poco logran contra ella las disposiciones de los hombres que la habían decretada caduca. En estos días resulta gratificante escuchar las notas de esas antiguas partituras que llegan hasta nosotros desde el fondo de los siglos. Severas y majestuosas se elevan las melodías como humo de un incienso que se levanta al cielo. Esto es música vuelta oración; esto es oración vuelta música. Se escucha ese canto y se percibe que algo de nosotros sube también a la altura donde la Belleza vive su eterna vida...
Lo dicho: A la belleza no se puede renunciar, siempre permanece joven.
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Así es, no se puede renunciar a la belleza. Gracias a Dios está resurgiendo tanto el canto gregoriano como la más bella y católica de las liturgias: la misa tradicional según el rito codificado por San Pío V.
ResponderEliminarMuy bien expresado este artículo. Enhorabuena por promover los valores auténticos de nuestra religión en su blog.
Paz y bien
Emma
Dios quiera que recuperemos la belleza, dentro y fuera de los templos.
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