domingo, 7 de marzo de 2021

TENGO MIEDO (Meditación cuaresmal)


 

PUBLICADO POR: CIRCULO SACERDOTAL CURA SANTA CRUZ. MARZO DE 2021.
Fuente: Periódico La Esperanza https://periodicolaesperanza.com/. Artículos de CIRCULO SACERDOTAL CURA SANTA CRUZ: https://periodicolaesperanza.com/archivos/author/circulo-sacerdotal-cura-santa-cruz

Meditación cuaresmal. Autor: Rvdo. Padre José Ramón García Gallardo, Consiliario de la Comunión Tradicionalista.

 I- Qué es el Temor de Dios.

 Con frecuencia observamos que cuando el temor de Dios disminuye en la balanza de nuestras conciencias, pesan mucho más los miedos. Pesan más, porque quien manipula la imaginación con su diabólica astucia, multiplica los miedos al infinito, siempre en el mismo sentido, es decir, dejando de lado sistemáticamente las posibilidades optimistas, las eventualidades positivas. Poco a poco, nuestra alma se va alejando de la unión con Dios, debilitando la Fe y la Esperanza; cada día se refuerzan las numerosas cadenas con que los miedos atan a las almas, haciéndolas serviles, esclavas.

  Cae la noche sobre la inteligencia, porque perdido el temor de Dios, que es el principio de la sabiduría, “Initium sapientae, timor Domini” (El inicio de la sabiduría está en el temor de Dios), se apaga en nuestras conciencias la Luz que ha venido al mundo, queda inmersa en tinieblas interiores, perdemos la capacidad intelectual de discernir y con la voluntad paralizada, nos encontramos entonces a merced de los miedos, pues la imaginación se ve invadida por mesnadas de fantasmas surgidos de lo más profundo del imperio de la oscuridad y la mentira.

  El don del Temor de Dios es uno de los integrantes del “Sacro Septenarium” que pedimos en Pentecostés, el Señor nos lo da cual dote paterna cuando somos adoptados como hijos suyos en el bautismo, aunque se desarrolla en plenitud desde el día de nuestra confirmación, para poder combatir con valentía los miedos. Desempeña una función decisiva en el florecimiento de la esperanza, pues el santo Temor de Dios nos constituye en la humildad y nos conforma por la Caridad. Así, el alma consciente de la propia flaqueza y debilidad personal, evita todo repliegue y vana complacencia en sí misma, para arrojarse, generosa y confiada, en el seno del Padre.

  El Espíritu de Temor lleva a una audaz y filial confianza en Dios, y conduce a un abandono total en el amor divino, forma suprema de la Caridad, que junto con la Fe nos sostiene en la Esperanza por los misteriosos itinerarios del alma que avanza hacia Dios, transitando caminos en el agua, sin dejarnos invadir por aquellas dudas y miedos que abrieron abismos en el mar, bajo los pasos de San Pedro. ¡Son tantos los pánicos y miedos que arrastran en sentido contrario de la sabiduría y la cordura, conduciendo también al precipicio de absurdas locuras!

  El Santo Temor de Dios, no es tener miedo a Dios, porque la Caridad excluye el miedo, nos dice San Juan. Es el profundo respeto que Santo Domingo Savio formula como lema de su vida: «Antes morir que pecar». Es la prudencia fiel que sostiene a la casta Susana ante las insidias y amenazas de los perversos. Es la audacia firme que manifiesta el corazón de Blanca de Castilla cuando le dice a su hijo, el futuro Rey de Francia, San Luis: «prefiero verte muerto a que cometas un solo pecado mortal». El Temor de Dios es el que fundamenta cada acto de la caridad heroica en todos y cada uno de los actos martiriales.

  El Temor de Dios nos confirma en la esperanza, y produce en nosotros un fuerte deseo de no ofenderle, dándonos también la certeza de que Él nos dará la gracia para ello. Nuestro deseo de no pecar es más que una obligación; es un anhelo que nace del amor filial que nos infunde la caridad que busca la unión con Dios en todo. De esta manera, como criterio supremo, tememos agraviarle o portarnos de una manera que pueda deteriorar esa unión. Y esto, no lo debemos hacer meramente por temor al castigo, sino porque, como hijos suyos que somos, le amamos profundamente, porque le consideramos digno de nuestro amor, reverencia, obediencia, admiración y respeto.

  ¿Cómo los mártires el miedo a los más atroces tormentos, a los suplicios más terribles? Con la fe puesta en Dios, pues tenían la certeza de que hacían un buen negocio y gracias a su humildad, al conocimiento profundo de sí mismos y al temor de ofender al Señor, se despojaron de su nada a cambio del Todo. Nuestro Señor lo dejó dicho: «Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por Mí, la encontrará. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿Qué puede dar el hombre a cambio de su alma?» (Mt XVI). Como todas las gracias de Dios, el don del Santo Temor es un regalo precioso que debemos cuidar, pues perderlo, implicaría abrir las compuertas al dique de todos los miedos y sus consecuencias nefastas.

  II.- La pérdida original del Temor de Dios: la llegada de los miedos y terrores.

  Aun cuando fuimos bautizados y el pecado original fue borrado de nuestra alma, en nuestra naturaleza quedan heridas profundas de esa falta original; algunas de ellas son los miedos que pululan en la imaginación, y que, llegando a obsesionar, alteran las realidades, debilitan la razón, perturban la voluntad, inquietan el alma con angustias y ansiedades. En definitiva, traen consigo las más imprudentes decisiones y las más cobardes indecisiones. Nos hacen desertar del combate y apostatar de la fe, negando al Señor ante los hombres, tantas o más veces, que el atemorizado San Pedro.

  Desde que cometió el pecado original, el ser humano siente la opresión del miedo. Lo más notable es que incluso tiene miedo de Dios. Nuestro padre Adán le desobedece pues ha perdido el Santo Temor, temerariamente se atreve a comer del fruto prohibido; y cuando el Señor le pregunta « ¿Dónde estabas?», su respuesta denota cuán temeroso se encontraba: «Te oí en el huerto y tuve miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».  Un claro ejemplo de lo mucho que el pecado nos acobarda. Si hubiera creído en el amor de Dios, y en vez de excusarse se hubiera atrevido a pedir perdón, otro gallo nos cantara.

  Esos miedos, que la imaginación multiplica hasta el infinito, vienen a contaminar y atrofiar la prudencia, que, como matriz de todas las virtudes, acaba considerando que la caterva de fantasmas son auténticas realidades. Esos fantasmas proliferan en los escenarios cinematográficos de la imaginación, agigantados por cierta complacencia mórbida en celebraciones de moda como Halloween. Quimeras y espectros imaginarios, causan muchas más bajas en las tropas que las cargas enemigas. El instinto de la propia conservación, sin la guía de la razón, no puede producir otra cosa que el pavor y, exacerbado, algo muy contagioso: el pánico, el terror.

  Un psicólogo podría decirnos que una gran parte de las enfermedades de la psiquis son efecto de los miedos y sus consecuentes ansiedades, que en la medida en que influyen en la voluntad y la inteligencia, condicionan la libertad, perturban la serenidad y el equilibrio de unos y de otros.

  Podemos sentir un sinnúmero de miedos: a la muerte y a las enfermedades, a vernos separados de quienes, y de cuanto amamos, por no tener el control de las situaciones. ¡Cuánta ansiedad y angustia provocan los miedos a las eventuales desgracias que les puedan llegar a acaecer a nuestros deudos y amigos!

  A la vista de lo frágil que es todo lo humano, existe un gran temor a que por calumnias y murmuraciones, se nos despoje, del honor y el buen nombre, mediante el escarnio público y el descrédito y sus consecuentes humillaciones, que por el concurso de internet pueden adquirir dimensiones planetarias.

  En resumen, los miedos, mientras no sean irracionales y desproporcionados, si son racionalmente dominados y heroicamente sobrenaturalizados, pueden llegar a ser piedra de edificación y no de tropiezo.

  III.- El mundo y sus miedos asociados.

  El mundo, como enemigo del alma que es, con todo su aparatoso poderío mediático, económico y administrativo, policial y jurídico, se asemeja a una hidra de siete cabezas que nos quiere sojuzgar con infinitos miedos, devorando nuestro tiempo, libertad y espíritu, además de la paz temporal y la gloria eterna.

  El miedo crea una atmósfera opresiva en el ambiente, similar a un crudo invierno, que con sus nieves y fríos, impide a la naturaleza florecer y dar frutos. Un clima donde el terror y el pánico corren como vientos huracanados, arrancando de cuajo a quienes no tienen suficientemente enraizadas sus almas en el Temor de Dios. No debemos olvidar que este mundo que nos sobrecoge con su prepotencia, ha sido vencido, el Señor nos dice «no temáis, yo he vencido al mundo». «No temáis, pequeño rebaño».

  En muchas ocasiones es grande el miedo a lo desconocido, teniendo en cuenta que aquello que no sabemos es demasiado. También existe el miedo a los compromisos y a las posibles equivocaciones en la toma de decisiones, a los eventuales rechazos y posibles fracasos; sin olvidar el miedo a perder un trabajo, un puesto o un salario.

  La lista continúa y es muy larga: miedo a que se rían de nosotros, miedo al ridículo. Incluso el miedo al éxito y a alguna de sus consecuencias, como la envidia, que ha reducido a tantos a la mediocridad. ¡Cuántos santos y héroes quedaron en proyectos por el miedo a ser distintos! Perecieron bajo la opresión de la mediocre igualdad. Miedo del otro, miedo al que está arriba, que nos lleva a ser obsecuentes y serviles; miedo de los que están debajo, con los que se puede llegar a ser crueles e injustos; y miedo a los costados, delante o detrás. Todos ellos van socavando los cimientos de la Cristiandad, que se debilita por mentirosos que temen decir la verdad, por traidores que temen las consecuencias de la lealtad y sacrifican el bien común por miedo a perder su bien personal, en definitiva, se van quebrantando los vínculos de la caridad que deberían fortalecer el tejido social.

  Podemos continuar desgranando temores y miedos. El miedo a comprometerse en proyectos concretos de vida perpetúa la adolescencia de muchos adultos que, asustados, entierran sus talentos ante la perspectiva de tener que dar cuenta de ellos; el Temor de Dios debería animarles a no presentarse el día del juicio con las manos vacías. Son presa de este miedo los eternos estudiantes que huyen del mundo laboral, incapaces de emprender con entusiasmo nuevas empresas. También los solteros empedernidos, que eternizan los flirteos, o el concubinato, antes de pronunciar con valentía el «sí quiero» al pie del altar. Como la higuera maldita, frondosos pero estériles, víctimas de un invierno peor que el de Narnia, los matrimonios egoístas se niegan a multiplicar ese talento maravilloso que es la vida. Otro miedo muy real es el de comprometerse cuando Dios llama a dejar las redes y seguirle. Algunos jóvenes, por sus miedos indecisos, llevarán una vida triste, como triste quedó el Señor cuando miró al joven rico. Bajo el temor mundano viven quienes rehúyen el contacto natural, real y directo, y solo se muestran valientes en el ciberespacio, ciudadanos de una tenebrosa civilización artificial.

  En estos tiempos de crisis, tribulación y apostasía, por miedo a la persecución o a llegar a ser tentados más allá de nuestras fuerzas, se levantan oleadas de miedos escatológicos, que se alimentan con toda suerte de profecías, acontecimientos reales pero también de ciencia ficción. Es entonces cuando le llega a nuestra vida el Apocalipsis. El Enemigo utiliza la situación y adapta su método según su objetivo. A los católicos, el miedo apocalíptico los consigue paralizar quitándoles toda Esperanza en un mañana. Se quedan inmóviles como la mujer de Lot, estatuas de sal, que miran hacia Sodoma y Gomorra con nostalgia y hacia adelante con tristeza, sin avanzar por la senda mientras hay luz del sol, no dejando al Padre decidir la hora y el día en que se cerrará para siempre el Libro en que se escribe la historia. Logra convencerlos de que ya no hay nada que hacer. Entonces entierran sus talentos, y antes de salir a combatir se rinden ante la posibilidad de ser vencidos. De manera muy distinta procede el Enemigo con los malos, a quienes empuja en una frenética dinámica proselitista: van las sectas, de puerta en puerta, gritando ¡Maranatha! Así, no solo logra que apostaten de su Fe y abandonen sus tesoros espirituales, sino también los bienes materiales, que quedan,  en las manos del gurú para su disfrute.

  Todos deberían animarse a avanzar por el camino que nos lleva a la Jerusalén Celeste, recordando que si Dios en el Antiguo Testamento, dirigió a su pueblo a través del desierto y nunca les faltó su guía de noche y de día, ni el agua para su sed, ni el maná para su alimento, Dios en el Nuevo Testamento, se ha revelado mucho más cercano por la Encarnación. Él nos aportará las gracias logísticas para que hagamos ese camino, confiados en que nunca nos faltarán ni sus gracias divinas, ni el pan de cada día.

  Así como los miedos apocalípticos crecen por la situación de crisis en la jerarquía de la iglesia, los temores de los jefes nos afectan en todos los ámbitos. El miedo hace volubles a los jefes a la hora de las decisiones, cambiantes en sus determinaciones e inestables en el logro de sus objetivos, porque si los motivos y causas de sus decisiones se encuentran entre sus miedos, las consecuencias serán de terror. Es ingente la pléyade de jefes cobardes, que a la zaga de Pilatos han sido perjuros, pues cediendo paulatinamente han sido capaces de sacrificar la justicia y hasta su propio honor. Una vez perdido el Santo Temor de Dios, por miedo a la chusma y al qué dirán del Emperador o de algún dios del Panteón, llegan a condenar a muerte al mismo Hijo del Hombre.

  Es frecuente ver tanto entre las autoridades civiles y militares, como en la jerarquía de los clérigos, con qué tranquilidad dejan bajo las patas de los caballos a muchos inocentes, tan solo por miedo a la opinión pública.

  Distintos son los miedos, que multiplicados al infinito por la dinámica democrática, han llevado a la traición a tantos líderes cobardes, plebeyos irredentos, que un día serán juzgados por las almas nobles, que fueron libres de verdad, porque sólo temían a Dios. Su juicio lo hará el mismo Jesús, Nuestro Señor y Rey, que venciendo todos los miedos en Getsemaní, clavado en la cruz, dio la vida por nosotros en el Calvario

  IV.-El demonio maneja los miedos.

  Otro enemigo del alma es «el mono de Dios», que, instrumentalizando la imaginación, «la loca de la casa», aunque no siempre logra con los miedos, privar al alma de la gracia, sí consigue que pierda la paz. Él es quien trata de despojarnos del Santo Temor de Dios, a la vez que infunde miedos infinitos, obsesivos, que forman parte de sus mentiras más grandes, de las cuales tiene toda la paternidad.

  Mucho se esfuerza el demonio en infundir el miedo a pedir perdón y confesar los pecados. De esta manera, esclaviza muchas almas, arrastrándolas, con Judas a la desesperación. Libres y felices serían si con San Pedro confesaran sus negaciones con tres actos de amor, y oirían con San Dimas, que supo transformar su suplicio en propiciación, la promesa divina de su salvación. Confesarse es de valientes que venciendo el amor propio, el miedo al qué dirán y a ¡tantas cosas! contritos, confiesan su pecado, y el Señor que colma de bienes a los humildes, les concede la gracia de la reconciliación.

  El demonio, capitán e inspirador de terroristas y tiranos, de tantos déspotas que ejercen autoridad jurídica sin ninguna autoridad moral que oprimen sociedades e individuos, ha encontrado en los miedos esa palanca de apoyo que descubrió Arquímedes, y su poder es proporcional al terror que logre provocar, método que aplican sus secuaces con mortífera eficacia en detrimento de la civilización católica.

  En los abundan las historias que cuentan las hazañas de los misioneros que se enfrentaron a los hechiceros locales, a causa de la tiranía opresiva que ejercían, mediante el miedo sobre las tribus paganas que terminaban adorando al demonio: Dii gentia, demonia (los dioses de los paganos son demonios). Se palpaba incluso físicamente entre ellos, el imperio que producía el terror a todo, en todo y por todo.  Como si fuera un círculo vicioso que va «in crecendo» desde los acontecimientos más anodinos, avatares climáticos o el tiempo meteorológico, hasta culminar, a instancia de los brujos, en sacrificios humanos para contentar a los dioses más siniestros. Eso de que los paganos solo tienen «miedo de que el cielo caiga sobre sus cabezas», es algo que solo sucede en las historietas de Obélix y Astérix. San Pablo enseñó en el Areópago a los atenienses quién era ese Dios desconocido.  Ante la posibilidad de provocar la ira de un Dios ignoto, aquellas almas que aún vivían bajo el terror pagano, le habían levantado un altar por si las dudas. Pero nuestro Dios es amor y solo a Él debemos temer. No le ofendamos bajo ninguna circunstancia ni a causa de ningún miedo.

  Se constata con frecuencia que muchos duermen intranquilos a sabiendas de que un pequeño ratón merodea por su dormitorio, o que detrás de la mesilla de luz puede vivir una araña. ¿Cuántos antes de dormir miran debajo de la cama, o ante el más leve ruido extraño pasan las noches en insomnio que se pueblan con más fantasmas, incluso, que en las mismas pesadillas? Sin embargo, son capaces de dormir tranquilos a pesar de tener muerta el alma, y dejan que les venza el sueño sin hacer un acto de contrición por las faltas graves, o leves, de la jornada. ¿Es porque nos da más miedo que el pecado, el ratón o una araña? Recemos bien las oraciones de la noche y no olvidemos que no debemos temer a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temamos más bien a aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la Gehena. Un día con los rayos de la luz perpetua veremos cómo se desvanecen los miedos, igual que desaparecieron aquellos que nos aterrorizaban de pequeños, cuando con las primeras luces de la mañana se esfumaban todos los fantasmas y nos reíamos viendo lo tontos que habíamos sido. Así nos reiremos entonces, del mismo modo en que nos reímos ahora después del susto de algún amigo pícaro.

  V.- La prudencia de la carne, sus falsas seguridades y los respetos humanos.

  La prudencia de la carne, que se ha disfrazado de virtud, nos engaña aportando una seguridad ficticia, porque su fin no es trascendente ni su impulso es sobrenatural. «Nam prudentia carnis, mors est, prudentia autem spiritus, vita et pax» (pues la prudencia de la carne es muerte, pero la del espíritu es vida y paz) (Rom. VIII, 6). Detrás de ella se esconden los cobardes, en ella se escudan los traidores, hacia ella huyen los desertores, con ella se disfrazan los hipócritas.

  Los «aseguradores» han encontrado una mina inagotable de argumentos persuasivos, y sobre todo lucrativos, explotando los miedos. La infinita gama de peligros, constituye una fuente interminable de beneficios para los vendedores de seguros que viven de los miedos y los eventuales infortunios. Muchos son los que necesitan blindar de todo riesgo sus existencias, no sólo con los seguros del coche, de vivienda, de salud, sino que, además, contratan toda suerte de garantías para hacer frente a toda clase de eventuales accidentes.

  Entre las promesas de los políticos, una de las más demagógicas, es la de prometer seguridad a los ciudadanos que les votan. Ellos saben también, cómo explotar los miedos que nutren a la democracia, cuando por miedo muchos votan al mal menor. Para proporcionar la seguridad prometida, no les queda otro remedio que poner detrás de cada ciudadano un policía, y detrás de cada policía otro más, y como esto en la vida real es irrealizable, ahora intentan lograrlo siguiendo a cada individuo por el cybermundo, que termina estableciendo una nueva esclavitud, la de la civilización artificial.

  Los impíos acusan a los sacerdotes de explotar los miedos, de traumatizar a sus rebaños, cuando predican a los niños y a las almas sencillas las postrimerías: muerte, juicio, infierno y gloria. La consideración de esas realidades debería ayudarnos a vivir en el Santo Temor de Dios que permite al alma sentirse como Gulliver en el país de los enanos; en cambio, las almas libradas a los miedos, vivirán como Gulliver en el país de los gigantes. Desgraciadamente muchos pastores olvidaron que la ley del miedo del Antiguo Testamento ya ha sido abolida, y actúan con las malas artes del gurú en la nauseabunda atmósfera de las sectas. Instrumentalizan al mismo Espíritu Santo, enredan las conciencias en marañas de escrúpulos. Por no predicar la verdad que se encarna en la Caridad del Nuevo Testamento, oprimen y coartan esa libertad interior que es herencia propia de los hijos de Dios. En vez de ayudarles a gozar de la condición de redimidos, perpetúan la culpabilidad.

  En los repliegues del corazón, en los tibios recovecos del egoísmo, tenemos agazapados, escondidos, un ejército de cobardes, todos uniformados con los colores de lo razonable con que se disfrazan los traidores, que impiden salir de su zona de confort a los que tienen una cita con el heroísmo. Podríamos considerar que esos miedos viajan como polizones en la bodega, escondidos en los vericuetos del alma, auténtico caballo de Troya pletórico de enemigos, y si la imaginación les abre la puerta, surgen de lo más profundo, amotinados como furiosos revolucionarios, para quitarle el timón a la cordura y la razón.

  Si Cristóbal Colón se hubiera dejado amilanar por toda aquella mitología que proliferaba en el fecundo imaginario colectivo, aquellos espectros y quimeras mucho más terribles que los mismos peligros de la mar, jamás le habrían dejado zarpar hacia el Nuevo Mundo, pero confiando en Dios y en Santa María, se enfrentó a Leviatán. Supo domar y ponerle rienda a todos los cíclopes y lestrigones, hidras y sirenas; a tales fantasmas jamás los encontró en su ruta, porque tenía su mirada clavada en la Cruz del Sur, y era su alma una vela henchida por el soplo del Espíritu; de esta manera, venció las tormentas y la calma chicha.

  ¿Cuántos proyectos han sucumbido en estado embrionario? El efecto letal lo causan los resultados del temor: la cobardía, la mezquindad y el egoísmo, que inconscientemente dan el golpe de gracia a quienes han de enfrentar enemigos. Podemos ser sus víctimas, y caer fulminados, incluso antes de salir de la misma trinchera. Esos miedos por lo general tienen una mayor capacidad mortífera que la fuerza efectiva de los adversarios

  El «respeto humano» es otro de los nombres del miedo. El miedo al qué dirán, ha establecido la tiranía de lo políticamente correcto, donde las sociedades anónimas no son sólo un artilugio legal o la figura jurídica de una compañía comercial, sino también el espejo de nuestra sociedad, que diluye en el anonimato la responsabilidad que implica defraudar a accionistas e inversores. Puesto que el miedo no es tonto y tampoco hay nada más cobarde que el dinero, deberíamos animarnos a atesorar para el cielo, allí donde no llegan ladrones ni el óxido corrompe, invirtiendo nuestra hacienda y nuestro tiempo en el servicio de Aquel que es el único capaz de darnos por uno, un ciento.

  Con el «respeto humano», se evita, metódica y sistemáticamente, ser piedra de contradicción, rehuyendo, por principio de educación mundana, entrar en aquellos temas en los cuales pudiera no existir el consabido consenso, o realizar alguna hazaña que ponga en evidencia la mediocridad y abominable tibieza de los cobardes o afirmar algo que ponga en evidencia las incoherencias liberales.

  Ese «respeto humano» es el que condiciona la militancia religiosa y política de tantos tradicionalistas vergonzantes, que no tienen claro todo lo que implica el hecho de renunciar al mundo con el bautismo. En tácita complicidad con el sistema, son espectadores con la sonrisa condescendiente de los biempensantes. Se sitúan cómodamente para contemplar desde lo alto de alguna confortable situación, con la misma cruel indiferencia con que los romanos asistían al Coliseo, para ver cómo las fieras devoraban a los mártires. Hoy son muchos los que se mantienen al margen de toda militancia que comprometa su puesto, ponga en peligro su carrera o les haga sufrir la cuarentena que les imponga su ámbito social o familiar. Se limitan a observar indiferentes a quienes se baten en las arenas por el honor de su Dios, su Patria y su Rey.

  Dentro de la misma clerecía el miedo a las excomuniones, con las que amenaza la jerarquía, ha llevado a muchos católicos a la apostasía. Desprecian el juicio de Dios por miedo a que el juicio de los hombres les imponga algún «sambenito». Son Clérigos miopes que, por no perder ese puestito que es la gran meta de sus tibias y mediocres existencias, por no perder sus prebendas, no aspiran a ocupar el puesto que Dios reserva en la gloria a los valientes que se hacen violencia. El temor de recibir los epítetos descalificadores con que el mundo designa a los que le hacen frente,  el miedo a perder la soldada, la seguridad social, la jubilación y sus beneficios, hace que muchos clérigos renuncien por un plato de lentejas a esa primogenitura a la que su vocación les llama. Si tuvieran que posicionarse, sin preocuparse por la caridad, la verdad o la justicia, indefectiblemente se sumarán a la mayoría; y en su hipocresía, ya encontrarán la manera de disfrazar sus cobardías con santas razones, y así acallar la voz de sus conciencias. Cobardemente se solazan inmersos entre la chusma, confiados en el anonimato que da el ser uno más en la masa, que inevitablemente lleva, hoy como ayer, a gritar ¡Crucifícale!  En definitiva, traicionan a sus pares, son desleales con las autoridades y cual viles mercenarios, por miedo al lobo, abandonan sus rebaños.

  Cuando llegaron los murmullos hostiles de la ciudad al Colegio Apostólico, y comienza a oírse el ruido sordo de la tormenta que se desencadenará el Viernes Santo, los Apóstoles querían disuadir al Señor de subir a Jerusalén, pero hubo un valiente que venciendo todos los miedos les dijo: «vayamos y muramos con Él», y nos dio ejemplo de intrépido valor, venciendo los terrores.

  Las batallas más terribles se libran en lo más íntimo del alma, el corazón es el más cruento campo de batalla, pero puesta nuestra fe en un Dios que es fiel, estamos seguros de que nunca nos faltará su gracia. En consecuencia, podremos vencer al más letal de los enemigos de nuestro bien particular y del bien común: el miedo. No olvidemos nunca que esas victorias secretas son las más importantes de todas; permanecen ocultas a los ojos de los hombres, en cambio son patentes ante los ojos de Dios, ante quien nunca seremos héroes anónimos. Por su exquisita pureza de intención ¡que hermosas son estas victorias, que no podrá jamás empañar la vanagloria!

  Cuaresma es el tiempo favorable para hacer penitencia, y es urgente que mortifiquemos los sentidos interiores, sojuzguemos uno a uno esos enemigos llamados miedos. Normalmente se presentan ante nuestro espíritu formulados condicionalmente, al menos los miedos que consentimos lúcida y voluntariamente, a los que les hemos dado plena libertad y hasta alimentado su voracidad de manera imprudente. Sería oportuno, para poderla someter, cortarle los canales que le suministran alimentos. Construyamos, sobre la roca del temor divino y no sobre las arenas inconsistentes de los miedos, un reino interior de gracia y de paz.

  En esta Cuaresma, deberíamos ir acercándonos a la Semana Santa con la valentía determinada de Santo Tomas, «vayamos y muramos con Él», porque sin Viernes Santo no podría haber Pascua de Resurrección y si morimos con Cristo, resucitaremos con Cristo. Mortificando cada día ese sentido interno que tanto daño nos causa y que denominamos imaginación. Ahora, que es el momento de elegir un sacrificio cuaresmal, y dudamos entre dejar el chocolate o el Instagram, vivamente os animo a mortificar la imaginación y así poder domar los miedos. No valen más los sacrificios que uno elige, que aquellos que la caridad de Cristo nos urge, pide y exige.

  Se trata de abrazar con amor esa cruz que da más miedo y me ofrece Jesús, esa cruz de la cual huyo como un pagano y que evito como un judío; precisamente aquella que me produce más miedo, es la que tiene para mí la gracia de la verdadera sabiduría. Domando esas fieras íntimas, espectros secretos, sin temor al martirio y a la persecución, pues quienes seguimos a Cristo debemos tener asumido que si así trataron al leño verde ¿Cómo tratarán al seco? La Escritura nos advierte que «quien ama su vida la perderá», por eso quien la da por perdida, no podrá jamás perder el soberano placer de verla tan bien perdida.

  Los miedos ponen trabas que solo tú conoces, intuyes y padeces, ponen grilletes a tus pies y cadenas a tus alas, para que no puedas despreciar lo pequeño, despojarte de lo mezquino, despegar de lo más bajo hacia un destino sublime. No olvides que tu omega es tan noble y divino, como lo fue el alfa de tu existencia, ese fin último divino. Confía el transcurrir de tu existencia a  ese Amor que, entre el alfa y el omega de tu vida, se llama Providencia.

  Dios nos ama y cuida de tal manera que no llegamos a comprenderlo del todo. ¿Qué nos sugiere cuando nos dice que hasta tiene contados nuestros cabellos? Que ni las nimiedades más banales que nos conciernen, le son ajenas. Por hallarnos lejos de Dios, nos están asediando los miedos. En las horribles pesadillas de esta noche, tengamos el Rosario en la mano para sentir la tierna y segura protección de nuestra Madre. Cuanto más cerca estemos de Dios, más lejos estaremos de los miedos, y para estar más cerca de Él, nada mejor que el refugio de su Corazón Inmaculado. Ante almas revestidas del temor de Dios, capaces de vencer todos los miedos, los enemigos temblarán.

  Oración de S. M. Isabel I Reina de Castilla, Isabel la Católica.

  Tengo miedo, Señor, de tener miedo y no saber luchar. Tengo miedo, Señor, de tener miedo y poderte negar. Yo te pido, Señor, que en Tu grandeza no te olvides de mí; y me des con Tu amor la fortaleza para morir por Ti.

  Rvdo. P. José Ramón García Gallardo, Consiliario de la Comunión Tradicionalista

sábado, 6 de marzo de 2021

CUARESMA

 


“La observancia de la Cuaresma es el lazo de nuestra milicia; por ella nos diferenciamos de los enemigos de la Cruz de Jesucristo; por ella esquivamos los azotes de la cólera divina; por ella, amparados con la ayuda celestial durante el día, nos fortalecemos contra los príncipes de las tinieblas. Si esta observancia se relaja, cede en desdoro de la gloria de Dios, deshonra de la religión católica y peligro de las almas cristianas; y no hay duda que este descuido sea fuente de desgracias para los pueblos, desastres en los negocios públicos e infortunios para los individuos.”

 (Benedicto XIV, Constitución Non Ambigimus, 30-05-1741)

viernes, 5 de marzo de 2021

EL CARDENAL MANNING HABLÓ, EN 1861, SOBRE LO QUE SUCEDERÍA A LA IGLESIA ANTES DE SU TRIUNFO


En una serie de conferencias pronunciadas en 1861, el ilustre cardenal Henry Edward Manning dejó estas enseñanzas: 

 Así como los malvados no prevalecieron contra Él [nuestro Señor Jesucristo], incluso cuando le ataron con cuerdas, lo arrastraron al juicio, vendaron los ojos, se burlaban de Él como de un falso rey, lo golpearon en la cabeza como un falso profeta, lo crucificaron, y parecían tener un dominio absoluto sobre Él, teniéndolo casi aniquilado bajo sus pies; y cuando estaba muerto y enterrado, resultó vencedor y resucitó al tercer día, y ascendió al cielo, y fue coronado, glorificado, y fue investido con su realeza, y reina supremo, rey de reyes y Señor de señores, lo mismo sucederá con Su Iglesia: aunque será perseguida durante  un tiempo, y a los ojos de los hombres, derribada,  pisoteada, destronada, despojada, burlada, y aplastada, sin embargo aunque parezca que habrán triunfado las puertas del infierno no prevalecerán. A la Iglesia de Dios le espera una resurrección y una ascensión, una regalía y un dominio, una recompensa de gloria por todo lo que ha sufrido. Al igual que Jesús, tendrá que sufrir en el camino a la corona; sin embargo, será coronada con Él eternamente. Así pues nadie debe escandalizarse de las profecías de los sufrimientos por venir. Nos gusta imaginar triunfos y glorias de la Iglesia en la tierra, –que el Evangelio debe ser predicado a todas las naciones, y el mundo querrá convertirse, y todos los enemigos serán sometidos, y no sé qué–, hasta algunos oídos se impacientan por oir que para la Iglesia habrá un tiempo de terrible prueba; nos comportamos como los judíos de aquel tiempo que esperaban un Mesías conquistador, un rey, que llegaría y tendría gran prosperidad; y cuando llegó el Mesías en la humildad y en la pasión, no lo reconocieron... Así, me temo, que muchos entre nosotros intoxicamos nuestras  mentes con las visiones de éxito y la victoria, y no podemos soportar la idea de que vendrá un tiempo de persecución para la Iglesia de Dios...

 Los Santos Padres que han escrito sobre el tema del Anticristo, y de las profecías de Daniel, sin una sola excepción, por lo que yo sé,  padres tanto de Oriente como de Occidente, griegos  y latinos -todos ellos por unanimidad– dicen que los últimos tiempos del mundo, durante el reinado del Anticristo, el santo sacrificio del altar cesará. En la obra sobre  el fin del mundo, atribuida  a San Hipólito, después de una larga descripción de las aflicciones de los últimos días, leemos lo siguiente: “Las Iglesias lo llorarán con un gran llanto, pues no habrá más oblación para ser ofrecida, ni incienso, ni el culto agradable a Dios. Los edificios sagrados de las iglesias serán las  chozas; y el precioso cuerpo y sangre de Cristo no será ya expuesto [para la adoración] en aquellos días; la Liturgia será extinguida; el canto de los salmos cesará; la lectura de la Sagrada Escritura no se oirá ya. No habrá para los hombres más que oscuridad, y duelo sobre duelo y aflicción sobre aflicción.” Entonces, la Iglesia se dispersará, será empujada al desierto, y será por un tiempo como lo fue a los comienzos, invisible, escondida en catacumbas, en las casas, en las montañas, en escondrijos; durante un tiempo será barrida, por así decirlo, de la faz de la tierra. Tal es el testimonio universal de los Padres de los primeros siglos…

 La Palabra de Dios nos dice que hacia el final de los tiempos el poder de este mundo será tan irresistible y triunfante que la Iglesia de Dios se hundirá debajo de su mano, que la Iglesia de Dios no recibirá más ayuda de los emperadores o reyes o príncipes, o legislaturas, o naciones, o de los pueblos, para poder resistir contra el poder y la fuerza de su antagonista. Se verá privada de protección. Estará debilitada, desconcertada, y postrada, tirada  sangrando a los pies de los poderes de este mundo.

martes, 2 de marzo de 2021

CRISTO ESTÁ EN LA MENOR PARTÍCULA DE LA EUCARISTÍA, COMULGUEMOS DE RODILLAS Y EN LA BOCA. SI SE RECIBE EN LA MANO QUEDARÁN PARTÍCULAS QUE LUEGO CAERÁN AL SUELO, CRISTO RODARÁ AL SUELO Y AHÍ SERÁ PISOTEADO


El Sacerdote, se supo después, fue Fredy Leonardo Herrera y llora en el altar al sentir remordimiento de dar la Sagrada Eucaristía en la mano y no en la boca, luego pide que se reciba unícamente en la boca y arrodillados.


Recientemente se hizo viral en las redes sociales un video en el que un sacerdote llora en Misa a causa de una gravísima irreverencia ante la Eucaristía.

Aquí puedes ver este momento y la explicación del párroco de su gran tristeza.

La imagen nos muestra al sacerdote de espaldas que se inclina y se llega a escuchar su llanto. Luego se incorpora y se dirige hacia el ambón. Allí comienza a hablar a los fieles.

“Hay cosas que a veces no se pueden explicar, o más bien sí. Lo que pasa es que duele mucho cuando el Señor permite compartir o ver ciertas cosas”, comienza diciendo.

“A partir de este momento, en nuestra parroquia, solo se podrá comulgar en la boca y de rodillas. No podrá ser de otra manera”, dice de repente.

Pero luego explica: “Cristo está vivo, está entre nosotros y le duele muchísimo -no solo cuando no se comulga porque es un dolor muy grande para Él-, sino cuando se recibe ni siquiera siendo conscientes a Quién se está recibiendo”.

“Y cuando se recibe como si se recibiera cualquier comida, como si no se creyera en su presencia, ahí está y está vivísimo. Y si les decía recíbanlo de esta manera, tenga cuidado… y no se hace; así sea una pequeña partícula, la más diminuta, ahí está Él todo”.

“Por eso siempre se debe tener el mayor cuidado posible”, concluye.

Cuando se recibe en la mano la Eucaristía quedan ahí pequeñas partículas donde está todo Cristo, que luego caerán al suelo y ahí serán pisoteadas. Cristo será pisoteado. No hay pretexto que justifique esto, así lo permita quien lo permita. Primero es Dios que las disposiciones de los hombres, sean éstos quienes sean y se hagan con el motivo o pretexto que se hagan. Nada lo justifica, insistimos.

Por ningún motivo comulguemos en la mano, si solo nos dan así la comunión, preferible es solo comulgar espiritualmente. Si la Escritura Sagrada dice que al nombre de Dios se doble toda rodilla, ante la REALIDAD misma de su Presencia, que es más que su nombre, comulguemos arrodillados que es la postura que indica adoración y reverencia. 

sábado, 27 de febrero de 2021

"PASTORES" ASALARIADOS


"El pastor debe ser discreto en el silencio y útil al hablar, a fin de que no diga lo que debe callar, ni calle lo que debe decir. Pues, así como hablar incautamente conduce al error, así también un silencio indiscreto deja en el error a quienes podían ser instruidos. Ocurre con frecuencia que los pastores imprudentes, temiendo perder el aplauso de los hombres, tienen mucho miedo de decir con libertad lo que es recto. Éstos, conforme a la voz de la Verdad, en modo alguno sirven ya con el celo que los pastores tienen por la custodia de la grey, sino que, al contrario, lo hacen con el de los asalariados; pues, al esconderse en su silencio, huyen cuando llega el lobo". 

 San Gregorio Magno

viernes, 26 de febrero de 2021

CONCLUSIONES DE CUALQUIERA QUE ESTUDIA A FONDO LA DOCTRINA CATÓLICA SOBRE EL PAPA 


Video del Padre Nilton Bustamante. El Papa es infalible cuando define ex cathedra sobre fe y moral o enseña lo que siempre y en todas partes fue enseñado ‐en estos temas‐ por la Iglesia; no lo es en sus opiniones personales.


jueves, 25 de febrero de 2021

93º ANIVERSARIO DEL MARTIRIO DE SANTO TORIBIO ROMO 


 Cuando comenzó la persecución religiosa en México, especialmente intensa en la región de Cuquío, Santo Toribio, en compañía de su párroco San Justino Orona (quien también sería martirizado posteriormente), tuvo que vivir en continuo peligro, huyendo por campos y barrancas. Uno de sus mayores sufrimientos, era el no poder celebrar la misa todos los días. 

 El padre San Atilano Cruz, (martirizado posteriormente también), llegaba a Cuquío para sustituirlo. En septiembre de 1927, por órdenes superiores, Santo Toribio Romo se trasladó a Tequila, en calidad de párroco. Ahí se escondió en una fábrica de tequila, propiedad del Sr. Luis León Aguirre, que se encontraba en la barranca del Agua Calient,. donde lo acompañaban Quica (su incansable y heroica hermana) y su hermano Sacerdote, el Padre Román Romo González. En este lugar fundó centros de catecismo, así como en los ranchos cercanos; celebraba también la misa en esa fábrica. 

 Acudían a él, con muchos cuidados debidos a la persecución religiosa que existía, personas de Tequila, Amatitán, Arenal, Magdalena y Hostotipaquillo, para bautizar, casarse, confesarse y para solicitar el auxilio sacramental para los enfermos de esos lugares. 

 El jueves 23 de febrero de 1928 Santo Toribio pidió al Padre Román (su hermano) que le oyera en confesión sacramental y le diera una bendición muy grande; antes de irse le entregó una carta con el encargo de que no la abriera hasta tener noticias de él. Ese día Santo Toribio se notó muy preocupado, pasó el día en su cuarto y en el oratorio que había improvisado.

 Al día siguiente viernes 24 de febrero, (viernes primero del mes) después de celebrar la misa, pasó todo el día ordenando el registro parroquial, (pues era obvio que no había notaría). Santo Toribio terminó su trabajo a las cuatro de la mañana del día sábado y decidió dormir un poco. Una hora después, a las 5 a.m. del 25 de febrero de 1928, llegó una tropa de federales y agraristas a la fábrica, pues habían detenido al hombre con quien el Padre Toribio enviaba su correspondencia y lo obligaron a llamar a la puerta. En cuanto ésta se abrió, los soldados entraron violentamente a la fábrica y llegaron a la recámara donde Santo Toribio dormía.  

Un agrarista gritó: “Éste es el cura, mátenlo”. Despertando súbitamente, Santo Toribio se sentó en su cama y dijo a los soldados: “Sí soy… pero no me maten…”. Un soldado disparó sobre Santo Toribio, quien se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta de la habitación, donde recibió una segunda descarga que lo hizo caer en los brazos de su hermana María (“Quica”); quien lo tomó en sus brazos y le dijo al oído: “Valor, padre Toribio… ¡Jesús misericordioso, recíbelo! y ¡Viva Cristo Rey!”. Así terminaron sus escasos 27 años de vida y cinco de Sacerdote. 

 Llevaron su cadáver a Tequila para exhibirlo ante sus fieles. María iba rezando el rosario. Tiraron su cuerpo frente a la presidencia municipal. María se hincó junto a su cadáver y rezó una breve oración. Su rebozo lo empapó de sangre y en la frente le dio el último beso. Fue velado en la casa de la familia Plascencia y al día siguiente (domingo 26 de febrero de 1928), fue enterrado en el cementerio municipal. 

Quica llevaba sus vestidos aun manchados con la sangre de su propio hermano; y decía no debemos llorar: el Padre Toribio ya está en el cielo. Démosle gracias a Dios porque le concedió la palma del martirio, que quiso sufrir por el triunfo de la Iglesia. 

 Veinte años después de su sacrificio, los restos del mártir Toribio Romo regresaron a su lugar de origen, y fueron depositados en la capilla construida por él, en Santa Ana de Guadalupe, Jalisco (lugar de su nacimiento).

miércoles, 24 de febrero de 2021

BICENTENARIO DEL PLAN DE IGUALA Y DE LA BANDERA MEXICANA


 
 Un día como hoy, pero de 1821, en Iguala, actual Estado de Guerrero, don Agustín de Iturbide promulga el #PlandeIguala, documento donde se declara la independencia formal de lo que hoy es México, comenzando así la recta final de la lucha por la independencia definitiva que se lograría el 27 de septiembre de ese mismo año.

 A continuación se reproduce el texto del mismo, conservando la ortografía de entonces. Obsérvese que las tres garantías que en él se plasman son las mismas de los colores del lábaro patrio que nos legó Iturbide junto con la misma Independencia que logró sin derramar una sola gota de sangre, pues solo su genialidad logró desatar el nudo sin romperlo:

 Verde = Independencia, luego de trescientos años de ser parte de "la nación más católica y piadosa, heroica y magnánima", a semejanza de los hijos que al llegar a la edad adulta forman una nueva familia sin dejar de tener respeto, veneración y amor por sus padres. 

Blanco = Religión Católica, Apostólica y Romana, la única verdadera, con exclusión de cualquier otra por ser falsas religiones. 

Rojo = Unión de todos los habitantes del país.

 PLAN DE IGUALA (Creado por don Agustín de Iturbide, en el que ninguna intervención tuvo Vicente Guerrero como tampoco en la creación de la bandera nacional, pues el encuentro de ambos fue posterior): 

 "¡Americanos! bajo cuyo nombre comprendo no sólo á los nacidos en América, sino á los europeos, africanos y asiáticos que en ella residen: tened la bondad de oírme. Las naciones que se llaman grandes en la extensión del globo, fueron dominadas por otras; y hasta que sus luces no les permitieron fijar su propia, no se emanciparon. Las europeas que llegaron á la mayor ilustración y policía, fueron esclavos de la romana, y este imperio, el mayor que reconoce la historia, asemejó al padre de familias, que en su ancianidad mira separarse de su casa á los hijos y los nietos por estar ya en edad de formar otras, y fijarse por sí, conservándole todo el respeto, veneración y amor, como á su primitivo origen. 

 Trescientos años hace, la América Septentrional, que está bajo de la tutela de la nación más católica y piadosa, heroica y magnánima. La España la educó y engrandeció formando esas ciudades opulentas, esos pueblos hermosos, esas provincias y reinos dilatados que en la historia del universo van á ocupar lugar muy distinguido. Aumentadas las poblaciones y las luces, conocidos todos los ramos de la natural opulencia del suelo, su riqueza metálica, las ventajas de su situación topográfica, los daños que originan la distancia del centro de su unidad y que ya la rama es igual al tronco, la opinión pública y la general de todos los pueblos es la de la independencia absoluta de la España y de toda otra nación. Así piensa el europeo, así los americanos de todo origen. 

 Esta misma voz que resonó en el pueblo de los Dolores el año de 1810, y que tantas desgracias originó al bello país de las delicias por el desorden, el abandono y otra multitud de vicios, fijó también la opinión pública de que la unión general entre europeos y americanos, indios é indígenas es la única base sólida en que pueda descansar nuestra común felicidad. ¿Y quién pondrá duda en que después de la experiencia horrorosa de tantos desastres no haya siquiera quien deje de prestarse á la unión para conseguir tanto bien? ¡Españoles europeos!, vuestra patria es la América, porque en ella vivís, en ella tenéis á vuestras amadas mujeres, á vuestros tiernos hijos, vuestras haciendas, comercio y bienes. ¡Americanos!, ¿quién de vosotros puede decir que no desciende de español? Ved la cadena dulcísima que nos une; añadid los otros lazos de la amistad, la dependencia de intereses, la educación é idioma y la conformidad de sentimientos, y veréis son tan estrechos y tan poderosos, que la felicidad común del reino es necesario la hagan todos reunidos en una sola opinión y en una sola voz. 

 Es llegado el momento en que manifestéis la uniformidad de sentimientos, y que nuestra unión sea la mano poderosa que emancipe á la América sin necesidad de auxilios extraños. Al frente de un ejército valiente y resuelto he proclamado la independencia de la América Septentrional. Es ya libre, es ya señora de sí misma, ya no reconoce ni depende de la España ni de otra nación alguna; saludadla todos como independientes, y sean vuestros corazones bizarros los que sostengan esta dulce voz, unidos con las tropas que han resuelto morir antes que separarse de tan heroica empresa. No le anima otro deseo al ejército que el conservar pura la santa religión que profesamos y hacer la felicidad general. Oíd, escuchad las bases sólidas en que funda su resolución: 

 1.ª La religión católica, apostólica, romana, sin tolerancia de otra alguna. 

  2.ª Absoluta independencia de este reino. 

3.ª Gobierno monárquico templado por una Constitución análoga al país. 

 4.ª Fernando VII, y en sus casos los de su dinastía ó de otra reinante, serán los emperadores, para hallarnos con un monarca ya hecho y precaver los atentados funestos de la ambición. 

 5.ª Habrá una Junta ínterin se reúnen Cortes que hagan efectivo este plan. 

 6.ª Esta se nombrará gubernativa y se compondrá de los vocales ya propuestos al señor Virrey. 

7.ª Gobernará en virtud del juramento que tiene prestado al Rey, interin éste se presenta en México y lo presta, y hasta entonces se suspenderán todas ulteriores órdenes. 

 8.ª Si Fernando VII no se resolviera á venir á México, la Junta ó la Regencia mandará á nombre de la nación, mientras se resuelve la testa que debe coronarse. 

 9.ª Será sostenido este Gobierno por el ejército de las Tres Garantías. 

 10. Las Cortes resolverán si ha de continuar esta Junta ó sustituirse una Regencia mientras llega el emperador. 

 11. Trabajarán, luego que se unan, la Constitución del imperio mexicano. 

 12. Todos los habitantes de él, sin otra distinción que su mérito y virtudes, son ciudadanos idóneos para optar cualquier empleo. 

 13. Sus personas y propiedades serán respetadas y protegidas. 

 14. El clero secular y regular, conservado en todos sus fueros y propiedades. 

 15. Todos los ramos del Estado y empleados públicos subsistirán como en el día, y sólo serán removidos los que se opongan á este plan, y sustituidos por los que más se distingan en su adhesión, virtud y mérito. 

 16. Se formará un ejército protector, que se denominará de las Tres Garantías, y que se sacrificará del primero al último de sus individuos, antes que sufrir la más ligera infracción de ellas.

 17. Este ejército observará á la letra la ordenanza, y sus jefes y oficialidad continuarán en el pie en que están, con la expectativa, no obstante, á los empleos vacantes y á los que se estimen de necesidad ó conveniencia. 

 18. Las tropas de que se componga se considerarán como de línea, y lo mismo las que abracen luego este plan, las que lo difieran y los paisanos que quieran alistarse, se mirarán como milicia nacional, y el arreglo y forma de todas lo dictarán las Cortes. 

19. Los empleos se darán en virtud de informe de los respectivos jefes, y á nombre de la nación provisionalmente. 

 20. Interin se reunan las Cortes, se procederá en los delitos con total arreglo á la Constitución española. 

21. El de conspiración contra la independencia se procederá á prisión sin pasar á otra cosa hasta que las Cortes dicten la pena correspondiente, la mayor de los delitos, después de lesa majestad divina. 

 22. Se vigilará sobre los que intenten sembrar la división, y se reputarán como conspiradores contra la independencia. 

 23. Como las Cortes que se han de formar son Constituyentes, deben ser elegidos los diputados bajo este concepto. La Junta determinará las reglas y el tiempo necesario para el efecto.

 Americanos: he aquí el establecimiento y la creación de un nuevo imperio. He aquí lo que ha jurado el ejército de las Tres Garantías, cuya voz lleva el que tiene el honor de dirigírosla. He aquí el objeto para cuya cooperación os invita. No os pide otra cosa que lo que vosotros mismos debéis pedir y apetecer: unión, fraternidad, orden, quietud interior, vigilancia y horror á cualquier movimiento turbulento. Estos guerreros no quieren otra cosa que la felicidad común. Uníos con su valor, para llevar adelante una empresa que por todos aspectos (si no es por la pequeña parte que en ella ha tenido) debo llamar heroica. No teniendo enemigos que batir, confiemos en el Dios de los ejércitos, que lo es también de la paz, que cuantos componemos este cuerpo de fuerzas combinadas de europeos y americanos, de disidentes y realistas, seremos unos meros protectores, unos simples espectadores de la obra grande que hoy he trazado, y que retocarán y perfeccionarán los padres de la patria. Asombrad á las naciones de la culta Europa; vean que la América Septentrional se emancipó sin derramar una sola gota de sangre. En el transporte de vuestro júbilo decid: ¡Viva la religión santa que profesamos! ¡Viva la América Septentrional, independiente de todas las naciones del globo! ¡Viva la unión que hizo nuestra felicidad!

— Iguala, 21 de Febrero de 1821.— 

 Agustín de Iturbide. 
 #PlandeIguala

viernes, 19 de febrero de 2021

VÍCTIMAS DE SU PROPIO VENENO


 Las abejas tienen un aguijón, como si fuera la punta de una flecha. Cuando pican a un ser humano o a un animal, el aguijón entra en la piel y no sale, porque el aguijón se mantiene dentro de la "víctima". Cuando intentan salir volando, parte del intestino de las abejas termina siendo arrancado. Morirán poco después como resultado de esta mutilación. El ataque puede dañar un poco a su víctima, pero a la abeja le cuesta la vida. (Obviamente en el caso de las abejas, esto es algo del instinto del insecto).

 Pero con el ser humano sucede algo similar: aquellos que viven todo el tiempo tratando de atacar a la gente a través de chismes, calumnias e intrigas; destilando odio, rencor... pueden molestar momentáneamente a su "víctima", pero siempre terminan siendo víctimas de su propia maldad.

 Observa que no hay felicidad en aquellos que viven así... Son seres desdichados.

 Por eso, tú sigue tu vida haciendo el bien, como Dios pide, sin importar a quién, y jamás te rindas. No desistas de tus metas y deberes por personas que disfrutan metiéndose en las vidas ajenas, tratando de perjudicar a los demás; ésas siempre terminan mal, víctimas de su propio veneno.

 G. V.

jueves, 18 de febrero de 2021

UN SOLO PENSAMIENTO O DESEO DESHONESTO, PLENAMENTE CONSENTIDO, PODRÍA ARRASTRARTE A LA PRISIÓN DEL FUEGO ETERNO


Por amor a Dios, arrepintámonos sinceramente con propósito verdadero de enmienda y confesemos nuestros pecados al sacerdote, en el Sacramento de la Penitencia, mientras tengamos tiempo y vida, para llegar a ser salvos. ¡Librémonos de la esclavitud del pecado!

martes, 16 de febrero de 2021

MIÉRCOLES DE CENIZA, OBLIGAN AYUNO Y ABSTINENCIA


 

EL PORQUÉ DEL AYUNO (mañana Miércoles de Ceniza, obligan el ayuno y la abstinencia)


I. Se ayuna principalmente para tres fines:

 1º) Para reprimir las concupiscencias de la carne. Razón por la cual dice el Apóstol: «En ayunos, en pureza» (II Cor 6, 5), porque por los ayunos se conserva la castidad. Pues, como dice San Jerónimo: «Sin Ceres y Baco fría está Venus, esto es, por la abstinencia en el comer y beber se calma la lujuria».

 2º) Se ayuna para que el espíritu se eleve con más libertad a la contemplación de las cosas sublimes. Por eso se lee en Daniel que después de un ayuno de tres semanas recibió de Dios la revelación (10, 2 y sgtes). 

 3º) Para satisfacer por los pecados. Por eso se dice en Joel: «Convertíos a mí de todo vuestro corazón, con ayuno, y con llanto, y con gemidos» (2, 12). Y esto es lo que dice San Agustín: «El ayuno purifica al alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nubes de la concupiscencia, extingue los ardores de la liviandad y enciende la luz verdadera de la castidad». 

 II. El ayuno cae bajo precepto. Pues el ayuno es útil para borrar y contener la culpa, y para elevar la mente a las cosas espirituales; y como cada cual está obligado por razón natural a usar tanto de los ayunos cuanto le sea necesario para los fines indicados; por eso el ayuno en general, cae bajo el precepto de la ley natural, pero la determinación del tiempo y modo de ayunar según la conveniencia y utilidad del pueblo cristiano cae bajo precepto del derecho positivo, el cual ha sido instituido por los prelados de la Iglesia: éste es el ayuno de la Iglesia; mas el otro es el ayuno natural. 

 III. Convenientemente se determinan los tiempos del ayuno de la Iglesia. El ayuno se ordena a dos cosas: a borrar el pecado y a elevar el espíritu a las cosas sobrenaturales. Por eso debieron prescribirse los ayunos, especialmente en aquellos tiempos en que convenía que los hombres se purificaran del pecado y se elevase la mente de los fieles a Dios, por la devoción. 

 Ambas cosas urgen principalmente antes de la solemnidad pascual, en la que se perdonan las culpas por el bautismo, que se celebra solemnemente en la vigilia de Pascua, cuando se recuerda la sepultura del Señor, pues por el bautismo somos sepultados con Cristo en muerte (como dice el Apóstol, Rom 6,

 4). También en la fiesta de Pascua conviene especialmente elevar el espíritu por la devoción a la gloria de la eternidad, que Cristo inauguró resucitando. Por eso estableció la Iglesia que debía ayunarse inmediatamente antes de la solemnidad pascual, y por la misma razón en las vigilias de las fiestas principales, en las que conviene que nos preparemos a celebrar devotamente las fiestas futuras.

 Santo Tomás de Aquino, Meditaciones, 2a 2ae, q. CXLVII, a. 1, 3 y 5

viernes, 12 de febrero de 2021

¡ENHORABUENA AGUASCALIENTES!

¡Aguascalientes es el estado #22 en blindar el derecho a la vida! Con 18 votos a favor, 7 en contra y 1 abstención, el H. Congreso de Aguascalientes blindó el derecho a la Vida desde la concepción hasta la muerte natural en la constitución. 

 #AgsesProvida 🔵

miércoles, 10 de febrero de 2021

"NUNCA HA SIDO TAN FÁCIL GANAR EL CIELO": JOSÉ LUIS SÁNCHEZ DEL RÍO

 


Hoy, 10 de febrero, celebramos a San José Luis Sánchez del Río, niño mártir mexicano de la Guerra Cristera. 

 Nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán (México). Al decretarse la suspensión del culto público, José tenía 13 años y 5 meses. Su hermano Miguel decidió tomar las armas para defender la causa de Cristo y de su Iglesia. José, viendo el valor de su hermano, pidió permiso a sus padres para alistarse como soldado; su madre trató de disuadirlo pero él le dijo: "Mamá, nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión". Su madre le dio permiso, pero le pidió que escribiera al jefe de los Cristeros de Michoacán para ver si lo admitía. José escribió al jefe cristero y la respuesta fue negativa. No se desanimó y volvió a insistir pidiéndole que lo admitiera, si no como soldado activo, sí como un asistente. 

 En el campamento se ganó el cariño de sus compañeros que lo apodaron "Tarsicio". Su alegría endulzaba los momentos tristes de los cristeros y todos admiraban su gallardía y su valor. Por la noche dirigía el santo rosario y animaba a la tropa a defender su fe.

 El 5 de febrero de 1928, tuvo lugar un combate, cerca de Cotija. El caballo del general cayó muerto de un balazo, José bajó de su montura con agilidad y le dijo: "Mi general, aquí está mi caballo, sálvese usted, aunque a mí me maten. Yo no hago falta y usted sí" y le entregó su caballo. En combate fue hecho prisionero y llevado ante el general callista quien le reprendió por combatir contra el Gobierno y, al ver su decisión y arrojo, le dijo: "Eres un valiente, muchacho. Vente con nosotros y te irá mejor que con esos cristeros". "¡Jamás, jamás! ¡Primero muerto! ¡Yo no quiero unirme con los enemigos de Cristo Rey! ¡Yo soy su enemigo! ¡Fusíleme!". 

 El general lo mandó encerrar en la cárcel de Cotija, en un calabozo oscuro y maloliente. José pidió tinta y papel y escribió una carta a su madre en la que le decía: "Cotija, 6 de febrero de 1928. Mi querida mamá: Fui hecho prisionero en combate en este día. Creo que voy a morir, pero no importa, mamá. Resígnate a la voluntad de Dios. No te preocupes por mi muerte... haz la voluntad de Dios, ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre...".

 El 10 de febrero de 1928, como a las 6 de la tarde, lo sacaron del templo y lo llevaron al cuartel del Refugio. A las 11 de la noche llegó la hora suprema. Le desollaron los pies con un cuchillo, lo sacaron del mesón y lo hicieron caminar a golpes hasta el cementerio. Los soldados querían hacerlo apostatar a fuerza de crueldad, pero no lo lograron. Dios le dio fortaleza para caminar, gritando vivas a Cristo Rey y a Santa María de Guadalupe. Ya en el panteón, preguntó cuál era su sepultura, y con un rasgo admirable de heroísmo, se puso de pie al borde de la propia fosa, para evitar a los verdugos el trabajo de transportar su cuerpo. Acto seguido, los esbirros se abalanzaron sobre él y comenzaron a apuñalarlo. A cada puñalada gritaba de nuevo: "¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!". En medio del tormento, el capitán jefe de la escolta le preguntó, no por compasión, sino por crueldad, qué les mandaba decir a sus padres, a lo que respondió José: "Que nos veremos en el cielo. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!". Mientras salían de su boca estas exclamaciones, el capitán le disparó a la cabeza, y el muchacho cayó dentro de la tumba, bañado en sangre, y su alma volaba al cielo. Era el 10 de febrero de 1928. Sin ataúd y sin mortaja recibió directamente las paladas de tierra y su cuerpo quedó sepultado, hasta que años después, sus restos fueron inhumados en las catacumbas del templo expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús. Actualmente reposan en el templo parroquial de Santiago Apóstol, en Sahuayo, Michoacán.

sábado, 6 de febrero de 2021

EL EJEMPLO DE UN PADRE A SU HIJA

 


El siguiente relato nos narra lo ocurrido en 1921, hace un siglo. Es un acto ejemplar realizado por don Thomas Norval y que nos dejó escrito su hija Katharine: 

 ′′Una vez cuando era adolescente, mi padre y yo estábamos haciendo fila para comprar entradas para el circo.

 Finalmente, solo había otra familia entre nosotros y el mostrador de entradas. Esta familia me causó una gran impresión. Había ocho niños, todos probablemente menores de 12 años. De la forma en que estaban vestidos, se podía decir que no tenían mucho dinero, pero su ropa era limpia, muy limpia. Los niños eran bien educados, todos ellos parados en la cola, de dos en dos, detrás de sus padres, tomados de las manos. Estaban muy emocionados por los payasos, los animales y todos los actos que verían esa noche. 

 Por su emoción, podías percibir que nunca habían estado en el circo antes. Sería seguramente un punto culminante en sus vidas. El padre y la madre estaban a la cabeza, de pie, orgullosos como podría ser. La madre estaba sosteniendo la mano de su marido, mirándolo como si dijera: "Eres mi caballero en armadura brillante”. Él estaba sonriendo y disfrutando, viendo a su familia, feliz. 

La boletera le preguntó al hombre cuántos boletos quería. Él respondió con orgullo: ′′Me gustaría comprar ocho entradas para niños y dos entradas para adultos, para poder llevar a mi familia al circo." La señora de la taquilla declaró el precio total de las entradas. 

 La esposa del hombre soltó su mano, se le cayó la cabeza. El labio del hombre comenzó a temblar. Entonces se inclinó un poco más cerca de la taquilla y preguntó: “¿Cuánto dijiste?". La boletera volvió a declarar el precio. El hombre no tenía suficiente dinero. ¿Cómo iba a decepcionar y decirle a sus ocho hijos que no tenía lo necesario para llevarlos al circo?

 Viendo lo que estaba pasando, mi papá metió su mano en su bolsillo, sacó un billete y luego lo dejó caer en el suelo (¡no éramos ricos en ningún sentido de la palabra!). Mi padre se inclinó, recogió el billete, tocó al hombre en el hombro y dijo: ′′Disculpe, señor, esto cayó de su bolsillo."

 El hombre entendió lo que estaba pasando. No estaba pidiendo limosna, pero sin duda agradeció la ayuda en una situación tan desesperada, desgarradora y vergonzosa. Miró directamente a los ojos de mi papá, tomó la mano de mi padre, apretó fuertemente el billete, y con el labio temblando y una lágrima cayendo por su mejilla, respondió: ′′Gracias, muchas gracias, señor. Esto realmente significa mucho para mí y mi familia." 

 Mi padre y yo volvimos a nuestro coche y lo condujo a casa. El billete que regaló mi papá era con el que íbamos a comprar nuestros propios boletos. 

 Aunque no pudimos ver el circo esa noche, ambos sentimos una inmensa alegría dentro de nosotros que fue mucho mayor que ver el circo. 

 Ese día aprendí el verdadero valor de dar. El dador es más grande que el receptor. Si quieres ser grande, ser grande en la vida, aprende a dar. El amor no tiene nada que ver con lo que esperas conseguir, sólo con lo que esperas dar, que es todo. La importancia está en dar, bendecir a los demás. Nunca se puede dejar de hacer hincapié en que siempre hay una inmensa alegría en dar.

 Aprende a hacer feliz a alguien con actos de dar."

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San Pablo dice (ver Hechos XX, 35): "...como, trabajando así, socorráis a los necesitados,  recordando las palabras del Señor Jesús que Él mismo dijo: «MEJOR ES DAR QUE RECIBIR»".