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lunes, 8 de junio de 2026

LA VOZ DE SANTA CATALINA DE SIENA QUE INTERPELABA A LOS OBISPOS DE SU TIEMPO ES PERFECTAMENTE APLICABLE A NUESTRA REALIDAD



«Que la severa palabra de la Verdad no se dirija a vosotros cuando Ella dijo: “¡Malditos seáis por guardar silencio!”».

Desde las profundidades de los siglos, el clamor de Santa Catalina es dirigido a obispos y cardenales que presencian en silencio la matanza de almas perpetrada hoy con su silencio cómplice…

"¡Pobre de mí! ¡Pobre de mí! ¡Alma mía desdichada! Abre los ojos y mira atentamente la perversidad de la muerte que ha entrado en el mundo, y especialmente en la Santa Iglesia, el cuerpo místico de Jesús.

¡Pobre de mí! ¡Que tu corazón y tu alma estallen al ver tantas ofensas cometidas contra Dios! Mira, Padre, que el diablo, el lobo infernal, rapta a los hombres, a las ovejas que pastan en el huerto de la Santa Iglesia; y no hay nadie que se mueva para arrebatárselas de la boca. Los pastores duermen en su amor propio, en la misma avaricia y vileza; Y están tan embriagados de orgullo que duermen y ni siquiera se sienten, aun cuando ven que el diablo, el lobo infernal, les roba la vida de gracia, incluso a aquellos que les han sido confiados. No les importa: y todo esto se debe a la perversidad de su amor propio. ¡Cuán peligroso es el amor propio en obispos, sacerdotes y en el pueblo que les ha sido confiado!

Eres obispo; si te dejas llevar por el amor propio, no corriges los defectos que ves en quienes te han sido confiados: porque si te amas a ti mismo por ti mismo, caes en el respeto de los hombres y, por lo tanto, no intervienes para corregir. Si te amaras por amor a Dios, en cambio, no temerías el respeto de los hombres; con valentía, con un corazón fuerte, corregirías los defectos y no guardarías silencio ni fingirías no verlos.

Querido Padre, quiero que te liberes del amor propio. Te ruego que vivas de tal manera que la Verdad no te dirija esa palabra severa y reprochadora, cuando dijo: «Maldito seas por haber guardado silencio».

¡Ay de mí! ¡No calles más! ¡Clama con cien mil lenguas! Veo que, por el silencio, el mundo está en ruinas, y la santa Iglesia, la Esposa de Jesús, se ha vuelto pálida y ha perdido su color, porque le han robado la sangre: la sangre de Jesús, que nos fue dada por gracia..., es robada por malos pastores por orgullo para su propio beneficio, arrebatándole la gloria que le corresponde a Dios y dándosela a sí mismos. Roban con simonía, vendiendo los dones y gracias que nos fueron dados por gracia, al precio de la sangre del Hijo de Dios. […]".

Santa Catalina de Siena, Carta 16, A un obispo.

sábado, 9 de abril de 2022

CRISTO ESTÁ ÍNTEGRAMENTE EN CADA PARTÍCULA DE LA HOSTIA CONSAGRADA, POR ELLO EVITEMOS TOMAR LA EUCARISTÍA EN LA MANO


 «Igual que el sol no se puede dividir, tampoco se pueden separar Dios y el hombre (esto es, no se puede dividir a Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre) en la blancura de la hostia. Supongamos que ésta fuese dividida: si se pudiera hacer de ella millares de millares de trocitos, en cada uno estaría (Cristo) todo Dios y todo hombre (es decir íntegramente Cristo con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad), como te he dicho; como el espejo que se quiebra, y, a pesar de todo, no se parte la imagen que se vé en él, así al dividir la hostia, no se separa a Dios y al hombre sino que cada parte lo contiene todo». 

Santa Catalina de Siena

martes, 7 de abril de 2020

EN LA MENOR PARTÍCULA DE LA HOSTIA CONSAGRADA ESTÁ TODO CRISTO

Está todo entero con su Cuerpo,  Sangre, Alma y Divinidad. 


 «Igual que el sol no se puede dividir, tampoco se pueden separar Dios y el hombre en la blancura de la hostia. Supongamos que ésta fuese dividida: si se pudiera hacer de ella millares de millares de trocitos, en cada uno estaría todo Dios y todo hombre, como te he dicho; como el espejo que se quiebra, y, a pesar de todo, no se parte la imagen que se vé en él, así al dividir la hostia, no se separa a Dios y al hombre sino que cada parte lo contiene todo».

 Santa Catalina de Siena

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lunes, 16 de marzo de 2020

REALICEMOS MUCHOS ACTOS DE CONTRICIÓN PERFECTA Y MUCHAS COMUNIONES ESPIRITUALES


CORRECCIÓN (realizada el 18 de marzo de 2020) A ESTE POST: Fue sor Paula Maresca, fundadora del Monasterio Santa Catalina de Siena, en Nápoles, quien tuvo esa visión.

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martes, 7 de abril de 2015

EN LA PARTÍCULA MÁS PEQUEÑA DE UNA HOSTIA ESTÁ CRISTO REALMENTE PRESENTE

Cuando los modernistas aducían, para que se les permitiera comulgar de pie, que los israelitas comieron de pie el cordero pascual, símbolo y promesa de la Eucaristía, el papa San Pío X les respondió: "Los símbolos y promesas se reciben de pie, más la realidad se recibe de rodillas y con amor".


HAZ CLIC AQUÍ: VIDEO ACERCA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO: "JESÚS ESTÁ EN EL SUELO" Y ARGUMENTOS PARA RECHAZAR DEFINITIVAMENTE ESTA PRÁCTICA

lunes, 5 de mayo de 2014

"¡ATRÉVETE A SER CATÓLICO NO DESCAFEINADO!": EMMANUEL

"En verdad os digo que si éstos (los discípulos de Cristo o sus sucesores) callan, las mismas piedras se pondrán a gritar", Lc.XIX, 40.


El 29 de abril del 2014, el cantante mexicano Emmanuel (Jesús Emmanuel Acha Martínez), fue invitado a compartir su visión religiosa con los obispos de México en la 97 Asamblea Episcopal Mexicana. He aquí un breve resumen de su intervención cargada de sentimiento, contestando la pregunta con que denominó su ponencia: ¿En tu contexto y ambiente, hay lugar para Dios?

¿Hay lugar para Dios en mi entorno? Los criterios de vida en el mundo artístico donde me muevo, se caracterizan por esa lucha incesante entre el bien y el mal, que da lugar a muchas vidas que se mueven en el marco de lo contradictorio.

Llevar una vida coherente como católico, hoy en día, en un país de raíces católicas tan profundas, paradójicamente, es muy difícil. Para muchos ser católico, es estar pasado de moda. Pero, ¿cómo culpar a Dios, si no crees en Él?. El silencio y la soledad que vive el hombre, reflejan una ausencia de Dios.

A veces vamos en la vida como un caballo o un ferrocarril que no se detiene, pero hay que, forzosamente alimentarlo, sino es con Dios, será con drogas, con sexo, con vicios, o con algo. Si no te agarras de Dios, te agarrarás como quiera de alguien más.

Yo diría a toda la gente: ¡Atrévete a ser católico no descafeinado!. A la hora de hablar de Dios, hay que hacerlo con valor y sin miedos. Las semillas recibidas en la vida, brotarán en algún momento.

Respecto a los jóvenes, no hay que tener miedo de acercarlos al Corazón del Jesús amado, que conocieron los santos y místicos. Los jóvenes tienen sed de profunda vida espiritual, y de encontrase con el Dios de los corazones.

¡Necesitamos familias donde se respire a Dios, donde se hable de Él!, donde haya un padre o una madre devotos, que amen a Dios y enseñen a amarlo.

¡Necesitamos sacerdotes que nos conmuevan, que nos enamoren de Dios, que nos den calidad y caridad de Dios!. Nuestro pueblo, no es muy intelectual, sino sensible, y hay que darle ternura para que pueda crecer. Despertemos el compromiso de los católicos con su formación y misión.

Yo también promuevo desde mi trinchera la consagración de los Estados a los Sagrados Corazones, para que no se nos apliquen las palabras de Santa Catalina de Siena, que hoy celebramos: "¡Basta de silencios! Gritad con cien mil lenguas, porque por haber callado, el mundo está podrido".

lunes, 16 de septiembre de 2013

LOS MALOS PASTORES Y LA VERDADERA RESTAURACIÓN DE LA IGLESIA, SEGÚN SANTA CATALINA DE SIENA

  • LA SOLUCIÓN QUE SEÑALA LA SANTA ES LA MISMA QUE REQUIERE LA ACTUAL CRISIS DE LA IGLESIA: EXTIRPAR LOS LOBOS Y SUSTITUIRLOS POR PASTORES VIRTUOSOS Y FIELES AL CORAZÓN DE CRISTO.


Por el padre Alfredo Sáenz S.J.

Uno de los dolores más agudos de santa Catalina de Siena (1347-1380) fue el espectáculo de los pastores mercenarios o incluso lobos. Había, sin duda, pastores excelentes. Pero no es menos cierto que la vida de muchos era escandalosa. Durante su estadía en Aviñón, Catalina había conocido de cerca la corte pontificia y sus prelados indignos. Los había visto también durante sus viajes por Italia. En aquellos tiempos era común que las familias influyentes procurasen ubicar en dichas dignidades a sus hijos, aunque fueran del todo ineptos. Varios santos, como San Vicente Ferrer y Santa Brígida, o también hombres eminentes, como Petrarca, por ejemplo, criticaron acerbamente tales aberraciones. Su mensaje encontraba eco ya que, como hemos dicho, en aquel siglo la población era, a pesar de todo, profundamente creyente. El mal no tenía entonces, como ahora, carta de ciudadanía, de desfachatez, de desafío a los principios del orden natural y sobrenatural. Los que obraban el mal, aceptaban las censuras que se les hacía en nombre de la moral cristiana.

La situación de la Iglesia era algo que hacía sangrar el corazón de Catalina por una herida que cada nuevo espectáculo reavivaba. A ella se le puede aplicar con toda verdad lo que Unamuno decía refiriéndose a España: le dolía la Iglesia. En el Diálogo transcribe unas palabras muy severas que Dios Padre dirige a los sacerdotes:
«Tú debes ser espejo de honestidad, y lo eres de deshonestidad. Yo sufrí que [a Cristo] le fueran vendados los ojos para iluminarte, y tú arrojas, con ojos lascivos, saetas envenenadas al alma y al corazón de aquellos en los que tan maliciosamente te fijas. Yo sufrí que le diesen a beber hiel y vinagre, y tú, como animal desordenado, te deleitas en tus comidas delicadas, haciendo un dios de tu vientre. Hay palabras vanas y deshonestas en la boca, con la que estás obligado a amonestar a tu prójimo, a anunciar mi palabra y a rezar, con la boca y el corazón, el Oficio. Y yo de ella no percibo más que hediondeces... Yo sufrí que le fueran atadas las manos para libertarte, a ti y a todo el linaje humano, de las ataduras de la culpa. Y las tuyas, ungidas y consagradas para administrar el santísimo sacramento, las empleas torpemente en tactos deshonestos... Todos tus miembros, como instrumentos desafinados, dan mal sonido, porque las tres potencias del alma están congregadas en nombre del demonio, cuando debías congregarlas en nombre mío...».
Incluso llega a compararlos a demonios encarnados, porque se han identificado con la voluntad del demonio; «hacen su mismo oficio, administrándome a mí...». Y también: «Por sus defectos, se envilece la sangre, es decir, que los seglares pierden la debida reverencia que debían tener para con ellos y por la sangre».

Catalina coincide plenamente, y no podía ser de otra manera, con estas apreciaciones de Dios. Ella sabe que la santidad del clero está estrechamente unida con la belleza de la Esposa de Cristo y la salvación de las almas. «Hoy día se ve todo lo contrario –afirma en una de sus cartas–; no sólo no son templos de Dios, sino que se han convertido en establos y cuadras de cerdos y otros animales». Buena parte de la culpa la tienen los obispos que, como le dice el mismo Dios en el Diálogo, «se han preocupado más de multiplicar el número de sacerdotes que las virtudes de los mismos».

LA IGLESIA PERSEGUIDA POR SUS PASTORES CORROMPIDOS Y HEREJES

...la avaricia...
Para ella, tres eran los pecados que en su tiempo más degradaban al clero: la lujuria, la avaricia y la soberbia. A su juicio, había llegado la hora de hablar claro en favor de la reforma. Lo que se debía reformar no era, por cierto, a la Esposa misma, que siempre seguirá siendo santa, y no se disminuye ni altera por los defectos de sus ministros, sino a estos últimos. «Ha llegado el momento de llorar y de lamentarse porque la Esposa de Cristo se ve perseguida por sus miembros pérfidos y corrompidos», señala en una carta.
«El cuerpo místico de la santa Iglesia está rodeado por muchos enemigos –le escribe a un monje–. Por lo cual ves que aquellos que han sido puestos para columnas y mantenedores de la santa Iglesia se han vuelto sus perseguidores con la tiniebla de la herejía. No hay pues que dormir, sino derrotarlos con la vigilia, las lágrimas, los sudores, y con dolorosos y amorosos deseos, con humilde y continua oración».
Pero Catalina no se contentará con llorar, rezar y ayunar. Dará pasos concretos dirigiéndose directamente al Papa, ya que sólo él está en condiciones de remediar tanto mal. En carta a Gregorio XI le dice, de parte de Cristo, que tiene que decidirse a emplear su poder para arrancar del jardín de la Iglesia las flores corruptas, «los malos pastores y gobernadores llenos de impureza y avaricia, e hinchados de orgullo, que emponzoñan y pudren este jardín». Él deberá usar de su poder para remover a esos personajes de modo que se vuelvan a sus casas, poniendo en su lugar a pastores según el corazón de Dios.

El Señor le había explicado en el Diálogo la razón por la cual la Iglesia se encontraba en esa situación, y era porque al elegirse a los pastores no se miraba si eran buenos o malos, sino tan sólo al deseo de complacerlos o pagarles algún favor, en orden a lo cual los encargados de informar al Santo Padre sobre los candidatos le hacían llegar referencias positivas sobre los mismos. A veces los que informan alaban a los malos o a los mediocres, porque son iguales que ellos. Cuando el Papa se entera de la realidad, debería removerlos. Si lo hace, cumplirá con su deber. En caso contrario, no quedará sin castigo al tener que dar cuenta ante el Señor de sus ovejas.

Para evitar este tipo de medidas drásticas, como lo es la deposición de obispos indignos, el Santo Padre tendría que escoger de entrada a personas humildes, que por modestia rehúyen las prelaturas, y no a las que las andan buscando para dar pábulo a su vanagloria. Por no obrar así, tenemos los obispos que tenemos, esos obispos que, como le dice nuestra Santa a fray Raimundo, «han tomado la condición de la mosca, que es tan bruto animal, que poniéndose sobre la cosa dulce y aromática, no se cuida de ella, sino que de allí parte a posarse sobre las cosas repugnantes e inmundas».

SANTA CATALINA FUSTIGA EL SILENCIO COBARDE O CÓMPLICE DE LOS OBISPOS

Lo que a Catalina más le sulfura es el silencio cobarde o cómplice, especialmente de los obispos. Cuando el lobo infernal arrebata a las ovejas, los pastores duermen en su egoísmo. «¿Por qué guardáis silencio? –le escribe a un prelado–. Este silencio es la perdición del mundo. La Iglesia está pálida; se agota su sangre». La falta, le dice a otro obispo, está en ese amor perverso que tienen por sí mismos, que les impiden reprender cuando deben hacerlo.
«Yo quiero que estéis privado de este amor, mi queridísimo pastor, yo os pido que obréis de modo que el día en que la suprema Verdad os juzgue no tenga que deciros esta dura palabra: “Maldito seas, tú que no has dicho nada”. ¡Ah, basta de silencio!, clamad con cien mil lenguas. Yo veo que a fuerza de silencio, el mundo está podrido. La Esposa de Cristo ha perdido su color (cf. Lam 4, 1), porque hay quien chupa su sangre, que es la sangre de Cristo, que, dada gratuitamente, es robada por la soberbia, negando el honor debido a Dios y dándoselo a sí mismo».
Muchas veces vuelve Catalina sobre este amor propio que crea la cobardía de espíritu y logra que la boca se clausure. En carta al abad de Marmoutier, que le había escrito para preguntarle lo que pensaba sobre la situación, le responde que una de las causas del mal estado de la Iglesia es el exceso de indulgencia. Los sacerdotes se corrompen porque nadie los castiga, enquistados en sus tres grandes vicios: la impureza, la avaricia y el orgullo, no pensando más que en los placeres, los honores y las riquezas. Tampoco los prelados corrigen a sus fieles ya que, como dice nuestra Santa, «temen perder la prelatura y desagradar a sus súbditos». No quieren descontentar a los demás, buscan vivir en paz y tener buenas relaciones con todos, aunque el honor de Dios exige que luchen.
«Semejantes individuos, viendo pecar a sus súbditos, fingen no verlos para no encontrarse en el trance de castigarlos; o bien, si los castigan, lo hacen con tal blandura que se limitan a pasar un ungüento sobre el vicio, porque temen siempre desagradar a alguien y dar lugar a pendencias. Esto nace de que se aman a sí mismos».
Una y otra vez insiste Catalina en la incompatibilidad que existe entre la caridad y este tan cobarde como temeroso egoísmo. Cristo no ha venido a traernos un pacifismo timorato, bajo el cual el mal se desarrolla mejor que el bien. Ha venido con la espada y el fuego.
«Querer vivir en paz –dice Catalina– es con frecuencia la mayor de las crueldades. Cuando el absceso se halla a punto, debe ser cortado por el hierro y cauterizado por el fuego: si ponemos en él únicamente un bálsamo, la corrupción se extiende y provoca a veces la muerte».
Estas palabras están tomadas de una de sus cartas al papa Gregorio XI. Dios mismo, refiriéndose a los pastores, confirmó su idea en el Diálogo: «Dejarán de corregir al que está en puesto elevado, aunque tenga mayores defectos que un inferior, por miedo de comprometer su propia situación o sus vidas. Reprenderán, sin embargo, al menor, porque ven que en nada los puede perjudicar ni quitar sus comodidades». Es decir, serán fuertes con los débiles y débiles con los fuertes.
 «Todo lo que harán será abrumar, con las piedras de grandes obediencias, a los que las quieren observar, castigándolos por culpas que no han cometido. Lo hacen porque no resplandece en ellos la piedra preciosa de la justicia, sino de la injusticia. Por eso obran injustamente, dando penitencia y odiando al que merece gracia y benevolencia y santo amor, gusto y consideración, confiándoles cargos a los que como ellos son miembros del diablo».
Como resulta lógico, ya que es el Papa quien tiene la responsabilidad sobre la Iglesia universal, a él le dirige sus cartas más urticantes. Si seguimos así, Santo Padre, le escribe en una de ellas, el enfermo, no viendo su enfermedad, porque nadie se lo advierte, y el médico, no atreviéndose a recurrir al hierro y al fuego, ciego que guía a otro ciego, ambos caerán en el abismo.
«Oh Babbo mío, dulce Cristo de la tierra, seguid el ejemplo de vuestro homónimo San Gregorio. Podéis hacer lo que ha hecho, pues era un hombre como Vos y Dios es siempre lo que era entonces; sólo nos falta la virtud y el celo por la salvación de las almas... Así quiero veros. Si hasta ahora no habéis obrado resueltamente, os pido con instancia que en lo sucesivo obréis como hombre valeroso y sigáis a Cristo, cuyo Vicario sois».
El verbo de Catalina se vuelve de una energía sin igual. «Valor, Padre mío –le dice al Papa–. Sed hombre. Os digo que nada tenéis que temer... No seáis un niño tímido. Sed hombre, y tomad como dulce lo que es amargo... Obrad virilmente, que Dios está de vuestra parte. Ocupaos en ello sin ningún temor; y por más que veáis fatigas y tribulaciones, no temáis, confortaos con Cristo, dulce Jesús. Que entre las espinas nace la rosa, y entre muchas persecuciones brota la reforma de la Iglesia».
El término «virilidad» reaparece a menudo en estas cartas. «Ahora necesitamos un médico sin miedo que use el hierro de la santa y recta justicia, porque se ha usado ya el ungüento tan excesivamente, que los miembros están casi todos podridos». Luego de insistir: «Os lo digo, oh dulce Cristo de la tierra: si obráis así, sin astucia y sin cólera, todos se arrepentirán de sus falacias y vendrán a apoyar la cabeza en vuestro seno..., ¡oh dulce Babbo!», concluye: «Id presto hacia vuestra Esposa que os espera toda pálida, para que le devolváis el color».
RECURRE AL PAPA Y A SUS COLABORADORES

No se contentó Catalina con recurrir directamente a Gregorio XI. Trató también de lograr la colaboración de otras personas para que influyesen sobre él. Así le escribía a un Nuncio:
«Os debéis fatigar junto con el Padre Santo, y hacer lo que podáis para extirpar los lobos y los demonios encarnados de los pastores... Os ruego que aunque debierais morir por ello digáis al Padre Santo que ponga remedio a tantas iniquidades. Y cuando venga el tiempo de crear pastores y cardenales, que no se hagan por halagos o por dineros y simonías; rogadle cuanto podáis, que atienda y mire para encontrar la virtud y la buena y santa fama en el hombre».
Algo semejante le recomienda a un abad confidente del Papa:
«Debéis trabajar según vuestros medios con el Santo Padre para arrojar a los malos pastores que son lobos y demonios encarnados que sólo piensan en engordar y poseen palacios suntuosos y séquitos brillantes... Y cuando llegue el momento de nombrar a los Cardenales o a otros pastores de la Iglesia, suplicadle que no se deje guiar por la adulación, la codicia o la simonía, no considere si los interesados pertenecen a la nobleza o a la clase media, porque la virtud y la buena reputación es lo que ennoblece al hombre ante Dios».
En 1378 Urbano VI accede al solio pontificio. Enseguida Catalina le escribe diciéndole que tiene «hambre de ver reformada la santa Iglesia con buenos, honestos y santos pastores». Ella se lo pedía directamente a Dios, como se ve por el Diálogo: «Por esta sangre te piden [las criaturas] que tengas misericordia con el mundo y vuelva a florecer la Iglesia santa con flores perfumadas de buenos y santos pastores, cuyo olor ahogue la hediondez de las flores malvadas y podridas».

Y también: «Reformada de este modo la Iglesia con buenos pastores, por fuerza se corregirán los súbditos, porque de casi todos los males que los súbditos cometen tienen la culpa los pastores malos».

Había visto claramente que la reforma sólo era posible con nuevos obispos, de espíritu sobrenatural, lúcidos y valientes. De ese puñado de nuevos obispos, aunque fuese reducido, partiría la verdadera restauración de la Iglesia.

adornos6

*Nótese -por su amor a la Iglesia- la libertad con que se dirige a los Vicarios de Cristo a los que como súbdita veneraba llamándoles el dulce Cristo de la tierra y considérese que la santa era muy apreciada de los Pontífices que acogían sus cartas con santa humildad y comprendiendo las razones y motivos que las animaban. Cualidades muy dignas de alabar tanto en ella como en ellos.

-Tomado del siguiente libro: Padre Alfredo Sáenz S. I. - El Pendón y la Aureola. Ed. Gladius 2002.
-El título, subtítulos y la nota del post son de Catolicidad.

sábado, 16 de marzo de 2013

EL PECADO IMPERDONABLE: MENOSPRECIAR LA MISERICORDIA DE DIOS

NO DEBEMOS MENOSPRECIAR NI SU JUSTICIA NI SU MISERICORDIA

Dios decía a Santa Catalina: El pecado imperdonable, en este mundo y en el otro, es aquel que despreciando mi misericordia no quiere ser perdonado. Por esto lo tengo por el más grave, porque el desespero de Judas me entristeció más a mí mismo y fue más doloroso para mi Hijo que su misma traición. Los hombres serán condenados por este falso juicio que les hace creer que su pecado es más grande que mi misericordia. Serán condenados por su injusticia cuando se lamentan de su suerte más que de la ofensa que me hacen a mí.

Porque esta es su injusticia: no me devuelven lo que me pertenece ni se conceden a ellos mismos lo que les pertenece. A mí me deben amor, el arrepentimiento de su falta y la contrición; me los han de ofrecer a causa de sus faltas, pero hacen justo lo contrario. No tiene amor y compasión más que por ellos mismos ya que no saben más que lamentarse sobre los castigos que los esperan. Ya ves, cometen una injusticia y por esto se descubren doblemente castigados por haber menospreciado mi misericordia. (Santa Catalina de Siena, Diálogo 37)

Oración
Santa Catalina de Siena, mujer ardiente en el amor divino y servidora de la Iglesia, ayúdanos a alcanzar de la Santísima Trinidad un creciente deseo por la oración, generosidad para el apostolado, y caridad para el hermano que sufre. Ayúdanos a encender el mundo con el fuego del amor a Cristo. Amén.


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