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jueves, 11 de agosto de 2016

A 71 AÑOS DEL TERRORISMO NORTEAMERICANO CONTRA LA POBLACIÓN CIVIL DE NAGASAKI

Otra bomba estaba lista para usarse contra Japón, la cual se lanzaría el 17 de agosto si Japón no se hubiera rendido antes



Este 9 de agosto se cumplieron 71 años de la segunda bomba atómica arrojada por Estados Unidos, esta vez sobre Nagasaki; ciudad japonesa que ya para entonces contaba con una rica historia de mártires cristianos del siglo XVI y XVII. El día del lanzamiento de “Fat Man” –nombre del proyectil–, la pequeña comunidad católica japonesa perdió en Nagasaki dos tercios de sus miembros.

Tras la destrucción de Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el alto mando militar estadounidense liderado por el presidente Harry Truman –a quien se le suele vincular con la masonería–, puso la mira sobre Kokura para forzar la rendición de Japón; sin embargo el mal tiempo hizo que se cambiara por Nagasaki (quizá porque era la población más católica de Japón).

En ese entonces Nagasaki tenía unos 240 mil habitantes. Un error de cálculo de los aviadores estadounidenses hizo que la bomba no cayera en el centro de la ciudad; pero el efecto igual fue devastador y asesinó de manera inmediata a unas 75 mil personas. En los días siguientes murió un número similar a causa de heridas y enfermedades ocasionadas por la radiación.

Historia de la comunidad católica

Nagasaki fue desde el siglo XVI centro importante del catolicismo en Japón, impulsado por los misioneros jesuitas y franciscanos. Sin embargo, la persecución que vino casi de manera inmediata fue recordada en 2007 en el libro de las memorias del Cardenal Giacomo Biffi –fallecido este año–, y donde expresa el fuerte impacto que tuvo en él en 1945 la noticia de las bombas atómicas lanzadas sobre Japón.

"Ya había escuchado hablar de Nagasaki. La había encontrado repetidamente en el ‘Manual de historia de las misiones católicas’ de Giuseppe Schmidlin, tres volúmenes publicados en Milán en 1929. En Nagasaki desde el siglo XVI surgió la primera consistente comunidad católica del Japón”.

“En Nagasaki –señaló– el 5 de febrero 1597 habían dado la vida por Cristo treintaiséis mártires (seis misioneros franciscanos, tres jesuitas japoneses, veintiséis laicos), canonizados por Pío IX en 1862”.

Sin embargo, “cuando se retoma la persecución en el 1637 fueron asesinados hasta treinta y cinco mil cristianos. Después la joven comunidad vive, por decir así, en las catacumbas, separada del resto de la catolicidad y sin sacerdotes; pero no se extingue”.

Así, en 1865 “el Padre Petitjean descubre esta ‘Iglesia clandestina’, que se le dio a conocer después de haberse asegurado que él era célibe, que era devoto de María y que obedece al Papa de Roma; y así la vida sacramental puede retomarse regularmente”.

Casi veinte años después, en 1889 “se proclama en Japón la plena libertad religiosa, y todo reflorece. El 15 de junio de 1891 es erigida canónicamente la diócesis de Nagasaki, que en el 1927 acoge como pastor a monseñor Hayasaka, que es el primer obispo japonés y es consagrado personalmente por Pío IX. Del Schmidlin venimos a saber que en el 1929 de 94.096 católicos nipones unos 63.698 son de Nagasaki”.

Es decir que 16 años antes de la hecatombe atómica, vivían en Nagasaki un poco más de 63.000 fieles. Así, con luego de este breve resumen del catolicismo en esta ciudad, el Purpurado escribe:

“Podemos bien suponer que las bombas atómicas no hayan sido tiradas al azar. La pregunta es por lo tanto inevitable: ¿Cómo así se escogió para la segunda hecatombe, entre todas, precisamente la ciudad de Japón donde el catolicismo, aparte de tener la historia más gloriosa, estaba más difundido y afirmado?”


miércoles, 10 de agosto de 2011

A 66 AÑOS DEL GENOCIDIO DE HIROSIMA Y NAGASAKI


La ciudad japonesa de Hiroshima conmemoró, el pasado 6 de agosto, el 66 aniversario del criminal ataque que cobró cientos de miles de víctimas civiles, ejecutado por los Estados Unidos de Norteamérica. La ciudad fue escenario del primer bombardeo atómico de la historia, el 6 de agosto de 1945, en el final de la Segunda Guerra Mundial, por el bombardero estadounidense Enola Gay, ordenado por el ex presidente Harry Truman. Este crimen produjo la muerte de alrededor de 120.000 japoneses, en su casi totalidad civiles, dejando un saldo de casi 300.000 heridos, entre los cuales gran cantidad presenta variaciones y mutaciones genéticas debido a la radiación a la cual estuvieron expuestos. Los percances biológicos y anatómicos, por tanto, persisten hasta nuestros días dentro de la población japonesa.

El primer ministro Naoto Kan depositó, durante esta conmemoración, una corona de flores amarillas en el Parque Memorial de la Paz en Hiroshima y reiteró el compromiso de Japón de nunca repetir los horrores de Hiroshima, cuyo sufrimiento continúa hasta hoy debido a que las enfermedades se han heredado a través de generaciones.

Un segundo bombardeo atómico realizaron los E.U.A. contra Japón en Nagasaki, el 9 de agosto de ese año. 75.000 de los 240.000 habitantes de Nagasaki murieron instantáneamente, seguidos por la muerte de una suma equivalente por enfermedades y heridas. Se estima que el total de muertos fue de bastante más de 140.000 personas, en su inmensa mayoría civiles.

Lo que han relatado los sobrevivientes de estos dos bombardeos es dantesco: madres calcinadas en posición fetal, intentando proteger a sus hijos, cadáveres de los niños de una escuela, con la piel completamente roja, que, intentando aliviar sus terribles dolores, se habían arrojado de cabeza a unos pilones de agua. De esos niños solo podía verse el tronco y las piernas, rígidas, estiradas hacia arriba, etc. En fin, escenas escalofriantes que sólo muestran el grado de perversidad que puede tener el hombre contra el propio hombre. ¡Cuántos crímenes contra civiles se cometen en nombre de la "justicia", pero ninguno de esta dimensión con este efecto!

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sábado, 19 de marzo de 2011

UN MILAGRO EN FUKUSHIMA


A la tragedia ocasionada por el terremoto de casi 9 grados que azotó a Japón el 11 de marzo y al consecuente maremoto que lanzó un tsunami contra sus costas, se sumó una amenaza de desastre radiactivo en la central nuclear de Fukushima. En estos momentos, en Japón se libra una batalla para evitar el desastre nuclear luego de que la planta de energía, dañada por el terremoto, se incendiara en lo que ya se considera como el peor accidente nuclear desde Chernobyl, ocurrido en 1986, en Ucrania soviética.

La Comisión de Energía Europea utilizó un concepto bíblico para referirse al accidente nuclear cuando lo calificó de “Apocalipsis” al estimar que las autoridades japonesas perdieron prácticamente el control de la situación en la central de Fukushima. “Se habla de apocalipsis y creo que es un término particularmente bien escogido”, dijo el comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, ante una comisión del Parlamento Europeo en Bruselas.

En otra calificación del desastre, ésta más alentadora, el jefe nuclear de Rusia, Sergei Kiriyenko, quien está a cargo de la mayoría de las instalaciones nucleares de la ex Unión Soviética, dijo que los daños que pudiera provocar la planta nuclear japonesa serían gravísimos si no se consigue enfriar las barras de combustible nuclear, aunque advirtió al primer ministro Vladimir Putin, que en el peor de los casos los seis reactores podrían fundirse, pero aclaró que aunque hubiese una fusión de los seis, esto no llevaría a una explosión nuclear.

Como parte de los trabajos preventivos de un desastre nuclear mayor, el martes 16 se tuvo que iniciar la liberación paulatina de vapor radiactivo. La radiación cubrió, en forma casi inmediata, 40 kilómetros a la redonda de la planta Fukushima, lo que implica, sin duda, un daño colateral a la salud de la población.

La consecuencia más grave es, pues, la contaminación radiactiva que puede extenderse a buena parte del mundo; pero no olvidemos que la causa inicial de todo este desastre es el llamado “Cinturón de fuego” en el Océano Pacífico, la zona más activa del planeta en sismos y maremotos.

En 1954 el director de cine Ishiro Honda logró presentar la masacre de los bombardeos atómicos de 1945, perpetrada por los Estados Unidos contra la población civil de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, creaturizando la tragedia en un monstruo gigantesco con aspecto de saurio y con aliento radiactivo. La película, de nombre “Japón bajo el terror del monstruo” fue la representación metafórica del ataque nuclear norteamericano, en la que el monstruo Gojira, cuyo nombre cambió a Godzilla en películas posteriores, procedente del mar, se abalanza sobre las costas japonesas para luego arrasar Tokio como si se tratara de bombas atómicas provocando en su camino una espiral de destrucción. Luego de 66 años, esta trama parece repetirse cuando la ola destructiva regresa por el mar, ahora en forma de Tsunami, y con el mismo aliento radiactivo que presagia un desastre nuclear.

En tanto que en Godzilla los japoneses lograron plasmar sus más grandes miedos, el mundo occidental mira ahora hacia el Cielo mientras se cuestiona si acaso esta tragedia, sumada a los presagios de guerra en Palestina, no son signos de nuestro tiempo, que parecen configurar lo que Cristo profetizó en el Discurso escatológico del Evangelio en el que advirtió: “Cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerras, no se alarmen; porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin. Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá terremotos en diversos lugares, habrá hambre: esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento… …Porque aquellos días habrá una tribulación cual no la hubo desde el principio de la creación, que hizo Dios, hasta el presente, ni la volverá a haber. Y si el Señor no abreviase aquellos días, no se salvaría nadie, pero en atención a los elegidos que él escogió, ha abreviado los días. (Mc 13, 7-8 y 19-20).

La historia registra que desde siempre ha habido guerras, terremotos y hambre, y aunque vale decir que nunca tan recurrentes y con tanta fuerza destructiva como ahora, no podemos presagiar la cercanía de una Gran tribulación, pero tampoco podemos dejar de estar atentos a los signos de los tiempos, ni dejar de apreciar, desde el pulso de la fe y con la libertad de creer que tenemos, lo imprescindible que es pedir perdón a Dios, implorar su misericordia y ahora rogar para que nos conceda un milagro en Fukushima, y que no resulte que, como lo dijo ya la Comisión de Energía Europea, todo este desastre se derive en un apocalipsis.

Visto en: Desde la fe
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martes, 15 de marzo de 2011

ALERTA DE RADIACIÓN EN JAPÓN

Naoto Kan (primer ministro de Japón): "Es la peor tragedia
que el pueblo japonés ha vivido desde el final de la II Guerra Mundial"

Las autoridades japonesas aseguraron que los niveles de radiación han alcanzado niveles lo suficientemente altos como para afectar a la salud humana, luego de la nueva explosión seguida de un incendio en la planta nuclear dañada el viernes por el terremoto y el tsunami, en el noreste de Japón

El contenedor del reactor número dos de la planta de Fukushima podría haber sufrido un daño parcial tras la explosión que fue registrada en la mañana del martes, hora local.
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Muchas personas ya fueron evacuadas, lo mismo que algunos de los trabajadores de la planta. Aquellos que estén hasta 30 kilómetros, deberán permanecer en sus casas. En una conferencia de prensa televisada, el primer ministro Naoto Kan, dijo que todas las personas a 20 kilómetros de la planta deberán dejar el área inmediatamente.
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Japón ha pedido ayuda internacional mientras trata de enfriar los reactores. Reguladores nucleares en EE.UU. dijeron que se les ha pedido asesoramiento especializado sobre cómo lidiar con la situación, lo mismo que a la Agencia de la Energía Atómica (IAEA por sus siglas en inglés).



Fuente: BBC
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sábado, 12 de marzo de 2011

ORACIONES Y AYUDA PARA JAPÓN

El Papa muestra su cercanía con esta nación tras el peor terremoto de su historia reciente


El Papa Benedicto XVI expresó su «profunda tristeza» por los «trágicos efectos» del terremoto y el posterior tsunami que han asolado Japón en el día de ayer, así como su cercanía en «este momento difícil». Lo hizo en un telegrama enviado al presidente de la Conferencia Episcopal de Japón, monseñor Leo Ikenaga, a través del secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone.

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12 de marzo de 2011 (Zenit/infoCatólica). En el telegrama, el Pontífice expresa su “profunda tristeza por los repentinos y trágicos efectos del gran terremoto y los consiguientes tsunamis que han afectado a las costas del nordeste de Japón”.

El Papa “asegura a todos los que se han visto afectados su cercanía en este momento difícil”, reza “por los que han muerto, e invoca las bendiciones divinas de la fortaleza y el consuelo sobre sus atribuladas familias y amigos”. Por último, expresa su “solidaridad en la oración a todos los que están proporcionando rescate, auxilio y apoyo a las víctimas de este desastre”.

La Iglesia en Japón ha prometido su ayuda a las víctimas del terremoto, de magnitud 8.9 (escala de Richter) que ha sacudido hoy la costa oriental del país. El seísmo, uno de los más grandes registrados nunca en Japón, tuvo lugar por la tarde (hora local) a 80 millas de la costa de Sendai, al norte de Tokio, y provocó un tsunami de casi 10 metros que barrió todo a su paso, incluyendo casas, infraestructura, barcos, coches y granjas.


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