lunes, 10 de diciembre de 2018

¡CUIDADO! NO SEAMOS CÓMPLICES DE LA MENTIRA MODERNISTA


Hace tres años se publicó el siguiente escrito en el blog Adelante la Fe, que no solo no ha perdido actualidad sino que los engaños ahí denunciados cobran mayor vigencia y gravedad en nuestros días:

"La mentira empapa hoy todo lo que nos rodea, ha calado en [...] los fieles. Poco, muy poco, se salva de la aguachina, parecería que vivimos en una gigantesca burbuja de la que es imposible escapar. Existe una iglesia de la mentira [la falsa iglesia sobre la que nos advierte la Sagrada Escritura] que se contrapone hoy abrumadoramente a la Iglesia de la Verdad.

Nada más nacer mienten muchos delante de sus hijos, cuando padres y/o padrinos juran ante lo más sagrado educar y custodiar la Fe del infante… sin tener la menor intención de hacerlo, y con el único fin de usar el templo sagrado y la ceremonia como antesala de una fiesta privada de presentación de su nuevo hijo. Por si quedara alguna duda, previamente el párroco ya nos ha aleccionado sobre el nuevo Bautismo, nada de pecado original, es una fiesta de bienvenida.

En cuanto nos enseñan a rezar nos mienten, enseñándonos un Padre nuestro en el que se han falsificado las propias palabras de Jesucristo… ¿cabe atrevimiento mayor?

Nos engañan cuando vamos a la catequesis, instruyéndonos en un cristianismo ajeno a la verdad católica, a la vida sacramental auténtica y a las obligaciones morales… sustituyéndolo por una vaga enseñanza humanista e histórica de Cristo, con nulas obligaciones morales. Eso sí, zarandajas mil que no falten, desde pintar barcas, hacer teatro, a recordarnos el urbanismo y a ser «buenos» con el medio ambiente, pero los niños terminan y no saben ni hacer un acto de contrición. Los padres de mientras se lavan por completo las manos sin asumir que no es el «catequista», sino que son ellos los principales responsables de formar cristianamente a sus hijos.

Nos mienten en nuestra primera comunión, cuando muchos padres llevan a sus hijos a la catequesis, no por interés en que sean catequizados, sino como un mero trámite para que el párroco de turno les permita celebrar el inicio de su fiestecita de «puesta de largo»… horas y más horas preparando convites y ni una sola en ver qué formación tiene el niño. Tras la comunión no vuelve a aparecerse por la Iglesia. ¡Un aplauso a la congruencia!

Nos timan en todo tipo de grupos «católicos», parroquiales, coros, de oración, renovaciones, comunidades… donde finalmente se estimula de todo, menos una verdadera vida sacramental y moral acorde con la doctrina tradicional de la Iglesia, y donde no se promueve la debida adoración y respeto al más «débil», a Jesús Eucarístico.

Falsifican el noviazgo, cuando los padres no enseñan los valores del compromiso cristiano, y lo reducen todo a la búsqueda de los perfectos atributos físicos, económicos y de carácter, pero excluyendo la espiritualidad y valores cristianos, tolerando, aprobando y aplaudiendo todas las inmoralidades patentes que cometen los hijos en sus propias narices… los padres apostatan para justificar la apostasía de los hijos.

Nos mienten cuando nos casamos, vendiéndonos el matrimonio como una barra libre de la concupiscencia, donde los hijos son un objeto a estudiar y diseccionar rechazando la plena entrega y confianza en el Plan de Dios… paternidad responsable.

Se burlan de nosotros cuando vamos a Misa, asistiendo a una ceremonia en la que se ha camuflado, escamoteado, escondido, la realidad sacrificial de la Santa Misa para hacernos creer que es una cena de oración fraterna… nos quieren vender azúcar envuelta en un paquete de sal.

Nos estafan con la doctrina, cuando pretenden hacer pasar por católico lo que no es más que pura apostasía… nos engañan en homilías, conferencias, libros, catequesis, exhortaciones apostólicas, sínodos...

La Sociedad pretende no ya engañarnos, sino que mintamos nosotros, cuando quieren que a un hombre le llamemos mujer, que a una mujer le llamemos hombre, que a la sodomía le llamemos orientación, que lo anormal y aberrante sea llamado normal y opción.

Nos vemos obligados a consensuar con el engaño, cuando hay que disimular, callar, no decir para no ofender, la riada de disparates, apostasías, inmoralidades y actos irracionales que no paramos de ver en casi todo y todos los que nos rodean: concubinatos, adulterios, divorcios, inmoralidad, abortos, juego con la vida embrionaria…

Nos engañan incluso cuando fallecemos, cuando dicen a todos los que asisten a nuestro funeral que ya estamos en el cielo, cuando lo más probable es que, en el mejor de los casos, estemos en el purgatorio esperando que alguien rece por nosotros para aliviarnos… pero nadie lo hace, porque un desalmado con casulla se ha encargado de decir a todos que no hace falta, ya que estoy salvado.

Nos mienten desde que nacemos hasta la muerte y, lo que es peor, pretenden obligarnos a mentir. Nos quieren hacer creer que vivimos en un cuento de hadas, cuando es de terror, aunque envuelto en una gigantesca sonrisa. Pero no lo olviden, a Dios no podremos mentirle. Él está rodando la película de nuestras vidas, a cámara muuuuy lenta, con todo tipo de detalles, y nos pedirá cuenta no sólo por lo que hemos hecho, sino por lo que hemos dejado de hacer… y decir.

¿Quién no es cómplice de esta gran mentira en mayor o menor medida? La crisis de la Iglesia y de la sociedad es, sobre todo, una crisis de Santos, de valientes. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra."

Hasta aquí el escrito de Miguel Ángel Yáñez -publicado por Adelante la Fe- que, en su inicio, como preámbulo, atinadamente nos recordaba lo dicho por Dios: «No habitará dentro de mi casa el hombre doble, y el mentiroso no durará en mi presencia». Del Libro de los Salmos, 100-7.

Cuidado, no seamos cómplices de la Contraiglesia que intenta destruir a la Iglesia Católica Romana fundada por N.S. Jesucristo, no seamos parte de todo lo aquí denunciado para no ser, por falsarios, rechazados por Dios.

Nota: Título de Catolicidad

domingo, 9 de diciembre de 2018

ACTO DE CONSAGRACIÓN DE SÍ MISMO A JESUCRISTO, LA SABIDURÍA ENCARNADA, POR MEDIO DE MARÍA


ACTO DE CONSAGRACIÓN DE SÍ MISMO A JESUCRISTO, LA SABIDURÍA ENCARNADA, POR MEDIO DE MARÍA.
(Arrodillados ante Dios, en voz alta, y con todo el corazón).

¡Oh Sabiduría eterna y encarnada! ¡Oh amable y adorable Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo único del Padre Eterno y de María, siempre Virgen! Os adoro profundamente en el seno y en los esplendores de vuestro Padre, durante la eternidad, y en el seno virginal de María, vuestra dignísima Madre, en el tiempo de vuestra Encarnación.

Os doy gracias porque os habéis anonadado tomando la forma de un esclavo para sacarme de la cruel esclavitud del demonio. Os alabo y glorifico porque os habéis sometido a María, vuestra Santa Madre, en todo, a fin de hacerme por Ella vuestro fiel esclavo. Pero ¡ay! ingrato e infiel como soy, no he cumplido las promesas que tan solemnemente os hice en el bautismo; no he guardado mis deberes, no merezco ser llamado vuestro hijo ni vuestro esclavo, y como nada hay en mí que no merezca vuestra repulsa y vuestra cólera, no me atrevo a aproximarme por mí mismo a vuestra Santísima y Augusta Majestad. Por eso he recurrido a la intercesión de vuestra Santísima Madre, que Vos me habéis dado como medianera para con Vos, y por este medio espero obtener de Vos la contrición y el perdón de mis pecados, la adquisición y la conservación de la Sabiduría.

Os saludo, pues, ¡oh María Inmaculada! Tabernáculo viviente de la Divinidad, en donde la Sabiduría eterna escondida quiso ser adorada por los Ángeles y los hombres.

Os saludo, ¡oh Reina del cielo y de la tierra!, a cuyo imperio está sometido, todo lo que está debajo de Dios.

Os saludo, ¡oh refugio seguro de los pecadores cuya misericordia no falta a nadie! escuchad los deseos que tengo de la divina Sabiduría, y recibid para ello los votos y las ofertas que mi bajeza os presenta:

Yo,........, pecador infiel, renuevo y ratifico hoy en vuestras manos los votos de mi bautismo; renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz tras Él todos los días de mi vida. Y a fin de que le sea más fiel de lo que he sido hasta ahora, os escojo hoy, ¡oh María!, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y mi Señora. Os entrego y consagro en calidad de esclavo mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores, y aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, otorgándoos un entero y pleno derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, a vuestro agrado, a la mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad.

Recibid, ¡oh Virgen benignísima!, esta pequeña ofrenda de mi esclavitud, en honor y unión de la sumisión que la Sabiduría encarnada quiso observar para con vuestra Maternidad, en homenaje del poder que ambos tenéis sobre este pequeño gusano y miserable pecador, en acción de gracias por los privilegios con que os dotó la Santísima Trinidad. Protesto que en adelante quiero, como verdadero esclavo vuestro, procurar vuestra honra y obedeceros en todo.

¡Oh Corazón Inmaculado de María! ¡Oh Madre admirable!, presentadme ante vuestro Hijo en calidad de eterno esclavo, a fin de que, pues me rescató por Vos, me reciba de vuestras manos.

¡Oh Madre de misericordia!, concededme la gracia de alcanzar la verdadera sabiduría de Dios, y de colocarme, por tanto, entre los que Vos amáis, enseñáis, guiáis, alimentáis y protegéis como a vuestros hijos y esclavos.

¡Oh Virgen fiel!, hacedme en todo tan perfecto discípulo, imitador y esclavo de la Sabiduría encarnada, Jesucristo, vuestro Hijo, que por vuestra intercesión busque llegar, en la medida de lo posible, a imitación vuestra, a la plenitud de la perfección sobre la tierra y de Gloria en los cielos. Así sea.

jueves, 6 de diciembre de 2018

VAMOS A PONER UN NACIMIENTO EN NUESTRO HOGAR


BENDICIÓN DEL NACIMIENTO (BELÉN) EN FAMILIA


-Los nacimientos o belenes se colocan a principios de diciembre y se retiran el 2 de febrero, fiesta de la Candelaria. Esta costumbre piadosísima atrae muchos frutos espirituales a la familia católica y tiene un alto significado pedagógico para todos, pero particularmente para los niños y jóvenes; por ello nunca debe desaparecer de las costumbres familiares y si no existe debe adquirirse. Durante ese tiempo, el nacimiento  debe ser el lugar para rezar en familia el rosario y cantar villancicos al Dios Niño. Bruno Moreno -de Infocatólica- nos hace una excelente propuesta en su escrito: realizar la bendición del mismo en familia. Mientras esté el nacimiento puedes efectuarla. He aquí el escrito de Bruno:

"La colocación del nacimiento en los hogares es una de esas preciosas tradiciones de las que podemos disfrutar gracias a haber nacido en un país cristiano. Con los belenes navideños, los niños pueden familiarizarse con la historia de la infancia de Jesús, contemplándola y fijándola en sus mentes para toda la vida (además de divertirse mucho colocando las figuras, que también es algo bueno). En mi opinión, la costumbre de colocar nacimientos en las casas es, dentro de su sencillez, una de las cosas que han impedido hasta ahora que la Navidad se convierta en algo únicamente comercial o en unas simples “fiestas de invierno”.

"Según me cuenta un comentarista, la costumbre de los belenes fue introducida en España por la Reina María Amalia de Sajonia, esposa de Carlos III, en el siglo XVII. María Amalia, hija del Rey de Polonia y de la Archiduquesa de Austria, fue elegida como esposa de Carlos III cuando éste era Rey de las Dos Sicilias y la pareja vivió durante muchos años en Nápoles. Parece ser que allí conoció la Reina los nacimientos (que, según dicen los italianos, se remontan a San Francisco de Asís). Cuando murió el hermano de Carlos, éste se convirtió en Rey de España y aquí se trasladó la pareja, junto con sus hijos. María Amalia no consiguió aclimatarse bien a España y murió al cabo de solamente un año. Sin embargo, durante esos meses tuvo tiempo para introducir en nuestro país los belenes que había visto en Nápoles. La costumbre, a la vez católica y festiva, gustó a los españoles y se ha mantenido hasta nuestros días. Creo que, sólo por esto, los españoles tenemos ya una deuda de gratitud con esta Reina nacida en el norte de Europa y que tan poco tiempo vivió entre nosotros.

"Les propongo algo que les ayudará a sacar aún más jugo del belén navideño: realizar, en familia, la bendición del mismo. El día de Nochebuena o algún otro día cercano, una vez que se haya colocado el nacimiento, la familia entera se puede reunir en torno a él y el padre de familia (o la madre, si el padre no puede o no quiere) preside una breve celebración doméstica, que recuerda la historia del nacimiento de Cristo, pide a Dios que la familia pueda aprovechar sus frutos y ruega a Dios su bendición. También se puede aprovechar para cantar algún que otro villancico.

"En mi opinión, este momento de oración, si se hace con entusiasmo, les gustará mucho a los niños y servirá para que la colocación del nacimiento no se quede en un simple juego. Incluso se puede convertir en una de las tradiciones navideñas de la familia, que luego sus hijos, al casarse, continúen en sus nuevas familias.

"Pueden encontrar la bendición que propone la Iglesia en el Bendicional litúrgico, pero, para facilitar las cosas, se la incluyo aquí, de forma que sólo tengan que imprimirla o copiarla. Incluyo una versión corta primero y luego en versión larga, según los gustos y el tiempo disponible. Espero que les ayude a disfrutar de la época de Navidad y a que sea un tiempo de gracia para todos".

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BENDICIÓN DEL BELÉN NAVIDEÑO EN FAMILIA (versión corta)

Reunida toda la familia, el padre o la madre de la misma dice:
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Oh Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos has entregado a tu único Hijo Jesús, nacido de la Virgen María, para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti, te pedimos que con tu bendición + estas imágenes del nacimiento nos ayuden a celebrar la Navidad con alegría y a ver a Cristo presente en todos los que necesitan nuestro amor.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

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BENDICIÓN DEL BELÉN NAVIDEÑO EN FAMILIA (versión larga)
COMIENZO


Reunida toda la familia, el padre o la madre de la misma dice:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos se santiguan y responden:
Amén.
El que dirige la celebración puede decir:
Alabemos y demos gracias al Señor que tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo.
Todos responden:
Bendito seas por siempre, Señor.
Luego el que dirige la celebración dispone a los presentes para la bendición con estas palabras u otras semejantes:
Durante estos días contemplaremos asiduamente en nuestro hogar este pesebre y meditaremos el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar con nosotros. Pidamos, pues, a Dios que el pesebre colocado en nuestro hogar avive en nosotros la fe cristiana y nos ayude a celebrar más intensamente estas fiestas de Navidad.

LECTURA
Uno de los miembros de la familia lee un texto de la Sagrada Escritura.

Lc 2,4-7a: María dio a luz a su hijo primogénito
Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Lucas.
En aquellos días, José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre.
Palabra del Señor.

Después de la lectura, según las circunstancias, puede entonarse un canto adecuado.

PRECES

Sigue la plegaria común:
En este momento en que nos hemos reunido toda la familia para iniciar las fiestas de Navidad, dirijamos nuestra oración a Cristo, Hijo de Dios vivo, que quiso ser también hijo de una familia humana; digámosle: Por tu nacimiento, Señor, protege a esta familia.
Oh Cristo, por el misterio de tu sumisión a María y a José enséñanos el respeto y la obediencia a quienes dirigen esta familia.
Tú que amaste y fuiste amado por tus padres, afianza a nuestra familia en el amor y la concordia.
Tú que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre, haz que en nuestra familia Dios sea honrado.
Tú que has dado parte de tu gloria a María y a José, admite a nuestros familiares, que en otros años celebraban las fiestas de Navidad con nosotros, en tu familia eterna.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

Luego el ministro, con las manos juntas, dice:
Señor Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos entregaste a tu Hijo único nacido de María la Virgen, dígnate bendecir + este nacimiento y a la comunidad cristiana que está aquí presente, para que las imágenes de este Belén ayuden a profundizar en la fe a los adultos y a los niños.
Te lo pedimos por Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

O bien:

Oh Dios, Padre nuestro, que tanto amaste al mundo que nos has entregado a tu único Hijo Jesús, nacido de la Virgen María, para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti, te pedimos que con tu bendición + estas imágenes del nacimiento nos ayuden a celebrar la Navidad con alegría y a ver a Cristo presente en todos los que necesitan nuestro amor.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, tu Hijo amado, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

martes, 4 de diciembre de 2018

URGENTE ORACIÓN



Oh Dios Poderoso que nos habéis dado por Madre nuestra a Vuestra dulcísima Madre, con el más profundo gemido de nuestro corazón os suplicamos que por sus méritos protejáis a nuestra Patria desventurada, conservando en ella el tesoro de la Fe y de la moral católica y la adhesión sin límites a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Amén.

lunes, 3 de diciembre de 2018

NOS ASUSTA LA MUERTE PERO NO LA CONDENACIÓN


Hace unos días, me comentaba una persona su gran preocupación por tantas enfermedades que nos atacan y que angustiada por ello, había acudido inmediatamente al médico, para realizarse un chequeo, una valoración de su organismo. Sin duda, cuidar nuestro cuerpo, es una obligación que tenemos, pero, no nos causa el mismo desasosiego las enfermedades del alma. Buscamos la medicina de la inmortalidad, que no existe y rechazamos el tratamiento que nos permite estar en Gracia de Dios, los Sacramentos y la vida de Piedad. Hoy en día, aunque parece una paradoja, vivimos preocupados por vivir.

Una gripe, nos llena de angustia. Un pecado, nos da igual. Un poco de tos, nos hace tomar inmediatamente un antibiótico, acumular faltas, lo consideramos tema para beatos. Nos asusta la muerte, pero no la condenación. Curioso… ¿Nuestra esperanza está fundada en la vida terrenal, o en la Vida eterna?

Nos vamos a operar y nos entran unos miedos absurdos a morir, como si el superar una operación, nos garantizara la inmortalidad. Sin embargo, no vamos a confesarnos y a Comulgar antes de entrar al quirófano y si alguien nos lo sugiere, respondemos con mala disposición.

Cuando hay un enfermo en una casa o en un hospital, se llama al médico, ante cualquier pequeña variación en la temperatura corporal, pero, al Sacerdote, sólo se le llama, cuando ya no está consciente o incluso, cuando ya ha fallecido, ¿Qué Sacramento puede recibir uno, después de muerto? Ninguno.

“Es una falta de fe lo que quita el valor de avisar a los enfermos de que la muerte está cerca, y es gran perjuicio engañarles e impedir así que se preparen. Óptima cosa es ponerse de acuerdo con un amigo para advertírselo mutuamente”

(Garrigou Lagrane- La vida eterna y la profundidad del alma)

Nuestras conversaciones están llenas de angustias absurdas. Todo el mundo enferma y todo el mundo muere y lo que hay que hacer es preocuparse de como será ese final, si superaremos ese ultimo chequeo de nuestra alma. Nuestros miedos, sólo revelan una falta de Fe absoluta. Recomendamos restaurantes, libros, películas y no hacemos lo mismo con los Sacramentos. Los Católicos deberíamos de cuidar nuestra alma, tal y como hacemos con nuestro cuerpo. ¿Acaso no es importante el beneficio que nos supone vivir en Gracia de Dios? Si el médico nos recomienda ir a un gimnasio, no sólo vamos aunque no nos apetezca, sino que animamos a otros a que nos acompañen, ¿Por qué no hacemos lo mismo cuando acudimos a la Santa Misa? ¿Por qué no invitamos a otras personas a venir con nosotros, en vez de citarnos al terminar? Muchas veces se acude a la Eucaristía Dominical, como un mero cumplimiento, deseando que el Sacerdote no se alargue ni un minuto más de lo estipulado, ponemos impedimentos a que las vitaminas de la Gracia, penetren en nuestro interior. ¿Y a diario? La Misa del día, ni muchísimo menos, es una meta para nadie. El que trabaja, argumenta que sus obligaciones le impiden perder 20 minutos… ¡Como resplandecería nuestra alma, si se frecuentara todos los días la Santa Misa! En términos de medicina, el doctor, nos diría que la analítica, está perfecta. Pero, por lo visto, esto, nos preocupa poco, por no decir, que nos da exactamente igual.

¿A cuántas personas acercamos diariamente al Sacramento de la Confesión? ¿Y mensualmente? La respuesta es la misma. La gente no se confiesa y mucho menos, lógicamente, invita a otros a hacerlo. Ni siquiera el Clero, a veces, anima a ello. Los Confesionarios sin luz y sin cura, sólo indican una cosa, que el médico del alma, está “cerrado por vacaciones”.

¿Qué resultado obtendríamos si pudiéramos ver nuestro chequeo mensual sobre nuestra vida espiritual? Posiblemente, muy flojo. No frecuentamos los Sacramentos y cuando lo hacemos, es de cualquier manera, el mejor ejemplo es, que llegamos a Misa, tarde, mal y arrastro, como el que toma una medicina a deshora y pretende que le haga efecto.

Nos sentamos a ver la televisión, acudimos a un espectáculo, vamos al cine, al gimnasio…pero no dedicamos ni media hora al día a una lectura espiritual. Trabajamos, comemos, dormimos y dejamos de lado lo más importante, nuestra relación con Dios. Los Sagrarios abandonados y las cafeterías llenas. Es cierto que hay crisis, pero de Fe.

Nuestra agenda está llena de obligaciones que no hablan de Dios. Las Parroquias están repletas de actividades, que en muchas ocasiones son mas propias de un centro municipal que de una Iglesia. Ocupaciones que no llevan asociado ningún crecimiento espiritual: teatro, con representaciones que nada aportan a la vida de un Católico, coros donde se ensayan canciones más propias de una velada musical que de una Iglesia, yoga, meditación budista y un largo etc

¿Dónde están los retiros, meditaciones, rezo del Ángelus, Exposición del Santísimo, Hora Santa, Formación de adultos…?

Descuidamos el preparar nuestra alma para el Juicio final y es ahí donde de verdad deberá preocuparnos que el “reconocimiento médico” sea perfecto, ya que si no hemos tomado la medicina a tiempo, después ya no habrá remedio.

“La vida interior del cristiano supone el estado de gracia, que es lo contrario del estado de pecado mortal. Y en el plan actual de la Providencia, toda alma o está en estado de gracia o en estado de pecado mortal; con otras palabras, o está de cara a Dios, último fin sobrenatural, o está de espaldas a Él”

(Garrigou Lagrane-Las tres edades de la vida interior”

Sonia Vázquez ("Adelante la Fe")

domingo, 2 de diciembre de 2018

LA REVOLUCIÓN - Monseñor De Segur. 1a. Parte.

(1a. parte) LA REVOLUCIÓN - Monseñor De Segur


I

La Revolución.- Lo que no es.

Palabra es ésta muy elástica, y abúsase a cada paso de ella para alucinar las inteligencias de los hombres.

Revolución, en general, es cualquier cambio radical en las costumbres, ciencias, artes o letras, y sobre todo, en la legislación y en el gobierno de las sociedades. En religión y en política es el completo triunfo de un principio subversivo de todo el antiguo orden social.

La palabra Revolución se toma por lo regular en mal sentido: esta regla, sin embargo, tiene excepciones. Así se dice: “El cristianismo causó una gran revolución en el mundo, y esta revolución fue muy provechosa”. Lo mismo se dice: “Ha estallado en tal o cual país una revolución que lo ha pasado todo a sangre y fuego”. También esto es revolución, pero muy mala.

Hay diferencia esencial entre una revolución y lo que desde hace un siglo se llama LA REVOLUCIÓN. En todos tiempos ha habido en la sociedad humana revoluciones, mientras que la Revolución es fenómeno del todo moderno.

Creen muchos (porque así lo dicen en los periódicos) que todos los adelantos en industria, comercio, bienestar; que todas las invenciones modernas en artes y ciencias de sesenta años acá, se deben a la Revolución; que sin ella no tendríamos telégrafos, ni ferrocarriles, ni vapores, ni máquinas, ni ejércitos, ni instrucción, ni gloria; en una palabra, que sin la Revolución todo estaría perdido, y que el mundo caería nuevamente en las tinieblas.

Nada más falso. Si en tiempo de la Revolución se ha realizado algún progreso, no ha sido obra suya. El gran sacudimiento que ha impreso al mundo entero habrá precipitado sin duda en algunos casos el desarrollo de la civilización material; pero en cambio, en muchos otros lo han hecho abortar. La Revolución, considerada en sí misma nunca ha sido el principio de progreso alguno.

Tampoco ha sido, como se nos quiere hacer creer, la libertad de los oprimidos, la supresión de abusos inveterados, el mejoramiento y progreso de la humanidad, la difusión de luces y conocimientos, la realización de todas las aspiraciones generosas de los pueblos, etc.; y de esto nos convenceremos cuando a fondo la conozcamos.´

Ni es la Revolución el grande hecho histórico y sangriento que trastornó a Francia y aun a Europa al concluir el último siglo. Este hecho sólo fue un fruto, un producto de la Revolución, que en sí es mas bien una idea, un principio, que un hecho. Es muy importante no confundir estas cosas.

¿Qué es, pues, la Revolución?

II

Qué es la Revolución, y cómo es cuestión religiosa más aún que política y social.

La Revolución no es cuestión meramente política, sino también religiosa; y bajo este punto de vista únicamente hablo aquí de ella. La Revolución es no solamente una cuestión religiosa, sino la gran cuestión religiosa de nuestro siglo. Para convencerse de ello, basta precisar las ideas y reflexiones.

Tomada en su sentido más general, la Revolución es la REBELDÍA erigida en principio y en derecho. No se trata del mero hecho de la rebelión, pues en todos tiempos la ha habido: se trata del derecho, del principio de rebelión elevado a regla práctica y fundamento de las sociedades; de la negación sistemática de la autoridad legítima; de la apología de la misma; de la consagración legal del principio de toda rebelión. Tampoco es la rebelión del individuo contra su legítimo superior: esto se llama desobediencia; es la rebelión de la sociedad como sociedad; el carácter de la Revolución es esencialmente social y no individual.

Hay tres grados en la Revolución:

1º. La destrucción de la Iglesia como autoridad y sociedad religiosa, protectora de las demás autoridades y sociedades; en este grado, que nos interesa directamente, la Revolución es la negación de la Iglesia, negación erigida en principio y fórmula como derecho; la separación del la Iglesia y el Estado, con el fin de dejar a éste descubierto, quitándole su apoyo fundamental.

2º. La destrucción de los tronos y de la legítima autoridad política, consecuencia inevitable de la destrucción de la autoridad católica. Esta destrucción es la última expresión del principio revolucionario de la moderna democracia, y de lo que se llama hoy día la soberanía del pueblo.

3º. La destrucción de la sociedad, esto es, de la organización que recibió de Dios: o sea la destrucción de los derechos de la familia y de la propiedad, en provecho de una abstracción que los doctores revolucionarios llaman el Estado. Es el socialismo, la última palabra de la Revolución, la última rebelión, destrucción del último derecho. En este grado, la Revolución es, o más bien sería, la destrucción total del orden divino en la tierra, y el reinado completo del demonio en el mundo.

Claramente formulada primero por J. J. Rousseau, y después en 1789 y 1793 por la Revolución francesa, la Revolución se mostró desde su origen, enemiga implacable del Cristianismo. Sus furiosas persecuciones contra la Iglesia recuerdan las del paganismo. Ha dado muerte a obispos, asesinado sacerdotes y católicos, cerrado o destruido templos, dispersado las Ordenes religiosas, y arrastrado por el fango las cruces y reliquias de los Santos. Su rabia se ha extendido por toda Europa; ha roto todas las tradiciones, y hasta ha llegado a creer por un momento que había destruido el Cristianismo, al que ha llamado con desprecio: "antigua y fanática superstición".

Sobre todas esas ruinas ha levantado un nuevo régimen de leyes ateas, de sociedades sin religión, de pueblos y de reyes absolutamente independientes. Desde hace un siglo ya dilatándose más y más; crece y se extiende en el mundo entero, destruyendo en todas partes la influencia social de la Iglesia, pervirtiendo las inteligencias, calumniando al clero, y minando por su base todo el edificio de la fe.

Desde el punto de vista religioso, la Revolución puede definirse del modo siguiente: Negación legal del reinado de Jesucristo en la tierra, destrucción social de la Iglesia.

Combatir la Revolución es, por lo tanto, un acto de fe, un deber religioso de la mayor importancia, y además, de buen ciudadano y hombre de bien, pues así se defiende la patria y la familia. Si los partidos políticos de buena fe y que conservan su honra, la combaten desde sus puntos de vista, nosotros los cristianos debemos combatirla desde los nuestros, que son mucho más elevados, pues defendemos aquello que amamos más que la propia vida.

III

La Revolución, hija de la incredulidad.

Basta saber, para juzgar a la Revolución, si cree o no en Jesucristo. Si Cristo es Dios hecho hombre, si el Papa es su Vicario, si la Iglesia es obra suya y es su enviada claro está que tanto las sociedades como los individuos deben obediencia a los mandamientos de la Iglesia y del Papa, que son mandatos del mismo Dios. La Revolución, que establece como principio la independencia absoluta de las sociedades respecto de la Iglesia, es decir, la separación de la Iglesia y del Estado, declara con eso sólo, que no cree en el Hijo de Dios, y está ya juzgada de antemano según el Evangelio.

Resulta, pues, que la cuestión revolucionaria es, en definitiva, una cuestión de fe. El que crea en Jesucristo y en la misión de su Iglesia no puede ser revolucionario, si es lógico; y cualquiera incrédulo o protestante dejará de ser lógico si no adopta el principio apóstata de la Revolución, y no combate a la Iglesia bajo su bandera; puesto que si la Iglesia católica (como ellos creen) no es divina, usurparía de un modo tiránico los derechos del hombre.

Jesucristo, ¿es Dios? ¿Le pertenece todo poder en el cielo y sobre la tierra? Los Pastores de la Iglesia y el Sumo Pontífice a su cabeza, ¿tiene por derecho divino y por orden misma de Jesucristo la misión de enseñar a todas las naciones y a todos los hombres lo que es preciso hacer o evitar para cumplir la voluntad de Dios? ¿Existe un solo hombre, príncipe o súbdito; existe una sola sociedad que tenga el derecho de rechazar esta enseñanza infalible, o de sustraerse a esta alta dirección religiosa? Ahí está todo. Es esta una cuestión de fe, de Catolicismo.

El Estado debe obedecer a Dios vivo, lo mismo que la familia y el individuo. Es cuestión de vida, tanto para el uno como para el otro.

Continuará...

sábado, 1 de diciembre de 2018

LOS PADRES DARÁN ESTRICTA CUENTA DE SUS HIJOS


"Los padres pecan si no enseñan a sus hijos las cosas de la Fe y de la salvación. No deben imitar a ciertos padres y madres que no cumplen ese deber por el afán de mantener ocupados a sus hijos en otras cosas. La consecuencia es que los desdichados no saben confesarse, no conocen las principales verdades de la Fe, ignoran lo que es la Santísima Trinidad, la Encarnación de Jesucristo, el pecado mortal, el juicio, el infierno, el paraíso, la eternidad... Muchas veces esa ignorancia es causa de condenación y sus padres deberán prestar cuentas a Dios por ello".

San Alfonso María de Ligorio