jueves, 15 de febrero de 2018

"¿EN VERDAD NOS ES ÚTIL EL AYUNO?". RESPONDE SANTO TOMÁS A ESTA CUESTIÓN.


I. Se ayuna principalmente para tres fines:

1º) Para reprimir las concupiscencias de la carne. Razón por la cual dice el Apóstol: «En ayunos, en pureza» (II Cor 6, 5), porque por los ayunos se conserva la castidad. Pues, como dice San Jerónimo: «Sin Ceres y Baco fría está Venus, esto es, por la abstinencia en el comer y beber se calma la lujuria».

2º) Se ayuna para que el espíritu se eleve con más libertad a la contemplación de las cosas sublimes. Por eso se lee en Daniel que después de un ayuno de tres semanas recibió de Dios la revelación (10, 2 y sgtes).

3º) Para satisfacer por los pecados. Por eso se dice en Joel: «Convertíos a mí de todo vuestro corazón, con ayuno, y con llanto, y con gemidos» (2, 12). Y esto es lo que dice San Agustín: «El ayuno purifica al alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nubes de la concupiscencia, extingue los ardores de la liviandad y enciende la luz verdadera de la castidad».

II. El ayuno cae bajo precepto. Pues el ayuno es útil para borrar y contener la culpa, y para elevar la mente a las cosas espirituales; y como cada cual está obligado por razón natural a usar tanto de los ayunos cuanto le sea necesario para los fines indicados; por eso el ayuno en general, cae bajo el precepto de la ley natural, pero la determinación del tiempo y modo de ayunar según la conveniencia y utilidad del pueblo cristiano cae bajo precepto del derecho positivo, el cual ha sido instituido por los prelados de la Iglesia: éste es el ayuno de la Iglesia; mas el otro es el ayuno natural.

III. Convenientemente se determinan los tiempos del ayuno de la Iglesia. El ayuno se ordena a dos cosas: a borrar el pecado y a elevar el espíritu a las cosas sobrenaturales. Por eso debieron prescribirse los ayunos, especialmente en aquellos tiempos en que convenía que los hombres se purificaran del pecado y se elevase la mente de los fieles a Dios, por la devoción.

Ambas cosas urgen principalmente antes de la solemnidad pascual, en la que se perdonan las culpas por el bautismo, que se celebra solemnemente en la vigilia de Pascua, cuando se recuerda la sepultura del Señor, pues por el bautismo somos sepultados con Cristo en muerte (como dice el Apóstol, Rom 6, 4). También en la fiesta de Pascua conviene especialmente elevar el espíritu por la devoción a la gloria de la eternidad, que Cristo inauguró resucitando. Por eso estableció la Iglesia que debía ayunarse inmediatamente antes de la solemnidad pascual, y por la misma razón en las vigilias de las fiestas principales, en las que conviene que nos preparemos a celebrar devotamente las fiestas futuras.

Santo Tomás de Aquino, Meditaciones, 2a 2ae, q. CXLVII, a. 1, 3 y 5

miércoles, 14 de febrero de 2018

HOY, 14 DE FEBRERO DE 2018, MIÉRCOLES DE CENIZA, OBLIGAN EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA

  • La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno.
  • Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

La Cuaresma (cuarenta días) es un tiempo de ayuno y penitencia instituido por la Iglesia por tradición apostólica con el objeto de: 1°, darnos a entender la obligación que tenemos de hacer penitencia todo el tiempo de nuestra vida, de la cual, según los Santos Padres, es figura la Cuaresma; 2°, imitar en alguna manera el riguroso ayuno de cuarenta días que Jesucristo practicó en el desierto; 3°, para prepararnos por medio de la penitencia a celebrar santamente la Pascua.

El primer día de Cuaresma se llama Miércoles de Ceniza porque en este día pone la Iglesia sobre la cabeza de los fieles la sagrada Ceniza para recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo hemos de reducirnos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados, mientras tenemos tiempo.

La imposición de ceniza
 es una costumbre
que nos recuerda que 

algún día vamos a morir
 y que nuestro cuerpo 

se va a convertir
 en polvo. Nos enseña

 que todo lo material
que tengamos aquí 

se acaba. En cambio,
 todo el bien que tengamos

 en nuestra alma nos
 lo vamos a llevar 

a la eternidad. 
Hemos de recibir la sagrada Ceniza con un corazón contrito y humillado, y con la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia. Para pasar bien la Cuaresma -según la mente de la Iglesia- hemos de hacer cuatro cosas: 1ª, guardar exactamente el ayuno y la abstinencia, y mortificarnos no sólo en las cosas ilícitas y peligrosas, sino también en cuanto podamos en las lícitas, como sería moderándonos en las recreaciones; 2ª, darnos a la oración y hacer limosnas y otras obras de cristiana piedad con el prójimo más que de ordinario; 3ª, oír la Palabra de Dios, no ya por costumbre o curiosidad, sino con deseo de poner en práctica las verdades que se oyen; 4ª, andar con solicitud en prepararnos a la Confesión* para hacer más meritorio el ayuno y disponernos mejor a la Comunión pascual.

AYUNO Y ABSTINENCIA

El ayuno consiste en no hacer más que una sola comida al día, y la abstinencia en no tomar carne ni caldo de carne (se prohíbe comer DURANTE LAS 24 HRS. DEL DÍA, carne y caldo de carne de animales terrestres o que vuelan -res, carnero, cerdo, pollo, codorniz, pájaros, etc.-. Se permite la carne de pescados o mariscos -animales acuáticos-. En algunas regiones existe el error generalizado de que se permite el pollo o el caldo de pollo, pero esto no es así.). Los días de ayuno, la Iglesia permite una ligera refección a la noche, o hacia el mediodía si la comida única se traslada a la tarde, y además la parvedad por la mañana. Éstas consisten en un muy ligero alimento (bastante menor al acostumbrado). No debe comerse ningún otro alimento entre comidas. Los líquidos simples o para calmar la sed pueden beberse a cualquier hora (por ejemplo: agua, cerveza, vino, café con poca azúcar, etc.). No deben beberse, entre comidas, caldos, leche y otros que fungen como alimento.

Al ayuno están obligados todos los que sean mayores de edad (18 años), hasta que hayan cumplido sesenta años y no estén legítimamente impedidos, y a la abstinencia los que han cumplido catorce años (aunque es aconsejable iniciarla desde los 7 años, como antes se acostumbraba) y tienen uso de razón. Los que no están obligados al ayuno no están exentos de toda mortificación, porque ninguno está dispensado de la obligación general de hacer penitencia, y así deben los tales mortificarse en otras cosas según sus fuerzas.

El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo obligan gravemente el ayuno y la abstinencia. Los demás viernes de cuaresma obliga solo la abstinencia. Los otros viernes del año que no son cuaresma también debe llevarse la abstinencia de acuerdo con lo que se explica en el siguiente post: HAZ CLIC AQUÍ. 



* Recordemos que conforme a los Mandamientos de la Santa Iglesia, obliga la Confesión anual por la Cuaresma y la Comunión (en gracia de Dios, luego de confesarse) por Pascua Florida.




-Recomendamos como lectura para el día de hoy (haz clic): EN ESTA CUARESMA: "SERMÓN DEL POLVO" DEL P. CASTELLANI

martes, 13 de febrero de 2018

EL MIÉRCOLES 14 DE FEBRERO OBLIGA, BAJO PENA DE PECADO GRAVE, EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA


RECORDATORIO DE ORACIÓN DE LOS DÍA TRECE DE CADA MES

Cada día trece de mes, fecha de las apariciones de la Virgen en Fátima, los lectores y editores de este sitio rezaremos cinco minutos y pediremos por estas intenciones:

1) Por las peticiones particulares así como por las necesidades espirituales y materiales de todos y cada uno de los lectores de CATOLICIDAD.

2) Por el fin del proceso de "autodemolición" en la Iglesia Católica.

3) Por la intención de que, tal como lo pidió la Virgen en Fátima, el Papa finalmente consagre Rusia al Inmaculado Corazón de María y pida la conversión de ese país al catolicismo, nombrando -para ello- a esta nación de manera explícita, en unión con todo el episcopado mundial.

4) Por la reparación a Dios de nuestros pecados y por la de todas las ofensas que recibe, particularmente por las blasfemias que se profieren o los sacrilegios que se realizan.

5) Por la conversión de los pecadores, especialmente los más necesitados de la misericordia divina.

6) Por que se multipliquen las vocaciones sacerdotales y los sacerdotes vivan una vida de santidad conforme al Corazón de Cristo.

7) Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María y la implantación del Reinado Social de Cristo en nuestras naciones.

8) Por la paz mundial, no como la da el mundo sino como la da N.S. Jesucristo y por el triunfo de la vida en las legislaciones.

9) Por la salvación propia y la de nuestros familiares, amigos y conocidos.

10) Por todas las necesidades de la Iglesia.

Bastará rezar:

-Un Señor mío Jesucristo: 
  • "Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, me pesa de todo corazón haber pecado, porque he merecido el infierno y perdido el cielo, y sobre todo, porque te ofendí a ti, que eres bondad infinita, a quien amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecar, confesarme y cumplir la penitencia. Confío me perdonarás por tu infinita misericordia. Amén."
-Un Padre Nuestro
-Tres Aves Marías pidiendo que la Virgen nos preserve del pecado mortal durante las tentaciones (ver AQUÍ).
 -Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.
(Nota:  Todo católico debe saber de memoria las oraciones anteriores, al igual que el Credo. Si alguien no las sabe, puede aprenderlas haciendo click AQUÍ)
-La oración de la Virgen de Fátima: 
  •  "Oh Jesús mío, perdónanos y líbranos del fuego de infierno, lleva al Cielo a todas las almas, socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia".
-Finalizando así: 
  • "Señor: te pedimos por todas las necesidades de la Iglesia, por la Consagración de Rusia tal como se pidió en Fátima, por el triunfo del Inmaculado Corazón de tu dulcísima Madre, por la implantación de tu Reinado Social y de tu Paz en nuestras naciones, por la santidad de los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones sacerdotales, así como por el triunfo de la vida y la familia en nuestras legislaciones. Te ofrecemos nuestra vida entera en reparación de los pecados propios y de las ofensas que se hacen a tu sacratísimo nombre, así como por los graves sacrilegios que se realizan en todo el mundo. Finalmente ponemos en tus manos, por intercesión de la Santísima Virgen María, todas las necesidades espirituales y materiales, tanto propias como las de nuestros familiares, amigos y conocidos, y las de nuestros hermanos lectores y editores del blog CATOLICIDAD.
  • -Santísima Virgen María, encomiendo a tu Inmaculado Corazón a toda la familia mía.
  • -Inmaculado Corazón de María, sed la salvación del alma mía.
  • -Santísima Virgen de Guadalupe, salva nuestra Patria, conserva nuestra fe y defiéndenos de los falsos pastores.
  • -San Miguel Arcángel, ampáranos de las asechanzas del demonio.
  • -San Pío V, ruega por nosotros. Amén".

lunes, 12 de febrero de 2018

CONOCE LA MISA DE SIEMPRE (Animación en video)


  • "Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo".
  • "Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, del nuevo y eterno testamento -misterio de fe- que será derramada por vosotros y por muchos para remisión de los pecados".
Ver también: EL PORQUÉ DE LA MISA CATÓLICA CON EL MISAL DE S.S. SAN PÍO V

INICIO DE LA VIDA PÚBLICA DE JESÚS


ANACRUSA

"Tras la solemne obertura del Bautismo en el Jordán y el señalamiento como Cordero, propiamente comienza a rodar la vida pública del Señor. Las escenas intensas de su nacimiento e infancia están aún frescas y vibrantes en nuestro interior: ese Niño que corretea con su mejor amigo por las empedradas callejuelas de Nazaret, sorteando a mercaderes y vecinos, en ese juego recurrente de ver quién de ambos llega antes a la fuente de la plaza para mojar al otro, hasta empaparse de risa. O tantas otras escenas…

Pero la infancia pasó. Y tras el interludio de Bautismo y Cordero, el relator lleva el cuadro a negro y demora con audacia el efecto para remarcar los largos años transcurridos, para luego amanecer despacio la escena a orillas del Mar de Galilea.

Estalla la primavera, en una exuberancia casi exagerada. Hay algo incluso, cómo no, de revanchismo en sus aromas y colores, vengando el triste y gélido invierno. Pero hay arrullo en la tórtola y flor en el almendro. Zumbido de abejas y el perfume intenso del tomillo, embriagándolo todo.

Atardece en Galilea y corre una brisa fresca y ligera. Cientos de embarcaciones han retornado al muelle como aves a su nido y se ocupan con denuedo en las faenas finales de la jornada de pesca: gaviotas y garzas revolotean sobre el enmarañado de barcazas y botes y sobre todo danzando en círculos arriba de las redes extendidas sobre el estrecho muelle, con más aires lúdicos que de supervivencia.

Lo mismo cabría decir de los pescadores: todo es risa y jarana, a pesar del cansancio. No hay ni mujeres ni niños: todo el cuadro es de una compacta virilidad: los cantos, los chistes, los gritos punzantes, los esfuerzos vigorosos, los gestos bruscos que amerita la tarea. Pesados canastos colmados de peces fulguran entre los granos de sal, que atravesados por los resplandores de la tarde relucen como perlas y diamantes. Más que pescado en sal parece el botín de guerra usurpado al Leviatán.

Entonces aparece el Señor

Decir que su entrada en escena es perfecta resulta un pleonasmo. Pero, ¿cómo acertar al elogio para describir ese ingreso tan sutil como firme? Algo así como el primer acorde del solista en un concierto para piano y orquesta: ni un ataque al teclado violento, ni una entrada tenue y vaporosa: solemne y simple, debería indicar el pentagrama. Así, el Señor entrando en escena.

Ni Shakespeare ni Claudel habrían sabido diseñar un ingreso del protagonista como, soplado por Dios, lo describe el evangelista.

Jesús está caminando por la orilla del lago. Entra caminando. Como si lo viniera haciendo de hace rato, desde vaya a saber cuándo y dónde. Como de lejos cae la hoja de Rilke. Es el mismo Rostro que hemos conocido en Nazaret: ese mismo Niño de pelo oscuro rozando las puntas del trigal es el que avanza ahora a paso sereno pero firme, sencillo pero hidalgo por la empedrada costanera del Lago. Sus brazos cuelgan a sus lados sin tensión. Pero quien se fija bien, nota que sus dedos se abren apenas como acariciando una era invisible. Como un ciego palpa su braile, el Señor lee el tiempo cumplido, la mies madura, la siega a punto. Camina sin detenerse. Avanza, tal vez sea el verbo más oportuno. Como avanza un pastor hacia los pastos o un guerrero a la batalla.

Antes de una instancia solemne y decisiva hay un momento, un instante previo. En que toda la anterioridad se engolfa como agua en un dique. Inminencia es su nombre. Anacrusa, dirían los músicos.

La vida pública del Señor ya ha sido echada a rodar, sin retorno posible. Pero el Logos eterno hecho ese-hombre-Jesús aún tiene sus labios sellados, su ministerio intacto, sin estrenar. Camina sobre la epidermis del orbe, como un Arquitecto por entre sus planos y maquetas. Sabe muy bien lo irreversible de lo ya lanzado y a punto de comenzar. Son esos pocos metros que lo separan todavía de la barca de Pedro y Andrés, metros que condensan toda la distancia sideral de Dios al Hombre…

Aún ningún hombre había tergiversado una sola palabra del Verbo. Nadie lo había resistido, negado, ni calumniado, ni burlado, ni cuestionado, ni acusado… pero la saeta divina ya había salido de Manos del eterno Arquero y avanzaba hacia el corazón humano…

Cristo avanza, entre barcas y barcarolas, redes y canastos, montañas de sal, jóvenes y ancianos, risas y arengas. Pasa por entre medio, sin zigzagueos, como si lo atravesara todo. La Luz no sabe doblar… Avanza por el caótico escenario casi sin ser visto. Va derecho hacia sus elegidos. Ha rezado la noche entera por ellos: para que dieran su sí. Un sólo error y abortaría el salvataje de la raza humana. No alcanzaba con el sí de María. Miríadas de ángeles balconean sobre la tarde en Tiberíades, expectantes de los imprescindibles cuatro sí incondicionales…Cuando el misterio es muy impresionante, nadie osa desobedecerlo, se esperanzan los seráficos espectadores. Eran ya casi las cuatro, en sombra de la tarde.

Cristo avanza. Avanza hacia Pedro, hacia Andrés, Santiago y Juan. Conoce el corazón de cada uno. Los ve, de modo ubicuo, reinando en doce cetros a su lado; los ve sembrando sangre en sus martirios; los ve anunciar, muy lejos de Galilea, al Mesías resucitado. Los ve en este mismo lago, con las sombras inversas, uno gritando ¡es el Señor!; otro empapado a sus pies confesando su amor… Como los ve en Getsemaní, en el Lavatorio, o mirándolo con cara de desorientados…

Jesús sabe perfectamente lo que está por comenzar, el Rubicón a punto de cruzar, y en ese clima es que avanza hacia la barca de Simón Bar-Jonás, para bajar la batuta y dar comienzo a la música que salvaría al Mundo.

Esos pocos metros, caminando a orillas del lago, eran también el último adiós de sus entrañables años de vida oculta. Y por eso también esa caminata sabe a despedida. El olor a tomillo le recuerda la cocina de su Madre, como la abundante madera de las embarcaciones lo remontan a la carpintería, y a su padre adoptivo explicándole cómo empuñar la garlopa.

Los ángeles siguen allí, arqueados, con el “di que sí” palpitando en sus plegarias… El Señor sabe que no debe detenerse. Las didascalias del divino Dramaturgo son precisas: “llega, mira, dice y sigue, sin detenerse”. La conjugación de mirada, gesto, parlamento y andadura es una obra de encaje.

Y llega el momento

Hay un cambio repentino en el aire: se levanta viento del lago y como un soplo se exhala sobre el divino Rostro. Andrés está ya a la vista. Ignora por completo el acontecimiento inminente que cambiaría no sólo su vida sino la de la Humanidad toda. Pelea afanosamente con unas algas que se han enredado en la red.

Tan volcado está en la tarea que el que parece enredado es él mismo… El viento o vaya a saber qué lo hacen levantar la vista y ver que está siendo visto por el Hombre del muelle. Un extrañísimo silencio lo envuelve repentinamente todo: ni un solo graznido de gaviota, ni el golpeteo del agua contra las barcas, ni un solo sonido del gentío gritón… Estremece la tensión. Y entonces sí, cae la batuta sobre el compás inicial que da comienzo al cristianismo: Tú, Andrés y tú, Simón, vengan y síganme".

Diego de Jesús

viernes, 9 de febrero de 2018

LA FE NO ES UN BUFFET PARA ESCOGER QUÉ VERDADES CREER. QUIEN TIENE VERDADERA FE ACEPTA TODO LO QUE DIOS REVELÓ Y CUSTODIA Y ENSEÑA SU IGLESIA

  • Los "católicos" de buffete, ni son católicos ni tienen fe, sino meras opiniones personales.
  • La fe es integral o no es fe.
  • Quien tiene fe cree todo lo que Dios reveló, no sólo los dogmas que le gustan o convienen.
  • No hay sustento más cierto y racional que la Verdad que Dios nos dejó, pues Dios nunca miente ya que Él es la Verdad misma.
  • Es hereje formal quien consciente y pertinazmente niega uno o más dogmas de la fe católica.
  • Estaría en error y no sería hereje formal si no lo niega con pertinacia.
  • El hereje formal que negare una sola verdad de fe, no cree en las demás con fe verdadera sin como simple opinión personal. Luego, el hereje no tiene fe.



jueves, 8 de febrero de 2018

LA FE DE LA IGLESIA SOBRE LA EUCARISTÍA


Cánones sobre el santísimo sacramento de la Eucaristía
Sesión XIV del Concilio dogmático de Trento
del 25 de noviembre de 1551 (Denz. 883 a 893):

Can. 1. Si alguno niega que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende Cristo entero; sino que dijere que sólo está en él como en señal y figura o por su eficacia, sea anatema.

Can. 2. Si alguno dice que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo y de toda la sustancia del vino en la sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia Católica aptísimamente llama transubstanciación, sea anatema.

Can. 3. Si alguno niega que en el venerable sacramento de la Eucaristía se contiene Cristo entero bajo cada una de las especies y bajo cada una de las partes de cualquiera de las especies hecha la separación, sea anatema.

Can. 4. Si alguno dice que, acabada la consagración, no está el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo en el admirable sacramento de la Eucaristía, sino sólo en el uso, al ser recibido, pero no antes o después, y que en las hostias o partículas consagradas que sobran o se reservan después de la comunión, no permanece el verdadero cuerpo del Señor, sea anatema.

Can. 6. Si alguno dice que en el santísimo sacramento de la Eucaristía no se debe adorar con culto de latría, aun externo, a Cristo, Hijo de Dios unigénito, y que por tanto no se le debe venerar con peculiar celebración de fiesta ni llevándosele solemnemente en procesión, según laudable y universal rito y costumbre de la santa Iglesia, o que no debe ser públicamente expuesto para ser adorado, y que sus adoradores son idólatras, sea anatema.

Can. 7. Si alguno dice que no es lícito reservar la Sagrada Eucaristía en el sagrario, sino que debe ser necesariamente distribuida a los asistentes inmediatamente después de la consagración; o que no es lícito llevarla honoríficamente a los enfermos, sea anatema.

Can. 8. Si alguno dice que Cristo, ofrecido en la Eucaristía, sólo espiritualmente es comido, y no también sacramental y realmente, sea anatema.

Can. 9. Si alguno niega que todos y cada uno de los fieles de Cristo, de ambos sexos, al llegar a los años de discreción, están obligados a comulgar todos los años, por lo menos en Pascua, según el precepto de la santa madre Iglesia, sea anatema. 

Can. 10. Si alguno dijere que no es lícito al sacerdote celebrante comulgarse a sí mismo, sea anatema.

Can. 11. Si alguno dice que la sola fe es preparación suficiente para recibir el sacramento de la santísima Eucaristía, sea anatema. Y para que tan grande sacramento no sea recibido indignamente y, por ende, para muerte y condenación, el mismo santo Concilio establece y declara que aquellos a quienes grave la conciencia de pecado mortal, por muy contritos que se consideren, deben necesariamente hacer previa confesión sacramental, habida facilidad de confesar*. Mas si alguno pretendiere enseñar, predicar o pertinazmente afirmar, o también públicamente disputando defender lo contrario, por el mismo hecho quede excomulgado.

*NOTA DE LA REDACCIÓN: En casos de verdadera emergencia, cuando no hay facilidad de confesar individualmente por falta de tiempo, como por ejemplo cuando un batallón va a la guerra o un buque se hunde, previo acto de contrición y propósito de enmienda, puede el sacerdote proceder a una absolución colectiva con la condición a los fieles de realizar la confesión individualmente después, si hay vida. Desgraciadamente el modernismo actual procede a aplicarla en situaciones comunes indebidamente. Por ejemplo: No es un fundamento para hacerlo el número alto de fieles que asisten a misa, como abusiva y sacrílegamente sostienen algunos modernistas.