domingo, 18 de noviembre de 2018

LA NIÑA QUE MUERE DE AMOR POR JESÚS EUCARÍSTICO


En 1331, con sólo 8 años de edad, según la costumbre de la época, Imelda entró al convento. A los 10, recibió el hábito de monja dominicana. Aunque tenía tan poca edad, era una monja en todo ejemplar en las actividades de la vida religiosa. Sin embargo, algo la intrigaba:el hecho de que las personas recibieran la Sagrada Comunión y continuaran viviendo.

Como Imelda no tenía edad para comulgar, solía preguntar a las religiosas: "Hermana, la señora comulgó a Jesús y no murió?". Las monjas respondían asustadas: "¿Qué es eso, niña, por qué morir?". La pequeña religiosa respondía: "¿Cómo puede la señora recibir a Jesús en comunión, y no morir de amor y de tanta felicidad?". Porque sucedió que en la madrugada del 12 de mayo de 1333, víspera del Domingo de la Ascensión del Señor, Imelda estaba en la Santa Misa y ya no aguantaba más de tanta voluntad de comulgar. Se preguntaba: "Si Jesús mandó ir a Él a los niños, ¿por qué no puedo comulgar?". El sacerdote ya acababa de dar la Sagrada Comunión a las religiosas cuando todos vieron: una hostia salió del Sagrario y voló por la capilla. Paró sobre la cabeza de Imelda. El sacerdote, entonces, entendió que era hora de darle la comunión.

Al recibir la Santísima Eucaristía, Imelda se colocó en profunda adoración. Después de horas de oración, la Madre Superiora fue a la monja y le dijo: "Está bien, Sor Imelda, ya adoró bastante a Jesús, podemos seguir ... Vamos a las otras actividades del convento". Imelda, sin embargo, permanecía inmóvil. Después de la insistencia de la Superiora, nada sucedía. Fue entonces que la Madre cogió amorosamente Imelda por los bracitos y ella cayó sobre ella. Imelda había muerto en su Primera Comunión. Se cumplió la indagación de la pequeña gran Imelda: “¿Cómo puede alguien recibir a Jesús en la Sagrada Comunión, y no morir de felicidad?” ¡A los 11 años, Imelda murió de amor y de felicidad por haber recibido a Jesús!

El cuerpo de la Beata Imelda Lambertini se encuentra incorrupto en la Capilla de San Sigismundo, en Bolonia, Italia.

Fue beatificada en 1826 por el papa León XII, autorizando su oficio litúrgico y Misa propia. Fue declarada patrona de los niños de Primera Comunión en 1910 por el papa Pío X quien, en ese año, decreta que los niños podrían hacer su primera comunión a una edad menor a la establecida anteriormente.


Cuerpo incorrupto de la Beata Imelda Lambertini

martes, 13 de noviembre de 2018

LA HORA DE LA INTRANSIGENCIA


“Esta es la hora de la intransigencia, esta es la hora de hablar el lenguaje que Cristo nos recomienda en el Sermón de la Montaña: Sí, sí. No, no. Esta es la hora de la obstinación invencible, de la constancia persistente, de la fidelidad continuada. Es cierto, nosotros no tenemos la fuerza del número, no tenemos la fuerza del dinero, no tenemos la fuerza de las armas, no tenemos la fuerza de las logias ni de los poderes ocultos, pero nosotros tenemos la fuerza de Cristo, en la manera en que esa fuerza irradie en nosotros y Cristo viva en nosotros más que nosotros mismos, en esa misma medida seremos invencibles aún en la derrota porque después de todo éste es un lugar de paso, de prueba y de testimonio y lo importante es que seamos capaces de ser hasta la muerte, y sobre todo en la hora de la muerte, testigos de la verdad.”

Jordán Bruno Genta. Mártir de Cristo Rey.

domingo, 11 de noviembre de 2018

ASIA BIBI, LA PUNTA DEL ICEBERG



A veces ocurren milagros. Que la historia de Asia Bibi haya dado la vuelta al mundo, para mi es uno clarísimo. Sobre todo después de ver que la mayoría de los que son perseguidos por su fe como ella no corren la misma suerte, el mundo les da la espalda.

Observo una actitud general de silencio ante este tipo de persecuciones. Y lo observo por distintos motivos. En el mundo hay 200 millones de cristianos que sufren persecución cruenta y 50 millones que sufren otros tipos de persecución. No se me ocurre otro colectivo con estos niveles de persecución del que no se diga nada en los medios. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de los cristianos perseguidos?

Y esa persecución no es algo exclusivo del Pakistán. Se da también en nuestros días en muchos otros países: Egipto, Irak, Siria, Afganistán, Corea del Norte, Somalia, Sudán, Libia, India, Irán, Arabia Saudí, Nigeria, Uzbekistán y una larguísima lista de países.

Y tampoco es algo exclusivo de nuestro tiempo. Se ha dado desde que la Iglesia es Iglesia, es decir, hace más de 2000 años. Romanos, musulmanes, tiranos, emperadores, todos sin excepción la han perseguido.

La radicalidad de un testimonio de amor, paz y perdón que a los occidentales súper avanzados y modernos nos deja en evidencia y por ende se nos cae la cara de vergüenza

Existe una voluntad generalizada de no hablar de este tema. Voluntad que se traduce en una profunda ignorancia social. Prácticamente nadie conoce la realidad de más de 200 millones de personas perseguidas a diario en muchos países.

Y lo siento por el lector, pero no encontrará aquí el porqué de este silencio, lo desconozco, y sigo pensando en sus posibles causas mientras lucho por combatirlo.

Se me ocurren posibles motivos, eso sí, y tienen que ver con la radicalidad de esos cristianos perseguidos. Una radicalidad que Occidente no comprende y quizá por eso no explica. La radicalidad que supone estar dispuesto a perderlo todo por Cristo, sin reservas. Absolutamente todo. Y hacerlo con una sonrisa. Sufriendo mucho, pero con una sonrisa. Perdonando, incluso a aquellos que te han arrebatado lo que más quieres, a tu familia. La radicalidad de estar dispuesto a entregar tu vida por aquello en lo que crees, sin matices ni medias tintas.

La radicalidad de un testimonio de amor, paz y perdón que a los occidentales súper avanzados y modernos nos deja en evidencia y por ende se nos cae la cara de vergüenza. La radicalidad de ser creyente, y no solo decirlo a los 4 vientos, sino, sobre todo vivirlo, hasta las últimas consecuencias.

Quizá por eso Occidente no habla de este genocidio contemporáneo. Porque habiendo dado la espalda a todo lo que no entra en nuestra cabecita, resulta complicado explicar algo tan grande, tan increíble, tan real, que interpela con tanta fuerza a nuestra conciencia.

Y es genial que historias como la de Asia Bibi, madre de 5 hijos, después de 8 años de cautiverio, haya saltado a la palestra. Ha sido absuelta, pero aún corre peligro su vida y la de los que la han ayudado, a la espera de que pueda salir de Pakistán. El mundo ha visto la punta del iceberg, ahora toca sacar agua del océano o sumergirse en él para que vea el iceberg entero.

Jaume Vives - 06/11/2018 - Actuall