lunes, 28 de septiembre de 2020

EL PADRENUESTRO EXPLICADO



P. Decid el Padrenuestro. 
R. Padre nuestro, etc. 
P. ¿Quién ordenó la oración del Padrenuestro? 
R. El mismo Cristo a petición de los Apóstoles. 
P. ¿Para qué la ordenó? 
R. Para enseñarnos a orar. 
P. ¿Qué cosa es orar? 
R. Levantar el alma a Dios y pedirle mercedes. 
P. ¿Por qué nos enseña el Señor a llamarle Padre? 
R. Porque le pidamos con afecto de hijos. 
P. ¿Cómo lo somos? 
R. Por el ser que de Él hubimos de naturaleza y gracia. 
P. ¿Por qué decimos nuestro? 
R. Porque como buenos hermanos, pidamos todos para todos. 
P. ¿Cuándo decís Padre nuestro con quién habláis? 
R. Con Dios nuestro Padre. 
P. ¿Dónde está Dios nuestro Padre? 
R. En todo lugar, por esencia, presencia y potencia. Es necesario advertir la presencia de Dios, cómo nos mira en todo lugar y tiempo, y el recato y modestia con que debemos estar delante de Él. 
P. ¿Pues por qué decís, que está en los cielos? 
R. Porque en ellos se manifiesta más particularmente. 
P. ¿Qué peticiones contiene el Padrenuestro? 
R. Siete, dispuestas con muy grande orden. 
P. ¿Con qué orden? 
R. Las tres primeras pertenecen al honor de Dios, y las otras cuanto al provecho del prójimo y nuestro. 
P. ¿Qué pedimos en ellas? 
R. Abundancia de todos los bienes, y remedio de todos los males. 
P. ¿Qué pedís diciendo: Santificado sea tu nombre? 
R. Que sea tenido en reverencia, y alabado. 
P. ¿Qué pedís diciendo: Venga a nos el tu reino? 
R. Que reine en nosotros por gracia y después nos dé la gloria. 
P. ¿Qué pedís diciendo: hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo? 
R. Que la hagan los hombres entera y prontamente, como los Ángeles. 
P. ¿Qué pedís diciendo: EI pan nuestro de cada día dánosle hoy? 
R. Todo lo que es sustento necesario de cuerpo y alma. 
P. ¿Por qué le pedís para hoy limitadamente? 
R. Por quedar necesitados a pedir lo mismo para mañana. 
P. ¿Qué pedís diciendo: Perdónanos nuestras deudas? 
R. Perdón de culpas y penas, debidas por ellas. 
P. ¿Por qué añadís: Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores? 
R. Porque no perdonará Dios al que a otro no perdona. 
P. ¿Qué pedís, diciendo: No nos dejes caer en la tentación? 
R. Que no nos permita darle consentimiento (a las tentaciones). 
P. ¿De cuál mal pedís que os libre, diciendo: Mas líbranos de mal? 
R. Del demonio y del infierno, y de casos desastrosos. 

 P. Jerónimo de Ripalda

domingo, 27 de septiembre de 2020

IMPORTANTE NOMINACIÓN



El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este sábado a su nominada a cubrir la vacante que dejó en la Corte Suprema de Estados Unidos la muerte de Ruth Bader Ginsburg. 

En un evento celebrado en el Rose Garden de la Casa Blanca, Trump presentó a la jueza Amy Coney Barrett, que, de ser confirmada por el Senado, se convertirá en el tercer integrante del la Corte elegido por el presidente, después de los nombramientos de Neil Gorsuch en 2017 y Brett Kavanaugh en 2018.

"Tengo el honor de nominar a una de las mentes legales más brillantes y talentosas de nuestra nación a la Corte Suprema. Es una mujer de logros incomparables, intelecto sobresaliente, admirables credenciales y una firme lealtad a la Constitución: la jueza Amy Coney Barrett". 

Ante un grupo de invitados entre los que estaba la familia de Barrett, Trump elogió a su nominada como una "académica y jueza estelar". 

Fuente: BBC

sábado, 26 de septiembre de 2020

ORACIÓN DE DESAGRAVIO

Con profundo dolor sentimos que tantos hombres redimidos por ti, se olvidan y te ofenden; que en tantos Sagrarios estés solitario y en tantos hogares no seas invitado.

Nosotros arrepentidos de nuestros pecados, queremos en la medida de nuestras fuerzas hacerte compañía por cuantos te abandonan y comprometer contigo nuestra vida, como ofrenda y desagravio a tu Corazón pleno de amor hacia nosotros.

Santa María, Madre nuestra confiamos en tu Inmaculado corazón que nos alcances gracias para preservar en la fe, animados por la esperanza y vivir la caridad, como satisfacción de todos nuestros pecados para la salvación del mundo.

Por todas las  blasfemias, sacrilegios, profanaciones de fiestas, que se cometen contra el nombre de Dios y sus templos.

Perdón Señor, perdón.

Por todos los ataques a la Iglesia, persecuciones y propaganda de ateísmo.

Perdón Señor, perdón.

Por todas las opresiones de gobiernos, de esclavitud,  delincuencia; y todas las injusticias laborales, familiares, sociales.

Perdón Señor, perdón.

Por toda la inmoralidad y corrupción; en el trabajo profesional, en la política, en las relaciones, espectáculos, diversiones, modas, lecturas, bebidas, drogas.

Perdón Señor, perdón.

Por todos los pecados de escándalo y de respeto humano, de inmoralidad y pornografía en el cine, en los periódicos, en internet y en la televisión.

Perdón Señor, perdón.

Por todos los pecados contra la santidad de la familia y contra la vida y el amor fraterno.

Perdón Señor, perdón.

Por lo sacerdotes indignos, por los políticos prepotentes y mentirosos, por todos los abusos de autoridad.

Perdón Señor,  perdón. 

Por todos los que abandonan, los que desprecian el Magisterio de la Iglesia y por todos los falsos profetas.

Perdón Señor, perdón.

Por quienes apostatan de la Iglesia Católica, por quienes se suman a las sectas y falsas religiones, por quienes profesan herejías, por los falsos pastores que disfrazados con piel de oveja conducen al rebaño fuera del aprisco y las enseñanzas de Cristo. 

Perdón Señor, perdón.

Cristo Jesús, pedimos en especial a tu Corazón que concedas gracias abundantes a los más necesitados, y que nunca permitas que nos apartemos de ti, para permanecer siempre fieles a la doctrina y a la moral católica, y así perseverar hasta el fin de nuestra vida para alcanzar la salvación eterna. 

Amén.

viernes, 25 de septiembre de 2020

«MIRANDO AL CIELO». Sobre la vida de San José Sánchez del Río



México 1928; plena guerra cristera.
Miguel Sánchez del Río, joven de dieciséis años y ya alistado en las tropas de Cristo Rey contra el tiránico gobierno de Calles, irrumpe al terminar una misa clandestina en el sótano de una casa. Pide permiso al sacerdote para hablar y, concedido, recorre con la mirada aquellas caras de tantos años:
“— Será mejor que vaya al punto y no me ande con rodeos. He venido hasta aquí arriesgando mi vida para poder decirles a todos ustedes que Jesucristo los necesita, que necesita a los hombres de esta comunidad para que se unan a esta lucha armada en defensa de la fe.
—¡Miguel! no creo que sea ni el lugar, ni el momento para que vengas con esas peticiones. Acabamos justamente de ofrecer la Santa Misa por las almas de los dos desdichados que se encuentran pendiendo del árbol de la plaza ¿y tú vienes a pedir hombres para la guerrilla?

Al escuchar aquellas palabras de Miguel, el sacerdote se levanta de forma apresurada y le llama la atención. —Padre… —responde Miguel con respeto— las almas de los dos hombres de la plaza seguramente ya están en el Cielo, pero ¿qué podríamos decir de las almas de cada uno de nosotros que nos encontramos aquí todavía?
—Es verdad, señor, la Iglesia nunca nos ha pedido tomar las armas, tiene usted razón… pero hasta donde yo sé, la Iglesia siempre ha llamado a sus fieles a defender la fe. Ahora dígame usted, señor, ¿de qué forma la está defendiendo usted? — después de las palabras de Miguel, se escucha un ligero murmullo y el hombre de negro sin tener las palabras para contestar toma asiento nuevamente.

Almas llenas de miedo que se achican tan solo de pensar en tener que salir a luchar por la Iglesia de Jesucristo. Almas que se encogen por el miedo en lugar de crecer con la fe. Un hombre vestido de negro acompañado de su familia se levanta molesto por la insinuación de Miguel. -¡Mira, muchacho! ¡La Iglesia nunca nos ha pedido tomar las armas!… Don Arturo, hombre rico y respetado por todos en el pueblo, se levanta y toma la palabra.
—¡No, muchacho! no estoy dudando del poder de Dios, simplemente no creo que Dios nos pida que dejemos nuestras familias para perder la vida en una lucha que no podemos ganar —don Arturo toma asiento satisfecho apretando la mano de su mujer.

—Mira, muchacho, ¡los colgados de la plaza bien podríamos ser cualquiera de nosotros! y contestando a lo que nos estás pidiendo, pienso que aunque todos los que nos encontramos en esta bodega tomáramos las armas, ¡jamás podríamos derrotar al Gobierno! —Tal vez no, don Arturo… —contesta Miguel— pero no se olvide de una cosa, estamos luchando por Dios y nunca debiéramos dudar de su poder.
—Perdóneme, don Arturo, —interviene María— dar la vida por Dios no es perderla, como usted lo afirma, ¡es ganarla! —se hace un silencio ante la intervención de María quien después de unos segundo continúa— ¿cuántas veces hemos escuchado y hemos afirmado cada uno de nosotros que tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas? Usted mismo, padre, cuántas veces nos ha predicado que la venida de Jesús a la tierra no fue para traer la paz, sino la guerra y precisamente ahora, cuando más nos necesita ¿todo quedará en palabras? ¿Esta es la clase de hombres y mujeres que deseamos ser? — María se da cuenta de que los presentes evitaban su mirada y continúa. — Tres de mis hijos luchan en las montañas gritando: ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! ¿y saben por qué…? porque sus voces rompen el silencio que nosotros ahogamos, en nuestras gargantas. ¿Cuánto tiempo más tendremos que esperar para tener el valor y darle una respuesta coherente y comprometida a Dios? —la gente sabía que las palabras de María tenían el peso de una madre con tres hijos luchando por Jesucristo en una guerra, por tal motivo, cada una de esas palabras penetraba como una daga en el corazón de los presentes.
Miguel se acerca a su madre y la abraza para dirigirse con ella hacia la puerta. De pronto se escucha la voz de un joven que se pone de pie. —Voy contigo, Miguel… Otro señor sentado en la parte de atrás de la asamblea se levanta y ante la oposición de su esposa, quien intentaba detenerlo, dice: —¡Apúntame a mí también, muchacho!… Y uno a uno, incluyendo al hombre de negro y a don Arturo, se fueron poniendo de pie” (1) * * * La novela histórica siempre ha sido un modo excelente de allegarse a la realidad de los hechos pasados; pues al ser narrado, “contado”, nos llega más rápida y profundamente al corazón. Y si poseen una base documental seriamente utilizada, pues mejor. El texto que antecede a estas líneas es uno de ellos y corresponde al pequeño libro de Antonio Peláez (Mirando al Cielo, Talitakum, Buenos Aires 2019, 178 pp.) que nos fuera obsequiado por la novel editorial que lo publicó. Versa acerca de la vida obra y martirio de San José Sánchez del Río, el joven cristero mexicano asesinado inicuamente allá por 1928, cuando México padecía esa tremenda guerra fratricida, hoy silenciada. El libro, basado en las actas del proceso canónico que llevó a “Joselito” a la gloria de los altares es una delicia de lectura; ameno, sencillo y con gran rigor histórico y doctrinal, a pesar de ser una novela, resulta ser la base de una película que, en breve, saldrá a la luz con homónimo título.

El texto se lee de un tirón, como quien dice, y narra los años de aventura en que los tres hermanos Sánchez del Río se unen a la Guardia Nacional, las tropas cristeras, con el fin de defender la Fe que habían recibido de sus padres a partir de la confesión que Rafael Picazo, padrino del mártir, hizo antes de morir, arrepentido y con los sacramentos, por haber mandado a matar a José, luego de torturarlo a golpes y desollarle las plantas de los pies haciéndolo caminar hasta su propia tumba. Una historia en la que no falta el amor, el heroísmo y las virtudes cristianas. Dios quiera que muchos puedan leer este trabajo, altamente recomendable para jóvenes y adultos que desean ver cómo, en otros tiempos, los católicos daban la vida por Cristo.

(1) Antonio Peláez, Mirando al Cielo, Talitakum, Buenos Aires 2019, 86-88. Fuente: Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi, SE

jueves, 24 de septiembre de 2020

INCLINA MI CORAZÓN A TUS PRECEPTOS por San Roberto Belarmino 


 "Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia; ¿quién, que haya empezado a gustar, por poco que sea, la dulzura de tu dominio paternal, dejará de servirte con todo el corazón? ¿Qué es, Señor, lo que mandas a tus siervos? Cargad –nos dices– con mi yugo. ¿Y cómo es este yugo tuyo? Mi yugo –añades– es llevadero y mi carga ligera. ¿Quién no llevará de buena gana un yugo que no oprime, sino que halaga, y una carga que no pesa, sino que da nueva fuerza? Con razón añades: Y encontraréis vuestro descanso. ¿Y cuál es este yugo tuyo que no fatiga, sino que da reposo? Por supuesto aquel mandamiento, el primero y el más grande: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón. ¿Que más fácil, más suave, más dulce que amar la bondad, la belleza y el amor, todo lo cual eres tú, Señor, Dios mío? 

 ¿Acaso no prometes además un premio a los que guardan tus mandamientos, más preciosos que el oro fino, más dulces que la miel de un panal? Por cierto que sí, y un premio grandioso, como dice Santiago: La corona de la vida que el Señor ha prometido a los que lo aman. ¿Y qué es esta corona de la vida? Un bien superior a cuanto podamos pensar o desear, como dice san Pablo, citando al profeta Isaías: Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman. 

En verdad es muy grande el premio que proporciona la observancia de tus mandamientos. Y no sólo aquel mandamiento, el primero y el más grande, es provechoso para el hombre que lo cumple, no para Dios que lo impone, sino que también los demás mandamientos de Dios perfeccionan al que los cumple, lo embellecen, lo instruyen, lo ilustran, lo hacen en definitiva bueno y feliz. Por esto, si juzgas rectamente, comprenderás que has sido creado para la gloria de Dios y para tu eterna salvación, comprenderás que éste es tu fin, que éste es el objetivo de tu alma, el tesoro de tu corazón. Si llegas a este fin, serás dichoso; si no lo alcanzas, serás un desdichado. 

Por consiguiente, debes considerar como realmente bueno lo que te lleva a tu fin, y como realmente malo lo que te aparta del mismo. Para el auténtico sabio, lo próspero y lo adverso, la riqueza y la pobreza, la salud y la enfermedad, los honores y los desprecios, la vida y la muerte son cosas que, de por sí, no son ni deseables ni aborrecibles. Si contribuyen a la gloria de Dios y a tu felicidad eterna, son cosas buenas y deseables; de lo contrario, son malas y aborrecibles." 

 Del tratado de San Roberto Belarmino sobre la ascensión de la mente hacia Dios. Grado 1: Opera omnia 6. 

_________________________________________ 

Oración 

 Señor, tú que dotaste a San Roberto Belarmino de santidad y sabiduría admirable para defender la fe de tu Iglesia, concede a tu pueblo, por su intercesión, la gracia de vivir con la alegría de profesar plenamente la fe verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

HACE 52 AÑOS MURIÓ EL PADRE PÍO



El Padre Pío nació en el seno de una sencilla, humilde y religiosa familia de agricultores, el 25 de mayo de 1887, en una pequeña aldea del sur de Italia, llamada Pietrelcina. 

A la edad de 15 años hizo su ingreso en el Noviciado de los Frailes Menores Capuchinos, en la localidad de Morcone. Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1910, en la Catedral de Benevento. Ocho años más tarde, el 20 de septiembre de 1918, aparecieron visiblemente las llagas de Nuestro Señor en sus manos, pies y costado izquierdo del pecho, haciendo del Padre Pío el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia. 

Fue heroico en su apostolado sacerdotal, que duró 58 años. Grandes multitudes, de todas las nacionalidades, pasaron por su confesionario. Las conversiones fueron innumerables.

A través de sus cartas al confesor, se descubren insospechables y tremendos sufrimientos espirituales y físicos, seguidos de dicha inefable, fruto de su íntima y continua unión con Dios y de su ardiente amor por la Eucaristía y por la Santísima Virgen. 

El Señor lo llamó al premio celestial el 23 de septiembre de 1968. El Padre Pío fue sepultado en la cripta del Santuario de Ntra. Sra. de las Gracias, en San Giovanni Rotondo, meta de un número cada vez mayor de peregrinos de todo el mundo. 

 Padre Pío, ruega por nosotros.

lunes, 21 de septiembre de 2020

EL CULTO EXTERNO DEBE SER UNA EXPRESIÓN DEL CULTO INTERNO

Últimamente se habla mucho de la importancia de la actitud interior y del culto interno. Sobre todo en la modestia y en la manera de recibir la comunión (el Cuerpo de Cristo en la hostia consagrada). Se deja a un lado la importancia y necesidad de lo EXTERNO sin comprender que este aspecto complementa y ayuda significativamente a la disposición interna.

Algunos creyendo que no es importante o no es TAN necesario lo externo, y lo que es peor, haciendo JUICIOS temerarios contra quienes luchan por lo externo, consideran que éstos son unos fariseos por preocuparse por la modestia externa en el vestir, y/o el modo de recibir a nuestro Señor al comulgar en la boca y de rodillas. Caen, así, en juicios temerarios graves, ya que el interior de las personas y sus intenciones no se conocen y por lo mismo no deben juzgarse. El interior no se ve, pero el exterior vaya que sí. De hecho lo interno se refleja en lo EXTERNO como Cristo señala en el ejemplo del fariseo y el publicano, donde el primero orgulloso y DE PIE se vanagloriaba de sus "cualidades" y "perfecciones", mientras que el publicano DE RODILLAS se manifestaba humildemente como un gran pecador. Como se ve en este caso, la actitud interna se mostraba y correspondía también con la externa. Como se sabe, quien salió justificado del templo fue el publicano.

Incluso, muchos santos han explicado la correspondencia que existe entre la actitud externa e interna, pues una ayuda a la otra y, a su vez, es una manifestación de lo más importante que es nuestra intención última y genuina. De aquí lo importante que es resaltar lo que nos manda la Iglesia que no solo señala la necesidad de un culto interno, sino también la de un correcto culto EXTERNO, pues ambos son necesarios para agradar a Dios como aquí lo veremos.

Qué nos dice el Catecismo Mayor de San Pío X:


352. ¿BASTA ADORAR A DIOS NADA MÁS QUE CON EL CORAZÓN, INTERIORMENTE?
- NO, no basta, SINO QUE ES NECESARIO ADORARLO TAMBIÉN EXTERIORMENTE, CON EL ESPÍRITU Y EL CUERPO, porque es Creador y Señor absoluto del uno y del otro. 353.¿Cómo se cumple el primer mandamiento? – El primer mandamiento se cumple con el ejercicio del culto interno y EXTERNO.
Y con respecto a la Eucaristía y forma de comulgar veamos qué dice el mismo catecismo: 623.- ¿DÉBESE ADORAR LA EUCARISTÍA? - La Eucaristía debe ser ADORADA DE TODOS, PORQUE CONTIENE VERDADERA, REAL Y SUSTANCIALMENTE AL MISMO JESUCRISTO SEÑOR NUESTRO. 638.- ¿Qué quiere decir: Comulgar con devoción? - Comulgar con devoción quiere decir acercarse a la sagrada Comunión con humildad y MODESTIA, así en la persona como en el VESTIDO, prepararse antes y dar gracias después de la sagrada comunión. 643.- ¿Cómo hemos de estar en el acto de recibir la Sagrada Comunión? - En el acto de recibir la Sagrada Comunión hemos de estar ARRODILLADOS, tener la cabeza medianamente levantada, los ojos modestos y vueltos a la Sagrada Hostia, la BOCA suficientemente abierta y la lengua un poco fuera sobre el labio. (Catecismo mayor papa san Pío X) Como vemos se habla de la necesidad tanto de lo interno como de lo EXTERNO, pues ambos aspectos se complementan.

¿Qué nos dice la encíclica Mediator Dei del papa Pío XII de la importancia y necesidad de lo interno y EXTERNO ?


"II. La liturgia, culto interno y externo A) Es culto externo
33. Todo el conjunto del culto que la Iglesia tributa a Dios debe ser interno y externo. Es externo, porque lo pide la naturaleza del hombre, compuesto de alma y de cuerpo; porque Dios ha dispuesto que, «conociéndole por medio de las cosas visibles, seamos llevados al amor de las cosas invisibles»[26], porque todo lo que sale del alma se expresa naturalmente por los sentidos; además, porque el culto divino pertenece no sólo al individuo, sino también a la colectividad humana, y, por consiguiente, es necesario que sea social, lo cual es imposible, en el ámbito religioso, sin vínculos y manifestaciones exteriores; y, finalmente, porque es un medio que pone particularmente en evidencia la unidad del Cuerpo místico, acrecienta sus santos entusiasmos, consolida sus fuerzas e intensifica su acción; «aunque, en efecto, las ceremonias no contengan en sí ninguna perfección y santidad, sin embargo, son actos externos de religión que, como signos, ESTIMULAN EL ALMA a la veneración de las cosas sagradas, ELEVAN LA MENTE a las realidades sobrenaturales, NUTREN LA PIEDAD, FOMENTAN LA CARIDAD, ACRECIENTAN LA FE, robustecen la devoción, instruyen a los sencillos, adornan el culto de Dios, conservan la religión y distinguen a los verdaderos cristianos de los falsos y de los heterodoxos»".

¿Qué dicen los Santos?


San Francisco de Asís decía : “Predica en todo momento y habla cuando sea necesario”. Que quiere decir esto? Que con lo externo se predica en TODO momento, y las palabras se usan solo cuando es necesario. Es decir, lo externo habla más que las palabras, incluso lo interno se refleja en lo externo.
Por algo dicen: las palabras conmueven, pero el ejemplo arrastra.
Decía san Jerónimo: “Ya sea que debamos hablar cómo vestimos, o vestirnos cómo hablamos. ¿Por qué profesar una cosa y demostrar otra? La lengua habla de castidad, pero todo el cuerpo revela impureza”. (Esto es cuando hay contradicción entre lo interno y lo externo, porque ambas deben ir de la mano, o seríamos hipócritas, como los fariseos. Muchos ignorantes creen que sólo lo interno basta y que no es necesario demostrar con obras externas lo que enseñamos). “El ser descuidados EXTERNAMENTE ES UN SIGNO DE DESCUIDO INTERIOR” San Benito "La honra de los Ministros de Cristo es seguir a su Señor, no sólo en lo interior, sino también EN LO EXTERIOR". - San Juan de Ávila.

Por último, la doctrina católica se explica muy bien en La Religión Demostrada del Padre Hillarie:


NATURALEZA DE LA RELIGIÓN: CULTO INTERNO, EXTERNO Y PÚBLICO
66. P. ¿Cuáles son los elementos esenciales de toda religión?
R. Hay tres elementos esenciales que integran el fondo de toda religión. Todas tienen verdades que creer, leyes que guardar y un culto que rendir a Dios. Tres palabras expresan estos tres elementos: dogma, moral y culto.
La religión es el conjunto de los deberes del hombre para con Dios. El hombre debe a su Creador el homenaje de sus diferentes facultades. Debe emplear su inteligencia en conocerle, su voluntad, en conservar sus leyes, su corazón y su cuerpo, en honrarle con un culto conveniente. Tal es la razón íntima de estos tres elementos esenciales de toda religión.
67. P. ¿Cómo manifiesta el hombre su religión?
R. Las relaciones del hombre con Dios deben traducirse por sentimientos interiores y por actos exteriores, que toman el nombre de culto.
El culto es el homenaje que una criatura rinde a Dios. Consiste en el cumplimiento de todos sus deberes religiosos.
Hay tres clases de cultos: el culto interno, el externo y el público o social. Estos tres cultos son necesarios.
La religión no es una ciencia puramente teórica; no basta reconocer la grandeza de Dios y los lazos que nos unen a Él: debe haber, de parte del hombre, un homenaje real de adoración, de respeto y de amor hacia Dios: eso es el culto. Debemos honrar, respetar a todas las personas que son superiores a nosotros, ya por sus méritos, ya por su dignidad, ya por su poder. El culto es el honor, el respeto, la alabanza que debemos a Dios. El culto, pues, no es otra cosa que el ejercicio o la práctica de la religión que ciertos autores definen: El culto de Dios.
1° El culto interno consiste en los homenajes de adoración, de amor, de sumisión que nuestra alma ofrece a Dios, sin manifestarlos exteriormente por actos sensibles. Este culto interno constituye la esencia misma de la religión; por consiguiente, es tan necesario y tan obligatorio como la religión misma. Un homenaje exterior cualquiera, que no dimane de los sentimientos del alma, no sería más que una demostración hipócrita, un insulto más que un homenaje. Dios es espíritu, y ante todo, quiere adoradores en espíritu y en verdad. El primer acto de culto interno es hacer todas las cosas por amor de Dios; referirlo todo a Dios es un deber, no sólo para las almas piadosas, sino también para todos los hombres que quieran proceder de acuerdo con las leyes de la razón, porque ésta nos dice que, siendo servidores de Dios, debemos hacerlo todo para su gloria.
2° El culto externo consiste en manifestar, mediante actos religiosos y sensibles, los sentimientos que tenemos para con Dios. ES LA ADORACIÓN DEL CUERPO, que junta las manos, se inclina, se prosterna, se arrodilla, etc., para proclamar que Dios es el Señor y Dueño. Así, la oración vocal, el canto de salmos e himnos, las posturas y ademanes suplicantes, las ceremonias religiosas, los sacrificios son actos de culto externo. Estos actos suponen los sentimientos del alma, y son con relación a Dios, las señales de respeto y de amor que un hijo da a su padre.
3° El culto público no es más que el culto externo rendido a Dios, no por un simple particular, sino por una familia, por una sociedad, por una nación. Este es el culto social. Ciertos deístas pretenden elevarse por encima de las preocupaciones populares, no aceptando más culto que el del pensamiento y del sentimiento, ni más templo que el de la naturaleza. Tienen, según ellos, la religión en el corazón, y rechazan como inútil todo culto externo y público. Nada más falso que esta teoría, conforme se probará en las dos siguientes preguntas.
68. P. ¿Es necesario el culto externo? R. Sí; el culto externo es absolutamente necesario por varios motivos:

1° El cuerpo es obra de Dios como el alma; es junto, por tanto, que el cuerpo tome parte en los homenajes que el hombre tributa a Dios.
2° El hombre debe rendir a Dios un culto conforme con su propia naturaleza; y como es natural al hombre expresar, mediante signos sensibles, los sentimientos interiores que experimenta, el culto externo es la expresión necesaria del culto interno.
3° El culto externo es un medio de sostener y desarrollar el interno. A no ser por las exterioridades de la religión y sus prácticas, la piedad interior desaparecería y nuestra alma no se uniría nunca a Dios.

a) Mediante el culto externo, el hombre rinde homenaje de la Creación entera, cuyo pontífice es. Se prosterna para adorarle, edificando iglesias, adornando santuarios, el hombre asocia la materia al culto del espíritu y, por su intermedio, la creación material rinde a su Criador un legítimo homenaje.

b) El culto externo es natural al hombre. Éste, como hemos visto, es un compuesto de dos substancias, tan estrechamente unidas entre sí, que no puede experimentar sentimientos íntimos sin manifestarlos exteriormente. La palabra, las líneas del rostro, los gestos expresan naturalmente lo que sucede en su alma. El hombre no puede, pues, tener verdaderos sentimientos religiosos que vayan dirigidos a Dios, si no los manifiesta por medio de oraciones, cánticos y otros actos sensibles. El hombre que vive sin religión exterior, demuestra, por eso mismo, que carece de ella en su corazón. ¿Qué hijo, penetrado de amor y de respeto para con sus padres, no manifiesta su piedad filial?...
c) Hay más todavía: el culto externo es un medio eficaz para desarrollar el culto interno. El alma, unida al cuerpo, lucha con grandísimas dificultades para elevarse a las cosas espirituales sin el concurso de las cosas sensibles. Ella recibe las impresiones de lo exterior por conducto de los sentidos. La belleza de las ceremonias, los emblemas, el canto, etc., contribuyen a despertar y avivar los sentimientos de religión. Que un hombre deje de arrodillarse ante Dios, que omita la oración vocal, que no frecuenta la iglesia, y bien pronto dejará de tener religión en su alma. Lo averigua la experiencia. Con razón se ha dicho: “Querer reducir la religión a lo puramente espiritual, es querer relegarla a un mundo imaginario”.

sábado, 19 de septiembre de 2020

SIN CONFESIÓN, DE ABISMO EN ABISMO

 


 "El católico, alejado de la confesión y abandonado a sí mismo, camina de abismo en abismo y cual débil planta sin protección, expuesta a la fuerza de los vientos, llega a los más deplorables excesos".

 San Juan Bosco

viernes, 18 de septiembre de 2020

UNA VERDAD QUE COMÚNMENTE OLVIDAN MUCHOS CATÓLICOS


Al errado de buena fe hay que atraerlo de un modo correcto, pero sin menoscabo de la integridad de nuestra fe; pues logra más una gota de miel que un jarro de hiel. La verdad dicha con sabor a acíbar siempre será rechazada. Un celo amargo nunca dará un buen resultado. No se debe ocultar parte de la verdad para agradar, sino decirla íntegra -cuantas veces sea conveniente- pero de manera tal que convenza. Quien así la rechace, será responsable ante Dios. De otra forma, el responsable serás tú.