viernes, 18 de octubre de 2019

LA FE TIENE QUE SER ÍNTEGRA


 "Es evidente que quien se adhiere a la enseñanza de la Iglesia como regla infalible presta su asentimiento a todo cuanto enseña la Iglesia. De lo contrario, si de las cosas que enseña la Iglesia admite las que quiere y excluye las que no quiere, no asiente a la enseñanza de la Iglesia como regla infalible, sino a su propia voluntad. Así, es del todo evidente que el hereje que de manera pertinaz rechaza un solo artículo no está preparado para seguir en su totalidad la enseñanza de la Iglesia (estaría, en realidad, en error y no sería hereje si no lo rechaza con pertinacia). Es, pues, evidente que el hereje que niega un solo artículo no tiene fe respecto a los demás, sino solamente opinión, que depende de su propia voluntad".

Santo Tomás de Aquino

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jueves, 17 de octubre de 2019

EL PATRIARCADO "CATÓLICO" BIZANTINO FORMALIZA SU CISMA


El patriarca Elías, del Patriarcado "Católico" Bizantino que el 6 de junio de 2015, sin ninguna autoridad dizque "canonizó" al precursor del protestantismo, Juan Huss, cuyas herejías fueron condenadas por la Iglesia Católica, ahora acaba de formalizar su cisma al dizque elegir -en unión con sus obispos seguidores- un nuevo "Papa", siendo que dicho Patriarcado tiene el mismo poder que una Asociación de Abarroteros para elegir a un Vicario de Cristo para la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. 

El supuesto elegido es el arzobispo Viganó, que seguramente no aceptará el falso nombramiento, pero que en caso contrario incurriría en cisma al convertirse en Antipapa.

A continuación damos el enlace de la cismática dizque "canonización" del hereje Juan Huss: https://youtu.be/WoTdDD8Ube8

Pedimos a Cristo, Nuestro Señor, que en estos tiempos de confusión ningún católico fiel a la Iglesia y a su Tradición sea atrapado en las redes cismáticas de ese Patriarcado para que, de este modo, persevere, hasta el final, en la única arca de salvación: la Iglesia Católica Romana.

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miércoles, 16 de octubre de 2019

EL ABANDONO EN LOS BRAZOS DEL PADRE


“Como el sol ilumina al mismo tiempo los grandes cedros y cada pequeña flor, como si cada una estuviese sola sobre la tierra, así nuestro Señor se ocupa de cada alma en particular, con tanto amor, como si fuese la única en el mundo.

"Y como en la naturaleza las estaciones están reguladas de modo de hacer abrir en el momento establecido también a la más humilde flor del prado, así todo es regulado de modo para corresponder al bien de cada alma.

“La santidad no está en tal o cual práctica, ella consiste en la disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestras debilidades y confiando hasta la audacia en su bondad de Padre.

"Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina. Ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en los brazos de su padre.

"Mi caminito es el camino de una infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta."

Santa Teresita de Lisieux

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martes, 15 de octubre de 2019

15 OCTUBRE - SANTA TERESA DE ÁVILA


Nació en Ávila en 1515, Dios la dotó de talento, juicio y grandeza de alma maravillosos. Su gran espíritu de mortificación, su deseo extraordinario de sacrificio, su ardiente amor de Dios, sus gracias místicas, su mismo carácter noble y generoso han hecho de la reformadora de la Orden del Carmelo, una figura excelsa, para la cual la oración en la gran arma de conciliación entre Dios y la humanidad pecadora. En medio de las vicisitudes y contrariedades de su vida de fundadora y reformadora, escribió obras admirables de teología mística, que aun en lo humano son obras maestras. Tiene además otro título de gloria; el haber promovido el culto a San José que tuvo gracias a ella un gran incremento. Murió en Alba de Tormes en 1582.

Ingresó en Ávila en España en la Orden Carmelita y llegó a ser madre y maestra de una estricta observancia, dispuso en su perfeccionamiento espiritual bajo el aspecto de un ascenso para las grandes almas de Dios; por la reforma de su Orden sufrió muchas tribulaciones, que superó con ánimo invicto; también escribió libros llenos de alta doctrina y cargados de su profunda experiencia. 

Nació en Ávila, en el seno de una familia hidalga con ascendencia judía. Se llamaba Teresa de Cepeda y Ahumada. Con siete años, buscando ser "descabezada por Cristo" intentó huir a tierra de moros con su hermano Rodrigo. Con trece años, quedó huérfana de madre, y tomó a la Virgen por "Madre para siempre". Muy aficionada a los libros de caballerías, coqueta, según nos dice, y "enemiga de ser monja". Ya con 21 años decidió hacerse religiosa. "Cuando salí de casa de mi padre...., del sentimiento me parece que cada hueso se apartaba de por sí... En tomando el hábito, luego me dio el Señor a entender cómo favorece a los que se hacen fuerza para servirle...". En 1536, recibió el hábito en el Carmelo de la Encarnacion de Ávila. El Carmelo la decepcionó por sus blanduras, cayó muy enferma (estuvo a punto de ser enterrada viva) se quedó paralítica durante tres años y después de sanar, gracias a la intercesión de san José, prosiguió un penoso camino de arideces, tentaciones e incomprensiones que fueron edificando su alma, pero hasta los 40 años, su vida fue bastante mediocre. En 1557, después de un encuentro con una “imagen del Cristo muy llagado” llegó su conversión.

Extraordinariamente dotada de ingenio y grandeza de alma, vivió la unión más intensa con Dios y el afán permanente de hacer siempre lo más perfecto, "Nuestro Señor, pide y ama a las almas con coraje y humildes." Fue incomprendida por sus confesores, menos por san Francisco de Borja, que le animó y aseguró que todo lo que le sucedía es “espíritu de Dios” y san Pedro de Alcántara que le animó y confortó. Y así cumplió su misión de reformar en su primer espíritu la Orden del Carmen. 

Cuando quiso reformar la orden carmelitana era ya una mujer madura, con hondas experiencias místicas que le dieron aliento para sus constantes viajes por toda España (a ella no le gustaba nada viajar), afrontando luchas y persecuciones, quebrantada salud y "sin ninguna blanca", pero inflexible en su propósito, porque "nunca dejará el Señor a sus amadores cuando por solo Él se aventuran". Su visión reformadora despertó algunas inquietudes en sus superiores (el Nuncio apostólico la condenó, llamándola "fémina inquieta y andariega, desobediente...”) a causa de los movimientos pseudo místicos del tiempo (especialmente como cómplice de los "alumbrados"), y también por el hecho de que numerosos sacerdotes habían abrazado ese proyecto de reforma espiritual. Al convento de San José de Ávila seguirán otras 16 fundaciones. Defendida en Roma por san Juan de Ávila, por el padre Bañez y por la misma corte de Madrid, pese a la continua oposición a sus nuevas fundaciones, que llevó a la separación de las carmelitas descalzas, de las calzadas, confortada por su consejero espiritual san Juan de la Cruz, Teresa pudo realizar su itinerario místico. 

Escribió numerosas obras: su “Vida”, el “Camino de Perfección”, “Las moradas del alma” (o “Castillo interior”) y otros escritos pedagógicos y líricos inspirados por la mística. Logró llevar a cabo su reforma en todas las nuevas fundaciones dentro de la plena fidelidad al espíritu postridentino. Vivió en la oración las experiencias tristes y gozosas de su tiempo: la reforma católica, los días de Lepanto, los acontecimientos de España, la evangelización de América, recién descubierta. Decía de sí misma: "Teresa sin la gracia de Dios es una pobre mujer. Con la gracia de Dios, una fuerza. En uno de sus viajes, enferma, con 40º de fiebre, debe alzarse para fundar, tiene herida una pierna. Y el carro donde camina, bajo la lluvia, se le rompe una rueda, todos al suelo, al barro, al agua. "Señor después de tantos enojos, ¿era necesario este percance?. -Teresa, yo trato así a mis amigos. - Oh, Dios mío, ahora entiendo por qué tienes tan pocos".  Y tras un despliegue de actividad murió extenuada en Alba de Tormes: "Tiempo es ya que nos veamos, Esposo mío... Te doy gracias, Señor, porque muero hija de la Iglesia”. 

Su canonización tuvo lugar en 1622 por el papa Gregorio XV.

Fuente: Catequesis Tradicional
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domingo, 13 de octubre de 2019

FÁTIMA, HACE 102 AÑOS


La Santísima Virgen María se apareció siete veces en Fátima, Portugal, a tres pastorcitos: Francisco, Lucía y Jacinta, entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917.
El 13 de septiembre, frente a una multitud de casi 30,000 personas, la Madre de Dios dijo a los niños que siguieran rezando el Rosario para pedir "por el fin de la guerra. En octubre, también se apareció Nuestro Señor, así como Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora del Carmen, y San José con el Niño Jesús, para bendecir al mundo". Luego, como respuesta a las miles de peticiones de curación, y para que la realidad de las apariciones fuera conocida por todos, la Santísima Virgen anunció que realizaría un gran milagro el mes siguiente. Antes de regresar al cielo, dijo: "En octubre, realizaré un milagro para que todos crean."
La última aparición de Nuestra Señora en Fátima tuvo lugar el 13 de octubre de 1917. Una enorme multitud de más de 50,000 personas acudió al lugar. Había muchos incrédulos, masones y socialistas entre la multitud conformada por peregrinos y espectadores curiosos.
El clima no era bueno, llovía con fuerza y el suelo de Cova da Iria estaba lodoso. Cuando la Virgen se apareció a los niños, la gente rezó el Rosario frente a ella. Como sucedía todas las veces, un cambio en la luz, visto por los testigos, anunció la aparición. Sobre la encina, la Virgen Inmaculada comenzó a dictar sus deseos, narrados fielmente por Lucía: "Quiero decirles que es mi deseo que se construya una capilla aquí en mi honor. Yo soy la Señora del Rosario. Sigan rezando el Rosario todos los días. La guerra está a punto de terminar, y los soldados regresarán pronto a sus hogares."
Los niños comenzaron a preguntarle sobre las múltiples peticiones de curación encomendadas a ellos por los fieles. "Algunos se curarán, y otros no. Deben enmendar sus vidas y pedir perdón por sus pecados. Ya no ofendan más a Nuestro Señor, porque ya está muy ofendido," dijo Nuestra Señora. Ésta es la esencia del mensaje de Fátima, junto con el remedio: la devoción al Corazón Inmaculado de María. Luego, Nuestra Señora se elevó y dirigió la luz que emanaba de sus manos hacia el sol, y todos voltearon hacia él.

La danza del sol

La lluvia se detuvo instantáneamente, las nubes desaparecieron y el cielo se despejó. Inesperada e inexplicablemente, todas las personas presentes pudieron mirar directamente al sol sin sentir ninguna molestia o incomodidad. Este milagro que desafiaba todas las leyes de la naturaleza provocó un gran silencio en la multitud. De pronto, el sol empezó a temblar con movimientos bruscos. Luego, comenzó a girar a una velocidad vertiginosa, lanzando llamas de luz de todos los colores del arcoíris. Parecía como si se dirigiera hacia la tierra zigzagueando con rápidos movimientos rotatorios, y la multitud empezó a llorar. Todos se arrodillaron, implorando al cielo. Finalmente, el sol se detuvo, y retomó su curso natural. Tras unos cuantos segundos, las ropas empapadas por la lluvia se habían secado completamente.
Más de 50,000 personas, creyentes y no creyentes, presenciaron este prodigio. Sin embargo, ningún observatorio astronómico lo registró, prueba de que se trató de algo preternatural. Los periodistas que se encontraban en el lugar contaron lo que sucedió. Incluso fue visto por personas que se encontraban a varios kilómetros de distancia de Fátima, lo que destruye la hipótesis de una ilusión óptica o una alucinación colectiva.
Avelino de Almeida publicó su testimonio el 15 de octubre de 1917, en el diario O Século. Siendo el editor en jefe de este periódico liberal y anticlerical, fue lo suficientemente honesto para escribir exactamente lo que había visto:

De repente se levanta un tremendo clamor y a los espectadores que estaban más cerca se les oye gritar: “¡Milagro, milagro! ¡Prodigio, prodigio!” Ante los ojos deslumbrados de aquellas personas, cuya actitud nos transportaba a los tiempos bíblicos y que, pálidos de asombro, con la cabeza descubierta, contemplaban el azul del cielo, el sol vibró; el sol hizo movimientos bruscos nunca vistos, contra todas las leyes cósmicas – “el sol bailó”, según la típica expresión de los campesinos. ¿Se trató en verdad de un milagro, como gritaba la gente? ¿Un fenómeno natural, como afirman los expertos? De momento, no me importa saber la respuesta, sólo cuento lo que vi.
 
En cuanto a los tres niños, ellos también pudieron admirar estas grandiosas visiones durante los pocos minutos que duró este milagro cósmico.
Junto al sol apareció por primera vez la Sagrada Familia: San José con Nuestra Señora y el Niño Jesús. San José bendijo al mundo, elevando su mano y haciendo la señal de la cruz. Luego, los niños vieron a Nuestra Señora de los Siete Dolores con Nuestro Señor Jesucristo, que nuevamente bendijo al mundo. Por último, Nuestra Señora del Carmen se apareció sola.
Así fue la última aparición de Nuestra Señora en Fátima, hace más de cien años, el 13 de octubre de 1917.

sábado, 12 de octubre de 2019

CATOLICISMO E HISPANIDAD por el cardenal Isidro Gomá



Con todo el bagaje espiritual, cuando, jadeante todavía España por el cansancio secular de las luchas con la morisma, pudo rehacer la patria rota en la tranquilidad apacible que da el triunfo, abordó en las costas de esta América, no para uncir el Nuevo Mundo al carro de sus triunfos, que eso lo hubiese hecho un pueblo calculador y egoísta, sino para darle la fe y hacerle vivir al unísono del sobrenaturalismo cristiano. Así quedamos definitivamente unidos, América y España, en lo más substancial de la vida, que es la religión.

Y esta es, americanos y españoles, la ruta que la Providencia nos señala en la historia: la unión espiritual en la religión del Crucificado. Un poeta americano nos describe el momento en que los indígenas de América se postraban por vez primera "ante el Dios silencioso que tiene los brazos abiertos": es el primer beso de estos pueblos aborígenes a Cristo Redentor; beso rudo que da el indígena "a la sombra de un añoso fresno", "al Dios misterioso y extraño que visita la selva", hablando con el poeta. Hoy, lo habéis visto en el estupor de vuestras almas, es el mismo Dios de los brazos abiertos, vivo en la Hostia, que en esta urbe inmensa, en medio de esplendores no igualados, ha recibido, no el beso rudo, sino el tributo de alma y vida de uno de los pueblos más gloriosos de la tierra. Es que este Dios, que acá trajera España, ha obrado el milagro de esta gloriosa transformación del Nuevo Mundo.

No hay otro camino. "Toda tentativa de unión latina que lleve en sí el odio o el desprecio del espíritu católico está condenada al mismo natural fracaso"; son palabras de Maurras, que no tiene* la suerte de creer en la verdad del catolicismo. Y fracasará (otro camino) porque la religión lo mueve todo y lo religa todo; y un credo que no sea el nuestro, el de Jesús y la Virgen, el de la Eucaristía y el papa, el de la misa y los santos, el que ha creado en el mundo la abnegación y la caridad y la pureza; todo otro credo, digo, no haría más que crear en lo más profundo de la raza hispanoamericana esta repulsión instintiva que disgrega las almas en lo que tienen de más vivo y que hace imposible toda obra de colaboración y concordia...

Catolicismo, que es el denominador común de los pueblos de raza latina: romanismo, papismo, que es la forma concreta, por derecho divino e histórico, del catolicismo, y que el positivista Comte consideraba como la fuerza única capaz de unificar los pueblos dispersos de Europa. Una confederación de naciones, ya que no en el plano político, porque no están los tiempos para ello, de todas las fuerzas vivas de la raza para hacer prevalecer los derechos de Jesucristo en todos los órdenes sobre las naciones que constituyen la hispanidad. Defensa del pensamiento de Jesucristo, que es nuestro dogma, contra todo ataque, venga en nombre de la "razón" o de otra religión...La misma moral, la moral católica, que ha formado los pueblos más perfectos y más grandes de la historia; porque las naciones lo son, ha dicho Le Play, a medida que se cumplen los preceptos del Decálogo. Los derechos y prestigio de la Iglesia, el amor profundo a la Iglesia y a su cabeza visible, el papa, signo de catolicidad verdadera, porque la Iglesia es el único baluarte en que hallarán refugio y defensa los verdaderos derechos del hombre y de la sociedad. El matrimonio, la familia, la autoridad, la escuela, la propiedad, la misma libertad, no tienen hoy más garantía que la del catolicismo, porque sólo él tiene la luz, la ley y la gracia, triple fuerza divina capaz de conservar las esencias de estas profundas cosas humanas.

Organícense para ello los ejércitos de la Acción Católica según las direcciones pontificias, y vayan con denuedo a la reconquista de cuanto hemos perdido, recatolizándolo todo, desde el a b c de la escuela de párvulos hasta las instituciones y constituciones que gobiernan los pueblos.

Esto será hacer catolicismo, es verdad, pero hay una relación de igualdad entre catolicismo e hispanidad; sólo que la hispanidad dice catolicismo matizado por la historia que ha fundido en el mismo troquel y ha atado a análogos destinos a España y a las naciones americanas.

Esto, por lo mismo, será hacer hispanidad, porque por esta acción resurgirá lo que España plantó en América, y todo americano podrá decir, con el ecuatoriano Montalvo: "¡España! Lo que hay de puro en nuestra sangre, de noble en nuestro corazón, de claro en nuestro entendimiento, de ti lo tenemos, a ti te lo debemos. El pensar grande, el sentir animoso, el obrar a lo justo, en nosotros son de España, gotas purpurinas son de España. Yo, que adoro a Jesucristo; yo, que hablo la lengua de Castilla; yo, que abrigo las afecciones de mi padre y sigo sus costumbres, ¿cómo haría para aborrecerla?"

Esto será hacer hispanidad, porque será poner sobre todas las cosas de América aquel Dios que acá trajeron los españoles, en cuyo nombre pudo Rubén Darío escribir este cartel de desafío al extranjero que osara desnaturalizar esta tierra bendita: "Tened cuidado: ¡Vive la América española! Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!"

Esto será hacer hispanidad, porque cuando acá reviva el catolicismo, volverán a cuajar a su derredor todas sus virtudes de la raza: "el valor, la justicia, la hidalguía"; y "los mil cachorros sueltos del león español", "las ínclitas razas ubérrimas, sangre de España fecunda", de que hablaba el mismo poeta, sentirán el hervor de la juventud remozada que los empuje a las conquistas que el porvenir tiene reservadas a la raza hispana.

Esto será hacer hispanidad, porque será hacer unidad, y no hay nada, es palabra profunda de San Agustín, que aglutine tan fuerte y profundamente como la religión.

¡Americanos! En este llamamiento a la unidad hispana no veáis ningún conato de penetración espiritual de España en vuestras repúblicas; menos aún la bandera de una confederación política imposible. Unidad espiritual en el catolicismo universal, pero definida en sus límites, como una familia en la ciudad, como una región en la unión nacional, por las características que nos ha impuesto la historia, sin prepotencias ni predominios, para la defensa e incremento de los valores e intereses que nos son comunes.

Seamos fuertes en esta unidad de hispanidad. Podemos serlo más, aún siéndolo igual que en otros tiempos, porque hoy la naturaleza parece haber huido de las naciones. Ninguna de ellas confía en sí misma; todas ellas recelan de todas. Los colosos fundaron su fuerza en la economía, y los pies de barro se deshacen al pasar el agua de los tiempos. Deudas espantosas, millones de obreros parados, el peso de los Estados gravitando sobre los pueblos oprimidos, y, sobre tanto mal, el fantasma de guerras futuras que se presienten y la realidad de las formidables organizaciones nihilistas, sin más espíritu que el negativo de destruir y en la impotencia de edificar.

Cardenal Gomá 1869-1940
El espíritu, el espíritu que ha sido siempre el nervio del mundo; y la hispanidad tiene uno, el mismo espíritu de Dios, que informó a la madre en sus conquistas y a las razas aborígenes de América al ser incorporadas a Dios y a la patria. La patria se ha multiplicado en muchas; no debe dolernos. El espíritu es el que vivifica. El es el que puede hacer de la multiplicidad de naciones la unidad de hispanidad.

La Hostia divina, el signo y el máximo factor de la unidad, ha sido espléndidamente glorificada en esta América. Un día, y con ello termino, una mujer toledana, "La loca del Sacramento", fundaba la cofradía del Santísimo, y no habían pasado cincuenta años del descubrimiento de América cuando esta cofradía, antes de la fundación de la Minerva, en 1540, estaba difundida en las regiones de México y el Perú. Otro día Antonio de Ribera coge de los campos castellanos un retoño de oliva y lo lleva a Lima y lo planta y cuida con mimo, ocurre la procesión del Corpus, y Ribera toma la mitad del tallo para adornar las andas del Santísimo; un caballero lo recoge y lo planta en su huerta, y de allí proceden los inmensos olivares de la región. Es un símbolo: el símbolo de que la devoción al Sacramento ha sido un factor de la unidad espiritual de España y América. 

*Nota: no tenía entonces, pues luego volvió a la fe.
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ISABEL LA CATÓLICA, DEFENSORA DE LOS INDIOS DE AMÉRICA

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jueves, 10 de octubre de 2019

¡LO QUE NOS SALVA ES LA VERDADERA FE, LAS BUENAS OBRAS Y LOS SACRAMENTOS, NO EL MODERNISMO!!


Puedes haber sido bautizado, haber recibido la Eucaristía, haber sido confirmado, te pudiste haber casado en la parroquia u ordenado sacerdote, haber servido en la Iglesia y recibido las exequias de difuntos en el templo, y aun así terminar en el infierno, porque estuviste solo materialmente en la Iglesia y no profesaste la genuina FE CATÓLICA ni obraste conforme a ella.

La Fe dejada en depósito por nuestro Señor Jesucristo a los apóstoles, no cambia jamás y sus pilares son la Sagrada Escritura y la Tradición, así como el Magisterio que interpreta y define la doctrina conforme a esas dos fuentes de la Revelación Divina. 

Hemos de custodiar la Fe y huir de la herejía modernista enquistada e infiltrada en la Iglesia. Solo la verdadera Iglesia católica es camino de salvación. La Contraiglesia y las falsas religiones creadas por el hombre son caminos de perdición.  

Quien anuncia otra fe, o cambia la Fe en una coma, apostata de la Fe, es decir, traiciona a Cristo por voluntad propia, porque no ama la Verdad, sino a sí mismo.

No se salva el que no permanece en el amor, aunque esté incorporado a la Iglesia, porque está en su seno solo con el "cuerpo", pero no con el corazón.

¿No os inquieta  vivir una vida sin problemas que sean generados por defender la Fe? ¿En que Fe vives? Si tu Fe no se contrapone con el mundo, seguramente no profesas la verdadera Fe sino una falsa, contaminada de la herejía modernista.

Hemos de ser tratados como lo fue nuestro Señor Jesucristo, pues el discípulo no es mayor que su Maestro.

Lo que nos salva es la fe íntegra, la fe verdadera que guarda incólume todos los dogmas y la moral católica. Lo que nos salva son las buenas obras, la obediencia a los DIEZ mandamientos. No a nueve ni a ocho o siete, sino a diez. Lo que nos salva es la práctica de los sacramentos, como la necesaria Confesión de los pecados (con genuino arrepentimiento y propósito de enmienda) al sacerdote cuando hemos infringido un mandamiento y la posterior recepción de la Eucaristía en estado de gracia (esto es, sin pecado mortal). Lo que nos salva es la oración. Lo que nos salva, en fin, es el verdadero amor a Dios y a nuestro prójimo.

A SU RETORNO, ¿HALLARÁ CRISTO VERDADERA FE SOBRE LA TIERRA?

Tremenda la pregunta que hizo Cristo en referencia al tiempo último: "Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?"  
(Lucas 18, 8).

Roguemos a Santa María de Guadalupe: 
"Salva nuestra Patria, conserva nuestra fe y defiéndenos de los falsos pastores".

Y a Dios Padre recemos el padre nuestro rogando que nos auxilie para no caer en tentación y poder vivir continuamente en estado de gracia santificante.

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