martes, 25 de febrero de 2020

EL PADRE TORIBIO ROMO, MÁRTIR DE CRISTO REY 


Hoy un aniversario más de su muerte, hace 92 años. 

En la fotografía el cuerpo tendido de Santo Toribio Romo en casa de la familia Plascencia. El padre Toribio murió como mártir de la fe cristiana el 25 de febrero de 1928, en Tequila, Jalisco (México).

A las 4 de la mañana del sábado 25 acabó de escribir, se recostó en su pobre cama de otates y se quedó dormido. 

De pronto una tropa compuesta por soldados federales y agraristas, avisados por un delator, sitió el lugar, brincaron las bardas y tomaron las habitaciones del señor León Aguirre, encargado de la finca y un agrarista grita: "¡Este es el cura, mátenlo!" Al grito despertaron el padre y su hermana y él contestó asustado: "Sí soy... pero no me maten"... No le dejaron decir más y dispararon contra él; con pasos vacilantes y chorreando sangre se dirigió hacia la puerta de la habitación, pero una nueva descarga lo derribó. Su hermana María lo tomó en sus brazos y le gritó al oído: "Valor, padre Toribio... ¡Jesús misericordioso, recíbelo! y ¡Viva Cristo Rey!" El padre Toribio le dirigió una mirada con sus ojos claros y murió. 

Después de haberlo matado los federales amarraron su cuerpo y lo arrastraron a la ciudad de Tequila en Jalisco, donde frente a la presidencia municipal tiraron el cuerpo.

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lunes, 24 de febrero de 2020

DÍA DE LA BANDERA.


"De Iturbide la sacra bandera, mexicanos valientes seguid" (parte de una estrofa del Himno nacional suprimida por el gobierno liberal).
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24 DE FEBRERO DE 1821.

Agustín de Iturbide proclama el Plan de Iguala enarbolando la bandera de las tres garantías, considerada como el primer lábaro patrio de México.

El Plan de Iguala fue un acto de acuerdo político, sumamente complejo en sus consecuencias, aunque simple en su fraseo, que unió insurgentes y realistas, criollos y españoles. La fuerza fundamental del Plan de Iguala fue lo que hizo posible el consenso necesario para la independencia.

Los puntos principales del Plan de Iguala fueron llamados "las Tres garantías", y estos eran: "la religión, la independencia y la unión de todos los mexicanos". Un nuevo ejército, denominado Ejército Trigarante, sería el encargado de llevar a cabo este plan y sería identificado con una nueva bandera.

Iturbide decidió darle a cada una de las garantías un color distintivo y ordenó al sastre José Magdaleno Ocampo que confeccionara una bandera con franjas dispuestas en forma diagonal y con una estrella en cada una. En primer lugar aparecía el blanco que simbolizaba la pureza de la religión católica; al centro, se encontraba el verde que representaba la independencia, y al final el rojo, símbolo de unión entre criollos, españoles, indios, africanos, mulatos, asiáticos y todo tipo de castas surgidas de la mezcla racial que se dio en los tres siglos de dominación española.

Plan de Iguala: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1821_124/Plan_de_independencia_de_la_Am_rica_Septentrional__162_printer.shtml
Manuscrito:
http://bdmx.mx/detalle_documento/?id_cod=12.

Erróneamente se ha considerado a Vicente Guerrero como coautor del Plan de Iguala y copartícipe en la proclama el 24 de febrero de 1821. Por primera vez, Iturbide y Guerrero se reúnen el 10 de marzo de 1821, días después de la proclama del Plan de Iguala, y de la jura de dicho plan, el 2 de marzo.

Lucas Alamán, “Historia de Méjico”, Tomo V:
"Casi todos los escritores cometen el error de suponer, que Iturbide tuvo una conferencia con Guerrero antes de la publicación del Plan de Iguala. Esto es falso: Iturbide nunca vio a Guerrero, hasta estar en marcha hacia el bajío" pág. 76.

"En Teloloapan se presentó Guerrero a Iturbide, como se lo había anunciado en carta escrita desde el Campo del Gallo el 9 de marzo, en que le decía: "mañana muy temprano marcho sin falta de este punto para el de Ixcatepec, y en breve tendrá V.S. a su vista, una parte del ejército de las tres garantías, del que tendré el honor de ser un miembro y de presentármele con la porción de beneméritos hombres que acaudillo, como un subordinado militar. Esta será la más relevante prueba que confirme lo que le tengo ofrecido, advirtiendo que mi demora ha sido indispensable para arreglar varias cosas, como le informará el militar d. José Secundino Figueroa, que pondrá ésta en manos de V.S., y con el mismo espero su contestación" pág. 119.

"En efecto, Guerrero se adelantó hasta las inmediaciones de aquel punto, y dejando a su gente acampada en una altura, entre su campo y el pueblo tuvo su primera entrevista con Iturbide". Pág. 119.

https://archive.org/stream/historiademexic00alamgoog#page/n79/mode/1up

Autor: Armando Herrera L.
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sábado, 22 de febrero de 2020

SIGUE SU LEY Y CONFÍA EN ÉL


 La Santísima Virgen, en Caná, dijo: "Haced lo que Él os diga". Hoy nos vuelve a decir lo mismo. 

Confía en Dios y sigue sus mandamientos y enseñanzas.

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viernes, 21 de febrero de 2020

NO ANTEPONGÁIS LA AMISTAD A LA VERDAD, ÉSTA OS HARÁ LIBRES


 «Que corresponde preferir la verdad a los amigos lo muestra por la razón que sigue. Porque con el que es más amigo ha de tenerse más deferencia. Ahora bien, si somos amigos de la verdad y del hombre, hemos de amar más a la verdad que al hombre, porque a éste debemos amarlo principalmente en razón de la verdad y de la virtud […]. Pero la verdad es este amigo excelentísimo al que se debe la reverencia del honor, y la verdad es también algo divino pues en Dios se encuentra primero y principalmente. Por eso se concluye que es santo honrar antes a la verdad que a los amigos.» (Santo Tomás de Aquino en su obra In sententia libri ethicorum, Liber I, Lectio 6, n. 4-5).

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jueves, 20 de febrero de 2020

CUANDO LA MUERTE PISE MI HUERTO


Es muy conducente a la salvación repetir a menudo: Llegará el día de mi muerte. La Iglesia renueva este recuerdo a los fieles el miércoles de ceniza de cada año. Pero esta idea de la muerte nos es representada frecuentemente en el curso del año, ya en los cementerios que encontramos en los caminos, ya en las sepulturas que vemos en la Iglesia, y ya finalmente en los mismos muertos que llevan a enterrar.

Los muebles más preciosos que han usado los anacoretas en sus grutas, eran una cruz y una calavera: aquélla para recordarles la muerte de Jesucristo por amor a los hombres, y ésta para que no olvidasen que eran mortales. Y asi perseveraban en la penitencia hasta el fin de sus días, y muriendo pobres en el desierto, morían más contentos que los monarcas en sus palacios.

Se acerca el fin, el fin se acerca. Uno vive más largo tiempo, otro menos; pero todos, tarde o temprano, debemos morir, y a la hora de la muerte el solo consuelo que experimentaremos será haber amado a Jesucristo y haber sufrido por su amor los trabajos de la vida.

Entonces no podrán ni las riquezas atesoradas, ni los honores adquiridos, ni los placeres gustados consolarnos: todas las grandezas de este mundo no dan consuelo a los moribundos, sino pena; y cuanto más buscadas han sido, tanto mayor pena darán. Por lo contrario, todos juntos serán nuestro suplicio, y cuanto más numerosos habrán sido los bienes mundanos, más y más terribles serán nuestros castigos.

Sor Margarita de Santa Ana religiosa carmelita descalza hija del Emperador Rodolfo II, decía: ¿De qué sirven los imperios en la hora de la muerte? ¡Ah! A cuántos mundanos les sucede que, cuando están más ocupados en procurarse ganancias, poder y honores, les llega la hora de la muerte y se les dice: Dispón de tu casa, porque vas a morir y no vivirás. Señor fulano, es tiempo de pensar en hacer testamento, porque se encuentra usted mal. ¡Oh! cuál será la pena de este hombre que estaba en vísperas de ganar un pleito, de adquirir una posesión o un palacio, al oír al sacerdote, que encomendándole el alma, le dirá: ¡Sal, alma cristiana, de este mundo! ¡Sal de este mundo y ve a rendir tus cuentas a Jesucristo! — ¡Ay! no estoy en disposición. —No importa: es necesario partir.

¡Oh Dios mío! ¡Iluminadme, dadme la fuerza suficiente para consagrar el resto de mis días a vuestro servicio y a vuestro amor! Si en este instante llegase la hora de mi muerte, yo no moriría contento, moriría en la inquietud y en la ansiedad. ¿Pues a qué espero? ¿A qué me atrape la muerte con gran peligro de mi eterna salvación? Señor, si he sido un loco hasta el presente, no quiero serlo más. Yo me entrego enteramente a vos: aceptadme y socorredme con vuestra gracia.

A cada uno le llegará su fin, y con él el decisivo momento de una eternidad de bienaventuranza o de una eternidad de condenación. ¡Oh! si pensásemos todos en este momento grande, y en las cuentas que deberemos dar al Juez de toda nuestra vida. Si lo tuviésemos presente, no nos ocuparíamos, no, en amontonar tesoros; no nos fatigaríamos en correr detrás de las grandezas en esta vida que acaba, más pensaríamos en santificarnos y hacernos grandes en la vida que no acaba jamás. Si, pues, tenemos fe y creemos que hay muerte, juicio y eternidad, procuremos no vivir sino para Dios en los días que nos restan. Pasemos por la tierra como peregrinos, pensando que pronto habremos de abandonarla; tengamos delante de la vista la imagen de la muerte, y en los negocios de este mundo hagamos lo que a la hora de la muerte sentiremos no haber hecho.

Todas las cosas de la tierra nos dejarán, o nosotros las dejaremos. Escuchemos a Jesús que nos dice: Atesorad para vosotros tesoros en el cielo, en donde no los consume orín ni polilla. Despreciemos los tesoros de la tierra que no pueden contentarnos y presto acaban; adquiramos los tesoros del cielo que nos harán felices y no tendrán fin.

Desgraciado de mí, ¡oh Dios mío! que os he vuelto las espaldas tantas veces a vos, bien infinito, por las cosas de la tierra. Reconozco mi error de haber buscado hasta ahora cómo adquirir celebridad y fortuna en este mundo. El solo bien que anhelo ya es poderos amar y hacer vuestra santa voluntad. ¡Oh Jesús mío! desterrad de mí todo deseo de querer figurar, y hacedme apetecer los desprecios y la vida retirada. Dadme fortaleza para negarme yo a mí mismo todo aquello que pudiera desagradaros. Haced que abrace en santa paz las enfermedades, las persecuciones, los dolores y todas las cruces que vos me enviáreis. ¡Oh! Séame dado morir por vuestro amor, abandonado de todo el mundo, como moristeis vos por mí.

¡Virgen Santa María! Vuestros ruegos pueden hacerme hallar la verdadera felicidad que consiste en amar mucho a vuestro divino Hijo. Rogadle por mí que en vos confío.

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO
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martes, 18 de febrero de 2020

ALZACUELLOS Y SOTANA


De un tiempo a esta parte cada vez que veo a una monja o a un cura por la calle me paro a saludarlos y a agradecerles su labor. Las monjas sonríen abiertamente y te dan las gracias, los curas son más de asentir. La semana pasada vi a uno de la old school con sotana y alzacuellos cerca de la catedral, me corté un poco ante tanta solemnidad pensando que quizá fuera el obispo o alguien de un poco más arriba que un cura de barrio, no le vi solideo ni cordones ni nada de violeta y allí me acerqué, maletín en mano y con la corbata floja de vuelta del juzgado, «buenos días, padre, y muchas gracias por su labor y por hacerla tan visible, ya no se ven curas como usted y es una pena» el hombre me miró y miró su reloj «tienes tiempo para una café» me preguntó, «Claro que sí».
Y allí nos fuimos a las terrazas de la plaza de la Paz entre amas de casa que salían del mercado, jubiletas y cargos de confianza del ayuntamiento que pasaban la mañana al sol del invierno. «Yo nunca llevaba sotana, de hecho no llevaba ni alzacuellos, yo era una persona que era cura como podría haber sido abogado como tú o bombero o cualquier otra cosa, pero resulta que era cura».
Las palomas subidas en las mesas de metal de al lado picoteaban los cacahuetes abandonados por dos chavales que se habían ido. «Pero un día cuando estaba yo de párroco en un pueblo de Madrid cambiaron el obispo y nos convocaron a todos los curas para reunirnos con él... y yo pensé que para la ocasión por lo menos el alzacuellos me tenía que poner, al final alzacuellos y sotana».
Pidió café solo y se lo tomó a sorbos y sin azúcar, como los hombres. «Cogí el metro para llegar al obispado y en el metro pues era consciente de que la gente me miraba porque hoy día ir con sotana es un cante, pero un hombre con la vista perdida sentado solo en un banco de a dos comenzó a mirarme fijamente, estuvo un rato mirándome y se acercó a mí, me preguntó si era cura de verdad. De verdad, le dije yo, y a tu disposición».
Con el último sorbo del café el cura me acabó de contar la historia: «Me dijo aquel hombre que se iba a tirar a las vías del tren, y que había pedido una señal. Aquel día la señal fui yo vestido con sotana. El hombre me abrazó y se echó a llorar. Desde entonces llevo sotana todos los días».
16/02/2020  El Mundo

lunes, 17 de febrero de 2020

SANTA BERNARDITA 


Recordemos a Santa Bernardita Soubirous (1879), la vidente de Nuestra Señora en Lourdes-Francia, a la cual Cristo le conserva su cuerpo incorrupto hasta su Segunda Venida, para devoción de los fieles. 

Bernardita Soubirous nació en Lourdes (Francia) en 1844. Hija de padres supremamente pobres. En el bautismo le pusieron por nombre María Bernarda (nombre que ella empleará después cuando sea religiosa) pero todos la llamaban Bernardita. 

Era la mayor de varios hermanos. Sus padres vivían en un sótano húmedo y miserable, y el papá tenía por oficio botar la basura del hospital. La niña tuvo siempre muy débil salud a causa de la falta de alimentación suficiente, y del estado lamentablemente pobre de la habitación donde moraba. En los primeros años sufrió la enfermedad de cólera que la dejó sumamente debilitada. A causa también del clima terriblemente frío en invierno, en aquella región, Bernardita adquirió desde los diez años la enfermedad del asma, que al comprimir los bronquios produce continuos ahogos y falta de respiración.

Esta enfermedad la acompañará y la atormentará toda su vida. Al final de su existencia sufrirá también de tuberculosis. En ella se cumplieron aquellas palabras de Jesús: "Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos" (Jn. 15). 

En Bernardita se cumplió aquello que dijo San Pablo: "Dios escoge a lo que no vale a los ojos del mundo, para confundir las vanidades del mundo".

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