miércoles, 17 de enero de 2018

ESTE FIN DE SEMANA: DOS EVENTOS EN GUADALAJARA. TAPATÍO: HAZ EL ESFUERZO, ¡ASISTE A AMBOS!


TAPATÍOS: ¡HAGAMOS UNA HERMOSA Y RESPETUOSA CARAVANA GUADALUPANA! Tal cual se lo merece Nuestra Reina. No cerraremos calles ni impediremos tránsito de vehículos y peatones, iremos en nuestros automóviles con respeto cantando alabanzas y rezando. Ahí habrá autos que lleven bocinas para dirigir el rezo. No olvides: Adorna tu auto con bonitos motivos guadalupanos. NOTA: Para quienes no lleven auto, la reunión será en el cruce de las avenidas Juárez y Federalismo (Guadalajara, Jalisco). 



TAMBIÉN ES MUY IMPORTANTE TU PRESENCIA EN ESTE ACTO. DEBEMOS DEFENDER LA VIDA:


sábado, 13 de enero de 2018

RECORDATORIO DE ORACIÓN DE LOS DÍAS TRECE DE CADA MES

Cada día trece de mes, fecha de las apariciones de la Virgen en Fátima, los lectores y editores de este sitio rezaremos cinco minutos y pediremos por estas intenciones:

1) Por las peticiones particulares así como por las necesidades espirituales y materiales de todos y cada uno de los lectores de CATOLICIDAD.

2) Por el fin del proceso de "autodemolición" en la Iglesia Católica.

3) Por la intención de que, tal como lo pidió la Virgen en Fátima, el Papa finalmente consagre Rusia al Inmaculado Corazón de María y pida la conversión de ese país al catolicismo, nombrando -para ello- a esta nación de manera explícita, en unión con todo el episcopado mundial.

4) Por la reparación a Dios de nuestros pecados y por la de todas las ofensas que recibe, particularmente por las blasfemias que se profieren o los sacrilegios que se realizan.

5) Por la conversión de los pecadores, especialmente los más necesitados de la misericordia divina.

6) Por que se multipliquen las vocaciones sacerdotales y los sacerdotes vivan una vida de santidad conforme al Corazón de Cristo.

7) Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María y la implantación del Reinado Social de Cristo en nuestras naciones.

8) Por la paz mundial, no como la da el mundo sino como la da N.S. Jesucristo y por el triunfo de la vida en las legislaciones.

9) Por la salvación propia y la de nuestros familiares, amigos y conocidos.

10) Por todas las necesidades de la Iglesia.

Bastará rezar:

-Un Señor mío Jesucristo: 
  • "Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, me pesa de todo corazón haber pecado, porque he merecido el infierno y perdido el cielo, y sobre todo, porque te ofendí a ti, que eres bondad infinita, a quien amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecar, confesarme y cumplir la penitencia. Confío me perdonarás por tu infinita misericordia. Amén."
-Un Padre Nuestro
-Tres Aves Marías pidiendo que la Virgen nos preserve del pecado mortal durante las tentaciones (ver AQUÍ).
 -Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.
(Nota:  Todo católico debe saber de memoria las oraciones anteriores, al igual que el Credo. Si alguien no las sabe, puede aprenderlas haciendo click AQUÍ)
-La oración de la Virgen de Fátima: 
  •  "Oh Jesús mío, perdónanos y líbranos del fuego de infierno, lleva al Cielo a todas las almas, socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia".
-Finalizando así: 
  • "Señor: te pedimos por todas las necesidades de la Iglesia, por la Consagración de Rusia tal como se pidió en Fátima, por el triunfo del Inmaculado Corazón de tu dulcísima Madre, por la implantación de tu Reinado Social y de tu Paz en nuestras naciones, por la santidad de los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones sacerdotales, así como por el triunfo de la vida y la familia en nuestras legislaciones. Te ofrecemos nuestra vida entera en reparación de los pecados propios y de las ofensas que se hacen a tu sacratísimo nombre, así como por los graves sacrilegios que se realizan en todo el mundo. Finalmente ponemos en tus manos, por intercesión de la Santísima Virgen María, todas las necesidades espirituales y materiales, tanto propias como las de nuestros familiares, amigos y conocidos, y las de nuestros hermanos lectores y editores del blog CATOLICIDAD.
  • -Santísima Virgen María, encomiendo a tu Inmaculado Corazón a toda la familia mía.
  • -Inmaculado Corazón de María, sed la salvación del alma mía.
  • -Santísima Virgen de Guadalupe, salva nuestra Patria, conserva nuestra fe y defiéndenos de los falsos pastores.
  • -San Miguel Arcángel, ampáranos de las asechanzas del demonio.
  • -San Pío V, ruega por nosotros. Amén".

viernes, 12 de enero de 2018

LA DOCTRINA DE LA IGLESIA NO DEBE ADECUARSE A LOS TIEMPOS NI A OTRAS IDEOLOGÍAS

  • LA VERDAD REVELADA POR DIOS ES INMUTABLE Y NO CAMBIA CON EL TIEMPO.
  • QUIENES SOSTIENEN LOS ERRORES DENUNCIADOS "DICEN QUE EL ESPÍRITU SANTO INFUNDE AHORA EN LAS ALMAS DE LOS FIELES UNOS CARISMAS MAYORES Y MÁS ABUNDANTES QUE EN TIEMPOS PASADOS", SEÑALABA EL PAPA LEÓN XIII.
  • LO MISMO DICEN HOY EN DÍA LOS QUE REPITEN LAS MISMAS Y AÑOSAS TESIS CONTRA LA FE CATÓLICA.
  • LAS ANTIGUAS HEREJÍAS SON NO SOLO AÑEJAS SINO TAMBIÉN RETRÓGRADAS.
  • SON VETUSTOS Y SOBADOS ERRORES QUE SE RECICLAN Y SE PRESENTAN COMO NOVEDOSOS "DESCUBRIMIENTOS".

Fragmento de la Carta Apostólica de S.S. León XIII "Testem Benevolentiae" al Card. James Gibbons del 22 de enero de 1899.

"...El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas (y reprobables)* ideas es que (según dicen estos relativistas), con el fin de atraer más fácilmente a la sabiduría católica a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe acercarse un poco más a la humanidad de este siglo ya maduro, aflojar su antigua severidad y hacer algunas concesiones a los gustos y opiniones recientemente introducidas entre los pueblos. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no sólo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas que conforman el "depósito de la fe". Ellos sostienen que sería oportuno, para ganar las voluntades de aquellos que disienten de nosotros, omitir ciertos puntos de la doctrina como si fueran de menor importancia, o moderarlos de tal manera que no conservarían el mismo sentido que la Iglesia constantemente les ha dado.

"No se necesitan muchas palabras, querido hijo Nuestro, para entender con cuán reprobable designio ha sido pensado esto, si tan sólo se recuerda la naturaleza y el origen de la doctrina que la Iglesia transmite. El Concilio Vaticano I dice al respecto: «La doctrina de la fe que Dios ha revelado no es propuesta como un descubrimiento filosófico que puede ser perfeccionado por la inteligencia humana, sino como un divino depósito confiado a la Esposa de Cristo para ser fielmente custodiado e infaliblemente declarado. De ahí que también hay que mantener perpetuamente el sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonarlo bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo» (Constitución "Dei Filius" sobre la fe católica, cap. IV).

"...Así pues, no ocurra que alguien omita o suprima, por motivo alguno, alguna doctrina divinamente transmitida; en efecto, quien lo hiciese estaría queriendo más separar a los católicos de la Iglesia que atraer a ella a los que disienten. Vuelvan, pues no hay nada más querido por Nos, vuelvan todos los que andan extraviados lejos del rebaño de Cristo, pero no ciertamente por un camino distinto al que el mismo Cristo nos mostró."

* Nota: Los dos textos entre paréntesis -sin negritas- son de CATOLICIDAD para hacer más comprensible el contexto.

martes, 9 de enero de 2018

Jim Caviezel: «DEBEMOS SER GUERREROS LISTOS A ARRIESGAR NUESTRAS VIDAS POR EL EVANGELIO»

EL PROTAGONISTA DE «LA PASIÓN DE CRISTO»


El veterano actor de numerosas producciones de cine y televisión hizo su aparición sorpresa el miércoles por la noche en la conferencia Student Leadership Summit 2018.

(LifeSiteNews/InfoCatólica) Los católicos debemos estar listos para arriesgar nuestras vidas y reputación para derrotar al mal en el mundo, afirmó Jim Caviezel, actor y protagonista de la película «La Pasión de Cristo», en una convención de estudiantes universitarios católicos esta semana.
«Solo a través de la fe y la sabiduría de Cristo podemos ser salvados», dijo Jim, «pero también tomará personas dispuestas a luchar, sacrificarse y sufrir».

La indiferencia, el pecado más grande del siglo XX

Citando a san Maximiliano Kolbe, Jim dijo que la indiferencia era el pecado más grande del siglo XX, y aún lo es en el siglo XXI.
«Debemos sacudir esta indiferencia, esta tolerancia destructiva del mal. Solo nuestra fe y la sabiduría de Cristo pueden salvarnos», insistió. «Pero requiere guerreros, listos para arriesgar sus reputaciones, sus nombres, incluso nuestras propias vidas, para defender la verdad».
El actor desafió a los asistentes a «apartarse de esta generación corrupta», «Sé santo. No fuiste hecho para encajar. Naciste para sobresalir».
El veterano actor de numerosas producciones de cine y televisión hizo su aparición sorpresa el miércoles por la noche en la conferencia SLS18 (Student Leadership Summit 2018) patrocinada por «The Fellowship of Catholic University Students» (FOCUS).
El evento está siendo efectuado desde el pasado 2 de Enero hasta el día de hoy en Chicago, y está orientado a formar estudiantes universitarios católicos para que sean misioneros en sus vidas, en particular en el campus.
El mensaje de Jim, capturado en video y publicado en Facebook por el Padre Brian Buettner, Director de Vocaciones de la Arquidiócesis de Oklahoma City, fue recibido con entusiasmo.
Jim Caviezel en Pablo, Apostol de Cristo
Su charla precedió a su próxima película «Pablo, Apóstol de Cristo», compartiendo cómo la experiencia cinematográfica le mostró que para ser grande a los ojos de Dios, primero debemos hacernos pequeños y aceptarlo por completo, permitiéndole que nos guíe.

La Cruz, compañera inseparable del cristiano

Jim también habló de la importancia del sufrimiento y denunció el frecuente malentendido de que el cristianismo se trata simplemente de «charla agradable».
No fue por casualidad que él fue llamado a la actuación, dijo, compartiendo cómo los papeles anteriores le condujeron a interpretar a Cristo en la épica película de Mel Gibson sobre la Pasión y la Resurrección de Cristo.
Jim Caviezel en la Pasión de Cristo
Jim les dijo a los participantes en la conferencia de FOCUS que de la misma manera, sus vidas no eran solo una coincidencia.
«Algunos de ustedes pueden sentirse miserables en este momento, confundidos, inseguros del futuro, lastimados», dijo. «Este no es el momento de retroceder o rendirse».
Relató cómo interpretar el papel de Cristo le supuso una gran prueba y sufrimiento, incluidos los aspectos físicos de la flagelación, la crucifixión, el impacto de un rayo y la cirugía a corazón abierto después de más de cinco meses de hipotermia.
Jim Caviezel en la Pasión de Cristo
El hombro de Jim también se separó mientras llevaba la cruz durante el rodaje, aunque continuó resistiendo para terminar la película. Esto fue como una penitencia, dijo.
«Cuando estaba allí en la Cruz, aprendí que en Su sufrimiento estaba nuestra redención», compartió Jim. «Recuerda que el sirviente no es mayor que el amo».
«Cada uno de nosotros debe cargar con su propia cruz», continuó. «Hay un precio para nuestra fe, para nuestras libertades».
Le dijo a la multitud que el sufrimiento forjó su actuación, «al igual que forja nuestras vidas».
Jim insistió en que la resurrección y, de hecho, nuestra salvación tienen un precio.
«Algunos de nosotros ahora, los conoces, abrazan un cristianismo falso, donde todo es una plática feliz, lo llamo ‘Jesús feliz’, y la gloria».
«Chicos, hubo mucho dolor y sufrimiento ... antes de la resurrección», dijo Jim. «Tu camino no será diferente. Así que abraza tu cruz y corre hacia tu objetivo».
Jim ha hablado abiertamente sobre su fe y convicciones provida en el pasado, y compartió cómo su experiencia en la creación de «La Pasión de Cristo» lo ha afectado espiritualmente. También ha abogado por la adopción, y ha sido abierto sobre su experiencia y la de su esposa Kerri como padres adoptivos.

Expresar la fe sin vergüenza

Él desafió a aquellos en la reunión católica a vivir públicamente su fe.
«Quiero que vayas a este mundo pagano», dijo Jim, «quiero que tengas el coraje de entrar en este mundo pagano y expresar tu fe sin vergüenza en público».
«El mundo necesita guerreros orgullosos de su fe y animados por su fe», agregó. «Guerreros como San Pablo y San Lucas, que arriesgaron sus nombres, sus reputaciones, para llevar su fe, su amor por Jesús al mundo».
«Dios nos llama a cada uno de nosotros, a cada uno de ustedes, a hacer grandes cosas», dijo.

Volver a la oración, el ayuno, las Escrituras y los Sacramentos

«A menudo no respondemos, desestimando el llamado de Dios, y ahora es el momento de que esta generación acepte esa llamada, nosotros mismos por completo para Él, volviendo a la oración y el ayuno, las Escrituras y los sacramentos».
«Pero primero debe comprometernos a comenzar a orar», dijo Jim, «ayunar, meditar en las Sagradas Escrituras y tomar en serio los santos sacramentos».

Libertad y Libertinaje

Somos una cultura en declive, agregó, y todo nuestro mundo está atrincherado en el pecado, la libertad ha sido reemplazada por el libertinaje.
«Porque en nuestro país ahora estamos muy contentos de ir con la corriente», declaró Jim. «Hemos puesto en un santuario al libertinaje donde se cree que todas las opciones son iguales sin importar cuáles sean las consecuencias. ¿De verdad crees que esto es la verdadera libertad?»
«Cada generación de estadounidenses necesita saber que la libertad existe, no para hacer lo que nos gusta, sino para tener el derecho de haber lo que se debe hacer ».
«Esa es la libertad que deseo para ti», dijo en la conferencia, «libertad del pecado, libertad de tus debilidades, libertad de esta esclavitud a la que el pecado nos lleva. Esa es la libertad por la que vale la pena morir».
Para cerrar, Jim relató la escena en la película Braveheart de Gibson con William Wallace desafiando a sus hombres mientras enfrentaban cierta derrota, diciéndoles que sus enemigos podrían quitarles la vida, pero que nunca tomarán su libertad.
Jim citó la frase de la escena que, «Todo hombre muere, pero no todos los hombres realmente viven».
«Tú, tú, tú», exclamó, señalando a las personas en la audiencia, «todos debemos luchar por esa auténtica libertad y vivir, mis amigos».
«Debemos vivir por Dios», concluyó Jim, «y con el Espíritu Santo como tu escudo y Cristo como tu espada, puedes unirte a San Miguel y a todos los ángeles para enviar a Lucifer y sus secuaces directamente al Infierno donde pertenecen».

lunes, 8 de enero de 2018

TRES OBISPOS DE KAZAJISTÁN HACEN "PÚBLICA PROFESIÓN DE VERDADES INMUTABLES SOBRE EL MATRIMONIO"

  • DEMOS GRACIAS A DIOS QUE HAY TODAVÍA PASTORES FIELES A LA DOCTRINA DE CRISTO Y QUE NO TEMEN DEFENDERLA



Lo hacen ‘ante la notable y creciente confusión en la Iglesia’. Se trata de Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la arquidiócesis de María Santísima en Astana, Athanasius Schneider, su obispo auxiliar, y Jan Pawel Lenga, obispo emérito de Karaganda, la otra diócesis del país.


Los obispos de Kazajistán -un país con un 70% de musulmanes y en el que los católicos son minoría (la arquidiócesis de María Santísima -Astana- cuenta con una población de casi 4 millones de habitantes, entre los cuáles sólo hay 55.000 católicos)- el arzobispo de María Santísima en Astaná y su auxiliar, y el obispo emérito de la única diócesis sufragánea, han cerrado 2017 con una ‘profesión pública sobre las verdades inmutables sobre el matrimonio’, algo que han considerado necesario ‘ante la notable y creciente confusión en la Iglesia’ a raíz de la publicación de Amoris Laetitia y la multitud de interpretaciones contradictorias a lo largo del orbe católico.

A modo de ejemplo, mientras los obispos polacos reiteran la tradición de la Iglesia sobre el acceso a la comunión de las personas divorciadas que viven ‘more uxorio’ con alguien que no es su esposo, algunos cardenales y obispos aseguran (contra la verdadera doctrina católica) que la doctrina ha cambiado (la doctrina dogmática no la puede cambiar ni siquiera el papa), y que pueden comulgar dizque ‘si se sienten en paz con Dios’.

Empezaron 2017 haciendo una ‘llamada a la oración para que el Papa Francisco confirme la práctica invariable de la Iglesia sobre la verdad de la indisolubilidad del Matrimonio’, y tras un año revuelto y la publicación de la carta del Papa a los obispos de Buenos Aires en el AAS, los obispos de Kazajistán cierran el año con una profesión pública de las Verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental.

En su carta, los obispos lamentan la difusión de normas, en el seno de la propia Iglesia, que prevén que personas llamadas “divorciados vueltos a casar”, puedan recibir los sacramentos de la Penitencia y de la Santa Comunión, pese a continuar viviendo habitual e intencionalmente more uxorio con una persona que no es su legítimo cónyuge. Lamentan además que algunas de ellas ‘fueron inclusive dadas por buenas por la suprema autoridad de la Iglesia’, el Papa Francisco.

A juicio de los prelados, ‘Las mencionadas normas pastorales se revelan de hecho y con el tiempo un medio de difusión de la “plaga del divorcio”’, y ‘han causado una notable y creciente confusión entre fieles y en el clero; confusión ésta que toca manifestaciones centrales de la vida de la Iglesia, como lo son el matrimonio sacramental que da origen a la familia, la iglesia doméstica y el sacramento de la Santísima Eucaristía.’

Sobre el peligro de la confusión causada, los obispos traen a colación una amonestación del Papa Juan Pablo II: “La confusión, creada en la conciencia de numerosos fieles por la divergencia de opiniones y enseñanzas en la teología, en la predicación, en la catequesis, en la dirección espiritual, sobre cuestiones graves y delicadas de la moral cristiana, termina por hacer disminuir, hasta casi borrarlo, el verdadero sentido del pecado” (Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitenia, 18).

Por todo esto, reiteran en su carta siete principios inmutables de la doctrina católica sobre el matrimonio y la Eucaristía:
  • Las relaciones sexuales entre personas que no están unidas entre sí por el vínculo de un matrimonio válido, como se verifica en el caso de los “divorciados vueltos a casar”, son siempre contrarias a la voluntad de Dios y constituyen una grave ofensa a Dios.
  • Ninguna circunstancia o finalidad, ni siquiera una posible imputabilidad o culpa disminuída, pueden hacer de tales relaciones sexuales una realidad moral positiva y agradables a Dios. Lo mismo vale para los otros preceptos negativos de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Ello a causa de que “existen actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto.” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia, 17).
  • La Iglesia no posee el carisma infalible de juzgar sobre el estado de gracia interno de un fiel (cf. Concilio di Trento, sess. 24, cap. 1). La no admisibilidad a la Santa Comunión de los así llamados “divorciados vueltos a casar” no significa por lo tanto un juicio de su estado de gracia ante Dios, sino un juicio del carácter visible, público y objetivo de su situación. A causa de la naturaleza visible de los sacramentos y de la misma Iglesia, la recepción de los sacramentos depende necesariamente de la situación visible y objetiva de los fieles.
  • No es moralmente lícito tener relaciones sexuales con una persona que no es el propio cónyuge legítimo, para evitar un supuesto otro pecado. Ello a causa de que la Palabra de Dios nos enseña que no es lícito “hacer el mal para que venga el bien” (Rom 3, 8).
  • La admisión de tales personas a la Santa Comunión puede ser permitida solamente cuando, con la ayuda de la gracia de Dios y de un paciente e individual acompañamiento pastoral, ellas hacen un sincero propósito de cesar de allí en adelante tales relaciones sexuales y de evitar el escándalo. En ello se ha expresado siempre en la Iglesia el verdadero discernimiento y el auténtico acompañamiento pastoral.
  • Las personas que mantienen relaciones sexuales no conyugales de modo habitual, violan con tal estilo de vida el indisoluble vínculo nupcial matrimonial respecto al legítimo cónyuge. Por esta razón no son capaces de participar “en el Espíritu y en la Verdad” (cf. Jn 4, 23) en la cena nupcial eucarística de Cristo, teniendo también en cuenta las palabras del rito de la Sagrada Comunión: “¡Beatos los invitados a la Cena del Cordero!” (Ap 19, 9).
  • El cumplimiento de la voluntad de Dios, revelada en Sus Diez Mandamientos y en Su explícita prohibición del divorcio, constituye el verdadero bien espiritual de las personas aquí en la Tierra, permitiendo así que sean conducidas a la salvación de la vida eterna.

A continuación, la carta hecha pública por los obispos de Kazajistán, bajo el título:

 ‘Profesión de las verdades inmutables a respecto del matrimonio sacramental’:

Después de la publicación de la Exhortación Apostólica “Amoris laetitia” (2016) diversos obispos han emitido a nivel local, regional y nacional normas concernientes a la aplicación de la disciplina sacramental a los fieles llamados “divorciados vueltos a casar”, quienes se unieron en una convivencia estable more uxorio con una persona que no es su legítimo cónyuge, pese a que esté vivo quien sí tiene esa condición, con quien está unido por un válido vínculo matrimonial.

Las normas mencionadas prevén, entre otras cosas, que en casos individuales las personas llamadas “divorciados vueltos a casar”, puedan recibir los sacramentos de la Penitencia y de la Santa Comunión, pese a continuar viviendo habitual e intencionalmente more uxorio con una persona que no es su legítimo cónyuge. Tales normas han recibido a menudo aprobación de parte de diversas autoridades jerárquicas y algunas de ellas fueron inclusive dadas por buenas por la suprema autoridad de la Iglesia.

La difusión de dichas normas pastorales eclesiásticamente aprobadas han causado una notable y creciente confusión entre fieles y en el clero; confusión ésta que toca manifestaciones centrales de la vida de la Iglesia, como lo son el matrimonio sacramental que da origen a la familia, la iglesia doméstica y el sacramento de la Santísima Eucaristía.

Según la doctrina de la Iglesia sólo el vínculo matrimonial sacramental constituye una iglesia doméstica (cf. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 11). La admisión de los fieles “divorciados vueltos a casar” a la Santa Comunión, que es la expresión máxima de la unidad de Cristo-Esposo con Su Iglesia, significa en la práctica un modo de aprobación y legitimación del divorcio y, en ese sentido, una especie de introducción del divorcio en la Iglesia.

Las mencionadas normas pastorales se revelan de hecho y con el tiempo un medio de difusión de la “plaga del divorcio”, expresión usada por el Concilio Vaticano II (cf. Gaudium et spes, 47). Se trata de una difusión de esta “plaga del divorcio” inclusive en la propia vida de la Iglesia, cuando Ésta debería ser en cambio – a causa de su fidelidad incondicional a la doctrina de Cristo – un baluarte y una señal inconfundible de contradicción contra la plaga del divorcio cada vez más difusas en la sociedad civil.

De modo inequívoco y sin admitir ninguna excepción Nuestro Señor y Redentor Jesucristo ha reconfirmado solemnemente la voluntad de Dios en lo que dice respecto a la prohibición absoluta del divorcio. Una aprobación y legitimación de la violación de la sacralidad del vínculo matrimonial, aunque lo sea indirectamente por medio de la mencionada nueva disciplina sacramental, contradice en modo grave la expresa voluntad de Dios y Su mandamiento. Tal práctica representa por lo tanto una alteración substancial de la disciplina sacramental bimilenaria de la Iglesia. Además, con el correr del tiempo, una disciplina substancialmente alterada acarreará también una alteración de la correspondiente doctrina.

El constante Magisterio de la Iglesia, comenzando por las enseñanzas de los Apóstoles y de todos los Sumos Pontífices, ha conservado y trasmitido fielmente ya sea en la doctrina (en la teoría), ya sea en la disciplina sacramental (en la práctica), de modo inequívoco, sin sombra alguna de duda y siempre en el mismo sentido y con idéntico significado (eodem sensu eademque sententia) la cristalina enseñanza de Cristo con respecto a la indisolubilidad del matrimonio.

A causa de su naturaleza divinamente establecida, la disciplina de los sacramentos no debe contradecir la palabra revelada: “Los sacramentos no sólo suponen la fe, sino que, a la vez, la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y de cosas; por esto se llaman ‘sacramentos de la fe’ ” (Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 59). “Incluso la suprema autoridad de la Iglesia no puede cambiar la liturgia a su arbitrio, sino solamente en virtud del servicio de la fe y en el respeto religioso al misterio de la liturgia” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1125). La fe católica por su propia naturaleza excluye una formal contradicción entre la fe profesada, por una parte, y la práctica de los sacramentos, por otra. En este sentido se puede entender también la siguiente afirmación del Magisterio: “El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época” (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 43) y “la pedagogía concreta de la Iglesia debe estar siempre unida y nunca separada de su doctrina” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio, 33).

En vista de la importancia de la doctrina y de la disciplina del matrimonio y de la Eucaristía, la Iglesia está obligada a hablar con la misma voz. Por lo tanto, las normas pastorales que dicen respecto a la indisolubilidad del matrimonio no deben contradecirse entre una diócesis y otra, entre un país y otro. La Iglesia ha observado este principio, como lo atestigua San Ireneo de Lyon, desde los tiempos de los Apóstoles: “Si bien la Iglesia esté difundida por todo el mundo hasta los extremos de la tierra, por el hecho de haber recibido de los Apóstoles y de los discípulos la fe, conserva esta predicación y esta fe con cuidado y – como si habitase en una sola casa – cree en ella de la misma manera, como si tuviese una sola alma y un solo corazón y con voz unánime, como si tuviese una sola boca, predica la verdad de la fe, la enseña y la transmite” (Adversus haereses, I, 10, 2). Santo Tomás de Aquino nos transmite el mismo perenne principio de la vida de la Iglesia: “Hay una sola y misma fe de los antiguos y de los modernos; si no, no habría una única y misma Iglesia” (Questiones Disputatae de Veritate, q. 14, a. 12c).

Permanece actual la siguiente amonestación del Papa Juan Pablo II: “La confusión, creada en la conciencia de numerosos fieles por la divergencia de opiniones y enseñanzas en la teología, en la predicación, en la catequesis, en la dirección espiritual, sobre cuestiones graves y delicadas de la moral cristiana, termina por hacer disminuir, hasta casi borrarlo, el verdadero sentido del pecado” (Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitenia, 18).

A la doctrina y disciplina sacramental concerniente a la indisolubilidad del matrimonio rato y consumado, es plenamente aplicable el sentido de las siguientes afirmaciones del Magisterio de la Iglesia:
  • “Pues la Iglesia de Cristo, diligente custodia y defensora de los dogmas a Ella confiados, jamás cambia en ellos nada, ni disminuye, ni añade, antes, tratando fiel y sabiamente con todos sus recursos las verdades que la antigüedad ha esbozado y la fe de los Padres ha sembrado, de tal manera trabaja por limarlas y pulirlas, que los antiguos dogmas de la celestial doctrina reciban claridad, luz, precisión, sin que pierdan, sin embargo, su plenitud, su integridad, su índole propia, y se desarrollen tan sólo según su naturaleza; es decir, el mismo dogma, en el mismo sentido y parecer” (Pio IX, Bula dogmática Ineffabilis Deus).
  • “En lo que dice respecto a la substancia de la verdad, la Iglesia tiene, frente a Dios y a los hombres, el sagrado deber de anunciarla, de enseñarla sin atenuantes, como Cristo la ha revelado y no existe ninguna condición de los tiempos que pueda dispensar del rigor de esta obligación. Ese deber liga la conciencia de todos los sacerdotes a los cuales ha sido confiado el cuidado de amaestrar, amonestar y guiar a los fieles” (Pio XII, Discurso a los párrocos y cuaresmalistas, 23 de marzo de 1949).
  • “La Iglesia no historiza, no relativiza las metamorfosis de la cultura profana, su naturaleza siempre igual y fiel a sí misma, como Cristo la quiso y la tradición la perfeccionó” (Paulo VI, Homilía dal 28 de octubre de 1965).
  • “No menoscabar en nada la saludable doctrina de Cristo es una forma de caridad eminente hacia las almas” (Paulo VI, Encíclica Humanae Vitae, 29).
  • “La Iglesia no cesa nunca de invitar y animar, a fin de que las eventuales dificultades conyugales se resuelvan sin falsificar ni comprometer jamás la verdad.” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio, 33).
  • “De tal norma (la ley moral divina) la Iglesia no es ciertamente ni la autora ni el árbitro. En obediencia a la verdad que es Cristo, cuya imagen se refleja en la naturaleza y en la dignidad de la persona humana, la Iglesia interpreta la norma moral y la propone a todos los hombres de buena voluntad, sin esconder las exigencias de radicalidad y de perfección” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio, 33).
  • “El otro es el principio de la verdad y de la coherencia, por el cual la Iglesia no acepta llamar bien al mal y mal al bien. Basándose en estos dos principios complementarios, la Iglesia desea invitar a sus hijos, que se encuentran en estas situaciones dolorosas, a acercarse a la misericordia divina por otros caminos, pero no por el de los Sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, hasta que hayan alcanzado las disposiciones requeridas del alma” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia, 34).
  • “La firmeza de la Iglesia en defender las normas morales universales e inmutables no tiene nada de humillante. Está sólo al servicio de la verdadera libertad del hombre. Dado que no hay libertad fuera o contra la verdad” (Juan Pablo II, Encíclica Veritatis splendor, 96).
  • “Ante las normas morales que prohíben el mal intrínseco no hay privilegios ni excepciones para nadie. No hay ninguna diferencia entre ser el dueño del mundo o el último de los miserables de la Tierra: ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales” (Juan Pablo II, Encíclica Veritatis splendor, 96).
  • “El deber de reiterar esta no posibilidad de admitir a la Eucaristía (a los divorciados vueltos a casar) es condición de verdadera pastoralidad, de auténtica preocupación por el bien de estos fieles y de toda la Iglesia, ya que indica las condiciones necesarias para la plenitud de aquella conversión a la cual todos son siempre invitados por el Señor” (Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, Declaración acerca de la admisibilidad a la Santa Comunión a los divorciados vueltos a casar, 24 de junio del 2000, n. 5).
Como obispos católicos, los cuales – según la enseñanza del Concilio Vaticano II – deben defender la unidad de la fe y de la disciplina común de la Iglesia, y buscar que surja para todos los hombres la luz de la verdad plena (cf. Lumen gentium, 23), nos vemos obligados en conciencia a profesar, ante la desenfrenada confusión, la inmutable verdad y la igualmente inmutable disciplina sacramental concerniente a la indisolubilidad del matrimonio conforme a la enseñanza bimilenaria e inalterada del Magisterio de la Iglesia. En este espíritu reiteramos:
  • Las relaciones sexuales entre personas que no están unidas entre sí por el vínculo de un matrimonio válido, como se verifica en el caso de los “divorciados vueltos a casar”, son siempre contrarias a la voluntad de Dios y constituyen una grave ofensa a Dios.
  • Ninguna circunstancia o finalidad, ni siquiera una posible imputabilidad o culpa disminuída, pueden hacer de tales relaciones sexuales una realidad moral positiva y agradables a Dios. Lo mismo vale para los otros preceptos negativos de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. Ello a causa de que “existen actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto.” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia, 17).
  • La Iglesia no posee el carisma infalible de juzgar sobre el estado de gracia interno de un fiel (cf. Concilio di Trento, sess. 24, cap. 1). La no admisibilidad a la Santa Comunión de los así llamados “divorciados vueltos a casar” no significa por lo tanto un juicio de su estado de gracia ante Dios, sino un juicio del carácter visible, público y objetivo de su situación. A causa de la naturaleza visible de los sacramentos y de la misma Iglesia, la recepción de los sacramentos depende necesariamente de la situación visible y objetiva de los fieles.
  • No es moralmente lícito tener relaciones sexuales con una persona que no es el propio cónyuge legítimo, para evitar un supuesto otro pecado. Ello a causa de que la Palabra de Dios nos enseña que no es lícito “hacer el mal para que venga el bien” (Rom 3, 8).
  • La admisión de tales personas a la Santa Comunión puede ser permitida solamente cuando, con la ayuda de la gracia de Dios y de un paciente e individual acompañamiento pastoral, ellas hacen un sincero propósito de cesar de allí en adelante tales relaciones sexuales y de evitar el escándalo. En ello se ha expresado siempre en la Iglesia el verdadero discernimiento y el auténtico acompañamiento pastoral.
  • Las personas que mantienen relaciones sexuales no conyugales de modo habitual, violan con tal estilo de vida el indisoluble vínculo nupcial matrimonial respecto al legítimo cónyuge. Por esta razón no son capaces de participar “en el Espíritu y en la Verdad” (cf. Jn 4, 23) en la cena nupcial eucarística de Cristo, teniendo también en cuenta las palabras del rito de la Sagrada Comunión: “¡Beatos los invitados a la Cena del Cordero!” (Ap 19, 9).
  • El cumplimiento de la voluntad de Dios, revelada en Sus Diez Mandamientos y en Su explícita prohibición del divorcio, constituye el verdadero bien espiritual de las personas aquí en la Tierra, permitiendo así que sean conducidas a la salvación de la vida eterna.
Siendo los obispos en su oficio pastoral quienes deben “velar por la fe católica y apostólica” (cf. Missale Romanum, Canon Romanus), estamos conscientes de esta grave responsabilidad y de nuestro deber ante los fieles que de nosotros esperan una profesión pública e inequívoca de la verdad y de la disciplina inmutables de la Iglesia en lo que dice respecto a la indisolubilidad del matrimonio. Por esta razón no nos es permitido callar.

Afirmamos por lo tanto en el espíritu de San Juan Bautista, de San Juan Fisher, de Santo Tomás Moro, de la Beata Laura Vicuña y de numerosos conocidos y desconocidos confesores y mártires de la indisolubilidad del matrimonio:

No es lícito (non licet) justificar, aprobar o legitimar, ni directamente ni indirectamente, ya sea el divorcio ya sea una relación sexual no conyugal estable, con una disciplina sacramental de admisión a la Santa Comunión de los así llamados “divorciados vueltos a casar”, tratándose en este caso de una disciplina ajena a la entera Tradición de la fe católica y apostólica.

Haciendo esta pública profesión ante nuestra conciencia y ante Dios que nos ha de juzgar, estamos sinceramente convencidos de prestar así un servicio de caridad en la verdad a la Iglesia de nuestro tiempo y al Sumo Pontífice, Sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo sobre la Tierra.

31 de diciembre del 2017, Fiesta de la Sagrada Familia, en el año del centenario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima.

+ Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la archidiócesis de Santa Maria en Astana

+ Jan Pawel Lenga, Arzobispo-Bispo emérito de Karaganda

+ Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de la archidiócesis de Santa Maria en Astana