martes, 1 de diciembre de 2020

BENDITO SEA DIOS

 


Se reza en la Adoración Eucarística. 

Bendito sea Dios. 
Bendito sea su Santo Nombre. 
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre. 
Bendito sea el Nombre de Jesús. 
Bendito sea su Sacratísimo Corazón. 
Bendito sea su Preciosísima Sangre. 
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. 
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador. 
Bendita sea la Incomparable Madre de Dios María Santísima. 
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción. 
Bendita sea su gloriosa Asunción. 
Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre. 
Bendito sea San José su castísimo esposo. 
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

lunes, 30 de noviembre de 2020

ORACIONES DE SANTA BRÍGIDA PARA 12 AÑOS 

 

Estas oraciones, como le han sido dadas por el Señor a Santa Brígida, deben rezarse durante 12 años. En caso que la persona que las rece muera antes que pasen los doce años, el Señor aceptará estas oraciones como si se hubieran rezado en su totalidad. Si se saltase un día o un par de días con justa causa, podrán ser compensadas al final de los 12 años. 

 Esta devoción ha sido declarada buena y recomendada tanto por el Sacro Collegio de Propaganda Fidei, como por el Papa Clemente XII. El Papa Inocencio X confirmó esta revelación como “venida del Señor”. 

 PROMESAS 

 1. El alma que las reza no sufrirá ningún Purgatorio. 

2. El alma que las reza será aceptada entre los mártires como si hubiera derramado su propia sangre por la fe.

 3 El alma que las reza puede (debe) elegir a otros tres a quienes Jesús mantendrá luego en un estado de gracia suficiente para que se santifiquen. (*) 

 4. Ninguna de las cuatro generaciones siguientes al alma que las reza se perderá. 

 5. El alma que las reza será consciente de su muerte un mes antes de que ocurra. 

 (*) Escribir los tres nombres (personas vivas) en un papel y guardarlo. Los nombres no se pueden cambiar. 

 Algunas interrogantes 

 1. ¿Puedo esperar algunos o muchos años hasta el final de mi vida para comenzar a rezarlas y así evitarme los doce años? 

Respuesta: No 

 2. ¿Puedo esperar estar afectado por alguna enfermedad terminal, para comenzar a rezarlas y así evitarme los doce años? 

Respuesta: No 

 3.- Si por olvido o por otro motivo, pasan las doce de la noche, ¿Se considera ese día como perdido? 

Respuesta: Se puede extender el plazo hasta el día siguiente, antes del alba, válido para el día anterior. Lógicamente que se debe volver a rezar durante el día para el día correspondiente. Esta extensión se puede utilizar todas las veces que sea necesaria. 

 4.- ¿Cuáles son las “causas justificadas”? 

Respuesta: Por el simple olvido de uno o dos días, quizás por algún acontecimiento familiar o laboral. En caso de accidente o enfermedad que signifique gravedad o inconciencia, se puede recuperar ese plazo al final, aquí se justifica que pueda ser un plazo mayor. Cuando la persona se encuentre mejor, pedirle a alguien que las rece en voz alta e ir repitiendo mentalmente las oraciones. Lo que no es válido es rezar dos meses, dejar uno, rezar otros seis, dejar tres, ahí no sirve. 

ADVERTENCIA 

 La gente no debe pensar que se puede vivir como se quiere y que estas oraciones son una garantía para irse al Cielo. Se debe vivir con Dios con toda sinceridad mientras reza estas oraciones y de ahí para adelante, porque el alma que piensa que puede ser más lista que la Luz de Dios, se llevará una sorpresa muy incómoda y desagradable cuando llegue el tiempo de seguir su camino. No olvidar que Dios penetra los corazones a cada instante. Dios siempre nos ve y nos escucha. 

                                          * * * 

 REZAR DIARIAMENTE LO SIGUIENTE: 

Oh Jesús, ahora deseo rezar la oración del Señor siete veces junto con el amor con que Tú santificaste esta oración en Tu corazón. Tómala de mis labios hasta Tu Sagrado Corazón. Mejórala y complétala para que le brinde tanto honor y felicidad a la Trinidad en la tierra como Tú lo garantizaste con esta oración. Que ésta se derrame sobre Tu santa humanidad para la glorificación de Tus dolorosas heridas y la preciosísima Sangre que Tú derramaste de ellas. 

 1) LA CIRCUNCISIÓN 

Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, Te ofrezco las primeras heridas, los primeros dolores y el primer derrame de sangre como expiación de los pecados de mi infancia y de toda la humanidad, como protección contra el primer pecado mortal, especialmente entre mis parientes. 

2) LA AGONÍA DE JESÚS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS 

Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco el intenso sufrimiento del Corazón de Jesús en el Huerto de los Olivos y cada gota de su sudor de sangre como expiación de mis pecados del corazón y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el amor divino y fraterno. 

 3) LA FLAGELACIÓN

Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las muchas miles de heridas, los terribles dolores y la precisísima sangre de la flagelación como expiación de mis pecados de la carne y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y la preservación de la inocencia, especialmente entre mis parientes. 

 4) LA CORONACIÓN DE ESPINAS 

Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las heridas, los dolores y la preciosísima sangre de la sagrada cabeza de Jesús luego de la coronación de espinas, como expiación de mis pecados del espíritu y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el reino de Cristo aquí en la tierra. 

 5) CARGANDO LA CRUZ 

Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco los sufrimientos en el camino a la cruz, especialmente la santa herida en su hombro y su preciosísima sangre como expiación de mi negación de la cruz y la de toda la humanidad, todas mis protestas contra tus planes divinos y todos los demás pecados de palabra, como protección contra tales pecados y para un verdadero amor a la cruz. 

 6) LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS 

Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco a tu Hijo en la cruz, cuando lo clavaron y lo levantaron, las heridas en sus manos y pies y los tres hilos de la preciosísima sangre que derramó allí por nosotros, las extremas torturas del cuerpo y del alma, su muerte preciosa y su renovación no sangrienta en todas las santas misas de la Tierra, como expiación de todas las heridas contra los votos y normas dentro de las Órdenes, como reparación de mis pecados y los de todo el mundo, por los enfermos y moribundos, por todos los santos sacerdotes y laicos, por las intenciones del Santo Padre, por la restauración de las familias cristianas, para el fortalecimiento de la Fe, por nuestro país y por la unión de todas las naciones en Cristo y su Iglesia, así como también por la diáspora. 

 7) LA LLAGA DEL COSTADO DE JESÚS 

Padre Nuestro. Ave María. Gloria. Padre Eterno, acepta como dignas, por las necesidades de la Iglesia y como expiación de los pecados de toda la humanidad, la preciosísima sangre y el agua que manó de la herida del Sagrado Corazón de Jesús. Sé misericordioso para con nosotros. ¡Sangre de Cristo, el último contenido precioso de su Sagrado Corazón, lávame de todas mis culpas de pecado y las de los demás! ¡Agua del costado de Cristo; lávame totalmente de las penitencias del pecado y extingue las llamas del Purgatorio para mí y para todas las almas del Purgatorio! Amén.

jueves, 26 de noviembre de 2020

PASTORES MUDOS QUE OBRAN CON LA FALSA PRUDENCIA DEL MUNDO



"La verdad engendra odio; por ésto algunos, para no incurrir en el odio de los oyentes, velan la boca con el manto del silencio. Si predicaran la verdad, como la verdad misma lo exige y como abiertamente la divina Escritura obliga, incurrirían en el odio de las personas mundanas, que acabarían por excluirlos de sus entornos. Pero como caminan según la mentalidad de los hombres de mundo, temen de escandalizarlos; siendo que nunca se debe hacer menos a la verdad, ni siquiera a costa del escándalo.” 

 San Antonio de Padua

martes, 24 de noviembre de 2020

SAN JUAN DE LA CRUZ, CONFESOR. — 24 de noviembre



 San Juan de la Cruz, insigne maestro de la vida espiritual y grande ornamento de la reforma de la Orden carmelitana, nació en Fontíveros, villa del obispado de Ávila y antes que naciese fué ofrecido por su madre a la Santísima Virgen María. Quedando el santo niño huérfano de padre, el administrador del Hospital de Medina del Campo se lo pidió a su madre, para que sirviese a los pobres, ofreciéndole darle alimentos, estudios y una capellanía. Era Juan de doce años cuando comenzó a servir en el hospital y al mismo tiempo estudió gramática, retórica y filosofía, en que salió muy consumado. En esta sazón fundaron los religiosos carmelitas un convento en Medina, en el cual el santo mancebo tomó el sagrado hábito y resplandeció señaladamente en el espíritu de oración, en la pobreza y aspereza de vida. Adelantó su penitencia con extraños rigores; el jubón de esparto le parecía suave; las disciplinas no le satisfacían, si no las teñía en sangre; tenía los cilicios por blandos, si no taladraban sus miembros: la cama era un rincón del coro, con una piedra por almohada. Mandáronle a Salamanca para estudiar teología y habiendo sido ordenado de sacerdote, quiso pasar a la Cartuja para llevar vida más austera; pero el Señor que le llamaba para una grande obra de su servicio, le inspiró la reforma de su sagrada orden, que a la sazón había ya comenzado Santa Teresa de Jesús, entre sus religiosas carmelitas. El primer convento reformado fué el de Duruelo, pobrísimo, estrecho, lleno de cruces y calaveras, donde el santo, por parecerse hasta en el nombre a su Redentor crucificado, mudó el nombre de Matías, en el de Juan de la Cruz. Allí fué probado por el Señor con durísima sequedad y oscuridad del espíritu, cuyo estado describe admirablemente en su libro titulado "Noche obscura", mas pasada la terrible prueba, fué regalado por Dios con tan inefables comunicaciones del cielo y sublimes arrobamientos, que no parecían sino un serafín en cuerpo humano. Vencidas las gravísimas dificultades, fundó numerosos conventos, que gobernó santísimamente, en los cuales florecía la santidad de la primera Regla. Queriendo el Señor llevarle para sí, le envió una enfermedad dolorosísima, que se mostró en cinco apostemas en forma de cruz y llegada la hora de su dichoso tránsito, en el año de 1590, lo rodeó un globo grande de luz como de fuego resplandeciente, cuya claridad ofuscaba la de veinte luces que ardían en el altar de su celda, sintiéndose por todo el convento una celestial fragancia. 

REFLEXIÓN: ¡Dichosa el alma que, a imitación del esclarecido confesor de Cristo, Juan de la Cruz, se esfuerza en renunciar todo lo que parece florecer a la sombra de esta vida! El que se deja dominar por el amor engañoso de este mundo, pierde infaliblemente las dulzuras de la felicidad verdadera. Mientras exista en nuestro corazón alguna afición desordenada por las cosas creadas, no alcanzaremos la abnegación necesaria para llegar a la santidad, a la plenitud de la dicha, al descanso del espíritu. 

ORACIÓN: Oh Dios, que hiciste al bienaventurado Juan, tu confesor, uno de los mayores amantes de la Cruz y de la perfecta abnegación de sí mismo, concédenos que, imitándole sin cesar, consigamos como él, la gloria eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 
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* Fuente: "FLOS SANCTORUM ANNO DOMINI" de la Familia Cristiana (Vidas de los Santos y Principales Festividades del Año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las oraciones litúrgicas de la Iglesia), por el Rvdo. P. Francisco de Paula Morell S. J.
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REFLEXIÓN: La sequedad del espiritu; he ahí una de las tentaciones más terribles que pueden afligir al alma que vive entregada a Dios. Túvola el santo Patriarca Job, en el cuerpo, en el alma y en los bienes recibidos de Dios, pero mucho más acerbo la tuvo Jesucristo cuando agonizando en la cruz, clamó con trémula voz que suma y cifra en sí misma la búsqueda angustiosa del alma a Dios: - "Eloí, Eloí, ¿lamma sabactaní?", es decir, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Y así lo permite Dios para darnos una inequívoca lección de humildad de que sin Él nada somos y con Él lo somos todo. Esa vaciedad de Dios es el tormento más espantoso tanto en el Purgatorio como así también en el Infierno conocida como la "Pena de Daño" que consiste en la privación de la vista de Dios, en la orfandad del alma sin Dios con la diferencia de que en el Purgatorio esa pena es temporal, a diferencia del infierno que es eterna. En cuanto al Cielo, es la contemplación y posesión eterna de Dios el don justamente inefable que constituye el gozo Sempiterno de los bienaventurados de verle, amarle y poseerle a Dios por toda la eternidad. Lejos pues de nosotros el alejarnos de Dios por cosas baladíes de este mundo a riesgo de perderle para siempre en el siglo futuro. ... y aleja de nosotros, Señor, todo espíritu de discordia, envidia y maledicencia. Amén. 
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 MEDITACIÓN: LA ENVIDIA. 

 I. Nada hay que el cristiano deba evitar más que la envidia, porque allí donde ella reina no hay caridad, ni humildad, ni tranquilidad de espíritu. La envidia nos hace enemigos de Dios, de nuestro prójimo y de nosotros mismos. Lo más raro es que el envidioso se hace más mal a sí mismo que a los demás. La dicha del prójimo tórnalo miserable y lo condena; se aflige a sí mismo sin poder hacer mal a los otros. El envidioso es el enemigo de su salvación más todavía que del prójimo (San Cipriano). 

 II. Tiénese envidia de los bienes del espíritu y de los bienes del cuerpo, de los bienes de la naturaleza y de los bienes de gracia. ¡Qué locura envidiar en tu prójimo aquello que Dios, en su liberalidad, le concedió, o aquello que él adquirió mediante su trabajo! Los bienes de la tierra muy poca cosa son para que sean objeto de tu envidia; en cuanto a los dones y favores de Dios, si los deseas, eres un insensato envidiando a los demás, porque éste es el medio, precisamente, con que no los obtendrás.

 III. Para corregirte de este vicio, hay que buscar las fuentes, que son la vanidad y la falta de caridad. Considera, además, las penas que te causa la envidia y los pecados que te hace cometer; arruina tu salud y tu reputación. ¡Desdichado! ¡Imita el bien que ves en los demás, y no tendrás motivo para envidiarlos! Si no puedes imitarlos, alégrate de que practiquen la virtud y sigan el camino del cielo; es la manera de participar de sus méritos. Imita a los buenos, si puedes; si no puedes, alégrate con ellos (San Cipriano).

 ORACIÓN

 Oh Dios, que habéis hecho de San Juan de la Cruz, vuestro confesor y Doctor, un amante apasionado de la Cruz y de la perfecta abnegación de sí mismo, concedednos la gracia de llegar, caminando por sus huellas, a la gloria eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.