lunes, 25 de julio de 2016

LA LUCHA POR LA FAMILIA Y LA VIDA COBRA MÁS Y MÁS FUERZA EN MÉXICO


La diócesis de Nezahualcóyotl, realizó una marcha por la paz y la vida presidida por el obispo Héctor Luis Morales Sánchez.

 Los feligreses e integrantes de organizaciones civiles acudieron a la Glorieta del Coyote y de allí partieron al estadio Neza 86 en donde se llevó a cabo una misa.  Durante el trayecto, las familias caminaron, la mayoría de ellos, con vestimenta blanca y con pancartas a favor de la familia constituida por un hombre y una mujer, contra el crimen del aborto y a favor de la paz.

Los organizadores señalaron: “Queremos manifestar pública y pacíficamente nuestro apoyo a la institución familiar, sólidamente constituida sobre la base matrimonial de un hombre y una mujer como el camino natural para la procreación, porque los niños tienen derecho a un padre y a una madre, además de promover los valores de la familia y el matrimonio, porque la familia no es problema, sino una solución... A todos los movimientos diocesanos y grupos parroquiales de nuestras comunidades les pedimos que llevaran sus estandartes blancos, como símbolo del amor a la vida y la paz en sociedad... Somos más la gente de paz y exhortamos a aquellas personas que se dedican a delinquir y a extorsionar, a cambiar de forma de vida porque sabemos que lo pueden hacer y por ello todos los días rezamos a favor de esa conversión”.

sábado, 23 de julio de 2016

EL PADRE RODRIGO AGUILAR, MÁRTIR MEXICANO


Ordenado sacerdote en enero de 1903, sirvió en varios ministerios pastorales de Los Altos de Jalisco y en otros lugares de aquel estado. Pudo visitar Tierra Santa poco antes de su martirio, antes de ser nombrado párroco de Unión de Tula en 1925.

Fue ahorcado en un árbol de mango de la plaza de Ejutla de Jalisco el 28 de octubre de 1927 a los 52 años de edad y 24 de sacerdote. Había dicho “los soldados nos podrán quitar la vida, pero la fe nunca”. Un sacerdote culto y buen escritor se había dedicado con toda su alma al ministerio sacerdotal por lo que optó también por permanecer junto a su gente.

Confiaba en la Virgen de Guadalupe, de la que era gran devoto: “Todo lo debo a la Santísima Virgen de Guadalupe, a quien en día feliz tuve la dicha de consagrarle mi sacerdocio. Bajo la luz de su mirada pasé mis estudios, mi clericado, mi cantamisa y fui a rendirle mi corazón al Tepeyac”.

El 27 de octubre de 1927, Ejutla, el pueblo donde moriría Mártir, fue invadido y saqueado por unos 600 soldados gubernamentales al mando del general Juan B. Izaguirre y del agrarista Donato Aréchiga, lo que provocó que la gente del pueblo huyera a las montañas. Funcionaba allí uno de los seminarios clandestinos, por lo que sacerdotes y seminaristas se vieron sorprendidos por los soldados. Los más jóvenes lograron escapar brincando por ventanas y saltando la tapia posterior de un viejo convento donde se encontraban. El P. Rodrigo Aguilar, a pesar de ser ayudado por el seminarista José Garibay, como estaba enfermo no podía correr y brincar: los soldados lo acorralaron en seguida y fue detenido junto con un seminarista que había optado por quedarse con él para darle la mano. El P. Aguilar declaró que era sacerdote, por lo que lo insultaron y se lo llevaron con el seminarista y con algunas religiosas. Encarcelado, pasó el día en oración. El general quiso dejarle libre, pero el miliciano Aréchiga intervino para que fuese "ajusticiado".

Los soldados lo llevaron a la plaza del pueblo para ahorcarlo de un enorme árbol de mango que la presidía. “El heroico sacerdote continuaba tranquilo y casi toda la tarde y las horas de la noche que habían transcurrido las había pasado en oración”. El sacerdote bendijo la cuerda, la besó, perdonó a todos y regaló un rosario a uno de los soldados ejecutores. “Uno de los soldados le dijo altaneramente: ¿Quién vive?” Y luego añadieron que si gritaba: “Viva el Supremo Gobierno”, no le ahorcaban. El P. Rodrigo contestó con fuerza: “¡Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!” Tiraron con fuerza de la soga y el sacerdote quedó colgando en el aire. Lo bajaron de nuevo y se repitió el mismo interrogatorio y el sacerdote repitió con toda la fuerza que le quedaba lo mismo: “¡Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!” Por tercera vez se repitió la escena y por tercera vez el sacerdote arrastrando la lengua y ya agonizante repitió con toda su alma: “¡Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!” Lo levantaron con rabia, y en ese momento expiró.

Era la una de la madrugada (del 28 de octubre de 1927), los testigos afirmaron que en ese momento vieron una claridad en el cielo, que en aquel momento el cielo brilló de luz. Lo dejaron colgado hasta el mediodía. La gente había huido del pueblo, que había quedado desierto como en un cuadro desolador. Los soldados saquearon el pueblo y quemaron cerca del cadáver todos los enseres religiosos de las iglesias del pueblo. Tres cristianos, Juan Ponce, Jesús y Silvano García, pidieron autorización y descolgaron el cuerpo; lo sepultaron como estaba, sin caja, en el cementerio, y sobre la tumba colocaron unas flores. Cinco años después fue exhumado y sepultado en su iglesia parroquial, como un Mártir.

El P. Rodrigo tenía alma de poeta. Había escrito varias poesías al Crucificado como éstas:

“Miradle allí: pendiente del madero
Sobre la cumbre del tremendo Gólgota;
Tinto en la roja sangre que destila
Todo su cuerpo por las venas rotas”.

“Tórtola solitaria que suspiras
Del Gólgota en la cumbre tenebrosa,
En medio del horror y del espanto,
Que la naturaleza tremebunda
Ofrece a tu mirada vigorosa;
Anegada en un mar de sinsabores
Y en un océano inmenso de tristeza”.


Extracto del libro “México, tierra de Mártires”, del P. Fidel González F. Fuente original.

jueves, 21 de julio de 2016

JESÚS DA LA VISTA AL CIEGO (MEDITACIÓN)


De la vida que Cristo dio al ciego mendigo
(Puntos para meditarlos varios minutos, luego de su lectura)

Punto I. Considera cómo este ciego fue símbolo del pecador pobre de las riquezas verdaderas, mendigo de las criaturas, pidiendo a las puertas de ellas, sentado y descuidado de su salvación en el descanso de sus vicios junto al camino, porque a vista del verdadero que lleva al cielo, anda descaminado por despeñaderos y a riesgo de caer a cada paso y dar consigo en el infierno. Vuelve los ojos a ti mismo y considera el estado en que te puso el pecado, y llora y gime tu miseria, y cóbrale el aborrecimiento que debes tenerle. Mírate ciego, pobre, mendigo, sin luz ni providencia, descuidado y sin camino en la ceguedad de tus vicios, siguiendo desenfrenadamente tus desordenados apetitos, y clama al Señor con este ciego pidiéndole vista y salud: Jesu Fiti David míserere mei.

Punto II. Considera cómo el ciego clamaba á Jesús, y los que pasaban le impedían y denostaban, mas no por eso desistió de sus clamores hasta conseguir su petición; en que te enseña a clamar a Dios en tus necesidades, y cuánto impide el tropel de las cosas temporales que pasan con el tiempo, los cuidados exteriores que divierten el alma de la oración y no la dejan clamar a Dios; pero tú a imitación de este ciego debes no rendirte, sino perseverar clamando y orando hasta conseguir tu petición.

Punto III. Considera cómo Cristo se paró a las voces del ciego y ordenó a sus discípulos que se le trajesen y le sanó; en que tienes mucho que aprender. Lo primero, cómo la oración del pobre detuvo a Cristo, en que conocerás la fuerza de la oración que detiene a Dios en su camino y le hace parar a socorrer nuestras necesidades, y clama en las tuyas y dile con el ciego: Jesús, hijo de David, tened misericordia de mí, y no le dejes pasar sin que te oiga y remedie, como lo hizo con este ciego. Lo Segundo, aprende del Salvador a detenerte cuando oyeres la voz del pobre, y no pases sin remediarle en la manera que pudieres sus necesidades. Lo tercero, advierte cuán fácilmente pudiera Cristo llegarse al ciego, y no lo hizo sino mandó a los apóstoles que se le trajesen, para que supiésemos que es oficio de apóstoles traer los ciegos a Dios; y que les manda a sus discípulos, y a ti si eres uno de ellos, que le traigas todos los ciegos en el alma que pudieres para que les dé vista. Considera cuántos lo están, porque tú no se los traes y que son muchos los que ciegos con sus pasiones se despeñan en el abismo por no darles tú la mano ni traerlos al conocimiento de Dios. Duélete de tu poca caridad y procura en adelante el bien de tus prójimos amándolos como a ti, y haciendo el oficio con ellos que quisieras que hicieran contigo.

Punto IV. Considera cómo en dando Cristo vista al ciego, él le siguió dándole mil gracias, y toda la gente glorificó a Dios; adonde conviene meditar dos cosas. La primera, el agradecimiento de este ciego, no solo de palabra alabando a Dios, sino de obra siguiéndole como discípulo con los demás de su escuela: así debes darle tú gracias por las mercedes que te hace, no solo de palabra engrandeciendo su bondad, sino también de obra sirviéndole y siguiéndole y haciéndote su discípulo, que para eso te da ojos para que le sigas y le sirvas adonde quiera que fuere. Lo segundo, pondera que todos los que antes le impedían clamar a Cristo, después le ayudaron a darle gracias y alabanzas por la merced que le hizo. Si tienes valor para perseverar en llamar a Dios sin rendirte a las contradicciones de los hombres sentirás Su divino favor, y que los mismos que te contradicen se trocarán en un punto y te ayudarán a bendecir a Dios. Contempla el gozo de este ciego cuando se halló con vista y la alegría de su alma, cuando vio la luz del cielo y con ella a Cristo, el cual se la dio en el cuerpo y en el alma para conocerle, confesarle, seguirle y servirle. ¡Oh dichoso ciego, que en un punto alcanzaste tanto bien! ¡Oh piadoso Señor, que así oyes a quien te llama! No cierres los oídos a mis clamores. Ten, Señor, misericordia de mí y dame vista para que te conozca, ame, siga, y sirva eternamente. Amén.

Padre Alonso de Andrade, S.J

Fuente: Adelante la fe Título original: De la vida que Cristo dio al ciego mendigo.

miércoles, 20 de julio de 2016

LA CAMPANA SILENCIOSA Y EL DESTINO DE LA RANA


Por: Lic. Oscar Méndez Casanueva

Un filósofo francés, al reconstruir algunas páginas de su infancia, recuerda que en su pueblo había una pequeño convento cuya existencia se hacía presente mediante el diario tañir de una pequeña campana. Al paso de los años, ésta dejó de escucharse. Alguna vez, para su azoro, descubrió que la campana jamás había dejado de repicar y que lo que en realidad había sucedido era que el pueblo había crecido y se lo había comido la “modernidad” y el ruido.

Ciertamente, algo similar acontece en el corazón del hombre. La voz de Dios y su gracia, que tan nítidamente escuchábamos y vivíamos durante nuestra niñez, van quedando sepultadas por los trajines y dificultades que ofrece la vida adulta, especialmente en el seno de un mundo racionalista y petulante.

Este proceso se inicia en la época de la adolescencia y adquiere todo su vigor durante la juventud. Toda una maquinaria enajenante incide en la formación de mentalidades homogéneas que alejan al hombre de Dios con pretextos de una formación laica –en realidad atea- y una corriente “cientificista”. Nunca ha sido tan cierto aquello de que poca ciencia aleja de Dios y mucha y verdadera ciencia acercan a la criatura a su Hacedor.

Escuelas y universidades difunden conocimientos y técnicas, pero se olvidan del espíritu y de la formación axiológica del hombre. No tienen una escala de valores, más no sólo eso, sino lo que es aún peor: ridiculizan los más altos valores morales y tachan de supersticiosas las creencias religiosas.

Los medios de comunicación no se quedan atrás. En su gran mayoría utilizan la vieja táctica de dos pasos al frente y uno para atrás, en el programa de la descatolización permanente.

No hay más que ver un botón de muestra: La propaganda abortiva que efectúan siguiendo la recomendación que se hizo al gobierno mexicano denunciada, en su momento, por el Dr. Bernard Nathanson.

El cine y la televisión con su gran influencia en la creación de criterios y mentalidades han formado generaciones completas de hedonistas sin un verdadero criterio intelectual. El sexo, la violencia, la comodidad y la corrupción, en sus diferentes matices, bombardean a sus pasivos receptores.

Ni que decir de videos, revistas y “cuentos” –sobre todo para el sector más popular-, donde la vulgaridad ha alcanzado, en los últimos años, proporciones ilimitadas. Y también, ahora, la pornografía más cruda y deleznable se encuentra en un gran número de hogares -al alcance de niños y adultos- por medio del internet.

Todo este programa de descatolización que ataca a pasos, cada vez más acelerados, a toda la población, va generando una sociedad sin valores, cada día más alejada de Dios y despreocupada de contrarrestar esta ofensiva que actualmente toma la bandera de la "ideología de género". Lo asombroso consiste en que esta misma sociedad que tanto se queja de la corrupción –a todos los niveles- y de la delincuencia incontrolable que sufre, no sólo no ataca, sino ni siquiera alcanza a adivinar las verdaderas causas de sus males. Ciertamente, está sufriendo el destino de la rana: se dice que si se pone a este animal en una olla con agua muy caliente, brincará de inmediato procurando escapar. En cambio, si se le coloca en una olla con agua fría y se calienta ésta poco a poco, a fuego lento, la rana quedará ahí mansamente, hasta morir hervida.

Así exactamente igual, ha sido la embestida descatolizadora de nuestra sociedad que está viviendo el destino de la rana.

Un proceso social tan enajenante, que aleja al hombre de la verdad trascendente, que le hace olvidar, si no es que hasta desconocer su fin último, sólo es explicable por una suma de voluntades, quebrantadas y manipuladas si se quiere, pero culpables por actos de cerrazón y repudio a Dios. Porque si es una gracia de Dios creer en Él inicialmente, lo es también, y muy grande perseverar en la fe por encima de las dificultades que presenta el mundo desorbitado en el que hoy vivimos.

Si bien, la fe y la fidelidad a Dios y a su Iglesia son una gracia de Dios, también provienen de una determinación personal. No puede creer el que no quiere. El que desea creer, sólo creerá si recibe esta gracia de lo Alto. Don que Dios no niega a quienes lo piden y lo desean con sinceridad, pero que no otorga a aquellos que en el fondo de su realidad verdaderamente no buscan ese don. La gracia de la fe puede producirse en un instante, como una chispa, pero la de perseverar debe ganarse con la plegaria y el esfuerzo diarios. De otro modo, cuando el alma se cierra -en alguna medida- a Dios, puede perderse la fe, aunque se le cierre negando un solo artículo del Credo. Dios es celoso: todo o nada, porque Él no transige.

Es la tragedia de las tragedias, la del hombre infiel que pierde a Dios y el sentido de lo sobrenatural. Es un mundo interior desolado que por una parte se disfraza de suficiencia ante los demás y por la otra se trata de llenar frenéticamente con elementos que atemperen esa desolación y el vacío que lo aprisiona. Esta tragedia se procura acallar por mil medios: dinero, honores, poder, conocimientos, arte, etc.

Por último, la fe madura es una percepción interior y sobrenatural de la realidad en la que se cree. Es la vivencia de las verdades que una vez “sólo se creyeron”, es profunda, vital, imposible de confundir con convicciones simplemente intelectuales. Es la fe que impone entregar la vida por Cristo al mártir o desgastarse al máximo al misionero, olvidándose de sí mismo por evangelizar al prójimo.

Es pues necesario la reflexión de todo esto: ¿Cuántos hemos dejado de oír esa voz nítida de Dios que escuchábamos en nuestra niñez tal como ocurrió con la campana del convento de aquel pueblecillo? Esas vivencias, ese amor al Creador, esa experiencia inigualable de nuestra primera comunión –tan íntima y verdadera-, esos estudios de nuestra religión... ¿dónde quedaron? ¿Olvidamos seguir instruyendo nuestra fe como adultos y sentimos corta nuestra preparación católica infantil? ¿Nos envolvieron las dudas, el ruido, los afanes, el escepticismo, “la modernidad” y dejamos de escuchar la voz de Dios, olvidando que la gracia de la perseverancia se gana con el esfuerzo y la oración diaria? Finalmente: ¿Estamos mansamente esperando que el agua se caliente lentamente para morir hervidos como la rana? ¡Triste destino que se queda corto si lo comparamos con el último y trascendente que sufren los que a Dios rechazan!


lunes, 18 de julio de 2016

LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO HA PERMEADO EN ESTUDIANTES NORTEAMERICANOS

He aquí las consecuencias de la "ideología de género" (bautizada, también, como "ideología de-generada"). Cuando se pierde la verdad objetiva se llega a este grado de estupidez. Si cada quien se considera "lo que quiere" (si un hombre se cree mujer o una mujer se considera hombre o si alguien se clasifica de cualquier modo distinto a la realidad), se crea un caos social que sumerge a la sociedad en la irrealidad solo propia de un gran manicomio. Cada quien puede dar rienda suelta a sus fantasías más absurdas y demenciales y creer ser lo que sea. 

Pero hay iniciativas presidenciales que proclaman esto...





¡¡¡Por decreto presidencial dejarán de estar loquitos!!!

viernes, 15 de julio de 2016

¿NO SABES QUÉ HACER?


Es nuestro Redentor, que vela sobre nosotros; es más que un hermano, más que un amigo incomparable, es el médico de nuestras almas, nuestro Salvador por voluntad propia. Ha venido a "salvar el mundo de sus pecados", curar las dolencias espirituales, traernos "la vida y una vida más abundante", "encender sobre la tierra el fuego del cielo”. Salvarnos, he aquí su misión; salir bien en esta misión, he aquí su gloria y su dicha. ¿Podrá Él no sentir interés por nosotros? Su vida de trabajos y humillaciones, su cuerpo surcado de heridas, su alma llena de dolor, el Calvario y el altar, todo nos muestra que ha hecho por nosotros locuras de amor. ¡Nos ha adquirido a tan alto precio! ¿Cómo no le hemos de ser queridos? ¿En quién pudiéramos tener confianza, si no en este dulce Salvador, sin el cual estaríamos perdidos? Por otra parte, ¿no es Él el Esposo de nuestras almas? Abnegado, tierno y misericordioso para con cada una, ama con marcada dilección a aquellas que todo lo han dejado por adherirse sólo a Él. Tiene sus delicias en verlas cerca de su tabernáculo y vivir con ellas en la más dulce intimidad.

El que ha amado al mundo hasta el extremo de morir por nosotros y ¡muerte de cruz!, ¿qué nos podrá negar? Sabe mejor que nosotros lo que necesitamos para el cuerpo y para el alma; quiere ser rogado, tan sólo nos echará en cara el no haber suplicado bastante, y no dará una piedra a su hijo que le pide pan. Si es preciso que se muestre severo para impedir que corramos a nuestra perdición, su corazón es quien arma su brazo; cuenta los golpes y en cuanto lo juzgue oportuno, enjugará nuestras lágrimas y derramará el bálsamo sobre la herida. Creamos en el amor de Dios para con nosotros y no dudemos jamás del corazón misericordioso de Jesucristo que arde de amor por nosotros.