Mostrando entradas con la etiqueta Leyendas negras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leyendas negras. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de diciembre de 2016

¿CÓMO MURIÓ GALILEO?


Experimento: salga ud. a la calle y pregunte a los viandantes al azar qué juicio les merece que la Iglesia quemase en la hoguera a Galileo por decir que la Tierra era redonda.

Apuesto a que solo una minoría responderá que no fue por decir que la Tierra fuera redonda -que era la tesis convencional desde, al menos, Eratóstenes, que se molestó en medirla en el siglo III antes de Cristo-.

Y apuesto a que aún menos serán los que recuerden que Galileo no murió en la hoguera, sino en la cama y de viejo, concretamente en su casa de San Giorgio, junto al mar.

Con Galileo, por cierto, se produjo un fenómeno que se reproduce una y otra vez en la historia, cuando el estamento científico -eso que tendemos a llamar campanadumente ‘la ciencia’- demuestra que, al fin, no está formado por ángeles ocupados solo en el descubrimiento de la verdad, sino por seres de carne y hueso que se empecinan en sus teorías y responden a todas las tentaciones comunes al ser humano.

Fue ese estamento, fueron sus colegas, los que llevaron ante el tribunal a aquel petulante que osaba contradecir el consenso científico de la época (¡no piensen en el Cambio Climático!), el modelo ptoloméico, y se sirvieron del poder del momento, como podrían haberle llevado ante el Politburó en eras y lugares distintos.

Iba a cumplir 78 años, cuando falleció cristianamente
 en su lecho con la bendición papal e
 indulgencia plenaria.
Fue un cura polaco, Copérnico, quien publicó la tesis de que la Tierra giraba en torno al Sol… y lo hizo con todas las bendiciones eclesiásticas.

Por lo demás, la leyenda de que la Iglesia no podía concebir que la Tierra girase en torno al Sol en lugar de hacerlo al revés queda desmentida por el hecho de que más o menos por las mismas fechas un sacerdote polaco, Copérnico, publicaba la misma tesis con todas las bendiciones eclesiásticas.

Alguien debería pararse a pensar que la Iglesia no puede haber perseguido a los científicos cuando el único nombre que se le ocurre a la gente es Galileo. Si fuera como quiere la leyenda, habría docenas de nombres.

Vivimos de tópicos y entre tópicos, y ni siquiera tienen la ventaja de ser como esos clichés que nos lega la experiencia de siglos, la sabiduría de la abuela, sino de leyendas más ennegrecidas a conciencia que meramente negras.

En lo que tiene de meramente humano e histórico, la Iglesia es vulnerable a todos los errores y pecados de los hombres, y así es absurdo que nos sorprenda o escandalice todo lo que en su nombre se hizo mal.

Pero entre esas cosas que hizo mal no está, a mi modo de ver, la Inquisición  (haz clic aquí: http://www.catolicidad.com/2010/11/inquisicion-sobre-la-inquisicion.html y acá: http://www.catolicidad.com/2013/01/despejan-mitos-de-la-inquisicion-en-la.html) y, muchísimo menos, un ‘enfrentamiento’ con la ciencia que solo existe en la mente de sus enemigos y que genera una narrativa no distinta, sino exactamente opuesta a la realidad.

El profesor y doctor Alfonso Carrascosa, científico del CSIC, en su reciente conferencia en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso titulada ‘Iglesia católica y ciencia en la España del siglo XX’, sostiene que “algunos de los errores atribuidos a la Iglesia en cuanto a la conciliación ciencia y fe, pertenecen al conjunto de eslóganes que son denominados la leyenda negra, construida con ella por sus enemigos a partir de producirse el cisma de Occidente“. Se puede decir más alto, pero difícilmente más claro.

Ninguna cultura ha ido de capaz de sistematizar el saber científico, ninguna… excepto la cristiana.

¿Nadie se ha parado a pensar por qué la ciencia se ha desarrollado precisamente allí donde la Iglesia ha ejercido una influencia cultural absoluta?

China conocía cosas como la pólvora o el papel, incluso la imprenta, mucho antes de que se conocieran el Occidente.

Los musulmanes destilaron el alcohol y a uno de ellos le debemos el desarrollo del álgebra, y los indios introdujeron el cero en las matemáticas.

Sin embargo, ninguna de estas culturas sistematizó el saber científico, ninguna dio con el método para dar el gran salto en la ciencia de ser una actividad privada, de unos pocos eruditos, a convertirse en un proceso masivo y autoconstructivo: el método científico, en fin, pergeñado por primera vez por Roberto Grosseteste, obispo de Lincoln, en el siglo XIII.

Es absurdo contraponer la cultura cristiana a una cultura materialista y atea, sencillamente porque nunca ha existido una cultura originariamente materialista y atea. Pero entre las culturas reales, las que han existido en la historia, ha sido la cristiana la que, al separar tajantemente el Creador de su Creación y postular un universo racional la que ha permitido el desarrollo de la ciencia.


Por Candela Sande

Fuente: Actuall



LEE, HACIENDO CLIC:  EL CASO GALILEO
VARIOS TEMAS RELACIONADOS (HAZ CLIC): LEYENDAS NEGRAS

martes, 4 de octubre de 2016

CUANDO LOS INDÍGENAS SE ABRIERON A LA GRACIA TENÍAN GRANDES DOTES NATURALES


Hoy, 4 de octubre, que celebramos la fiesta de nuestro seráfico Padre San Francisco de Asís, fundador de los franciscanos, es importante recordar con gran agradecimiento a los doce apóstoles de México, también conocidos como los doce apóstoles de Nueva España. Ellos fueron un grupo de doce misioneros franciscanos (el mismo número de los discípulos con los que Jesucristo inció su Iglesia) que llegaron -procedentes de Belvís de Monroy, Cáceres- al recién fundado virreinato de Nueva España en mayo de 1524 con el objetivo de traer la verdadera fe y convertir al cristianismo a la población indígena. Fueron grandes defensores de los indios. El grupo estaba compuesto por:

Fray Martín de Valencia,
Francisco de Soto,
Martín de Jesús (o de la Coruña),
Juan Juárez,
Antonio de Ciudad Rodrigo,
Toribio de Benavente (Motolinía),
García de Cisneros,
Luis de Fuensalida,
Juan de Ribas,
Francisco Jiménez,
Andrés de Córdoba y
Juan de Palos (estos dos últimos hermanos legos).


Fray Toribio de Benavente, quizá el más dotado intelectualmente de los doce, su aspecto eran tan pobre que por eso los indios le llamaron "Motolinía" que en lengua náhuatl quiere decir "pobrecito". De él se decía: "pusiéronle este nombre de Motolinia los caciques y señores de México, que quiere decir en su lengua el fraile pobre, porque cuanto le daban por Dios lo daba a los indios y se quedaba algunas veces sin comer, y traía unos hábitos muy rotos y andaba descalzo y siempre les predicaba, y los indios lo querían mucho porque era una santa persona" (Historia verdadera de la conquista de la Nueva España II de Bernal Díaz del Castillo).

¿Qué opinión le merecían a este santo varón los indígenas que recién se abrían a la Gracia de Cristo?


Decía Motolinía: "El que enseña al hombre la ciencia, ese mismo proveyó y dio a estos Indios naturales grande ingenio y habilidad para aprender todas las ciencias, artes y oficios que les han enseñado, porque con todos han salido en tan breve tiempo, que en viendo los oficios que en Castilla están muchos años en los deprender (en aprender), acá en sólo mirarlos y verlos hacer, han quedado muchos maestros. Tienen el entendimiento vivo, recogido y sosegado, no orgulloso ni derramado como otras naciones." (Historia de los Indios de la Nueva España).


Foto: Ramón Moreno. Azulejo ubicado a las afueras del convento franciscano de Belvís de Monroy, Cáceres.

Tema relacionado (haz clic): ISABEL LA CATÓLICA, DEFENSORA DE LOS INDIOS DE AMÉRICA

martes, 3 de junio de 2014

DESTRUYENDO MITOS

La segunda y cuarta pregunta cuestionan a lo que se conteste a la primera y tercera, respectivamente
El médico aunque enferme puede curar. Los ministros de Cristo no son todos santos. El confesor si peca, también se confiesa y ello no le quita el poder de perdonar. Quien cura el alma de otros con la absolución, también puede enfermarse espiritualmente -que es peor que físicamente- por el pecado. Por supuesto, nada justifica la ofensa a Dios, porque el pecado como tal nunca tiene justificación en nadie. Todo ser humano puede pecar por su naturaleza caída que lo hace proclive a caer en las tentaciones del maligno. El sacerdocio no elimina la humanidad del ministro, aunque le exige -más que a nadie- una vida de santidad. Pero los defectos y errores humanos no quitan que Jesús les delegó ese poder de remitir los pecados ajenos, cuando dijo: ‘A quienes perdonen sus pecados, serán perdonados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos’. Jn 20.23. Además, debe saberse que todos somos pecadores y que los sacerdotes confiesan a menudo sus pecados, pues hasta los más santos tienen faltas veniales e imperfecciones.

El catolicismo es la única y verdadera religión fundada por Cristo-Dios y su veracidad no depende del comportamiento -bueno, malo o regular- de sus ministros, como la ciencia médica no es falsa por los malos médicos. Él proclamó: ‘Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás’. Juan 11, 25-26. ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida’. Juan 14, 1-6. Sólo el débil pierde la fe por el comportamiento de los ministros de Dios. Otro asunto es que pueda y deba huir de los malos pastores, sobre todo de aquellos que destruyen la fe o la moral contraviniendo las enseñanzas de la propia Iglesia y que alejan a los fieles del genuino magisterio. Sólo el jacobino de mala fe -con la arrogancia de quien muchas veces se ostenta como perfecto- descalifica la veracidad del catolicismo en función de los defectos humanos, como si la Verdad revelada por Dios dependiera de éstos.

Así que resulta una falacia impugnar la veracidad de la religión católica con el sólo pretexto del pésimo comportamiento de algunos ministros (que además están traicionando a Cristo y a su Iglesia) como lo hace esa minoría de pederastas, lo que equivaldría a negar la veracidad de una ciencia por el sólo comportamiento de los malos científicos. De este modo, los médicos criminales -que los hay- no descalifican la medicina como tal. De igual manera, no confesarse con un ministro designado por Dios para perdonar los pecados con el pretexto de que es un hombre pecador igual que nosotros, es una falacia semejante a la ridiculez de no querer ir a curarse con un médico porque los médicos también padecen enfermedades.

Es urgente destruir los mitos que esgrimen los enemigos de Dios y que, lamentablemente, hay que reconocerlo, convencen a  muchos ingenuos y débiles en la fe que no han escuchado más que lo que dicen estos sofistas sin realizar siquiera, por sí mismos, un más profundo análisis y razonamiento empleando -por lo menos- el sentido común.

martes, 15 de abril de 2014

EL NUEVO Y FRAUDULENTO ENGAÑO: EL FALSO "EVANGELIO" DE LA SUPUESTA "MUJER" DE JESÚS

Se demuestra contundentemente el burdo y malévolo engaño de los medios anticatólicos que intentaron emplear un minúsculo fragmento de papiro que no prueba absolutamente nada sino sólo su mala fe.
Al igual que en 1936 cuando milicianos comunistas fusilaron la imagen
de Cristo en el Cerro de los Ángeles en España, ahora la prensa
anticatólica difunde este malévolo ataque contra N.S. Jesucristo

CATOLICIDAD. 15 de abril de 2014. La profesora de historia, Karen L. King, presentó hace dos años en el Congreso Internacional de Estudios Coptos en Roma un fragmento de un papiro (ver imagen). Con un afán sensacionalista evidente, se ha inventado un supuesto evangelio gnóstico que en realidad no existe. ¡Este minúsculo papiro sería la única prueba!. Argumenta que ella le otorga el título de “El Evangelio de la mujer de Jesús” por comodidad, para "entenderse". Es decir, que ella misma asegura que no es propia y estrictamente un Evangelio, pero ella así le gustó denominarlo por "comodidad".

Naturalmente, ese falso nombre adquirirá su "denominación de origen" y con él correrá la noticia en los medios de comunicación que manipulan la información para hacer escándalo y atacar la divina figura de Jesucristo. Como la estulticia es infinita, muchos creerán -inducidos por la prensa anticatólica- que Cristo fue casado y/o que su supuesta "mujer" escribió un dizque "evangelio".

En el documento escrito en copto se puede leer "Jesús les dijo, mi esposa...". Además, sin decir a quién se refiere habla de alguien que "será capaz de ser mi discípula".

Y para darle actualidad y credibilidad a todo esto con un soporte cientificista, los medios de comunicación dan recientemente la siguiente información para darles gato por liebre a sus lectores:
"Ahora, un equipo de investigadores de las universidades de Harvard, Columbia y el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) ha concluido, tras varias pruebas de Carbono-14 e infrarrojos, que es muy probable que, al menos en lo que respecta a la antigüedad, este evangelio sea auténtico, según indica hoy The New York Times."
O sea, The New York Times -que ya se sabe a dónde apunta su manipulación ideológica- da fe y certifica que -considerando tales "pruebas"- es un "evangelio" y que es muy probablemente "auténtico" por lo menos en su antigüedad.

Es decir que un minúsculo papiro se convirtió por la falsa y comodina "denominación de origen" en un "auténtico evangelio" inventado por Karen L. King y en una muy probable "realidad científica" gracias a la prueba del Carbono-14, según da fe el diario norteamericano.

¿Y qué resultados dio esa prueba? Veamos lo que la prensa dice:
"Se hicieron dos pruebas de carbono 14. El primero, dado el tamaño reducido del papiro, no pudo sacar datos concluyentes. El segundo, realizado entre la Universidad de Harvard y el Instituto Oceoneográfico de Woods Hole, situó la fecha del papiro entre los años 659 y 859".
Este minúsculo fragmento no prueba nada

Lo que oculta la gran prensa es lo que explicó Georgeos Díaz-Montexano de la Scientific Atlantology International Society (SAIS):
"Pues bien, cuando acudí a las primeras noticias en inglés, las más completas y provenientes de fuentes más fiables, resulta que ha sido justo lo que me temía ¡ninguna demostración científica de nada!. Lo único que se afirma en cuanto a la tinta, es que es similar (en sus componentes) a las tintas de humo de carbón que se usaban desde el siglo III al VIII, y que se hicieron dos dataciones por radiocarbono (14C) del papiro (no de la tinta), y que una de ellas permite datarlo alrededor del siglo VIII, o sea, que el papiro en realidad sería de hace más de 1200 años, cuando en Egipto ya estaba afianzado el islamismo y habían ya pasado unos setecientos años desde los primeros evangelios canónicos cristianos.
"Ahora bien, resulta que tan reciente datación, en realidad se consiguió en un segundo intento, pues el primero, realizado en la Universidad de Arizona, dio la sorprendente fecha del 400 al 200 A.C. ¡Imposible! Debió exclamar la Dra King. Esta datación demostraría lo que muchos ya habíamos sostenido mediante análisis paleográficos y gramaticales: una burda falsificación, y que el falsificador, simplemente utilizó un pequeño fragmento de papiro antiguo y tinta fabricada del modo más simple e imposible de detectar como reciente, o sea, mediante humo de carbón; aunque incluso hasta podría haber disuelto auténtica tinta antigua al carbón obteniéndola de viejos papiros o códices para escribir el falso texto con la misma…".
POSIBILIDADES

El asunto es el siguiente:

Suponiendo -sin conceder- que el papiro contuviera un antiguo texto del siglo VIII. Se presentarían las siguientes posibilidades:

a) Si fue un escrito gnóstico, no fue escrito por cristianos fieles a la Iglesia que Cristo fundó sino por herejes. Luego lo que ahí se diría podría contradecir lo que dijeron los verdaderos seguidores de Jesucristo y que consta en los verdaderos Evangelios y en la Tradición.

b) Si no fue gnóstico y si hablara de una posible "esposa" de Jesús, podría referirse -como siempre lo hizo la interpretación católica- a la misma Iglesia fundada por Él (la Católica).

Uno de los aspectos más característicos de la mística cristiana es la unión con Dios propuesta y vivida como desposorio o como matrimonio espiritual con Dios. En la raíz de esta experiencia y doctrina encontramos la revelación del Antiguo Testamento, donde Dios se presenta como el esposo, traicionado a menudo por Israel, que seguía siendo -entonces, en la antigua Alianza- la esposa amada del Señor, a pesar de sus infidelidades. El tema de la alianza se reviste en los profetas de la característica de una alianza nupcial de Dios con su pueblo especialmente en Oseas (2,21), en Isaías (pássinz) y en Jeremías (3,1-15). El Cantar de los Cantares fue interpretado en sentido espiritual por la tradición cristiana primitiva, siguiendo los textos del Nuevo Testamento que presentan a Cristo como Esposo de la Iglesia en la nueva y definitiva Alianza, para cantar la experiencia esponsal de la comunidad cristiana y de cada una de las personas con Dios. El texto fundamental de la mística nupcial es Ef 5, 25-33. También el libro del Apocalipsis presenta a la Iglesia como Esposa del Cordero, cuyas bodas se celebran en el cielo (Ap 21,1-10).

c) Aunque esto no parece probable, no podría descartarse que se refiriera a otro Jesús, pues no sólo el Redentor ha llevado ese nombre.

d) Además, deberá considerase que no todo lo que diga un papiro antiguo es realmente verídico y concluyente. Imagínense que dentro de 3,000 años alguien localizara una historieta de Supermán y concluyera que como fue escrita en el siglo XX, ello demuestra que ese personaje es histórico y existió en esta época.

No, no basta un pedazo incompleto de un viejo papiro para concluir aisladamente una realidad histórica, sin ninguna otra conexión ni prueba histórica.

Todo esto pasa por alto en la mente de la mayoría de lectores irreflexivos que se han tragado este gran bulo y lo consideran "avalado" dizque por "la ciencia". ¡Oh ciencia, cuántas mentiras se dicen en tu nombre!

La propia profesora de historia, Karen L. King -la que inció todo esto- aseguró que "no tenemos una evidencia en ningún sentido", detalle que maliciosamente ocultó la mayor parte de la gran prensa.

"EL DOCUMENTO ES UNA FALSIFICACIÓN"

Como hemos visto, aún si hubiese sido un auténtico documento antiguo, éste no demuestra nada de lo que supuestamente le han querido atribuir, pero el asunto es todavía peor pues tal documento resultó una burda falsificación en la opinión de expertos.

Volvemos a citar a Georgeos Díaz-Montexano de la SAIS quien por cierto no es un creyente católico ni cristiano:
"A mi personalmente no me preocupa ni me quita el sueño que Jesús hubiera tenido o no esposa o pareja sentimental o compañera. Pero lo que sí me interesa es la verdad. Y si he visto, desde el primer momento, que se trata de un burda falsificación, es mi deber informar de ello a la sociedad. Y fue lo que hice, de hecho fui el primer en publicar un informe paleográfico detallado, donde también argumenté algunos de los errores gramaticales más grotescos y evidentes. Otros expertos después vieron lo mismo y más aún. Y todavía es así. De hecho, cada vez hallamos más datos en contra de la autenticidad del texto, que no debe confundirse con la autenticidad o antigüedad del fragmento de papiro ni con el tipo de tinta natural usada (hollín de carbón).
"Cualquier falsificador medianamente inteligente sabe perfectamente que ninguna universidad se dejaría colar un supuesto fragmento de papiro escrito en cualquier lengua antigua sin someter el mismo al 14C, y hacer un análisis de la tinta, por consiguiente, es necesario perpetrar la falsificación, o sea, escribir el texto falso, sobre un papiro antiguo real y usar una tinta común como las que se usaba entonces, al carbón, la cual es fácil de realizar para cualquier falsificador.
"De hecho, en lo único que falló -como ha sucedido con todos los falsificadores que han sido descubierto antes- es en la gramática y la paleografía porque para poder escribir en un texto antiguo hay que ser un verdadero experto en la materia, tanto en sus estilos paleográficos como en la lengua antigua en cuestión, y por suerte, los pocos expertos que hay en el mundo son personas honestas que jamás -eso creo- arriesgarían su carrera ni prestigio por crear una falsificación, y si por alguna razón lo hicieran, por supuesto que harían algo impecable, difícil -por no decir imposible- de poder descubrir, y no un engendro tan grotesco como el que se ha perpetrado en este fragmento, que solamente pudo ser creado por una persona muy poco familiarizada con la paleografía y gramática coptas".
CONCLUSIONES:

1) No existe ningún Evangelio con ese nombre, tal denominación fue un invento de la profesora de historia, Karen L. King.

2) Si el documento -un pequeño fragmento con frases incompletas- hubiese sido auténtico NO DEMUESTRA NADA de lo que se le ha querido atribuir como lo hemos fundamentado y explicado ampliamente. Tomar una frase sacada del contexto completo -que no se presenta por ser precisamente sólo un fragmento de papiro-, no comprueba absolutamente nada. Además habría que analizar quién lo dijo -Jesús el de los evangelios u otro Jesús- y lo que realmente quiso decir (posibles interpretaciones) y si esto que se le atribuye fue realmente cierto (corroborado por otras fuentes históricas). No todo lo que se diga en un antiguo papiro es prueba de su realidad histórica. La antigüedad no demuestra necesariamente la veracidad.

3) La ciencia no comprobó la autenticidad de un supuesto "evangelio". Las pruebas del carbono 14 -aplicadas sólo al papiro y no a la tinta- dieron dos resultados contradictorios: La primera del 400 al 200 A.C., es decir, ¡ANTES de que Cristo naciera! Y la segunda alrededor del siglo VIII, setecientos años después los primeros evangelios canónicos cristianos. Por supuesto, eligieron la segunda como correcta.  Y aún suponiendo que la fecha coincidiera con la de los evangelios canónicos, tampoco comprobaría la existencia de un supuesto "evangelio" y su veracidad, sino tan solo la existencia de un antiguo escrito probablemente gnóstico. Lo único que todo ello sí prueba es que se empleó un papiro antiguo.

4) Expertos comprobaron grotescos y evidentes errores gramaticales tanto en su estilo paleográfico como en la gramática de la lengua antigua en cuestión, realizados por inexpertos falsificadores que emplearon un trozo de un antiguo papiro y tinta común como las que se usaba entonces, al carbón, la cual es fácil de realizar para cualquier falsificador. Es decir, concluyen, que esto comprueba que es una mala falsificación sobre un trocito de papiro antiguo.

5) Todo esto demuestra la mal intencionada y recurrente búsqueda de falsos argumentos pseudo históricos y documentales engañosamente avalados dizque por la "ciencia" para atacar la divina persona de Jesucristo y hacer dudar precisamente de su divinidad a aquellos lectores que -en un gran número- son fácilmente manipulables con este tipo de "argumentos" envueltos con el celofán de la mentira cientificista con la que dejan muy convencidos a tantos ingenuos. Muchos de ellos presumen de dudar de la Revelación divina pero caen -por su ingenua credulidad- en el engaño endulcorado con un toque de falsa ciencia difundido por la prensa anticristiana.

Falsificado o no, aún suponiendo errados a quienes sostienen su falsificación, el documento no prueba nada más que la mala fe de esa prensa anticristiana que mañosamente está difundiendo esta noticia de nuevo, así como la ingenuidad infantil de muchos de sus lectores.

Hoy también publicamos (haz click): UCRANIA ES RECONSAGRADA A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

sábado, 11 de enero de 2014

LEYENDA NEGRA: LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS



Por Vittorio Messori

«Las presiones de los judíos a través de los medios de comunicación y las protestas de los católicos empeñados en el diálogo con el judaísmo han tenido éxito. La causa de la beatificación de Isabel la Católica, reina de Castilla, recibió en estos días un imprevisto frenazo [...]. La preocupación por no provocar las reacciones de los israelíes, irritados por la beatificación de la judía conversa Edit Stein y por la presencia de un monasterio en Auschwitz, favoreció el que se hiciera una "pausa para reflexionar" sobre la conveniencia de continuar con la causa de la Sierva de Dios, título al que ya tiene derecho Isabel I de Castilla.»

Así dice un artículo publicado en Il Nostro Tempo, Orazio Petrosillo, informador religioso de Il Messaggero. Petrosillo recuerda que el frenazo del Vaticano llegó a pesar del dictamen positivo de los historiadores, basado en un trabajo de veinte años contenido en veintisiete volúmenes. «En estas cantidades ingentes de material –dice el postulador de la causa, Anastasio Gutiérrez– no se encontró un solo acto o manifestación de la reina, ya fuera público o privado, que pueda considerarse contrario a la santidad cristiana.» El padre Gutiérrez no duda en tachar de «cobardes a los eclesiásticos que, atemorizados por las polémicas, renuncian a reconocer la santidad de la reina». Sin embargo, Petrosillo concluye diciendo, «se tiene la impresión de que la causa difícilmente llegue a puerto».

Se trata de una noticia poco reconfortante. Sin embargo, no es la primera vez que ocurre; ciñéndonos a España, recordemos que Pablo VI bloqueó la beatificación de los mártires de la guerra civil, por lo que podemos comprobar que, una vez más, se consideró que las razones de la convivencia pacífica contrastaban con las de la verdad, que en este caso es atacada con una virulencia rayana en la difamación, no sólo por parte de los judíos (a los que en la época de Isabel les fue revocado el derecho a residir en el país), sino también por parte de los musulmanes (expulsados de Granada, su última posesión en tierras españolas), y por todos los protestantes y los anticatólicos en general, que desde siempre montan en cólera cuando se habla de aquella vieja España cuyos soberanos tenían derecho al título oficial de Reyes Católicos. Título que se tomaron tan en serio que una polémica secular identificó hispanismo y catolicismo, Toledo y Madrid con Roma.

En cuanto a la expulsión de los judíos, siempre se olvidan ciertos hechos, como por ejemplo, el que mucho antes de Isabel, los soberanos de Inglaterra, Francia y Portugal habían tomado la misma medida, y muchos otros países iban a tomarla sin las justificaciones políticas que explican el decreto español que, no obstante, constituyó un drama para ambas partes.

Es preciso recordar que la España musulmana no era en absoluto el paraíso de tolerancia que han querido describirnos y que, en aquellas tierras, tanto cristianos como judíos eran víctimas de periódicas matanzas. Sin embargo, está más que probado que si habían que elegir, según ellos, entre dos "males" –Cristo o Mahoma– los judíos tomaron partido por este último, haciendo de quinta columna en perjuicio del elemento católico. De ahí surgió el odio popular que, unido a la sospecha que despertaban quienes formalmente habían abrazado el cristianismo para continuar practicando en secreto el judaísmo (los marranos), condujo a tensiones que con frecuencia degeneraron en sanguinarias matanzas espontáneas y continuas a las que las autoridades intentaban en vano oponerse. El Reino de Castilla y Aragón surgido del matrimonio de los reyes todavía no se había afianzado y no estaba en condiciones de soportar ni de controlar una situación tan explosiva, amenazado como estaba por una contraofensiva de los árabes que contaban con los musulmanes, a su vez convertidos (muchos) por compromiso.

Desde el punto de vista jurídico, en España, y en todos los reinos de aquella época, los judíos eran considerados extranjeros y se les daba cobijo temporalmente sin derecho a ciudadanía. Los judíos eran perfectamente conscientes de su situación: su permanencia era posible mientras no pusieran en peligro al Estado. Cosa que, según el parecer no sólo de los soberanos sino también del pueblo y de sus representantes, se produjo con el tiempo a raíz de las violaciones de la legalidad por parte de los judíos no conversos como de los formalmente convertidos, por los cuales Isabel sentía una «ternura especial» tal que puso en sus manos casi toda la administración financiera, militar e incluso eclesiástica. Sin embargo, parece que los casos de «traición» llegaron a ser tantos como para no poder seguir permitiendo semejante situación.

En cualquier caso, como mantiene la postulación de la causa de santidad de Isabel, «el decreto de revocación del permiso de residencia a los judíos fue estrictamente político, de orden público y de seguridad del Estado, no se consultó en absoluto al Papa, ni interesa a la Iglesia el juicio que se quiera emitir en este sentido. Un eventual error político puede ser perfectamente compatible con la santidad. Por lo tanto, si la comunidad judía de hoy quisiera presentar alguna queja, deberá dirigirla a las autoridades políticas, suponiendo que las actuales sean responsables de lo actuado por sus antecesoras de hace cinco siglos».

Añade la postulación (no hay que olvidar que ha trabajado con métodos científicos, con la ayuda de más de una decena de investigadores que dedicaron veinte años a examinar más de cien mil documentos en los archivos de medio mundo): «La alternativa, el aut-aut "o convertirse o abandonar el Reino", que habría sido impuesta por los Reyes Católicos es una fórmula simplista, un eslogan vulgar: ya no se creía en las conversiones. La alternativa propuesta durante los muchos años de violaciones políticas de la estabilidad del Reino fue: "O cesáis en vuestros crímenes o deberéis abandonar el Reino."» Como confirmación ulterior tenemos la actividad anterior de Isabel en defensa de la libertad de culto de los judíos en contra de las autoridades locales, con la promulgación de un seguro real así como con la ayuda para la construcción de muchas sinagogas.

No obstante, resulta significativo que la expulsión fuera particularmente aconsejada por el confesor real, el muy difamado Tomás de Torquemada, primer organizador de la Inquisición, que era de origen judío. También resulta significativo y demostrativo de la complejidad de la historia el hecho de que, alejadas de los Reyes Católicos, aunque fuera por el clamor popular y por motivos políticos de legítima defensa, las familias judías más ricas e influyentes solicitaron y obtuvieron hospitalidad de la única autoridad que se la concedió con gusto y la acogió en sus territorios: el Papa. De esto sólo puede sorprenderse todo aquel que ignore que la Roma pontificia es la única ciudad del Viejo Continente en la que la comunidad judía vivió altibajos según los papas que les tocaron en suerte, pero que nunca fue expulsada ni siquiera por breve tiempo. Habrá que esperar al año 1944 y a que se produzca la ocupación alemana para ver, más de mil seiscientos años después de Constantino, a los judíos de Roma perseguidos y obligados a la clandestinidad; quienes consiguieron escapar lo hicieron en su mayoría gracias a la hospitalidad concedida por instituciones católicas, con el Vaticano a la cabeza.

El camino a los altares le está vedado a Isabel también por quienes terminaron por aceptar sin críticas la leyenda negra de la que hemos hablado y de la que seguiremos ocupándonos, y que abundan incluso entre las filas católicas. No se le perdona a la soberana y a su consorte, Fernando de Aragón, el haber iniciado el patronato, negociado con el Papa, con el que se comprometían a la evangelización de las tierras descubiertas por Cristóbal Colón, cuya expedición habían financiado.

En una palabra, serían los dos Reyes Católicos los iniciadores del (supuesto) "genocidio" de los indios, llevado a cabo con la cruz en una mano y la espada en la otra. Y los que se salvaron de la matanza habrían sido sometidos a la esclavitud. Sin embargo, sobre este aspecto, la historia verdadera ofrece otra versión que difiere de la leyenda.

Veamos, por ejemplo, lo que dice Jean Dumont: «La esclavitud de los indios existió, pero por iniciativa personal de Colón, cuando tuvo los poderes efectivos de virrey de las tierras descubiertas; por lo tanto, esto fue así sólo en los primeros asentamientos que tuvieron lugar en las Antillas antes de 1500. Isabel la Católica reaccionó contra esta esclavitud de los indígenas (en 1496 Colón había enviado muchos a España) mandando liberar, desde 1478, a los esclavos de los colonos en las Canarias. Mandó que se devolviera a las Antillas a los indios y ordenó a su enviado especial, Francisco de Bobadilla, que los liberara, y éste a su vez, destituyó a Colón y lo devolvió a España en calidad de prisionero por sus abusos. A partir de entonces la política adoptada fue bien clara: los indios son hombres libres, sometidos como los demás a la Corona y deben ser respetados como tales, en sus bienes y en sus personas.»

Quienes consideren este cuadro como demasiado idílico, les convendría leer el codicilo que Isabel añadió a su testamento tres días antes de morir, en noviembre de 1504, y que dice así: 
«Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey, mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen.»
Se trata de un documento extraordinario que no tiene igual en la historia colonial de ningún país. Sin embargo, no existe ninguna historia tan difamada como la que se inicia con Isabel la Católica.
Fuente: IEU.
Ver también (haz click): 1) ISABEL LA CATÓLICA, REINA DE ESPAÑA (documental) 2) CATOLICIDAD E HISPANIDAD

miércoles, 9 de enero de 2013

DESPEJAN MITOS DE LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA ESPAÑA



El Instituto Nacional de Antropología e Historia publicó en su página web que a partir del estudio de los procesos del Tribunal del Santo Oficio (que operó en México entre 1571 y 1820), la historiadora Consuelo Maquívar indicó que de 300 personas juzgadas, solo se condenó a 43 con muerte en la hoguera en toda la historia de ese tribunal en nuestro país (México). Cifra que desbarata los mitos mal intencionados que crearon una falsa leyenda negra sobre el número de ejecutados en tres siglos y que es, en su totalidad, incomparablemente menor a las "ejecuciones" sin juicio alguno que se realizan -hoy en día- en nuestro país en un solo mes. Veamos la nota del INAH:

A partir de una exhaustiva investigación sobre el papel que tuvo el Tribunal del Santo Oficio en la Nueva España, la historiadora Consuelo Maquívar derriba algunos mitos que han rodeado a dicha institución, entre ellos, el que envió al patíbulo a cientos de personas, cuando en realidad, según consta en expedientes del Archivo General de la Nación, fueron 43 los ajusticiados en los tres siglos que duró la Colonia.

Al impartir la conferencia La Inquisición en la Nueva España en el mes de julio de 2012, en el marco de la exposición El pecado y las tentaciones en la Nueva España en el Museo Franz Mayer, la investigadora señaló que con base en el estudio de los procesos del Tribunal del Santo Oficio (que operó en México entre 1571 y 1820), alrededor de 300 personas fueron juzgadas, de las cuales se condenó solo a 43 con la pena de “relajación del brazo secular”, que implicaba la muerte en la hoguera.

Detalló que de dicha cantidad, 17 fueron ajusticiados en el siglo XVI, 25 en el XVII, y una en el XVIII, en el XIX no hubo ninguna. El Tribunal no llevaba a cabo la ejecución directamente, “porque la Iglesia católica no podía matar”, así que ponía a los reos en manos de la autoridad civil, que era la encargada de ejecutar al prisionero.

La especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), señaló que otra de las penas que aplicaba el Santo Oficio era la “vergüenza pública” o “sambenito”, que consistía en llevar una túnica burda con una cruz de San Andrés y un gorro llamado “capirote”.

También establecía el destierro (temporal o perpetuo), multas o incluso la condena a galeras, que se cumplía en los galeones de la flota española, además de que en todos los procesos se procedía a la incautación de bienes. Asimismo, existía la posibilidad de la absolución (que rara vez sucedía) o suspensión del proceso.

NINGÚN INDÍGENA FUE SUJETO A PROCESO

En su conferencia, Consuelo Maquívar descartó otro de los mitos de la Inquisición en la Nueva España: “Ningún indígena fue sujeto a proceso inquisitorial, ellos estaban exentos de estos juicios”, no obstante que prosiguieron con sus prácticas idolátricas durante la Colonia, y aun cuando se decían católicos y estaban bautizados.

La investigadora de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, explicó que solo se juzgaba a los españoles, criollos, mestizos y castas (mulatos y negros), y que los procesos de incoación (comienzo de una actuación legal) se iniciaban por denuncias de “personas honestas”, que generalmente permanecían en el anonimato.

Asimismo, el Tribunal del Santo Oficio tenía una enorme red de informantes o denunciantes llamados “familiares”, cuyo nombramiento se consideraba un gran honor, y provenían tanto de la nobleza como de estratos populares, no obstante, éstos últimos debían comprobar su “limpieza de sangre”.

La historiadora Consuelo Maquívar citó los principales delitos que fueron perseguidos por el Tribunal, entre los que estaban la herejía, que consistía en negar dogmas de fe, como la existencia de Dios o la pureza de la Virgen María; la idolatría, la solicitación (pedir favores sexuales durante la confesión), las prácticas de magia o hechicería, así como delitos menores, como la blasfemia o proferir públicamente expresiones soeces o marcadamente sexuales.

Muchos de los procesos iniciados por el Tribunal del Santo Oficio —abundó— tenían la finalidad de combatir otras prácticas de culto, como el judaísmo, el calvinismo y el protestantismo, por lo que se consideraban “idólatras” a los practicantes de otra religión, y “herejes” a los que tenían ideas políticas y religiosas contrarías al dominio papal.

Agregó que muchas de las ideas de la Reforma Protestante fueron consideradas heréticas por la autoridad católica, por ello el Santo Oficio se dedicó a publicar índices (index, en latín) de libros cuya lectura estaba prohibida, “éstos eran quemados en grandes piras, pero no actuaba contra los lectores; por ello, un investigador (José Abel Ramos Soriano) ha llamado a estos textos Los delincuentes de papel”.

Algunos índices —continuó— se publicaron en el siglo XVI (1551, 1559, 1583) y en el XVII (1612, 1632 y 1640). “No obstante, las ideas siguieron circulando gracias al contrabando de libros que venían de Europa, escondidos entre las telas y otros productos. El cura Miguel Hidalgo llegó a tener muchas obras de la Ilustración que fueron prohibidas”.

Finalmente, la doctora en Historia apuntó que entre los personajes ilustres que fueron juzgados por el Tribunal del Santo Oficio, estuvieron los sacerdotes José María Morelos y Miguel Hidalgo, “una vez que concluyeron sus procesos eclesiásticos, fueron enjuiciados y ejecutados por los tribunales militares, debido a sus actividades políticas y no por sus faltas religiosas”.
_________________________________________________________________________________

miércoles, 22 de junio de 2011

LEYENDAS NEGRAS: EL CASO GALILEO


“Se me ha concedido a mí y sólo a mí,
el descubrir todos los nuevos fenómenos del cielo,
y ya no queda nada para nadie más”
(Galileo Galilei, “Il Saggiatore”)

Como es la costumbre en nuestro mundo moderno, la verdadera naturaleza de los problemas siempre se oculta. Así, el tan manoseado y novelado “caso Galileo” sólo ha servido, y sigue sirviendo, para repetir las usuales tonterías sobre la Inquisición, la represión del pensamiento, el héroe “librepensador” enfrentado contra las fuerzas del oscurantismo, etc. Pero todo esto es pura manipulación ideológica. Desde ya digamos que la primera y rotunda verdad a señalar, es que Galileo fue un católico convencido y practicante hasta el fin de sus días, y que siempre tuvo muy en claro que su problema había sido de carácter fundamentalmente disciplinario, que jamás afectó su fe. (Mis queridos camaradas “librepensadores”: aunque Uds. rechinen los dientes, no me queda más remedio que comunicarles que Galileo no sólo era católico, sino además “clerical” (!), y que la famosa frase “eppur si muove”, es puro verso, en caso de que todavía no se hayan enterado).

Lo que sí es importante destacar, por la enseñanza que nos deja, es que tanto Galileo como los que lo juzgaban, estaban al mismo tiempo equivocados y acertados. En distintos planos, claro. Pero lo más curioso del caso, es que cada uno de ellos acertaba en su área no específica y se equivocaba en su propio campo. Esto es, Galileo se equivocaba en lo científico y acertaba, a medias, en lo teológico y los teólogos que lo juzgaban, se equivocaban (?) a medias, en lo teológico y acertaban en lo científico. Tenían razón los teólogos cuando decían que los datos científicos de Galileo no eran suficientes para afirmar con certeza la teoría heliocéntrica (y definitivamente no lo eran). Tenía razón Galileo a su vez, cuando sostenía que ningún descubrimiento científico podía entrar en conflicto con la verdad revelada. Con lo cual no hacía otra cosa que adherir a la postura tradicional de la Iglesia, expresada en este caso por el mismísimo Cardenal Belarmino —encargado del proceso— (y amigo de Galileo, digamos de paso), cuando decía que “si se llegara a tener una demostración científica del copernicanismo, se interpretarían entonces los textos de la Sagrada Escritura copérnicamente”.[1]

De todas maneras, es importante dejar bien en claro que se trató de una típica disputa de familia. Esto es, un pleito entre católicos. Los “librepensadores” no tienen un pito de la vela que hacer aquí, y el hecho de que traten de sacar partido de este conflicto, demuestra una vez más su absoluta falta de honradez intelectual. Lo que generalmente se ignora en todo este asunto, es el contexto histórico en que tuvo lugar este proceso. Pues, cabe preguntarse, ¿por qué la teoría heliocéntrica, publicada por el canónigo Copérnico cien años antes de Galileo, lo mismo que su aceptación por Kepler (17 años antes), no suscitaron la más mínima reacción adversa por parte de Roma? ¿No requiere esto acaso una explicación? Y la explicación es, como dije, que Galileo no tenía los suficientes fundamentos científicos para afirmar como cierta la teoría heliocéntrica. Esto además de que varios de ellos eran erróneos, como su teoría de las mareas, sin ir más lejos. Tengamos presente además, que en 1610 Giordano Bruno, basándose en la teoría de Copérnico había dicho un montón de disparates totalmente heréticos, que crearon un clima de mala disposición hacia el tema. Varios historiadores de la ciencia coinciden en afirmar que sin el precedente de Giordano Bruno, es muy poco probable que la Iglesia hubiera impuesto sanciones contra Galileo[2]. Como de hecho no las tomó frente a Copérnico y como no sólo no las tomó contra Newton, sino que aceptó totalmente su teoría, (levantando en 1757 la condena contra el heliocentrismo) al ver que Newton —al contrario de lo que había ocurrido con Galileo— sí tenía todos los elementos científicos para afirmar como cierta la teoría heliocéntrica. Además, Galileo no se limitó al tema científico, sino que se creyó autorizado a pontificar como filósofo y teólogo, en lo cual era absolutamente nulo. Y esto fue lo que colmó el vaso.

Es importante destacar también que Galileo era de pésimo carácter y de una soberbia feroz, y que en el sentido estrictamente legal —y prudencial— su censura tenía más de un punto defendible. Arthur Koestler, el gran escritor contemporáneo, uno de los pocos que ha analizado con honradez y profundidad este tema, y que además era agnóstico para más datos, dice que “el rasgo más destacado del carácter de Galileo y también la causa de su trágica caída, era la vanidad… una hipersensibilidad a la crítica, combinada con un sarcástico desprecio hacia los demás… una fatal mezcla de genio y arrogancia, sin la menor humildad”[3]. Los teólogos y sabios que lo juzgaban, reaccionaron más contra su dogmatismo que contra el heliocentrismo. Contra su egolatría antes que contra su astronomía. De todas maneras, es innecesario que digamos que Galileo fue ciertamente un científico genial. Sin lugar a dudas que lo fue, y ante eso nos inclinamos con admiración y respeto.

Así y todo, no nos resulta humanamente simpática su figura. No tenía ningún vuelo filosófico y menos aún místico, como Kepler. Se retractó de la boca para afuera (luego del primer proceso), pero siguió enseñando lo que había jurado por escrito no enseñar, y además con un lenguaje en donde los términos “asnos”, “estúpidos” y “pigmeos mentales”, por ejemplo, eran de rigor para referirse a cuantos no aceptaban sus ideas. Es pertinente agregar también, que antes y después del primer proceso (1616), Galileo fue tratado con suma consideración y respeto, siendo homenajeado y agasajado en Roma por personalidades como el Cardenal Famese y los Papas Paulo V y Urbano VIII; que las famosas “torturas” jamás existieron; que su castigo fue la prohibición de continuar publicando, y finalmente, que sus “cárceles y cadenas” inquisitoriales —luego del segundo proceso (1636)—, fueron… la residencia forzada en el palacio del Gran Duque de Toscana, y después en su suntuosa finca de Arcetri, cerca de Florencia[4]. Lugar donde el ilustre sabio continuó sus estudios en la más completa tranquilidad, con un magnífico telescopio —obsequiado por los jesuitas— muriendo como un buen cristiano en 1642, a la respetable edad de 78 años. Esto además de tener un hermoso monumento a su memoria, nada menos que en la Iglesia de la Santa Croce, en Florencia, donde descansan sus restos.

¡Qué no hubiera sucedido si a Galileo lo hubiesen ejecutado! Como aconteció, sin ir más lejos, con Lavoisier —el padre de la Química moderna—, guillotinado, por católico y monárquico, durante la democrática Francia del Terror. ¡No habría colegio o universidad sin una estatua a su memoria! Pero claro, el carácter de mártir lo determina siempre el poder dominante.

El presidente del tribunal pronunció la famosa frase: "La república no necesita sabios" y Lavoisier fue guillotinado el 8 de mayo de 1794.


Por ello es que Galileo es un “mártir” “correcto” y Lavoisier, en cambio, es “incorrecto”. De la misma manera que el “Che” Guevara es totalmente "correcto".

Los feroces contestatarios “librepensadores” —siempre muy revolucionarios ellos— deberían comenzar por investigar, cuál es el poder ideológico, político y sobre todo económico —según ellos, el más importante— que domina a Occidente en los últimos cuatrocientos años. Si así lo hicieran, con rigor y honradez intelectual, quedarían estupefactos. Aunque en realidad, mucho me temo que ya lo han hecho, y que por eso se hacen los distraídos…

Dr. Raúl O. Leguizamón

Notas al pie:
[1] Citado por Guillermo Furlong en “Galileo Galilei y la Inquisición Romana”,Buenos Aires, Club de Lectores, 1964.
[2] Pascual Jordán: “El Hombre de Ciencia ante el Problema Religioso”,Madrid-Guadarrama, 1972, pág. 57; Charles C. Gillispie: “The Edge of Objectivity”, Princeton University Press, 1973.
[3] Arthur Koestler: “En Busca de lo Absoluto”, Kairós, 1983, pág. 126.
[4] Salvando las abismales distancias, esto me hace recordar las famosas “cárceles y cadenas” de José Mármol, cuya “reclusión” se debió a una decisión expresa de Rosas para protegerlo de la vindicta justiciera de los hermanos de una niña seducida por el “mártir”. Excepcional deferencia que tuvo Rosas para con José Mármol, por ser éste hijo natural de su gran amigo y embajador en el Brasil, general Tomás Guido, según decía Jauretche.

Fuente: Statveritas.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

martes, 1 de febrero de 2011

AQUELLOS HOMBRES DE A CABALLO...



La maniquea y manipuladora historia oficial de nuestra patria, siempre habla -en su extremismo- de "los buenos" y de "los malos". En su mundo irreal, en blanco y negro, sin asomo del menor matiz, invariablemente colocó a los hacendados mexicanos en las fichas negras del tablero. Para ella, el trabajador del campo siempre fue "un santo" y el patrón necesariamente "un demonio". Creadora de figuras irreales, convierte al hombre en un arquetipo de bondad o maldad, según la clase social. Pero resulta que en el mundo verdadero la historia no es así. La naturaleza humana está caída y la bondad o la maldad se localizan en todos los estratos. Hay personas buenas y generosas tanto en una clase social como en la otra y lo mismo se dan los peores defectos tanto en tirios como en troyanos. Así, si bien hubo muchos patrones explotadores y sin escrúpulos, los hubo también -y no en poca cuantía- buenos y generosos. En muchas ocasiones el patrón era apreciado por sus trabajadores como un patriarca que resolvía sus problemas, y que realmente se  preocupaba por ellos y que genuinamente los quería. La expresión de "el amo", en muchos lugares no significaba una referencia negativa o un vasallaje indigno, sino un signo de afecto hacia quien veían como un protector y benefactor, y a quien podían plantear sus necesidades y problemas. Además, el hacendado mexicano generalmente trabajaba con ahínco en las faenas del campo y no estaba en su nicho. Don Armando Fuentes "Catón", ha escrito en Reforma el siguiente artículo que tituló Un Retrato, y aunque señala que no lleva el propósito de "mostrar la falsedad de la leyenda negra según la cual todos los hacendados eran hombres perversos que esclavizaban a sus peones y los tenían sujetos a su tiranía", en realidad su relato es por sí mismo, se pretenda o no, una evidente denuncia y condena del maniqueísmo de esa leyenda negra generalizada impuesta oficialmente. Por ello vale la pena conocer esta historia -bellamente narrada- que nos aproxima a nuestros hombres de campo, a aquellos hombres recios de a caballo con sus virtudes y defectos, y a nuestra propia historia; no a la prefabricada, distorsionada e impuesta oficialmente desde una secretaría, sino a la real, humana y verdadera, donde hay hombres buenos y malos, con errores y aciertos, en cualquier estrato. Le dejamos la palabra a don Armando:
.
Este retrato es el de don Ignacio de la Peña. Fue él quien construyó la recia casa. La levantó con altos y gruesos muros, como de fortaleza, e hizo cavar un sótano cuya entrada, en el piso de madera, se oculta bajo una alfombra. Por esa puerta bajarán las mujeres para esconderse en caso de ataque de indios o de bandoleros. La hacienda se llama Potrero de Ábrego. Es rica en caballos, reses y ovejas. Y es pródiga la tierra: aquí se da lo mismo la manzana que el tabaco. Hay un generoso manantial que nunca se ha secado. Sus aguas corren siempre con un sonar como de campanitas. Se llaman estas aguas "del arco", pues don Ignacio mandó hacer un acueducto para conducirlas. Su esposa lo reprende por esa obra, ya que los hijos -son jóvenes y arrebatados- entran al acueducto galopando en sus caballos, y a medio camino, ahí donde el arco tiene 15 metros de alto, hacen que los animales giren sobre sus patas traseras para salir, otra vez galopando, por donde habían venido.

Hay noticias de guerra. Un día llegan tropas del gobierno y hacen leva con todos los peones de la hacienda. De los 15 años hasta los 60 son atados y llevados en cuerda. Ni tiempo les dan de recoger sus cosas. Los alcanzan llorando las mujeres -las madres, las hijas, las esposas-, y les dan una cobija, un itacate con comida, y las escasas ropas. Se opuso al atropello don Ignacio, el dueño de la hacienda, pero de nada valieron sus palabras. Había que defender la patria contra los franceses, le dijo un adusto capitán, y se necesitaban hombres. Bastante favor le hacían con no llevarse también a sus hijos. En un repecho del camino se perdió la larga y doliente fila de levados.

Esa noche el Potrero fue un llanto. Hasta los perros aullaban, contarían después los viejos. Cuando llegó la mañana parecía que el rancho se había muerto. Las bestias mismas estaban mudas, como si entendieran lo que había sucedido. Pesaba el dolor igual que lápida de plomo. No habló ya don Ignacio de la Peña. Nada dijo. Esa tarde sacó todo el dinero de las arcas que tenía en su despacho, donde solamente él podía entrar. Ensilló su caballo; llenó las alforjas de su montura con monedas de oro y plata; le dio un abrazo a su mujer y bendijo a sus hijos, que en vano le pedían ir con él. Salió del Potrero don Ignacio con las primeras sombras de la noche.

En el Saltillo se dio de alta en el Ejército. Le reconocieron el grado de coronel que había alcanzado en la guerra contra el indio. Hizo agencias para que lo nombraran jefe de sus propios hombres, aquellos que por la leva fueron sacados del Potrero. Fue por tierras de San Luis Potosí rumbo a Querétaro. Conforme iba avanzando buscaba hombres en los poblados y en el campo, y los contrataba como soldados. Les pagaba con largueza la contratación, y les ofrecía una soldada generosa. Hombre que contrataba don Ignacio, hombre suyo del rancho que mandaba de regreso. Llegó a Querétaro con el mismo número de hombres con que salió del Saltillo. Pero eran otros hombres. Los suyos, todos, habían vuelto ya al Potrero, es decir, a su hogar y a su familia, por las ocultas veredas de la sierra.

Acabada la guerra volvió don Ignacio a su solar. Seis condecoraciones había recibido de la República. Cuando llegó, solo como había salido, jinete en su caballo, las mujeres le besaban los pies en el estribo. Ahora está su retrato en la sala de la fornida casa que fundó. Entran los niños del Potrero en esa sala -son los nietos de los tataranietos de aquellos hombres- y se quitan frente al retrato su sombrero... Esto que hoy he contado no lo digo con ningún propósito, ni lleva algún mensaje. No es una relación para mostrar la falsedad de la leyenda negra según la cual todos los hacendados eran hombres perversos que esclavizaban a sus peones y los tenían sujetos a su tiranía. He narrado esto porque el suceso es bello, y lleva un contenido de profunda humanidad. Y lo he contado porque desde su retrato me mira don Ignacio de la Peña, y en su mirar me dice que no debo dejar que se olviden los hombres de antes, tan diferentes de los que somos hoy.


------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------