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miércoles, 12 de agosto de 2020
ROMA CONDENA FORMA MODERNISTA QUE INVALIDA EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO
En un comunicado oficial, el Vaticano ha indicado que el Bautismo no es válido cuando se utilizan estas palabras con una fórmula modificada inventada por modernistas.
Vaticano, 7.08.2020. - Cambiar las palabras de la fórmula del bautismo invalida el sacramento, así lo afirmó la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Iglesia Católica. Específicamente, un bautismo administrado con la fórmula: "Te bautizamos en el..." en lugar de "Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", no es válido.
El fallo de la congregación doctrinal se publicó el 6 de agosto como una breve respuesta a las preguntas sobre la validez de los bautismos usando esa fórmula modificada.
Se preguntó a la Congregación si un bautismo era válido si se había realizado con una fórmula que buscaba expresar el "significado comunitario" y la participación de la familia y de los presentes durante la celebración.
EL BAUTISMO NO VÁLIDO.
Por ejemplo, se dijo que se han realizado celebraciones administradas con las palabras:
"En el nombre del padre y de la madre, del padrino y de la madrina, de los abuelos, de los familiares, de los amigos, en nombre de la comunidad, te bautizamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".
Un bautismo administrado con este tipo de fórmula modificada no es válido, dijo la Congregación, y los bautismos tendrían que rehacerse para aquellos individuos que habían sido "bautizados" con la improvisada redacción.
EL BAUTISMO QUE SÍ ES VÁLIDO.
La fórmula correcta en el Rito del Sacramento del Bautismo, pronunciada por el obispo, sacerdote o diácono es:
"Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".
La Congregación dijo que modificar "la forma de la celebración de un sacramento no constituye simplemente un abuso litúrgico, como la transgresión de una norma positiva, sino un "vulnus" (herida) infligido a la comunión eclesial y a la identificabilidad de la acción de Cristo, y en los casos más graves haciendo inválido el sacramento mismo".
martes, 23 de enero de 2018
FUNESTO DESCUIDO
Lo es, y lo es en grado sumo, el de muchas familias con sus enfermos, a quienes no disponen convenientemente, en caso de gravedad, para recibir los santos sacramentos.
Proporcionar los últimos socorros de la religión a los enfermos es, no sólo un acto de caridad meritoria a los ojos de Dios, sino también un deber sagrado que no se infringe sin incurrir en una responsabilidad terrible. Si uno se hace culpable de homicidio cuando deja morir de hambre a su semejante, ¿qué nombre dar al crimen horroroso de dejar perecer un alma por no suministrarle los auxilios de nuestra santa Religión?
Y, sin embargo, ¡cuántas veces nos muestra la experiencia que se comete este crimen aun por familias católicas! Sea por quiméricos terrores o sea por una inexcusable debilidad, se llama al sacerdote lo más tarde posible y a veces cuando el enfermo está ya destituido de los sentidos. No hablamos aquí de las familias que esperan ex-profeso a que el enfermo entre en agonía y que hacen de la religión una vana formalidad de pura conveniencia. ¡Apartemos la vista de tanta indignidad! Hablamos de esas familias, en las que aún queda bastante fe para considerar los sacramentos como cosas santas, para desear que los enfermos los reciban con disposición cristiana y en las que, sin embargo, no se les habla de confesarse sino después que se ha perdido toda esperanza de curación. ¿Y qué sucede a menudo en este caso? Se vacila todavía, se dilata el momento; los terribles síntomas se declaran; entonces se apresuran, corren en busca de un sacerdote, pero llegan tarde ¡todo ha concluido! ¡No permita Dios que seáis tratados así en vuestra última hora!
Pero, ¿qué es lo que detiene en el cumplimiento de esta misión sagrada? — “No me atrevo a hablarle de un sacerdote”, decís, “temo asustarle”. —Y aun cuando se asustase, ¿preferís exponer su alma a la condenación eterna o a una larga expiación, en el purgatorio? ¡Asustarle! Pues si durmiese al borde de un abismo o en una casa invadida por las llamas, ¿vacilaríais en despertarle por no asustarle?
Decís, que llamaréis al sacerdote, cuando el enfermo lo pida. ¿Pero ignoráis, que rara vez se dan cuenta los enfermos de su gravedad? Vuestro es el deber de preparar al enfermo, para que reciba a tiempo los auxilios religiosos. Acudid con tiempo a vuestra parroquia o al sacerdote conocido, que os facilitará el cumplimiento de este grave deber.
Desterrad de vuestra mente la falsa preocupación de que el enfermo se asustará si le habláis de sacramentos.
La experiencia enseña, que el enfermo sabe, que el sacerdote viene a llenar a su lado el más dulce y benéfico de todos los ministerios, a purificar y consolar su alma, a traerle, en fin, en medio de las más crueles angustias, la paz y la dulzura de Jesucristo.
La primera diligencia que se ha de hacer cuando se advierta que un enfermo está de peligro, es llamar al párroco o al confesor, para que le administre los sacramentos de la Penitencia, Eucaristía y Extremaunción y le aplique la indulgencia plenaria en el artículo de la muerte (pocos, muy pocos conocen esta gran gracia. Exígela al sacerdote. Entérate haciendo clic aquí: http://www.catolicidad.com/2014/07/indulgencia-plenaria-la-hora-de-la.html).
Nota: En algunos países existen ligas, cuyos adherentes se comprometen a avisarse mutuamente en caso de enfermedad grave, para recibir a tiempo los auxilios espirituales. ¿Por qué no podrían establecerse, también aquí entre nosotros? O bien, comprometerse mutuamente a ello con dos o tres familiares. Otro aspecto a considerar es estar siempre en gracia santificante (confesado) antes de cualquier operación, aunque el riesgo sea bajo. No olvidemos que los mandamientos de la santa Madre Iglesia obligan a la Confesión cuando menos una vez al año (minimum minimorum) o si existe peligro de muerte. Por último, hay que constatar que el enfermo tenga siempre puesto su escapulario y si no se la ha impuesto, solicitarle al sacerdote que lo atiende que lo haga. Todo católico debería portarlo siempre.

¡Oh Madre de Piedad, escuchad benigna las súplicas de las familias cristianas, para que ninguno muera en sus hogares sin haber recibido El Santo Viático!
jueves, 6 de octubre de 2016
EXAMEN DE CONCIENCIA
Haz ante todo una breve y devota oración para ponerte en la presencia de Dios e invocar su ayuda. Reza un Padrenuestro, Ave y Gloria, el Acto de contrición, o bien esta oración al Espíritu Santo:
Oh Espíritu Santo, luz sobrenatural de mi entendimiento y ardor de mi voluntad, ayúdame a conocer el verdadero estado de conciencia y a hacer una buena y provechosa confesión.
PREGUNTAS GENERALES
¿Cuánto tiempo hace que no te confiesas? ¿Cumpliste con la penitencia que te impusieron? ¿Lo has hecho bien? ¿Has recibido la absolución? ¿En las confesiones anteriores, has olvidado algún pecado grave? ¿Has callado voluntariamente, disminuido y falseado la acusación de algún pecado mortal? ¿Has tenido dolor de los pecados? ¿Has recordado y puesto en práctica los consejos recibidos y los propósitos hechos?
PRIMER MANDAMIENTO
AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS
¿Has estudiado el catecismo y te has instruido sobre las verdades de la fe? ¿Has rehusado creer o has admitido dudas voluntarias sobre alguna de ellas? ¿Las has comunicado a otros? ¿Has hablado mal de la religión y has tomado parte con gusto en conversaciones que otros tenían contra la fe, contra la Iglesia y contra los sacerdotes fieles? ¿Has leído libros o folletos contrarios a la religión; protestantes, espiritistas, comunistas u otros? ¿Has desconfiado de la misericordia de Dios? ¿Has desesperado de tu salvación o de la corrección de tus defectos o malas costumbres? ¿Te ha faltado la resignación a la voluntad de Dios en las pruebas o has murmurado de la Divina Providencia? ¿Te has expuesto temerariamente a las ocasiones de pecado? ¿Has cometido pecados pensando que luego te confesarías? ¿Has sentido fastidio por las cosas de piedad o de religión, o por la palabra de Dios? ¿Has hecho algún acto de fastidio contra Dios? ¿Te has dejado vencer por el respeto humano, avergonzándote de mostrarte cristiano delante de los demás? ¿Te has apegado a las criaturas, anteponiendo su amor al amor de Dios? ¿Has sido supersticioso, dando crédito a los sueños a las cartas, a las brujerías o a las adivinas? ¿Has maltratado, despreciado, insultado o te has burlado de las personas consagradas a Dios? ¿Has faltado de respeto a los lugares sagrados? ¿Has comulgado sin las debidas disposiciones? ¿O lo has hecho sacrílegamente en pecado mortal que no has confesado con contrición y propósito de enmienda?¿Has profanado alguna cosa sagrada, o recibido indignamente algún sacramento? ¿Has dicho regularmente tus oraciones de la mañana y de la noche? ¿Las has dejado por negligencia? ¿Has tentado a Dios exponiéndote a peligros para el alma o para el cuerpo?
Reflexiona seriamente sobre la advertencia de Jesús:
“Si alguno se avergüenza de Mí delante de los hombres, también Yo me avergonzaré de él delante de mi Padre”.
SEGUNDO MANDAMIENTO
NO TOMAR EL NOMBRE DE DIOS EN VANO
¿Has pronunciado el santo nombre de Dios sin respeto? ¿Lo has pronunciado con rabia? ¿Has dicho blasfemias o palabras injuriosas contra Dios, la Santísima Virgen o contra los Santos? ¿Las has dicho en presencia de otros o has permitido que otros las dijeran en tu presencia? ¿Has dicho imprecaciones contra ti mismo, contra otras personas? ¿Has hecho algún juramento malo o falso? ¿Has hecho algún juramento o promesa sin intención de cumplirla? ¿Has hecho juramento sin necesidad o con daño de otro? ¿Has confirmado con juramento alguna calumnia? ¿Has cumplido tus promesas, votos o juramentos? ¿Tienes la costumbre de jurar sin necesidad? ¿Has proferido maldiciones?
Medita las palabras de la Sagrada Escritura (Tob., 13, 16):
“Serán maldecidos los que te desprecian, condenados todos aquellos que te blasfeman.
TERCER MANDAMIENTO
SANTIFICAR LAS FIESTAS
¿Has faltado culpablemente a Misa los domingos o fiestas de guardar? ¿La has escuchado con la debida atención y con respeto? ¿Has llegado tarde por tu culpa, o por tu culpa otros han faltado o han llegado tarde? ¿Has descuidado la palabra de Dios, la explicación del Santo Evangelio o las instrucciones catequísticas? ¿Has trabajado los domingos o días festivos, sin necesidad y por un tiempo considerable? ¿Has hecho trabajar a otros?
Jesús nos advierte:
“Es necesario orar siempre. Rezad para no caer en la tentación”.
CUARTO MANDAMIENTO
HONRAR AL PADRE Y A LA MADRE
¿Has respetado y obedecido prontamente a tus padres? ¿A tus superiores? ¿Los has odiado o les has guardado rencor? ¿Has dicho imprecaciones contra ellos o les has deseado algún mal? ¿Los has amenazado? ¿Los has insultado? ¿Has murmurado contra ellos? ¿Te has rebelado con palabras o con gestos? ¿Los has ayudado en caso de necesidad? ¿Has rezado por ellos? ¿Los has puesto al tanto de tus amistades, de tus lecturas, diversiones y salidas? ¿Te has avergonzado de ellos? ¿Los has hecho enojar o blasfemar? ¿Has maltratado u odiado a tus hermanos? ¿Los has amenazado, golpeado o les has dado malos ejemplos? ¿Los has ayudado? ¿Has faltado de respeto a tus maestros, superiores, ancianos, sacerdotes y religiosos? ¿Has cumplido con tus deberes escolares, de casa o de trabajo? ¿Has sabido guardar con prudencia los secretos de familia? ¿Has perdido el tiempo? ¿Si eres padre de familia, has procurado a tus hijos la instrucción religiosa y que reciban los sacramentos a la edad debida y con la frecuencia necesaria? ¿Los reprendes, cuando es conveniente, y les das formación moral? ¿Les das la debida preparación y el mantenimiento económico? ¿Si eres patrón, tratas bien, pagas el justo salario y ves por la formación moral y religiosa de tus empleados?
Jesús, dice el Santo Evangelio, fue a Nazaret y allí estuvo sujeto a María y a José. ¡Fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz!
QUINTO MANDAMIENTO
NO MATAR
¿Has guardado odio o rencor al prójimo? ¿Has procurado atentar contra la vida, la salud o la integridad física de alguien? ¿Lo has despreciado o insultado? ¿Le has deseado algún mal o has dicho imprecaciones contra alguien? ¿Le has deseado la muerte? ¿Le has negado el saludo o la palabra? ¿Le has negado algún favor que podías nacerle? ¿Has peleado con tus compañeros? ¿Los has ofendido gravemente con insultos, golpes o malos tratos? ¿Has tomado parte en peleas? ¿Has secundado aversiones naturales, despreciando a alguien ? ¿Has sido envidioso, prepotente, maligno? ¿Has exagerado con tus bromas ofendiendo a los compañeros? ¿Has propagado el mal que has escuchado decir de otro? ¿Te has alegrado del mal ajeno? ¿Has sembrado discordias con chismes o murmuraciones? ¿Te has causado algún daño a tu vida o a tu salud? ¿Te has drogado?¿Has hecho las limosnas que podías hacer? ¿Has sabido perdonar al prójimo? ¿Has dado escándalo con palabras, gestos, diarios, figuras? ¿Has inducido a otros a cometer el mal? ¿Has ayudado a otros a hacer el mal? ¿Has cometido el pecado de aborto o ayudado a otros a cometer este crimen (es necesario saber qué sacerdote está facultado para perdonar este pecado y levantar la excomunión)? ¿Has prestado, regalado, conservado o vendido libros, revistas o películas malas? ¿Has apartado a alguien del cumplimiento del deber? ¿Has tratado de impedir la difusión de los escándalos entre tus compañeros? ¿Te has deseado la muerte por impaciencia? ¿Te has dejado llevar por la ira, por el mal genio o por el orgullo? ¿Te has excedido en la comida o en la bebida? ¿Has dañado de alguna manera a la vida del prójimo?
Jesús nos dice:
“Si amáis tan solo a los amigos, ¿qué hacéis más de lo que hacen los paganos? Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado “. “Perdonad al que os hace mal”.
SEXTO Y NOVENO MANDAMIENTOS
NO FORNICAR - NO DESEAR LA MUJER DE TU PRÓJIMO
¿Has mortificado los ojos, no mirando figuras o cosas indecentes? ¿Has asistido a espectáculos, cines, teatros, televisión, internet, etc. no aptos para ti o malos? ¿Has consentido pensamientos o deseos malos contrarios a la pureza? ¿Has recordado con gusto pecados de la vida pasada? ¿Has dicho o escuchado voluntariamente malas palabras, o maliciosas? ¿Has cantado o escuchado cantos malos o provocativos? ¿Has enseñado el mal a otros? ¿Has faltado a la delicadeza y respeto hacia tu cuerpo que es templo del Espíritu Santo, con miradas o acciones? ¿Te has juntado con malas compañías? ¿Te has permitido conversaciones, gestos, bromas, acciones inconvenientes o gravemente malas, impuras con otras personas? ¿Eres prudente en el trato con tu novi@? ¿Con tu poca mortificación, has dado motivo a pensamientos, deseos o fantasías malas? ¿Has leído o visto libros, revistas, folletos o sitios de internet inmorales? ¿Has asistido a diversiones malas (espectáculos, sitios, bailes, etc.)? ¿Has escrito o dibujado algo malo? ¿Has vestido con decencia? ¿Has contraído amistades peligrosas? ¿Rezas para conservar la pureza? ¿Empleas métodos anticonceptivos artificiales (todos son pecado grave)? ¿Cuáles (pues muchos son peores, al ser abortivos)? ¿Empleas métodos naturales sin motivo justo? ¿Guardas la castidad conforme a tu estado (solteros = castidad perfecta, casados = fidelidad conyugal y obediencia a las leyes morales)? ¿Acudes a Dios en las tentaciones?
Dice Jesús:
“Si tu ojo es puro, todo serás puro; pero si tu ojo es impuro, toda tu persona será impura.. Bienaventurados los puros porque verán a Dios”.
SÉPTIMO Y DÉCIMO MANDAMIENTOS
NO HURTAR - NO CODICIAR LOS BIENES AJENOS
¿Has causado daño en los bienes del prójimo? ¿Has tomado lo ajeno? ¿En casa? ¿Fuera de ella? ¿Cuánto? ¿Te has guardado lo ajeno? ¿Has restituido lo robado? ¿Has reparado los daños causados al prójimo? ¿Has sido infiel con tus padres cuando te han confiado dinero u otras cosas? ¿Has ayudado o aconsejado a robar? ¿Conservas en tu poder cosas que no te pertenecen? ¿Has devuelto lo que has encontrado? ¿Has hecho trampas o engaños en las relaciones de compras o de pequeñas ventas? ¿Has malgastado el dinero, los alimentos o los vestidos?
Dice Jesús:
¿Qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si luego pierde el alma?
OCTAVO MANDAMIENTO
NO LEVANTAR FALSO TESTIMONIO NI MENTIR
¿Has dicho mentiras? ¿Con ellas has dañado a alguien? ¿Has sido desleal, simulador, engañando a tus compañeros y al prójimo? ¿Has hablado mal o difamado al prójimo? ¿Has causado daño a su honra o a su reputación? ¿Has propalado sus defectos? ¿Has calumniado o maldecido al prójimo? ¿Has faltando a la discreción revelando secretos o leyendo cartas ajenas? ¿Has ultrajado con injurias, desprecios o bromas pesadas al prójimo? ¿Has abusado de la confianza que se te ha concedido? ¿Has tratado de reparar los daños causados al honor y al buen nombre del prójimo?
La norma de Jesús es:
“Vuestro modo de hablar sea simple y sincero: Sí, sí; no, no”.
PRECEPTOS DE LA IGLESIA
¿Has confesado y comulgado en el tiempo prescripto por la Iglesia? ¿Has comido carne los días prohibidos y has guardado el ayuno mandado por la Iglesia? ¿Estás suficientemente instruido sobre estos preceptos? ¿Has escuchado la Misa entera y en la forma debida (tercer mandamiento)? ¿Has tratado de hacer alguna limosna para el sostenimiento de la Iglesia, para las obras de culto y para sostener las obras de beneficencia parroquiales?
ANALIZAR LOS PECADOS CAPITALES
ANALIZAR LOS PECADOS CAPITALES
ADVERTENCIA
Es necesario recordar que no basta saber cuáles son los pecados graves cometidos, sino que es necesario también recordar y acusar el número de los mismos, así como los pecados de omisión (analiza que deberes de estado -como hijo, herman@, padre, cónyuge, alumno, trabajador, empleado, patrón, creyente, etc.-, no has cumplido). Aquí puedes leer un artículo sobre los pecados de omisión: http://www.catolicidad.com/2016/04/y-tu-te-examinas-de-los-pecados-de.html
Hecho el examen de conciencia con el cuidado que se pone para los asuntos de importancia, es necesario, como ya se dijo, pedir perdón a Dios, para lo cual se rezará de todo corazón el acto de contrición.
ACTO DE CONTRICIÓN (SEÑOR MÍO JESUCRISTO)
"Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, me pesa de todo corazón haber pecado, porque he merecido el infierno y perdido el cielo, y sobre todo, porque te ofendí a ti, que eres bondad infinita, a quien amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecar, confesarme y cumplir la penitencia. Confío me perdonarás por tu infinita misericordia. Amén."
SONETO A JESÚS CRUCIFICADO:
EL MÁS PERFECTO ACTO DE CONTRICIÓN
No me mueve, mi Dios, para quererte,
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una Cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera;
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero, te quisiera.
TEMAS RELACIONADOS:
1) CINCO PASOS NECESARIOS PARA CONFESARSE BIEN 2) CÓMO HACER EL ACTO DE CONTRICIÓN
lunes, 11 de julio de 2016
QUIEN COMULGA DEBE SABER A QUIÉN VA A RECIBIR Y PENSAR PIADOSAMENTE EN ELLO
Discípulo. —Padre, para comulgar bien, ¿se requiere algo más, aparte de no tener pecado mortal?
Maestro. —Ya lo creo, pues todos saben que para comulgar bien se requieren tres cosas. Primera: Estar en gracia de Dios. Segunda: Saber lo que se va a recibir y pensar en ello. Tercera: Estar en ayunas.
D. —Entonces, ¿puede haber Comuniones mal hechas por lo que se refiere a la segunda disposición?
D. —Creo que no.
M. —Figúrate, pues, cuántas serán las Comuniones mal hechas.
D. — ¡Qué calamidad! ¡Estos tales deberían dejar de comulgar!
M. —Al revés: ni se abstienen ni se instruyen, en su interior creen saberlo todo y que son tan dignos como los demás.
D. — ¿Y entonces?
M. —Entonces hay que predicar e instruir sobre este punto, y alzar la voz bien alta contra los abusivos, y vigilar constantemente, examinándoles con cordura y prudencia, pero con rigor.
M. —Dice el Catecismo que hay que pensar también en lo que se va a recibir; por esto comulgan mal los que se acercan en forma indecorosa.
D. —Se ven algunos, niños sobre todo, que ríen en la Iglesia, charlan y están distraídos, y, llegado el momento de comulgar, se precipitan ante el altar o ante el comulgatorio.
M. —Hacen mal, muy mal. Y siendo aún niños tienen disculpa, pues Dios mirará la edad y el poco criterio; pero los adultos que así proceden no tienen derecho a compasión ni excusa de ninguna clase.
D. —¿Y las muchachas y señoritas que se acercan a comulgar girando la vista a una parte y otra, haciendo muecas, jactándose de sus gracias, haciendo ostentación de vanidad y vestidas con poca modestia?
M. —Hacen muy mal. Todas éstas comulgan mal.
D. —Entonces, ¿son cosas serias?
M. —Muy serias, pues se trata nada menos que de pisotear el más augusto de los Sacramentos. Son pobres desgraciadas, cristianas sin fe. (Lo mismo ha de decirse de los varones que reciben la Eucaristía y que actúan de similar manera -los hemos visto haciendo bromas y riendo- sin pensar realmente en que están recibiendo nada menos que a Cristo mismo).
M. —Vigilarlas, corregirlas, afear su conducta, y si esto no bastara (si ostensible y pertinazmente no corrigieran su mala conducta), privarlas de la Comunión.
D. —Pero la gente ¿no lo extrañará?
M. —Cuando se acostumbren a ver cómo se aparta de la Comunión a los indignos, ya nadie se extrañará, antes sentirán contento al ver respetado el Cuerpo adorable de Nuestro Señor, y restablecido el decoro debido a tan augusto Sacramento.
D. —Y con esto, ¿no habrá peligro de alejar a muchos de la Comunión?
M. —No hay que temer; y hay que sentir más celo por el decoro debido al Sacramento más augusto. Habrá bajas, ¿quién lo duda?, pero disminuirán los sacrilegios, y los más aprenderán con esto a comulgar dignamente.
Este es un mal como los otros; si no se le aplica el remedio, progresará siempre más.
jueves, 28 de enero de 2016
CONTRICIÓN Y PROPÓSITO DE ENMIENDA: INDISPENSABLES PARA LA VALIDEZ DE LA CONFESIÓN
Maestro. — El dolor de los pecados (arrepentimiento sincero de haber ofendido a Dios) es cosa no sólo importantísima, sino absolutamente indispensable para toda buena confesión. Sin él es imposible que exista el sacramento. No es posible que exista el sacramento de la Penitencia sin el dolor.
D. — Entonces, ¿todos aquéllos que ponen su preocupación en examinar los pecados, y se cuidan poco en excitarse al dolor, hacen buena confesión?
M. — Todos esos hacen confesión sacrílega o nula: sacrílega si advierten la propia falta de dolor; nula si no atienden a ello. Sin embargo, la buena voluntad que tiene de confesarse bien y la diligencia con que hacen el examen incluyen por lo general el dolor, por lo que no hay que inquietarse.
D. — ¿Qué hay que hacer para excitarse al dolor de los pecados?
M. — Debemos dar una mirada al infierno que hemos merecido con nuestros pecados, al Paraíso que por ellos hemos perdido. Miremos al Crucifijo, consideremos cómo Jesucristo agoniza y muere por nuestros pecados.
Pensemos que Dios es todo y nosotros nada; que podría abandonarnos de un momento a otro. Que muchos otros más jóvenes que nosotros... están en el infierno y que si nosotros estamos aún aquí, es porque Él nos ama y porque ha querido usar de su misericordia con nosotros...
D. — Padre, ¿de cuántas clases puede ser el dolor?
M. — Puede ser de dos clases:
1) DOLOR PERFECTO, llamado también CONTRICIÓN (o contrición perfecta), y
2) DOLOR IMPERFECTO, por otro nombre: ATRICIÓN (o contrición imperfecta).
Quien se arrepiente de los pecados por solo temor de los castigos que pueden sobrevenir en ésta o en la otra vida, o sea movido por un amor interesado, ése tiene sólo atrición: ese dolor es moneda legal, más sólo de cobre. Por el contrario, quien se arrepiente por haber ofendido a Dios, nuestro Padre, o sea, movido de verdadero temor filial, ése tiene contrición perfecta, que es moneda de oro.
D. — ¿Es importante tener contrición perfecta?
M. — Importantísimo, porque ella, unida al propósito de no pecar más y de confesarse cuando le sea posible, obtiene inmediatamente, aun antes de confesarse, la remisión de los pecados y si uno muriese en ese estado se salvaría.
D. — ¿Y se puede comulgar sin confesarse, con sólo la contrición?
M. — Para comulgar se necesita necesariamente confesarse antes.
D. — Padre, ¿y si uno después cambia de propósito y no se confiesa, reviven aquellos pecados?
M. — No, el pecado perdonado no revive más, pero ese tal se haría reo de una grave omisión, de la que siempre se haría responsable. De consiguiente, siempre que por desgracia te ocurra haber cometido un pecado mortal, haz inmediatamente un acto de contrición perfecta, con el propósito de confesarte lo más pronto posible, a fin de tranquilizar tu conciencia.
D. — Padre ¿es necesario sentir el dolor de los pecados?
M. — No, no es necesario sentir ese dolor, como se siente el dolor de cabeza, el dolor de muelas; basta tenerlo de corazón (no es un dolor físico)...
D. — ¿Y qué cosa es el propósito (de enmienda)?
M. — Es la voluntad resuelta de no pecar más y de evitar las ocasiones (de pecar). Es una consecuencia del dolor; pues es imposible concebir un verdadero dolor de los pecados sin que al mismo tiempo se tenga la resolución de no cometerlos más (y de no volver a ponerse innecesariamente en peligro próximo de ofender gravemente a Dios).
D. — ¿Cómo debe ser el propósito (de enmienda)?
M. — Debe ser eficaz, es decir de apartarse absolutamente, cueste lo que costare del pecado, dispuesto a perderlo todo antes que volverlos a cometer, y esto sin pretextos, sin equívocas o poco honestas intenciones...
Confesarse y no enmendarse es el camino más seguro para condenarse(1).
Confesarse y no enmendarse es el camino más seguro para condenarse(1).
D. — ¿De qué manera podremos perseverar en el propósito?
M. —1° Con no fiarnos mucho de nuestras fuerzas, sino pedir constantemente a Dios el auxilio de su gracia (y, a la vez, evitando las innecesarias ocasiones próximas de pecado mortal).
2° Imponiéndose (uno mismo) alguna penitencia cada vez que se cae en el pecado, la cual, al mismo tiempo que servirá para expiar en parte el pecado cometido, servirá también para hacernos más vigilantes en lo sucesivo.
3° Volviendo a confesarse cuanto antes se pueda, a fin de vencer al demonio y conseguir más fácilmente victoria en adelante... Nosotros estamos en continua lucha con el enemigo infernal, que siempre, de mil maneras y con todo género de pecados, nos tienta e inclina al mal. ¿Queremos salir siempre victoriosos? El remedio es infalible. Ahí está la panacea infalible y maravillosa: la confesión bien hecha y frecuente. Con ella no tendrá el demonio ningún poder sobre nosotros.
D. — Padre, ¿y aquéllos que siempre andan prometiendo y nunca cumplen lo prometido?
M. — Esos son pobres desgraciados que ciertamente acabarán mal, porque de Dios nadie se burla... De los que dicen que quieren enmendarse y no se enmiendan, está lleno el infierno(2).
D. — ¿Y aquéllos que dicen: no puedo, no puedo?
M. — Esos son todavía más desgraciados, es signo cierto de que son ya esclavos de las más vergonzosas pasiones.
D. — Me parece que si de veras se quiere, siempre se puede, ¿no es verdad, Padre?
M. — Sí, porque Dios nunca niega su gracia a quien la busca de corazón, y porque es muy grande el poder de nuestra voluntad(3).
D. — Así, pues, Padre, ¿de nada sirven las confesiones y las absoluciones sin el propósito firme y eficaz de evitar el pecado y las ocasiones próximas de pecar(4)?
M. — De nada sirven, porque aun cuando el confesor dijere cien veces: yo te absuelvo, Jesucristo, que lee en el corazón, diría otras cien: y yo te condeno.....
D. —Es, pues, muy cierto, el proverbio, que dice: Confesarse, ¿a qué conduce si la enmienda no produce?
CONFESAOS BIEN
Pbro. Luis José Chiavarino
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NOTAS:
NOTAS:
(1) EJEMPLO DE QUIEN NO TIENE UN VERDADERO PROPÓSITO DE ENMIENDA:
Una joven se estaba confesando y cuando recibió la absolución, antes de marcharse pregunta al confesor:
— Padre, ¿puedo comulgar esta mañana?
— Sí, puede comulgar, y no sólo hoy sino mañana y en adelante, todos los días...
— ¡Ah, mañana no podré, porque esta noche estoy invitada al baile (que por el tipo del mismo tendré ocasiones próximas de pecado) y no puedo faltar!
— ¿Al baile ha dicho? Pero si acaba de prometer a Jesús no volver a ofender más y evitar las ocasiones de ofenderle...
— Padre, yo lo he prometido, pero con respecto a lo pasado, más no para lo venidero.
Eso es: muchas veces se promete por el pasado, o sea, no se promete nada; y así siempre se está al principio: confesiones y pecados, pecados y confesiones; pero confesarse y no enmendarse es el camino más seguro para condenarse.
(2) De mucho tiempo atrás una madre amorosa y muy temerosa de Dios, exhorta a su hijo, díscolo y vicioso, a mudar de vida. Este le prometía siempre, pero eran promesas de viento. Una víspera de Carnaval, la madre, más con lágrimas que con palabras, le conjuraba a que se convirtiera; él le dijo: “Bueno, estoy resuelto a seguir tus consejos, también estoy avergonzado y cansado de mi mala vida; ten paciencia por estos tres días de Carnaval, y después haré penitencia”. El desgraciado joven pensaba en esta forma pactar con Dios, preparándose con nuevos pecados a convertirse y confesarse. Más de Dios no se burla nadie. Pasó, los tres días en desarreglos y extravíos. El martes a las altas horas de la noche volvía a casa agotado por el prolongado baile, y pocos instantes después se sintió un estrépito en su cuarto; entraron apresuradamente los familiares y lo encontraron extendido sobre el pavimento, sofocado por un derrame de sangre. Así acabaron sus proyectos de conversión y sus falaces propósitos.
(3) Te lo pruebo con el siguiente hecho histórico:
(3) Te lo pruebo con el siguiente hecho histórico:
El general Cambronne, muerto en el 1842, combatiendo como héroe en Waterloo, cuando aún era simple soldado, tomado del vino le dio un bofetón a su capitán. Juzgado por el Consejo de Guerra, fue condenado a muerte. El coronel, que sabía que era bravo soldado, se interpuso en su favor y le obtuvo la gracia; mas haciéndole venir ante él, quiso que le prometiera no emborracharse más. Cambronne le dijo: “Coronel a vos debo la vida, es muy poco lo que me pedís; así, para que mi propósito sea eficaz, juro que jamás probaré ni vino ni licor”. Pasaron veintidós años, había llegado a general, habiendo acompañado a Napoleón desde Canes hasta París, fue invitado a comer por su coronel, entonces, ya retirado. Aceptó, más durante toda la comida no probó el vino. El coronel, que todo había olvidado ya, le preguntó el porqué de no tomar vino, Cambronne entonces le recordó el hecho de hacía veintidós años y le manifestó la entera fidelidad con que había mantenido su juramento.
¡Oh, si en el propósito de la confesión se imitase la fidelidad de Cambronne! Y si se cumplen los juramentos hechos a los hombres, ¿por qué no se han de cumplir los que se hacen con Dios?
(4) Ponerse innecesariamente en ocasión próxima de pecar mortalmente ya constituye en sí mismo un pecado mortal. Quien por su profesión (por ejemplo, un ginecólogo) tiene necesidad de exponerse a las ocasiones de pecado, puede hacerlo pero debe tener el firme propósito de luchar contra las tentaciones (por ejemplo, auxiliándose de la oración mental o una jaculatoria durante las mismas) y evitar las caídas.
HAZ CLIC AQUÍ PARA VER TODOS LOS CINCO PASOS NECESARIOS PARA REALIZAR UNA BUENA CONFESIÓN:
http://www.catolicidad.com/2012/03/cinco-pasos-que-se-requieren-para.html
(4) Ponerse innecesariamente en ocasión próxima de pecar mortalmente ya constituye en sí mismo un pecado mortal. Quien por su profesión (por ejemplo, un ginecólogo) tiene necesidad de exponerse a las ocasiones de pecado, puede hacerlo pero debe tener el firme propósito de luchar contra las tentaciones (por ejemplo, auxiliándose de la oración mental o una jaculatoria durante las mismas) y evitar las caídas.
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sábado, 16 de enero de 2016
EL EXAMEN DE CONCIENCIA PARA LA CONFESIÓN
Es el sacramento más fácil de recibir, al alcance de todos y que no requiere condiciones difíciles. De modo que todo aquel que tenga simplemente la buena voluntad de confesarse bien, siempre conseguirá su objeto. Aquéllos, pues, que tienen gran temor de confesarse mal, por este mismo temor, son los que mejor se confiesan.
Discípulo. — ¿Debemos rogar antes de confesarnos?
Maestro. —Siendo de fe que sin la ayuda de la gracia no podemos confesarnos bien, esta ayuda la debemos pedir con la oración, y así debemos:
1) Reavivar la fe en este sacramento, que es el medio más principal de santificación.
2) Dar rendidas gracias a Jesús, que ha querido hacernos tan gran regalo, a costa de su pasión y muerte.
3) Encomendarnos a nuestra buena madre María Santísima, refugio de pecadores, a nuestra Ángel Custodio, a las almas del Purgatorio; luego se hace el examen de conciencia.
D. — ¡Ah! Padre, aquí empiezan mis inquietudes. Yo no soy capaz de hacer el examen de conciencia... No recuerdo los pecados, o bien se me olvidan a los pies del confesor.
M. —Despacio, amigo, despacio, no enturbiemos el agua con el desmedido afán. Con miedo nunca se conseguirá hacer nada de bueno; si, por el contrario, procuramos obrar con calma y confianza en Dios, ciertamente conseguiremos lo que deseamos. Hagamos nosotros lo que está de nuestra parte, qué lo demás lo suplirá el Señor. Ordinariamente. Él queda más satisfecho, cuanto menos satisfechos quedamos nosotros.
Es obligatorio un examen serio (profundo) y diligente:
1) Para aquellos que cometen pecados mortales.
2) Para los que se confiesan raras veces.
3) Para los que desde algún tiempo no se han confesado bien.
Todos esos deben acusarse de los pecados, graves, de las circunstancias que cambian la especie del pecado, y también el número de los pecados, y claro está que deben anticipadamente examinar con seriedad y cuidado su conciencia.
D. — ¿Cómo debe procederse para hacer bien el examen?
M. —Para hacer bien el examen, hay que ir considerando uno por uno los mandamientos de Dios y de la Iglesia, juntamente con las obligaciones del propio estado; examinándonos sobre cada uno si hemos faltado contra y cuántas veces, en pensamientos, palabras, obras y omisiones, teniendo muy en cuenta la pasión dominante y la causa generadora de nuestras faltas más ordinarias.
Se deberá notar en el primer mandamiento, si se ha faltado contra la fe en cualquiera de las verdades de nuestra religión sacrosanta; si se han proferido palabras o escuchado; leído libros, diarios o periódicos contrarios a la religión; si se han cometido sacrilegios, ya confesándose mal o haciendo malas comuniones, ya despreciando las cosas o personas sagradas; si se ha dado a prácticas supersticiosas o participando en actos espiritistas.
En, el segundo mandamiento, si se han blasfemado los santos nombres de Dios, de la Virgen Santísima, de los Santos o cosas sagradas, si se han hecho juramentos falsos o ilícitos.
En el tercer mandamiento, si no se ha oído debidamente la Santa Misa los Domingos y días de guardar; si de propósito no se ha ido al catecismo o al sermón: si se ha trabajado en obras serviles, o si se han profanado los días festivos en diversiones ilícitas o peligrosas, frecuentando la crápula, o pasando el día en tabernas, hosterías o sitios peligrosos.
En el cuarto mandamiento, si se ha faltado al respeto a los padres o superiores, de palabra o de obra, si se les ha insultado; si se ha atrevido a levantar la mano contra ellos; si por la mala conducta se les ha hecho llorar.
En el quinto mandamiento, si se ha herido gravemente a alguno; si se tiene odio a alguna persona: si se ha jurado vengarse; si se han lanzado imprecaciones o maldiciones; si se ha dado escándalo, es decir, si con palabras o acciones se ha inducido a otros a pecar.
En el sexto y noveno mandamiento, si se han tenido pensamientos o deseos contrarios a la castidad y si se han consentido o sido negligente en desecharlos, si se han tenido u oído conversaciones escandalosas o leído libros obscenos; si se han cometido actos torpes o impuros, y si fue sólo o bien con otros y de qué naturaleza, de qué género y de qué condición eran los compañeros de tales actos; ya que estas circunstancias cambian la malicia del pecado, y si se es reincidente o bien habituado a ellos; si se han frecuentado bailes o espectáculos deshonestos.
En el séptimo y décimo mandamiento, si se ha robado dinero u otra cosa de valor más o menos considerable, ya sea de su casa o de otras personas; si se han perjudicado a otros en su hacienda o intereses; si se ha tenido pensamientos o deseos de apropiarse injustamente las cosas ajenas.
En el octavo mandamiento, si se han dicho mentiras graves o perjudiciales al prójimo; si se ha murmurado o calumniado gravemente: si se ha quitado a otro la buena fama o el honor.
Pasando ahora a los mandamientos de la Santa Madre iglesia, bastará observar si se ha violado la abstinencia de carnes en los días preceptuados o el ayuno, cuando se está obligado a observarlos, o si se ha omitido la confesión o la comunión anual bien hechas, durante el tiempo prescrito.
A este examen sobre los mandamientos de Dios y de la Iglesia, se ha de añadir también algo sobre los vicios o pecados capitales, considerando si se han cometido pecados graves de soberbia, de gula, de ira, de envidia, y finalmente dese una mirada a las obligaciones del propio estado.
D. — ¿También sobre las obligaciones del propio estado?
M. — ¡Claro! Un padre o una madre, un esposo o una esposa, un maestro, un superior o un dependiente pueden cada uno observar muy bien todos los mandamientos de Dios y de la Iglesia, y no obstante, faltar gravemente a los deberes de su propio estado; de consiguiente, es de suma importancia examinarse sobre ello, si se quiere hacer una buena confesión. Es histórica la anécdota siguiente:
El emperador Carlos V, yendo de viaje, se hospedó en un convento y quiso confesarse. Un venerable religioso muy amable, escuchó con alma la confesión del emperador, y cuando terminó, le dijo: “Confessus es pecenta Caroli, nunc confitere peccata Caesarin”. Me has confesado los pecados de Carlos, es decir, como si no fueses emperador, ahora confiésate de los pecados que has cometido en el cargo que desempeñas. Y con mucha destreza y sagacidad le fué interrogando acerca de cómo gobernaba a su pueblo. El emperador se conmovió tanto que hubo de decir al referir el hecho: “Por fin he encontrado un Padre que me ha aclarado ciertos asuntos y ha puesto en plena paz mi conciencia”.
D. —Padre, ¿podremos todos llegar a hacer un perfecto y diligente examen?
M. —Si no lográramos hacerlo, bastará que nos presentemos al confesor, dispuestos a declarar lo que recordamos, y a responder con sinceridad a las preguntas que nos dirigiere, y con ello basta.
D. — ¿Y si el confesor no preguntase y se nos olvidasen los pecados mortales?
M. —Los pecados, aun los mortales olvidados involuntariamente, se perdonan junto con los otros que se confiesan, quedando tan sólo la obligación de declararlos, si se recuerdan, en la primera confesión que se haga luego.
D. —Padre, ¿ha dicho usted que debemos examinarnos sobre los pensamientos y los deseos?
M. —Claro que sí, porque también los pensamientos y los deseos, si son malos, son pecados.
Decíale un candoroso niño a su madre: Si es verdad, como me han enseñado, que nada se pierde en el mundo, ¿a dónde van a parar los pensamientos y los deseos?
—Hijo, contéstale gravemente la madre, esos van a depositarse en la memoria de Dios y estarán allí para siempre.
— ¡Para siempre!... exclamó el muchacho asombrado.
Quedó un poco de tiempo cabizbajo y pensativo, y luego abrazando estrechamente a su madre murmuró entre dientes:
— ¡Tengo miedo!...
Si son buenos nuestros pensamientos, ¿para qué asustarse?, ¿por qué decir? “tengo miedo” y si ciertos pensamientos nos dan miedo, ¿no es señal de que debemos examinarlos y detestarlos?
D. — ¿Los malos pensamientos son siempre pecados?
M. — No, amigo, algunas veces no son pecados absolutamente, otras son pecados veniales; pero pueden ser también pecados mortales. El siguiente ejemplo aclarará lo que vamos diciendo.
Una chispa de fuego que cae sobre un blanco y se sacude inmediatamente no deja ninguna mancha. Si se deja breves instantes quedará una manchita ahumada.
Bien si se la deja allí para ver lo que hace, abrasará la ropa. Lo mismo pasa con los malos pensamientos, si se los desecha en seguida, no causa mal ninguno, no son pecados; si se les detiene algo, ya son pecados veniales, y si se les da entrada con plena advertencia y consentimiento, son pecados mortales.
D. — ¿Quiénes no están obligados a verificar un minucioso (profundo) examen?
M. — Las almas timoratas que, además, se confiesan con frecuencia no están en manera alguna, obligadas a un minucioso examen, pues o no cometen pecados mortales o bien, aun cometido alguno, no lo olvidan fácilmente (pues son pecados recientes. Si los recuerdan todos no será entonces necesario un profundo examen).
D. —Ahora, Padre, dígame, ¿obran mal los que se angustian y se conturban porque no encuentran pecados?
M. —Seguramente. ¿Qué tiene de maravilla que no cometiendo pecados no los encontréis? Dad gracias al Señor y seguid permaneciendo muy apartados de cometerlos con el poderoso auxilio de los Sacramentos... los pecados, si no se han cometido no se pueden encontrar.
CONFESAOS BIEN
Pbro. Luis José ChiavarinoEN EL EXAMEN DE CONCIENCIA DEBEMOS REVISAR LOS PECADOS CAPITALES:
EN ESTE POST SOLO HEMOS VISTO UNA, PARA VER TODAS LAS CONDICIONES PARA HACER BIEN UNA CONFESIÓN HAZ CLIC AQUÍ: www.catolicidad.com/2012/03/cinco-pasos-que-se-requieren-para.html
TEMA RELACIONADO (haz clic): EXAMEN DE CONCIENCIA
miércoles, 29 de octubre de 2014
jueves, 11 de septiembre de 2014
sábado, 6 de septiembre de 2014
LO NORMAL DE LO ANORMAL, HOY EN DÍA, EN LAS PRIMERAS COMUNIONES
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| Son pocos ya los lugares donde se prepara bien a los infantes. |
Hay escasísimas PRIMERAS, de muchas Comuniones, pero sí muchísimas PRIMERA Y ÚLTIMA COMUNIÓN, al punto que los propios implicados la han rebautizado como “la Comunión”, así sin más.
Si el bautizo para el pueblo que utiliza los sacramentos sin tapujos para montar sus “fiestecitas”, no es más que una presentación en sociedad del niño, la comunión no es más que la puesta de largo donde se le inundan de todo tipo de regalos y fiestas pero de una forma tan desvinculada del verdadero motivo de celebración: QUE HA RECIBIDO A JESÚS, que incluso padres y los propios niños te miran raro si les haces un regalo religioso.
Así los padres se entregan a todo tipo de suntuosos preparativos, meses hablando los detalles discutiendo la organización, los regalos… todo, pero sin embargo en esos mismos meses estos mismos padres no se preocupan lo más mínimo por la formación que tiene su hijo para recibir a Jesús, y ellos mismos ni siquiera dan un ejemplo mínimamente coherente, la mayor parte de las veces sin ni tan siquiera ponerlo a rezar por la mañana y por la noche.
Como si fuera parte de un proceso administrativo estos padres los llevan durante las catequesis a misa, dando por concluido todo ello tan pronto se termine la fiesta, a partir del domingo siguiente ni siquiera se plantean que el niño tenga que volver por la iglesia.
Es un espectáculo por parte de los padres de incoherencia y burla a lo sagrado de dimensiones épicas. He visto de todo, personas que se definen ateas, no practicantes… de todo, y que llevan al niño a la comunión y que si le preguntas por el motivo todo lo que te dicen es “no va a ser mi hijo menos que los demás”.
Y estos pobres niños se convierten en víctima de los padres, pero también en víctima de los formadores en las catequesis. Porque a pesar del sacrilegio de los padres, podrían haber tenido una oportunidad excepcional de recibir una formación cristiana que posiblemente sea la única que recibieran. Pero no, tampoco es así.
Como padre de varios niños que han hecho las comuniones recientemente, y asistido a la de innumerables sobrinos, he podido comprobar de primera mano la absoluta falta de formación con que acuden la mayoría de los niños, como en todo hay honrosas excepciones. Niños para los que no hay preceptos y obligaciones, sólo paz, alegría y pandereta, no saben rezar apenas, a los cuáles se les ha enseñado con un lenguaje lleno de eufemismos que ni los mayores podemos entender, todo con el objeto de no exponer claramente la doctrina católica y difuminarlas en mil fantochadas modernistas, niños sin noción alguna de pecado, niños a los que se les quiere tratar de muy mayores para unas cosas, pero siempre “poco preparados aún” para hablarles de verdades católicas con un lenguaje claro (véase el catecismo Mayor de San Pío X, ejemplo excepcional de claridad educativa).
En mi familia directa y cercana junto con mi hija hicieron la comunión dos sobrinas más que no han vuelto a pisar la iglesia, que cuando se quedan en mi casa a dormir y rezo en el cuarto a los niños se quedan sorprendidas como diciendo “¿pero qué hace éste?”. Un espectáculo doloroso la verdad ver estos niños arrastrados por sus padres.
Pero yo mismo me pregunto ¿qué se puede esperar cuando estos niños van a misa, una misa de niños, donde lo último que se respira es olor a sagrado? Donde no hay ni confesionario y llega la hora de la comunión y se arrodillan dos personas en toda la Iglesia, donde la gente comulga y absolutamente a nadie se le ve dando acción de gracias, excepto las mismas dos personas, donde antes, DURANTE y después de la misa la actitud general de falta de respeto, mundanidad y antropocentrismo es lo único que se respira allí. ¿Cómo podemos pedirle a un niño que vea en la Sagrada Hostia algo sagrado, que vea a Jesús, cuando la actitud de los fieles, y del propio sacerdote, es mundana y en ningún momento muestran reverencia sino que tratan tan sagrado alimento con las manos como un alimento más? ¿Cómo podemos pedir a un niño que vea allí a Jesús cuando la ceremonia de su primera comunión es un espectáculo bochornoso en el templo de falta de respeto, ordinariez y profanación? ¿cómo podemos pedírselo cuando en la consagración el cura ni siquiera les ha enseñado a arrodillarse y luego les obliga a comulgar en la mano?
Hay una catequesis visual de piedad, devoción y vida sacramental que ha desaparecido casi por completo de nuestras iglesias.
Incoherencia de los pastores que lo permiten, incoherencia de los padres que lo hacen y, como víctimas, los hijos, por los que como decía el Santo Cura de Ars, Dios pedirá en el juicio a cada padre cuentas por hasta el último pecado que hayan cometido estos por su responsabilidad al no formarlos y educarlos debidamente.
Juan Gómez Sauceda
Fuente: Adelante la fe. La normalidad de la anormalidad: la comunión.TEMAS RELACIONADOS (HAZ CLIC): 1) UN DEBER DE LOS PAPÁS: LA CONFESIÓN DE LOS NIÑOS 2) EN CUANTO EL NIÑO PUEDA DISTINGUIR ENTRE EL PAN Y LA HOSTIA CONSAGRADA, HAGA SU PRIMERA COMUNIÓN
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