lunes, 17 de enero de 2011

UN DEBER DE LOS PAPÁS: LA CONFESIÓN DE LOS NIÑOS


Un poco de teoría: El 4to Concilio de Letrán, en 1215, ha producido el célebre decreto: "Todos los fieles deben confesar sus pecados al menos una vez por año, a partir de que tengan uso de razón".

Se debe confesar desde que que se tiene uso de razón. Pero Ud. no puede decir a su hijo: "Mira, cuando tengas uso de razón, tendrás que confesarte". Es, entonces, a ustedes, padres de familia, a quienes corresponde una obligación específica: la de hacer que sus hijos se confiesen apenas tengan edad para hacerlo.

¿Qué es "edad de razón"?

Se puede dar la siguiente definición práctica: la edad de razón es la época de la vida en donde empezamos distinguir el bien del mal. Pero ese discernimiento no llega súbitamente, al contrario es como una persona dormida que le cuesta salir de la cama, abre un ojo, lo cierra, emite unas palabras, vuelve a dormir, y por fin se levanta.

Pasa lo mismo para el despertar de la razón del niño: a través de una multitud de pequeñas observaciones ustedes podrán concluir que la razón viene, y finalmente está adquirida.

Se dice comúnmente la edad de 7 años, pero es claro que es mucho menos preciso en la realidad, y muchas veces más temprano que eso. No espere que su hijo sea completamente razonable, sino aproveche los momentos de razón para enviarlo a confesar. Según esta regla, algunos podrán enviarlos a los 5 años mientras otros esperarán hasta los 7 u 8 años. En caso de duda el mejor juez es el sacerdote mismo.

Sentido del pecado:

El papel de la mamá es primordial, lo sabemos, en la educación espiritual. Sin duda, el papá también tiene un importante papel, pero es claro que frecuentemente es la mamá la que educa la santidad en la medida de la suya propia. Por consiguiente, una mamá que se confiesa bien ella misma, sabrá inculcar el sentido del pecado a los hijos.

¡El pecado! Acordémonos de las palabras de Blanca de Castilla a sus hijo: "Preferiría verte muerto a mis pies que culpable de un solo pecado mortal". ¿Podrían decir esto ustedes con toda sinceridad, queridos papás?

En la oración de la noche en familia, aprenden los niños a hacer su examen de conciencia, y a pedir perdón inmediatamente a Nuestro Señor: todo eso es fácil, simple, y prepara eficazmente a la recepción del sacramento de la penitencia.

Sin esperar la noche, y sin obsesión tampoco, muestren que eso está bien, que eso está mal, que el Buen Dios ve todo, que Jesús murió en la Cruz para reparar ese pecado, que hay que hacer sacrificios para no dejarlo sufrir solo, etc.

Algunos adultos se confiesan muy mal porque no han comprendido nunca lo que es una ofensa hacia Dios; entonces se acusan de errores, o cuentan su vida, pero no tienen el sentido del pecado. Es entonces a edad muy temprana que hay que enseñarles eso a los niños, y ellos lo comprenden muy bien.

He aquí a un niño a la edad de razón, y deseoso de confesarse. ¿Lo lanzarán ustedes al confesionario de un golpe? ¡NO! Hay que prepararlo.

Requisitos para una buena confesión

¡Espíritu sobrenatural y sentido común! La mamá lo debe tomar aparte, pero no demasiado tiempo antes. Le debe recordar lo qué es la confesión, ayudándolo a hacer su examen de conciencia, y, de ser necesario, con un papelito. Muchos niños tienen una conciencia fina y resisten a esa intromisión: no hay que forzar. Digan: "A mi no hace falta que digas todo, pero al padre hay que decir todo. El padre es como Jesús".

Sin embargo, lo esencial no está ahí, insistan más sobre la contrición profunda por amor a Dios y dolor de haberlo ofendido, así como en el propósito de no volver a pecar que sobre una lista exhaustiva que sería imposible.

Es muy prudente advertir al sacerdote que se trata de una primera confesión. Pero no más que eso: así no hay que mezclar las cosas preguntando cosas indiscretas como: "¿Has dicho bien tal pecado? ¿Qué te ha dicho el padre? ¿Te ha dicho eso? Y yo que te lo dije...".

Igualmente, no pregunten al padre si "fue todo bien". ¿Qué quieren que les conteste él que está obligado al secreto más estricto, aún con las almas de los niños? Papás indiscretos podrían dar a pensar que el secreto de la confesión no es tan absoluto, que puede haber un consabido entre el padre y ellos: sería muy malo.

El papelito es como una muleta, de la cual hay que aprender a prescindir. De hecho es la mamá la que, por lo general, lo ha escrito y de acuerdo con los pecados que ella ha visto, pero ¿ha visto todo? El niño se confiesa con palabras de adultos, pero ¿comprende bien lo que dice? ¿hace relación concreta entre sus pecados y la lectura de la listita? Además es la primera vez que le hacen hablar con un papel. Hay que admitir que es algo artificial. Enséñenle pues rápidamente a acusarse de la manera más natural para un niño que es oralmente y de memoria. Las preguntas del padre serán la tabla de salvación para los más tímidos.

Acción de gracias:

Después de la confesión muchos niños se olvidan de hacer su penitencia y no hacen niguna acción de gracias. Ahí también incumbe a ustedes papás el estar presentes y ser vigilantes, al menos al principio: ayuden discretamente a esta almita pura a agradecer al Buen Dios por tan grande beneficio. Es, dígase de paso, en el recogimiento del pequeño penitente donde muchas veces podemos medir el espíritu de fe...de los papás.

La mayoría de los niños se confiesan únicamente porque los mandan, y nunca volverían por ellos mismos: hay que enviarlos entonces. Haciéndoles, además, valorar la dignidad del sacramento y lo agradecido que hay que estar con Dios por este enorme don que les permite limpiar sus almas.

Frecuencia:

Confesarse de manera demasiado frecuente es arriesgarse a la rutina y a la superficialidad; hacerlo muy de vez en cuando es privarse de muchas gracias. Para evitar a estos dos inconvenientes, una confesión por mes parece ser un buen propósito: hace crear un buen hábito y no genera la idea de obligación pesada. Una vez por mes para los niños, una vez por semana para los adolescentes, es una frecuencia que aporta muchas ventajas.

No es raro, lamentablemente, ver jóvenes que abandonan la práctica regular de los sacramentos en el momento en que más los necesitan. ¿Qué pasó?

Una de las razones es la falta de estima de la confesión. En lugar de considerar el Buen Pastor que los espera con amor, esos pobres niños no ven más que una formalidad fría, cada vez más fastidiosa, la cual hay que cumplir únicamente para agradar a mamá o al sacerdote. Por eso hagan todo lo que puedan para que ese sacramento tan importante en la vida sea amable y deseable, en sí mismo y en todas circunstancias. No olvidemos nunca que nada puede remplazar el motor por excelencia de toda educación: el ejemplo de los papás.

Nota de CATOLICIDAD: Finalmente, debe considerarse que el papá y la mamá deberán, en primer término, de conocer y repasar -para sí mismos- lo que dice el Catecismo Mayor sobre el sacramento de la Penitencia, pues de no ser así ¿cómo podrán orientar a sus hijos en las diversas edades (niñez, adolescencia y juventud)?  Anexamos un enlace al mismo AQUÍ (leer desde la pregunta 673). En la columna derecha de nuestro blog aparecen, también, enlaces a catecismos para niños de primero y segundo grado que seguramente podrán servir de apoyo a la enseñanza de menores.

Autor: P. Guillaume D´Orsanne
VER TAMBIÉN (HAZ CLICK): EN CUANTO EL NIÑO PUEDA DISTINGUIR ENTRE EL PAN Y LA HOSTIA CONSAGRADA; HAGA SU PRIMERA COMUNIÓN
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7 comentarios:

  1. Excelente y muy orientador artículo para nosotros los papás.

    Dios los bendiga.

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  2. Muy bueno. Ojalá muchos padres seamos conscientes de esto.

    Bendiciones

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  3. Para los que somos catequistas esta pagina es excelente para enriquecer los encuentros catequisticos gracias

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  4. Muy buen post!
    Para recordar a los Padres de Familia la responsabilidad que tienen ante Dios sobre el alma de sus hijos.
    Aquí en mi blog pueden bajar un tríptico para NIÑOS, HACER UNA BUENA CONFESION.
    saludos espero les sirva, Dios les bendiga.

    http://lavidaesbatalla.blogspot.mx/2012/03/guia-buena-confesion-para-ninos.html

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  5. Excelente, mil gracias por estas valiosísimas recomendaciones, Dios los bendiga.

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  6. dos cositas: para lograr estos obetivos, esw necesaro, que se genere entre hijos y padres, un diàlogo "de los hechos" es decir hacer que a sus hijos les extrañe, por ejemplo la continuidad de las recepción de los sacramentos. sería una buena manera de que en os los primeros años de sus vidas tomen ejemplo. La oración es im portante.

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  7. Buenos puntos de observación para nosotros los padres e inculcar a nuestros hijos la importancia de la confesión

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