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lunes, 6 de junio de 2022

domingo, 31 de mayo de 2020

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO EN LA FIESTA DE PENTECOSTÉS


Podemos hacer nuestra la oración que compuso el Cardenal Jean Verdier (1864-1940) para pedir, sencillamente, luz y ayuda al Espíritu Santo en las mil situaciones de la vida ordinaria, o en aquellos momentos más especiales que podamos atravesar en nuestro caminar hacia el encuentro eterno con el Padre de las misericordias.

“Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo:
Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
bien de las almas
y mi propia santificación.

Espíritu Santo,
dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.

Dame acierto al empezar,
dirección al progresar
y perfección al acabar.
Amén”.

A los cincuenta días de su Pascua, en que los judíos salieron del cautiverio de Egipto, el Señor les dictó la ley en el Sinaí. En memoria de este suceso, celebraban una fiesta que llamaban Pentecostés (la cincuentena). Pero la Antigua Ley era sombra de la Ley Nueva; Su Pascua, figura de nuestra Pascua; su Pentecostés, pálida imagen de la nuestra. A los cincuenta días de la Resurrección del Señor, el Espíritu Santo desciende sobre los Apóstoles en el monte Sión; y escribiendo la ley de gracia en sus inteligencia¿Existen peligros en el carismatismo? s y en sus corazones, los constituye doctores de la verdad revelada, e intrépidos propagadores del Evangelio con que renovarán la faz de la tierra.

-Tema relacionado (haz click): ¿Existen peligros en el carismatismo? http://www.catolicidad.com/2009/07/existen-peligros-en-el-carismatismo.html?m=0-

domingo, 9 de junio de 2019

DOMINGO DE PENTECOSTÉS


Ven Espíritu Creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia
los corazones que Tú mismo has creado.

Tú llamado Paráclito,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.

Tú, regalo de siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
das los tesoros de tu palabra

Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde amor en los corazones,
y con tu perpetuo auxilio,
sostén nuestra debilidad.

Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz.
Precédenos como guía,
para que evitemos todo mal.

Gloria a Dios Padre,
y al Hijo, que los muertos,
resucitó, y al Paráclito,
por los siglos de los siglos. Amén.

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domingo, 4 de junio de 2017

LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO por San Basilio Magno

NADA QUE VER CON LOS ERRORES DE PENTECOSTALES Y CARISMÁTICOS

"Ante todo, ¿quién, habiendo oído los nombres que se dan al Espíritu, no siente levantado su ánimo y no eleva su pensamiento hacia la naturaleza divina? Ya que es llamado Espíritu de Dios y Espíritu de verdad que procede del Padre; Espíritu firme, Espíritu generoso, Espíritu Santo son sus apelativos propios y peculiares.

"Hacia Él dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia Él tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa, y su soplo es para ellos a manera de riego que los ayuda en la consecución de su fin propio y natural.

"Él es fuente de santidad, luz para la inteligencia; Él da a todo ser racional como una luz para entender la verdad.

"Aunque inaccesible por naturaleza, se deja comprender por su bondad; con su acción lo llena todo, pero se comunica solamente a los que encuentra dignos, no ciertamente de manera idéntica ni con la misma plenitud, sino distribuyendo su energía según la proporción de la fe.

"Simple en su esencia y variado en sus dones, está íntegro en cada uno e íntegro en todas partes. Se reparte sin sufrir división, deja que participen de Él, pero él permanece íntegro, a semejanza del rayo solar cuyos beneficios llegan a quien disfrute de él como si fuera único, pero, mezclado con el aire, ilumina la tierra entera y el mar.

"Así el Espíritu Santo está presente en cada hombre capaz de recibirlo, como si sólo Él existiera y, no obstante, distribuye a todos gracia abundante y completa; todo disfrutan de Él en la medida en que lo requiere la naturaleza de la criatura, pero no en la proporción con que Él podría darse.

"Por él los corazones se elevan a lo alto, por su mano son conducidos los débiles, por Él los que caminan tras la virtud, llegan a la perfección. Es Él quien ilumina a los que se han purificado de sus culpas y al comunicarse a ellos los vuelve espirituales.

"Como los cuerpos limpios y transparentes se vuelven brillantes cuando reciben un rayo de sol y despiden de ellos mismos como una nueva luz, del mismo modo las almas portadoras del Espíritu Santo se vuelven plenamente espirituales y transmiten la gracia a los demás.

"De esta comunión con el Espíritu procede la presciencia de lo futuro, la penetración de los misterios, la comprensión de lo oculto, la distribución de los dones, la vida sobrenatural, el consorcio con los ángeles; de aquí proviene aquel gozo que nunca terminará, de aquí la permanencia en la vida divina, de aquí el ser semejantes a Dios, de aquí, finalmente lo más sublime que se puede desear: que el hombre llegue a ser como Dios (N. de la R.: al participar de la vida divina comunicada por medio de la gracia santificante) ."

NOTA: Pocos textos podemos encontrar que hablen tan bien y tan completo de lo que hace el Espíritu Santo en el creyente que se deja guiar por Él. Lee varias veces, despacio, muy despacio, el texto de san Basilio que te hará mucho bien. ¡Nada que ver con los errores de los Pentecostales y Carismáticos, mismos que se analizan en el enlace que colocamos abajo!

Del libro de san Basilio Magno, obispo, sobre el Espíritu Santo, Cap 9, núms 22-23.

Temas relacionados:  1) ¿EXISTEN PELIGROS EN EL CARISMATISMO? 2) DIVERSOS POSTS SOBRE EL ESPÍRITU SANTO 3) PENTECOSTÉS

domingo, 24 de mayo de 2015

DOMINGO DE PENTECOSTÉS


Tiempo después de la Ascensión de Jesús y habiéndose cumplido cincuenta días de su gloriosa Resurrección, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés*. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego (cf. Hch 2,1-13) se posaron sobre cada uno de ellos. El Espíritu Santo descendió. La Promesa, el Abogado, el que Jesús prometió a sus discípulos en la Última Cena, irrumpió y se posó sobre cada uno de los discípulos

Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas.

En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban.

Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.

El Espíritu Santo es verdadero Dios, y su misión es de una suma importancia para nosotros: Santifica nuestra alma, la adorna con sus Dones y frutos: ¡“Somos los Templos del Espíritu Santo”!, afirma San Pablo. Somos como tabernáculos vivos. “Dios, cuya Belleza llenaría mil mundos, se oculta en la pequeña habitación de mi alma”, escribió Santa Teresa de Jesús.

Ya en el Antiguo Testamento, el Libro de la Sabiduría evoca al ESPÍRITU SANTO “educador, que rehuye el engaño, se aleja de los pensamientos vacíos”, un Espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, perspicaz, inmaculado, claro, impasible, amante del bien, agudo” … 


“Por causa de nuestra unión con el Espíritu Santo, participamos de la naturaleza incomprensible de Dios”, dice San Cirilo. Él diviniza nuestra alma.


Hemos recibido al Espíritu Santo en nuestro Bautismo, y en el día de nuestra confirmación. Lo hemos recibido con la plenitud de sus Dones, especialmente el Don de Fortaleza, tan necesario hoy en día. Y también en cada comunión, la tercera Persona Divina viene a iluminar, fortalecer y consolar nuestro corazón.

*NOTA: A los cincuenta días de su Pascua, en que los judíos salieron del cautiverio de Egipto, el Señor les dictó la ley en el Sinaí. En memoria de este suceso, celebraban una fiesta que llamaban Pentecostés (la cincuentena). Pero la Antigua Ley era sombra de la Ley Nueva; su Pascua, figura de nuestra Pascua; su Pentecostés, pálida imagen de la nuestra. A los cincuenta días de la Resurrección del Señor, el Espíritu Santo desciende sobre los Apóstoles en el monte Sión; y escribiendo la ley de gracia en sus inteligencias y en sus corazones, los constituye doctores de la Verdad Revelada, e intrépidos propagadores del Evangelio con que renovarán la faz de la tierra.


-Tema relacionado (haz click): ¿Existen peligros en el carismatismo? -  Ver también: EL ESPÍRITU SANTO por Monseñor Luis María Martínez (Libro)

domingo, 27 de mayo de 2012

PENTECOSTÉS


Tiempo después de la Ascensión de Jesús y habiéndose cumplido cincuenta días de su gloriosa Resurrección, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés*. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego (cf. Hch 2,1-13) se posaron sobre cada uno de ellos. El Espíritu Santo descendió. La Promesa, el Abogado, el que Jesús prometió a sus discípulos en la Última Cena, irrumpió y se posó sobre cada uno de los discípulos

Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas.

En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban.

Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.

LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO:

Estos dones son regalos de Dios y sólo con nuestro esfuerzo no podemos hacer que crezcan o se desarrollen. Necesitan de la acción directa del Espíritu Santo para poder actuar con ellos.

SABIDURÍA: Nos permite entender, experimentar y saborear las cosas divinas, para poder juzgarlas rectamente.

ENTENDIMIENTO: Por él, nuestra inteligencia se hace apta para entender intuitivamente las verdades reveladas y las naturales de acuerdo al fin sobrenatural que tienen. Nos ayuda a entender el por qué de las cosas que nos manda Dios.

CIENCIA: Hace capaz a nuestra inteligencia de juzgar rectamente las cosas creadas de acuerdo con su fin sobrenatural. Nos ayuda a pensar bien y a entender con fe las cosas del mundo.

CONSEJO: Permite que el alma intuya rectamente lo que debe de hacer en una circunstancia determinada. Nos ayuda a ser buenos consejeros de los demás, guiándolos por el camino del bien.

FORTALEZA: Fortalece al alma para practicar toda clase de virtudes heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir. Nos ayuda a no caer en las tentaciones que nos ponga el demonio.

PIEDAD: Es un regalo que le da Dios al alma para ayudarle a amar a Dios como Padre y a los hombres como hermanos, ayudándolos y respetándolos.

TEMOR DE DIOS: Le da al alma la docilidad para apartarse del pecado por temor a disgustar a Dios que es su supremo bien. Nos ayuda a respetar a Dios, a darle su lugar como la persona más importante y buena del mundo, a nunca decir nada contra Él.

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO:

Podemos hacer nuestra la oración que compuso el Cardenal Jean Verdier (1864-1940) para pedir, sencillamente, luz y ayuda al Espíritu Santo en las mil situaciones de la vida ordinaria, o en aquellos momentos más especiales que podamos atravesar en nuestro caminar hacia el encuentro eterno con el Padre de las misericordias.

“Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo:

Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
bien de las almas
y mi propia santificación.

Espíritu Santo,
dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.

Dame acierto al empezar,
dirección al progresar
y perfección al acabar.
Amén”.

* A los cincuenta días de su Pascua, en que los judíos salieron del cautiverio de Egipto, el Señor les dictó la ley en el Sinaí. En memoria de este suceso, celebraban una fiesta que llamaban Pentecostés (la cincuentena). Pero la Antigua Ley era sombra de la Ley Nueva; Su Pascua, figura de nuestra Pascua; su Pentecostés, pálida imagen de la nuestra. A los cincuenta días de la Resurrección del Señor, el Espíritu Santo desciende sobre los Apóstoles en el monte Sión; y escribiendo la ley de gracia en sus inteligencias y en sus corazones, los constituye doctores de la verdad revelada, e intrépidos propagadores del Evangelio con que renovarán la faz de la tierra.
-Tema relacionado (haz click): ¿Existen peligros en el carismatismo? -
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