Mostrando entradas con la etiqueta Alfonso Junco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alfonso Junco. Mostrar todas las entradas
jueves, 20 de agosto de 2026
sábado, 8 de junio de 2019
ESTA CITA PUEDE APLICARSE NO SOLO A LITERATOS, SINO TAMBIÉN -HOY EN DÍA- A BLOGUEROS Y OTROS QUE PRESUMEN DE "INTELECTUALES"
Cuánta razón en lo dicho por don Alfonso Junco:
"Cáncer de literatos es la vanidad: en ellos se enraiza, esponja y especializa esta plaga universal. Literato sin vanidad, es milagro. Y sólo Dios puede obrar ese milagro... forzoso para que el apostolado sea auténtico y limpio.
Hay que raer del alma esta erupción ridícula; ser la antorcha que quema sus propias oscuridades para volverse luz; querer, con inmenso anhelo, ser ante Dios "el peldaño" que alguien cantó:
Que por mí suban a Ti
¡pero que suban pisándome!".
Alfonso Junco
______________________________________
miércoles, 23 de enero de 2019
LOS CATÓLICOS SÓLO RENDIMOS CULTO DE LATRÍA A DIOS
"Pero nosotros, católicos, nunca confundimos al Creador con la criatura. Su distinción irrevocable es dogma de nuestra fe. Sabemos y enseñamos y ponemos al alcance del más humilde aprendiz del catecismo, que el culto propiamente de adoración, que se llama latría, es para Dios solo; que el culto a los santos y a la Virgen es de veneración, y tiene por eso significado y nombre diferente. Es ofensiva inepcia -repetida con monótona tozudez en propagandas protestantes- que los católicos adoramos a María como si fuese Dios. Y no menor inepcia ni menos burdo agravio, tildarnos de idólatras por la reverencia a las imágenes: pues es verdad elemental que en ellas reverenciamos la persona que trasuntan, no la piedra o el palo o el lienzo; como al descubrirnos ante la bandera nos descubrimos ante la patria y no ante el trapo; como al besar el retrato de nuestra madre, besamos a nuestra madre y no al cartón".
ALFONSO JUNCO, historiador y poeta católico mexicano.
Ver también (haz clic): ¿Los católicos adoran las imágenes?
Ver también (haz clic): ¿Los católicos adoran las imágenes?
domingo, 16 de diciembre de 2018
COMO UNA INMENSA GRUTA por Alfonso Junco
Viene la Nochebuena. Nos acercamos a Belén.
Acerquémonos con el alma desasida de los fangos de la tierra. No los estrépitos mundanos con que nuestra torpeza suele desnaturalizar la Navidad y sus preludios, consumando la monstruosa paradoja de festejar la buena nueva de Jesús con la mala vejez del paganismo, sino el recogimiento luminoso, la encendida ternura, la espiritual alegría que renueve en nosotros la perdida diafanidad, y nos dé el sentido anunciador y divino de la fiesta.
Sólo de la pureza de María pudo Cristo nacer. Sólo la pureza es divinamente fecunda. Apercibámonos, pues, con amorosa purificación, para lograr que Cristo nazca en nosotros. Y entreguémonos en vehemente irradiación apostólica, cooperando a que Cristo nazca y viva también en nuestros hermanos, en nuestra patria, en la cabal anchura de la tierra.
¡Ah, la ambición divina de los sueños! ¿Veremos algún día esa universal Navidad, en que los himnos de los ángeles y las claridades de los cielos palpiten y fulguren sobre la totalidad del mundo, como sobre una inmensa gruta de Belén?...
Texto tomado de Ábside XXV-1.
sábado, 15 de diciembre de 2018
viernes, 23 de junio de 2017
jueves, 22 de junio de 2017
LA CORTESÍA por Alfonso Junco
- UNA CUALIDAD DESECHADA.
- URGE UNA CRUZADA PARA RESCATARLA.
La cortesía se asemeja a los papelillos con que se rellenan las cajas para embalar porcelana: “al parecer, los papelillos para nada sirven; pero sin ellos se rompería la porcelana”. Lo más fino, lo más diáfano, lo más exquisito del vivir, se haría pedazos sin esta suave inutilidad de la cortesía. Ella resguarda y pone a salvo la porcelana de la convivencia y del espíritu.
Ya sabemos que nadie es perfecto. Sabemos que nosotros mismos no lo somos. Y así como nos resulta grato que los demás disimulen benévolos nuestras fallas y busquen nuestro lado favorable, debemos tomar ante los otros la misma actitud y brindarles el mismo bienestar.
Ya sabemos que nadie es perfecto. Sabemos que nosotros mismos no lo somos. Y así como nos resulta grato que los demás disimulen benévolos nuestras fallas y busquen nuestro lado favorable, debemos tomar ante los otros la misma actitud y brindarles el mismo bienestar.
Es ineludible que haya personas que nos molesten, reuniones y circunstancias que nos fastidien. La cortesía mediocre manda que no externemos allí tales sentimientos. Pero la cortesía superior manda que no los externemos ni allí ni después: ni en presencia ni en ausencia. La mediocridad de la cortesía se queda en lo primero; la superioridad de la cortesía lo abarca todo...
Lo que piden la urbanidad y los buenos modales: ceder el asiento, dar la acera, hablar sin gritos, comer con pulcritud, no interrumpir, no disputar; todo lleva en el fondo este espíritu: evitar molestias a los demás, patentizarles deferencia.
DE LA MISMA RAÍZ TOMA SU JUGO EL HEROÍSMO
Y lo que es cortesía en lo pequeño, en lo grande es heroísmo. El propio espíritu que nos mueve a tomar la molestia que le quitemos al prójimo, nos empuja a salvarle la vida con riesgo de la nuestra. El que deja su asiento para aliviar al que se cansa, es, en germen y signo, el que se arroja al mar para ayudar al que se ahoga. De la misma raíz toman su jugo y su eficacia, esta cosa minúscula que llamamos cortesía y esa cosa imponente que llamamos heroísmo.
Hay en nuestra tradición y en nuestro pueblo un estilo profundo de cortesía, fruto de la hidalga caballerosidad española y de la blanda figura indígena.
Descansa el alma en esa benignidad hospitalaria, en esa suavidad acogedora de nuestra provincia y de nuestros campos. Aun la miel del diminuto denuncia en el exceso, la dulce propensión. Por los hondos caminos de México nos acaricia siempre la canción del saludo al desconocido. No hay humilde casita que no brinde su agua y su sombra al que pasa, que no fraccione su pobre manjar con el que llega. La dignidad y la finura, esencias de una secular tradición y de una cultura entrañable, embeben todavía las tierras más profundas de la patria.
![]() |
| Don Alfonso Junco Historiador y escritor mexicano |
Causa pena, en las nuevas generaciones, la falta general de nobles modales: gritos y estridencias en el cine, burdos comentarios en alta voz, pies sobre el asiento. Ni consideración para las damas ni miramiento para nadie. Se mascan el chicle y la ordinariez.
¿No nos vendría bien una cruzada por la cortesía? En la escuela, en la radio, en la televisión, en la prensa ¿No podríamos infundir y difundir el valor a estos sumos valores inmateriales, el apego a esta egregia tradición de nuestra estirpe?
Sin amaneramiento. La verdadera cortesía es sencilla y natural como la elegancia verdadera. Más que una forma, un espíritu. Busca dignificar la convivencia. Dulcificar la convivencia. Con la suave inutilidad de los papelillos, salvar la porcelana.
Otros temas del autor: http://www.catolicidad.com/search/label/Alfonso%20Junco
Otros temas del autor: http://www.catolicidad.com/search/label/Alfonso%20Junco
martes, 1 de septiembre de 2015
lunes, 5 de enero de 2015
LOS REYES MAGOS
Los Reyes Magos no son personajes creados por siglos de tradición cristiana. Su existencia, además de quedar bien testimoniada en el Evangelio, ahora es documentada por los descubrimientos arqueológicos.
Esta curiosa y extraordinaria revelación se encuentra contenida en una tablilla, en la que se han acuñado caracteres cuneiformes. Se trata de un auténtico documento astronómico y astrológico (entonces las dos disciplinas eran hermanas gemelas) que revela la existencia de una conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis en el año 7 antes de Cristo.
Los Evangelios enmarcan el nacimiento de Jesús en tiempos del censo del imperio ordenado por César Augusto, cuando Quirino era gobernador de Siria, y en los últimos años del rey Herodes, quien falleció el mes de marzo del año 4 a.C. Para los historiadores, Jesús nació unos siete años antes del año «0». El evangelista Mateo (2, 2) pone en relación el evento de Belén con la aparición de una estrella particularmente luminosa en el cielo de Palestina. Y es precisamente en este momento en el que la tablilla de arcilla ofrece un testimonio particular.
Existen muchas hipótesis sobre la estrella que vieron los magos ("magoi" en griego era la palabra con que se denominaba a la casta de sacerdotes persas y babilonios que se dedicaban al estudio de la astronomía y de la astrología) y que les llevó a afrontar un viaje de unos mil kilómetros con el objetivo de rendir homenaje a un recién nacido.
El 17 de diciembre de 1603, Johannes Kepler, astrónomo y matemático de la corte del emperador Rodolfo II de Habsburgo, al observar con un modesto telescopio desde el castillo de Praga el acercamiento de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis, se preguntó por primera vez si el Evangelio no se refería precisamente a ese mismo fenómeno. Hizo concienzudos cálculos hasta descubrir que una conjunción de este tipo tuvo lugar en el año 7 a.C. Recordó también que el famoso rabino y escritor Isaac Abravanel (1437-1508) había hablado de un influjo extraordinario atribuido por los astrólogos hebreos a aquel fenómeno: el Mesías tenía que aparecer durante una conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. Kepler habló en sus libros de su descubrimiento, pero la hipótesis cayó en el olvido perdida entre su inmenso legado astronómico.
Faltaba una demostración científica clara. Llegó en 1925, cuando el erudito alemán P. Schnabel descifró anotaciones neobabilonias de escritura cuneiforme acuñadas en una tabla encontrada entre las ruinas de un antiguo templo del sol, en la escuela de astrología de Sippar, antigua ciudad que se encontraba en la confluencia del Tigris y el Éufrates, a unos cien kilómetros al norte de Babilonia. La tablilla se encuentra ahora en el Museo estatal de Berlín.
Entre los numerosos datos de observación astronómica sobre los dos planetas, Schnabel encuentra en la tabla un dato sorprendente: la conjunción entre Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis tiene lugar en el año 7 a.C., en tres ocasiones, durante pocos meses: del 29 de mayo al 8 de junio; del 26 de septiembre al 6 de octubre; del 5 al 15 de diciembre. Además, según los cálculos matemáticos, esta triple conjunción se vio con gran claridad en la región del Mediterráneo.
HIPÓTESIS
HIPÓTESIS
Si este descubrimiento se identifica con la estrella de Navidad de la que habla el Evangelio de Mateo, el significado astrológico de las tres conjunciones hace sumamente verosímil la decisión de los Magos de emprender un largo viaje hasta Jerusalén para buscar al Mesías recién nacido. Según explica el prestigioso catedrático de fenomenología de la religión de la Pontificia Universidad Gregoriana, Giovanni Magnani, «en la antigua astrología, Júpiter era considerado como la estrella del Príncipe del mundo y la constelación de Piscis como el signo del final de los tiempos. El planea Saturno era considerado en Oriente como la estrella de Palestina. Cuando Júpiter se encuentra con Saturno en la constelación de Piscis, significa que el Señor del final de los tiempos se aparecerá este año en Palestina. Con esta expectativa llegan los Magos a Jerusalén, según el Evangelio de Mateo 2,2». «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle» preguntan los magos a los habitantes de Jerusalén y después a Herodes.
La triple conjunción de los dos planetas en la constelación de Piscis explica también la aparición y la desaparición de la estrella, dato confirmado por el Evangelio. La tercera conjunción de Júpiter y Saturno, unidos como si se tratara de un gran astro, tuvo lugar del 5 al 15 de diciembre. En el crepúsculo, la intensa luz podía verse al mirar hacia el Sur, de modo que los Magos de Oriente, al caminar de Jerusalén a Belén, la tenían en frente. La estrella parecía moverse, como explica el Evangelio, «delante de ellos» (Mt 2, 9).
Nota de CATOLICIDAD: ¿La estrella de Belén fue un fenómeno astronómico natural del que Dios se valió para guiarlos o fue un hecho sobrenatural y especial? Como se ha dicho, existen otras hipótesis, la señalada arriba también lo es y por lo tanto no puede imponerse ni creerse como una verdad absoluta. Ciertamente si la estrella de Belén fue una especial y sobrenatural manifestación mandada por Dios o si Dios se valió de lo ya creado por Él (como puede ser una conjunción de astros), es un tema opinable. Dios todopoderoso pudo hacerlo de un modo u otro. Hemos leído algunas explicaciones astronómicas a ese efecto de la estrella de detenerse y proseguir, pero es ciertamente una teoría a discusión. Haya sido de una manera u otra, ello no quita ni veracidad ni realidad, ni grandiosidad, a un hecho histórico narrado por Dios mismo -pues la Biblia es palabra de Dios- en la Sagrada Escritura. La tesis anotada arriba no intenta -de ninguna manera- caer en un racionalismo que niegue hechos sobrenaturales, pues Dios todo lo puede hacer. Tampoco creemos que quienes sostengan la teoría de que Dios se valió de leyes naturales astronómicas creadas por Él, intentan negar el poder de Dios de expresar algo de manera sobrenatural y extraordinaria. El hecho real es que los sabios de oriente fueron guiados por una estrella y que preguntaron en Jerusalén: "¿Dónde está el nacido rey de los judíos? Porque nosotros vimos en Oriente su estrella, y hemos venido con el fin de adorarle". Mt. II,2. Y que saliendo de Jerusalén hacia Belén vuelven a verla: "he aquí que la estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando sobre el sitio en que estaba el Niño, se paró". Mt. II,9.
Fuente del texto: Catholic.net.
Nota de CATOLICIDAD: ¿La estrella de Belén fue un fenómeno astronómico natural del que Dios se valió para guiarlos o fue un hecho sobrenatural y especial? Como se ha dicho, existen otras hipótesis, la señalada arriba también lo es y por lo tanto no puede imponerse ni creerse como una verdad absoluta. Ciertamente si la estrella de Belén fue una especial y sobrenatural manifestación mandada por Dios o si Dios se valió de lo ya creado por Él (como puede ser una conjunción de astros), es un tema opinable. Dios todopoderoso pudo hacerlo de un modo u otro. Hemos leído algunas explicaciones astronómicas a ese efecto de la estrella de detenerse y proseguir, pero es ciertamente una teoría a discusión. Haya sido de una manera u otra, ello no quita ni veracidad ni realidad, ni grandiosidad, a un hecho histórico narrado por Dios mismo -pues la Biblia es palabra de Dios- en la Sagrada Escritura. La tesis anotada arriba no intenta -de ninguna manera- caer en un racionalismo que niegue hechos sobrenaturales, pues Dios todo lo puede hacer. Tampoco creemos que quienes sostengan la teoría de que Dios se valió de leyes naturales astronómicas creadas por Él, intentan negar el poder de Dios de expresar algo de manera sobrenatural y extraordinaria. El hecho real es que los sabios de oriente fueron guiados por una estrella y que preguntaron en Jerusalén: "¿Dónde está el nacido rey de los judíos? Porque nosotros vimos en Oriente su estrella, y hemos venido con el fin de adorarle". Mt. II,2. Y que saliendo de Jerusalén hacia Belén vuelven a verla: "he aquí que la estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando sobre el sitio en que estaba el Niño, se paró". Mt. II,9.
OTROS TEMAS DE EPIFANÍA (haz click en el que te interese): 1)EL REPUBLICANO Y LOS REYES MAGOS 2)REYES Y PASTORES por Alfonso Junco 3)EPIFANÍA 4) LOS SANTOS REYES 5)EPIFANÍA DE N.S. JESUCRISTO: 6 DE ENERO 6)CARTA A LOS REYES MAGOS 7)LOS REYES MAGOS ERAN REALES: TRADUCEN ANTIGUO TEXTO QUE RELATA SU HISTORIA por Emilio Nazar K 8)LOS QUE NIEGAN A CRISTO SU REINADO SOCIAL NO QUIEREN OFRECERLE ORO
sábado, 27 de diciembre de 2014
jueves, 5 de junio de 2014
lunes, 2 de junio de 2014
INVITACIÓN A ASCENDER

Estos años nuestros, en México, marcan un evidente retroceso moral respecto de la realidad que conocimos los que guardamos memoria de algunas décadas atrás. A todos nos incumbe reaccionar. Principalmente a los jóvenes. Y aquí, una palabra especial para las más jóvenes de mis gentiles lectoras. No creáis que es natural que las cosas sean como las veis actualmente. Os ha tocado vivir en época de regresión moral, de costumbres indelicadas. No creáis que siempre ha sido así y que no puede ser de otra manera. Vosotras, por ventura y desgracia de vuestros pocos años, no tenéis elementos objetivos de comparación; pero yo os puedo asegurar que la sociedad mexicana ha presentado, no hace mucho tiempo, un cuadro infinitamente superior. Y que esa vida personal y social, más fina, más respetuosa, más cortés, más selecta, más limpia, es incomparablemente mejor y perfectamente posible.
A vosotras os toca saberlo... y vivirlo. Con un decoro lleno de amabilidad y alegría, daos a respetar; no os contagiéis de las licencias y vulgaridades circundantes; sabed que lleváis un mensaje de elevación y de pureza; que os toca difundir por el mundo una fragancia divina; que el joven que a vosotras se acerque perciba que sois algo luminoso; eso le alentará indeciblemente más y dará razón para buscar una compañera definitiva para su hogar, no una diversión pasajera para su aburrimiento.
Aun los muchachos ligeros saben perfectamente distinguir y apreciar entre la que sirve "para pasar el rato" y la que sirve "para pasar la vida". Porque no es alarma de espantadizos mojigatos. La inundación de fango crece de tal modo y anega tales praderas que hasta los más despreocupados despiertan y recapacitan. ¡Manos a la obra! Todos tenemos sitio que nos reclama con apremio en esta campaña. Dice admirablemente aquella admirable mujer que se llamó madame Swtchine: "El bien es lento, porque sube; el mal es rápido, porque desciende". No nos sorprenda, pues, ni descorazone, la acelerada vastedad del mal. ¡Fuera desalientos, y a subir!
Alfonso Junco
Alfonso Junco
viernes, 31 de enero de 2014
HERNÁN CORTÉS. Disertaciones de José Vasconcelos (video)
La Filmoteca de la UNAM y TV UNAM rescataron y actualizaron unos cuantos capítulos de la serie "Charlas mexicanas con José Vasconcelos", producida en la década de los años 50. Se trataba de mesas redondas conducidas por el Maestro Vasconcelos en las que con toda libertad de expresión se externaban las diferentes y encontradas opiniones de diversos temas por reconocidos intelectuales mexicanos. Cabe considerar que entonces no existía aun el videotape, por lo mismo estos programas no fueron conservados por la televisora. Los pocos que la UNAM pudo rescatar fueron filmados con proyector de cine directamente de la pantalla televisiva. A continuación presentamos el que trató de la figura de don Hernán Cortés.
Como a la fecha a muchos mexicanos les ha sido enseñada la Historia desde un punto de vista partidario y no objetivamente desde la óptica de su tiempo, desconociendo que somos el producto de la fusión de dos razas, al grado que se dice que "fuimos conquistados" como si la población de México fuera hoy predominantemente mexica (ignorando que, entonces, las demás tribus -que no tenían un concepto de nación- eran enemigas de ellos y muchas se aliaron con el mismo Cortés para liberarse de su yugo), aclaramos que este post no tiene por objetivo generar polémica sobre su figura ni analizar sus aciertos y errores, sino presentar un programa verdaderamente histórico y desconocido actualmente por la mayoría de mexicanos, en el que Vasconcelos figuraba como moderador de la serie. En otros posts ya hemos tratado el tema de la Conquista.
Este programa viene a mostrar cómo era la televisión mexicana en sus inicios y nos permite conocer -en vivo- la figura de un personaje de la talla de don José Vasconcelos. En esa ocasión estuvieron como invitados antagonistas el doctor don Jorge Carrión, intelectual antihispanista de ideología izquierdista-liberal, militante del marxista Partido Popular y don Alfonso Junco (haz click AQUÍ para leer varios escritos suyos), reconocido escritor, historiador y poeta de criterio católico.
Estamos seguros que nuestros lectores sabrán apreciar la importancia documental de este programa rescatado por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Como a la fecha a muchos mexicanos les ha sido enseñada la Historia desde un punto de vista partidario y no objetivamente desde la óptica de su tiempo, desconociendo que somos el producto de la fusión de dos razas, al grado que se dice que "fuimos conquistados" como si la población de México fuera hoy predominantemente mexica (ignorando que, entonces, las demás tribus -que no tenían un concepto de nación- eran enemigas de ellos y muchas se aliaron con el mismo Cortés para liberarse de su yugo), aclaramos que este post no tiene por objetivo generar polémica sobre su figura ni analizar sus aciertos y errores, sino presentar un programa verdaderamente histórico y desconocido actualmente por la mayoría de mexicanos, en el que Vasconcelos figuraba como moderador de la serie. En otros posts ya hemos tratado el tema de la Conquista.
Este programa viene a mostrar cómo era la televisión mexicana en sus inicios y nos permite conocer -en vivo- la figura de un personaje de la talla de don José Vasconcelos. En esa ocasión estuvieron como invitados antagonistas el doctor don Jorge Carrión, intelectual antihispanista de ideología izquierdista-liberal, militante del marxista Partido Popular y don Alfonso Junco (haz click AQUÍ para leer varios escritos suyos), reconocido escritor, historiador y poeta de criterio católico.
Estamos seguros que nuestros lectores sabrán apreciar la importancia documental de este programa rescatado por la Universidad Nacional Autónoma de México.
![]() |
| Hernán Cortés |
lunes, 14 de mayo de 2012
INVITACIÓN A LA LECTURA por Alfonso Junco
Un mal libro, puede llevarte a la ruina. Hay que saber elegir las lecturas.
![]() |
| Hay lecturas excelentes... |
Suele la gente de letras tomar a punto de honra el darse por enterada y al cabo de la calle de cuanto libro suena. Modesta -aunque inmodesta- puerilidad. Porque quisiera uno leerlo todo. Pero...diluvios de libros han llovido en los siglos precedentes; llueven hoy cada día, literalmente cada día, diluvios de libros. No hay manera. Ni las 24 horas alcanzarían. Es forzoso escoger. Y todo el que escoge, se limita; deja necesariamente una cosa para poder tomar otra. Mas la elección, que es limitación ineludible, es también plenitud si en lo elegido acertamos y en ello nutrimos lo mejor del alma.
Es fuerza elegir. Desde luego, por leguas; por imperio de nuestro ambiente y circunstancia; por asuntos, según la vocación, la necesidad, la profesión, el gusto.
Aun dentro de una zona circunscrita y única -digamos la historia, digamos las letras-, el océano de libros imposibilita su absorción no ya total, ni siquiera mayoritaria.
¿Habremos de recurrir a la especialización? Con cierta medida. Porque la especialización se subdivide y ramifica sucesivamente hasta lo indefinido. Y eso indefinido se ha definido diciendo que el especialista es un señor que "sabe cada día más de cada día menos". Lo cual puede estar bien, pero con la precisa condición de que la especialidad no nos impida aquel mínimo de cultura general imprescindible para ejercer nuestra profesión capital e irrenunciable de hombres.
¿Qué hacer? No hay otro camino que elegir por la calidad. Optar, no por la "inmensa mayoría", sino por la "inmensa minoría". Entregarnos a la lectura de los libros esenciales en que está dicho todo, como resolvía en su desengañada madurez Amado Nervo.
Mas, ¿Cómo acertar con tales libros?
Para el pasado, hay el voto de los siglos, el plebiscito de la crítica universal. Y aunque nuestra impresión personal difiera de la generalizada, o se matice -como es justo y necesario- de nuestras peculiares aprehensiones y preferencias, nunca perderemos el tiempo y siempre enriqueceremos el espíritu departiendo con Aristóteles, San Agustín, con Shakespeare o Cervantes o de Maistre. Lo cual no impide, por supuesto, la delicia de hacer nuestras propias excursiones descubridoras y trabar amistad particular con otras almas afines y otros "dioses menores" acaso incógnitos.
![]() |
| ...y hay libros que por superficiales, engañosos o nocivos, hay que desechar. Un buen libro nutre el alma y el intelecto. Un mal libro ha llegado hasta el grado de ser la ruina de muchos. |
Y ¿para los libros recientes o que ahora mismo salen? Porque nos incumbe enterarnos, vivir nuestro día, desechar el prejuicio de que sólo con pátina de centurias valen las obras, recordar que lo que hoy es venerable y venerado fue ayer novísimo y reñidísimo, saber y sentir que ni el mérito es siervo de la cronología ni el espíritu humano está en finiquito.
Aun para los contemporáneos, el rumor de la crítica, el juicio de los sabedores, puede orientar nuestra curiosidad; y si ella es madrugadora y nos place ejercerla a riesgo propio y mantenerla alerta a lo que surge de mentes amigas o de mentes adversas, siempre será hacedero, sin excesivo despilfarro de tiempo, catar lo indispensable para optar. Pocas páginas bastan para saber si "hay madera": personalidad, irradiación, pensamiento, estilo. Y para resolver si prescindimos, si ojeamos al sesgo, si nos adentramos de verdad.
Hay que elegir con rigor. Porque, aun así, la vida no nos alcanzará para gozar todo lo inmortal que han trazado los mortales. Y, ya bien elegido el manjar, tomarlo sin groseras voracidades: con fino paladeo. Sólo merece leerse lo que merece releerse. Y más nutre un buen libro bien asimilado que diez a medio digerir. Que la lectura no es carrera, sino maduración de hombres.
A.J.
-Muchos no comerían un alimento descompuesto ni beberían agua contaminada, pero sin cuidado alguno hacen algo peor: alimentan su alma y su intelecto con inmundicias y errores que se exponen en un mal libro-
__________________________________________________________________________________
A.J.
-Muchos no comerían un alimento descompuesto ni beberían agua contaminada, pero sin cuidado alguno hacen algo peor: alimentan su alma y su intelecto con inmundicias y errores que se exponen en un mal libro-
domingo, 29 de abril de 2012
INVITACIÓN A LA FELICIDAD por Alfonso Junco
Todos la buscamos; pocos la asimos. Hay un recio contraste entre lo universal de la persecución y lo excepcional de la conquista. Viva advertencia de que buscamos por donde no es.
Buscamos, a menudo, por el camino del dinero. Y el dinero puede contribuir, en cierta dosis, a la felicidad; pero no la constituye.
Cosa íntima, incoercible, inmaterial, que no puede comprarse ni venderse, la felicidad es asunto del alma. Y las felicidades más profundas -las del amor auténtico, las de la paternidad, las del goce estético, las del magnánimo sacrificio- son gratuitas e irreducibles a moneda.
No me cuesta nada este crepúsculo fastuoso, ni este embrujo musical, ni este decir sabroso de Cervantes, ni este beso de mi hija, ni este árbol que ennoblece la dulzura de la tarde, ni esta página de Chesterton, ni esta delicadeza de mi mujer, ni este verso que me está hechizando el alma, ni esta fruición inexpresable de la comunión con Dios. Todo lo más alto, lo más fino, lo más hondo, no puede adquirirse por dinero: gratuitamente se goza.
Fuente: Alfonso Junco. Del "Libro de la invitación". Cap. 2.
__________________________________________________________________________________
sábado, 13 de noviembre de 2010
INQUISICIÓN SOBRE LA INQUISICIÓN
Introducción.
.
Pocas obras históricas he disfrutado tanto como las de Alfonso Junco. Nacido en 1896 y fallecido en 1974, Junco escribió libros como el Un Siglo de Méjico, de Hidalgo a Carranza, con amplia y excelente documentación.
Con rigorismo científico, incursionó en temas polémicos proporcionando datos y análisis muy interesantes, como por ejemplo acerca del presidente liberal Benito Juárez (Juárez Intervencionista), la caída del Imperio de Maximiliano (La Traición de Querétaro), y sobre la Inquisición (Inquisición sobre la Inquisición).
.
Ferviente católico, produjo obras como El alma estrella y La divina aventura, y dos sólidas obras guadalupanas, El milagro de las rosas y Un radical problema guadalupano.
El libro que tomé como referencia para este artículo es Inquisición sobre la Inquisición, Edit. JUS, 5a. Ed. 1983, Colección México Heroico; una obra repleta de citas documentales y de perspicaces comentarios acerca de este tema tan controversial.
Lo que cito son fragmentos de distintas partes de su obra.
Jesús Hernández
NOTA: Me tomé la libertad de hacer algunos RESALTES en el texto.
El historiador Alfonso Junco
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Inquisición sobre la Inquisición
La España del Siglo XVI
Surgido de las ocho centurias heroicas de la Reconquista, en que el ideal religioso era el alma del ideal patrótico, todo el régimen social y político de la España del siglo XVI se apoyaba en la unidad católica. Minarla era minarlo. Y la herejía era considerada por la ley -con unánime aplauso popular- delito tan grave como hoy estimaríamos la traición a la patria.
Los herejes, además, no eran corderos apostólicos como algunos suponen, sino gente agresiva y belicosa que ya había encendido conflagraciones sancrientísimas en Alemania, en Inglaterra, en Francia. Combatir la herejía era defender la paz. Lo excepcional del peligro pedía lo excepcional de la energía. Y de hecho, España se libró de las feroces, asoladoras, inacabables guerras religiosas que deshonraron y enloquecieron a Europa; el preventivo de la Inquisición ahorró infinitos transtornos y vidas, pues -como declara el protestante William Cobbett- Isabel de Inglaterra hizo más estragos en un año que la Inquisición en todo el curso de su dilatadísima existencia (Historia de la Reforma Protestante en Inglaterra e Irlanda, carta undécima, párrafo 338).
Cosa esencial y olvidadísima es que la Inquisición no era conquistadora, sino defensora; no miraba a hacer adeptos ni a forzar la conciencia de nadie, sino a evitar que errores forasteros prendieran su ponzoña disgregadora en la conciencia nacional.
.
Nunca el Santo Oficio enjuició al judío, sino al judaizante, nunca al moro sino al morisco: o sea, a quienes, habiendo abrazado la religión católica y pertenecido ya al gremio y jurisdicción de la Iglesia, resultaban conversos falsos y a menudo sacrílegos.
La Inquisición no sólo era aceptada, sino amada con fervor. Institución defensora del pueblo en lo que éste tenía de más entrañable y venerado, era intensamente popular, como lo reconocen cuantos han querido enterarse. Los que proclaman, pues, la soberanía del pueblo, el imperio de la voluntad popular, tienen que acatar en el Santo Oficio la encarnación de esa soberanía. Con la peculiaridad nada común de que el sentir del vulgo coincidía y ser hermanaba con el de los doctos, según puede saberlo quienquiera que maneje a los áureos autores de aquellos días.
Ningún hombre sano y constructivo puede aceptar que la verdad y el error sean indiferentes y tengan iguales derechos. Pero el problema está en saber cuál es la verdad. ¿Y quién tiene autoridad para decidirlo?
Mirando estrictamente a lo espiritual, para el cristiano el problema está resuelto por el único que puede resolverlo: Dios. Y habiendo entonces unánime y fervorosa adhesión a la verdad revelada, había unánime y fervorosa convicción de que la fe, vida del alma, es más importante que la vida del cuerpo; la herejía era epidemia letal contra la que se establecía con aplauso un cordón sanitario; y si ahora aceptamos todos el castigo a los falsificadores de moneda y a los que, adulterando alimentos o medicinas, conspiran contra la salubridad pública, entonces aceptaban todos el castigo a los falsificadores de la verdad divina y a los adulteradores que conspiraban contra la salud y la salvación de las almas. Podemos pensar o no como ellos, pero debemos entenderlos. Eran las mismas razones de defensa personal y de bien público: sólo que nosotros miramos a la materia y ellos miraban al espíritu.
Nadie puede dudar de la sincerísima buena fe, del ardor de caridad de aquellos hombres -y hablo aquí sobre todo de los eclesiásticos-; atribuirles, fundamentalmente, propósitos torcidos, miras de predominio, de crueldad, de opresión, es ignorar las realidades históricas y la psicología de la época.
Contraste de Intolerancias
Algunos espíritus ilustrados se eximen de aspavientos ante la Inquisición, reconociendo que la intolerancia religiosa era entonces un hecho universal y que nadie puede tirar la primera piedra. Ciertamente. Bastaría para la vindicación histórica de Felipe II -que fue quien dio mayor auge a la Inquisición, fundada por la gran Isabel-, colocarse en su siglo y ver que habría sido una excepción ultraterrestre si hubiera inventado la tolerancia; invención, además, con la que hubiera hecho el cándido, pues sus enemigos -que eran religioso-político-guerreros- se le habrían echado encima y habrían acabado con España, con el genuino ser hispánico.
Pero hay mucho más. Nótese esta fundamental diferencia: Felipe II, lejos de oprimir con la Inquisición al pueblo español, interpretaba y condensaba su sentir; mientras que Enrique VIII, habiendo apostatado de su fe católica por motivos rastreros -negativa del Papa a autorizar su divorcio de Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena-, imponía a sangre y fuego sus devaneos teológicos al pueblo inglés, violentando vergonzosamente las conciencias. Uno defendía a su nación; otro la oprimía.
Y he aquí otra diferencia substancial. El español proclamaba los derechos de la verdad revelada, la obediencia debida a la Palabra de Dios depositada en su Iglesia; y al defender esa verdad que él no inventaba y que todos espontáneamente veneraban, era leal a su convicción y a su conciencia. En cambio el inglés proclamaba el libre examen, mientras enviaba al cadalso al que, examinando libremente, disentía de su antojadizo parecer. Y lo propio hacían Calvino y los demás corifeos protestantes; precursores de la Revolución Francesa, que proclamaba la libertad de pensamiento mientras guillotinaba a los que no pensaban como ella; precursores del liberalismo, que se desgañitaba en loas para la libertad, mientras que en Francia, en España, en Italia, en Portugal, en la América Española, era perseguidor y carcelero de la religión nacional.
.
No es justo confundir a esos farsantes con aquellos leales. ¡Y decir que estos farsantes son los que más han clamado contra la Inquisición!
El espíritu católico estima que la unidad religiosa, cimiento irremplazable de unidad moral, de cohesión patriótica, de concordia de miras y de anhelos,es un inmenso bien, y que donde existe es justo salvaguardarlo. Pero cuando las condiciones son distintas, cuando las discrepancias existen ya, abre entonces la puerta a la tolerancia religiosa y a la pacífica libertad, sin que esta práctica implique la absurda teoría de que el error y la verdad merecen iguales prerrogativas. Tenemos, así, el hecho memorable y generalmente ignorado, de que los católicos fueron los fundadores de la libertad de conciencia en los Estados Unidos. Maryland, la única colonia católica de las trece primitivas de Norteamérica, fue la única que estableció al fundarse, en 1634, y proclamó por ley antes que nadie -el 2 de abril de 1649- la tolerancia religiosa. Así lo cuenta el protestante Bancroft, narrando como en aquella región católica presidida por Lord Baltimore, "muchos protestantes encontraban amparo contra la intolerancia protestante" (History of the United States, cap. 7). Por cierto que poco después, al preponderar en Maryland los puritanos, pagaron bochornosamente la generosidad católica, prohibiendo el "papismo" que los había acogido y amparado.
.
¿Podría ser más expresivo el contraste?
Procedimientos y Víctimas
Era la Inquisición un tribunal mixto: eclesiástico y civil. Deseado y pedido por los Reyes Católicos, el Papa concedió su erección (en 1480) y de él derivaban su autoridad los inquisidores, ya que habían de entender en cosas de fe y religión.
Los eclesiásticos ejercían un papel en cierto modo semejante al del moderno jurado: determinaban si había o no delito. En casos leves, se absolvía al reo imponiéndole alguna penitencia: reclusión en algún convento u hospital, ejercicios espirituales, oraciones, limosnas... Para delitos mayores, las penas civiles eran de cárcel, destierro, confiscación de bienes para la hacienda real, etcétera. Sólo en caso grave de reincidencia o de obstinación impenitente -después de dar al procesado tiempo y libertad para discutir con los teólogos, a fin de que éstos agotaran los medios persuasivos-, el reo era "relajado al brazo secular", es decir, entregado al poder civil, el cual aplicaba el castigo correspondiente, según la propia legislación civil. Los eclesiásticos, pues, nunca, absolutamente nunca, decretaban ni menos ejecutaban las sentencias de muerte, como piensan algunos que del Santo Oficio sólo tienen una confusa visión de frailes atizando hogueras (visión falsa propalada mal intencionadamente por la cinematografía y por ignorantes repetidores de calumnias o por tendenciosos escritores anticatólicos).
Los autos de fe no eran el acto de achicharrar a nadie, sino las grandes solemnidades -con misa y predicación-, en las que se leían públicamente las causas y sentencias de los reos. Muchas veces no había "relajados al brazo secular", y en eso paraba todo. Cuando había "relajados", allí se entregaban a la autoridad civil, la cual, en otro sitio, decretaba la pena capital, que era ejecutada generalmente en lugar muy distante. Por ejemplo, en México los autos de fe solemnes solían ser en la Plaza Mayor, y las ejecuciones en la Alameda.
.
Era rarísimo el reo a quien se quemaba vivo; casi todos ejecutábanse primero, dándoles garrote, y se incineraba después su cadáver. Así en el auto de 1649, el más importante y sonado de los de Nueva España, sobre ciento nueve reos sólo trece fueron ejecutados, y de ellos sólo uno quemado vivo: el célebre Tomás Treviño de Sobremonte.
La hoguera, por lo demás, no era horror privativo de la Inquisición, sino forma de ajusticiar tan común entonces como ahora el fusilamiento o la silla eléctrica, y se usaba también para delitos del orden civil. (En México había para esto, brasero aparte en San Lázaro).
.
Jamás empleó el Santo Oficio los descuartizamientos y vivisecciones usados en Francia, Inglaterra y otras partes, a paropósito de lo cual es interesante recordar al Marqués de Pombal, insigne perseguidor y "amigo de las luces", que ya muy entrado el siglo dieciocho, mandaba ejecutar esta terrible sentencia en el Duque de Abeiro, por conspirador: "en un cadalso elevado de modo que su castigo pueda ser visto de todo el pueblo, escandalizado de su horrible delito, después de romperle las piernas y los brazos sea expuesto sobre una rueda para satisfacción de los vasallos presentes y futuros de este reino y en seguida de esta ejecución se le queme vivo con el cadalso en que fuere ajusticiado, hasta que se reduzca todo a cenizas y polvo, que deberán arrojarse después al mar..." Esto era en Lisboa, en 1759. Pero sobre ello y sobre mil cosas semejantes se guarda alto silencio, mientras se vocifera día y noche contra la Inquisición, que se distinguió precisamente por ser menos rigurosa en medio de las ásperas usanzas de la época.
Cuando al número de "víctimas", se ha inflado de modo ridículo. Ya analizaremos las cuentas del Gran Capitán de los calumniadores de la Inquisición: don Juan Antonio Llorente. Sólo consignemos ahora que, en la vastísima extensión de la Nueva España y en el curso de tres siglos, el total de ajusticiados fue de cuarenta y tres individuos. ¡Una verdadera decepción! ¡Las célebres hogueras quedan desprestigiadas!
.
Y no huelga aquí recordar que el Santo Oficio para nada se metía con los indios, expresamente exentos de su jurisdicción. Pero, naturalmente, no ha faltado quien diga que los sacrificios sangrientos de los indígenas -en que morían millares en un día- quedaron "compensados" con las matanzas inquisitoriales...
.
Nuestro Riva Palacio que, aunque cargado de prejuicios, sesgó muchos papeles de la Inquisición, confiesa en el segundo tomo de México a través de los Siglos, que "si se estudia la institución del Santo Oficio por sus reglamentos, sus instrucciones y sus formularios, seguramente poco habrá que tachársele, pues a excepción del riguroso secreto que exigía en todos sus trabajos, apenas podrá encontrarse en su manera de sustentar los procesos, algo que difiera de lo que, por derecho común, los jueces ordinarios practicaban en esa época".
Según el propio Llorente en su maligna Historia Crítica de la Inquisición, ningún prisionero era oprimido con cadenas o cepos -y aquí cabe recordar a Morelos, con ellos bajo la justicia real, sin ellos bajo el Santo Oficio-; sus cárceles eran "buenas piezas, altas, sobre bóvedas con luz, secas y capaces de andar algo": verdaderos palacios para lo que entonces se estilaba.
.
Todos sus procedimientos, en fin, eran de lo más suave dentro de las férreas costumbres del tiempo. Así, don Juan Valera, espíritu nada timorato ni angosto, ha podido afirmar que "la Inquisición de España casi era benigna y filantrópica comparada con lo que en aquella edad durísima hacían tribunales y gobiernos y pueblos". (Discursos Académicos, respuesta a Núñez de Arce en su recepción).
Resplandores Inquisitoriales
¿Puso la Inquisición trabas al genio y grilletes a la inteligencia? En su ramo exclusivo, el religioso, no podía oprimir a escritores que eran todos espontánea y medularmente católicos; y en lo demás, envidia da la libre intrepidez con que entonces se hablaba y se escribía. Nunca el genio español ha pensado con más nervio, originalidad y brío que en plena Inquisición, y da la casualidad de que con ella coincida la edad de oro de las letras españolas.
Para hablar de la Inquisición y la cultura, hay que leer primero, estudiar y aquilatar lo que escribe Menéndez Pelayo en La ciencia española y en la Historia de los Heterodoxos. Hacerlo antes, es perder el tiempo, chapotear en lugares comunes, errar entre fantasmas, naufragar en escollos ya decisivamente conocidos y superados. Obrar, en suma, contra lo que aconsejan el buen juicio y los intereses de la cultura.
.
Dice el polígrafo montañés:
"¿Qué diremos de la famosa opresión de la ciencia española por el Santo Tribunal? Lugar común ha sido éste de todos los declamadores liberales... Llorente, hombre de anchísima conciencia histórica y moral, formó un tremendo catálogo de sabios perseguidos por la Inquisición".
Y Menéndez Pelayo analiza el catálogo, nombre por nombre y caso por caso, para concluir:
"Quien conozca nuestra literatura de los siglos XVI y XVII, no habrá dejado de reírse de ese sangriento martirologio formado por Llorente, en que no hay una sola relajación al brazo secular, ni pena alguna grave, ni aun cosa que pueda calificarse de proceso formal", salvo unos cuantos que el polígrafo examina. Otros son verdaderos mitos forjados por Llorente, quien coge por los cabellos la más tenue referencia, para convertir en "procesos" las acusaciones frustradas que ningún tribunal del mundo puede impedir.
Prosigue Menéndez Pelayo en Los Heterodoxos:
"Clamen cuanto quieran ociosos retóricos y pinten al Santo Oficio como un conciábulo de ignorantes y matacandelas; siempre nos dirá a gritos la verdad en libros mudos que inquisidor general fue fray Diego de Deza, amparo y refugio de Cristóbal Colón; e inquisidor general fue Cisneros, restaurador de los estudios de Alcalá, editor de la primera Biblia Políglota y de las obras de Raimundo Lulio, protector de Nebrija, de Demetrio el Cretense, de Juan de Vergara, del Comendador Griego y de todos los helenistas y latinistas del Renacimiento español; e inquisidores generales don Alonso Manrique, el amigo de Erasmo, y don Fernando Valdés, fundador de la Universidad de Oviedo, y don Gaspar de Quiroga, a quien tanto debió la Colección de Concilios y tanta protección Ambrosio de Morales; e inquisidor don Bernardo de Sandoval, que tanto honró al sapientísimo Pedro de Valencia y alivió la no merecida pobreza de Cervantes y de Vicente Espinel.
Y, aparte de estos grandes prelados, ¿quién no recuerda que Lope de Vega se honró con el título de familiar del Santo Oficio, y que inquisidor fue Rioja, el melancólico cantor de las flores, y consultor del Santo Oficio el insigne arqueólogo y poeta Rodrigo Caro?...
Hasta los ministros inferiores del Tribunal solían ser hombres doctos en divinas y humanas letras y hasta en ciencias exactas. Recuerdo a este propósito que José Vicente del Olmo, a quien muchos habrán oído mentar como autor de la relación oficial del auto de fe de 1682, lo es también de un no vulgar tratado de Geometría especulativa y práctica de planos y sólidos (Valencia, 1671), y de una Trigonometría con la resolución de los triángulos plano y esférico y uso de los senos y logaritmos, que es, y dicho sea entre paréntesis, una de tantas pruebas como pueden alegarse de que no estaban muertos ni olvidados los estudios matemáticos, aun en la infelícisima época de Carlos II, cuando se publicaban libros como la Analysis Geométrica de Hugo de Omerique, ensalzada por el mismo Newton.
Pero, ¿cómo hemos de esperar justicia ni imparcialidad de los que, a trueque de defender sus vanos sistemas, no tienen reparo en llamar "sombrío déspota, opresor de toda cultura" a Felipe II, quien costeó la Políglota de Amberes, grandioso monumento de los estudios bíblicos, no igualada en esplendidez tipográfica por ninguna de las posteriores, ni por la de Walton ni por la de Jay; a Felipe II, que reunió de todas partes exquisitos códices para su Biblioteca de San Lorenzo, y mandó hacer la descripción topográfica de España y levantar el mapa geodésico que trazó el maestro Esquivel cuando ni sombra de esos trabajos poseía ninguna nación del orbe; y formó en su propio palacio una Academia de Matemáticas dirigida por nuestro arquitecto montañés Juan de Herrera, y promovió y costeó los trabajos geográficos de Abraham Ortelio, y comisionó a Ambrosio de Morales para explorar los archivos eclesiásticos y al botánico Francisco Hernández para estudiar la fauna y flora mexicanas"?"
A fin de refutar la especiosa acusación que se endereza al Santo Oficio, de haber "aherrojado la razón con prohibiciones y censuras, de haber matado en España las ciencias especulativas y las naturales y cortado las alas al arte", Menéndez Pelayo se mete a analizar concienzuda y minuciosamente los Índices expurgatorios -cosa que ninguno de los declamadores antiinquisitoriales ha hecho- y concluye:
"Afirmo, pues, sin temor de ser desmentido, que en toda su larga existencia, y fuese por una causa o por otra, no condenó nuestro Tribunal de la Fe una sola obra filosófica de mérito o de notoriedad verdadera, ni de extranjeros ni de españoles...
Aun es de mayor falsedad y calumnia más notoria, lo que se dice de las ciencias exactas, físicas y naturales. Ni la Inquisición persiguió a ninguno de sus cultivadores, ni prohibió jamás una sola línea de Copérnico, Galileo y Newton. A los Índices me remito. ¿Y qué mucho que así fuera, cuando en 1594 todo un consejero de la Inquisición que luego llegó a inquisidor general, don Juan de Zúñiga, visitó por comisión regia y apostólica los Estudios de Salamanca y planteó en ellos toda una facultad de ciencias matemáticas como no la poseía entonces ninguna otra Universidad de Europa, ordenando que en astronomía se leyese como texto el libro de Copérnico?"
En letras humanas aun fue mayor la tolerancia", termina Menéndez Pelayo, siempre afianzando sus afirmaciones en maciza legión de hechos y nombres.
Todo lo cual corre en los Heterodoxos, por el capítulo Resistencia ortodoxa que epiloga el periodo protestante.
.
Saltamos ahora a La Ciencia Española -cuyas cartas segunda y tercia del tomo segundo hay que leer singularmente- y damos con estas conclusiones:
-La Inquisición no impidió que brotase en nuestras escuelas el congruísmo, sistema teológico referente a un punto delicadísimo, el de la gracia, y esto con los protestantes a la puerta.
-La Inquisición no impidió que se enunciase libremente atrevidas ideas filosóficas.
-La Inquisición permitió en política defender el gobierno democrático, la soberanía popular y el tiranicidio.
-La Inquisición permitió discutir la autoridad de la Vulgata.
-La Inquisición no impidió a nuestros críticos relegar al país de las quimeras multitudes de santos y mártires, con cuyas reliquias se envanecían muchas ciudades.
-La Inquisición permitió atacar al mal gobierno y los errores administrativos.
-La Inquisición consintió todo género de licencias al teatro, la novela y la sátira.
Y así, contra cavilaciones y teorías, los hechos gritan irrefutablemente que "en el siglo XVI, inquisitorial por excelencia, España dominó a Europa, aun más por el pensamiento que por la acción, y no hubo ciencia ni disciplina en que no marcase su garra".
.
La de Menéndez Pelayo está aquí. No es fácil tarea borrar su signo.
.
-oOo-
A MANERA DE CONCLUSIÓN:
Inquisición y Progreso, por don Juan Valera (en la misma obra de Alfonso Junco).
Envejecido lugar común, donde no pocas gentes han embarrancado: la Inquisición Española fue rémora y parálisis para el progreso intelectual, y a ella se debe la postración y decadencia en que más tarde vino a dar España, mientras otras naciones europeas avanzaban y subían.
.
Enfocado fríamente el problema, varias observaciones decisivas se ofrecen al hombre informado:
1.- El mayor auge de la Inquisición va de la mano con el mayor auge de la cultura española, y ese fraternal apogeo no es coincidencia fugitiva, sino paralelismo poderoso y firme que se prolonga a lo largo de dos siglos: el XVI y el XVII.
2.- La intolerancia religiosa no era privativa de España, sino universal en la Europa de entonces: si unos países prosperaron después y otros decayeron, no puede la diversidad de su destino atribuirse a una causa que era idéntica en todos.
3.- Si la culminación española coincide con la culminación de su fervor religioso y patriótico que dio aliento y arraigo nacional a la Inquisición, y si precisamente el debilitamiento de ese fervor coincide con la decadencia de España en el siglo XVIII, más lógico y racional sería sacar una consecuencia exactamente contraria a la que se formula.
4.- Empero, debe desecharse toda explicación demasiado simplista, y estudiarse humildemente el complejo tejido de causas y concausas que, aquí como siempre, traman con múltiple riqueza la clámide de la historia, y que en todos los pueblos y en todas las edades nos ofrecen etapas de esplendor y periodos de decadencia.
http://www.luxdomini.com/inquisicion_inquisicion.htm
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
lunes, 11 de octubre de 2010
PRESENCIA DE MARÍA por Alfonso Junco (+1974)
.
EL CORAZÓN Y EL REGAZO
.
EL CORAZÓN Y EL REGAZO
.
Entre el tumulto de ráfagas geniales que se agolpan y entrecruzan en la estupenda Ortodoxia de Chésterton, fulgura aquélla en que se imagina a una personalidad científica de la luna, contemplando a un hombre. Al observar el sabio de la luna que en el organismo humano hay un ojo a la derecha y uno a la izquierda, un brazo y otro brazo, una pierna y otra pierna, un oído y otro oído, un pulmón y otro pulmón, deduciría con aparente lógica que toda la estructura era doble, simétrica, y al llegar al corazón buscaría, con certidumbre de acertar, el otro corazón del lado opuesto. Y fallaría. Precisamente al llegar al corazón, caería en fracaso decisivo.
.
Pues bien: el cristianismo no es de la luna ni está en la luna. El cristianismo sí sabe que el hombre tiene un corazón, y sabe dónde lo tiene, y cómo. Sabe lo que el hombre tiene de simétrico y lo que tiene de asimétrico, lo que tiene de racional y lo que tiene de subconsciente. Sabe de su amor a la evidencia y de su amor al misterio.
.
Conoce al hombre en todos sus vericuetos, en todas sus oscuridades y contradicciones, en todas sus complejidades infinitas. El hombre, este desconocido de que habla Alexis Carrel en libro resonante, sólo es un conocido -¡y con qué inexplorada profundidad!- para el cristianismo.
Porque conoce el corazón humano, porque está hecho -divinamente hecho- para el corazón humano, el cristianismo abraza y magnifica el culto a la celeste maternidad de María. La frialdad desolada del protestantismo construye un orbe religioso en que no existe el culto a la Madre. Pero el corazón se niega. El corazón necesita este centro de ternura, esta exquisita suavidad de mujer, esta intercesión maternal.
.
María intercede ante Jesús: sigue intercediendo, como aquella primera vez en que, agotado el vino de las bodas, una palabra suya, discretamente deslizada apenas, suscitó y casi violentó el primer milagro de su Hijo. Con esta misma finura conmiserativa, con esta delicada previsión de evitar el bochorno del que padece necesidad, sigue la Madre de Jesús intercediendo por toda la infinita sucesión de los que queremos y no podemos, de los pobres vergonzantes que somos legión en la humanidad.
.
María vive hoy, como vive hoy su Hijo. No acabó su tarea, ni su misericordia está agotada. No pertenece, simplemente, al pasado, como un personaje de hace veinte siglos. Con presencia de gloria está presente en los cielos, con presencia de amor está presente en la tierra.
.
La Iglesia, que es Cristo perpetuado entre los hombres, tiene esta estupenda misión y este maravilloso privilegio de actualizar a Cristo. Hoy nace Cristo en Belén, hoy habla en la colina, hoy se da en el milagro de la Cena, hoy muere en el Calvario, hoy resucita victorioso. No es una vieja historia inoperante: es una eterna actualidad que sacude y transforma y extasía las almas.
.
¿Habéis pensado alguna vez lo que fuera de Cristo sin su Iglesia? ¿Habéis medido toda la enormidad y pujanza que entre los hombres tiene el olvido?… Pero la Iglesia es esta gran enamorada y esta gran recordadora que no nos deja olvidar: y Cristo se nos mete por los ojos en cuadros, esculturas y ceremonias, se nos mete por los oídos en la cátedra del Evangelio y en el tribunal de la confidencia; palpita en nuestras manos por la señal de su santa cruz; se nos entra en la boca en el misterio dulce y pavoroso de la Eucaristía. Cristo vivo, Cristo presente, Cristo actualizado, Cristo visible y como si dijéramos corpóreo, saliendo al paso de nuestro embotamiento y olvido, eso es la Iglesia. Bien lo sabía el que la fundó y por eso la fundó.
.
Dios puede perderse en la nebulosa lejanía de filosóficas abstracciones o de deísmos yertos, si no encarna y se acerca a nosotros y nos habla en Cristo; porque Cristo caería en el olvido y sería a lo sumo un atrayente personaje histórico, si no se perpetuase y actualizase en su Iglesia; y la Iglesia vendría a dispersión incoherente y a descomposición mortal -como en las sectas disidentes lo dio ya la experiencia- sin una invulnerable autoridad, sin una visible cabeza, sin un jefe: el Papa.
.
Y así como la Iglesia actualiza a Cristo, de manera semejante actualiza a su Madre. Hoy, como ayer, María pide por nosotros. Hoy, como ayer, nosotros, mínimos hermanos del Primogénito Cristo, la sabemos nuestra Madre y buscamos refugio, suavidad y caricia en su regazo. Porque todos, todos somos niños -¡y ay de aquél que no tenga algo de niño, porque no entrará en el Reino!-; todos somos niños, y cuando la vida nos golpea y el desencanto nos ahoga, y la tempestad se desenfrena contra nosotros, corremos instintivamente al regazo de la Madre. Ella nada pregunta ni reclama: abre, nomás, sus brazos para cerrarlos sobre el hijo maltrecho; y llora con él, y lo consuela, y delicadamente pide -como en Caná- el milagro misericordioso.
.
EL EVANGELIO Y EL TEPEYAC
.
Honda en la entraña del corazón humano, la reverente devoción a María nace y finca en la roca del Evangelio. Aquella que el ángel saludó por llena de gracia y por bendita entre todas las mujeres; aquella en quien el Verbo tomó carne; aquella ante la cual Santa Isabel, movida del Espíritu, exclamó: “¿De dónde a mí tanto bien que la Madre de mi Señor venga a mí?”; aquella que recibió el llanto primero y la primera sonrisa de Jesús; aquella que siguió todos los pasos del Hijo y suscitó el primero de sus milagros; aquella que Cristo en su agonía dejó por madre al predilecto; aquella que perseveraba con los apóstoles amedrentados cuando en viento y en llamas vino el Paráclito, no constituye un personaje de antojo ni encarna una fantasía sensiblera. Clavada está en la roca del Evangelio, en la veneración de los discípulos, en los muros de las catacumbas, en las definiciones de los concilios, en el culto radiante y victorioso de veinte siglos cristianos. No representa una devoción parasitaria sino un amor esencial.
.
Pero nosotros, católicos, nunca confundimos al Creador con la creatura. Su distinción irrevocable es dogma de nuestra fe. Sabemos y enseñamos y ponemos al alcance del más humilde aprendiz de catecismo, que el culto propiamente de adoración, que se llama latría, es para Dios solo; que el culto a los santos y a la Virgen es de veneración, y tiene por eso significado y nombre diferente.
.
Es ofensiva inepcia -repetida con monótona tozudez en propagandas protestantes- que los católicos adoramos a María como si fuese Dios. Y no menor inepcia ni menos burdo agravio, tildarnos de idólatras por la reverencia a las imágenes: pues es verdad elemental que en ella reverenciamos a la persona que trasuntan, no la piedra o el palo o el lienzo; como al descubrirnos ante la bandera nos descubrimos ante la patria y no ante el trapo; como al besar el retrato de nuestra madre, besamos a nuestra madre y no al cartón.
.
María es nuestra Madre. ¡Tristes de aquéllos que no la conocen! ¡Tristes de aquéllos que, conociéndola, la olvidan, o por el orgullo de la inteligencia, o por el desvarío de la carne, o por el seco engaño del estoicismo! Cristo, modelo de varón, no quiso la ridigez amarga del estoico que esconde las lágrimas. Profundamente humano, Cristo lloró a vista de todos. Y nosotros, cristianos, tampoco tenemos por vergüenza el llanto. Somos, sí -debemos ser-, sufridores y bravos y enteros. Pero no asfixiamos la sensibilidad humanísima, en la inhumana sequedad de la soberbia. Más bien, con sencillez de niños, dejamos nuestras lágrimas en el regazo de una Madre.
.
Y esta infancia espiritual -que Cristo muy señaladamente encareció en el Evangelio, y que florece lo mismo antaño en las Fioretti de Francisco de Asís que hogaño en las rosas de Teresita de Lisieux-, alienta para nosotros, con singularísima fragancia, en el candor enamorado de Juan Diego y en la tilma celeste del milagro. María, Madre en Cristo del humano linaje, quiso ser, con particular ternura y con histórica plenitud, Madre de México.
.
Porque la Virgen de Guadalupe se identifica con la sustancia de la patria. Ella presidió el nacimiento de nuestra nacionalidad. Quiso visitarnos -como a su prima Isabel en su gravidez-, cuando estas tierras estaban "grávidas de Cristo", y aceleró el nacimiento de Él y su reinado entre nosotros de manera tan insólita y desproporcionada con los medios humanos, que todos los historiadores lo advierten y se asombran.
.
Ella, que consoló a los vencidos y amansó a los vencedores, no muestra fisonomía de india ni de española, sino de mexicana; y diríase que preludió en su dulce imagen la fusión de las dos razas que constituyen la nuestra, por las rosas de Castilla que se absorben y pintan en el ayate del indígena. .
Ella, fervorosamente amada por todos los caudillos de nuestra Independencia, palpitó lo mismo en los pendones de Hidalgo que en las proclamas de Morelos y en las insignias de Iturbide.
.
La Madre de Jesús y Madre nuestra nos dé espíritu y pauta y camino. Y la Virgen de Méjico, la Virgen de los pueblos indoespañoles, extienda a la integridad del continente el blando hechizo de su imperio, levántese por símbolo unitivo de amor y de verdad, y llegue a ser -unánime, plenaria- la Virgen de América.
.
http://www.luxdomini.com/presencia.htm
*Introducción del libro El Milagro de las Rosas, magnífica obra guadalupana de Alfonso Junco, México, JUS, 2a. Ed.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



























