lunes, 2 de junio de 2014

INVITACIÓN A ASCENDER


Estos años nuestros, en México, marcan un evidente retroceso moral respecto de la realidad que conocimos los que guardamos memoria de algunas décadas atrás. A todos nos incumbe reaccionar. Principalmente a los jóvenes. Y aquí, una palabra especial para las más jóvenes de mis gentiles lectoras. No creáis que es natural que las cosas sean como las veis actualmente. Os ha tocado vivir en época de regresión moral, de costumbres indelicadas. No creáis que siempre ha sido así y que no puede ser de otra manera. Vosotras, por ventura y desgracia de vuestros pocos años, no tenéis elementos objetivos de comparación; pero yo os puedo asegurar que la sociedad mexicana ha presentado, no hace mucho tiempo, un cuadro infinitamente superior. Y que esa vida personal y social, más fina, más respetuosa, más cortés, más selecta, más limpia, es incomparablemente mejor y perfectamente posible.

A vosotras os toca saberlo... y vivirlo. Con un decoro lleno de amabilidad y alegría, daos a respetar; no os contagiéis de las licencias y vulgaridades circundantes; sabed que lleváis un mensaje de elevación y de pureza; que os toca difundir por el mundo una fragancia divina; que el joven que a vosotras se acerque perciba que sois algo luminoso; eso le alentará indeciblemente más y dará razón para buscar una compañera definitiva para su hogar, no una diversión pasajera para su aburrimiento.

Aun los muchachos ligeros saben perfectamente distinguir y apreciar entre la que sirve "para pasar el rato" y la que sirve "para pasar la vida". Porque no es alarma de espantadizos mojigatos. La inundación de fango crece de tal modo y anega tales praderas que hasta los más despreocupados despiertan y recapacitan. ¡Manos a la obra! Todos tenemos sitio que nos reclama con apremio en esta campaña. Dice admirablemente aquella admirable mujer que se llamó madame Swtchine: "El bien es lento, porque sube; el mal es rápido, porque desciende". No nos sorprenda, pues, ni descorazone, la acelerada vastedad del mal. ¡Fuera desalientos, y a subir!

Alfonso Junco

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