sábado, 16 de enero de 2016

EL EXAMEN DE CONCIENCIA PARA LA CONFESIÓN


Es el sacramento más fácil de recibir, al alcance de todos y que no requiere condiciones difíciles. De modo que todo aquel que tenga simplemente la buena voluntad de confesarse bien, siempre conseguirá su objeto. Aquéllos, pues, que tienen gran temor de confesarse mal, por este mismo temor, son los que mejor se confiesan.

Discípulo. — ¿Debemos rogar antes de confesarnos?

Maestro. —Siendo de fe que sin la ayuda de la gracia no podemos confesarnos bien, esta ayuda la debemos pedir con la oración, y así debemos:

1) Reavivar la fe en este sacramento, que es el medio más principal de santificación.
2) Dar rendidas gracias a Jesús, que ha querido hacernos tan gran regalo, a costa de su pasión y muerte.
3) Encomendarnos a nuestra buena madre María Santísima, refugio de pecadores, a nuestra Ángel Custodio, a las almas del Purgatorio; luego se hace el examen de conciencia.

D. — ¡Ah! Padre, aquí empiezan mis inquietudes. Yo no soy capaz de hacer el examen de conciencia... No recuerdo los pecados, o bien se me olvidan a los pies del confesor.

M. —Despacio, amigo, despacio, no enturbiemos el agua con el desmedido afán. Con miedo nunca se conseguirá hacer nada de bueno; si, por el contrario, procuramos obrar con calma y confianza en Dios, ciertamente conseguiremos lo que deseamos. Hagamos nosotros lo que está de nuestra parte, qué lo demás lo suplirá el Señor. Ordinariamente. Él queda más satisfecho, cuanto menos satisfechos quedamos nosotros.

Es obligatorio un examen serio (profundo) y diligente:

1) Para aquellos que cometen pecados mortales.
2) Para los que se confiesan raras veces.
3) Para los que desde algún tiempo no se han confesado bien.

Todos esos deben acusarse de los pecados, graves, de las circunstancias que cambian la especie del pecado, y también el número de los pecados, y claro está que deben anticipadamente examinar con seriedad y cuidado su conciencia.

D. — ¿Cómo debe procederse para hacer bien el examen?

M. —Para hacer bien el examen, hay que ir considerando uno por uno los mandamientos de Dios y de la Iglesia, juntamente con las obligaciones del propio estado; examinándonos sobre cada uno si hemos faltado contra y cuántas veces, en pensamientos, palabras, obras y omisiones, teniendo muy en cuenta la pasión dominante y la causa generadora de nuestras faltas más ordinarias.

Se deberá notar en el primer mandamiento, si se ha faltado contra la fe en cualquiera de las verdades de nuestra religión sacrosanta; si se han proferido palabras o escuchado; leído libros, diarios o periódicos contrarios a la religión; si se han cometido sacrilegios, ya confesándose mal o haciendo malas comuniones, ya despreciando las cosas o personas sagradas; si se ha dado a prácticas supersticiosas o participando en actos espiritistas.

En, el segundo mandamiento, si se han blasfemado los santos nombres de Dios, de la Virgen Santísima, de los Santos o cosas sagradas, si se han hecho juramentos falsos o ilícitos.

En el tercer mandamiento, si no se ha oído debidamente la Santa Misa los Domingos y días de guardar; si de propósito no se ha ido al catecismo o al sermón: si se ha trabajado en obras serviles, o si se han profanado los días festivos en diversiones ilícitas o peligrosas, frecuentando la crápula, o pasando el día en tabernas, hosterías o sitios peligrosos.

En el cuarto mandamiento, si se ha faltado al respeto a los padres o superiores, de palabra o de obra, si se les ha insultado; si se ha atrevido a levantar la mano contra ellos; si por la mala conducta se les ha hecho llorar.

En el quinto mandamiento, si se ha herido gravemente a alguno; si se tiene odio a alguna persona: si se ha jurado vengarse; si se han lanzado imprecaciones o maldiciones; si se ha dado escándalo, es decir, si con palabras o acciones se ha inducido a otros a pecar.

En el sexto y noveno mandamiento, si se han tenido pensamientos o deseos contrarios a la castidad y si se han consentido o sido negligente en desecharlos, si se han tenido u oído conversaciones escandalosas o leído libros obscenos; si se han cometido actos torpes o impuros, y si fue sólo o bien con otros y de qué naturaleza, de qué género y de qué condición eran los compañeros de tales actos; ya que estas circunstancias cambian la malicia del pecado, y si se es reincidente o bien habituado a ellos; si se han frecuentado bailes o espectáculos deshonestos.

En el séptimo y décimo mandamiento, si se ha robado dinero u otra cosa de valor más o menos considerable, ya sea de su casa o de otras personas; si se han perjudicado a otros en su hacienda o intereses; si se ha tenido pensamientos o deseos de apropiarse injustamente las cosas ajenas.

En el octavo mandamiento, si se han dicho mentiras graves o perjudiciales al prójimo; si se ha murmurado o calumniado gravemente: si se ha quitado a otro la buena fama o el honor.

Pasando ahora a los mandamientos de la Santa Madre iglesia, bastará observar si se ha violado la abstinencia de carnes en los días preceptuados o el ayuno, cuando se está obligado a observarlos, o si se ha omitido la confesión o la comunión anual bien hechas, durante el tiempo prescrito.

A este examen sobre los mandamientos de Dios y de la Iglesia, se ha de añadir también algo sobre los vicios o pecados capitales, considerando si se han cometido pecados graves de soberbia, de gula, de ira, de envidia, y finalmente dese una mirada a las obligaciones del propio estado.

D. — ¿También sobre las obligaciones del propio estado?

M. — ¡Claro! Un padre o una madre, un esposo o una esposa, un maestro, un superior o un dependiente pueden cada uno observar muy bien todos los mandamientos de Dios y de la Iglesia, y no obstante, faltar gravemente a los deberes de su propio estado; de consiguiente, es de suma importancia examinarse sobre ello, si se quiere hacer una buena confesión. Es histórica la anécdota siguiente:

El emperador Carlos V, yendo de viaje, se hospedó en un convento y quiso confesarse. Un venerable religioso muy amable, escuchó con alma la confesión del emperador, y cuando terminó, le dijo: “Confessus es pecenta Caroli, nunc confitere peccata Caesarin”. Me has confesado los pecados de Carlos, es decir, como si no fueses emperador, ahora confiésate de los pecados que has cometido en el cargo que desempeñas. Y con mucha destreza y sagacidad le fué interrogando acerca de cómo gobernaba a su pueblo. El emperador se conmovió tanto que hubo de decir al referir el hecho: “Por fin he encontrado un Padre que me ha aclarado ciertos asuntos y ha puesto en plena paz mi conciencia”.

D. —Padre, ¿podremos todos llegar a hacer un perfecto y diligente examen?

M. —Si no lográramos hacerlo, bastará que nos presentemos al confesor, dispuestos a declarar lo que recordamos, y a responder con sinceridad a las preguntas que nos dirigiere, y con ello basta.

D. — ¿Y si el confesor no preguntase y se nos olvidasen los pecados mortales?

M. —Los pecados, aun los mortales olvidados involuntariamente, se perdonan junto con los otros que se confiesan, quedando tan sólo la obligación de declararlos, si se recuerdan, en la primera confesión que se haga luego.

D. —Padre, ¿ha dicho usted que debemos examinarnos sobre los pensamientos y los deseos?

M. —Claro que sí, porque también los pensamientos y los deseos, si son malos, son pecados.

Decíale un candoroso niño a su madre: Si es verdad, como me han enseñado, que nada se pierde en el mundo, ¿a dónde van a parar los pensamientos y los deseos?

—Hijo, contéstale gravemente la madre, esos van a depositarse en la memoria de Dios y estarán allí para siempre.

— ¡Para siempre!... exclamó el muchacho asombrado.

Quedó un poco de tiempo cabizbajo y pensativo, y luego abrazando estrechamente a su madre murmuró entre dientes:

— ¡Tengo miedo!...

Si son buenos nuestros pensamientos, ¿para qué asustarse?, ¿por qué decir? “tengo miedo” y si ciertos pensamientos nos dan miedo, ¿no es señal de que debemos examinarlos y detestarlos?

D. — ¿Los malos pensamientos son siempre pecados?

M. — No, amigo, algunas veces no son pecados absolutamente, otras son pecados veniales; pero pueden ser también pecados mortales. El siguiente ejemplo aclarará lo que vamos diciendo.

Una chispa de fuego que cae sobre un blanco y se sacude inmediatamente no deja ninguna mancha. Si se deja breves instantes quedará una manchita ahumada.
Bien si se la deja allí para ver lo que hace, abrasará la ropa. Lo mismo pasa con los malos pensamientos, si se los desecha en seguida, no causa mal ninguno, no son pecados; si se les detiene algo, ya son pecados veniales, y si se les da entrada con plena advertencia y consentimiento, son pecados mortales.

D. — ¿Quiénes no están obligados a verificar un minucioso (profundo) examen?

M. — Las almas timoratas que, además, se confiesan con frecuencia no están en manera alguna, obligadas a un minucioso examen, pues o no cometen pecados mortales o bien, aun cometido alguno, no lo olvidan fácilmente (pues son pecados recientes. Si los recuerdan todos no será entonces necesario un profundo examen).

D. —Ahora, Padre, dígame, ¿obran mal los que se angustian y se conturban porque no encuentran pecados?

M. —Seguramente. ¿Qué tiene de maravilla que no cometiendo pecados no los encontréis? Dad gracias al Señor y seguid permaneciendo muy apartados de cometerlos con el poderoso auxilio de los Sacramentos... los pecados, si no se han cometido no se pueden encontrar.

CONFESAOS BIEN
Pbro. Luis José Chiavarino

EN ESTE POST SOLO HEMOS VISTO UNA, PARA VER TODAS LAS CONDICIONES PARA HACER BIEN UNA CONFESIÓN HAZ CLIC AQUÍ:  www.catolicidad.com/2012/03/cinco-pasos-que-se-requieren-para.html

TEMA RELACIONADO (haz clic): EXAMEN DE CONCIENCIA

13 comentarios:

  1. Yo antes de la Confesión, entre la Misa y los nervios, me cuesta hacer un buen exámen de conciencia, pero poco a poco voy logrando hacerlo mejor.

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  2. Tengo una duda, fui a confesarme y el sacerdote solo me dejó decir tres pecados y no me permitió continuar porque enseguida me dijo algo y me dió la absolución. Debo ir a confesarme otra vez y decir los pecados que me faltaron?

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    1. Repita esa confesión íntegra, seguramente el sacerdote creyó que ya había terminado usted. Cuando ello ocurra dígale al padre que no ha finalizado.

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  3. Buenas tardes,tengo esta duda,cuando es verdad que absolutamente todos los pecados son perdonados?disculpe mi ignorancia y gracias xsu respuesta

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    1. Sí hay verdadero arrepentimiento de ofender a Dios y genuino propósito de no volver a pecar, sí. En tal caso, cualquier pecado puede ser perdonado por el sacerdote. El problema de quienes pecan contra el Espíritu es que no alcanzan a tener ya ese arrepentimiento y ese propósito que son fundamentales para alcanzar la absolución de los pecados.

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  4. en el bautismo, se borran todos los pecados antes cometidos y el pecado original? o solo el original? en ese caso debería confesar todos aquellos pecados que recuerdo de niño??

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    1. ¿A qué edad fue bautizado usted? Generalmente el niño bautizado no tiene el uso de razón para poder pecar. Un bebé no tiene pecados personales, solo el pecado original.

      El bautismo debe recibirse con contrición de los pecados personales en caso de que ya exista uso de razón. Y sí, en efecto, borra éstos junto con el pecado original.

      Los pecados graves personales, posteriores al bautismo, SÍ deben ser confesados al sacerdote.

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    2. Según leí, algunos comentan que no todos los sacerdotes absuelven por no decir la fórmula que corresponde. La materia sería el pecado y la forma la fórmula de absolución, algo así explicó el padre Gálvez Morillas en una de sus últimas homilías.
      No recuerdo bien si en esta o en cual.

      http://www.alfonsogalvez.com/es/charlas-2/ano-en-curso/2494-homilia-dia-de-jueves-santo

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    3. En efecto, si se modifica la forma escencial de la absolución al gusto del sacerdote, ésta deja de tener validez. Así, algunos modernistas que hagan esto no realizarían el sacramento. Como en todo sacramento, existen estos elementos: Materia, ministro, forma e intención. 1) Materia: La materia del sacramento de la Penitencia se distingue en remota y próxima. La materia remota son los pecados cometidos por el penitente después del Bautismo, y la materia próxima, los actos del mismo penitente, a saber: la contrición, la acusación y la satisfacción. 2) Ministro: sacerdote válidamente ordenado y aprobado por el Obispo para oír confesiones o con jurisdicción extraordinaria 3) Forma: las palabras de la absolución decretadas por la Iglesia: “Yo te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”.. 4) Intención: la de realizar lo que la Iglesia hace.

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    4. Así es, hay sacerdotes que anulan las confesiones diciendo otras cosas y no la fórmula de absolución de la Iglesia; pero también hay que tener cuidado con aquellos sacerdotes que tienen un repertorio muy reducido de pecados graves, en el que muchos de los 10 mandamientos, para ellos, ya NO SON PECADO; así es imposible recibir una absolución válida.

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    5. Lo que invalida el sacramento es no cumplir con los elementos que arriba señalamos. El mal criterio -hoy tan abundante- de los sacerdotes modernistas sobre la gravedad de la materia, no afecta la validez del sacramento. Naturalmente, sus consejos serán pésimos y serán malos guías espirituales (por lo que no debería de acudirse a ellos), pero si tienen intención de hacer lo que hace la Iglesia, si dicen bien la forma y están bien ordenados, su absolución sería -en tal caso- válida.

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  5. Tengo un gran problema. Yo me estoy confesando cada semana, y vigilo mucho todo lo que hago, digo, pienso o dejo de hacer porque no me hace ninguna gracia ofender a Dios. Normalmente siempre hay alguna cosilla que decir en la confesión,pero alguna vez que otra no he visto que haya hecho nada, así que se comento así al confesor y me acuso de los pecados de la vida pasada para recibir la absolución y la gracia para seguir luchando, pero ya me ha pasado dos veces que cuando digo eso me aconsejan que haga examen de conciencia (¡ya lo hago!)porque siempre hacemos algo, sea distraernos mucho en la oración, no atender bien a alguna vecina, etc, y me he quedado con una angustia espiritual tremenda porque estoy desorientada, ya que no sé qué estaré haciendo mal si no veo que lo esté haciendo, y estoy con una tensión nerviosa muy grande porque ya no estoy tranquila con nada de lo que hago, pensando que algo debo estar haciendo mal y no lo veo.

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    1. Lea usted una guía para realizar bien su examen de conciencia. En la confesión obliga confesar los pecados mortales. Los veniales y las imperfecciones solo es CONVENIENTE acusarlas pero no obligatoriamente. No pierda la calma espiritual por esto. Dios ve si usted pone todo de su parte. La angustia sin sustento es un estorbo para su superación y vida espiritual.

      Un abrazo en Cristo

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