jueves, 8 de octubre de 2026

EL ADULTERIO, LA FORNICACIÓN, EL DIVORCIO Y LA CASTIDAD SEGÚN LA SAGRADA ESCRITURA



Doctrina católica sobre la castidad, el adulterio, la fornicación y la indisolubilidad del matrimonio, haciendo las precisiones necesarias para que las afirmaciones correspondan exactamente a la Sagrada Escritura.

1. El adulterio

El adulterio consiste en mantener relaciones sexuales con una persona distinta del propio cónyuge cuando existe un matrimonio válido. Es un pecado gravemente contrario a la fidelidad matrimonial y al sexto mandamiento: «No cometerás adulterio» (Éxodo 20,14; Deuteronomio 5,18).

Nuestro Señor Jesucristo confirma la gravedad de este pecado:

«Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola ya cometió adulterio con ella en su corazón.» (Mateo 5,27-28).

Cristo no solamente condena el acto exterior, sino también el consentimiento interior deliberado al deseo impuro.

San Pablo enseña claramente que el adulterio es incompatible con la salvación mientras el pecador permanezca voluntariamente en él:

«¿No sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el Reino de Dios.» (1 Corintios 6,9-10).

Y nuevamente:

«Porque tened entendido que ningún fornicario o impuro o avaro —que es un idólatra— tendrá herencia en el Reino de Cristo y de Dios.» (Efesios 5,5).

La Escritura, por tanto, no presenta el adulterio como una falta pequeña o meramente privada. Es un pecado grave que, si se mantiene deliberadamente sin arrepentimiento, excluye del Reino de Dios.

2. La fornicación

La Sagrada Escritura emplea frecuentemente el término fornicación para designar las relaciones sexuales ilícitas fuera del matrimonio.

San Pablo dice:

«La voluntad de Dios es vuestra santificación: que os alejéis de la fornicación; que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión, como los gentiles que no conocen a Dios.» (1 Tesalonicenses 4,3-5).

Y añade:

«Pues Dios no nos ha llamado a la impureza, sino a la santidad.» (1 Tesalonicenses 4,7).

Por eso, las relaciones sexuales entre personas que no están unidas en matrimonio válido contradicen el orden establecido por Dios. El matrimonio es el ámbito propio de la unión sexual.

San Pablo es absolutamente explícito:

«Huid de la fornicación. Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? Habéis sido comprados a precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.» (1 Corintios 6,18-20).

Por eso, el cristiano soltero está llamado a vivir la castidad, no teniendo relaciones sexuales ni consintiendo deliberadamente deseos impuros.

3. La castidad de los solteros

La castidad cristiana no significa solamente abstenerse físicamente de relaciones sexuales. Comprende también ordenar los pensamientos, deseos, miradas, conversaciones y acciones según la voluntad de Dios.

Nuestro Señor Jesucristo enseñó:

«Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola ya cometió adulterio con ella en su corazón.» (Mateo 5,27-28).

San Pablo exhorta:

«Haced morir, pues, lo que hay de terreno en vosotros: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría.» (Colosenses 3,5).

Y también:

«La fornicación y toda clase de impureza o de avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como conviene a los santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni groserías, que no están bien, sino más bien acciones de gracias.» (Efesios 5,3-4).

El soltero cristiano, por tanto, está llamado a vivir en castidad, guardando el cuerpo y el alma para Dios y evitando deliberadamente aquello que conduce al pecado contra la pureza.

4. El matrimonio y la fidelidad

El matrimonio no es simplemente una relación sentimental. Desde el principio Dios estableció una unión entre el hombre y la mujer caracterizada por su exclusividad y fidelidad.

El Génesis dice:

«Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.» (Génesis 2,24).

Nuestro Señor Jesucristo utiliza precisamente este texto para enseñar la indisolubilidad matrimonial:

«¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, los hizo varón y hembra, y que dijo: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.» (Mateo 19,4-6).

Por tanto, el matrimonio exige fidelidad mientras viven los esposos.

5. El divorcio y una nueva unión

La enseñanza de Jesucristo es particularmente clara:

«Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio; y el que se casa con una repudiada por su marido comete adulterio.» (Lucas 16,18).

San Marcos transmite igualmente:

«Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.» (Marcos 10,11-12).

Y San Pablo enseña:

«A los casados les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido; pero si se separa, que permanezca sin casarse o que se reconcilie con su marido; y que el marido no despida a su mujer.» (1 Corintios 7,10-11).

La separación de los esposos puede darse en determinadas circunstancias, pero la separación no convierte automáticamente en libre para contraer otro matrimonio a quien permanece unido por un matrimonio válido.

Por eso, mientras vive el cónyuge y permanece el vínculo matrimonial válido, una nueva unión sexual o matrimonial constituye adulterio.

San Pablo lo explica mediante la analogía del vínculo matrimonial:

«La mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras él vive; pero si muere el marido, queda libre de la ley del marido. Por eso, mientras vive el marido, será llamada adúltera si se une a otro hombre; pero si muere el marido, queda libre de esa ley, de modo que no es adúltera si se une a otro hombre.» (Romanos 7,2-3).

6. «Hasta que la muerte los separe»

La Sagrada Escritura presenta el vínculo matrimonial como permanente durante la vida de los esposos.

San Pablo afirma:

«La mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras él vive.» (Romanos 7,2).

Y respecto del matrimonio cristiano:

«El marido no tiene poder sobre su propio cuerpo, sino la mujer; del mismo modo, tampoco la mujer tiene poder sobre su propio cuerpo, sino el marido. No os privéis el uno del otro, sino de común acuerdo, por cierto tiempo, para dedicaros a la oración; y luego volved a estar juntos, para que Satanás no os tiente por vuestra incontinencia.» (1 Corintios 7,4-5).

La fidelidad matrimonial, por tanto, es una obligación seria delante de Dios.

7. ¿Puede un soltero tener relaciones con una persona divorciada?

Aquí es necesario distinguir cuidadosamente las situaciones.

Si una persona divorciada estuvo verdaderamente casada y su matrimonio sigue siendo válido porque el cónyuge vive, el divorcio civil no destruye por sí mismo el vínculo matrimonial ante Dios. Una relación sexual con esa persona constituye una unión ilícita y participa en el adulterio respecto del vínculo existente, además de constituir fornicación por parte de quien no está casado con ella.

La enseñanza de Cristo es precisamente:

«Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio, y el que se casa con una mujer repudiada por su marido comete adulterio.» (Lucas 16,18).

Sin embargo, estar simplemente en compañía, hablar o relacionarse SOCIALMENTE con una persona divorciada no es pecado. El pecado se produce cuando existe consentimiento o actuación contraria a la castidad: relaciones sexuales, actos sexuales deliberados o, según el caso, otros actos gravemente desordenados.

8. El matrimonio civil y el matrimonio sacramental

La Sagrada Escritura, en cualquier caso, establece que la unión matrimonial debe respetarse y que no se puede utilizar un divorcio civil como autorización automática para contraer una nueva unión mientras subsiste un matrimonio válido.

Por eso, cuando existe un caso concreto, corresponde determinar canónicamente si existe realmente un vínculo matrimonial válido.

9. La masturbación

La Sagrada Escritura no utiliza expresamente la palabra moderna «masturbación», pero condena la impureza, la lujuria y los actos sexuales realizados fuera del orden querido por Dios.

San Pablo enseña:

«La voluntad de Dios es vuestra santificación: que os alejéis de la fornicación; que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión, como los gentiles que no conocen a Dios.» (1 Tesalonicenses 4,3-5).

Y:

«Huid de la fornicación.» (1 Corintios 6,18).

También:

«Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.» (Romanos 8,8).

La doctrina católica considera la masturbación un acto GRAVEMENTE desordenado contra la castidad. Para determinar la culpabilidad mortal subjetiva (objetivamente es pecado mortal) se debe considerar que siempre es materia grave, pero también debe considerarse el pleno conocimiento y el deliberado consentimiento.

10. La pornografía

La pornografía es radicalmente contraria a la dignidad de la persona y a la virtud de la castidad. Aunque la Biblia no emplea el término moderno «pornografía», Nuestro Señor condena incluso la mirada deliberadamente lujuriosa:

«Todo el que mira a una mujer deseándola ya cometió adulterio con ella en su corazón.» (Mateo 5,28).

Job expresa la necesidad de custodiar los ojos:

«Había hecho un pacto con mis ojos: no mirar a una doncella.» (Job 31,1).

Y San Pablo manda:

«La fornicación y toda clase de impureza o de avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como conviene a los santos.» (Efesios 5,3).

También:

«No os engañéis: ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los impuros heredarán el Reino de Dios.» (cf. 1 Corintios 6,9-10; Efesios 5,5).

Por consiguiente, buscar deliberadamente imágenes o videos pornográficos, con consentimiento y conocimiento de su carácter, constituye materia grave contra la castidad.

11. La impureza excluye del Reino de Dios si no hay arrepentimiento

San Pablo repite esta enseñanza con una claridad impresionante:

«¿No sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el Reino de Dios.» (1 Corintios 6,9-10).

Y añade inmediatamente algo importantísimo:

«Y esto erais algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.» (1 Corintios 6,11).

Esto demuestra que la doctrina cristiana no solamente condena el pecado: ofrece también el camino de la conversión, del perdón y de la santificación.

12. La solución: vivir en castidad según el propio estado.

La respuesta cristiana no es buscar excepciones para justificar el pecado, sino vivir según la vocación recibida de Dios.

San Pablo dice:

«Pues esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación.» (1 Tesalonicenses 4,3).

Y:

«Huid de la fornicación.» (1 Corintios 6,18).

Y también:

«El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.» (1 Corintios 6,13).

El casado debe vivir la fidelidad matrimonial. El soltero debe vivir la continencia y la castidad. El viudo debe vivir también castamente. La persona que se encuentra separada debe respetar el vínculo matrimonial mientras éste subsista (la muerte de un cónyuge lo rompe). Todos están llamados a ordenar su vida conforme a Dios.

13. La lucha interior contra los pensamientos impuros

La castidad también exige luchar contra los malos pensamientos voluntariamente consentidos.

San Pablo enseña:

«Todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de estima, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, tenedlo en cuenta.» (Filipenses 4,8).

Y:

«Haced morir, pues, lo que hay de terreno en vosotros: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia.» (Colosenses 3,5).

No todo pensamiento involuntario constituye pecado. La tentación no es pecado mientras no sea deliberadamente aceptada. El pecado aparece cuando existe consentimiento voluntario al pensamiento o deseo desordenado.

14. Dios llama a la santidad del cuerpo y del alma

La razón profunda de la castidad cristiana es que el cuerpo humano pertenece a Dios.

San Pablo declara:

«¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? Habéis sido comprados a precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo.» (1 Corintios 6,19-20).

Por eso, la moral sexual cristiana no es simplemente un conjunto de prohibiciones. Es una llamada a reconocer la dignidad del cuerpo humano, la santidad del matrimonio, la fidelidad entre los esposos y la pureza del corazón.

15. Resumen de la enseñanza bíblica

Adulterio: relaciones sexuales con una persona distinta del propio cónyuge cuando existe un matrimonio válido. La Escritura lo condena expresamente: Éxodo 20,14; Levítico 20,10; Mateo 5,27-28; Mateo 19,4-9; Marcos 10,11-12; Lucas 16,18; Romanos 7,2-3; 1 Corintios 6,9-10; Hebreos 13,4.

Fornicación: relaciones sexuales fuera del matrimonio. Textos fundamentales: Hechos 15,20; 1 Corintios 6,18-20; 1 Corintios 10,8; Gálatas 5,19-21; Efesios 5,3-5; Colosenses 3,5-6; 1 Tesalonicenses 4,3-8; Apocalipsis 21,8.

Divorcio y nueva unión: Mateo 5,31-32; Mateo 19,3-9; Marcos 10,2-12; Lucas 16,18; Romanos 7,2-3; 1 Corintios 7,10-11.

Castidad: Génesis 39,7-12; Job 31,1; Mateo 5,27-30; 1 Corintios 6,18-20; 1 Tesalonicenses 4,3-8; Efesios 5,3-5; Colosenses 3,5-6; Filipenses 4,8.

Masturbación e impureza: aunque la masturbación no aparece nombrada literalmente en la Biblia, los principios bíblicos sobre la santidad corporal, la continencia, la pureza y el dominio de las pasiones se encuentran especialmente en Mateo 5,27-30; Romanos 6,12-13; 1 Corintios 6,18-20; Gálatas 5,16-24; 1 Tesalonicenses 4,3-8.

Pornografía y mirada lujuriosa: Mateo 5,27-28; Job 31,1; Salmo 101,3; Filipenses 4,8; Efesios 5,3-5; Colosenses 3,5.

Conclusión: La Sagrada Escritura enseña inequívocamente que el cristiano debe vivir la virtud de la castidad y que el adulterio y la fornicación son pecados graves. Nuestro Señor Jesucristo confirma la santidad y permanencia del matrimonio, y San Pablo advierte que quienes permanecen deliberadamente en la fornicación, el adulterio y la impureza no heredarán el Reino de Dios. Pero la misma Escritura proclama que el pecador puede convertirse: «habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo» (1 Corintios 6,11). Por eso, ante el pecado sexual, el camino cristiano es: arrepentimiento, propósito de enmienda, confesión con el sacerdote, conversión, lucha contra la tentación y vida de castidad según el propio estado.

miércoles, 7 de octubre de 2026

EL ROSARIO Y ALFONSO, REY DE LEÓN Y GALICIA


Según la tradición recogida por san Luis María Grignion de Montfort en El secreto del Rosario, el rey Alfonso llevaba siempre un gran Rosario en el cinturón para motivar a sus cortesanos a rezarlo, aunque él apenas lo practicaba. Considerando que era ésa la voluntad del rey, muchos lo rezaron.

 Cuenta la historia que tras enfermar gravemente y tener una visión del juicio divino, observó que la Virgen intercedió por él pesando en una balanza el ejemplo que dio con su rosario, librándolo de la muerte y del infierno. Tras la visión, se convirtió para rezarlo diariamente, ahora sí, devotamente el resto de su vida y fue un buen cristiano.

De hecho, una edición del Secreto admirable aclara en una nota que donde el texto dice simplemente "Alfonso, rey de León y Galicia, probablemente se trata de Alfonso IX".


martes, 6 de octubre de 2026

LAS QUINCE PROMESAS DE LA VIRGEN DEL ROSARIO (Beato Alano de la Rupe).

 Octubre, mes dedicado al Santo Rosario.

1° — Quien me sirviere rezando constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida. 

2° — Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente rezaren mi Rosario.

3° — El Rosario será un escudo fortísimo contra el infierno, destruirá los vicios, librará de pecados y abatirá la herejía.

4° — El Rosario hará germinar las virtudes, y que las almas consigan copiosamente la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor de Dios al amor del mundo, y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificaron!

5° — El alma que se encomiende por el Rosario, no perecerá.

6° — El que con devoción rezare mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada: y se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracia si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.

7° — Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los auxilios de la Iglesia.

8° — Quiero que todos los que rezan mi Rosario tengan en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y sean participantes de los méritos de los bienaventurados.

9° — Yo libro muy pronto del Purgatorio a las almas devotas del Rosario.

10° — Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.

11° — Todo cuanto se pidiere por medio del Rosario, se alcanzará prontamente.

12° — Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13° — He impetrado de mi Hijo que todos los cofrades del Rosario tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.

14° — Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi unigénito Jesús.

15° — La devoción del Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.


sábado, 3 de octubre de 2026

LA PAZ Y TRANQUILIDAD DE VIVIR EN GRACIA DE DIOS



— No, no es la muerte la que vendrá a buscarme, sino el mismo Dios. La muerte no es un fantasma, ni un espectro horrible, como se la representa en las estampas. 

Está escrito en el catecismo que la muerte es la separación del alma y del cuerpo, nada más. Pues bien: no temo una separación que ha de unirme con Dios toda una eternidad.

 Santa Teresita del Niño Jesús.

 

viernes, 2 de octubre de 2026

2 de Octubre: LOS SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS


La misión primaria de todos los Ángeles es la de adorar incesantemente a la Divinidad, y de aquí que la Iglesia nos permita asociar nuestras voces a las suyas para alabarle, ensalzarle, adorarle y glorificarle. Pero a más de esto han recibido otra misión especial respecto de los hombres, pues según nos lo enseñan la Iglesia, los Santos y los Doctores católicos, al menos desde nuestro nacimiento, todos tenemos un ángel señalado para guardarnos y defendernos de las asechanzas de nuestros enemigos, visibles e invisibles, los demonios, de suerte que ni los paganos, ni los herejes, ni los pecadores se ven privados de este celestial protector. Y no sólo los individuos, sino también de las sociedades e instituciones están confiados al cuidado de los ángeles de suerte que las familias, las parroquias, las diócesis, las provincias, las naciones, las comunidades religiosas las órdenes y congregaciones religiosas y la misma Iglesia tienen su Ángel de la Guarda especial.

Los Ángeles Custodios nos preservan de muchos daños y peligros, alejan de nosotros las ocasiones de pecado, nos inspiran santos pensamientos, nos sostienen en las tentaciones, nos consuela en las aflicciones, nos animan en los desalientos, suscitan remordimientos si no obramos rectamente, interceden por nosotros ante la divina misericordia, etc. Y en fin nos iluminan y sostienen en las enfermedades y sobre todo a la hora de la muerte. San Bernardo resume en tres palabras nuestros deberes para con el Ángel Custodio: Merecen, dice, de nuestra parte, respeto por su presencia, amor por los beneficios que nos dispensan, confianza por la docilidad a sus buenas inspiraciones.


jueves, 1 de octubre de 2026

LA MENTIRA DE "LA SOLA ESCRITURA"


 
La propia Biblia distingue entre la Palabra de Dios transmitida por escrito y la transmitida oralmente. No dice que todo lo que enseñaron los Apóstoles quedó escrito en las Escrituras.

La propia Biblia muestra que la enseñanza apostólica no se limitó a lo escrito.

Primero, San Juan afirma que no todo lo que hizo Jesús quedó escrito: «Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús, que, si se escribieran una por una, pienso que ni aun el mundo podría contener los libros que se escribieran» (Jn 21,25).

Segundo, San Pablo manda expresamente conservar tanto las enseñanzas orales como las escritas: «Manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta» (2 Tes 2,15).

Tercero, San Juan mismo demuestra que la comunicación apostólica no dependía exclusivamente de una carta: «Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no he querido hacerlo con papel y tinta, sino que espero ir a vosotros y hablaros de viva voz» (2 Jn 12). Y nuevamente: «Tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribirte con tinta y pluma; espero verte pronto y hablaremos de viva voz» (3 Jn 13-14).

Por tanto, la Biblia no enseña “solo lo escrito”. Enseña la importancia de conservar fielmente la enseñanza apostólica, recibida tanto por escrito como de viva voz. Esto concuerda con la exhortación de San Pablo: «Conservad las tradiciones» (2 Tes 2,15).

martes, 29 de septiembre de 2026

SUEÑO PROFÉTICO DE DON BOSCO: EL MAL USO DE LOS CELULARES TELEFÓNICOS


 
En el año 1865, San Juan Bosco soñó que había un hombre alto, de color negro y con cuernos, que tenía en su mano "una linterna mágica" con la cual entretenía a los jóvenes

A través de esa "linterna mágica", los jóvenes podían ver cosas divertidas, partidos de fútbol que se habían perdido, pueblos lejanos, libros, familiares, amigos, vacaciones que habían tenido, dinero que les debían, y hasta "escenas pecaminosas", entre otras cosas.

Don Bosco relató que este dispositivo los entretenía tanto que alejaba a estos jóvenes de los sacramentos, especialmente de la confesión y de la comunión.

Este texto se encuentra bien documentado y disponible para el que quiera leerlo, en G. B. Lemoyne, Memorie Biografiche di San Giovanni Bosco, vol. VIII, p. 110.

lunes, 28 de septiembre de 2026

SOBRE LA PUREZA DE LA JUVENTUD (TEXTOS DE SU SANTIDAD PÍO XII)



Varias veces, en diversas ocasiones, Su Santidad Pío XII ha recordado al mundo cristiano, especialmente a la juventud de hoy, las enseñanzas de la Iglesia sobre la castidad. 

En un mundo que muy frecuentemente ha perdido el sentido y la estima de la pureza, bueno será releer y meditar algunas de las palabras con que el Sumo Pontífice supo exaltar esta virtud a los ojos de la juventud de nuestro tiempo. 

Su obligación es siempre actual.

 «Nos, declaramos... a los educadores y a los mismos jóvenes: el mandamiento de la pureza de alma y cuerpo es valedero para la juventud de hoy día, la cual tiene la obligación moral y, con la gracia de Dios, la posibilidad de conservarse pura. Rechazamos, pues, como errónea la afirmación de   quienes consideran como inevitables las caídas durante los años de la pubertad, de las cuales no habría que hacer mucho caso, como si no fuesen culpas graves.

»Por el contrario, es una regla sabia y obligatoria para el educador, el inculcar claramente el mandamiento como tal y su importancia como ley divina, sin por eso dejar de representar ante los jóvenes las nobles cualidades de la pureza, de forma que los lleven a amarla y desearla por sí misma.» (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Unidos todos con una generosa emulación, esforzaos por reintegrar y restaurar la honestidad y la pureza de costumbres en todos los órdenes: en la educación de los niños, en la formación de una juventud pura, sincera, fiel y celosa de su virtud; en todos los órdenes de la vida del trabajo, en las diversiones, esparcimientos y en el deporte. Si no hacéis esto, hay que dar por perdido el honor del pueblo cristiano, hay que dar por perdida la dignidad humana, porque Dios «no nos ha llamado a la impureza, sino a la santidad» (I Thess., 4, 7). (Al pueblo de Roma, 18 de marzo de 1945.) 

Sus motivos profundos.

a) La dignidad humana y cristiana reclama respeto al cuerpo.

«No olvidéis nunca que, por la gracia, lleváis a Dios en vuestra alma; no olvidéis que esta divina presencia os constituye, no solo en cuanto al alma, sino también en cuanto al cuerpo, en templos santos.

»¿No sabéis —escribía San Pablo en su primera carta a los corintios— que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿No sabéis que vuestros miembros son el santuario del Espíritu Santo, que habita en vosotros, el cual habéis recibido de Dios y que ya no os pertenecéis?» (I Cor., VI, 15 y 19).

«El pensamiento consciente de esta inhabitación divina, esta incorporación a Cristo, ha hecho nacer y desarrollarse a través de los siglos, en los pueblos dóciles al Evangelio, un religioso respeto hacia el cuerpo, que se traduce en un conjunto formado   por la compostura de la persona, las maneras,   actitudes, palabras sabiamente compuestas y mesuradas: la modestia... La conciencia y la gracia infunden en el alma como un sentido que vigila contra los peligros que amenazan a la pureza». (A las jóvenes de Acción Católica, 6 de octubre de 1940.)

b) La verdadera libertad cristiana y la alegría.

«Grabad en la conciencia de los jóvenes el concepto puro de la verdadera libertad, digna y característica de una criatura hecha a imagen de Dios, que es algo muy distinto de la corrupción y el desenfreno... La verdadera libertad hace que uno mismo se decida a querer el bien y a realizarlo, enseñoreándose de sus propias facultades e instintos». (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Otros jóvenes, la inmensa mayoría, son llamados por Dios a ser sus cooperadores en la procreación de nuevas vidas. Haced que conozcan la belleza del amor cristiano; y para prepararlos a la formación de una familia honesta y dichosa, haced que sepan apreciar las alegrías de una pureza sin mancha». (A la J. A. C., 8 de septiembre de 1953.)

c) La condición de toda formación cristiana.

«El Jacismo se ha impuesto como tarea la formación de las jóvenes del ambiente rural. Ahora bien: en el primer plano de esta acción educativa hemos de mencionar la regeneración de la institución familiar. Ya en esa edad las condiciones han de ser las siguientes: la reforma de costumbres demasiado libres, el respeto a la joven, la seria preparación para el matrimonio». (A la J. A. C., 7 de mayo de 1950.)

d) La condición para un hogar feliz.

«La educación de la juventud en la castidad de pensamientos y afectos, en la continencia antes del matrimonio, no es el fin último al que tiende la pedagogía cristiana, sino la prueba de su eficacia para formar el espíritu contra los peligros que amenazan su virtud. El joven que se enfrenta con la dificultad y lucha victoriosamente por la pureza, guardará los demás mandamientos de Dios y será apto para fundar una familia conforme a los designios de Dios».

«¿Cómo esperar castidad y fidelidad conyugales de un joven que nunca sabe vencerse a sí mismo, dominar sus pasiones, rechazar las invitaciones pérfidas y los malos ejemplos y que antes del matrimonio se ha permitido toda clase de desórdenes?» (Al clero y predicadores de Roma, 22 de febrero de 1944.)

La estima que hay que tener.

«Prometed a María ser una juventud pura. 

»A vosotros toca el hacer surgir en pos de vosotros una generación nueva, que presente al Creador sobre el altar, el día de la boda, el tesoro de su pureza intacto e incontaminado.

»Ofreced, pues, a María siempre Virgen y Madre, vuestra inquebrantable promesa de santa pureza. Y que Ella, con su todopoderosa protección, os ayude a observarla fielmente hasta el fin». (A la juventud femenina de Roma, 12 de mayo de 1946.) 

Peligros a que está expuesta en el mundo actual.

 «Se puede decir que es unánime la opinión de que la moralidad de mucha gente está en decadencia. Y no solamente de la juventud de las ciudades. También en el campo, donde antaño florecían sanas y vigorosas las buenas costumbres, la degradación moral ha hecho sus estragos; pues muchos elementos que en las ciudades arrastran al lujo y al placer, tienen ya entrada libre en los mismos pueblos. 

»Es superfluo recordar hasta qué punto se ha usado y abusado de la radio y del cine...; hasta qué punto la radio y el cine, el libro malo, la revista licenciosa ilustrada, el espectáculo indecente, el baile inmoral, la inmoralidad de las playas, han contribuido a aumentar la libertad, la mundanidad, la sensualidad de la juventud.

«Los informes que tenemos de otras regiones, muy diversas entre sí, nos señalan en todo esto hogares en que la juventud ha abandonado toda moral y religión. De todo ello el primer responsable es la   destrucción del   matrimonio, cuya funesta consecuencia ha sido el descenso moral de la juventud». (A la Unión de Mujeres Católicas, 24 de julio de 1949.)

 Condiciones para salvaguardarla. 

a) Huida de las ocasiones próximas. 

«El educador cristiano estimulará a la juventud a evitar las ocasiones próximas de impureza...» (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Padres y madres de familia: ¿estáis dispuestos a comprometeros solemnemente a velar, en cuanto podáis, sobre vuestros hijos e hijas, para prepararlos y defenderlos contra todos los peligros que los acechan y para alejarlos de los sitios en que puedan ser arrastrados a la impiedad y a la perversión moral?» (Alocución en la canonización de María Goretti, 24 de junio de 1950.)

b) Hábitos de esfuerzo, de sacrificio y de dominio de sí mismo.

«El educador cristiano animará a los jóvenes a la lucha, sin ocultar la dureza de la misma; los incitará a realizar con valentía los sacrificios que exige la virtud, y los exhortará a perseverar, para no exponerse a abandonar las armas desde el principio sucumbiendo sin resistencia a los malos hábitos». (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.)

«Educad a la juventud en la pureza. Ayudadla cuando necesita una palabra de explicación, un consejo, una dirección. No olvidéis, sin embargo, que una buena educación que abarque toda la vida, que enseñe sobre todo el dominio personal, es también la mejor formación para la castidad». (A las mujeres de la Acción Católica Italiana, 24 de julio de 1949.)

«El pastor de almas... debe formar, hacer crecer e instruir en las luces de la fe a una generación que ya desde sus primeros años ha aprendido a pensar santamente, a vivir castamente y a dominarse a sí misma». (Al clero y predicadores de Roma, 22 de febrero de 1944.)

«Al inmoderado afán de placeres y a la indisciplina moral que trata de invadir las filas de la juventud católica, haciéndola olvidar que lleva en sí una naturaleza caída, triste herencia del pecado original, oponed la educación del dominio personal, del sacrificio y del renunciamiento, la educación de la pureza, en especial durante los años en que el desarrollo va llegando a su madurez«.
  (Radiomensaje al Congreso de Educación Católica de Bolivia, 6 de octubre de 1948.) 

c) La modestia o el pudor cristiano.

«Teniendo en cuenta la nobleza que Cristo ha conferido al misterio de la maternidad, se puede concluir cuál ha de ser la fuerte, valerosa y firme actitud de la joven católica frente a publicaciones o espectáculos audazmente sensuales, que solo dejan ver intrigas, adulterios, lenguaje equívoco, cuando no escándalos desvergonzados por su crudeza.» 

»En vuestra mano está la mejor arma y más poderosa para oponeros a semejantes manifestaciones; esa arma es la abstención absoluta...

»Educad a las jóvenes en esta alta y santa dignidad, fuente de protección franca y eficaz de la integridad física y espiritual, Esta dignidad, esta nobleza valerosa e indomable es un don precioso... que realza el valor moral de la mujer, la cual, en su integridad, no se entrega sino a su esposo para la formación de una familia». (A las jóvenes de Ácción Católica, 24 de abril de 1943.) 

«Oh madres cristianas, si supierais las angustias   y   peligros   interiores, las dudas mal contenidas, las   vergüenzas mal reprimidas que preparáis a vuestros   hijos   y   vuestras   hijas, acostumbrándolos imprudentemente a vivir apenas cubiertos, haciéndoles perder el sentido delicado de la modestia, enrojeceríais de vergüenza, y os avergonzaríais de vosotras mismas y del daño que estáis causando a esos hijos que el cielo os ha confiado a fin de que los eduquéis cristianamente.

 »Y lo que decimos a las madres lo repetimos a tantas mujeres creyentes y aun piadosas, que siguiendo tal o cual moda atrevida, son con su ejemplo causa de que otras hermanas suyas, a quienes retenían alejadas muchas vacilaciones, sigan una moda que puede ser para ellas causa de ruina espiritual. Mientras ciertas toilettes (prendas de vestir) provocativas sigan siendo el triste privilegio de mujeres de dudosa reputación y como la señal que las distingue de las demás, nadie se atreverá a adoptarlas. Mas el día en que esta toilette (prenda provocativa) aparezca en personas al abrigo de toda sospecha, ya no habrá miedo de seguir una corriente que acaso lleve a las peores caídas.

 "Se ha observado muy justamente que si las cristianas sospechasen las tentaciones y caídas de que son causa en los demás con sus vestidos (provocativos) y familiaridades, a las que en su inconsciencia dan tan poca importancia, se llenarían de espanto a la vista de su responsabilidad». (A las jóvenes de Acción Católica, 6 de octubre de 1940.)

 d)   Recurso   a   las   fuerzas   sobrenaturales   (oración   y   sacramentos).   

«La   general experiencia de ayer, de hoy y de siempre, atestigua que en la educación moral ni la iniciación sexual ni la instrucción presentan ventaja alguna, sino al contrario, que es gravemente malsana y perjudicial, a no ser que vaya unida a una constante disciplina, a   un   vigoroso   dominio   de   sí   mismo,   al   empleo   sobre   todo   de   las   fuerzas sobrenaturales de la oración y de los sacramentos. Todos los educadores católicos dignos de este nombre y de su misión conocen perfectamente el papel preponderante de las energías sobrenaturales en la santificación del hombre, joven o adulto, soltero o casado». (A los padres de familia de Francia, 18 de septiembre de 1951.) 

«No olvidéis nunca que esta meta (la conquista de la pureza) no puede alcanzarse sin la ayuda poderosa de los sacramentos de confesión y comunión, cuyo valor sobrenatural educativo no podrá nunca justipreciarse como es debido». (Radiomensaje a Bolivia, 6 de octubre de 1948.)

 «Enseñadles (a los jóvenes) a rezar y a sacar de las fuentes de la Penitencia y Éucaristía lo que la naturaleza no puede dar: la fuerza para no caer, la fuerza para levantarse». (A la Acción Católica Italiana, 23 de marzo de 1952.) 

«Es claro que el que no quiere dominarse a sí mismo no lo podrá nunca, y que el que cree poder dominarse contando tan solo con sus propias fuerzas, sin buscar con sinceridad y perseverancia el auxilio divino, se engaña miserablemente(*)» (A las comadronas italianas, 29 de octubre de 1951.)

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 (*) Estas últimas palabras se referían directamente a la castidad conyugal, pero valen igualmente para la pureza en general.

sábado, 26 de septiembre de 2026

SÚPLICA

 

Ved, Señor, postrado a vuestros pies al que tan poco tuvo en cuenta vuestros dones ni vuestros castigos… ¡Desdichado de mí! Si Vos, Jesús mío, no hubieseis tenido misericordia, muchos años ha que estaría yo en aquel horno pestilente, donde arderán tantos pecadores como yo.

¡Ah Redentor mío! ¿Cómo podría en lo sucesivo ofenderos otra vez? No suceda así, Jesús de mi vida; antes enviadme la muerte. Y ya que habéis comenzado, acabad la obra; ya que me habéis sacado del lodazal de mis culpas y tan amorosamente me invitáis a que os ame, haced ahora que el tiempo que me deis le invierta todo en serviros.

¡Cuánto desearían los condenados un día, una hora de ese tiempo que a mí me concedéis!… Y yo ¿qué haré? ¿Seguiré malgastándole en cosas que os desagraden?…

No, Jesús mío, no lo permitáis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, que hasta ahora me han librado del infierno. Os amo, Soberano Bien, y porque os amo me pesa de haberos ofendido, y propongo no ofenderos más, sino amaros siempre.

Vuestra Sangre y vuestra muerte son, Jesús mío, mi esperanza. Habéis muerto por librarme de la muerte eterna. ¿Y quién, Señor, alcanzó mayor parte en los méritos de vuestra Pasión que este miserable, tantas veces merecedor del infierno?… No permitáis que continúe siendo ingrato a tantas gracias como me habéis concedido.

Librándome del infierno, quisisteis que no ardiese yo en las llamas eternas, sino en el dulce fuego de vuestro amor. Ayudadme, pues, a fin de que cumpla vuestros deseos. Si estuviese en el infierno, no podría amaros.

Pero ya que ahora puedo amar, amaros quiero… Os amo, Bondad infinita; os amo, Redentor mío, que tanto me habéis amado. ¿Como he podido vivir tan largo tiempo olvidado de Vos? Mucho, Señor, os agradezco que Vos no me hayáis olvidado. De no haber sido así, hallaríame ahora en el infierno, o no tendría dolor de mis culpas.

Este dolor de corazón por haberos ofendido, este deseo que siento de amaros mucho, dones son de vuestra gracia, que me, auxilia y vivifica… Gracias, Dios mío.

Espero consagraros la vida que me resta. A todo renuncio, y quiero pensar únicamente en serviros y complaceros. Imprimid en mi alma el recuerdo del infierno que merecí y de la gracia que me disteis, y no permitáis que, apartándome otra vez de Vos, vuelva a condenarme yo mismo a los tormentos de aquella cárcel…

Sois, pues, Dios mío, Sumo Bien, el bien infinito, ¿y yo, voluntariamente, tantas veces os he perdido?… Sabía yo que con mis culpas os enojaba y perdía vuestra gracia, ¡y, sin embargo, las cometí!… ¡Ah, Señor, si no supiese que clavado en la cruz moristeis por mí, no me atrevería a pedir y esperar vuestro perdón!…

 ¡Oh Eterno Padre! No me miréis a mí, mirad a vuestro amado Hijo, que por mí ruega, y oídle y perdonadme.

Muchos años ha que merecí verme en el infierno, sin esperanza de amaros ni recuperar la perdida gracia. Me pesa, Dios mío, de todo corazón, de las injurias que os hice renunciando a vuestra amistad, despreciando vuestro amor por los viles placeres del mundo… ¡Antes hubiera muerto mil veces!… ¿Cómo pude estar tan ciego y tan loco?…

Gracias, Señor, que me dais tiempo de remediar el mal que cometí. Ya que por vuestra misericordia no estoy en el infierno y puedo amaros todavía, deseo amaros, Dios mío. No he de dilatar más mi sincera y firme conversión…

Os amo, Bondad infinita; os amo, vida y tesoro mío, mi amor y mi todo… Acordaos siempre, Señor, del amor que me tuvisteis; y recordadme a mí el infierno en que debiera hallarme, a fin de que este pensamiento me encienda en vuestro amor y me mueva a repetir mil veces que de veras os amo…

Reina y Madre nuestra, María Santísima, rogad a Jesús por mí, y alcanzadme los dones de la perseverancia y del divino amor.

¡Oh Madre de Dios, rogad por este pecador arrepentido! Vuestra intercesión me libró del infierno. Libradme también del pecado, único motivo capaz de acarrearme nueva condenación.

¡Oh María, Reina, esperanza y Madre nuestra, si me viese en el infierno, tampoco podría amaros a Vos!…
Mas ahora os amo, Madre mía, y espero que jamás dejaré de amar a Vos y a mi Dios. Ayudadme y rogad a Jesús por mí.

Amén.

 TOMADO DE: PREPARACIÓN PARA LA MUERTE DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO.