El Juicio Final tendrá lugar después de la resurrección de los muertos. Jesucristo mismo juzgará a todos los hombres: «Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria... serán congregadas delante de Él todas las naciones» (Mt 25,31-32). Dios manifestará públicamente la verdad sobre cada persona, sus obras buenas y malas, incluso aquello que permaneció oculto: «Dios juzgará las acciones secretas de los hombres» (Rom 2,16).
No será porque Dios necesite conocer algo, pues Él conoce perfectamente nuestros corazones, sino para manifestar ante todos su justicia. «Todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo» (2 Cor 5,10). «Los que hicieron el bien saldrán para la resurrección de vida, y los que hicieron el mal, para la resurrección de condenación» (Jn 5,29).
Entonces Cristo separará definitivamente a los justos de los pecadores (Mt 25,33) y pronunciará la sentencia eterna: «Venid, benditos de mi Padre» (Mt 25,34), o «Apartaos de mí, malditos» (Mt 25,41).


















