viernes, 14 de agosto de 2026
¿NO ES ÉSTE EL HIJO DEL CARPINTERO?
Imaginemos, sólo por un instante, que algunas de las categorías de nuestro tiempo bastaran para juzgar la paternidad.
San José podría resultarnos desconcertante.
Tiene autoridad. Obedece y es obedecido. Conduce una casa según un orden que no ha inventado. Cumple respecto del Niño los deberes de la Ley. Lo introduce en la vida concreta de Nazaret y en un oficio. No parece considerar que educar consista en preservar de toda dificultad a quien le ha sido confiado. Y el Evangelio, que conserva palabras de tantos otros, no nos transmite una sola palabra suya.
Acaso la dificultad no esté en José.
Acaso esté en las palabras con que hemos aprendido a mirarlo.
Porque hemos llegado a confundir autoridad con dominio; obediencia con disminución; ternura con complacencia; corrección con rechazo; dificultad con daño. Y, sobre todo, hemos comenzado a confundir el amor al hijo con una cosa distinta: la necesidad de ser aprobado por él.
Platón ya había advertido una forma semejante de desorden: llega un momento en que el padre teme al hijo y el maestro al discípulo; la autoridad, por miedo a contrariar, empieza a buscar permiso de aquel a quien debía formar. No es todavía la tiranía. Es algo anterior y más sutil: la renuncia a conducir.
Muchos siglos después, Hannah Arendt formuló la cuestión desde otro ángulo. Educar significa que el adulto responde ante el niño por un mundo que no empezó con ninguno de los dos. Abdicar de esa responsabilidad no deja al niño libre: lo deja solo frente a fuerzas más impersonales y más poderosas que la autoridad familiar.
Conviene distinguir.
El Evangelio ofrece una frase ante la cual algunas de nuestras equivalencias se deshacen:
«Y les estaba sujeto».
El sujeto es Cristo.
El Verbo encarnado quiso vivir verdaderamente sujeto a María y a José en el orden de aquella casa. No perdió por ello dignidad alguna. La obediencia debida a una autoridad legítima no es servidumbre cuando incorpora al hombre a un orden verdadero; como tampoco la autoridad es dominio cuando permanece ordenada al bien de aquel sobre quien se ejerce.
Éste es el punto decisivo.
La autoridad paterna no tiene por fin perpetuarse. Está ordenada al bien del hijo y, mediante la educación, a su perfección. El padre corrige para que un día la corrección exterior pueda ser sustituida por el gobierno interior de la virtud; protege para que nazca la fortaleza; manda allí donde todavía es necesario mandar para que el hijo aprenda a querer libremente aquello que es bueno.
Por eso la corrupción de la autoridad no consiste en tener «demasiada» autoridad. Consiste en desviarla de su fin.
El padre puede querer ser obedecido no ya por el bien que debe procurar, sino porque la obediencia del hijo confirma su propio poder. Entonces deja de servirse de la autoridad para educar y comienza a servirse del hijo para afirmarse.
Conocemos bien esa deformación.
Pero existe otra, más propia de nuestro tiempo y quizá más difícil de reconocer porque se presenta bajo la apariencia de la ternura.
El padre puede preferir la aprobación del hijo al bien del hijo.
Puede temer tanto contrariarlo que termine renunciando a corregirlo; evitar de tal manera su disgusto que confunda cualquier límite con una herida; necesitar de tal modo ser tenido por un buen padre que convierta, sin advertirlo, al propio hijo en juez de su paternidad.
Tocqueville vio con agudeza que la democratización de las costumbres podía hacer más próxima, confiada y afectuosa la relación entre padres e hijos. Había allí un bien verdadero. Pero precisamente por eso el riesgo era más fino: que la cercanía terminara borrando la asimetría propia de la educación.
Los dos errores parecen contrarios.
No lo son en aquello que tienen de más profundo.
Uno busca en el hijo la confirmación de su poder.
El otro busca en él la confirmación de su bondad.
En ambos casos, el hijo termina sirviendo a una necesidad del padre.
Y amar es precisamente lo contrario.
Amar, enseña Santo Tomás, es querer el bien para otro. También un padre desea legítimamente ser querido por su hijo. Pero ese bien deja de estar ordenado cuando se antepone al bien que su oficio le obliga a procurar.
Hay ocasiones en que amar exigirá abrazar.
Otras, corregir.
A veces habrá que proteger del sufrimiento.
Otras habrá que permitir el encuentro con aquello que cuesta, porque la educación no consiste en preservar al hijo de todo lo arduo, sino en disponerlo para amar el bien incluso cuando el bien cuesta.
Y alguna vez el padre deberá soportar algo particularmente difícil: no ser comprendido por aquel a quien ama.
C. S. Lewis vio también esta paradoja del afecto: el amor que da puede corromperse cuando necesita que el otro siga dependiendo de aquello que recibe. La dádiva deja entonces de ser enteramente gratuita y comienza a reclamar una respuesta que confirme al que da.
Por eso la paternidad tiene una ley extraña: debe servir de tal modo que no necesite perpetuar su propia necesidad.
Es entonces cuando San José adquiere una claridad extraordinaria.
En él la paternidad no aparece como afirmación de sí mismo, sino como custodia.
Custodiar no es poseer.
José recibe una misión que no ha elegido, sobre una vida que no le pertenece y al servicio de un designio cuyo fin lo supera infinitamente.
Nada termina en él.
Trabaja para otros.
Protege a otros.
Se levanta de noche por otros.
Parte cuando se le manda partir.
Regresa cuando se le manda regresar.
Busca al Niño perdido.
Cumple.
Su autoridad es verdadera precisamente porque tampoco él es soberano. José puede conducir porque antes sabe obedecer. No establece el bien; se somete a él.
Y acaso haya en esto una misteriosa conveniencia con su silencio.
El Evangelio no conserva ninguna palabra de José. Conserva sus actos.
No sabemos qué dijo cuando recibió a María. No sabemos qué palabras pronunció camino de Egipto. No sabemos qué conversaciones llenaron el taller de Nazaret.
La Escritura ha querido dejarnos otra cosa: un hombre que escucha y hace.
Y hay una misteriosa conveniencia en que permanezca sin palabras aquel cuya misión entera estuvo al servicio del Verbo.
Después, incluso sus actos desaparecen del relato.
José deja de aparecer.
No está en Caná. No acompaña la predicación pública. No contempla a las multitudes. No comparece cuando el nombre de Jesús comienza a recorrer Galilea.
No sabemos cuándo murió.
Simplemente deja de estar.
También ahí la paternidad revela algo que nuestro tiempo comprende con dificultad.
El padre que verdaderamente sirve al bien confiado no mide el éxito de su misión por la duración de su protagonismo.
Hay un momento en que debe disminuir su intervención.
No porque haya dejado de amar, sino porque aquello que protegió ha crecido.
No porque su autoridad haya sido inútil, sino porque ha producido precisamente aquello para lo que existía.
La crisis moderna del padre no comenzó cuando dejó de mandar; comenzó cuando dejó de responder por aquello que debía entregar.
El poder desea perpetuarse.
El ego desea ser reconocido.
La paternidad sabe retirarse.
José no necesitó ocupar el centro.
Le bastó ocupar su lugar.
Y cuando aquel lugar hubo cumplido su servicio, el Evangelio permitió que el carpintero se retirara en silencio.
Pasaron los años.
Jesús volvió a su tierra y comenzó a enseñar. Los hombres se admiraron. Querían comprender quién era aquel que hablaba con semejante sabiduría.
Buscaron en su memoria.
No recordaron el nombre de un poderoso.
No citaron una escuela.
Recordaron una casa. Un oficio. Un hombre que ya no estaba.
Y preguntaron:
«¿No es éste el hijo del carpintero?»
Tal vez la paternidad recobre su grandeza cuando el padre deja de preguntarse qué recibe de su hijo y vuelve a preguntarse qué bien le ha sido confiado servir.
Porque el hijo no ha sido dado al padre para confirmar quién es el padre.
Ha sido confiado a sus manos para que aprenda a reconocer y amar un bien que los precede a ambos.
José había desaparecido.
Todavía podían reconocer al hijo del carpintero.
Autor: Óscar Méndez Oceguera
jueves, 13 de agosto de 2026
MODERNISMO = RELATIVISMO= CONFUSIÓN
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No se puede obtener harina de trigo si al molino se le entrega tierra. Del mismo modo, no se puede esperar una vida cristiana sólida cuando la inteligencia ha sido alimentada con errores, ambigüedades y doctrinas falsas. La voluntad necesita de la verdad para obrar bien. Por eso, la batalla decisiva comienza en la inteligencia: hay que devolver al alma la verdad católica, íntegra, clara y sin adulteraciones.
Recomendamos que te instruyas con el estudio del Catecismo de San Pío X que está libre de todo modernismo.
miércoles, 12 de agosto de 2026
martes, 11 de agosto de 2026
EL MILAGRO DE LA VIDA por Jérôme Lejeune
"Un mes despues de la concepción, un ser humano mide de largo un sexto de pulgada. El diminuto corazón ya ha comenzado a latir desde hace una semana, y los brazos, piernas, cabeza y cerebro ya han comenzado a tomar forma. A los dos meses, el niño ya cabe en una cáscara de nuez: acurrucado, la persona mide poco más que una pulgada. Dentro de tu puño cerrado, la persona sería invisible, y podrían aplastarlo sin tener intención de ello incluso sin darte cuenta. Pero si abres tu mano, la persona está prácticamente completa, con manos, pies, cabeza, órganos internos, cerebro, todo en su sitio. Todo lo que necesita es crecer. Mirando incluso más cerca con un microscopio estándar, puedes ser capaz de ver sus huellas dactilares. Todo lo necesario para establecer su identidad ya está en su lugar".
-Jérôme Lejeune. (Montrouge, 13 de junio de 1926 - París, 3 de abril de 1994) fue un famoso médico pediatra, francés, reconocido como una gran eminencia como genetista por ser el investigador principal en el descubrimiento de la trisomía 21 (causa del síndrome de Down).
lunes, 10 de agosto de 2026
DIOS TE AMA
"Te llama por tu nombre, seas quien seas, Dios se fija en ti a titulo individual. Te llama por tu nombre.
Te ve y te comprende tal como te hizo. Sabe lo que hay en ti, conoce todos los pensamientos
y sentimientos que te son propios, todas tus disposiciones y gustos, tu fuerza y tu debilidad.
Te ve en tus días alegres y también en los de tristeza. Se solidariza con tus esperanzas y tus tentaciones. Se interesa por todas tus ansiedades y recuerdos, por todos los altibajos de tu espíritu.
Ha contado los cabellos de tu cabeza y ha medido tu estatura. Te rodea con sus cuidados y te lleva en sus brazos, te alza y te deposita en el suelo.
Ve tu auténtico semblante ya esté sonriendo
o cubierto de lágrimas, sano o enfermo. Vigila con ternura tus manos y tus pies, oye tu voz, el latido de tu corazón y hasta tu respiración.
Tú no te amas a ti mismo más de lo que Él te ama".
John Henry Cardenal Newman
sábado, 8 de agosto de 2026
DESOLACIÓN
"DIOS permite, algunas veces, que sus elegidos queden PRIVADOS de CONSOLACIONES al punto de no encontrar descanso ni en la ORACIÓN. No te asombres de este triste estado: DIOS lo ve y lo permite, y a menudo es su autor. ¿Jesucristo no fue, acaso, sumergido en esta tristeza mortal en el HUERTO DE LOS OLIVOS y en la CRUZ, cuando dulcemente se quejaba de su PADRE lo hubiera abandonado? Cuando estés en ese estado de DESOLACIÓN, resígnate generosamente a la voluntad de DIOS, y resuélvete a sufrir por todo el tiempo que a ÉL le plazca. REZA con humildad, continúa tus ejercicios de PIEDAD: si los haces con menos gusto y consuelo, los harás con más mérito.
Cuando DIOS permite que así seas privado de todo CONSUELO, ÉL lo hace, ya para castigar tu TIBIEZA, ya para darte a entender que la DEVOCIÓN sensible, que antes tenías, era un don de su pura bondad; o para hacerte estimar las CONSOLACIONES, que menospreciarías si fueran continuas: o, en fin,para darte ocasión a que adquieras mayores méritos. Busca, pues, con santa diligencia, al Esposo de las almas. "SE OCULTA CUANDO SE LO BUSCA, A FIN DE QUE, NO ENCONTRÁNDOLO, SE REDOBLE EL ARDOR".
San Gregorio Magno
viernes, 7 de agosto de 2026
LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO
El Colegio Americano de Pediatras (ACPeds, por sus siglas en inglés) ha presentando la siguiente declaración sobre identidad de género en los niños:
El Colegio Americano de Pediatras insta a los educadores y legisladores a rechazar todas las políticas que condicionan a los niños a aceptar como normal una vida de personificación química y quirúrgica del sexo opuesto. La realidad se determina en base a hechos, no a ideologías.
1. La sexualidad humana es un rasgo biológico binario objetivo: “XY” y “XX” son marcadores genéticos de salud; no marcadores genéticos de un trastorno. La norma para el diseño humano es la de ser concebido como hombre o como mujer. La sexualidad humana es binaria por diseño y su intención obvia es la reproducción y el florecimiento de nuestra especie. Este principio es evidente. Los Trastornos de Diferenciación Sexual (TDS), son extremadamente raros; incluyen pero no se limitan a la feminización testicular y a la hiperplasia suprarrenal congénita, y son desviaciones médicamente identificables de la norma binaria sexual y justamente reconocidos como trastornos del diseño humano. Los individuos con TDS no constituyen un tercer sexo.
2. Nadie nace con un género. Todo el mundo nace con un sexo biológico. Género (la conciencia y el sentido de sí mismo como masculino o femenino) es4 un concepto sociológico y psicológico; no objetivamente biológico. Nadie nace con una conciencia de sí mismo como hombre o como mujer. Esta toma de conciencia se desarrolla con el tiempo y, como todos los procesos de desarrollo, puede desviarse debido a las percepciones subjetivas, las relaciones y las experiencias adversas que experimente un niño desde y a partir de su infancia. Las personas que se identifican a sí mismas como teniendo “la sensación de pertenecer al sexo opuesto” o a “algún punto intermedio” no componen un tercer sexo. Siguen siendo biológicamente hombres o biológicamente mujeres.
3. La creencia que tenga una persona de ser algo que él o ella realmente no es se constituye, en el mejor de los casos, en un signo de pensamiento confuso. Cuando un niño que por lo demás es biológicamente sano cree que es una niña; o una niña que por lo demás es biológicamente sana cree que es un niño, existe un problema psicológico objetivo –en la mente, no en el cuerpo–, y debe ser tratado como tal. Estos niños sufren de Disforia de Género. La Disforia de Género (DG), anteriormente conocido como Trastorno de Identidad de Género (TIG), es un trastorno mental reconocido en la más reciente edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-V). La teoría psicodinámica y la de aprendizaje social del DG / TIG nunca han sido desmentidas.
4. La pubertad no es una enfermedad y el uso de supresores hormonales en la pubertad puede ser peligroso. Sea de carácter reversible o no, el bloqueo hormonal de la pubertad induce a un estado de enfermedad –la ausencia de la pubertad– e inhibe el crecimiento y la fertilidad en un niño que previamente estaba biológicamente saludable.
5. De acuerdo con el DSM-V, hasta el 98% de los varones con confusión de género y el 88% de las niñas con confusión de género eventualmente aceptan su sexo biológico tras pasar por la pubertad de manera natural.
6. Los niños que utilizan supresores de la pubertad para personificar al sexo opuesto requerirán el uso de terapia de reemplazo hormonal en la adolescencia tardía. La terapia de reemplazo hormonal está asociada con peligrosos riesgos para la salud, que incluyen, pero no se limitan, a presión arterial alta, coágulos en la sangre, accidente cerebro vascular y cáncer.
7. Las tasas de suicidio es veinte veces mayor en los adultos que usan terapia de reemplazo hormonal y que se someten a cirugía de reasignación de sexo, incluso en Suecia, que se encuentra entre los países que brinda mayor apoyo y afirmación a los LBGT. ¿Qué persona compasiva y razonable sería capaz de condenar a niños pequeños a este destino sabiendo que después de la pubertad hasta el 88% de las niñas y el 98% de los niños eventualmente aceptarán la realidad y alcanzarán un estado de salud física y mental?
8. Condicionar a los niños en la creencia de que una vida de suplantación química y quirúrgica de su sexo es normal y saludable es abuso infantil. Avalar la disforia de género como normal a través de la educación pública y de políticas legales confundirá a los niños y a sus padres, lo cual conlleva a que un mayor número de niños acuda a “clínicas de género” en las cuáles le administrarán supresores hormonales. Esto, en consecuencia, prácticamente garantiza que ellos “elegirán” someterse a toda una vida bajo los efectos cancerígenos y diversamente tóxicos de las drogas de reemplazo hormonal, y que, como jóvenes adultos, muy probablemente considerarán la innecesaria mutilación quirúrgica de partes sanas de su cuerpo.
Michelle A. Cretella, M.D.
Presidente del Colegio Americano de Pediatras
Quentin Van Meter, M.D.
Vice Presidente del Colegio Americano de Pediatras
Endocrinólogo Pediátrico
Paul McHugh, M.D.
Profesor distinguido por la Universidad del Servicio de Psiquiatría de la Escuela de Medicina del Johns Hopkins y anterior jefe de psiquiatría del Hospital Johns Hopkins
jueves, 6 de agosto de 2026
miércoles, 5 de agosto de 2026
EL CÁNTICO DEL HIJO NO NACIDO (La Sangre que clamó antes de conocer la luz)
Por Óscar Méndez Oceguera
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I — EL LATIDO QUE TODAVÍA NO TENÍA NOMBRE
Antes de que mis ojos
aprendieran el color de tu rostro,
antes de que mis manos
buscaran la forma de las tuyas,
antes de que mi voz
pronunciara una sola sílaba,
yo vivía.
No como promesa vacía.
No como posibilidad incierta.
No como sueño suspendido.
Vida verdadera.
Alma recibida.
Ser querido desde la eternidad.
“No era recuerdo.
No era proyecto.
Era alguien.”
No conocía el viento.
No conocía la lluvia.
No conocía el alba.
Pero ya conocía tu sangre.
Porque en ella
había comenzado mi historia.
⸻
II — EL SANTUARIO HERIDO
No existe templo más oculto
que aquel donde un hombre comienza.
No de piedra.
No de cedro.
No levantado por manos.
Carne que resguarda carne.
Vida que hospeda vida.
“Todo el universo
con sus montañas,
sus mares
y sus estrellas,
nunca fabricó un recinto
más digno que un vientre materno.”
Allí
la sangre debía alimentar.
El corazón debía custodiar.
El cuerpo debía proteger.
Pero el refugio
aprendió el lenguaje del rechazo.
“La casa
conoció el miedo del huésped.”
“El nido
olvidó para qué fueron hechas las alas.”
Y donde la naturaleza
había escrito hospitalidad,
el hombre escribió expulsión.
⸻
III — LA INVERSIÓN DEL ORDEN
El árbol
no devora su semilla.
La fuente
no bebe su propio cauce.
El río
no asciende hacia la montaña.
La tierra
no rechaza la lluvia.
Todo cuanto existe
custodia aquello
de donde nace la vida.
Sólo el hombre
aprendió a levantar la mano
contra su propio principio.
“Lo que debía alimentar,
hirió.”
“Lo que debía cubrir,
desnudó.”
“Lo que debía decir:
vive,
pronunció:
desaparece.”
No fue la naturaleza.
Fue su negación.
No fue el instinto.
Fue su corrupción.
No fue necesidad del ser.
Fue ruptura del amor.
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IV — EL SILENCIO DE LOS QUE NO LLORARON
Cuando cae un soldado,
las campanas responden.
Cuando muere un rey,
la historia detiene la pluma.
Cuando desaparece una ciudad,
las generaciones conservan su memoria.
Pero cuando un hijo
es arrancado del lugar
donde comenzaba su existencia,
el mundo
aprendió a callar.
“No hubo duelo.”
“No hubo nombre.”
“No hubo sepultura.”
Sólo una ausencia
administrada como si fuera progreso.
Sólo una estadística
que sustituyó un rostro.
Sólo un lenguaje
capaz de esconder
lo que las manos hacían.
“La palabra
cubrió la sangre.”
“El argumento
ocultó el grito.”
“La técnica
silenció la conciencia.”
Y el silencio
terminó pareciendo paz.
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V — LA MADRE QUE TAMBIÉN LLORA
Ningún corazón
fue creado
para olvidar a su hijo.
Puede convencerse.
Puede justificarse.
Puede endurecerse.
Pero no puede dejar
de haber sido madre.
“Hay lágrimas
que no encuentran los ojos.”
“Hay duelos
que se esconden
dentro del pecho
durante toda una vida.”
La memoria
permanece donde la razón
cree haber vencido.
Porque el amor
es más antiguo
que todas las ideologías.
Y la sangre
recuerda
lo que las palabras
quisieron borrar.
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VI — EL PADRE AUSENTE
También hubo un hombre.
No siempre violento.
No siempre cruel.
Muchas veces
simplemente ausente.
El que debía permanecer,
huyó.
El que debía proteger,
calló.
El que debía responder,
entregó su autoridad
al miedo.
“Muchos hijos
murieron
porque primero
murió el padre.”
No el cuerpo.
La responsabilidad.
No la fuerza.
El coraje.
Y cuando el padre
abandona su lugar,
el mundo entero
queda un poco
más huérfano.
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VII — EL CIELO QUE NO OLVIDA
Ningún nombre
se pierde delante de Dios.
Lo que el mundo
registró como procedimiento,
el cielo
lo llamó por su verdadero nombre.
Lo que los hombres
redujeron a decisión,
el Amor eterno
lo conoció
como una persona.
“Ninguna vida
desaparece en la nada.”
“Ninguna alma
es olvidada
por quien la llamó al ser.”
La tierra
puede negar una tumba.
La historia
puede negar una página.
Los hombres
pueden negar un rostro.
Pero Dios
no olvida
aquello
que amó desde siempre.
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VIII — EL RECLAMO
¿Quién devolverá
el primer abrazo?
¿Quién enseñará
a aquellos labios
el nombre de su madre?
¿Quién pondrá
en aquellas manos
el pan que nunca tocaron?
¿Quién devolverá
los cumpleaños
que jamás amanecieron?
¿Quién responderá
al silencio
de millones
de hijos sin memoria?
“No preguntan con odio.”
“No acusan con venganza.”
Sólo esperan
que el hombre
recuerde
quién era
antes de aprender
a llamar derecho
a lo que destruye la justicia.
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Porque ninguna civilización
permanece
cuando convierte
el santuario
en matadero.
Ninguna libertad
permanece
cuando rompe
la primera alianza
del amor.
Ningún progreso
merece ese nombre
si comienza
por borrar
al más pequeño.
⸻
“Toda madre
fue creada
para decir:
vive.”
“Todo padre
fue creado
para responder:
yo te guardaré.”
“Todo hijo
fue creado
para escuchar,
algún día,
la primera palabra
que ninguna ley
podrá sustituir:
Bienvenido.”
⸻
Y mientras exista
un solo niño
a quien se le niegue
la aurora,
la tierra
seguirá esperando
que el hombre
vuelva a aprender
el significado
de una palabra
más antigua
que todas las constituciones,
más alta
que todos los imperios,
más fuerte
que toda voluntad de poder:
Padre.
Y otra,
que sostiene
al mundo entero
desde el principio:
Madre.
martes, 4 de agosto de 2026
SAN JUAN BAUTISTA VIANNEY, "EL CURA DE ARS".
Nació cerca de Lyon el año 1786. Tuvo que superar muchas dificultades para llegar por fin a ordenarse sacerdote. Se le confió la parroquia de Ars, en la diócesis de Belley. Estaba dotado de unas cualidades extraordinarias como confesor, lo cual hacía que los fieles acudiesen a él de todas partes, para escuchar sus santos consejos. Murió el año 1859.
Su padre era el dueño de una finca
Sería un error contemplar a la familia Vianney como ignorantes . Sin duda alguna ambos padres y los niños pasaban días arduos en los campos y viñedos, pero la conciencia de que por varios siglos esta tierra había pertenecido a los Vianneys , inspiraba a la familia con un legítimo orgullo y disfrutaban de la estima de todos aquellos que les conocían.
Desde muy niño sus padres lo llevaban a los campos, donde aprendió a ser pastor y, cuando era mayorcito se iba a cuidar los rebaños
Muchos dicen que era torpe, para no decir estúpido. Sin embargo no puede haber algo mas lejos de la realidad. Su juicio nunca estuvo errado, pero su memoria era pobre. El mismo decía : "Que no podía guardar nada en su mala cabeza".
Juan Bautista, a pesar de estar exento por ser seminarista, fue llamado para el ejército. El joven Vianney fue mandado a los regimientos de España. Sus padres trataron de encontrar un substituto y por la suma de 3,000 francos un joven se voluntarizó para ir en su lugar pero se arrepintió al último minuto.
El invierno era recio y una fiebre altísima lo atacó lo que provocó que muy pronto no pudiese seguir avanzando. Entrando, en un cobertizo que le dio cobijo, se sentó sobre su bolsa y comenzó a rezar el Rosario. Dijo tiempo después que "Quizás nunca lo recé con tanta confianza". De pronto un extraño se le presentó frente a él y le preguntó: "¿qué estás haciendo aquí?". Juan Bautista le contó lo que le había pasado y desde ese momento el extraño cargó su pesada bolsa y le dijo que le siguiese. Llegaron a la casa de un labrador y allí estuvo por varios días hasta que se le pasó la fiebre. Mientras estaba en cama por primera vez pasó por su mente la realidad de que sin haber sido culpa suya, el era ahora un desertor.
En el 1810 un decreto imperial concedió amnistía a todos los desertores de los años 1806 a 1810. Juan Bautista estaba cubierto por este decreto así que era libre de regresar a casa y terminar sus estudios.
Su inadecuado conocimiento del latín le hizo imposible captar lo que los profesores decían o responder a las preguntas que le eran hechas. Al final de su primer término le pidieron que se marchara, y su dolor y desaliento eran inmensos. Por algún tiempo pensó en irse a una de tantas congregaciones de hermanos religiosos; sin embargo una vez más el Padre Balley vino en su rescate y sus estudios le fueron dados en privado en Ecculy. Pero no pasó el examen previo a la ordenación. Un examen privado en la rectoría de Ecculy probó ser más satisfactorio y fue tomado como suficiente, siendo juzgadas justamente sus cualidades morales que sobrepasaban cualquier falta académica.
En los círculos clericales, Ars era mirado como un tipo de Siberia. El distrito era torpe, la desolación espiritual era aún mayor que la material. En los primeros días de Febrero de 1818, que el Abbe Vianney recibió la notificación oficial de su traslado a Ars. El Vicario General le dijo: "No hay mucho amor en esa parroquia, tu le infundirás un poco". El 9 de febrero, M. Vianney se dirigió hacia el lugar que sería por los siguientes 41 años el lugar de su sorprendente y sin precedente actividad. Caminó 38 Km. desde Ecculy hasta Ars. Le seguían en un carretón una cama de madera, un poco de ropa y los libros que le dejó el Padre Balley. Cuando pudo divisar la pequeña villa, hizo un comentario de su pequeñez y al mismo tiempo hizo una profecía: "La parroquia no será capaz de contener a las multitudes que vendrán hacia aquí".
Sobre todo el oraba y añadía a la oración las más austeras penitencias. Hizo sus propios instrumentos de penitencia. Su cama era el piso ya que la cama que trajo de Ecculy la regaló.
Pasaría sin comer varios días. Hasta el 1827 no había nadie que hiciese las labores domésticas en la rectoría. Su plato principal eran papas y en ocasiones hervía un huevo. Hubo una ocasión en la que trató de vivir de hierba, pero luego confesó que tal dieta era imposible.
El Santo Cura gozaba de la belleza de las praderas y los árboles, pero amaba mucho más la belleza de la Casa de Dios y las solemnidades de la Iglesia. Empezó por comprar un altar nuevo, con sus propios ahorros, y el mismo pintó el trabajo de madera con el que las paredes estaban adornadas.
Se hizo el propósito de restaurar y dar mayor esplendor a lo que el llamaba: "Los muebles de la Casa de Dios". Para el Señor compró lo mejor en encajes , telas, tejidos para hacer las vestimentas sacerdotales, que aun se pueden admirar en Ars.
sus sermones e instrucciones le costaban un dolor enorme: su memoria no le permitía retener, así que pasaba noches enteras en la pequeña sacristía, en la composición y memorización de sus sermones de Domingo; en muchas ocasiones trabajaba 7 horas corridas en sus sermones.
Un parroquiano le preguntó una vez, porqué cuando predicaba hablaba tan alto y cuando oraba tan bajo, y él le dijo: "Ah, cuando predico le hablo a personas que están aparentemente sordas o dormidas, pero en oración le hablo a Dios que no es sordo" .
Los niños le daban aún más lástima que los adultos y comenzó a agruparlos en la rectoría y luego en la iglesia, tan temprano como las 6 de la mañana, porque en el campo el trabajo se inicia al amanecer. Era bien disciplinado y les demandaba que se supiesen el catecismo palabra por palabra.
En esos días la profanación del Domingo era común y los hombres pasaban la mañana trabajando en el campo y las tardes y noches en los bailes o en las tabernas. San Juan luchó en contra de estos males con gran vehemencia.
"La taberna, declaró el santo en uno de sus sermones, es la tienda del demonio, el mercado donde las almas se pierden, donde se rompe la armonía familiar, donde comienzan las peleas y los asesinatos se cometen. En cuanto a los dueños de las tabernas, el demonio no les molesta tanto, sino que los desprecia y les escupe".
Tan grande fue la influencia del Cura de Ars, que llegó una época donde toda taberna de Ars tuvo que cerrar sus puertas por la falta de personas. En tiempos subsecuentes, modestos hoteles se abrieron para acomodar a los extraños, y a estos el Santo Cura no se opuso.
Quería tener buenas escuelas en el pueblo y para comenzar abrió una escuela gratis para niñas a la que llamó "Providencia". Desde 1827 recibió como internas solo a niñas destituidas. Para ellas tenía que encontrar comida y más de una vez intervino el Señor milagrosamente, multiplicando el grano o la harina. Durante 20 años iba todos los días a cenar a esta casa.
Cuando el Papa Pío IX definió el Dogma de la Inmaculada Concepción, nuestro santo pidió a los habitantes del pueblo que iluminasen sus casas de noche, y las campanas de la iglesia resonaron por horas de horas. Al ver esta luminosidad desde los pueblos cercanos, pensaron que el pueblo estaba en llamas, y acudieron a apagar el supuesto fuego. Hasta el día de hoy existe un sombrero de plata cerca de la estatua de la Virgen donde están escritos los nombres de todos los parroquianos de Ars.
Por un periodo de 35 años el santo Cura de Ars fue asaltado y molestado, de una manera física y tangible, por el demonio.
Los ataques del demonio comenzaron en el invierno de 1824. Ruidos horribles y gritos estrepitosos se oían fuera de la puerta del presbíterio, viniendo aparentemente del pequeño jardín de enfrente. Al principio el Padre Vianney pensó que eran salteadores que venían a robar, y a la siguiente noche le pidió a un señor que se quedase con él. Después de medianoche se comenzó a escuchar grandes ruidos y golpes contra la puerta de enfrente, parecía como si varios carros pesados estaban siendo llevados por los cuartos. El señor André buscó su pistola, miró por la ventana, pero no vio nada, solo la luz de la luna. Decía: "por 15 minutos la casa retembló y mis piernas también", nunca más quiso quedarse en la casa.
Esto ocurría casi todas las noches. Aún ocurría cuando el santo cura no estaba en el pueblo. Una mañana el demonio incendió su cama. El santo se disponía a revestirse para la Santa Misa cuando se oyó el grito de "fuego, fuego". El solo le dio las llaves del cuarto a aquellos que iban a apagar el fuego. Sabía que el demonio quería parar la Santa Misa y no se lo permitió.
Lo único que dijo fue "El villano, al no poder atrapar al pájaro le prende fuego a su jaula". Hasta el día de hoy los peregrinos pueden ver, sobre la cabecera de la cama, un cuadro con su cristal con las marcas de las llamas de fuego.
El propósito de todo esto era el de no dejar dormir al Santo Cura para que se cansara y no pudiese estar horas en el confesionario, donde le arrancaba muchas almas de sus garras. Pero para el 1845 estos ataques cesaron casi por completo. La constancia de nuestro santo ante estas pruebas fue recompensada por el Señor con un poder extraordinario que le concedió de expulsar demonios de las personas poseídas.
El santo sacerdote se puede decir que pasó su vida en una continua batalla con el pecado a través de su trabajo en el confesionario. El gran milagro de Ars era el confesionario.
Miles de personas acudían al pueblo de Ars para ver al Santo Cura, pero especialmente para confesarse con él.
Se puede decir que el confesionario era su morada habitual, pasaba de 11 a 12 horas en el confesionario.
El cúlmen de los peregrinajes se alcanzó en 1845, llegaban de 300 a 400 visitantes todos los días. En el último año de la vida del Santo Cura el número de peregrinos alcanzó el asombroso número de 100 a 120 mil personas.
Una tentación le persiguió casi por toda su vida en Ars, y esta era el deseo de la soledad. Con toda sinceridad, M. Vianney se sentía incapaz para su oficio en Ars. El año anterior a su muerte le dijo a un misionero: "Tú no sabes lo que es pasar del cura de almas al tribunal de Dios". En el 1851 le rogó a su obispo que lo dejase renunciar. En tres ocasiones llegó hasta irse del pueblo, pero siempre regresó.
El mes de Julio de 1859 fue extremadamente caluroso, los peregrinos se desmayaban en grandes cantidades, pero el santo permanecía en el confesionario. El viernes 29 de Julio, fue el último en el que apareció en la iglesia. Esa mañana entró en el confesionario como a la 1:00 a.m. Pero después de haberse desmayado en varias ocasiones, le pidieron que descansara. A la 11:00 dio catecismo por última vez.
Una hora después de medianoche, aproximadamente, pidió ayuda: "Es mi pobre fin, llamen a mi confesor". La enfermedad progresó rápidamente. En la tarde del 2 de Agosto recibió los últimos sacramentos: "Qué bueno es Dios; cuando ya nosotros no podemos ir más hacia El, El viene a nosotros" .
Veinte sacerdotes con velas encendidas escoltaron al Santísimo Sacramento, pero el calor era tan sofocante que tuvieron que apagarlas. Con lágrimas en los ojos dijo: "Oh, que triste es recibir la Comunión por última vez".
En la noche del 3 de Agosto llegó su obispo. El santo lo reconoció pero no pudo decir palabra alguna. Hacia la medianoche el fin era inminente. A las 2:00 a.m. del Sábado 4 de Agosto de 1859, cuando una tormenta azotaba el pueblo de Ars, el Obispo M.Monnin leía estas palabras: "Que los santos ángeles de Dios vengan a su encuentro y lo conduzcan a la Jerusalén celestial", el Cura de Ars encomendó su alma a Dios.
Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia de Ars
El 8 de Enero de 1905, el Papa Pío X, Beatificó al Cura de Ars; y en la fiesta de Pentecostés Mayo 31 de 1925, en presencia de una gran multitud, el Papa Pío XI pronunció la solemne sentencia: "Nosotros declaramos a Juan María Bautista Vianney que sea santo y sea inscrito en el catálogo de los santos".
El santo cura de Ars (doblada al español)
sobre la extraordinaria vida, el ministerio sacerdotal y la espiritualidad de San Juan Vianney, también conocido como el Cura de Ars. Filmada en Ars, Francia.
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