jueves, 11 de abril de 2019

TESTIMONIO DE UN GINECÓLOGO


En los últimos meses he leído en redes sociales algunos argumentos relacionados con el bebé que no ha nacido que quiero comentar. He leído que son solo células. He leído que no es un ser humano. He leído que no es un ser vivo. He leído que no es un ser con conciencia. Y he leído que por todo lo anterior esas células no tienen ningún derecho que debamos respetar. Ante todas esas cosas que he leído, yo quiero dar mi testimonio:

Soy ginecólogo desde hace 30 años. Desde 1988 he dado consulta a muchas mujeres que han depositado su confianza en mí. He cuidado sus embarazos. He atendido los nacimientos de sus hijos. No pocos de esos bebés que recibí ya crecieron y ahora son padres y en algunos casos he atendido ya el nacimiento de sus propios hijos.

En todos estos años, a muchas pacientes les he tomado ultrasonido desde muy temprano en su embarazo, como parte del cuidado médico que les proveo. Pero en el camino he atestiguado muchas otras cosas que van más allá de la sola apreciación médica y se las quiero comentar:

He visto el corazón de los bebés latir desde muy temprano, con fuerza, con tanta fuerza que no es raro que veamos primero el latido que al bebé mismo.

Los he visto a las 7 semanas dar pequeños saltos sobre su espalda.

Los he visto a las 9 semanas mover sus brazos y sus piernas, mover su cuerpo entero, echar maromas, saltar y brincar, ponerse de frente y ver su cara, ponerse de perfil, abrir su boca y hacer tantos gestos tan comunes y familiares para cualquier ser humano.

Los he visto completos, con cerebro y corazón, con ojos, oídos y boca. Los he visto con manos y pies, con líquido en el interior de su estómago, con orina en su vejiga. He visto las cavidades de su corazón bombeando sangre a su cuerpo entero. He visto como se tocan con sus manos, como doblan sus rodillas, como las extienden y se estiran como si estuvieran en un columpio.

Los he visto crecer dentro del vientre, los he visto cuando bostezan y los he visto tener hipo. Los he visto mover sus músculos respiratorios. Los he visto hacer puños con sus manos y los he visto mover sus ojos. Esperando el momento de nacer.

Y ahí, al verlos dentro del vientre, he podido reconocer que son más que solo células, he reconocido un ser vivo, con su propia fisiología, con su propia estructura. He visto un ser humano. He visto un ser de mi especie, solo que menor que yo, un ser que es un continuo en el tiempo con el ser que será en el futuro. Un ser que no es solo potencial, sino que es realidad ya ahí en el vientre de su madre, tal como el niño pequeño que, aunque es potencial para el futuro, ya es realidad en su presente infancia. Cierto, no es un ser humano consciente de su entorno, cómo no lo es el recién nacido, o el niño que tiene unos días o semanas de vida, o como el adulto mayor que ha perdido algunas de sus funciones cognitivas. Pero es un ser humano, tanto como ellos, igual que ellos, simplemente es un ser humano.

He visto a esos embriones convertirse en fetos, y a esos fetos nacer, y los he visto luego venir con sus padres, ya como niños, a mi consulta, a ver el milagro de tener uno, dos o más hermanitos. Y los he visto crecer y hacerse hombres y mujeres de bien. Y los he visto hacerse a su vez madres y padres que aman la vida que les fue dada y la vida que ahora dan.

He visto a muchos padres y madres llorar de alegría al ver a su hijo por primera vez en una pantalla, y los he visto ser inmensamente felices cuando nacen. Y muchas veces los he escuchado cómo ese bebé ha cambiado sus vidas, y cómo están ahora dispuestos a dar su vida por amor a su pequeño. No es retórica. Cualquier padre lo sabe, cualquier madre lo entiende. Dispuesto, dispuesta a morir por amor a su bebé.

Y he visto casos de mujeres que de pronto se encontraron con una realidad que no esperaban, con un embarazo no planeado, con un bebé que no creían se presentara en el camino. A veces ellas solas, y por solas más valientes. Pero cuando han tomado conciencia de lo trascendente que viven y han aceptado la llegada del bebé, y han continuado a mi cuidado, no he visto a una sola mujer arrepentirse de dar vida, no he visto una sola, que después de algunos años, no vea en su hijo o en su hija lo más valioso de su vida. Jamás, jamás he escuchado a una sola decir: “hubiera preferido no tenerlo”.

Después de dar este testimonio, solo espero que quienes piensan diferente lo hagan por ignorancia, ojalá que sea por falta de información.

No argumenten que son solo células, no argumenten que no es un ser vivo, no argumenten que no es un ser humano o que no tiene conciencia. No insulten su propia inteligencia con esos argumentos, que son tan falsos y vacíos que es increíble que un ser humano con conciencia si quiera los tome en cuenta.

Dr. Sergio Villarreal

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