CORAZÓN DE MI CORAZÓN
sábado, 22 de agosto de 2026
CORAZÓN DE MI CORAZÓN (Al Corazón Inmaculado de María en el día de su celebración).
CORAZÓN DE MI CORAZÓN
(Al Corazón Inmaculado de María en el día de su celebración).
⸻
¿Tenemos raíz sobre la tierra?
Yo lo pregunto.
Pregunto a las flores
que por la mañana se entrelazan
y al caer la tarde inclinan el rostro.
Pregunto al jade.
También el jade se quiebra.
Pregunto al oro.
También el oro se rompe.
Pregunto a la pluma preciosa.
También ella se desgarra
y el viento la lleva.
Sólo un poco aquí.
Sólo un poco
nos prestamos nuestros rostros.
¿También mi corazón
habrá venido solamente
para desaparecer?
¿También mi canto
será como pintura
que el agua borra?
¿Adónde iré?
¿Dónde está la casa
de Aquel por quien se vive?
⸻
Mucho tiempo
levanté hacia lo alto mi canto.
Allá,
en el interior del cielo,
buscaba una palabra verdadera.
Una palabra con raíz.
Una flor que no mintiera
prometiendo permanecer.
Y ahora,
Madre,
he sabido de tu Corazón.
Y mi canto
se ha quedado suspenso.
Porque tú también escuchabas.
Tú también guardabas.
Pero las cosas que entraban en tu corazón
no las entregabas al viento.
Las recogías dentro.
Las juntabas.
Las volvías silencio.
Las guardabas.
Las guardabas.
⸻
¿Qué guardabas, Madre?
¿Flores?
Más que flores.
¿Cantos?
Más que cantos.
Guardabas las palabras
del Hijo.
Guardabas sus pasos.
Guardabas su mirada.
Guardabas aquello
que todavía no comprendías
y lo dejabas descender,
más adentro,
más adentro,
hasta el lugar
donde una madre escucha
lo que no puede decir.
⸻
Por eso quiero acercar
mi pobre canto a tu Corazón.
Porque yo he preguntado:
¿tiene raíz lo verdadero?
Y en ti encuentro
una respuesta que me sobrepasa.
El que da raíz a cuanto existe
echó en ti su raíz humana.
El que no cabe
en casa alguna
quiso tener casa en ti.
El que alimenta a los vivientes
quiso alimentarse
de tu sangre.
El que sostiene las estrellas
quiso ser sostenido
por tus entrañas.
El que hizo el corazón del hombre
quiso que comenzara a latir
un corazón humano
junto al tuyo.
⸻
¡Oh flores, callad!
¡Oh cantos, deteneos!
Hay algo aquí
que no sabéis cantar.
Dos corazones
en el interior de una sola noche.
El corazón de la Madre.
El Corazón del Hijo.
Uno creado.
El otro,
Corazón humano del Verbo eterno.
Uno recibiéndolo todo.
El otro
dándolo todo.
Y tan cerca,
tan escondidos,
tan silenciosos,
que antes de que la tierra
escuchara la voz de Jesús,
María escuchó
su corazón.
⸻
¿Qué hiciste con aquel latido?
Lo guardaste.
¿Qué hiciste con aquella sangre?
La diste.
¿Qué hiciste con aquel Niño?
Lo adoraste.
¿Qué hiciste con su voluntad?
La amaste.
¿Qué hiciste cuando no comprendías?
Guardaste.
¿Qué hiciste cuando comenzó la noche?
Permaneciste.
⸻
Así fue tomando tu corazón
la semejanza del suyo.
No eras la Fuente.
Bebías.
No eras el Fuego.
Ardías.
No eras la Luz.
La recibías.
No eras el Verbo.
Lo escuchabas.
Y cuanto recibías
no encontraba en ti muralla.
Por eso amabas
lo que Él amaba.
Querías
lo que Él quería.
Callabas
cuando Él callaba.
Te entregabas
cuando Él se entregaba.
Dos corazones.
Dos voluntades.
Dos amores creados en cuanto humanos,
pero uno de ellos perteneciente
a la Persona del Verbo.
Y una concordia tan honda
que mi canto apenas sabe decir:
Corazón de tu corazón.
⸻
Pero llegaron las flores negras.
Llegó el árbol.
Llegó la hora.
Llegó la espada.
Y aquel Corazón
que primero habías escuchado
en el secreto de tu seno
fue abierto ante tus ojos.
¡Madre!
¿Dónde pusiste entonces
todas las palabras que habías guardado?
¿Dónde la voz del ángel?
¿Dónde Belén?
¿Dónde el Niño?
¿Dónde sus manos pequeñas?
¿Dónde el rostro
que buscabas entre la multitud?
Todo estaba allí.
Todo.
Dentro de tu Corazón.
Y delante de ti,
el Hijo.
⸻
Entonces comenzó
la noche dentro de la noche.
Ya no hubo flor.
Ya no hubo canto.
Ya no hubo palabra.
Sólo el Amado.
Y la espada.
Y tú.
Permaneciste.
Permaneciste cuando su rostro
ya no parecía rostro.
Permaneciste cuando sus manos
no podían abrazarte.
Permaneciste cuando el Corazón
que había latido junto al tuyo
dejó de latir.
⸻
¡Oh noche!
¿Qué hiciste con la Madre?
La despojaste de todo
menos de Dios.
Y cuando ya no podía guardar al Hijo
entre sus brazos,
lo guardó
donde siempre lo había guardado:
en el corazón.
Allí no murió el amor.
Allí ardió más puro.
Allí la herida encontró la llama.
Allí la llama entró en la herida.
Y ya no sé decir
si aquel Corazón estaba herido porque amaba
o amaba tanto
porque estaba herido.
⸻
Ahora comprendo
por qué me llaman tus flores.
No son flores para una mañana.
Hay dentro de tu Corazón
un jardín escondido.
Pero para entrar en él
hay que hacerse pequeño.
Más pequeño.
Dejar afuera el ruido.
Dejar afuera el oro.
Dejar afuera el nombre.
Dejar incluso el propio canto.
Entrar pobre.
Entrar de noche.
Entrar buscando solamente
al Amado.
⸻
Y cuanto más entro,
menos te encuentro sola.
Más adentro:
Jesús.
Debajo de tu silencio:
Jesús.
Dentro de tu alegría:
Jesús.
En el fondo de tu dolor:
Jesús.
En la raíz de tu pureza:
Jesús.
En el centro de tu Corazón:
Jesús.
Todo conduce a Él.
Todo vuelve a Él.
Todo en ti parece decirme:
más adentro.
⸻
Entonces entiendo
por qué tu Corazón es refugio.
No porque allí
no llegue la espada.
Llegó.
No porque allí
no exista noche.
La conociste.
No porque allí
no se llore.
Lloraste.
Es refugio porque ninguna espada
pudo separar tu corazón de Dios.
Es refugio porque ninguna noche
apagó el fuego.
Es refugio porque el dolor
no pudo arrancarte al Amado.
Es refugio
porque dentro de ti
el corazón aprende
a no huir de Dios.
⸻
Madre,
mira ahora el mío.
También guarda cosas.
Pero guarda polvo.
Guarda heridas.
Guarda rostros que se fueron.
Guarda palabras inútiles.
Guarda flores secas.
Guarda demasiado de sí mismo.
Tómalo.
No para que deje de ser mío.
Para que aprenda
a ser de Dios.
Enséñale tu ciencia escondida:
recibir.
Guardar.
Callar.
Ofrecer.
Permanecer.
Arder.
⸻
Si tiene que llegar la noche,
que llegue.
Si tienen que caer mis flores,
que caigan.
Si el jade tiene que quebrarse,
que se quiebre.
Si mis plumas preciosas
han de ser llevadas,
que las lleve el viento.
Si mi canto tiene que callar,
que calle.
Pero una cosa te pido,
Corazón de mi Madre:
no permitas
que mi corazón se disperse.
⸻
Porque ésta ha sido siempre
mi tristeza:
ser un poco aquí.
Mirar un rostro
y perderlo.
Amar una flor
y verla caer.
Pronunciar un nombre
y escuchar después silencio.
¿Para esto recibimos corazón?
¿Para despedirnos?
¿Para convertirnos en pintura borrada?
¿Para que también nuestro amor
sea llevado por el viento?
⸻
Ahora sé que no.
Hay una casa.
Hay un jardín.
Hay una raíz.
Pero no están aquí
como yo los buscaba.
La casa es Él.
El jardín conduce a Él.
La raíz está en Él.
Y tú,
Madre,
guardaste estas cosas
en tu Corazón.
⸻
Guárdame también.
Cuando llegue mi última tarde,
guárdame.
Cuando mis amigos ya no escuchen
mi voz,
guárdame.
Cuando se borre mi pintura,
guárdame.
Cuando se quiebre mi jade,
guárdame.
Cuando el viento pregunte
qué debe llevarse de mí,
no le entregues mi corazón.
Guárdalo.
Guárdalo en el tuyo.
Como guardabas las palabras.
Como guardabas el misterio.
Como guardaste al Niño.
Como guardaste la Cruz.
Como guardaste al Amado
cuando ya no podías verlo.
⸻
Y allí,
en el interior de tu Corazón,
deja que muera
cuanto todavía no sea de Dios.
Que arda.
Que se purifique.
Que se haga silencio.
Hasta que mi corazón
ya no pregunte:
¿eres verdadero?
¿tienes raíz?
¿permanecemos?
Porque habrá escuchado
la respuesta.
No una palabra.
Un latido.
El mismo que tú escuchaste
en el interior de tu seno.
⸻
Entonces abre tu Corazón, Madre.
No para devolverme a la tierra.
Ábrelo hacia Él.
Déjame caer
de tu corazón
en su Corazón,
de tu herida
en su herida,
de tu amor
en el Amor.
Hasta que no quede de mí
ni flor que defender,
ni jade que guardar,
ni pintura que preservar,
ni canto que me pertenezca.
Sólo Dios.
Sólo el Amado.
Sólo Aquel por quien se vive.
⸻
Y si todavía queda
una última flor,
déjala caer.
Y si todavía queda
una última palabra,
que sea ésta:
María,
Corazón de mi corazón,
no dejes que me esparza
en el viento.
Guárdame.
Guárdame en tu Corazón
hasta que todo mi corazón
sea de Dios.
Autor: Óscar Méndez Oceguera
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)










No hay comentarios:
Publicar un comentario