domingo, 8 de noviembre de 2015

HACERSE COMO NIÑOS por San Máximo de Turín (siglo IV)


¡Qué regalo tan grande y maravilloso nos ha hecho Dios, hermanos míos! En Pascua, día de la salvación, el Señor resucita y otorga la resurrección al mundo entero. Se levanta desde las profundidades de la tierra hasta los cielos y, en su cuerpo, nos hace subir hasta lo alto.

Todos nosotros, los cristianos, somos el cuerpo y los miembros de Cristo, afirma el Apóstol (cfr. 1 Cor 12, 27). Al resucitar Cristo, también los miembros han resucitado con Él; y mientras Él pasaba de los infiernos a la tierra, nos ha trasladado de la muerte a la vida. Pascua, en hebreo, significa paso o partida. ¿Y qué significa este misterio, sino el tránsito del mal al bien? ¡Y qué tránsito! Del pecado a la justicia, del vicio a la virtud, de la vejez a la infancia. Hablo aquí de la infancia en el sentido de sencillez, no de edad. Ayer, la vejez del pecado nos encaminaba hacia la ruina; hoy, la resurrección de Cristo nos hace renacer a la inmortalidad de la juventud. La sencillez cristiana hace suya la infancia.

San Máximo de Turín
El niño es una criatura que no guarda rencor, ni conoce el fraude, ni se atreve a engañar. El cristiano, como el niño pequeño, no se aíra si es insultado (...), no se venga si es maltratado. Más aún: el Señor le exige que ore por sus enemigos, que deje la túnica y el manto a los que se lo llevan, que presente la otra mejilla a quien le abofetea (cfr. Mt 5, 40). La infancia cristiana supera a la de los hombres. Mientras ésta ignora el pecado, aquélla lo detesta. Ésta debe su inocencia a la debilidad, aquélla a la virtud. La infancia del cristiano es digna de los mayores elogios, porque su odio al mal proviene de la voluntad, no de la impotencia.

Las virtudes son el premio de las diversas edades. Sin embargo, la madurez de las buenas costumbres puede hallarse en un niño, y la inocencia de la juventud puede encontrase en personas con las sienes blancas. La probidad hace madurar a los jóvenes: la vejez venerable—dice el profeta—no es la de muchos años, ni se mide por el numero de días. La prudencia es la verdadera madurez del hombre, y la verdadera ancianidad es una vida inmaculada (Sab 4, 8-9). A los Apóstoles, que ya eran maduros en edad, les dice el Señor: si no cambiáis y os hacéis como este niño pequeño, no entraréis en el reino de los cielos (Mt 18, 3). Les envía a la fuente misma de la vida, y les invita a redescubrir la infancia, para que esos hombres que ven debilitarse ya sus energías, renazcan a la inocencia del corazón. Porque si uno no renace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos (Jn 3, 5).

Esto dice el Señor a los Apóstoles: si no os hacéis semejantes a este niño... No les dice: como estos niños; sino: como este niño. Elige uno, propone sólo a uno como modelo. ¿Cuál es este discípulo que pone como ejemplo a sus discípulos? No creo que un chiquillo del pueblo, uno de la masa de los hombres, sea propuesto como modelo de santidad a los Apóstoles y al mundo entero. No creo que este niño venga de la tierra, sino del Cielo. Es aquél de quien habla el profeta Isaías: un Niño nos ha nacido, un Hijo se nos ha dado (Is 9, 5). Este es el chiquillo inocente que no sabe responder al insulto con el insulto, a los golpes con los golpes. Mucho más aún: en plena agonía reza por sus enemigos: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen (Lc 23, 24).

De este modo, en su profunda gracia, el Señor rebosa de esta sencillez que la naturaleza reserva a los niños. Este niño es el que pide a los pequeños que le imiten y le sigan: toma tu cruz y sígueme (Mt 16, 24).

Fuente: Sermón 54 de San Máximo de Turín (siglo IV)

viernes, 6 de noviembre de 2015

BISNIETA DE CRISTERO RECUERDA A SU BISABUELO FIACRO SÁNCHEZ SERAFÍN QUE MURIÓ COMO MÁRTIR DE CRISTO REY


Por Sara Helga Arredondo R. (bisnieta del mártir)

¿Te imaginas hacer tu primera comunión a escondidas en una casa, antes de que amanezca para que no te arresten y te maten si te ven, mientras sabes que tu papá anda en la sierra, en guerra contra el gobierno para defender tu derecho a rezar, a ir a misa, y a ser libre de creer lo que tu quieras, porque el gobierno quiere impedírtelo; que ese mismo día le avisen a tu mamá que vaya a identificar el cuerpo de tu papá, que lo fusilaron, y que ésta fuera tu foto de primera comunión con tu papá?…

Pues hubo un tiempo en que las cosas en México fueron así. El de la foto es mi bisabuelo, Fiacro Sánchez, Cristero, fusilado en la Penitenciaría del Estado de San Luis Potosí (hoy Centro de las Artes), el día en que su hijo Jorge, el tercero de 5 hijos, hacía la primera comunión en una casa del barrio de San Miguelito.

Fue durante la guerra cristera, o Cristiada.

Se estrenó, hace más de un año, en el cine una película con Eva Longoria y Andy García (de producción mexicana) sobre la Cristiada y está muy bien hecha; como bisnieta, a mucha honra, de un cristero, me gustó mucho. Es sobre esa parte de la historia de México que no apareció en los libros de Historia de la escuela hasta hace algunos años, cuando apenas se le dedicaron dos renglones y ya (claro que son libros de texto gratuitos distribuidos por el gobierno, y lo que viene en ellos es lo que el gobierno en turno autorizó); y como mucha gente no lee más libros de Historia que los de la escuela, son muchos los que piensan que la Cristiada no existió.

En 1926, el presidente Calles pretendió convertirse en el líder religioso de México, controlar el número de sacerdotes y lo que podían decir en sus sermones, pretendió decirle a la gente lo que debía creer y lo que no. Expulsó a los sacerdotes extranjeros y mandó matar y/o encarcelar a los sacerdotes mexicanos que no quisieron obedecerlo. La Iglesia decidió cerrar los templos; sacerdotes y monjas vestían de civiles y hacían todas las celebraciones de forma clandestina y de madrugada, para no ser descubiertos y pasados por fusil. Los hospitales, atendidos por monjas, fueron clausurados por el gobierno, dejando a los enfermos en la calle. Los templos estuvieron cerrados tres años, cuando después de muchas muertes, el conflicto terminó ¿Te imaginas lo que es vivir así? ¿celebrar tu boda, bautizo, primera comunión, asi?

Mi bisabuelo, Fiacro Sánchez, fue uno de los miles que se levantaron en armas, uno de los tres líderes de la guerra cristera en San Luis, citado en los libros “México, Tierra de Volcanes” de Joseph H. Shlarman, y “La Cristiada”, de Jean Meyer, mismos que les recomiendo*.

Y les recomiendo también la película, porque conocer esa parte de nuestra historia, ayuda a a agradecer a todos esos héroes anónimos que nos dieron la libertad de culto que hoy tenemos...

Termino con las últimas palabras de mi bisabuelito y de todos los cristeros antes de morir: ¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

Sara Helga Arredondo R.

*Nota de CATOLICIDAD: Tras su martirio, el cortejo que seguía a sus restos, desafió las prohibiciones de la Ley Calles, y llenó las calles que llegaban hasta el cementerio con oleadas de católicos que lloraban la muerte del líder, y se turnaban para conducir a hombros su ataúd. Tanto tardó el cortejo en llegar al cementerio, que los enterradores ya no permanecieron junto a la fosa para bajar el cuerpo, pues recibieron órdenes de no apoyar ese sepelio si no se ajustaba a un horario específico. Como no había manera de bajarlo a su sepultura, las mujeres del pueblo ataron sus rebozos, y fueron ellas las que cumplieron la penosa tarea.
Fuente: Los Cristeros

RECUERDA QUE ESTE SÁBADO ES PRIMER SÁBADO DE MES

No olvides que nos hemos comprometido, en este año, a lo siguiente:

-El rezo diario del Santo Rosario. Haz clic AQUÍ.
-Cumplir la petición de la dulcísima Virgen en Fátima: realizar la comunión reparadora de los cinco primeros sábados de mes. Haz clic AQUÍ.
-Renovar nuestra Consagración al Inmaculado Corazón de María. Haz clic AQUÍ.
-Rezar diariamente la oración por los pecadores enseñada por la Virgen en Fátima, pidiendo -además- con nuestras propias palabras que el Papa consagre, junto con todos los obispos del mundo, Rusia al Inmaculado Corazón de María. Esta es la oración: "Oh Jesús mío, perdónanos y líbranos del fuego de infierno, lleva al Cielo a todas las almas, socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia".

jueves, 5 de noviembre de 2015

¿NUEVO LOGO?

Partidaria del aborto, de los dizque "matrimonios" homosexuales y ahora del uso de la marihuana en México. ¿En qué manos estamos?

miércoles, 4 de noviembre de 2015

HISTÓRICO Y MAGISTRAL DOCUMENTO DE MONS. SCHNEIDER DONDE ANALIZA LAS DESVIACIONES DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS



CATOLICIDAD publicó un escrito (ver haciendo clic AQUÍ), recién terminado el Sínodo, en el que hacía una evaluación del resultado final del mismo. Celebramos que éste coincide plenamente con el que ahora nos presenta magistralmente, y con mayor detalle y autoridad, Mons. Schneider publicado por Rorate Caeli. Lo recomendamos vivamente. Es indispensable su lectura y su difusión entre los fieles católicos. Es tan claro y contundente que no deja lugar a dudas cuál es la verdadera doctrina de la Iglesia, misma que se está traicionando y tergiversando -como demuestra Mons. Schneider- en el documento final de los obispos. Dada la confusión que reina actualmente en la Iglesia provocada por la quinta columna modernista (denunciada por san Pío X hace ya más de un siglo) que ha cobrado recientemente un vigor inusitado en su lucha contra la doctrina perenne del Evangelio, enseñada durante dos mil años por la Iglesia Católica, este escrito -que no dudamos en calificar de verdaderamente histórico- será un rayo de luz y paz para los laicos y sacerdotes que luchan por mantenerse siempre fieles a la Palabra de Dios y a las enseñanzas inmodificables del Magisterio bimilenario de la Iglesia. Demos gracias a Dios que siempre ha suscitado quien señale los errores y cuál es la Verdad católica durante las grandes crisis que ha vivido la Iglesia y en las que una gran parte de la jerarquía se desvía. Así fue el caso, por ejemplo, de san Atanasio que defendió la fe contra una jerarquía pro-arriana que en su mayoría se apartaba del dogma católico. Sin duda alguna, la presente crisis de la Iglesia es la mayor que ha sufrido en su historia y es sólo comparable con la que se vivió durante la herejía arriana. Quizá estemos presenciando ya el desarrollo de la apostasía universal que está predicha por Dios. Durante la misma, solo un pequeño rebaño permanecerá fiel. Deseamos que a todos nuestros lectores el Señor les dé la gracia de permanecer en él, pues en nombre de una falsa "obediencia" es muy fácil y más sencillo seguir el camino ancho que lleva al despeñadero eterno. No olvidemos la máxima que se consigna en la propia Sagrada Escritura: Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres. Los representantes no tienen el poder de enmendarle la plana al poderdante que es Cristo-Dios.

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S
u Excelencia el Obispo Atanasio Schneider, uno de los prelados más visibles que trabajan para la restauración de la Misa latina tradicional y para la fe, ha escrito una respuesta al Sínodo (de casi 5.000 palabras) en exclusiva para nuestros lectores. Cualquier persona puede reproducir o enlazar este artículo, pero se debe hacer referencia a Rorate Caeli como fuente, y si se reproduce la traducción a la edición española.

Queremos expresar nuestra más sincera gratitud a Su Excelencia por tomarse el tiempo para analizar y expresar sus puntos de vista sobre uno de los eventos más importantes en la historia de la Iglesia – que él también lo ve como una “puerta trasera” para la Sagrada Comunión para los adúlteros, como el rechazo de las enseñanzas de Cristo y como un Informe Final (Relatio Finalis) lleno de “bombas de relojería”.


La puerta falsa hacia una práctica neo-mosaica en el Informe Final del Sínodo

Autor: Mons. Atanasio Schneider, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Santa María en Astana

La XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (del 4 al 25 de Octubre de 2015), que se dedicó al tema de “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”, emitió un informe final (Relatio finalis) con algunas propuestas pastorales que fueron presentadas al criterio del Papa. El documento en sí es solamente de carácter consultivo y no posee un valor magisterial formal.

Sin embargo, durante el Sínodo, aparecieron los nuevos fariseos y verdaderos nuevos discípulos de Moisés, que en los numerales 84 al 86 del Informe Final abrieron la puerta falsa (con bombas de relojería inminentes) para la admisión a la Santa Comunión de los divorciados vueltos a casar. Al mismo tiempo, los obispos que defendieron intrépidamente a “la Iglesia [que] profesa la propia fidelidad a Cristo y a su verdad” (Exhortación Apostólica de Juan Pablo II Familiaris Consortio, 84) se encontraron etiquetados injustamente como fariseos en algunos medios de comunicación.

Durante las dos últimas Asambleas del Sínodo (en 2014 y en 2015), los nuevos discípulos de Moisés y los nuevos fariseos maquillaron el hecho de negar la indisolubilidad del matrimonio y el hecho de suspender el sexto mandamiento, en base a un supuesto ‘caso por caso’, bajo el pretexto de un nuevo concepto de la misericordia o del uso de expresiones tales como: “el camino de discernimiento”, “acompañamiento”, “orientaciones del obispo”, “diálogo con el sacerdote”, “foro interno,” “una integración más plena en la vida de la Iglesia” o “una posible supresión de la imputabilidad sobre la convivencia en uniones irregulares (cf. Informe Final, nn. 84-86).

De hecho, esta sección del texto en el Informe Final, contiene trazas de una práctica neo-mosaica del divorcio, a pesar de que los redactores, con habilidad, y de una manera astuta, evitaron cualquier cambio directo en la doctrina de la Iglesia. Por lo tanto, todas las partes, tanto los promotores de la llamada “agenda Kasper” como sus oponentes, se encuentran aparentemente satisfechos al afirmar: “Todo está bien. El Sínodo no cambió la doctrina”. Sin embargo, esta percepción es bastante ingenua, porque ignora la puerta falsa y las bombas de relojería contenidas en la sección del texto antes mencionado y que se hacen manifiestas ante un examen cuidadoso del texto debido a sus propios criterios internos de interpretación.

Incluso, cuando se habla de un “camino de discernimiento”, se está hablando de “arrepentimiento” (Informe Final, numeral 85.). No obstante, se mantiene aquí, gran cantidad de ambigüedades. De hecho, de acuerdo con las reiteradas afirmaciones del Cardenal Kasper y de clérigos afines, tal arrepentimiento se refiere a los pecados pasados ​​contra el cónyuge del primer matrimonio válido, y de hecho, el arrepentimiento del divorciado no puede referirse a los actos de su cohabitación marital con la nueva pareja con la que se casó por lo civil.

La aserción (en los númerales 85 y 86 del Informe Final), de que un discernimiento tiene que ser hecho de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia y en base a un juicio correcto, continúa aun así siendo ambigua. De hecho, el Cardenal Kasper juntamente con clérigos afines, aseguraron enfática y reiteradamente que la admisión de los divorciados vueltos casar a la Santa Comunión no toca el dogma de la indisolubilidad y la sacramentalidad del matrimonio, y que una sentencia en conciencia, en este caso, tiene que ser considerada como correcta, incluso cuando los divorciados vueltos a casar sigan conviviendo como matrimonio de hecho; y que no deben ser obligados a vivir en total continencia como hermano y hermana.

Al citar el famoso numeral 84 de la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio de Juan Pablo II, los redactores del numeral 85 en el Informe Final, censuraron el texto, eliminando la siguiente formulación decisiva: “La forma de la Eucaristía sólo puede ser concedida a los que toman sobre sí el deber de vivir en plena continencia, es decir, de abstenerse de los actos propios de los esposos”.

Esta práctica de la Iglesia se basa en la revelación divina de la Palabra de Dios: escrita y transmitida a través de la Tradición. Esta práctica de la Iglesia es una expresión de la tradición ininterrumpida que va desde los Apóstoles y, por lo tanto, permanece inmutable por todos los tiempos. Ya San Agustín afirmó: “Quien rechaza a su esposa adúltera y se casa con otra mujer, mientras que su primera esposa aún vive, se mantiene perpetuamente en el estado de adulterio. Un hombre así no hará ninguna penitencia eficaz mientras se niegue a abandonar a la nueva esposa. Si él es un catecúmeno, no puede ser admitido en el bautismo, porque su voluntad permanece arraigada en el mal. Si es un penitente (ya bautizado), no puede recibir la reconciliación (eclesiástica), en tanto y en cuanto no rompa con su mala actitud.” (De adulterinis coniugiis, 2, 16). De hecho, la censura intencionada antes mencionada de la enseñanza de Familaris Consortio n. 85 en el Informe Final, representa para cualquier hermenéutica coherente, la clave para la interpretación de la sección sobre de los divorciados vueltos a casar (numerales 84-86).

En nuestros días existe una presión ideológica permanente y omnipresente en nombre de unos medios de comunicación, que son a su vez compatibles con el pensamiento único impuesto por las potencias mundiales anti-cristianas, con el objetivo de abolir la verdad acerca de la indisolubilidad del matrimonio – banalizar lo sagrado carácter de esta institución divina mediante la difusión de una anti-cultura del divorcio y el concubinato. Ya hace 50 años, el Concilio Vaticano II afirmó que los tiempos modernos están infectadas con la plaga del divorcio (cf. Gaudium et spes, 47). El mismo Concilio advierte que el matrimonio cristiano, como sacramento de Cristo, “no sea profanado por el adulterio o el divorcio” (Gaudium et spes, 49).

La profanación del “gran sacramento” (Ef. 5, 32) del matrimonio por el adulterio y el divorcio, ha alcanzado proporciones masivas a un ritmo alarmante, no sólo en la sociedad civil, sino también entre los católicos. Cuando los católicos por medio del divorcio y el adulterio (que en la teoría y en la práctica rechazan la voluntad de Dios expresada en el sexto mandamiento), se ponen en serio peligro espiritual de perder su salvación eterna.

El acto más misericordioso que se podría hacer en nombre de los Pastores de la Iglesia, sería la de llamar la atención sobre este peligro por medio de una clara – y al mismo tiempo caritativa – admonición sobre la necesidad de aceptar completamente el sexto Mandamiento de la Ley de Dios. Tienen que llamar a las cosas por su nombre, exhortando: “el divorcio es el divorcio”, “el adulterio es adulterio” y “quienes cometen pecados graves consciente y libremente, contra los Mandamientos de Dios – y en este caso en concreto, contra el sexto mandamiento – y muere sin arrepentimiento recibirán condenación eterna y serán excluidos para siempre del Reino de Dios”.

Tal amonestación y exhortación sería precisamente la obra del Espíritu Santo como Cristo nos enseñó: ” y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio” (Juan 16: 8). Al explicar la obra del Espíritu Santo en “El Espiritu que convence al mundo en lo referente al pecado“, el Papa Juan Pablo II dijo: “Cada pecado, realizado en cualquier lugar y momento, hace referencia a la Cruz de Cristo y por tanto, indirectamente también al pecado de quienes « no han creído en él », condenando a Jesucristo a la muerte de Cruz.” (Encíclica Dominum et Vivificantem, 29). Los que llevan a cabo una vida de casados ​​con una pareja, que no sea su cónyuge legítimo (como es el caso de los divorciados vueltos a casar civilmente), rechazan la voluntad de Dios. El convencer a esas personas en lo referente a este pecado, es una obra movida por el Espíritu Santo y mandada por Jesucristo; y por lo tanto es una obra eminentemente pastoral y misericordiosa.

Lamentablemente, el Informe Final del Sínodo omitió concretamente, la obligación de tratar de convencer a los divorciados vueltos a casar en lo referente a su respectivo pecado. Mas al contrario, los Padres sinodales, bajo pretexto de misericordia y de una falsa pastoral, apoyaron las formulaciones de los numerales 84-86 en la Relatio, tratando de encubrir el peligroso estado espiritual de los divorciados vueltos a casar.

De facto, les dicen que su pecado de adulterio no es pecado, y que definitivamente el adulterio no lo es; o al menos que no es un pecado grave; y que no hay peligro espiritual en su estado de vida. Tal comportamiento, por parte de estos pastores, es directamente contrario a la obra del Espíritu Santo y, por tanto, es anti-pastoral y una obra de los falsos profetas a los que se podría aplicar las siguientes palabras de la Sagrada Escritura: “¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!” (Is.5:20) y: “Tus profetas vieron para ti visiones de falsedad e insipidez. No revelaron tu culpa, para cambiar tu suerte. Oráculos tuvieron para ti de falacia e ilusión.” (Lm 2: 14). Sin duda, a tales obispos el apóstol Pablo, diría hoy estas palabras: "Porque esos tales son unos falsos apóstoles, unos trabajadores engañosos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo." (II Co 11:13).

El texto del Informe Final del Sínodo no sólo omite convencer de forma inequívoca a los divorciados vueltos a casar civilmente de lo gravemente pecaminoso y adúltero que es este estilo de vida que lleva, sino que justifican indirectamente ese estilo de vida, básicamente, al asignar esta cuestión al ámbito de la conciencia individual y por medio de una inadecuada aplicación del principio moral de imputabilidad en el caso de cohabitación de los divorciados vueltos a casar. De hecho, la aplicación del principio de imputabilidad a una vida estable, permanente y pública, en adulterio es incorrecto y engañoso.

La disminución de la responsabilidad subjetiva se da sólo en el caso de parejas que tengan el firme propósito de vivir en plena continencia y de hacer esfuerzos sinceros en el mismo. Mientras estas parejas persistan intencionalmente en continuar una vida de pecado, no podrá haber una suspensión de imputabilidad. Da la impresión, que el Informe Final sugirió, que el estilo de vida pública en adulterio – como lo es el caso de los que se vuelven a casar por lo civil – no está violando el vínculo sacramental e indisoluble del matrimonio o de que no representa un pecado mortal o grave y que esta cuestión es, además, una cuestión de conciencia privada. De este modo se puede afirmar, una deriva más próxima hacia el principio protestante sobre el juicio subjetivo en cuestiones de fe y disciplina, y una cercanía intelectual a la errónea teoría de la “opción fundamental“; teoría que ya ha sido condenada por el Magisterio (Cf. Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor, 65-70).

Los Pastores de la Iglesia no deben promover, en ningún caso, la cultura de divorcio entre los fieles. Se debe evitar incluso, el más pequeño de los indicios por ceder ante la práctica o a la cultura del divorcio. La Iglesia en su conjunto debe de dar un testimonio convincente y fuerte en relación a la indisolubilidad del matrimonio. El Papa Juan Pablo II dijo del divorcio: "Tratándose de una plaga que, como otras, invade cada vez más ampliamente incluso los ambientes católicos, el problema debe afrontarse con atención improrrogable." (Familiaris consortio, 84).

La Iglesia tiene que ayudar a los divorciados vueltos a casar con amor y con paciencia para que reconozcan su propio pecado y para ayudarles a convertirse, con todo su corazón, a Dios y a la obediencia debida a Su santa voluntad, que está expresada en el sexto Mandamiento. Mientras continúen dando un anti-testimonio público de indisolubilidad del matrimonio, contribuyendo con la cultura de divorcio, los divorciados vueltos a casar no podrán ejercer aquellos ministerios litúrgicos, catequéticos e institucionales dentro de la Iglesia, que exigen por su propia naturaleza una vida pública de acuerdo con los mandamientos de Dios.

Es obvio, que los infractores públicos del quinto y séptimo Mandamientos –por poner un ejemplo- tales como los propietarios de una clínica abortista o los colaboradores de una red de corrupción, no sólo no pueden recibir la Santa Comunión, sino que evidentemente, no podrán ser admitidos a servicios públicos litúrgicos y catequéticos. De manera análoga, los infractores públicos del sexto mandamiento, como los divorciados vueltos a casar, no pueden ser admitidos al puesto de lectores, padrinos o catequistas. Por supuesto que uno tiene que distinguir entre la gravedad del mal causado por el estilo de vida de promotores públicos de aborto y corrupción con el mal causado por las personas divorciadas que llevan una vida adultera. Uno no puede ponerlos en pie de igualdad. La defensa para la admisión de los divorciados vueltos a casar a la función de padrinos y catequistas en última instancia, no tiene como objetivo el verdadero bien espiritual de los niños, sino que resulta ser la instrumentalización de una agenda ideológica específica. Esta es una deshonestidad y una burla al deber de los padrinos o catequistas, quienes por medio de una promesa pública contrajeron la obligación de ser educadores de la fe.

En el caso de los padrinos o catequistas que están divorciados y vueltos a casar, su vida contradice continuamente sus palabras, y lo que tienen que hacer frente a la amonestación del Espíritu Santo a través de la boca del Apóstol Santiago: “Poned por obra la Palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos.” (Santiago 1: 22). Por desgracia, el Informe Final en el numeral 84, aboga por la admisión de los divorciados vueltos a casar a los oficios litúrgicos, pastorales y educativos. Esta propuesta representa un apoyo indirecto a la cultura del divorcio y una negación práctica de un estilo de vida objetivamente pecaminoso. Por el contrario, el Papa Juan Pablo II, indica sólo las siguientes posibilidades de participar en la vida de la Iglesia, y que por su parte pretende una verdadera conversión: “Se les exhorte a escuchar la Palabra de Dios, a frecuentar el sacrificio de la Misa, a perseverar en la oración, a incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad en favor de la justicia, a educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu y las obras de penitencia para implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios.” (Familiaris Consortio, 84).

La no admisión a los sacramentos y a los públicos puestos, litúrgicos y catequéticos, debe seguir siendo un área saludable de exclusión, con el fin de recordar a los divorciados su serio estado espiritual y peligro real y al mismo tiempo, promover en sus almas el espíritu de humildad, de obediencia y de anhelo por la auténtica conversión. Humildad significa tener coraje por la verdad y sólo los que se someten humildemente a Dios, recibirán sus gracias.

Los fieles, que no tienen aún la disposición y la voluntad de dejar una vida adúltera, deben ser espiritualmente ayudados. Su estado espiritual es similar al de una especie de “catecumenado” en relación al sacramento de la Penitencia. Ellos pueden recibir el sacramento de la Penitencia – que fue llamado en la Tradición de la Iglesia, “el segundo bautismo” o “la segunda penitencia” – sólo si se rompen sinceramente con el hábito de la convivencia adúltera, y si evitan el escándalo público de manera análoga a como lo hacen los catecúmenos, candidatos al bautismo. El Informe Final omite llamar a los divorciados vueltos a casar hacia el humilde reconocimiento de su objetivo estado pecaminoso, porque omite animarlos a aceptar, con el espíritu de la fe, la no admisión a los sacramentos y a los puestos públicos litúrgicos y catequéticos. Sin tal reconocimiento realista y humilde de su propio estado espiritual real, no habrá progreso efectivo hacia una conversión cristiana auténtica, ya que esta, en el caso de los divorciados y vueltos a casar, consistiría en una vida de completa continencia, dejando de pecar contra la santidad del sacramento del matrimonio y de desobedecer públicamente al sexto Mandamiento de Dios.

Los Pastores de la Iglesia, y sobre todo, los textos públicos del Magisterio, tienen que hablar de manera clara en todo lo posible, ya que esta es la característica esencial de la tarea del Magisterio oficial. Cristo exige a todos sus discípulos a hablar de una manera muy clara: “Sea vuestro lenguaje: “Sí, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.” (Mt 5: 37). Esto es válido, ante todo, cuando los Pastores de la Iglesia prediquen o cuando el Magisterio hable en un documento.

La sección de texto correspondiente a los numerales 84-86 del Informe Final representa, por desgracia, un grave quebrantamiento de este mandato divino. De hecho, en los citados pasajes del texto, no se abogó directamente a favor de la legitimidad de la admisión de los divorciados vueltos a casar a la Sagrada Comunión; el texto incluso evita la expresión “Santa Comunión” o “sacramentos”. En cambio, el texto, por medio de tácticas de ofuscación, utiliza expresiones ambiguas tales como “una participación más plena en la vida de la Iglesia” y “discernimiento e integración.”

Debido a estas tácticas de ofuscación, el Informe Final, ha puesto de hecho, bombas de relojería y una falsa puerta hacia la admisión de los divorciados vueltos a casar a la Santa Comunión, causando con esto, una profanación de los dos grandes sacramentos del Matrimonio y de la Eucaristía, y contribuyendo, al menos indirectamente, con la cultura del divorcio – a la difusión de la “plaga del divorcio” (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 47).

Al leer detenidamente el texto ambiguo en la sección del texto “Discernimiento e integración” en el Informe Final, uno se queda con la impresión de una ambigüedad muy hábil y elaborada. Uno se acuerda de las siguientes palabras de San Ireneo en su “Adversus haereses”: “De manera semejante quien conserva inquebrantable la Regla de la verdad[92] que recibió en el bautismo, reconocerá los nombres, los dichos y las parábolas tomados de las Escrituras, pero no sus teorías blasfemas. [548] Reconocerá las piedras del mosaico, pero no aceptará que la figura de la zorra sustituya el retrato del rey. Volviendo a colocar las palabras en su propio orden y en el contexto del cuerpo de la verdad, dejará al desnudo las creaciones que ellos han fantaseado y probará su falta de consistencia. Como a una tal comedia sólo le falta que se le desenmascare, y no hay entre esos payasos alguno que acabe con esa farsa, hemos pensado en primer lugar mostrar aquellos puntos en los cuales los mismos padres de tales fábulas difieren entre sí, puesto que están inspirados por diversos espíritus del error. Y, en segundo lugar, a partir de su comparación podremos demostrar, si examinamos el asunto atentamente, la verdad que la Iglesia predica y los errores enmascarados que ellos pregonan.” (I, 9, 4-5).

El Informe Final parece que deja la solución a la cuestión sobre la admisión de los divorciados vueltos a casar a la Santa Comunión, en manos de las autoridades locales de la Iglesia: con el “acompañamiento de los sacerdotes” y las “orientaciones del obispo“. Sin embargo, tal cuestión está ligada esencialmente con el depósito de la fe, es decir con la palabra revelada de Dios. La no admisión de los divorciados que están viviendo en un estado público de adulterio, es verdad inmutable de la ley de la fe católica y por consiguiente también de la ley de la práctica litúrgica católica.

El Informe Final parece inaugurar una cacofonía doctrinal y disciplinaria de la Iglesia Católica, lo que contradice la misma esencia de ser católico. Uno tiene que recordar las palabras de San Ireneo, sobre la auténtica forma de la Iglesia católica en todo momento y en todo lugar: “Como antes hemos dicho, la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con cuidado la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón (Hech 4,32), y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la Tradición es una y la misma. Las iglesias de la Germania no creen de manera diversa ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de Iberia o de los Celtas, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco de las iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una creatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz, que es la predicación de la verdad, brilla en todas partes (Jn 1,5) e ilumina a todos los seres humanos (Jn 1,9) que quieren venir al conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4). Y ni aquel que sobresale por su elocuencia entre los jefes de la Iglesia predica cosas diferentes de éstas -porque ningún discípulo está sobre su Maestro (Mt 10,24)-, ni el más débil en la palabra recorta la Tradición: siendo una y la misma fe, ni el que mucho puede explicar sobre ella la aumenta, ni el que menos puede la disminuye.” (I, 10, 2).

La sección del Informe Final sobre los divorciados vueltos a casar, evita confesar cuidadosamente, el principio inmutable de toda la tradición católica, y por la cual, aquellos que viven en una unión marital no válida pueden ser admitidos a la Sagrada Comunión únicamente bajo la condición de que prometan vivir en plena continencia y evitar el escándalo público. Juan Pablo II y Benedicto XVI confirmaron enérgicamente este principio católico. La omisión deliberada de mencionar y reafirmar este principio en el texto del Informe Final, puede ser comparada con la evasión sistemática de la expresión “homoousios” por parte de todos los oponentes al dogma del Concilio de Nicea en el siglo IV – los arrianos formales y los llamados semi-arrianos -, que continuamente inventaban otras expresiones con tal de no confesar directamente la consustancialidad del Hijo de Dios con Dios Padre.

Tal variedad de confesiones supuestamente católicas, en nombre de la mayoría del episcopado del siglo IV, causó una actividad eclesiástica febril, con reuniones sinodales continuas y una proliferación de nuevas fórmulas doctrinales; todas ellas con el denominador común de evitar la claridad terminológica, es decir, de evitar la expresión “homoousios.” Del mismo modo, en nuestros días los dos últimos Sínodos de la familia han evitado nombrar y confesar con claridad el principio de toda la Tradición Católica: que los que viven en una unión marital no válida pueden ser admitido a la Sagrada Comunión únicamente bajo la condición de que prometan vivir en completa continencia y de que eviten el escándalo público.

Este hecho queda también demostrado, por la reacción inequívoca e inmediata de los medios de comunicación seculares y por la reacción de los principales defensores de la nueva práctica no-católica, la de admitir a los divorciados vueltos a casar a la Santa Comunión mientras mantienen una vida de público adulterio. Por ejemplo, el Cardenal Kasper, el Cardenal Nichols y el Arzobispo Forte, afirmaron públicamente que de acuerdo con el Informe Final, uno puede suponer que de alguna manera se ha abierto una puerta a la Comunión para los divorciados vueltos a casar. Existe también un número considerable de obispos, sacerdotes y laicos que se regocijan a causa de la llamada “puerta abierta” que encontraron en el Informe Final. En lugar de guiar a los fieles con una clara e inequívoca enseñanza , el Informe Final provocó una situación de oscurecimiento, de confusión, de subjetividad (el juicio de la conciencia del foro interno de los divorciados) y un particularismo doctrinal y disciplinario no-católico, en una cuestión que está conectada esencialmente al depósito de la fe transmitida por los Apóstoles.

Aquellos de nosotros que en nuestros días defienden enérgicamente la santidad de los sacramentos del Matrimonio y de la Eucaristía son etiquetados como fariseos. Sin embargo, dado que el principio lógico de no contradicción prevalece y el sentido común funciona, lo contrario es cierto.

Los ofuscadores de la Divina Verdad en el Informe Final se parecen más a los fariseos. Ya que con el fin de conciliar una vida en adulterio, con la recepción de la Sagrada Comunión, han inventado, habilidosamente, una nueva letra, una nueva ley de “discernimiento y de integración”, con la introducción de nuevas tradiciones humanas contra el mandamiento cristalino de Dios. Estas palabras de la Verdad Encarnada van dirigidas a los promotores de la denominada ‘agenda de Kasper’: “anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido” (Marcos 7: 13). Aquellos que durante 2.000 años hablaron sin descanso y con una mayor claridad acerca de la inmutabilidad de la Verdad divina, a menudo a costa de sus propias vidas, también serían etiquetados en nuestros días como fariseos; y así serían etiquetados San Juan Bautista, San Pablo, San Ireneo, San Atanasio, San Basilio, San Tomás Moro, San Juan Fisher o San Pío X, por mencionar sólo los ejemplos más brillantes.

El resultado real del Sínodo en relación a la percepción de los fieles y de la opinión pública laica fue la de que prácticamente hubo un solo foco con la cuestión de la admisión de los divorciados a la Santa Comunión. Se puede afirmar que el Sínodo, en cierto sentido, resultó ser a los ojos de la opinión pública el Sínodo de adulterio y no el Sínodo de la familia. De hecho, todas las bellas afirmaciones del Informe Final sobre el matrimonio y la familia quedaron eclipsados ​​con las afirmaciones ambiguas en la sección del texto de los divorciados vueltos a casar; un tema que ya estaba confirmado y decidido por el magisterio de los últimos Pontífices Romanos en fiel conformidad con la práctica y la enseñanza bi-milenaria de la Iglesia. Por lo tanto, es una verdadera lástima, que los obispos católicos, los sucesores de los Apóstoles, utilicen asambleas sinodales con el fin de hacer un atentado contra la práctica constante e inmutable de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio, es decir, la no admisión de los divorciados que viven en una unión adúltera a los Sacramentos.

San Basilio en su carta al Papa Dámaso, hizo un retrato realista de la confusión doctrinal causada por aquellos eclesiásticos que buscaban un compromiso vacío, y una adaptación al espíritu del mundo en su tiempo: "Las tradiciones son menospreciadas; las artimañas de los innovadores están de moda en las Iglesias; ahora los hombres son más bien organizadores de sistemas maliciosos que teólogos; la sabiduría de este mundo que obtiene los más altos premios es la que ha rechazado la gloria de la Cruz. Los ancianos se lamentan cuando comparan el presente con el pasado. Los más jóvenes son los más dignos de compasión, porque ellos aún no saben de lo que han sido privados" (Ep 90, 2).

En una carta de San Basilio al Papa Dámaso y a los obispos occidentales, se describe la situación confusa en el interior de la Iglesia de la siguiente manera:

“Se trastornan los dogmas de la religión; se confunden las leyes de la Iglesia. La ambición de los que no temen al Señor salta a las dignidades, y se propone el episcopado como premio de la más descarada impiedad, de suerte que a quien más graves blasfemias profiere, se le tiene por más apto para regir al pueblo como obispo. Desapareció la gravedad episcopal. Faltan pastores que apacienten con ciencia el rebaño del Señor. La libertad de pecar es mucha. Y es que quienes han subido al gobierno de la Iglesia por empeño humano, lo pagan luego consintiéndolo todo a quienes pecan. La maldad no tiene límite; los pueblos no son corregidos; los prelados no tienen libertad para hablar. Porque quienes adquirieron para sí el poder o la dignidad episcopal por medio de los hombres, son esclavos de quienes les hicieron esa gracia. Y ahora la misma reivindicación de la ortodoxia es vista en algunos círculos como una oportunidad para el ataque mutuo; y los hombres ocultan su mala voluntad privada y pretenden que su hostilidad es todo por el bien de la verdad. Sobre todo eso ríen los incrédulos, vacilan los débiles en la fe, la fe misma es dudosa, la ignorancia se derrama sobre las almas, pues imitan la verdad los que amancillan la palabra divina en su malicia. Y es que las bocas de los piadosos guardan silencio, y anda suelta toda lengua blasfema. Lo santo está profanado; la parte sana de la gente huye de los lugares de oración como de escuelas de impiedad y marchan a los desiertos, para levantar allí, entre gemidos y lágrimas, las manos al Señor del cielo. Porque sin duda ha llegado hasta vosotros lo que sucede en la mayor parte de las ciudades: la gente, con sus hijos y mujeres y hasta con los ancianos, se derraman delante de las murallas y hacen sus oraciones al aire libre, sufriendo con gran paciencia todas las inclemencias del tiempo, esperando la protección del Señor. La fe, que de los Padres que hemos recibido; la fe que sabemos que está estampada con la marca de los Apóstoles; a esta fe asentimos, así como a todo lo que fue canónica y legalmente promulgado en el pasado.” (Ep. 92, 2).

Cada período de confusión a lo largo de la historia de la Iglesia, es a la misma vez una posibilidad para recibir muchas gracias, de fuerza y coraje, y también la oportunidad de demostrar nuestro amor por Cristo, que es la Verdad encarnada. Cada bautizado, cada sacerdote y cada obispo prometieron una fidelidad inviolable; cada uno según su propio estado: a través de las promesas bautismales; a través de las promesas sacerdotales; a través de la promesa solemne en la ordenación episcopal. De hecho, todos los candidatos al episcopado prometieron: “Voy a mantener puro e íntegro el Depósito de la Fe, según la Tradición, que fue siempre y en todas partes conservada en la Iglesia.” La ambigüedad que se encuentra en el apartado de los divorciados vueltos a casar del Informe Final contradice el citado voto solemne episcopal. Aún así, todos en la Iglesia – desde el simple fiel a los custodios del Magisterio – deberían de decir:

“Non possumus!” Yo no aceptaré un discurso ofuscado ni una puerta falsa, hábilmente ocultada para la profanación del sacramento del Matrimonio y de la Eucaristía. Del mismo modo, no voy a aceptar una burla al sexto mandamiento de Dios. Prefiero ser ridiculizado y perseguido en lugar de aceptar textos ambiguos y métodos insinceros. Prefiero la cristalina “imagen de Cristo, la Verdad, en lugar de la imagen del zorro adornado con piedras preciosas” (San Ireneo), porque “yo sé a quién he creído”, “Scio, Cui credidi!” (II Timoteo 1: 12 ).

02 de Noviembre de 2015

+ Atanasio Schneider, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Santa María en Astana


lunes, 2 de noviembre de 2015

MANDEMOS DECIR MISAS, GANEMOS INDULGENCIAS Y OREMOS POR NUESTROS DIFUNTOS

LAS ALMAS QUE LIBREMOS DEL PURGATORIO SERÁN NUESTROS GRANDES INTERCESORES Y ABOGADOS EN EL CIELO

La Indulgencia consiste en esto: cuando alguien comete un pecado y se arrepiente, Dios le perdona, pero le queda algo pendiente (o bien, si quedan pecado veniales). Esa obligación o deuda que nos queda pendiente se limpia en el Purgatorio y puede eliminarse total o parcialmente mediante la práctica de Indulgencias. 


La doctrina de la Iglesia sobre el Purgatorio encuentra fundamento en la Biblia, cuando ésta se sabe interpretar correctamente:

El texto del 2 Macabeos 12, 43-46 da por supuesto que existe una purificación después de la muerte.

(Judas Macabeo) efectuó entre sus soldados una colecta... a fin de que allí se ofreciera un sacrificio por el pecado... Pues... creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren en gracia de Dios... Ofreció este sacrificio por los muertos; para que fuesen perdonados de su pecado.

Los protestantes no reconocen que este libro es parte de la Biblia porque Lutero lo quitó de su Biblia precisamente porque él sabía que se refería al purgatorio. (Ver Desarrollo del canon)

Sin embargo el Nuevo Testamento hace referencia a 2 Macabeos. Por ejemplo, Hebreos 11,35

"Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor"

Los únicos que en el Antiguo Testamento a quienes se aplica este pasaje es a los mártires macabeos, que fueron torturados por conseguir la resurrección (2 Mac. 7:11, 14, 23, 29, 36).

Asimismo las palabras de nuestro Señor:

El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu Santo no será perdonado, ni en este mundo, ni en el otro. Mt 12,32.

Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo. Lucas 12,58-59

En estos pasajes Jesús hace referencia a un castigo temporal que no puede ser el infierno ni tampoco el cielo.

Se llega a semejante conclusión en la carta de San Pablo, 1 Corintios 3, 12-13:

Pues la base nadie la puede cambiar; ya está puesta y es Cristo Jesús. Pero, con estos cimientos, si uno construye con oro, otro con plata o piedras preciosas, o con madera, caña o paja, la obra de cada uno vendrá a descubrirse. El día del Juicio la dará a conocer porque en el fuego todo se descubrirá. El fuego probará la obra de cada cual: si su obra resiste el fuego, será premiado; pero, si es obra que se convierte en cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará, pero como quien pasa por el fuego".

De manera que hay un fuego después de la muerte que, diferente al del infierno, es temporal. El alma que por allí pasa se salvará. A ese estado de purgación le llamamos el "purgatorio".

1 Cor 15,29: "De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos?"

La palabra "bautismo" es utilizada aquí como una metáfora para expresar sufrimiento o penitencia (Mc 10,38-39; Lc 3,16; 12,50). Pablo escribe sobre una práctica entre los cristianos de "bautizarse" por los difuntos. El no la condena, si no que la exalta como válida porque demuestra fe en la resurreción.


domingo, 1 de noviembre de 2015

PRIMERO DE NOVIEMBRE: FIESTA DE TODOS LOS SANTOS


Entre todas las fiestas que la Iglesia ha instituido en reverencia de los santos que están en los cielos, la más solemne es la que celebra en este día en honra de todos; porque en ella a todos los abraza, a todos se encomienda y llama en su favor. Instituyóla en Roma Bonifacio IV en honor de la Virgen santísima y de todos los santos mártires, consagrándoles, en el año 607, el templo llamado Panteón, en el cual habían sido adorados todos los falsos dioses de la gentilidad. Más tarde Gregorio IV ordenó que aquella fiesta se hiciese en honra de todos los santos del cielo y mandó que se celebrase en toda la cristiandad, señalando para ello este día primero de noviembre. Tres fueron las razones principales de esta institución: reparar lo que la fragilidad humana hubiese faltado por ignorancia o descuido en las fiestas particulares de los santos; alcanzar, por la poderosa intercesión de todos los santos juntos, las gracias que hemos menester, y animarnos a la imitación de sus virtudes, con la esperanza de alcanzar el premio de la eterna gloria que ellos alcanzaron.

“Consideremos, nos dice San Cipriano, y pensemos con frecuencia, que hemos renunciado al mundo y que vivimos en la tierra como huéspedes y peregrinos. Suspiremos por aquel día en que a cada uno se nos ha de señalar morada en aquella verdadera patria y en que, sacados de este destierro, y libres de los lazos del siglo, hemos de entrar en el reino celestial. ¿Quién hay que, viviendo lejos de su patria, no arda en deseos de tornar a ella? ¿Quién hay que, navegando de vuelta a su hogar y familia, no deseé viento favorable para poder abrazar a las prendas de su corazón? Nuestra patria es el paraíso; son nuestros parientes los santos patriarcas: ¿por qué no nos damos prisa y corremos para ver nuestra patria y saludar a los parientes? Allí nos espera un gran número de amigos; allí nos echa de menos una gran muchedumbre de parientes, hermanos e hijos, seguros ya todos de su gloria inmortal, pero solícitos de nuestra salvación. ¡Qué alegría ha de ser para ellos y para nosotros el vernos y abrazarnos! ¡Qué deleite el de aquellos reinos celestiales donde, sin el temor de la muerte, se posee una eternidad de vida! ¡Oh felicidad suprema que nunca se ha de acabar! Allí está el glorioso coro de los apóstoles. Allí la alegre compañía de los profetas. Allí el innumerable ejército de los santos mártires, coronados por la victoria que alcanzaron de los tiranos y verdugos. Allí las purísimas vírgenes que, con la virtud de su continencia, triunfaron de las malas inclinaciones de su cuerpo. Allí los misericordiosos que, socorriendo largamente las necesidades de los pobres, cumplieron con toda justicia y observando los preceptos del Señor, colocaron en el tesoro del cielo los patrimonios de la tierra. Apresurémonos con vivas ansias a llegar a donde ellos están, deseemos hallarnos presto con ellos, para que podamos reinar presto con Cristo.” (San. Cipriano, lib. De mortalit).

Reflexión: Dice muy bien San Gregorio: “Al oír las cosas de aquella gloria, nuestra alma suspira por ellas y ya desea encontrarse donde espera gozar sin fin. Pero los grandes premios no se alcanzan sin grandes trabajos. Y así dice san Pablo que no será coronado sino aquel que legítimamente peleare. Deleítese en hora buena, el ánimo con la grandeza de los premios; pero no desmaye en los trabajos de la campaña.”

Oración: Todopoderoso y sempiterno Dios, que nos concedes la gracia de celebrar en una solemnidad los méritos de todos los santos, rogámoste que atendiendo a tan grande muchedumbre de intercesores, derrames sobre nosotros la abundancia deseada de tus misericordias. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Fuente: “FLOS SANCTORVM”
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