sábado, 25 de abril de 2020

LA PRUEBA HISTÓRICA DE LA RESURRECCIÓN QUE MENOS AGRADA A LOS SECULARISTAS



Una de las pruebas irrefutables de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, que incluso aun los no cristianos más serios se ven forzados a admitir, es el testimonio de Flavio Josefo, historiador judío del siglo primero y testigo ocular del extraordinario cumplimiento de las profecías de Nuestro Salvador referentes a la destrucción de Jerusalén en el año 70 D.C. El Arzobispo Eusebio encomia a Josefo por la exactitud de su informe que tan admirablemente concuerda con la Escritura. Para los santos y para nosotros, el testimonio de historiadores cristianos de la altura de San Mateo, San Marcos, San Juan, etc., es infinitamente superior al de cualquier historiador judío o pagano, antiguo o moderno, pero es importante saber que, para los secularistas contemporáneos, Josefo es casi como una biblia secular en lo que a la historia de los acontecimientos del siglo primero se refiere. Cabe imaginar, entonces, ¡cuán conmocionados deben estar al encontrarse frente a este testimonio claro y explícito acerca de la Resurrección de Jesús en las Antigüedades de Josefo!
Flavio Josefo, Antigüedades XVIII, Capítulo III, Párr.3:
“Ahora, había por aquel tiempo un hombre sabio, Jesús, si fuera apropiado llamarlo hombre. Por cuanto era un hacedor de obras extraordinarias; un maestro para aquellos hombres que acogen la verdad con complacencia. Él atrajo hacia sí muchos judíos y gentiles. Él era [el] Cristo. Y cuando Pilatos a sugerencia de las figuras más relevantes entre nosotros, lo condenó a la cruz; aquellos que lo habían amado desde el principio no lo abandonaron. Y él se les apareció vivo nuevamente, al tercer día: tal y como los divinos profetas habían anunciado sobre éstas y miles de otras cosas increíbles acerca de él. Y la tribu de los cristianos, así llamados en su nombre, perdura hasta hoy.”
1.- Este testimonio histórico da fe de todos los hechos más resaltantes de la vida de Nuestro Señor Jesucristo: su sabiduría divina, sus asombrosos milagros, su elevada doctrina, su poderosa predicación que atraía a hombres y mujeres de todas las razas y culturas, su crucifixión bajo Pilatos y su gloriosa resurrección conforme a lo que los grandes profetas de Israel habían escrito. Igualmente, muestra que todo esto era conocido de manera prácticamente universal entre los judíos de su tiempo, incluso entre aquellos que eran hostiles o indiferentes al Evangelio.
2.- El testimonio es tan evidentemente de Josefo, que coloca a todos los críticos seculares ante dificultades insuperables; no les queda más remedio que alegar desesperadamente que se trata de un engaño a los fines de poder mantener su secularismo. Pero esto resulta ser solo una pretensión absurda y ridícula. El pasaje en cuestión se ajusta perfectamente a todo lo que conocemos del estilo y vocabulario de Josefo que se caracteriza por expresiones únicas y propias tales como “tribu de cristianos” y el llamar a Jesús “un hombre sabio”, etc., cosa que no ocurre en ninguna otra parte. Más aun, como bien señala E.C., todos los códices o manuscritos de la obra de Josefo contienen el texto en referencia; para poder sostener el carácter espurio del texto habría que suponer que todas las copias de Josefo se encontraban en manos de los cristianos, y habían sido modificadas de la misma manera”
3. Su autenticidad se dio por universalmente descontada durante siglos. Tomado del mismo artículo de E.C., “Tercero, Eusebio (” Hist. Eccl “., I, xi; cf.” Dem. Ev. “, III, v) Sozomen (Historia de la Iglesia I.1), Niceph. (Hist. Eccl., I, 39), Isidoro del Pelusio (Ep. IV, 225), San Jerónimo (catal.script. Eccles. Xiii), Ambrosio, Casiodoro, apelan al testimonio de Josefo; no debe haber existido duda alguna acerca de su autenticidad en la época de estos ilustres escritores”.
Podemos notar que Josefo, al igual que Gamaliel y otros, probablemente se contentó con trabajar discretamente dentro de la sinagoga -entre otras posibles explicaciones de por que no se había bautizado. Sea lo que fuere, este claro testimonio proveniente de un historiador considerado universalmente como digno de credibilidad es una prueba convincente de que los judíos del tiempo de Jesús estaban bien familiarizados con el hecho de su Resurrección.
De manera análoga a lo que ocurre con la Sabana Santa de Turín, y los 500 testigos de la Resurrección, así como las vidas heroicas y martirios de los Santos Apóstoles quienes sellaron y confirmaron con su propia sangre, su testimonio en cuanto a Jesús y su Resurrección, ¡El Testimonio Flaviano como se le llama, aporta una prueba creíble, nada desdeñable de la Resurrección! Debe, por tanto, ser objeto de atención de todo investigador serio del cristianismo.
Algunos de los primeros cristianos sabían que Josefo creía en Cristo y, en tal sentido, este historiador era visto con mucho respeto. Su conversión, al igual que la del Rabino Gamaliel, debe ser otro claro llamado a los no cristianos a creer en Jesús y ser salvos. Debe igualmente confirmar a los que vacilan en la Fe. Y debe consolar a los fieles de que Dios, el Señor al que servimos, ha hecho y puede realizar cosas increíbles.
San Jerónimo:
“Josefo, el hijo de Matías, sacerdote de Jerusalén fue hecho prisionero por Vespasiano y su hijo Tito, y desterrado. Al venir a Roma,  presentó a los emperadores, padre e hijo, siete libros Sobre el cautiverio de los judíos, los cuales fueron depositados en el Biblioteca Pública y, en razón de su genio, se le consideró digno de una estatua en Roma. Adicionalmente, escribió veinte libros acerca de las Antigüedades, desde el inicio del mundo hasta el decimocuarto año de Domiciano César, y dos Antigüedades contra Appion, el filólogo de Alejandría quien bajo Calígula fue enviado como delegado por parte de los gentiles contra Filón; también escribió un libro que contiene una vituperación de la nación judía. Otro de sus libros titulado Sobre toda sabiduría dominante, en el que relata la muerte de los macabeos por martirio, es altamente apreciado. En el octavo libro de sus Antigüedades, reconoce abiertamente que Cristo fue asesinado por los fariseos a causa de la grandeza de sus milagros, que Juan el Bautista fue verdaderamente un profeta y que Jerusalén fue destruida debido al asesinato del Apóstol Santiago. Igualmente señala con relación al Señor lo siguiente: “En estos tiempos estaba Jesús, un hombre sabio, si en verdad fuera legítimo llamarlo hombre. Por cuanto era un hacedor de milagros maravillosos, y un maestro de aquellos que libremente acogen la verdad. Tenía además muchos seguidores, tanto judíos como gentiles y se creía era el Cristo, y cuando instigado por la envidia de nuestros principales Pilatos lo crucificó. Sin embargo, aquellos que desde el principio lo amaron continuaron así hasta el final, pues él se les apareció vivo al tercer día. Muchas cosas, éstas y otras extraordinarias, se hallan en los cánticos de los profetas quienes profetizaron acerca de él y la secta de los cristianos, así llamados en su nombre, la cual persiste hasta nuestros días”.
El gran doctor que nos dio nuestra Biblia Latina Vulgata explica que Josefo claramente testifica acerca de estas cosas como incontrovertibles.
Y  San Ambrosio:
“Los propios judíos también dan testimonio de Jesús, como se ve en Josefo, el escritor de su historia, quien afirma lo siguiente: “Había en aquel tiempo un hombre sabio, si (al hablar de él) fuera correcto darle el nombre de hombre, pues era un hacedor de obras extraordinarias, quien se apareció a sus discípulos al tercer día de su muerte, vivo otra vez, conforme a los escritos de los profetas, quienes anunciaron estos e innumerables otros acontecimientos milagrosos acerca de él: gracias a los cuales comenzó la congregación de los cristianos, y sin embargo, él -Josefo- no era un creyente a causa de la dureza de su corazón y su intención prejuiciosa. Empero, no fue por sus prejuicios contra la verdad por lo que no era un creyente, lo que le añade mayor peso a su testimonio, pues a pesar de su reticencia y de no ser creyente, esto debe ser verdad, ya que nunca lo negó”.
Aquí el santo obispo de Milán pone de relieve que los hechos más importantes de la vida de Cristo, incluido su ministerio público y sus milagros, su vida y su Evangelio, su muerte y crucifixión, su entierro y su resurrección eran tan conocidos como para ser innegables incluso para aquellos que no confesaban abiertamente a Cristo. Si los no cristianos decían que Josefo no era cristiano, esto solo le agrega mayor peso a su testimonio. Si ellos aseveraban que él se había hecho cristiano, entonces, ellos debían haber hecho lo mismo.
En consecuencia, aquellos escépticos modernos, que conscientes de la gran credibilidad de la que goza Josefo encuentran, no obstante, que su testimonio es inexplicable a causa de su prejuicio a priori contra el cristianismo, merced a la ayuda de la gracia, deben llegar a la realización de que este testimonio es absolutamente cierto. Jesucristo es verdaderamente el Mesías prometido, y Él realmente murió bajo Poncio Pilatos en Nisan 14, 33 A.D. y resucitó al tercer día de entre los muertos.
Finalmente, dos santos doctores explican por qué el hecho de la Resurrección es tan incuestionable que, así como la existencia de Dios se puede conocer por sus efectos en la creación, de igual modo, la resurrección del Señor, que es la Nueva Creación, se puede conocer a través de sus efectos en la historia, en la vida de los apóstoles y en aquellos que se convirtieron.
San Crisostomo:
“Por esta razón, es decir, por los Milagros [hechos por los Apóstoles] Él pone de manifiesto la evidencia de Su Resurrección de manera inequívoca, para que no solo los hombres de aquellos tiempos -que es lo que resulta de las pruebas presenciales- sino también los hombres de la posteridad puedan tener la certeza del hecho de que ÉL resucitó. Partiendo de esta base podemos también discutir con los no creyentes. Pues si Él no resucitó, sino que continúa estando muerto, ¿cómo pudieron los Apóstoles llevar a cabo milagros en Su nombre? ¿Pero ellos no hicieron milagros, pueden alegar? ¿Como, entonces se instituyó nuestra religión? Por cuanto esto, ciertamente, no se puede negar o impugnar porque lo vemos con nuestros ojos: así, pues cuando dicen que no hubo milagros, se infligen a sí mismos una puñalada aún peor. ¡Qué mayor milagro que éste, que sin que mediase milagro alguno, el mundo entero haya caído con entusiasmo en las redes de doce pobres e ignorantes hombres!”  
Santo Tomás de Aquino, en la Summa Contra Gentiles, escribió:
La sabiduría divina que conoce todas las cosas en su plenitud se ha dignado revelar estos sus secretos a los hombres,  y como prueba de ello ha mostrado obras que trascienden la competencia de todos los poderes naturales, en la cura maravillosa de enfermedades, en la resurrección de los muertos y, lo que es aún más extraordinario, en inspiraciones tales de la mente humana que personas simples e ignorantes, llenas del don del Espíritu Santo, han alcanzado en un instante cimas de sabiduría y elocuencia. Como resultado de lo anterior, sin que medie la violencia de las armas, sin promesa alguna de placeres y, lo que es más extraordinario, en medio de la violencia de los perseguidores, una incontable multitud  de hombres, sin educación a la par que muy sabios, se han congregado en la Fe CRISTIANA, en donde se predican doctrinas que trascienden todo conocimiento humano, en la que se refrenan los placeres de los sentidos y en la que se enseña un desprecio por todas las posesiones mundanas. Que las mentes mortales den su consentimiento a tales enseñanzas es el mayor milagro de todos y una obra manifiesta de la inspiración divina que conduce a los hombres a despreciar lo visible y a desear únicamente los bienes invisibles. Esto no ha ocurrido de repente o por casualidad, sino gracias a una disposición divina plasmada en el hecho de que Dios predijo que pretendía hacer esto, a través de los oráculos de Sus Profetas. Los libros de esos profetas son aún venerados entre nosotros y dan testimonio de nuestra fe. Este argumento es abordado en el texto: “La salvación anunciada por el Señor, nos fue luego confirmada por quienes la oyeron, testificando también Dios con señales y prodigios, con toda suerte de milagros y dones del Espíritu Santo repartidos según su voluntad” (Heb. ii, 3, 4).
Esta conversión tan extraordinaria del mundo a la Fe Cristiana es indiscutiblemente un signo de milagros pasados, que no necesitan ser repetidos, dado que se hacen evidentes en sus efectos. Sería un portento mayor todavía que todos los otros milagros, si careciendo de estos signos extraordinarios el mundo hubiera sido inducido por hombres simples y de humilde cuna a creer en verdades tan arduas, a realizar obras muy difíciles, a esperar por una recompensa tan alta. Y sin embargo, aun en nuestros tiempos, Dios no cesa de obrar milagros a través de Sus santos para la confirmación de la Fe.
Nishant Xavier
(Traducido por María Calvani para Adelante la Fe. Artículo original).
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viernes, 24 de abril de 2020

CDMEX 24 DE ABRIL DE 2007 - 24 DE ABRIL DE 2020. FECHA LUCTUOSA


IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS Y A NUESTRAS PASIONES SIMULTÁNEAMENTE por San Juan María Vianney.


"Nos contentamos con abandonar a Jesucristo, como los apóstoles, que, después de haber recibido innumerables favores y cuando el Maestro más necesitado estaba de consuelo, huyeron. ¡Ay!, ¡ cuántos son los que osan dar preferencia a Barrabás, es decir, les gusta más seguir al mundo y sus pasiones, que a Jesucristo con la cruz a cuestas! ¡Cuántas veces le hemos recibido en son de triunfo en la sagrada mesa, y poco tiempo después, seducidos por nuestras pasiones, hemos preferido a ese Rey, ora un placer momentáneo, ora un vil interés, tras el cual andamos, a pesar de nuestros remordimientos de conciencia! ¡Cuántas veces, hemos estado vacilando entre la conciencia y las pasiones, y en semejante lucha hemos ahogado la voz de Dios, para no oir más que la de nuestras malas inclinaciones! Si dudáis de ello, escuchadme un momento, y vais a comprenderlo con toda claridad. Cuando realizamos alguna acción contra la ley de Dios, nuestra conciencia, que es nuestro juez, nos dice interiormente: «¿Qué vas a hacer?... He aquí tu placer por un lado y a tu Dios por otro; es imposible agradar a ambos al mismo tiempo: ¿por cuál de los dos te vas a declarar?... Renuncia o a tu Dios o a tu placer». ¡Ay!, ¡Cuántas veces, en semejante ocasión, hacemos como los judíos: nos decidimos por Barrabás, esto es, por nuestras pasiones ! ¡ Cuántas veces hemos dicho: «¡Quiero mis placeres»! Nuestra conciencia nos ha advertido: «Mas ¿qué será de tu Dios?» - «No me importa lo que va a ser de mi Dios, responden las pasiones; lo que quiero es gozar.» - «No ignoras, nos dice la conciencia, mediante los remordimientos que nos sugiere, que, entregándote a esos placeres prohibidos, vas a dar nueva muerte a tu Dios.» - «¿Qué me importa, replican las pasiones, que sea crucificado mi Dios, con tal que satisfaga yo mis deseos? - Mas ¿qué mal te hizo Dios, y qué razones hallas para abandonarle? ¡Sabes muy bien que cuantas veces le despreciaste, te has arrepentido después, y no ignoras tampoco que, siguiendo tus malas inclinaciones, pierdes tu alma, pierdes el cielo y pierdes a tu Dios!» - Mas la pasión, que arde en deseos de verse satisfecha, dice: «¡Mi placer, he aquí mi razón: Dios es el enemigo de mi placer, sea, pues, crucificado!» - « ¿Preferirás a tu Dios el placer de un instante?» - « Sí, clama la pasión, venga lo que viniere a mi alma y a mi Dios, con tal que pueda yo gozar.»

Y aquí tenéis, lo que hacemos cuantas veces pecamos. Es cierto que no siempre nos damos cuenta con toda claridad de ello; mas sabemos muy bien que nos es imposible desear y cometer un pecado, sin que perdamos a nuestro Dios, el cielo y nuestra alma. ¿No es verdad, que, cuantas veces estamos a punto de caer en pecado, oímos una voz interior que nos invita a detenernos, diciéndonos que de lo contrario vamos a perdernos y a dar muerte a nuestro Dios?".

miércoles, 22 de abril de 2020

¿MODERNISMO EN LA IGLESIA?


EL MODERNISMO ES LA SUMA DE TODAS LAS HEREJÍAS: SAN PÍO X

Por INFOVATICANA | 22 abril, 2020
No hace falta ser doctor en Teología para percatarse de los cambios que algunos sectores de la Iglesia trataron de introducir durante el siglo XX, especialmente a partir del Concilio Vaticano II. Las premisas que configuraron la modernidad ―todas ellas profundamente anticristanas― fueron, en un principio, rechazadas con ímpetu por los papas y hay numerosas encíclicas que así lo atestiguan. No obstante, durante la primera mitad del siglo pasado, algunas de ellas comenzaron a ser adoptadas con entusiasmo en aras de modernizar la Iglesia. Así, hubo ciertos sectores que procuraron concebir la Iglesia como una institución que había de estar adaptada a su tiempo, en plena consonancia con él y sus delirios, en lugar de como un faro que irradia luz a un mundo sumido en el error. La herejía modernista busca reinterpretar la historia bíblica, así como la filosofía católica, la teología y la liturgia, a través del moderno prisma de la ciencia racional y la filosofía posilustrada. En un comienzo esto podría sonar admirable. Uno podría preguntarse: “¿No debería aculturarse la fe católica al mundo moderno para hacer que la fe sea más atractiva? ¿Acaso no citaba Pablo a filósofos no católicos? ¿No empleó Agustín el platonismo? ¿No se reconcilió Tomás de Aquino con Aristóteles? ¿Por qué no reconciliar a Kant, Hegel, o incluso a Nietzsche, con el catolicismo?”. Los Apóstoles, los Padres de la Iglesia y los escolásticos “saquearon a los egipcios” y emplearon a menudo los escritos, pensamientos y analogías de los paganos que les precedieron. El modernismo, sin embargo, se originó tras el rechazo a la tradición intelectual católica. Sócrates vivió antes de Cristo. Su sistema filosófico no estaba contra el cristianismo per se. Era precristiano. Lo mismo sucede con los platónicos, los aristotélicos y la mayoría de los pensadores estoicos. Pero la filosofía de Kant o Hegel es decididamente poscristiana y busca reemplazar la fe católica con algo nuevo y mejor. Por consiguiente, el modernismo intenta hacer lo imposible: reinterpretar el catolicismo con un sistema moderno que rechace el cristianismo. Esas filosofías poscristianas ―y otras tantas― son la alternativa moderna a la cosmovisión católica del mundo que había predominado en Occidente durante toda la Edad media. Las religiones, y especialmente el cristianismo, no se limitan a la asunción de un credo particular. Más bien, la asunción de un credo implica la adopción de una cosmovisión, de unas convicciones acerca de Dios, el hombre y el mundo, que son las tres ideas cardinales de la filosofía. Así, y al contrario de lo que suele pensarse hoy, el ser del católico, además de implicar una fe concreta, requiere de esos postulados derivados de la asunción de esa fe. Rechazarlos o imponer otros ―es lo que hace el modernismo― es rechazar también la fe.

Las características del modernismo, según Pío X, son tres. La primera característica es el análisis crítico y racional para “desmitologizar” la Sagrada Escritura. Para los modernistas, la Biblia es una importante colección de leyendas redactadas por gente poderosa para transmitir un mensaje. Se pone en duda la existencia de Noé, Abraham, Moisés y David. Incluso los cuatro evangelios son cuestionados por sus relatos de milagros. Siguiendo el presunto naturalismo de la masonería, el modernismo rechaza cualquier cosa que sea ciertamente sobrenatural. Por ejemplo, cuando Nuestro Señor Jesucristo multiplicó los panes y los peces, realmente se trataría del “milagro de compartir”. No sucedió nada sobrenatural que incrementase la cantidad de comida disponible. La expulsión de los demonios que realiza Cristo, según explican los modernistas, es una historia simbólica sobre la aportación de la paz psicológica a las personas atribuladas. Jesús caminando sobre las aguas no es más que una manera literaria de representarle sobreponiéndose a los problemas del mundo. Cuando Cristo dice a sus apóstoles “este es mi cuerpo”, les está pidiendo que le recuerden. El pan no se convierte en nada sobrenatural. Todo tiene una explicación natural. La segunda característica del modernismo es el secularismo y la fraternidad universal. Santo Tomás de Aquino enseñó, acertadamente, que la gracia sana y eleva la naturaleza. El orden de la realidad es que lo sobrenatural reina sobre lo natural. Con la negación modernista de lo sobrenatural, lo secular y lo político se convierten en prioridad. Los conceptos de bienaventuranza y salvación son reinterpretados como metas seculares o políticas. Esto reduce al clero a activistas políticos y degrada al papa a ser un mero coach inspirador para las naciones seculares. Es tal la separación entre la Iglesia y el Estado que la Iglesia ya no tiene relevancia en la esfera pública. La religión es privada. El tercer plano del modernismo es el rechazo de lo que los católicos conocen como bien (moral), verdad (doctrina) y belleza (estética). El ceñido sistema de pecado original, pecado venial, pecado mortal, ser perdonado y sanado por la redención en Cristo es abandonado. Se promueve la moral relativista. Los modernistas proclaman que la doctrina debe ser siempre “pastoral”, no “verdadera”. Y las artes, las estatuas, la arquitectura y la música de la Iglesia católica son abandonadas en favor de lo vulgar, lo moderno y lo "útil".

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martes, 21 de abril de 2020

EL PEOR CASTIGO DE DIOS ES PERMITIR QUE HAYA LOBOS EN LUGAR DE VERDADEROS PASTORES


Por SAN JUAN EUDES.

Falsos pastores que son lobos y
arrastran las almas al infierno

La mayor señal de la ira de Dios sobre un pueblo y el más terrible castigo que sobre él pueda descargar en este mundo, es permitir que, en castigo de sus crímenes, venga a caer en manos de pastores que más lo son de nombre que de hecho, que más ejercitan contra él la crueldad de lobos hambrientos que la caridad de solícitos pastores, y que, en lugar de alimentarle cuidadosamente, le desgarren y devoren con crueldad; que en lugar de llevarle a Dios, le vendan a Satanás; en lugar de encaminarle al cielo, le arrastren con ellos al infierno; y en lugar de ser la sal de la tierra y la luz del mundo, sean su veneno y sus tinieblas.

Lobos con piel de oveja

Porque nosotros, pastores y sacerdotes, dice San Gregorio el Grande, seremos condenados delante de Dios como «asesinos de todas las almas que van todos los días a la muerte eterna por nuestro silencio y nuestra negligencia» (occidimus, quot ad mortem ¡re tepidi et tacentes videmus. Homil. 12 super Ezech.). «Nada hay, dice este mismo Santo, que tanto ultraje a Dios (y por consiguiente que más provoque su ira y atraiga más maldiciones sobre los pastores y sobre el rebaño, sobre los sacerdotes y sobre el pueblo) como los ejemplos de una vida depravada dados por quienes él ha establecido para la corrección de los demás; cuando pecamos, debiendo reprimir pecados», cuando no tenemos cuidado alguno de la salvación de las almas; cuando no nos cuidamos más que de satisfacer nuestras inclinaciones; cuando todas nuestras aficiones se terminan en las cosas de la tierra; cuando nos alimentamos con avidez de la vana estima de los hombres, haciendo servir a nuestra ambición un ministerio de bendición; cuando abandonamos los quehaceres de Dios para ocuparnos en los del mundo; y cuando llenando un lugar de santidad, nos entregamos a cosas terrenas y profanas. Cuando Dios permite que esto suceda, es prueba muy cierta de que está encolerizado contra su pueblo, siendo éste el más espantoso rigor que puede ejercer sobre él en este mundo. Por esto, dice incesantemente a todos los cristianos: Convertíos a mí... y os daré pastores según mi corazón (Convertimini ad me... et dabo vobis pastores juxta cor meum. Jerem. 3-15). En lo cual se deja ver bien claro que el desarreglo de la vida de los pastores es un castigo de los pecados del pueblo; y que, por el contrario, el mayor efecto de la misericordia de Dios hacia él, y la más preciosa gracia que puede otorgarle, es darle pastores y sacerdotes según su corazón, que no busquen más que su gloria y la salvación de las almas.

San Juan Eudes, “El sacerdote y sus ministerios en su aspecto ascético-pastoral” Capítulo II, Cualidades y excelencias de un buen pastor y de un santo sacerdote. Editorial San Juan Eudes. Usaquén-Bogotá D.E., Colombia. 1956.

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lunes, 20 de abril de 2020

DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN AL MUNDO


"Dejad que los niños vengan a mí —dijo Jesucristo un día con ternura a los Apóstoles. Con parecidas palabras, algo modificadas, voy a cerrar este texto: Dejad que vengan al mundo los niños que Dios envía.

Todos conocemos la matanza de los niños inocentes decretada por Herodes. ¡Qué gritos de angustia debieron proferir los labios de sus madres! ¡Con qué desesperación tratarían de defender a sus hijos de los sicarios de Herodes! ¡Qué gran compasión sentimos por estas pobres madres!

Mas el mundo actual parece que lo ha trastornado todo. La perversión de las ideas ha envenenado a las madres, no sólo para que no defiendan a sus hijos, sino para que ellas mismas vayan en busca del verdugo, y le paguen dinero por matarlos. ¿Puede haber perversión y maldad mayor?

Indudablemente todo pecado tiene su castigo, aun en esta vida. Porque quien comete el pecado del aborto y no se arrepiente y no hace penitencia, tiene dos castigos ya en esta tierra, ambos horrendos: o se despierta la conciencia y entonces sienten terrible remordimientos por lo que se ha hecho, que no dejan descansar ni durante el sueño —hasta tiene pesadillas sobre niños abortados—, o se endurece más todavía, y muere la conciencia —juntamente con el hijo abortado—, y se cae en tal embrutecimiento, que apenas queda algún rasgo de ternura y de compasión. Ni en el primer caso ni en el segundo se puede hablar de haber tenido una vida matrimonial feliz; no queda más que amargura y vacío. Lo prueba la experiencia con tristes ejemplos de todos conocidos.

Terminemos este texto suplicándole a Nuestro Señor Jesucristo que nos obtenga la gracia de tener matrimonios felices, amantes de los hijos".

Mons. Tihamér Tóth
📖 El Matrimonio Cristiano.
Tomado de: La Dama Católica.

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sábado, 18 de abril de 2020

MEDITACIÓN PARA DESPUÉS DE SEMANA SANTA por San Bernardo


 “Si hemos muerto al pecado, ¿cómo vamos a vivir todavía sujetos a él? Si hemos sentido dolor de nuestros defectos, ¿vamos a reincidir en ellos? ¿Seremos tan curiosos como antes? ¿Tan charlatanes, perezosos y negligentes? ¿Tan vanidosos, sospechosos, detractores e iracundos? ¿Tornaremos a los mismos vicios que tan sinceramente hemos llorado estos días? Ya me quité la túnica, ¿cómo voy a ponérmela de nuevo? Ya me lavé los pies, ¿cómo voy a mancharlos otra vez? Hermanos, eso no es cambiar de viva. Así no veremos a Cristo, ni es ése el camino que nos lleva a la salvación de Dios. Porque como sabemos todos, quien sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios."

 SAN BERNADO.

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viernes, 17 de abril de 2020

TRIDUO AL DIVINO ROSTRO DE N.S. JESUCRISTO CONTRA LA EPIDEMIA, IMPLORANDO SU MISERICORDIA Y SU PERDÓN


Por la Beata Concepción Cabrera de Armida.

ACTO DE CONTRICIÓN

¿Cómo acercarme a Ti, Faz Adorable de mi Jesús, en que veo estampados mis crímenes? Esas heridas, esos golpes, esa Corona de Espinas y esa Sangre Preciosa qué otra cosa son que las huellas de mis pecados… Necesito, Señor, romper primero mi corazón con el arrepentimiento de mis maldades y así, contrito y humillado, pedirte perdón y la Misericordia que nunca niegas a quien la solicita con amor.

Me pesa, Señor, de haberte ofendido de tantos modos… Cuento mis culpas en cada herida de tu Rostro Sacrosanto y mi alma se estremece de dolor al ver mi obra, la obra de un hijo ingrato, que así ha pagado los innumerables beneficios que de tu Bondad ha recibido. ¡Perdón, piedad, misericordia!

PETICIÓN

La epidemia golpea hoy al mundo. Yo vengo a pedirte, Jesús, que cese ya esta enfermedad que nos aflige. ¡Oh lágrimas de Jesús, que tantas veces se unieron a las de María, laven hoy los pecados del mundo y que su riego Santo y Bendito fertilice con la Gracia los corazones que lloran! Cese ya el azote de la epidemia, que tantas víctimas hace. Di una sola palabra, Señor, y cesará la epidemia y nuestras almas serán curadas.

“Ámense los unos a los otros”, dices, y vendrá la Paz por el Espíritu Santo a los hombres de Buena Voluntad. Amaremos al Espíritu Santo e imploraremos su Reinado de Paz en los corazones. Una sola palabra, Jesús, y nuestra alma será sana y salva. Una sola palabra, Jesús, y la epidemia desaparecerá y todos alzaremos el grito de gratitud, arrepentidos, amando.

Señor, te pedimos tu Paz y tu Perdón. Te lo pedimos por María Nuestra Madre. Te pedimos tu Amor de Padre, de Hermano, de Dios, y todas tus Bendiciones para nuestras familias. Así como la restauración de todas las cosas en Cristo, por medio del Espíritu Santo y por intercesión de María.

ORACIÓN FINAL

Vine abrumado y me voy consolado. “Llamad y se os abrirá”, “pedid y recibiréis”; y yo, con toda la fe de mi alma cristiana, creo, espero y confío en tu infinito Amor, que es más grande que todos los crímenes del mundo, y en tu Misericordiosa Bondad.

Te pido una vez más, cese ya esta epidemia que nos agobia. Míranos compasivo, óyenos clemente. Envíanos al Espíritu Santo que renovará la faz de la tierra.

Madre de Guadalupe, que nos has dejado tu Imagen, Prenda de tu amor. Tú que nos prometiste ser Madre Amorosa y Tierna de cuantos soliciten tu amparo, pide a Jesús, cese la epidemia y que envíe un como Nuevo Pentecostés con el Espíritu Santo. Amén.

CONTEXTO HISTÓRICO.

En 1918, la Gripe Española mató en dos años a más de 40 millones de personas en todo el mundo. Se considera la pandemia más devastadora de toda la historia. La Beata Conchita, con gran dolor y agobio, nos dejó escrito en su Cuenta de Conciencia:

“¡Peste! La peste de influenza asola las poblaciones. El 17 murió Cirita; el 20, Manuel su esposo, mi sobrino; el 21, Lupe, esposa de Joaquín y hay otros enfermos graves en San Luis. Aquí hay mucha enfermedad. Murió Gloria. ¡Dios mío! Acuérdate lo que trabajó en el Apostolado y llévala a tu Santo Reino.”

“Rostro Adorable de mi Jesús, salva a los Misioneros, a las Religiosas y a mis hijos y familia… ¡Que se haga tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo!”

“Octubre 31. Mi alma desolada, el cuerpo enfermo, con muchas espinas… ¡Esta soledad! ¡Oh, Madre de mi alma, ayúdame y que ame siempre la Voluntad Divina!”

“Noviembre 1. En cuatro paredes, enferma, viendo pasar muertos. Sigue la peste. ¡Dios mío, ten piedad de nosotros! Escribí un Triduo al Divino Rostro, que van a imprimir. ¡Hay que clamar al Cielo misericordia!” (CC 42, 166-167. Noviembre 1918).

Así pues, confiando en que Dios oye nuestras súplicas, les compartimos ese texto para orar pidiéndole cese ya la pandemia del Covid-19 que en esta época nos toca enfrentar. Puede hacerse delante de una imagen del Divino Rostro o un Crucifijo y les invitamos a no hacerlo solo a manera de Triduo, sino a manera de súplica diaria, en adelante, lo que dure este tiempo de contingencia.

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Tomado del folleto elaborado por la M. Guadalupe Labarthe Cabrera RCSCJ.
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