sábado, 13 de junio de 2020

¡QUÉDATE CON NOSOTROS, SEÑOR!


Quédate con nosotros, Señor. Que baje del cielo tu misericordia sobre el mundo, alivia desde los sagrarios de la tierra la prolongada noche de sufrimiento y pena.

Quédate con nosotros para guardar a los inocentes, para sostener a los tentados, para levantar a los caídos, para subyugar el poder del demonio, para impedir el pecado.

Quédate con nosotros, Señor, para consolar a los que sufren, para bendecir a los que yacen en el lecho del dolor, para dar Contrición Perfecta a los que mueren, para recibir en los brazos de tu misericordia a las miles de almas que se presentarán ante ti esta noche para ser juzgadas.

¡Oh buen Pastor! Quédate con tus ovejas, defiéndelas de los peligros que las rodean y las amenazan. Pero sobre todo, quédate con los que sufren y con los agonizantes.

Danos una noche tranquila. Y, cuando llegue el día y el momento, una muerte serena y poder morir en tu gracia, acompañados de tus sacramentos o, al menos, de una Contrición Perfecta por amor a ti.

Amén.

viernes, 12 de junio de 2020

ORACIÓN AL CORAZÓN TRASPASADO DE JESÚS


Oh mi amadísimo y gentil Jesús, deseo con todos los afectos de mi corazón, que todas las criaturas te alaben, honren y glorifiquen eternamente por la sagrada llaga de Tu costado. Yo deposito y encierro en la llaga abierta de Tu Corazón, mi corazón y todos mis sentimientos, pensamientos, deseos, intenciones y todas las facultades de mi mente. Te ruego, por la preciosa Sangre y Agua que brotaron de Vuestro preciosísimo Corazón, que tomes entera posesión de mí, que me guíes en todas las cosas. Consúmeme en el fuego ardiente de Tu santo Amor, para que sea de tal modo absorto y transformado en Ti que ya yo no sea sino uno Contigo.

(Del libro de San Juan Eudes).

JACULATORIAS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

V. Jesús manso y humilde de corazón,

R. Haz mi corazón semejante al tuyo.


V. Sagrado Corazón de Jesús,

R. En Vos confío.


V. Sagrado Corazón de Jesús,

R. Perdónanos y se nuestro Rey.


V. Corazón de Jesús,

R. Que os ame y os haga amar.


V. Corazón divino de Jesús,

R. Convierte a los pecadores, salva a los moribundos, libra a las almas santas del purgatorio.


V. Sagrado Corazón de Jesús,

R. Protege nuestras familias.


V. En los cielos y en la tierra sea para siempre alabado,

R. El corazón amoroso de Jesús Sacramentado.


V. Sea por siempre bendito y adorado Cristo, Nuestro Señor Sacramentado,

R. Nuestro Rey por los siglos de los siglos.

jueves, 11 de junio de 2020

FIESTA DEL JUEVES DE CORPUS CHRISTI (DE PRECEPTO, AL MENOS EN MÉXICO, EN OTROS PAÍSES EL FIEL DEBE INVESTIGAR)


La Iglesia celebra jubilosa el Jueves de Corpus Christi 60 días después del Domingo de Resurrección para conmemorar la institución de la Sagrada Eucaristía.

La Fiesta del Jueves de Corpus tuvo como antecedente el milagro que sucedió en Bolsena, Italia, en 1263. Ya que, acorde a diferentes relatos, un sacerdote que oficiaba la Santa Misa vio brotar sangre al elevar la Hostia Consagrada.

Pero, ¿por qué está fiesta religiosa se asocia con las mulas?

Los antecedentes son muchos y muy variados, al menos en nuestro país.

Esta Festividad fue traída a México por los españoles en la conquista y se dice que, aproximadamente desde 1526, la fiesta de Corpus Christi era la más importante fiesta en todo el virreinato de la Nueva España. Y que en este día salían las procesiones con el Santísimo Sacramento, en las que participaban campesinos provenientes del Estado de México, Morelos, Puebla, Tlaxcala, y luego de Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí y Zacatecas que iban con sus mulas y sus cosechas para ofrecérselas a Dios como señal de agradecimiento, en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

También cuentan que un hombre, llamado Ignacio, tenía dudas acerca de su vocación sacerdotal y un Jueves de Corpus le pidió a Dios que le enviara una señal. Al estar presente en la procesión, vio pasar el Santísimo Sacramento y pensó que si Dios estaba presente en la Hostia consagrada, hasta las mulas se arrodillarían. En ese mismo instante su mula se arrodilló. Por lo que, Ignacio lo tomó como una señal y entregó su vida al sacerdocio.

De esta manera, nació la tradición de elaborar mulitas con hojas de plátano o barro cargando pequeños guacales con fruta. Estas mulitas representan que los católicos reconocen la presencia de Dios en la Eucaristía y también recuerdan a aquellos campesinos que acudían a la ciudad con sus mulas, como medio de transporte y en las que les colgaban cajas de madera para llevar sus alimentos.

Por otro lado, en este día también se acostumbra vestir a los niños con ropa de manta en alusión a quienes dedican su vida a arar tierras y se presentan en la iglesia en Jueves de Corpus para dar gracias como lo hacían sus antepasados.

También recuerdan aquel milagro con que San Antonio de Padua comprobó ante una mula que Cristo estaba realmente presente en la hostia.

jueves, 4 de junio de 2020

ENFERMERA CELESTIAL


 "De la misma forma que una madre jamás siente disgusto en curar las llagas de su hijo, así María, la enfermera celestial, nunca rehusa cuidar de los pecadores que recurren a Ella". 

 San Alfonso María de Ligorio

miércoles, 3 de junio de 2020

EMPLEAR EL SENSUS FIDEI


El médico aunque enferme puede curar. Los ministros de Cristo no son todos santos. El confesor si peca, también se confiesa y ello no le quita el poder de perdonar. Quien cura el alma de otros con la absolución, también puede enfermarse espiritualmente -que es peor que físicamente- por el pecado. Por supuesto, nada justifica la ofensa a Dios, porque el pecado como tal nunca tiene justificación en nadie. Todo ser humano puede pecar por su naturaleza caída que lo hace proclive a caer en las tentaciones del maligno. El sacerdocio no elimina la humanidad del ministro, aunque le exige -más que a nadie- una vida de santidad. Pero los defectos y errores humanos no quitan que Jesús les delegó ese poder de remitir los pecados ajenos, cuando dijo: ‘A quienes perdonen sus pecados, serán perdonados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos’. Jn 20.23. Además, debe saberse que todos somos pecadores y que los sacerdotes confiesan a menudo sus pecados, pues hasta los más santos tienen faltas veniales e imperfecciones.

El catolicismo es la única y verdadera religión fundada por Cristo-Dios y su veracidad no depende del comportamiento -bueno, malo o regular- de sus ministros, como la ciencia médica no es falsa por los malos médicos. Él proclamó: ‘Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás’. Juan 11, 25-26. ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida’. Juan 14, 1-6. Sólo el débil pierde la fe por el comportamiento de los ministros de Dios. Otro asunto es que pueda y deba huir de los malos pastores, sobre todo de aquellos que con sus prédicas destruyen la fe o la moral contraviniendo las enseñanzas de la propia Iglesia y que alejan a los fieles del genuino magisterio. Sólo el jacobino de mala fe -con la arrogancia de quien muchas veces se ostenta como perfecto- descalifica la veracidad del catolicismo en función de los defectos humanos, como si la Verdad revelada por Dios dependiera de éstos y como si dichos jacobinos fueran un dechado de santidad y virtudes (cuando debieran empezar por juzgar la viga en el ojo propio).

Así que resulta una falacia impugnar la veracidad de la religión católica con el sólo pretexto del pésimo comportamiento de algunos ministros (en diversas congregaciones, que además están traicionando a Cristo y a su Iglesia) como esa lamentable MINORÍA de pederastas (que existen también, y en mayor medida, en todos los estratos y en todos los medios seculares de la sociedad, como también en general en otras religiones), lo que equivaldría a negar la veracidad de una ciencia por sólo la mala conducta de los malos científicos. Además, generalizar el pésimo y condenable comportamiento de unos cuantos es verdaderamente una actitud diabólica con fines -arteros e inconfesables- de calumniar a todos para atacar a la Iglesia de Cristo. De este modo, los médicos criminales -que los hay- no descalifican la medicina como tal. De igual manera, no confesarse con un ministro designado por Dios para perdonar los pecados con el pretexto de que es un hombre pecador igual que nosotros, es una falacia semejante a la ridiculez de no querer ir a curarse con un médico porque los médicos también padecen enfermedades o existiera, entre ellos, quien fuera criminal.

Es urgente destruir los mitos que esgrimen los ENEMIGOS DE DIOS y que, lamentablemente, hay que reconocerlo, convencen a algunos ingenuos y débiles en la fe que no han escuchado más que lo que dicen estos sofistas sin realizar siquiera, por sí mismos, un más profundo análisis y razonamiento, empleando el sensus fidei o, por lo menos, el sentido común.