lunes, 22 de abril de 2013

"SÉ MI VOZ, YO NO TENGO; NO SOY EL CUERPO DE MI MADRE, SOY ALGUIEN DISTINTO QUE MERECE Y TIENE EL DERECHO DE VIVIR...



El principio de todo derecho es el de la Vida; sin éste todos los demás caen por tierra. Nadie puede hablar de "derechos humanos" si no defiende el principio y fundamento de todos los demás, hacerlo así es propio sólo de hipócritas.

Si eres voz de los que aún no la tienen, un día Cristo te dirá: Venid bendito de mi Padre porque cuando alzaste tu voz por mis pequeños, en cuanto lo hiciste por ellos, a Mí lo hicisteis.

¡No calles!, también hay complicidad en los pecados de omisión.


domingo, 21 de abril de 2013

UN PERRO FIEL HASTA LA TUMBA (video)



Se trata de un perro mestizo, un "ovejero cordobés", que cuando murió su dueño, Miguel, desde aquel 24 de marzo de 2006, todos los días a las 18:30 hrs, Capitán se recuesta a lado de la lápida.

sábado, 20 de abril de 2013

LAS MALAS CONVERSACIONES



¡Cuántas malas conversaciones se vomitan cada día! Palabras deshonestas, charlas inmundas; chistes groseros, chistes picantes, palabras y chistes de doble sentido, comentarios morbosos. Ante todo, distingamos una mala palabra vulgar de una palabra obscena con connotaciones sexuales, que es a lo que aquí nos referimos. ¡Y cuán extendido está este pecado por el mundo!, pues estas malas conversaciones y palabras obscenas se profieren por toda clase de personas. Tanto por los jóvenes de baja condición, como por los de de traje y corbata; Tanto por mujeres de mala vida, como por las señoritas de buenas familias; también, y es una lástima decirlo, estas malas conversaciones se oyen tanto de las bocas de adultos y viejos, como también de las bocas de los niños.

¡Qué contento estará el demonio cuando oye proferir semejantes palabras obscenas!

Le parecerá haber destruido la obra de Dios, pues el hombre y la mujer, que fueron creado a imagen y semejanza de Dios, con estos pecados, se convierten en imagen y semejanza de las más inmundas bestias, ¡y aún peor que ellas!

Y aunque estas obscenidades que se dicen sean sólo de palabra, y no se lleven a cabo en la obra. Tanto sólo por haberlas dicho, ya se ha ensuciado y empantanado el corazón, casi de la misma forma como si se hubiesen cometido, pues el comentario muchas veces implica ya un mal deseo, y de ahí al acto hay sólo un paso; y así, se hacen -de cierta manera- reos del pecado terrible de fornicación, o de adulterio, ya sea natural o antinatural, dependiendo de lo que se haya hablado. Será de momento un pecado de la lengua, pero ya lleva -muchas veces- el deseo de su materialización (en tal caso es un pecado -también- de DESEO) o puede conducir fácilmente a él; y muchas veces del deseo al acto, es poco el espacio que existe porque lo que se expresa por la lengua nace del fondo del corazón. Y así, si muchos pecados no se concretizan materialmente es a veces sólo por falta de oportunidades.

Cierto es que en algunos casos, el chiste de doble sentido -por decir un ejemplo- no lleva necesariamente implícito el mal deseo, sino el tonto ánimo de divertir al otro, pero fácilmente puede abrir el corazón y la mente del que lo expresa -o del que lo escucha (algo que está fuera de nuestro control)- a pensamientos o deseos pecaminosos, de momento o más tarde. Y peor aún si es un hábito recurrente. Otro tanto ha de decirse de la pésima costumbre que existe en algunos países -como México- de lo que se denomina "alburear" al amigo, esto es fastidiarle y decirle picardías jugando con las palabras de doble sentido que rayan muchas veces en aspectos homosexuales, ¡como si tuviera alguna maldita gracia ostentarse como homosexual activo!

Ni que decir de aquellas malas conversaciones donde con lujo de detalle y morbo se expresan deleitosamente los hechos o deseos más inmorales, como si fuera lo más natural. Esto hace pecar gravemente al que habla y generalmente al que escucha, también.

No olvidemos la sentencia fulminante de nuestro Dios: “Ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas…heredarán el reino de los cielos”. (I. Cor. 6,9-10)

Para tener asco de estos pecados de las malas conversaciones, chistes obscenos y palabras inmundas, veamos algunas consideraciones que nos recordarán el grave daño que se hace con este pecado en las almas del prójimo y también en la misma alma del que las profiere.

1) Las palabras obscenas hacen gran daño al prójimo

San Agustín, a los que hablan deshonestamente los llama “mediadores de Satanás”, porque donde no puede llegar Satanás con las sugestiones, llegan los impuros con las palabras obscenas que pronuncian.

El apóstol Santiago habla de estas malditas lenguas, y dice que la lengua del impuro es fuego inflamado por el infierno, con el cual quema el obsceno a los demás.

Dios, en el libro del Eclesiástico, habla de un tercer tipo lengua, el cual es aplicable a la lengua de los impuros (Eccl.28,16).

La primera lengua, es la lengua espiritual, la que habla de Dios. La segunda lengua es la lengua mundana, la que habla de los negocios y riquezas del mundo. Y la tercera lengua es la lengua del infierno, que es la que habla sobre obscenidades carnales, y ésta es la que pervierte a muchos y hace que se pierdan en el infierno.

El rey David dice que la vida del hombre sobre la tierra está llena de tinieblas y de oscuridad. Esto quiere decir que el hombre, mientras vive, camina entre tinieblas por un camino resbaladizo, por lo cual está en peligro de caer a cada paso, si no tiene toda la cautela y no mira muy bien por donde camina, con el fin de evitar las caídas, que son las ocasiones de pecar. Si en este camino tan resbaladizo, hubiese además alguien que se encargase de empujar a los otros para hacerlos caer, sería un milagro que no se cayese en el precipicio. Pues esto es precisamente lo que hacen aquellos instrumentos del demonio que hablan obscenidades: inducen a los otros al pecado mientras están en este mundo, habitando en las tinieblas, y cercados por una carne tan propensa a este vicio.

Hablando Dios acerca de estos hombres y mujeres con lenguas obscenas dijo: “Sus bocas son sepulcros abiertos” (Salm.5,11)

Y San Juan Crisóstomo añade que: Las bocas de éstos que no saben hablar sino obscenidades, son sepulcros abiertos que exhalan putrefacción, y contaminan todo a su alrededor; de la misma forma que el olor que sale de la podredumbre de los cuerpos amontonados en una fosa, infesta y trastorna a todos aquellos que perciben la hediondez.

Para recalcar todavía más el grave daño que ocasiona la lengua impura, Dios dijo: “el golpe del azote deja una llaga (en el cuerpo); pero el golpe de la lengua desmenuza los huesos”. (Eccl.28,21). Esto quiere decir que las heridas que causan las lenguas deshonestas penetran hasta los huesos de aquellos que las oyen, por el escándalo que les causan, especialmente cuando se profieren en presencia de personas jóvenes e inocentes.

Cuenta San Bernardino de Sena, que una doncella muy pura, y que vivía santamente, una vez oyó de un joven una palabra obscena, y fue tal el escándalo que le produjo, que ella quedó terriblemente conturbada; le comenzaron a llegar gran cantidad de malos pensamientos y deseos, de tal manera que llegó a consentirlos, y después se entregó tanto a la impureza, que dice el santo, que aunque el demonio hubiese tomado carne humana, no hubiera podido cometer tantos pecados impuros como ella cometió.

¿Cuál habrá sido el fin de esa doncella, antes pura, que se volvió un demonio? ¿Y cuál habrá sido el fin de ese joven que pronunció esa palabra obscena y la escandalizó? Seguramente que el fin de ese joven, si no se arrepintió, fue terriblemente peor, pues no olviden lo que Nuestro Señor advirtió: “quien escandalizare a uno sólo de estos pequeños que creen en Mi, Más le valdría que le colgasen al cuello una rueda de molino y lo echasen a lo profundo del mar… ¡Ay del hombre por quien el escándalo viene!” (Mt.16,6-7)

¡Cuántas almas se han condenado por culpa de la lengua impura! Dios dijo tristemente: “Muchos han perecido al filo de la espada; pero no tantos como por culpa de su lengua! (Eccl.28,22)

En fin, esos hombres y mujeres, cuyas lenguas son un volcán de impurezas, son la ruina del mundo. Dijo un autor que más daño hace uno sólo de ellos, que cien demonios del infierno, siendo así la ruina de muchas almas; por eso Dios les pedirá terribles cuentas en el día del juicio, y de muchísimos de ellos, Dios podrá decir lo mismo que dijo de Judas: “Más le valiera no haber nacido”.

2) Las palabras obscenas hacen gran daño al alma misma del que las profiere

Podría decir alguno: “¡Pero, esas palabras deshonestas y chistes malos, yo los digo por diversión y sin malicia!”. A ellos, un autor les responde: “¿Con que los dices por diversión? ¡infeliz! Esas diversiones hacen reír al demonio, y te harán a ti llorar eternamente en el infierno. Porque no sirve decir que tú las dices por diversión y sin malicia, pues cuando profieres esas palabrotas escandalosas y obscenas, es muy difícil que uno no se complazca con las ideas que surgen en la imaginación; pues normalmente resulta de ellas una secreta complacencia, que suele ser semejante a una chispa que puede fácilmente encender la estopa seca. Y de allí, se llega fácilmente a las obras”. Además, ¿puedes tú saber el efecto que causarán en el que te escucha?, ¿puedes tú controlar que el otro(a) las escuche sin malicia alguna?

No hay que olvidar que los hombres y las mujeres están todos inclinados al mal, inclinados al pecado; tenemos una naturaleza gravemente herida por el pecado original, recuerden lo que dijo Dios: “los pensamientos del corazón humano se dirigen al mal todos los días” (Gen.6,5). Por eso, y sobretodo en materia de impureza, tenemos que ser muy cautos y prudentes, si no, muy pronto nos hallaremos enredados y enlodados en estos vicios deshonestos, de los cuales será muy difícil salir. Además, nos advierte el Espíritu Santo: “no seas capturado (agarrado) por tu lengua” (Eccl.V,16). Esto quiere decir: “Ten cuidado de no labrarte con tu lengua una cadena que te conduzca y arrastre a los infiernos”, pues la lengua mancha todo el cuerpo e inflama la rueda de la vida.

Sí, como antes dijimos, la lengua es uno de los miembros del cuerpo que, cuando habla mal, infesta a todos los demás miembros, e inflama y corrompe toda nuestra vida, desde la niñez hasta la senectud; y de allí resulta que los que hablan obscenidades, no saben abstenerse de semejantes conversaciones, aún cuando sean ancianos.

Otra razón más por la que las malas conversaciones hacen daño al alma de los que las profieren, es que se hacen desmerecedores de la misericordia de Dios.

¿Se compadecerá Dios de aquellos que no se compadecen de las almas de los prójimos? Dijo el apóstol Santiago que será juzgado sin compasión aquél que no tuvo compasión de los demás: “Juicio sin misericordia, a aquél que no tuvo misericordia” (Sant.2,13).

Y los que hablan impurezas no tienen misericordia del prójimo: pues a veces vomitan sus obscenidades tanto a una persona, como a muchas; y cuando mayor es la concurrencia, tanto mayor es el calor y desenfreno con que suelen hablar; y sobre todo las profieren con sus amigos; no tienen piedad ni de sus amigos, pues con esas palabras están más que contaminando y hundiendo las almas de sus tristes amigos. Y todavía más grave aún, a veces los hombres dicen sus "chistes" delante de mujeres, como también delante de los niños; ¡arrasan con todos, no tienen escrúpulos, no tienen pudor, perdieron toda vergüenza!

¡Y hasta se gozan al echarse unas carcajadas para deleitarse sobre el tema impuro que han hablado y de esa manera le dan más fuerza a sus palabras! Si estas personas de lenguas impuras siguen obrando así, ¿podrá Dios tener compasión de ellas?

Por todo esto que hemos dicho, los impuros, con todas sus sucias palabras, están matando, condenando y sumergiendo, cada vez más profundo, a su propia alma.

Conclusión

Cuidémonos mucho de no proferir con nuestra boca palabras deshonestas, ni siquiera las palabras de doble sentido, ni los chistes picantes; pues Dios ordenó lo siguiente: “La fornicación y cualquier impureza, ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a los santos” (Ef.5,3).

Dios nos ha dado la lengua, no para ofenderle, sino para alabarle y bendecirle.
Y por eso nos ha dicho: “Haz una balanza para tus palabras, y un freno bien ajustado para tu boca; Y mira no resbales en tu hablar, por lo cual caigas en tierra…y sea incurable y mortal tu caída” (Eccl.28,29-30)

Pensemos que en nuestras bocas, ha entrado ya muchas veces Nuestro Señor Jesucristo por la santa Comunión, y por eso, debemos precavernos con mayor cuidado de proferir cualquier palabra que contamine la puerta por donde ha entrado y entra Dios a nuestro corazón.

Es más, usemos nuestra boca para hablar como Dios lo quiere: Dios dijo: “Vuestras palabras estén siempre condimentadas con la sal” (Col.4,6). Es decir, nuestra conversación debe ir mezclada con algunas palabras santas que muevan a los demás a amar a Dios y a retraerlos de ofenderle.

¡Feliz la lengua que no sabe sino hablar de las cosas de Dios!

No olvidemos que de cada palabra hablada Dios tomará nota. Estas faltas van contra el sexto y -muchas veces- contra el noveno mandamiento de la Ley de Dios.

Usemos nuestra lengua como un poderoso instrumento para aumentar la gloria de Dios, y para la edificación del prójimo, pues de esta manera, podremos gozar eternamente de la hermosa gloria que Dios nos tiene preparada.


viernes, 19 de abril de 2013

AÑO CRISTIANO (SANTORAL DIARIO) ¡NUEVAMENTE! BÁJALO A TU PC GRATIS

HEMOS COLOCADO NUEVOS LINKS, DEBIDO A QUE SE HABÍAN ELIMINADO DE INTERNET LOS ANTERIORES. 

Con el santoral católico de cada día. Estupenda obra, aprovecha ahora para bajarla.


Una de las ilustraciones de la obra

“AÑO CRISTIANO”
(SANTO DEL DÌA)
Autor: P. Jean Croisset, S.J.
Año 1864

Son 12 tomos, uno por cada mes del año y con el santoral de cada día. Una obra espléndida y de capital importancia su lectura diaria. Es una joya muy buscada por coleccionistas y de alto costo comercial por su escasez en el mercado. La obra se rige por el santoral tradicional (fue escrita en 1864), por lo que muchas veces no coincide con el postconciliar. El santoral reseñado en el "AÑO CRISTIANO", aunque por cuestión cronológica no incluye las canonizaciones posteriores a su fecha de pubicación, en lo demás está plenamente vigente en la liturgia tradicional de acuerdo con el Motu Proprio "Summorum Pontificum" del papa Benedicto XVI.

Haz click en cada mes para bajar ese tomo. Debes darte de alta como usuario en 4 shared.com.

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Agradecemos la cortesía y el mucho tiempo invertido para subir a la red una excelente obra tan voluminosa y única en su género. ¡Aprovechémosla mucho! Consultémosla diariamente o con mucha periodicidad para conocer más sobre los santos y mártires de nuestra santa Iglesia. Se recomienda mucho colocarla en otros blogs y páginas web católicas.


EL SENADO COLOMBIANO APLAZA EL DEBATE SOBRE EL DIZQUE "MATRIMONIO" HOMOSEXUAL

HASTA EL PRÓXIMO MARTES 23 DE ABRIL


El Senado colombiano decidió aplazar hasta el próximo martes 23 el debate sobre el proyecto de ley de matrimonio para parejas del mismo sexo, debido a la ausencia de la transmisión por televisión pública de la discusión. La decisión se tomó luego de que se hubiera iniciado la discusión del proyecto, por iniciativa del senador oficialista Juan Restrepo, y fue aprobada por 35 votos contra 30.


-(Agencias)- El proyecto, del senador oficialista Armando Benedetti y del representante a la Cámara (diputado) por el Partido Verde Alfonso Prada, ya fue aprobado en diciembre pasado por 10 votos contra 5 en la comisión primera del Senado.
Ahora debe ser debatido en el plenario del Senado y, de ser aprobado, debe enfrentar otros dos debates en la Cámara.
El senador Benedetti se ha manifestado poco optimista sobre la posibilidad de que el Senado apruebe el proyecto, dada la presión en contra de la iglesia Católica, los partidos conservadores y diversos movimientos civiles de corte conservador.
Previo al debate de este miércoles, la bancada en el Senado del Partido Conservador y una mayoría del oficialista Partido de Unidad Nacional (La U) acordaron votar en contra.
Por su parte, el martes la Conferencia Episcopal Colombiana divulgó una carta pública en la que apeló «a la conciencia de los senadores para que apoyen el verdadero y único matrimonio, constituido por la unión de un hombre y de una mujer».

miércoles, 17 de abril de 2013

A LAS PENAS DE JESÚS CRUCIFICADO, Saeta del Siglo XVII



LETRAS A LAS PENAS DE JESÚS CRUCIFICADO,
que se cantan al salir la procesión de penitencia.
(Saeta del Siglo XVII)

Pues mis culpas, Señor, son
las que os han crucificado,
reconocido y postrado
os pido, mi Dios, perdón.

Si por mí una vez sufristeis
el ser vendido, ay de mí!
Que mil veces os vendí,
después que vendido fuisteis!
Como si fuerais ladrón,
por mí os han aprisionado.

Pues mis culpas, Señor... etc.
(luego de cada estrofa)

Por remediar la dolencia
de mi ambicioso deseo,
os llevaron como reo
entre jueces, sin clemencia;
contra vos la acusación
de mis delitos se ha dado.

Con apretados garrotes
a una columna amarrado,
el judaísmo obstinado
os dio cinco mil azotes;
descubrióse el corazón
por el cuerpo desgarrado.

La fealdad de mi torpeza
abrió esas sienes divinas
con setenta y dos espinas
taladrada tu cabeza;
tal fue el dolor y aflicción,
que el cielo quedó pasmado. 

De mi vida el desconcierto
en una cruz os clavó,
más nuestra muerte nos dio
la vida puesta en vos muerto;
tocó a doble en comoción
todo el orbe alborotado.

Otro tormento cruel
fue el de la sed que tuvisteis,
y el dolor que padecisteis
con el vinagre y la hiel;
de todo fue la ocasión
mi espíritu destemplado.

Quedó el cuerpo desangrado
cual diamante misterioso,
que descubre lo precioso
cuando con sangre es lavado;
precio de mi redención
fue tu sangre, y yo el culpable.

Quedáronse sin cerrar
las llagas, del Cielo puertas,
para que las halle abiertas
quien por ellas quiera entrar;
y pues tanta es mi afición
de entrar en vuestro costado. 

Doleos ya, pecadores,
mirad la sangre que brota,
pues no le ha quedado gota
por lavar nuestros errores;
y con viva contrición decidle:
decidle, Jesús amado,
arrepentido y postrado,
os pido mi Dios perdón.

Autor: Fray Ignacio García, uno de los creadores de las saetas que “volaban como golondrinas tempranas por los cielos de España y de Nueva España” allá por el siglo XVII.
Fuente: http://www.um.es/tonosdigital/znum16/secciones/estudios-18-LAS%20SAETAS.htm


martes, 16 de abril de 2013

LA SANTA MUERTE ES UN CULTO INFERNAL: CARDENAL RAVASI

CELEBRACIÓN DE LA DEVASTACIÓN Y DEL INFIERNO

El Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura del Vaticano, Cardenal Gianfranco Ravasi, consideró que la Iglesia y la sociedad deben poner un freno a la difusión de la llamada «Santa Muerte» por tratarse de «un culto tenebroso, infernal y de negación». Los seguidores de la «Santa Muerte», una secta difundida en México y otros países de América latina, rinden culto a una calavera adornada según el gusto personal de los seguidores.


(ACI/InfoCatólica) Narcotraficantes, delincuentes, ex convictos y secuestradores, suelen acercarse a esta controvertida imagen para encomendarle el éxito de sus delitos.
El pasado año integrantes de la secta asesinaron en Sonora (México), a dos niños de 6 y 7 años, y una mujer de 55. Ambos murieron degollados como ritual de sacrificio dedicado a la Santa Muerte.
En una entrevista concedida el 12 de abril a ACI Prensa, el Cardenal Ravasi advirtió que «también el crimen y la negatividad tienen capacidad de ‘ritualizarse’ y crear un modo de agregación como el de la religión».
«Se trata de un fenómeno que necesita de todos para ponerle freno y eso incluye las familias, las iglesias, y la sociedad en toda su totalidad», agregó.
Rendir culto a la Santa Muerte «es la celebración de la devastación y del infierno, y por tanto, en este sentido, si quieren vivir realmente como sienten instintivamente, porque en su carne está la vitalidad, deben abandonar de todas las maneras este culto tenebroso, infernal y de negación», precisó.


UN BUEN MENSAJE....




lunes, 15 de abril de 2013

LOS JUICIOS TEMERARIOS

“Juzguemos de lo que está de manifiesto, pero dejemos
 a Dios el juicio sobre las cosas ocultas”.
San Agustín.

El Evangelio del fariseo y del publicano nos vuelve a recordar lo abominable que es el orgullo y lo hermoso que es la humildad.

El fariseo se decía: “Yo no soy como los demás…”; ¡qué orgullo detestable! ¡Cuántos de nosotros si no decimos lo mismo, al menos lo pensamos!

Y después el fariseo añadía: “Yo no soy como ese publicano…”; ¡Que juicio temerario tan abominable!

Y con este juicio temerario, hundía en su estimación al pobre publicano, lo hacía menos, lo consideraba gran pecador, lo despreciaba; y eso que en la presencia de Dios, el publicano, con sus primeros actos de arrepentimiento y de humildad, ya estaba justificado!

¡Cuántos de nosotros, quizás, nos parecemos a este fariseo! ¡Cuántas veces, por nuestros juicios temerarios, hundimos a nuestro prójimo, lo pisamos, lo despreciamos!

- Vemos a algún varón, hablando con alguna mujer, y ya pensamos que hay algo entre ellos;
- Vemos a alguien, tomándose una cerveza, y ya pensamos que es un borracho!;
- El marido llega algunos días un poco tarde a la casa, y ya pensamos lo peor;
- Una señora da una buena donación a la iglesia, y ya pensamos: “¡lo hizo para presumir, para que la vieran, por vanagloria!, ¡ah, es que ella es rica, no le duele dar!”.

¡Cuántos juicios temerarios cometemos cada día, a cada hora! El juicio temerario, es la sopa de cada día, más bien, ¡es el veneno de cada día!

- Un compañero llega un poco tarde al trabajo y ya pensamos: “es un incumplido, es un perezoso”;
- Ven que su superior, que su jefe, tiene tal y tal defectos, o hizo una acción que nos les gustó, y ya lo sientan en el banquillo de los acusados, cuando no en la silla eléctrica sus juicios y desprecios.

¡Y cuántos hay que incluso se atreven a juzgar temerariamente al sacerdote!

- Le ven hablando varias veces con la misma mujer y ya piensan lo peor;
- le ven que se reúne o habla muchas veces o más tiempo con algunos y ya piensan: “el padre tiene acepción de personas”;
- le ven que ya no confiesa con tanta frecuencia como antes, y ya comienzan a juzgar al sacerdote: “¿que estará haciendo? ¡el santo Cura de Ars confesaba muchísimas horas…!”.
¡Sí, cuántos de nosotros, quizás, nos parecemos a este fariseo, por nuestros detestables juicios temerarios!

Para ir luchando contra este feo y muy común pecado, hablemos sobre los juicios temerarios, que es propiamente el segundo grado de soberbia, pues la murmuración, la envidia y la burla, que ya hemos estudiado, muchas veces son una consecuencia de los juicios temerarios:

Primero observamos: y muchas veces por curiosidad; luego juzgamos lo que observamos (y generalmente juzgamos temerariamente); Y por eso terminamos hablando mal, obrando mal o sintiendo mal del prójimo (murmuración, burla, envidia)

Para estudiar un poco los juicios temerarios, veamos los siguientes puntos:

1) ¿Qué es el juicio temerario?
2) ¿Cuáles son las causas más comunes del juicio temerario?
Es decir, ¿por qué la gente hace juicios temerarios?
3) Veamos cuán errados son los juicios de los hombres
4) ¿Qué tan grave es el pecado del juicio temerario?¿cuándo es pecado mortal y cuándo venial?
5) ¿Cómo lo ha castigado Dios?

I) ¿QUÉ ES EL JUICIO TEMERARIO?

“Es un juicio atrevido, precipitado, formado interiormente en perjuicio del prójimo y formado por motivos leves e insuficientes”.

Dicho brevemente de otro modo, “es un juicio malo sobre el prójimo, sin motivo suficiente”.

El juicio temerario es un pecado contra la justicia, y muchas veces contra la caridad.

Es un pecado contra la justicia, porque el hombre tiene el derecho a que no se le juzgue malo sin causa o sin motivo suficiente;

Y muchas veces es un pecado contra la caridad, cuando el juicio temerario conlleva cierto desprecio del prójimo.

SE DAN GRADOS en el juicio temerario:

  • DUDA TEMERARIA
  • OPINIÓN TEMERARIA
  • SOSPECHA TEMERARIA
  • JUICIO TEMERARIO

EJEMPLO: Supongamos que en lugar, hay mujer aparentemente piadosa.
Por la manera en que se comporta en la capilla, por el modo de hacer la genuflexión, de rezar, etc., podemos darnos cuenta de su aparente piedad.
Por otra parte, supongamos que una persona temeraria ve algunas cosas del comportamiento de esa mujer fuera de la capilla, que no son concordes con su aparente piedad y devoción; y comienza entonces a pensar si ella será hipócrita. Los hechos y motivos que conoce de esa mujer son insuficientes para determinar algo sobre ella, pero si aún así, procede a juzgarla, estos serían los grados por los que podría subir:

DUDA TEMERARIA (el temerario se dice interiormente: “No sé si esa mujer es hipócrita, tengo duda”; es decir, él pone las dos posibilidades, pero no se inclina por ninguna de ellas (pensar así ya es pecado).

OPINIÓN TEMERARIA (el temerario se dice: “quizá esa mujer es hipócrita”; ya se inclinó a pensar así, aunque no descarta que se puede equivocar, el pecado se agrava).

SOSPECHA TEMERARIA (después se dice: “sospecho que esa mujer es hipócrita”, o sea, ya se inclinó más fuertemente por pensarlo; el pecado aumenta)

JUICIO TEMERARIO (finalmente juzga temerariamente: “¡sí esa mujer es hipócrita!”, y así consuma el pecado de juicio temerario).

Ello no implica extender una confianza
ilimitada a todos, ni la ingenuidad del que
se deja engañar; sino analizar sólo lo externo
y no juzgar las cosas ocultas. Únicamente
Dios es el merecedor de una confianza 

absoluta; del hombre se puede desconfiar,
pero sin hacer juicios temerarios.
Muchas veces, nosotros nos saltamos todos los grados y llegamos directamente al juicio temerario. Notemos bien que lo que caracteriza al juicio temerario es la insuficiencia de motivos o razones que tenemos para pensar mal de nuestro prójimo.

Por eso, también hay juicio temerario cuando, sin suficiente fundamento, se juzga mal del prójimo, aunque luego resulte verdadero o se confirme plenamente el pecado del prójimo que se juzgó temerariamente.

II) ¿CUÁLES SON LAS CAUSAS MÁS COMUNES DEL JUICIO TEMERARIO?

Es decir, ¿por qué la gente hace juicios temerarios?

Sto. Tomás de Aquino señala tres causas:

1a causa) La idiotez de la inteligencia y la malicia de la voluntad:

Idiotez de la inteligencia:

Es cuando uno juzga sin considerar todas las causas, intenciones y circunstancias del que obra. Y por eso, somos muchos los que emitimos cada día gran cantidad de juicios temerarios, pues Dios dijo: “El número de los idiotas es infinito”.

Malicia de la voluntad:

“...porque uno es malo en sí mismo, y por ello, como conocedor de su malicia, fácilmente piensa mal de otros” (S.T. II-II q. 60, a. 3)
Esto también lo dijo Dios: «El tonto, andando su camino, como él es un insensato, estima que todos los demás son tontos [Eccles.10, 3]»

2a causa) La mala disposición respecto a otro, (es decir, por que el otro nos cae mal):

“Pues cuando alguien desprecia u odia a otro o se irrita y le envidia, piensa mal de él por ligeros indicios, porque cada cual cree fácilmente lo que le apetece”.

3 causa) Una larga experiencia:

“...el juicio temerario puede provenir de la larga experiencia; por lo que dice Aristóteles que «los ancianos son grandemente suspicaces (sospechan, juzgan), ya que muchas veces han experimentado los defectos de otros»”.

¿Y de estas causas del juicio temerario cuáles son las más graves?

Pues cuando se emite el juicio temerario porque uno es malo y porque a uno le cae mal alguien, pues en estos casos, el juicio temerario procede de un sentimiento perverso. En cambio, cuando uno emite juicios temerarios por la larga experiencia que tiene, el pecado es menor, pues por la experiencia que tiene, el juicio se acerca a la certeza.

III) VEAMOS CUAN ERRADOS SON LOS JUICIOS DE LOS HOMBRES

Dios se reservó para sí todo juicio, por lo mismo que Él es el único que ve todas nuestras intenciones.

¡Cuántos ejemplos tenemos en la Sagrada Escritura de lo errado que son los juicios de los hombres!

- Ana, mujer piadosa y buena, que no había podido tener hijos, muy atribulada entró al templo a rezar con mucho fervor. El pontífice del templo, llamado Helí, la observó, y juzgó temerariamente que esa manera de rezar se debía a que estaba pasada de tragos; Sin embargo, la misma Escritura nos dice cuales eran los sentimientos de aquella mujer suplicante, y cuán equivocado el juicio que de ella se formó el sacerdote. Ella rezaba con ese fervor porque le suplicaba a Dios que le concediera tener un hijo y que ella se lo ofrecería si Dios se lo daba. (I Rey. I)

- También fue igual de equivocado el juicio temerario que hicieron los amigos de Job. Ellos juzgaron que las desgracias que sufría Job se debían a pecados suyos, gravísimos y ocultos. Pero Dios vino en defensa de su siervo Job, reprendió duramente a sus amigos temerarios, y declaró que sólo por intermediario de su siervo Job les perdonaría sus pecados, que con sus falsos juicios habían cometido. (Job.42)

- En la historia de José (hijo de Jacob) se lee que una vez, estando él solo con la esposa del faraón, se escapó rápido, dejando su manto en poder de la señora; ¿quién, al saber sólo esto, no hubiera pensado qué él realmente había intentado deshonrar a la esposa del faraón?. Así lo creyó Putifar, el faraón, y lo metió a la cárcel. Pero Dios y José mismo sabían que él era inocente, pues era ella, esa impúdica mujer, quien había querido seducirlo, y por escapar rápido de ella y del pecado, dejó su manto con ella. (Gén.39)

IV) ¿QUÉ TAN GRAVE ES EL PECADO DEL JUICIO TEMERARIO?

Dios ya lo ha condenado:

“¡Ay de vosotros los que llamáis mal al bien y bien al mal, y tomáis las tinieblas por la luz, y la luz por las tinieblas!” (Is.5,20)

“No juzguéis a los demás, si queréis no ser juzgados; Porque con el mismo juicio que juzgareis, habéis de ser juzgados”(Mt.7,1-2)

“¡Oh hombre, quien quiera que seas, que te pones a condenar á los demás! Pues en lo que condenas a otro, te condenas a ti mismo”(Rom.2,1)

San Buenaventura dijo: “El juicio temerario es una peste oculta, pero gravísima, que nos aleja de Dios, y es altamente opuesta a la caridad”

¿Cuándo es pecado mortal y cuándo venial?

Las Condiciones requeridas para que sea pecado mortal son las siguientes:

1) Que sea con perfecta deliberación: (que realmente hayamos hecho un juicio), por lo que no hay pecado grave en quien ignora, o no advierte plenamente... (ejem.: se le escapó un juicio temerario…).
2) Que exista plena temeridad: es decir, la plena advertencia sobre la ligereza de los motivos sobre los cuales se apoya el juicio.
3) Que se trate de materia grave: por tanto, todo juicio que aún siendo deliberado y temerario, si recae sobre un vicio no ignominioso, no es un pecado grave. (ejem.: Juzgar temerariamente que alguien sea un poco perezoso, glotón, un poquito mentiroso, etc., esto no será pecado grave.)

SI NO SE DA LA CONJUNCIÓN DE LAS TRES CONDICIONES, el pecado será sólo venial.

La materia grave, en el juicio temerario, es solamente la que atenta contra las personas y de hecho tiene la cualidad de ser muy vergonzoso y gravemente perjudicial del honor: (juzgar temerariamente que alguien es un ladrón, fornicador, adúltero, homosexual, incestuoso, etc.)

También hay que tomar en cuenta sobre qué persona se está formando el juicio temerarrio, por ejemplo:

- Si se juzga temerariamente que una criada es mentirosa, esto es sólo pecado venial.
- Si se juzga con temeridad que un sacerdote es mentiroso, esto será pecado mortal.

Notas:
a) La mayor o menor gravedad del juicio temerario depende no sólo de la calidad del pecado o crimen que se juzga temerariamente, sino también de la mayor o menor proporción entre el juicio y los motivos insuficientes en que se apoya para emitirlo.
b) No está prohibido adoptar ciertas medidas de precaución para precaverse de posibles daños, por ejemplo: guardando el dinero o cosas de valor bajo llave, sin que esto signifique sospecha o juicio temerario contra persona determinada.

V) ¿CÓMO HA CASTIGADO DIOS ESTE PECADO?

Dios lo ha castigado muy severamente, para advertencia nuestra.
Bueno, recordemos sólo el siguiente hecho que narra la Sagrada Escritura:

Moisés era un hombre muy manso, más que hombre alguno sobre la tierra.
Él se había casado con una mujer extranjera (no israelita) llamada Séfora, ella era del país de Cus, situado en los límites de Arabia y el Sinaí; María era la hermana de Moisés, e hizo un juicio temerario contra Moisés, por haberse casado con esta mujer extranjera; Y Dios se inflamó de ira y le mandó una terrible lepra que le cubrió su cuerpo. Para que se le perdonase el pecado, Moisés tuvo que interceder por ella y le pidió a Dios diciendo: “Ruégote, ¡oh Dios!, que la sanes”. Y Yavhé le respondió a Moisés: “Si su padre le hubiera escupido a ella en la cara, ¿acaso no se avergonzaría ella por siete días?
Sea, por lo tanto, excluída del campamento por siete días, y después será recibida de nuevo”. Así lo hizo ella y después volvió sana.

Valoremos como esta ofensa por un juicio temerario (y también por murmuración) fue tan desagradable a Dios, que Él dio a entender que por este pecado, bien merecería el pecador ser escupido por Dios.

¡Y sobre todo cuando alguien emite juicios temerarios contra los elegidos de Dios, como lo son sus sacerdotes!; sí, ese tal, o esa tal, merecería ser escupido(a) por Dios. Otro asunto distinto es saber distinguir y reconocer -con datos ciertos y objetivos- a un falso pastor, a un mal sacerdote, que se aleja de la doctrina o de la moral enseñada por Dios y su verdadera Iglesia (la Católica), pues Cristo nos advirtió que vendrían falsos profetas con piel de oveja que en realidad serían lobos de los que habría que huir. Ese discernimiento es necesario y si se realiza correctamente no cae en el rubro de los juicios temerarios.

CONCLUSIÓN

¡Desechemos ya los juicios temerarios, veneno de todo los días! ¡No juzguemos al prójimo, no lo pisemos, no lo hundamos con nuestros pensamientos y desprecios! ¡Y menos al sacerdote!, pues dijo Dios: “No toquéis a mis Ungidos” (Salm.104,15). Nunca olvidemos las palabras de Nuestro Señor: “No juzguéis y no seréis juzgados” (Mt. 7,1). Y por último, no confundamos el buen discernimiento que se basa en datos reales y objetivos para realizar un concienzudo y equilibrado ejercicio que nos permita analizar la realidad con lo que sí es un juicio temerario, que se hace sin los suficientes elementos y con ligereza. No se trata de renunciar al ejercicio de la inteligencia sino de emplear ésta con objetividad, justicia y caridad. Como explicaba Mons. Straubinger: "la Biblia, que tanto nos lleva a la sencillez de corazón, en manera alguna enseña la ingenuidad que se deja engañar. En Mat. 10, 16 Jesús nos enseña el contraste entre la confianza que hemos de tener en Dios y nuestra desconfianza en los hombres”.

ANÉCDOTA:

Se cuenta de un hombre bueno y muy simple que se hallaba en el lecho de su muerte. Estaba envuelto en medio de grandes dolores, pero aún así permanecía en paz y con gran alegría. Alguno de los que estaban presentes le preguntaba: “¿Pero cómo puede estar usted con esa alegría en estos momentos? No sabe usted que ya se está acercando al terrible juicio de Dios...al terrible juicio de Dios que hace incluso temblar a los santos?”.

El buen hombre respondió:

“¿Y por qué habría yo de tener miedo de ese juicio? ¿Acaso no dijo Nuestro Señor: “No juzguéis y no seréis juzgados”? Yo, en mi vida, nunca he juzgado a nadie, por eso yo no tengo miedo. Yo no seré juzgado”. Y así murió en paz y con gran alegría.

Por supuesto que esto no significa que ese hombre no haya tenido juicio particular, sino que simplemente, su juicio fue muy sencillo y alegre; pues si él tuvo gran misericordia del prójimo para no juzgarlo en sus acciones, en sus pecados, también Dios tuvo gran misericordia de él, y ya antes de la hora de su juicio, Dios ya le había perdonado sus pecados.

¡Qué hermoso ejemplo para nosotros!, Por eso, imitémoslo también nosotros: “¡no juzguemos y no seremos juzgados!”.