Algún día no muy lejano la Santa Iglesia de Dios despertará de su letargo, en que un sector muy amplio del Clero iscariote la mantiene secuestrada y dopada con las hierbas pestilentes de satanás y sus logias. Llegará un puñado de valientes ávido del espíritu de la Verdad y el mundo escuchará el rugir de la Voz imperiosa de Cristo, el Señor de señores y Dios Omnipotente, para unos gozo y alegría indecible y para otros dolor, espanto porque su juicio ha llegado.
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