Yo te saludo, esperanza de los cristianos. Recibe la súplica de un pecador que te ama tiernamente, que te honra con culto especial, y que en ti deposita la esperanza de su salvación. Por ti tengo la vida. Tú me restableces en la gracia de tu Hijo; tú eres la prenda segura de mi salvación. Por eso te suplico me libres del peso de mis pecados, destruyas las tinieblas de mi mente, arranques de mi corazón los afectos terrenales, reprimas las tentaciones de mis enemigos, y ordenes del todo mi vida; que yo pueda alcanzar por tu medio, y guiado por ti, la felicidad eterna del Paraíso. Amén.
San Juan Damasceno










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