sábado, 7 de marzo de 2026

¡JÓVENES, VUELVAN A SANTO TOMÁS! Maestro y amigo para pensar con verdad y entregar la vida por Cristo Rey.



Por Diego Casanueva Rivero 

- “Él (Santo Tomás) iluminó 
más a la Iglesia que todos 
los otros doctores. En sus
libros aprovecha más el 
hombre en un solo año, 
que en el estudio de los 
demás durante toda
la vida.” 

SS. Juan XXII, Bulla Mirabilis Deus

Nos encontramos ante una crisis profunda que lleva a un combate de magnitud extraordinaria, pues al tiempo que el enemigo se ha hecho de poder político y económico, también ha logrado penetrar la vida eclesial, civil y doméstica, capturando inteligencias y voluntades sin que muchos adviertan el grado de confusión en que se hallan.
 
Este sometimiento hiere especialmente a los jóvenes, quienes, sin experiencia ni formación sólida, se convierten en barcas frágiles en medio de una tormenta de opiniones difundidas como progreso y libertad.

En este contexto, la grandeza de Santo Tomás resplandece con particular claridad: un joven de inteligencia portentosa, memoria admirable y lucidez excepcional que unió a esos dones una pureza invencible y una valentía serena y aguda para defender la verdad.

 Patrono de estudiantes, protector de escuelas y seminarios, toda su vida se movió bajo el signo de la amistad; fue maestro, guía firme y cercano valedor de la juventud.

Su genialidad estuvo sostenida por una profunda devoción al Santísimo Sacramento del Altar. Amó la Eucaristía, contempló el misterio del Cuerpo de Cristo y supo expresar en himnos y tratados la grandeza del Sacramento; de la adoración brotó su luz intelectual y su capacidad de saborear la dulzura de las verdades más altas contemplando y transmitiendo lo contemplado; véase la profundidad y belleza del himno Adoro te devote: 

“¡Oh, memorial de la muerte del Señor!
Pan vivo que das vida al hombre:
Concede a mi alma que de Ti viva
Y que siempre saboree tu dulzura. 
Señor Jesús, bondadoso Pelícano,
Límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,
De la que una sola gota puede liberar
De todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto,
Te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
Que al mirar tu rostro cara a cara,
Sea yo feliz viendo tu gloria.”

Tristemente muchos jóvenes se encantan con pensadores nefastos o de corto alcance; lo que pasa es que no han probado la miel de la verdadera sabiduría, ni han contemplado el ejemplo ni el portento de virtud que irradia del Doctor Angélico.

 Así como en muchas casas no se ha enseñado a los jóvenes a saborear una sinfonía de Mozart, tampoco se les ha enseñado a gozar con la luz que irradia tan solo un artículo de la Suma Teológica.

Expresa el padre Julio Meinvielle que la historia está sujeta a los santos y por los santos a Cristo, la más grande es nuestra Madre del Cielo, la Santísima Virgen María y entre los maestros, el más grande es Santo Tomás de Aquino, luz de la juventud, protector fuerte y agudo de las escuelas y los estudiantes, sostén de los seminarios y las órdenes religiosas, parámetro ineludible de Pontífices, Obispos, Sacerdotes, Gobernantes y Jueces, fortaleza y deleite de todo aquel que no se conforma con quedarse viendo sombras en una caverna de Platón, sino que busca salir a la luz del sol y adaptar sus pupilas de la mejor manera. 

Cristo es ante todo maestro de verdad, porque es la Verdad misma; Tomás, su mejor imitador en ese aspecto, quiere conocer a cada joven, volverse su maestro y amigo cercano y misericordioso, que te permite participar de su agilidad, precisión y profundidad de pensamiento.

El contacto con el Santo Doctor hace sentir una alegría profunda, porque te enseña a pensar, estudiar y contemplar sin vana curiosidad y desorden; Santo Tomás es el más santo de los sabios y el más sabio de los santos; es el maestro común que no solo da el pescado, sino sobre todo la caña, enseña a pensar con rectitud y es tu aliado inseparable en la defensa de la fe, que se enmarca en una crisis de dimensiones insospechadas.  

La crisis que enfrentamos no es meramente cultural, es una guerra espiritual en cuyo centro está la defensa de la verdad, con todas las consecuencias que ello implica; se introducen errores antiguos bajo apariencia de novedad donde se niega que la razón pueda conocer el ser, la ley natural es abolida por el deseo y el principio de no contradicción ha quedado en el olvido teórico y práctico.

Como advirtió el padre Leonardo Castellani, la lucha intelectual de nuestra época se concentra en una oposición decisiva: o se parte del ser, como enseña Santo Tomás, o se parte del devenir, como en el pensamiento moderno de raíz hegeliana, así lo expresa:

 “Santo Tomás es sumamente actual, e irá siéndolo más y más in dies. La razón es que intelectualmente no existirán más que Hegel y Tomás de Aquino trabados en lucha a muerte”… “las numerosas “escuelas” de filósofos actuales, si no están todas (excepto las tomistas) tocadas de una manera u otra por Hegel: desde los neohegelianos puros, que son legión, hasta los ateos, marxistas, materialistas, fenomenólogos, nietzcheanos… Eso irá en aumento hasta que no queden en finiquito más que la religión en su forma más pura y el hegelismo también puro, es decir, panteísta y ateo, con sus derivados, naturalismo y modernismo” 

De la crisis derivan consecuencias visibles, se pueden mencionar algunas de manera no limitativa: la fe reducida a sentimiento privado, la mayoría convertida en criterio de verdad, la vida pública separada de Dios, las verdades naturales y espirituales negadas y relativizadas, los dogmas vaciados de contenido, el orden social invertido y desconocido, las personas convertidas en grandes masas manipuladas por prejuicios historicistas y ateos, las personas de buena voluntad perseguidas. El modernismo avanza cuando la inteligencia pierde su fundamento.

Frente a este desorden, la Iglesia ha señalado con claridad el remedio. Con el tono firme y esperanzado de la encíclica Aeterni Patris, se exhorta a alimentar a la juventud con la doctrina del Doctor Angélico. En tiempos tempestuosos, su pensamiento robustece la inteligencia, muestra la armonía entre fe y razón, afirma el origen divino de la autoridad y restituye la verdadera libertad.

“…Nada nos es más grato ni más apetecible que el que todos suministréis copiosa y abundantemente a la estudiosa juventud los ríos purísimos de sabiduría que manan de la continua y riquísima vena del Angélico Doctor. (…)
La misma sociedad civil y la doméstica, que se halla en el grave peligro que todos sabemos, a causa de la peste dominante de las perversas opiniones, viviría ciertamente más tranquila y más segura, si en las Academias y en las escuelas se enseñase doctrina más sana y más conforme con el magisterio de la Iglesia, tal como la contienen los volúmenes de Tomás de Aquino. Todo lo relativo a la genuina noción de libertad, que hoy degenera en licencia, al origen divino de toda autoridad, a las leyes y a su fuerza, al paternal y equitativo imperio de los Príncipes supremos, a la obediencia a las potestades superiores, a la mutua caridad entre todos; todo lo que de estas cosas y otras del mismo tenor es enseñado por Tomás, tiene una robustez grandísima e invencible para echar por tierra los principios del nuevo derecho, que, como todos saben, son peligrosos para el tranquilo orden de las cosas y para el público bienestar. Finalmente, todas las ciencias humanas deben esperar aumento y prometerse grande auxilio de esta restauración de las ciencias filosóficas por Nos propuesta. Porque todas las buenas artes acostumbraron tomar de la filosofía, como de la ciencia reguladora, la sana enseñanza y el recto modo, y de aquella, como de común fuente de vida, sacar energía.”

Por eso León XIII exhortó con firmeza a que la juventud bebiera abundantemente de la doctrina del Doctor Angélico, para robustecer la fe en tiempos tempestuosos y defenderla con razones sólidas, mostrando su armonía con la recta razón. Y los Pontífices posteriores confirmaron esta enseñanza, declarando a Santo Tomás guía seguro de los estudios sagrados y maestro común, cuyo pensamiento fortalece la verdadera noción de libertad, autoridad y ley, y preserva a la Iglesia y a la sociedad de los errores modernos.

Desde el primer artículo de la Suma Teológica, Santo Tomás enseña que para la salvación humana no basta la sola filosofía. Muestra que, además de las materias filosóficas cuyo campo analiza la razón humana, era necesario que existiera una doctrina cuyo principio fuese lo divino. Dios, primer principio y motor inmóvil, causa primera, ser necesario, perfectísimo, ordenador sapientísimo y fin último del hombre y del universo, excede la razón natural; pero no la anula, sino que su gracia la eleva y perfecciona mediante el conocimiento de las verdades reveladas y la vida sacramental. Por ello, para la salvación del hombre, fue necesaria la Revelación divina, transmitida por la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, y custodiada e interpretada fielmente por el Magisterio infalible de la Iglesia.

En Santo Tomás la sabiduría se une a la virtud en orden al bien común que es el reinado de Cristo, comienza en la inteligencia, fortalece la voluntad y se consolida en el corazón que imita a Cristo. Sin verdad no hay libertad; sin reinado de Cristo no hay restauración social.

 Acercarse a Santo Tomás es prepararse para que Cristo reine: en la propia vida, en la familia y en todos los órdenes sociales. Es sanar la inteligencia para que el corazón pueda seguir al Rey con firmeza.

Invitación práctica a la juventud.

- Hagan de Santo Tomás su maestro y amigo, aprendiendo de su pureza, su valentía y su amor a la verdad.
- Frecuenten el Santísimo Sacramento, alimentando su mente con la verdad y su alma con la Eucaristía.
- Entren en su escuela con método y humildad, para fortalecer su inteligencia frente al error.
- Vivan para que Cristo reine, dejando que la verdad conocida transforme su vida y su entorno.
- Formen familias cristianas, prueben su vocación religiosa, eleven su pensamiento a los primeros principios y cumplan con su deber de estado.
- Amen la sana filosofía y la teología, estudien con constancia y cultiven la vida interior, leyendo con profundidad a los grandes autores cristianos, formándose en la tradición aristotélico-tomista y alimentando el estudio con oración y silencio, con sujeción a la Sagrada Tradición y al Magisterio de la Santa Iglesia Católica, para que la verdad ilumine su inteligencia y fortalezca su corazón.

Conclusión

Este año se cumplen cien años del inicio de la Guerra Cristera en México, epopeya de fe en la que tantos jóvenes defendieron el reinado social de Cristo hasta el martirio. No es casual recordar que Santo Tomás de Aquino fue maestro, modelo y amigo intelectual de Anacleto González Flores, referente intelectual de aquel movimiento y mártir ejemplar. Sin saberlo muchos cristeros, su firmeza doctrinal y su valentía sobrenatural se apoyaban en la claridad tomista, así el más santo de los sabios y más sabio de los santos -como es conocido Santo Tomás-, fue un amigo discreto que, desde la solidez del ser y la verdad, sostuvo aquella gesta y ahora nos llama a repetir la historia. Allí se muestra que el pensamiento recto no es adorno académico, sino fundamento vivo de las grandes victorias de la fe.

Bibliografía

CASTELLANI, Leonardo, “Actualidad de Tomás de Aquino”, disponible en:

JUAN XXII, Bulla Mirabilis Deus, 1323.

LEÓN XIII, Aeterni Patris. Sobre la restauración de la filosofía cristiana según la doctrina de Santo Tomás de Aquino, Ciudad del Vaticano, 1879, disponible en:

MEINVIELLE, Julio, El comunismo en la revolución anticristiana, Buenos Aires, Ediciones Theoria, 1964.

AQUINO, Tomás de, Suma Teológica, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, varias ediciones.

AQUINO, Tomás de, Himnos eucarísticos: Pange lingua, Tantum ergo, Adoro te devote, diversas ediciones litúrgicas.

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