martes, 2 de junio de 2026

ROMANCE DE LA VERÓNICA

 


ROMANCE DE LA VERÓNICA 


Supo por donde pasaba 

por la turba y el clamor,

y más de cerca por un

chasquido desgarrador...


Iba transida de pena

queriendo ver al Señor,

pasó abriéndose entre todos,

los que amaban, los que no...


Por la punta de la cruz 

meciéndose lenta por

entre el cortejo se guiaba

del triste cordero en pos...


-Verónica, ¿qué no has miedo 

de esta manada feroz

que la atraviesas sin ver?

-¡No, yo sólo sé mi amor!..


Huyeron sus bien amados

transidos por el temor:

mírale qué solo va

sin quien clame a su favor,

pagado es el que le ayuda

de la cruz el peso atroz,

y así va desfallecido

sin quien le haya compasión;

sin que ninguno de aquellos 

que tan tiernamente amó,

un refrigerio le dé

rumbo a la crucifixión...


-¿Y tú, mujer, que no has miedo 

del látigo que el sayón

puede descargar en ti?

-¡No, yo sólo sé mi amor!..


Valiente en el desafío,

veloz en la decisión,

llega Verónica al fin

a hallarse frente al Señor...


Su cárdena faz contempla

llena de sangre y sudor,

de lágrimas y del polvo 

de las caídas que dió...

Míranle aquellos dos ojos

diciéndole su dolor,

y abrírsele siente el pecho 

y herírsele el corazón...

Hay un momento terrible:

lanzas en expectación, 

y látigos, hay en torno 

del doloroso Varón...


-Verónica, ¿qué no has miedo 

del palacio del pretor;

de un juicio por nazarena?

-¡No, yo sólo sé mi amor..!


Antes que nadie lo piense 

sin tiempo que digan "no",

rápido quítase el velo

y enjuga el rostro al Señor...

Cuando quisieron, ya estaba 

hecho el arrojo de amor,

y la faz resplandecía 

de heridas limpias al sol...


Corre Verónica huyendo,

corre en pos de su rincón, 

contra su pecho el pañuelo 

tinto en la sangre de Dios;

y al extenderlo por fin 

para besarlo mejor,

halla que su faz ahí

Jesús doliente estampó...


Ya nada quiere saber 

Verónica en derredor;

ya nada puede mirar,

ya su vivir olvida;

tan solo llora y suspira,

y estrecha en su corazón

una pintura de sangre,

de llanto, polvo y sudor,

y si la llaman alguna 

cosa a saber, bajo el sol,

ella llorando responde:

-¡No, yo sólo sé mi amor!..


"Cena de Amor" de Gloria R de Wolff



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