Sea siempre bendito, ¡Oh María!, tu nobilísimo Corazón, adornado de todos los dones de la Sabiduría divina, e inflamado en ardores de caridad. Sea bendito ese Corazón en el que meditaste y guardaste con tanta fidelidad y cuidado los sagrados misterios de Nuestra Redención, para revelárnoslos en el momento oportuno.
Para Ti la alabanza, para Ti el amor, ¡Oh Corazón amantísimo!; a Ti el honor, a Ti la gloria de parte de todas las criaturas, por los siglos de los siglos. Amén.










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