miércoles, 15 de julio de 2009

¡DETENGAMOS ESTA BARBARIE!

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Lo que a continuación se señala parece juego de niños luego de ver el video de lo que sucede en Inglaterra. No obstante, tiene su importancia, también.

EN DINAMARCA, ¡¡UNA VERGÜENZA!!

La mar se tiñe de rojo, pero no se debe a un efecto climático de la naturaleza...


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Se debe a la crueldad con la que los seres humanos matan centenares de delfines.
Todo esto sucede año tras año en la isla Feroe en Dinamarca. En esta masacre participan principalmente jóvenes.
¿¿Por qué???....
Para dizque demostrar que estos mismos jóvenes ya han llegado a una edad “adulta” de "madurez" y que pueden contribuir en el abasto de alimentos.
A esta celebración regularmente nadie falta. Adultos y niños.
Todos participan de una manera u otra, matando o viendo la crueldad.

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Cabe mencionar que el delfín, se acerca al hombre únicamente para interactuar y jugar con él como gesto de amistad.
Así jugamos los seres humanos: todo lo terminamos echando a perder, ya sea violentamente o destructivamente. Ellos no mueren al instante, son penetrados -una y otra vez- con filosos ganchos. En esos momentos el delfín produce sonidos tan parecidos a los de ¡¡¡un bebé llorando!!!


Finalmente estos jóvenes de la isla, ahora ya son "adultos razonables" dizque hechos y derechos, ¡¡¡ya han demostrado su "madurez"!!!! Ya se sienten orgullosos por haber aniquilado decenas y decenas, ¡cientos! de inofensivos delfines, hasta dejar el mar teñido de sangre. Cierto que los aprovechan como alimento, pero la manera de hacerlo no parece la más humana.


LA CRUELDAD CONTRA EL ANIMAL PRECEDE A LA CRUELDAD ENTRE LOS HOMBRES.
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No estamos en contra de que el hombre busque alternativas de alimentación, pero esta forma de matanza debe terminar. Dios creó la naturaleza para todos, para aprovecharla y no para destruirla de esta manera. Además se trata de animales amistosos para con el hombre que debemos preservar. La vida humana está estrechamente vinculada con su propio habitat y debemos cuidarlo. No somos fanáticos ecologistas de esos furibundos, como muchos que pierden la proporción y el equilibrio en estos temas, pero quien destruye el equilibrio ecológico es un inconsciente. Además, aniquilar masiva y cruelmente a animales de esta manera, sólo crea una mentalidad destructiva y afecta la psicología del propio individuo (incluyendo la de los espectadores de la matanza, sobre todo si son niños*), lo que incidirá negativa e irremediablemente, tarde o temprano, en mayor o menor medida, en su interacción con otros hombres. La crueldad innecesaria contra los animales no es comparable -ni de lejos- con crímenes como el aborto(**), pero esa crueldad destruye sentimientos, rompe la sensibilidad y prepara la mentalidad para crímenes contra el hombre. ¿No habrá manera de buscar otras alternativas para la alimentación de los habitantes de estas islas? ¿O no habrá -por lo menos- modo de que se implementen métodos menos bárbaros? ¿Dónde están los organismos internacionales que regulan todo esto?
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(*) Como los que se observan en la fotografía.
(**) Por eso cierto tipo de ecologistas resulta ridículo, pues mientras lloran y desgarran sus vestiduras porque Obama mató una mosca durante una entrevista televisada, poco o nada les importa -si no es que abiertamente lo apoyan- el aborto.
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martes, 14 de julio de 2009

VIRGEN MORENITA cantan Jorge Cafrune+ y Marito


CANTAN DESDE ARGENTINA A LA VIRGEN MEXICANA ,
QUE TAMBIÉN ES EMPERATRIZ DE AMÉRICA



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VIRGEN MORENITA (VALS)
Cantan: Jorge Cafrune con Marito.
Letra y Música de Hnos. Albarracin.

Virgen morenita, Virgen milagrosa, Virgen morenita te elevo mi cantar. Son todos en el valle devotos de tus ruegos, son todos peregrinos Señora del lugar, son todos en el valle devotos de tus ruegos, son todos peregrinos Señora del lugar Virgen morenita, india fue tu cuna porque india tu naciste por la gracia de Dios. Así somos esclavos de tu bondad divina Así somos esclavos de tu infinito amor. Así somos esclavos de tu bondad divina Así somos esclavos de tu infinito amor. ESTRIBILLO Así será, Virgen mía, mereces el respeto y la veneración. Por eso yo te canto, te elevo mis plegarias y pido que escuches mi ruego por favor. Por eso yo te canto, te elevo mis plegarias y pido que escuches mi ruego por favor. Virgen morenita, Santa Inmaculada. Virgen morenita, señora del lugar: Tú gozas del respeto y cariño de tus hijos, así los peregrinos te rezan en tu altar. Tu gozas del respeto y cariño de tus hijos, así los peregrinos te rezan en tu altar. Virgen morenita, india te llamamos porque india tu naciste por la gracia de Dios. Así somos esclavos de tu bondad divina, así somos esclavos de tu infinito amor. Así somos esclavos de tu bondad divina, así somos esclavos de tu infinito amor
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ESTRIBILLO Así será, Virgen mía, mereces el respeto y la veneración. Por eso yo te canto, te elevo mis plegarias y pido que escuches mi ruego por favor. Por eso yo te canto te elevo mis plegarias y pido que escuches mi ruego por favor.
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 Escuchemos, de nuevo, a estos intérpretes con otra tradicional canción, que si bien no es religiosa, es muy bella. 



 EL NIÑO Y EL CANARIO
AUTOR: HILARIO CUADROS. MÚSICA: E. FRATANTONI. CANTAN: Jorge Cafrune y Marito.

Era el canario un primor, era su dueño un pequeño que velaba con empeño los cuidados del cantor. Era un precioso ejemplar de color adamascado, era un preso resignado a la misión de cantar. Era sensible escuchar de su garganta sonora la nota grave que llora en un constante rolar. Daba a entender su trinar que una angustia sufría, porque falto de alegría era su flauta un penar. Un cierto día su dueño -el candoroso pequeño que se solía extasiar- al contemplar los fulgores de tan divinos colores y tan hermoso cantar. Llevó hasta el cielo su queja porque prendido a la reja de la pequeña prisión en lenta y triste agonía su fiel canario moría sin comprender la razón. RECITADO:

Preso de un hondo quebranto subió a sus ojos el llanto y con infante emoción, sacó de su jaula al preso posó de su boca un beso sobre el rosado plumón. Y en su mano temblorosa quedó dormida una rosa que tenía un corazón. La cajita de madera la misma que contuviera lapicitos de color fue la morada postrera de aquel que en su vida fuera su más preciado valor. Y en el jardín de su casa a distancia muy escasa de un legendario nogal, lloró la pobre criatura al cavar la sepultura de su cantor sin igual.

OJO: En comentarios nos hacen una interesante aclaración. Haz click abajo:
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lunes, 13 de julio de 2009

LA NACENCIA (Poesía de Luis Chamizo Trigueros)


Castúo, denominación acuñada por el poeta extremeño Luis Chamizo Trigueros, (1894-1945), natural de Guareña, provincia de Badajoz, España, cuando en 1921 publicó su libro de poemas "El Miajón de los Castúos", en el que intentaba reflejar el habla rural y que definió como "castizo, mantenedor de la casta de labradores que cultivaron sus propias tierras". Posteriormente escribiría la obra de teatro "Las Brujas" (1932), y su libro "Extremadura". A veintidos años de su muerte, en 1967, se editó en Madrid una antología poética con el nombre de "Obra Poética Completa".
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Con el tiempo la denominación de castúo se ha hecho popular para referirse a las hablas de Extremadura, en España, tanto las que conforman el altoextremeño, como las que siempre fueron castellano meridional de muy ligera influencia leonesa, el medioextremeño y el bajoextremeño (en el oriente o el sur de la Comunidad extremeña), como es el caso de la propia habla en que escribió Luis Chamizo. .
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Presentamos, aquí, en castúo, su poema "La Nacencia", que es todo un canto a la vida nueva, a la paternidad y finalmente a Dios.




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LA NACENCIA

I

Bruñó los recios nubarrones pardos
la luz del sol que s´agachó en un cerro,
y las artas cogollas de los árboles
d´un coló de naranjas se tiñeron.

A bocanás el aire nos traía
los ruídos d´alla lejos
y el toque d´oración de las campanas
de l´iglesia del pueblo.

Ibamos dambos juntos, en la burra,
por el camino nuevo,
mi mujé mu malita,
suspirando y gimiendo.

Bandás de gorriatos montesinos
volaban, chirrïando por el cielo,
y volaban pal sol qu´en los canchales
daba relumbres d´espejuelos.

Los grillos y las ranas
cantaban a lo lejos,
y cantaban tamién los colorines
sobre las jaras y los brezos,
y roändo, roändo, de las sierras
llegaba el dolondón de los cencerros.

¡Qué tarde más bonita!
¡Qu´anochecer más güeno!
¡Qué tarde más alegre
si juéramos contentos!...
- No pué ser más- me ijo- vaite, vaite
con la burra pal pueblo,
y güervete de priesa con l´agüela,
la comadre o el méico -.

Y bajó de la burra poco a poco,
s´arrellenó en el suelo,
juntó las manos y miró p´arriba,
pa los bruñíos nubarrones recios.

¡Dirme, dejagla sola,
dejagla yo a ella sola com´un perro,
en metá de la jesa,
una legua del pueblo...
eso no! De la rama
d´arriba d´un guapero,
con sus ojos roendos
nos miraba un mochuelo,
un mochuelo con ojos vedriaos
como los ojos de los muertos...
¡No tengo juerzas pa dejagla sola!
¿pero yo de qué sirvo si me queo?

La burra, que rroía los tomillos
floridos del lindero
carcaba las moscas con el rabo;
y dejaba el careo,
levantaba el jocico, me miraba
y seguía royendo.
¿Qué pensará la burra
si es que tienen las burras pensamiento?

Me juí junt´a mi Juana,
me jinqué de roillas en el suelo,
jice por recordá las oraciones
que m´enseñaron cuando nuevo.
No tenía pacencia
p´hacé memoria de los rezos...
¿Quién podrá socorregla si me voy?
¿Quién va po la comadre si me queo?

Aturdio del tó gorví los ojos
pa los ojos reondos del mochuelo;
y aquellos ojos verdes,
tan grandes, tan abiertos,
qu´otras veces a mí me dieron risa,
hora me daban mieo.
¿Qué mirarán tan fijos
los ojos del mochuelo?

No cantaban las ranas,
los grillos no cantaban a lo lejos,
las bocanás del aire s´aplacaron,
s´asomaron la luna y el lucero,
no llegaba, roändo, de las sierras
el dolondón de los cencerros...
¡Daba tanta quietú mucha congoja!
¡Daba yo no sé qué tanto silencio!

M´arrimé más pa ella;
l´abrasaba el aliento,
le temblaban las manos,
tiritaba su cuerpo...
y a la luz de la luna eran sus ojos
más grandes y más negros.

Yo sentí que los míos chorreaban
lagrimones de fuego.
Uno cayó roändo,
y, prendío d´un pelo,
en metá de su frente
se queó reluciendo.
¡Qué bonita y qué güena!
¿quién pudiera sé méico?

Señó, tú que lo sabes
lo mucho que la quiero.
Tú que sabes qu´estamos bien casaos,
Señó, tú qu´eres güeno;
tú que jaces que broten las simientes
qu´echamos en el suelo;
tú que jaces que granen las espigas,
cuando llega su tiempo;
tú que jaces que paran las ovejas,
sin comadres, ni méicos...
¿por qué, Señó, se va morí mi Juana,
con lo que yo la quiero,
siendo yo tan honrao
y siendo tú tan güeno?...

¡Ay! qué noche más larga
de tanto sufrimiento;
¡qué cosas pasarían
que decilas no pueo!
Jizo Dios un milagro;
¡no podía por menos!

II

Toito lleno de tierra
le levanté del suelo,
le miré mu despacio, mu despacio,
con una miaja de respeto.
Era un hijo, ¡mi hijo!,
hijo dambos, hijo nuestro...
Ella me le pedía
con los brazos abiertos,
¡Qué bonita qu´estaba
llorando y sonriyendo!

Venía clareando;
s´oïan a lo lejos
las risotás de los pastores
y el dolondón de los cencerros.
Besé a la madre y le quité mi hijo;
salí con él corriendo,
y en un regacho d´agua clara
le lavé tó su cuerpo.
Me sentí más honrao,
más cristiano, más güeno,
"bautizando" (*) a mi hijo como el cura
bautiza los muchachos en el pueblo.

Tié que ser campusino,
tié que ser de los nuestros,
que por algo nació baj´una encina
del camino nuevo.

Icen que la nacencia es una cosa
que miran los señores en el pueblo;
pos pa mí que mi hijo
la tié mejor que ellos,
que Dios jizo en presona con mi Juana
de comadre y de méico.

Asina que nació besó la tierra,
que, agraecía, se pegó a su cuerpo;
y jue la mesma luna
quien le pegó aquel beso...
¡Qué saben d´estas cosas
los señores aquellos!

Dos salimos del chozo,
tres golvimos al pueblo.
Jizo Dios un milagro en el camino:
¡no podía por menos!


Ahora escuchémoslo con la música que se le agregó. Hay que considerar que se omiten algunos versos. Interpreta Luis Pastor (voz y guitarra), a su lado aparece Lourdes Guerra:


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(*) Habla metafóricamente, no se refiere a un bautizo sacramental sino a la limpieza que hace de su hijo recién nacido..
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domingo, 12 de julio de 2009

¿COMUNIÓN EN LA MANO POR LA INFLUENZA?

Hagan la siguiente prueba:

-Pónganse un guante negro.

-Obsérvese que esté totalmente limpio.

-Recíbase de un tercero, sobre el guante, una hostia sin consagrar.

-Consúmase ésta.

-Repítase la operación (tres o cuatro veces).

-Obsérvese finalmente el guante negro.

-Se notará que habitualmente quedan fracciones de la hostia no consagrada.

-He aquí las fotografías de ese experimento:






















-Gracias a Dios las fotos son de una hostia no consagrada, pero...¿qué sucede cuando se da la comunión en la mano a decenas de personas?

Indudablemente quedan partículas consagradas en las manos que finalmente caerán aquí y allá. Muchas tendrán como destino final el suelo. Involuntariamente serán pisadas por otros fieles.

¿Es suficiente que lo autorice una autoridad religiosa para que se arriesgue toda esta irreverencia? ¿Debe permitirse la comunión en la mano en casos de riesgo de contagio por la influenza porcina o como quiera denominársele? ¿No hay otra opción?

Veamos. El motivo o pretexto es el contagio. ¿No hay contagio de tocar o rozar las manos de fieles, pasando así el virus de unos a otros? ¡Claro que la hay! ¿O todos los fieles tendrán muy limpias sus manos y se las lavarán segundos antes de comulgar? Evidentemente que no. Que un fiel traiga limpias las manos no garantiza que los demás no las tengan infectadas y puedan transmitirle el contagio. Basta que un contagiado toque su boca, sus ojos, se limpie las nariz con un pañuelo, se haya tapado la boca con su mano al toser o estornudar, para que sus manos sean agentes de la enfermedad. Más aún, un todavía no contagiado que haya tocado un objeto contaminado, como puede ser la misma banca de la iglesia o saludado a un portador, puede convertirse también en otro agente portador con sus manos. Luego, resulta peligroso darla tanto en la mano como en la boca.

Entonces, la solución no es dar la comunión en la mano. Ni por razones de salubridad y mucho menos si se considera las razones doctrinales. Cristo está entero con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en cada partícula de la hostia consagrada. Esto es de fe. "Partido el santo sacramento, no vaciles, recuérdalo: tanto hay en un fragmento, cuanto en el manjar" LAUDA SION SALVATOREM (de la Misa de Corpus Christi compuesta por Santo Tomás de Aquino en 1264). Esta doctrina, siempre creída, fue confirmada por el Concilio dogmático de Trento.

Si es por motivos de salubridad la solución no es ésa. También deberían -si son congruentes- evitar la comunión en la mano, la colecta de dinero que puede estar contaminado, no dar cambio de billetes o monedas durante esa recolección, vaciar las pilas de agua bendita, etc., etc. Pero eso no lo evitan ni lo consideran.

Sería más sencillo que se autorizara -temporalmente- que la forma de la hostia no fuese redonda sino ovalada y ligeramente alargada, de modo tal que los dedos del sacerdote no tuvieran el menor riesgo de tocar, involuntariamente, la lengua del comulgante, por la distancia que habría de un extremo al otro de la forma. Esto sí sería una solución, pues evita tanto el contagio a través de manos como de saliva; pero sobretodo, se evitaría la profanación involuntaria de las partículas consagradas que quedan en la mano, en donde está todo Cristo entero, realidad que ya hemos dicho: es de fe. Se evitaría que Cristo sacramentado caiga al suelo y sea pisado involuntariamente por los demás fieles.

Por mi parte, comprendo que haya fieles que sigan las medidas que dicta la autoridad religiosa local, sean éstas o no atinadas. Es claro que una mala solución o una medida incorrecta es más responsabilidad del que la dicta que del que sólo obedece, sin reparar que puede ser incorrecta. Lo que no es aceptable es que se critique a quienes por amor a Cristo y respeto profundo al sacramento de la Eucaristía, hagan reparos a lo que consideran una decisión errada y que provoca que involuntariamente se profane a Cristo-Hostia realmente presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

Resulta paradójico que en nombre del Concilio se hable tanto de la participación y la influencia de los laicos en las tomas de decisiones pastorales, pero cuando uno o varios laicos se atreven a discrepar de una decisión -apresurada y mal pensada- que es en detrimento del respeto debido a Dios, entonces se alcen voces que pretenden callarlos y someterlos en nombre de la autoridad, acusándolos de soberbios y entrometidos. "Tú cállate y obedece, no eres nadie para opinar o discrepar de un obispo. Él sabe más que tú. ¿Qué te has creído? ¡Eres un soberbio! Así opinas no porque busques el respeto a la Eucaristía ni porque realmente ames a Dios, sino porque eres un crítico irredento que crees saber más que todos". Entonces, ese laico se preguntará la razón que habría para pregonar a los cuatro vientos, una y otra vez, hasta la saciedad, la teoría de la participación laical, si luego de cualquier comentario que exprese le sucederá lo que al perro de la tía Cleta: ¡le romperán la geta!. Y, además, darán rango de infalibilidad a cualquier decisión pastoral falible de un obispo, contrariando, así, la doctrina definida por la Iglesia, precisamente, sobre la infalibilidad. Quienes así piensan de seguro habrían anatematizado a San Pablo, cuando en Antioquía se enfrentó a San Pedro -primer Papa- por contemporizar con los judaizantes (ver tema en el tercer artículo anterior a éste).

Personalmente, si no me dieran la comunión en la boca, esperaría a que pasara la contingencia y haría comuniones espirituales. Dios que conoce las intenciones, suplirá las gracias. Mis manos no están consagradas para tocar el Cuerpo de Cristo ni arriesgaría que las partículas caigan al suelo y sean pisotedas y profanadas, aunque sea involuntariamente. Y si me critican por ello y me llaman soberbio, ofreceré la ofensa en pago de mis muchos pecados y perdonaré a quien la profiere y se siente capaz de juzgar mis más íntimas motivaciones, que deberían de quedar sujetas sólo al juicio de Dios, pues del interior de la conciencia no juzga la Iglesia, como dice la conocida sentencia jurídica.

La verdadera solución está, como ya apuntamos, en que se autorice –en tanto pasa la contingencia- una ligera modificación a la forma de las hostias. Es algo muy sencillo, práctico y eficaz. La solución no está, de ninguna manera, en la medida desacralizadora que se ha impuesto. Evitemos el menor riesgo de falta de reverencia o profanación al Cuerpo de Cristo.
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Finalmente, debe quedar claro que con la misma libertad que manifestamos nuestro criterio, somos también respetuosos de la buena fe de muchos fieles que consideran un deber seguir el actual criterio establecido. Dios conoce los corazones y la conciencia de cada quien. Nuestras consideraciones se fundamentan en los hechos objetivos sin intentar -de ninguna manera- juzgar la conciencia de otros. Ese campo es reservado sólo a Dios.
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Y esto no debe entenderse como una relativización de la verdad o de las razones expuestas, sino como el simple hecho de saber que no todos tienen los mismos elementos de juicio y que hay buena fe en muchos que SUBJETIVAMENTE juzgan, así, obrar correctamente.
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NOTA: El grabado de la forma propuesta comparado con la forma actual está a escala. En una dimensión real, son más los centímetros que se ganan de un extremo al otro de la forma, suficientes para evitar todo contacto con la saliva del comulgante.
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Fotos: Surge, propera
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sábado, 11 de julio de 2009

NIÑO DIOS por Alfonso Junco



NIÑO DIOS

Niño Dios que estás naciendo,
nace aquí en mi corazón,
y en tus hechizos anégame,
y hazme niño y hazme Dios.

Nochebuena, Nochebuena,
fragante de evocación:
¿qué efluvios de cosas idas,
qué perfume de candor.
qué melodías lejanas,
qué balbuciente emoción.
qué manso desasosiego,
qué frescura, qué claror,
qué cosa que no se puede
decir con precisa voz,
nos penetra y sobresalta
y acaricia el corazón?
¿Es un ansia de ser niños?
"Sed niños -dijo el Señor-
si quereís entrar al Reino";
¡y El se hizo niños por nos!
¡y en su noche nos embriaga
un dulce afán de candor!...
¡Oh, qué anhelo de ser niño!
¡Hazme niño, Niño Dios!

"Sed perfectos cual mi Padre
celestial", dijo tu voz,
y no fue estéril sarcasmo
sino fértil bendición.
"Vosotros también sois dioses",
clamas. Y Pablo sintió:
"Vivo, pero ya no vivo:
que vive en mí Cristo Dios".(1)
Porque tu nos alimentas
con un pan de exaltación,
que no se hace carne mía
como este pan inferior,
sino que mi carne absorbe
y la transfigura en Dios.
¡Dios quiero ser para amarte
con pleno pago de amor,
Dios para abarcar tu esencia,
Dios para obrar perfección,
Dios para ser uno contigo!...
¡Házme Dios, oh Niño Dios!...

Niño Dios que estás naciendo,
nace aquí en mi corazón,
y en tus hechizos anégame
y hazme niño y hazme Dios.


ALFONSO JUNCO.

(*) Dios nos comunica la vida divina mediante la gracia santificante. Por ello la expresión de San Pablo que inspira al poeta cuando éste expresa: "¡Házme Dios!" con todo el sentido contrario a la tentación de nuestros primeros padres: es para que nos comunique su gracia y, así, viva realmente en nosotros; es para amarlo a Él con pleno pago de amor y no con la soberbia inspirada por la serpiente (el demonio) de transformar nuestra naturaleza para igualarnos, de tú a tú, con Dios.

Esa vida divina que nos comunica realmente la gracia santificante, es una participación de Dios en nosotros, de un modo particular en la Eucaristía. Pídamos, pues que podamos decir con San Pablo: Vivo, pero ya no vivo, que vive en mí Cristo Dios.
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El C.P. Alfonso Junco, historiador y periodista mexicano, fue además un excelente poeta católico, muy reconocido. Sobre él se ha volcado la consigna del silencio de los "intelectuales oficiales", por ser un gran defensor del catolicismo, callando su valía literaria. Opiniones tan reconocidas como la de Alfonso Reyes, entre otras, han comparado su poesía con la de González Martínez e, incluso, en momentos, con la de Lope de Vega.
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NO LLORES...SI ME AMAS

"La medida del amor es el amor sin medida": San Agustín



¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudieras oír el canto de los ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos, los horizontes, los campos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudieras contemplar como yo la belleza ante la cual las bellezas palidecen! ¿Cómo?.....¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?
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Créeme, cuando la muerte venga a romper tus ligaduras, como ha roto las que a mí me encadenaban, cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce, y tu alma venga a este Cielo en que te ha precedido la mía, ese día volverás a verme, sentirás que te sigo amando, que te amé y encontrarás mi corazón con todas sus ternuras purificadas; volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, ¡¡¡feliz!!! Ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo que te llevaré de la mano por senderos nuevos de Luz.......de Vida......Enjuga tu llanto y no llores si me amas.

San Agustín
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viernes, 10 de julio de 2009

LA REPRENSIÓN DE SAN PABLO AL PRIMER PAPA EN ANTIOQUÍA


Los fariseos convertidos al cristianismo y que eran judíos de origen, propugnaban que se debía mantener la ley mosaica (la ley judía, que eran prescripciones legales que no debemos confundir con los diez mandamientos de la Ley de Dios que resumen la ley natural). El Concilio de Jerusalén define -con San Pedro a la cabeza- que los gentiles conversos al cristianismo no deben abrazar las prescripciones de la ley mosaica (aunque, evidentemente, sí los mandamientos de la ley de Dios por ser de orden natural y además revelados por Dios mismo).

Lo anterior se puede leer en el capítulo XV de los Hechos de los Apóstoles: “algunos que habían bajado de Judea enseñaban a los hermanos: “Si no os circuncidáis según el rito de Moisés no podéis salvaros”. Por tal motivo se reúne el Concilio de Jerusalén y en sus inicios “algunos de la secta de los fariseos que habían abrazado la fe decían: “Es necesario circuncidarlos y mandarlos observar la Ley de Moisés”. Pero San Pedro, refuta esa opinión y define lo contrario con estas palabras: “Creemos ser salvados por la gracia del Señor Jesús, y así también ellos”. Por su parte, Santiago añadió en el mismo sentido: “Juzgo que no se moleste a los gentiles que se convierten a Dios”.

Como se puede observar, el Concilio de Jerusalén define –con San Pedro a la cabeza- que la salvación viene por la fe en Jesucristo y no por las prácticas de la Ley judaica, que como hemos dicho no debemos confundir con la Ley de Dios establecida en los Diez Mandamientos y que deben ser observados para alcanzar la salvación eterna, pues la Biblia misma enseña que la Fe sin las obras está muerta (Santiago, Cap. II) ( ver nota 1). Son, pues, necesarias las buenas obras -conforme a la Ley Natural- resumidas por la Revelación de Dios en los Diez Mandamientos para que la fe no esté muerta y, así, al tener una fe viva (fe y buenas obras) alcancemos la salvación eterna. Pero no son necesarias para la salvación las prescripciones de la Ley judaica, como propugnaban erróneamente aquellos fariseos que se habían convertido al cristianismo. Contra la opinión de ellos, se define el primer Concilio de la Iglesia.
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En la misma línea del Concilio de Jerusalén San Pablo dice: "Porque yo, por la Ley, morí a la Ley a fin de vivir para Dios" (Gal. Cap. II vers. 19). Ya que la Ley judaica es preparación para llevar FINALMENTE a Cristo que es el fin de la Ley. Gracias a la misma Ley estamos libres de ella por la muerte de Cristo: Sus méritos se nos aplican por la Gracia como si estuviéramos con Él clavados en la Cruz y muertos a esa Ley judaica.

Pasado el tiempo, en Antioquía, San Pedro, EN LA PRACTICA, condesciende -quizá por prudencia humana y de buena fe- con los judaizantes (es decir, con quienes propugnaban el mantenimiento de la ley judaica). Este obrar contradecía lo definido en el Concilio de Jerusalén. Es decir que en la práctica obraba contra la doctrina definida por la Iglesia (incluido él mismo San Pedro como Papa).
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Como la doctrina prevalece sobre la práctica, San Pablo -que era su subordinado- le resiste cara a cara por no andar San Pedro según el camino y la verdad del Evangelio. San Pedro reconoce su equivocación y da la razón a San Pablo. Obrando con gran humildad y aceptando que un inferior pueda no sólo apartarse de un obrar errado del superior sino, incluso, reprender a ese superior; es decir, argüirle su equivocación por amor a la verdad del Evangelio.

Citemos lo más fundamental de este incidente, narrado por el propio San Pablo:
“Mas cuando Cefas (San Pedro) vino a Antioquía le resistí cara a cara, por ser digno de reprensión. Pues él, antes que viniesen ciertos hombres de parte de Santiago, comía con gentiles; más cuando llegaron aquellos se retraía y se apartaba, por temor de los que eran de la circunsición. Y los otros judíos incurrieron con él en la misma hipocresía, tanto que hasta Bernabé se dejó arrastrar por la simulación de ellos. Mas cuando yo vi que no andaba rectamente, conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas (Pedro) en presencia de todos: “Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿cómo obligas a los gentiles a judaizar?”. Nosotros somos judíos de nacimiento y no pecadores procedentes de la gentilidad; mas sabiendo que el hombre es justificado, no por obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, nosotros mismos hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la Ley; puesto que por las obras de la Ley no será justificado mortal alguno”. (Gálatas, Cap II, vers. 11-16).

San Pablo le recuerda a San Pedro que el cristiano se justifica por la fe en Jesucristo y no por obrar conforme a las prescripciones de la Ley judaica, tal como se definió en el Concilio de Jerusalén. Evidentemente, San Pablo se refiere a la Ley judaica (no a los diez mandamientos), pues eso es lo que define el primer Concilio de la Iglesia. Esto lo ocultan mañosamente algunos protestantes que suprimen también el texto bíblico de Santiago sobre la necesidad de las obras y de la fe para ser salvos y no únicamente la fe, como propugna la herejía protestante, y citan -además- fraudulentamente el texto anterior como si se refiriera a los Diez Mandamientos. De esta manera, engañan al suprimir los textos que no les convienen e interpretan los otros fuera de su contexto histórico. Por ello, el hecho de Antioquía debe relacionarse necesariamente con lo definido en el Concilio de Jerusalén y no de manera independiente. Pues San Pablo lo que exige es el cumplimiento de la doctrina tal como se había ya definido en dicho Concilio.

De este incidente, Santo Tomás señala que San Pablo se enfrentó en cuanto AL EJERCICIO y no en cuanto a la autoridad del poder, y que San Pedro era reprensible pues por su simulación, por temor desordenado, abandonaba la verdad y se seguía el engaño de los fieles. Juzga que la causa de la reprensión no es leve, sino justa y útil. De no hacerse, estaba en peligro el conocimiento de la verdad del Evangelio y hubiera perecido esta verdad, de obligarse a los gentiles a guardar los preceptos legales de la Ley judaica. Santo Tomás señala que la simulación de San Pedro constituía un peligro para todos y por ello fue conveniente que la reprensión a San Pedro fuera pública y manifiesta.

Por su parte, San Agustín en su carta (carta LXXXII –CXVI-22) a San Jerónimo comenta: “Administrador fiel, el apóstol Pablo, sin duda alguna nos ofrece fe en lo que escribe, pues es administrador de la verdad, no de la falsedad. Y, por lo tanto, verdad dice cuando escribió sobre que vio al apóstol Pedro no marchar según la verdad del Evangelio y que le resistió en su cara porque forzaba a los gentiles a judaizar: Y Pedro mismo recibió con la santa y benigna dulzura de la humildad, lo que fue dicho útilmente y con la libertad de la caridad de Pablo: raro y santo ejemplo que da a la posteridad, para que no desdeñen ser corregidos por los menos ancianos si se apartasen de la recta senda. Y Pablo, para que aún los menos ancianos tengan la intrepidez de resistir a los mayores en defensa de la verdad evangélica, salva la caridad fraterna. Ciertamente, es mejor no desviarse en nada del camino que torcerlo hacia algún lado; pero mucho más admirable y laudable es recibir de buena gana al que corrige, que audazmente corregir al que se desvía. Pablo debe ser alabado por su justa libertad, y Pedro por su santa humildad”.

No olvidemos que cuando un Papa define sobre FE y MORAL, cuando cumple con todas las condiciones para ello, es infalible, pero cuando sólo actúa, no lo es. Por ello la pastoral no es infalible y sí lo es la doctrina definida por la Iglesia. Si la pastoral contradice la doctrina, evidentemente no debe seguirse, pues siempre prevalece la doctrina definida.

La doctrina prevalece sobre la práctica
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La principal enseñanza del incidente de Antioquía es esa: que prevalece siempre la doctrina definida (que es la verdad infalible y revelada) sobre el obrar o el actuar en contra de ella, aunque fuera por parte de quien tiene la más alta jerarquía en la Iglesia. La doctrina es superior a la praxis.

Por último no olvidemos que San Pablo -inferior del Papa- se enfrenta a San Pedro -primer Papa-, pero siempre lo hace con el debido respeto y COMO SÚBDITO. El hecho de que tuviera la razón San Pablo, no le daba derecho a enfrentarse de tú a tú con la Cabeza de la Iglesia, por ello lo hace, sí, cara a cara y públicamente porque público era el error de San Pedro, pero siempre con la debida humildad y COMO SÚBDITO. Además, la reprensión de San Pablo no es debida a la defensa de una opinión personal suya, sino en defensa de la verdad del Evangelio tal como estaba definida. De este modo, el ejemplo de San Pablo sienta un precedente y es siempre digno de seguirse en casos similares.

Autor: Lic. Oscar Méndez Casanueva

Nota:

1) Enseña la Palabra de Dios (carta de Santiago, Cap. II): "La FE si no tiene OBRAS, es muerta como tal” y afirma que los demonios que están condenados eternamente “creen y tiemblan”, pues no basta la pura fe para salvarse sino que ambas son necesarias, es decir tanto la fe como las buenas obras son indispensables para la salvación.
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jueves, 9 de julio de 2009

¿SEXO CASUAL Y FRECUENTE U OTRA ALTERNATIVA?


La periodista Dawn Eden ha publicado el libro "The Thrill of the Chaste: Finding Fulfillment While Keeping Your Clothes On" (La Emoción de la Castidad: Encontrando Satisfacción con la Ropa Puesta), en el que sostiene que para la mujer tiene mucho más sentido la castidad que el sexo casual. Una controvertida periodista americana experta en música rock, y que por muchos años fue una abanderada de la "revolución sexual", se ha convertido –tras abrazar la fe católica– en una ferviente promotora de la castidad. Ella misma explica sus razones. El Eden publicó el siguiente artículo traducido al español por El Espectador de Bogotá:


Del sexo casual a la castidad por Dawn Eden


Un mantra de la generación de los sesenta era que todo debía ser gratis. Pero en las reediciones del festival de Woodstock décadas después, los hippies ya vendían como buhoneros el agua a US$5 la botella. El “amor libre”, sin embargo, era todavía alentado al ritmo en que el Nuevo Establecimiento se aferraba a su autoestima revolucionaria, mediante la promoción del sexo por el sexo como puro placer sin consecuencias.

Hoy, ese dogma está siendo confrontado por una nueva contracultura —de mujeres castas— que está derribando las puertas para protestar porque el sexo de los buhoneros, como su agua, tiene en realidad un precio muy alto.

Pueden contarme entre esas hijas insatisfechas de la revolución sexual. Nací en 1968, como millones de otras niñas, en un mundo que alentaba a las mujeres a explorar su sexualidad. Se nos presentaba casi como un acto feminista. Incluso, la llamativa pregunta que sirvió de fundamento filosófico de la novela y programa de televisión Sex and the City —¿Puede una mujer tener sexo como un hombre?— no es más que una versión moderna de la misma pregunta que en 1962 hizo Helen Gurley Brown en Sex and the Single Girl.

Era el amanecer de la revolución sexual, cuando los bolsos de las mujeres comenzaron a cargar píldoras anticonceptivas al lado del Revlon Fire y el Ice Lipstick. Brown, quien sería después editora de Cosmopolitan, se preguntaba entonces si la mujer podía tener sexo libre sin consecuencias emocionales, y se contestaba que sí porque “igual que el hombre, es una criatura sexual”.

Su aporte dio origen a millones de artículos sobre “100 nuevos trucos sexuales” en las revistas femeninas. Y uno de los íconos feministas de la época, Germaine Greer, habló con entusiasmo de que “los rockeros son importantes porque desmitifican el sexo; lo aceptan como algo físico, y no son posesivos con sus conquistas”.

La filosofía olorosa a patchouli de Greer sigue viva en las revistas modernas, las series de televisión y las películas que dicen sin parar a las mujeres que si no son felices teniendo sexo premarital es porque lo están haciendo mal. Más que eso, las excepciones a la norma cultural —la pequeña minoría de mujeres que, por varias y tristes razones, se sienten impulsadas a ser meros objetos sexuales— son mostradas como el ideal platónico. Si rockeros, modelos, galanes de la televisión y del cine y estrellas pop se pueden llevar a la cama a un hombre diferente cada noche —y aparentan tener el mejor tiempo de sus vidas— con seguridad usted, humilde lectora, puede ocasionalmente esconder sus valores pasados de moda y follarse a un tipo al que acaba de conocer.

Sexo casual... y frecuente
El fruto de este aceptado estilo de vida de la mujer soltera es más semejante al de un hábito de drogas que a un paradigma de los encuentros amorosos. En un círculo vicioso, la mujer se siente sola porque no es amada y entonces tiene sexo casual con hombres que no la aman.

Esa fue mi vida. Me gasté mis 20 y mis tempranos 30 buscando sexo premarital de cualquier manera —anhelando el matrimonio pero buscando descansar en el placer físico, la validación del ego y un respiro de la soledad. Como historiadora del rock basada en Nueva York, colaborando para revistas como Mojo y Bilboard y escribiendo las notas de los discos remasterizados, las oportunidades para travesuras no tenían límite.

Me leí entonces I’m With the Band (‘Estoy con la banda’), de la super fanática del rock Pamela Des Barres, y envidié su habilidad para beber todo lo deseable de los rockeros —su buena figura, ingenio, creatividad y fama— sin que al parecer perdiera nada en sus aventuras con ellos. Mi gran secreto era que, bajo ese anhelo por tener una conexión amorosa, me aterrorizaba la intimidad. Mostrarme vulnerable abría la puerta a la posibilidad de un rechazo. Desde ese punto de vista, un músico de gira era mi compañero sexual ideal. Podía disfrutar con él una suerte de vínculo temporal de cuento de hadas, sin tener que derribar los muros que debía levantar para protegerme. El rechazo vendría cuando él siguiera al siguiente pueblo, y a la siguiente mujer, —pero de alguna manera, verlo venir me hacía sentir en control—. Estaba escogiendo, pensaba, el dolor menor.

Pero en esa época de sexo casual, había un momento que aprendí a temer más que cualquier otro. Me atemorizaba, no que el sexo fuera malo, sino que fuera bueno.

Si el sexo era bueno, incluso aunque en mi corazón sabía que la relación no iba a funcionar, sentía de todos modos como si el acto me hubiera unido a mi compañero sexual de una manera más profunda que antes. Está en la naturaleza del sexo despertar emociones profundas dentro de nosotras —que no son bienvenidas cuando uno está tratando de mantenerlas ligeras—.

En esas noches, el peor momento era cuando todo terminaba. De un momento a otro me sentía sacudida de regreso a la tierra. Entonces me tiraba boca arriba y me sentía despojada. Él podría seguir ahí, y si estaba de mucha suerte, se recostaría a mi lado. Aun así, no podía dejar de sentir que el hechizo se había roto. Podíamos frotarnos las narices, reírnos como bobos o quedarnos dormidos en los brazos del otro pero sabía que era teatro, y él también. No estábamos realmente intimando —todo había sido solo un juego—.

Los campeones de la revolución sexual son en esencia cínicos. Saben en sus corazones que el sexo casual no hace felices a las mujeres —y por eso sienten la necesidad de promocionarlo todo el tiempo—. El sexo que tuve, antes que acercarme a la satisfacción personal y el matrimonio que buscaba, solo me había vuelto menos capaz de alcanzar un matrimonio o siquiera una relación comprometida. Sacrifiqué los que deberían haber sido los mejores años de mi vida, por una mentira negra.

Si bien creo que hay que enseñarles a las jóvenes que deben reservar el sexo para el matrimonio, agregaría que para entender lo que es, uno debe entender también lo que son el sexo y el matrimonio, qué significan, cuál es su propósito.

Eso suena simple, pero mientras crecía yo tuve poca idea del significado y el propósito del sexo y del matrimonio. Pensaba que el sexo era algo que uno hacía para divertirse o si quería tener hijos (bueno, en esto último iba por buen camino). El matrimonio, creía, significaba una autorización social para tener sexo con una persona en particular. La gente casada debía tener sexo solamente con su pareja porque... bueno, porque no era agradable poner cuernos, la infidelidad podía llevar al divorcio y sabía que eso era doloroso.

Todas estas suposiciones se basaban en lo que había visto viviendo con mi madre y, en menor grado, visitando a mi papá. Mis padres habían quedado heridos por el fracaso de su propia unión y su amargura manchó la imagen del matrimonio que me heredaron.

Como una quinceañera sin un fundamento moral que sostuviera mi decisión de guardarle la virginidad a Mr. Right —diferente del temor a ser lastimada por Mr. Wrong— me sentí libre de empujar el sobre. No, más que libre; me sentí con autoridad para forzar las cosas, pues tenía resentimiento de que Dios —si existía— no me hubiera enviado mi alma gemela. Me convertí en una de esas vírgenes míticas que llegan a “todo, menos...”.


El placer por el placer

Cuando, a la edad de 23 años, finalmente me cansé de esperar y perdí mi virginidad con un hombre al que no amaba, fue un gran acontecimiento para mí. Aunque, mirándolo en retrospectiva, no fue en realidad tan significativo. Cierto, mis aventuras se volvieron menos complicadas. Cuando hacía “todo, menos...”, me preocupaba de tener que explicar por qué no quería seguir hasta el final; una vez comencé a tener sexo, eso no era necesario. Pero en un sentido más amplio, la pérdida de mi virginidad, lejos de constituirse en la frontera entre el pasado y el presente, fue apenas un instante en mi continua degradación sexual. El descenso había comenzado desde que comencé a buscar el placer por el placer.

La filosofía hedonista que urge a los jóvenes ese tipo de comportamiento hace daño tanto a los hombres como a las mujeres; pero es particularmente dañina para la mujer, pues la presiona a subvertir sus más profundos deseos emocionales. He probado esa filosofía —de que una mujer puede fornicar como un hombre— y no funciona. No estamos hechas para eso. Las mujeres están hechas para un vínculo.

Por eso, por mucho que tratemos de convencernos de que no es así, el sexo siempre nos dejará sientiéndonos vacías a no ser que estemos seguras de que somos amadas, de que el acto es parte de una pintura mayor, de que somos amadas por lo que somos y no solamente por nuestros cuerpos. A mí me tomó mucho tiempo entenderlo.

Encuentro con la castidad

Ahora vivo un tipo de vida muy diferente. Todavía me encuentro de vez en cuando con viejos amigos músicos, pero me veo más con coristas de iglesia. Mi decisión de resistirme al sexo casual, de nuevo, estuvo influenciada por mi madre —aun cuando no de la manera que ella hubiera querido—.

Cuando era una quinceañera, mi madre abandonó sus creencias en la Nueva Era por el Cristianismo. Yo no tenía esos planes. Mi misión en la vida, como la veía, era diferente —creativa, liberal, rebelde—.

Pero un día, en diciembre de 1995, estaba haciéndole una entrevista a Ben Eshbach —líder de una banda de rock de Los Angeles llamada Sugarplastic— y le pregunté qué estaba leyendo. Me contestó The Man Who Was Thursday (‘El hombre que fue jueves’), de G.K. Chesterton. Lo conseguí por curiosidad y me dejó cautivada. Pronto estaba consiguiendo lo que podía de Chesterton, comenzando por Orthodoxy (Ortodoxia).

Me mantuve leyendo a Chesterton, incluso mientras continuaba con mi estilo de vida libertino, hasta que una noche, en octubre de 1999, tuve una experiencia hipnótica —de esas en las que una no sabe si está despierta o dormida—. Escuché una voz de mujer que decía: “Algunas cosas no están para ser conocidas. Algunas lo están para ser entendidas”. Me arrodillé y me puse a rezar —y eventualmente entré a la Iglesia Católica—.

Una noche el año pasado salí a comer con un amigo, un encantador periodista inglés con el que hubiera comenzado a salir si compartiera mi fe (no lo hacía) y si estuviera interesado en casarse (tampoco). Me acribilló con preguntas sobre la castidad, llegando hasta a sugerir que, ya que llevaba tanto tiempo buscándolo, quizás no iba a encontrar al hombre que buscanba.

“No es así”, le respondí. “Mis posibilidades son mejores ahora que nunca antes, porque antes de ser casta estaba buscando el amor en los lugares equivocados. Apenas ahora es que estoy realmente preparada para el tipo de hombre que quiero que sea mi esposo”.

“Puedo tener 38”, concluí, “pero en términos de búsqueda de marido, tengo apenas 22”.


Hasta aquí su artículo. Dawn Eden es actualmente editora del Daily News de Nueva York, periódico que la contrató después de que su rival, el New York Post, la despidiera por defender abiertamente sus convicciones cristianas. Ganó su prestigio como periodista e historiadora del rock hace unos años, tiempo en el que se acostaba con algunos de sus entrevistados. Esa transformación de defensora y practicante del sexo libre a activista del celibato la llevó a la fama en Estados Unidos, país que ahora debate el tema por la aparición de su primer libro: ‘The Thrill of the Chaste: Finding Fulfillment While Keeping Your Clothes On” (“La emoción de la castidad: encontrando satisfacción con su ropa puesta”). Dawn Eden es un símbolo del movimiento que defiende la abstinencia sexual, cuyos miembros usan un anillo de plata para indicar que son castos.



Ve el video "¿Cómo mantenerse en castidad?" Entrevista al actor Eduardo Verástegui. Haz click:

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miércoles, 8 de julio de 2009

El Padre Amorth coincide con el Padre Malachi Martin sobre la infiltración en la Iglesia: "Hay sectas satánicas en el Vaticano"


Lo afirmó (aunque no es la primera vez) el P. Gabriele Amorth, el exorcista de Roma y el más conocido que existe en el mundo, en un artículo basado en una entrevista hecha por Alexander Smoltczyk para el diario alemán Der Spiegel, Ene-08-2008 (*). Concretamente dice el P. Amorth: “En el Vaticano, hay sectas satánicas. No se ven. Pero están allí.”

También cuenta el P.Amorth: “Soy el único exorcista, siete días a la semana, desde la mañana hasta la tarde, incluyendo Navidad y Pascua. He tenido en 21 años, más de 70.000 exorcismos. Incluso cuando era más joven, manejaba un promedio de quince, diez y seis casos por día. Ahora, estoy un poco cansado ”. (Nota de CATOLICIDAD: Hay que considerar que a un mismo individuo se le practican bastantes exorcismos antes de ser liberado).

Delineando un poco su agenda de los próximos meses indica que “ya esta completamente llena”.

Agrega que en el pasado eran nueve exorcistas en Roma, pero ahora no hay ninguno activo, aunque asegura que no es porque ya no se necesite. Al contrario: “El diablo está en Fátima, actúa en Lourdes, en todas partes. Y ciertamente en el Vaticano, el centro de la Cristiandad”.

Al final recuerda que ninguno es inmune al diablo, y que incluso la Madre Teresa, en los últimos años de su vida, tuvo que ser exorcizada (Nota de CATOLICIDAD: En los comentarios se efectúa una aclaración que probablemente no conoció el P. Amorth).

El P. Malachi Martin S.J. (qpd), experto vaticanista, denunció -como un hecho real- en su obra "Las llaves de esta Sangre" (y lo narró en su novela "Winswept house") que se realizó -durante el pontificado de Pablo VI- una ceremonia de entronización satánica en el Vaticano, en la capilla paulina, por cierto ahora recién reinagurada por S.S. Benedicto XVI, luego de su remodelación. Incluso, aseguró que a ello hizo alusión Pablo VI cuando denunció que "el humo de Satanás ha entrado por alguna fisura en el templo de Dios" (29-junio-1972). Esta entronización es confirmada, también, por un grupo de prelados del Vaticano que se autodenominan los Milenarios (entre ellos estaba Mons. Luigi Marinelli, que en paz descanse) y que escribieron la obra "Via col vento in Vaticano" (**), en donde también señalan que en el Vaticano hay eclesiásticos afiliados a la masonería.
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Esto nos recuerda la visión profética que plasmó S.S. León XIII en su exorcismo:
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"Pero he aquí que ese antiguo enemigo, este primer homicida ha levantado ferozmente la cabeza. Disfrazado como ángel de luz y seguido de toda la turba y seguido de espíritu malignos, recorre el mundo entero para apoderarse de él y desterrar el Nombre de Dios y de su Cristo, para hundir, matar y entregar a la perdición eterna a las almas destinadas a la eterna corona de gloria. Sobre hombres de espíritu perverso y de corazón corrupto, este dragón malvado derrama también, como un torrente de fango impuro el veneno de su malicia infernal, es decir el espíritu de mentira, de impiedad, de blasfemia y el soplo envenado de la impudicia, de los vicios y de todas las abominaciones. Enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales. Aun en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo, han elevado el abominable trono de su impiedad con el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño". (Ver todo el exorcismo en: INVOQUEMOS A LOS ANGELES )

(**) Obra con la que no concordamos en varios criterios, pero que señala hechos fidedignos.
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Ver otra entrevista del P. Amorth en CATOLICIDAD, donde habla que legiones de demonios se han instalado en el Vaticano y asegura que satanás puede ganar batallas, pero que la Iglesia Católica ganará la guerra:
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martes, 7 de julio de 2009

MURILLO, UN PINTOR AL SERVICIO DE LA FE

Conoce su vida y admira sus grandes pinturas. Haz click:

Fue, en opinión de muchos, el pintor que mejor definió el Barroco español. El periodo de máxima actividad de Murillo se inició en el año 1665 con el encargo de los lienzos para Santa María la Blanca, con lo que consiguió aumentar su fama y recibir un amplio número de trabajos. Falleció, mientras trabajaba en una de sus obras, a consecuencia de una caída desde un andamio.
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Su carrera
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Nació en el año 1617, en Sevilla, en el seno de una familia de catorce hermanos, siendo él el más pequeño. Sus padres se llamaban Gaspar Esteban y María Pérez, pero Murillo adoptó el segundo apellido de su madre, con el cual se dio a conocer. Su padre se murió cuando él tenía nueve años y su madre apenas seis meses después. Una de sus hermanas mayores, Ana, se hizo cargo de él y le permitió frecuentar el taller de un pariente pintor, Juan del Castillo.

Bartolomé Esteban Murillo fue quizá el pintor que mejor definió el Barroco español. En 1630 ya trabajaba como pintor independiente en Sevilla y en 1645 recibió su primer encargo importante, una serie de lienzos destinados al claustro de San Francisco en Sevilla; la serie se compuso de trece cuadros, que incluyeron "La cocina de los ángeles", la obra más celebrada del conjunto por la minuciosidad y el realismo con que estaban tratados los objetos cotidianos.

El éxito de esta realización le aseguró trabajo y prestigio, de modo que vivió holgadamente y pudo mantener sin dificultades a los nueve hijos que tuvo con Beatriz Cabrera, con quien se casó en 1645, cuando tenía 27 años.

Después de pintar dos grandes lienzos para la catedral de Sevilla, se empezó a especializar en los dos temas iconográficos que mejor caracterizaron su personalidad artística: la Virgen con el Niño y la Inmaculada Concepción, de los que realizó multitud de versiones.

En 1658 se trasladó a Madrid donde conoció a Velázquez, quien lo puso en contacto con la pintura flamenca y veneciana. Luego, en 1660, intervino en la fundación de la Academia de Pintura, cuya dirección compartió con Herrera el Mozo. La presidencia de la Academia la abandonó en 1663, y fue sustituido por Juan de Valdés Leal. Fue precisamente en ese año que Murillo quedó viudo, al fallecer su esposa como consecuencia del último parto.

El periodo de máxima actividad de Murillo se inició en el año 1665 con el encargo de los lienzos para Santa María la Blanca -el Sueño del Patricio y el Patricio relatando su sueño al papa Liberio-, con lo que consiguió aumentar su fama y recibir un amplio número de trabajos: las pinturas del retablo mayor y las capillas laterales de la iglesia de los capuchinos de Sevilla y las pinturas de la Sala Capitular de la catedral sevillana. Ese mismo año Murillo ingresó en la Cofradía de la Santa Caridad, lo que le permitió realizar uno de sus trabajos más interesantes: la decoración del templo del Hospital de la Caridad de Sevilla (cuadros sobre las obras de misericordia), encargo realizado por Miguel de Mañara, un gran amigo del artista.

Murillo se destacó también como creador de tipos femeninos e infantiles, pasó de la inocencia de "La muchacha con flores" al realismo directo de los niños de la calle, mendigos, que constituyeron un maravilloso estudio de la vida popular. Después de una serie dedicada a la Parábola del hijo pródigo, se le encomendó la decoración de la iglesia del convento de los capuchinos de Cádiz, de la que sólo concluyó los "Desposorios de santa Catalina", ya que falleció, mientras trabajaba en ella, a consecuencia de una caída desde un andamio.

Su muerte fue el 3 de abril de 1682. En su testamento, que no llegó a terminar, pidió que fuera enterrado en la parroquia de Santa Cruz. Cumplieron con su pedido, pero este templo fue destruido por las tropas francesas en 1811.
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Su obra se puede ver en:
Museo de Bellas Artes de Sevilla
Museo del Prado de Madrid
Museo Thyssen-Bornemisza
Academia de San Fernando de Madrid
Museo de Bellas Artes de Bilbao.
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