viernes, 11 de enero de 2019
jueves, 10 de enero de 2019
miércoles, 9 de enero de 2019
martes, 8 de enero de 2019
EL ABORTO FUE LA PRINCIPAL CAUSA DE MUERTE EN 2018 CON MÁS DE 41 MILLONES DE BEBÉS ASESINADOS
Según el informe de Worldometers, publicado por LifeNews, en el año 2018 hubo casi 42 millones de abortos en todo el mundo, siendo la principal causa de muerte. En EEUU se estima que desde 1973 se han practicado 60 millones de abortos.
Actuall. Las estadísticas compiladas por Worldometers y publicadas por LifeNews dejan, sin duda, unas cifras desgarradoras. Casi 42 millones de seres humanos fueron abortados en el mundo durante el año 2018, convirtiéndose en la principal causa de mortalidad. El sitio independiente recopila datos de gobiernos y otras organizaciones acreditadas y luego informa de los datos, junto con estimaciones y proyecciones.
A fecha de 31 de diciembre de 2018, se realizaron unos 41.9 millones de abortos en el transcurso del año. En contraste, 8,2 millones de personas murieron de cáncer, 5 millones por culpa del tabaco y 1,7 millones murieron de VIH / SIDA.
A nivel mundial, un 23 por ciento de los embarazos fueron abortados, y por cada 33 nacimientos, diez bebés fueron abortados. Worldometers estiman alrededor de 59 millones de muertes en todo el mundo en 2018, pero esa cifra no incluye las muertes por aborto, porque no se reconocen como seres vivos, según apunta LifeNews.
En Estados Unidos, casi un millón de bebés son abortados cada año. Aunque las tasas de aborto han disminuido en la última década , el aborto sigue siendo la principal causa de muerte en los Estados Unidos también.
Desde Roe v. Wade en 1973, se estima que se han producido más de 60 millones abortos en EEUU. En enero, defensores provida se reunirán para la Marcha por la Vida anual en Washington para recordar el aniversario de esa infame decisión.
lunes, 7 de enero de 2019
domingo, 6 de enero de 2019
sábado, 5 de enero de 2019
LOS REYES MAGOS
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| La Epifanía es nuestra Navidad |
¡Qué gran misterio el de la Epifanía! Yacía Jesús en un pesebre y sin embargo, como Dios que era, guiaba a los magos que venían desde el oriente. Se escondía en un establo y se manifestaba a los Reyes.
En esa carne mortal, en ese niño humilde, adoraron al Verbo de Dios: en su infancia a la Sabiduría; en su debilidad a la Fortaleza; en sus pañales al Rey de Reyes; y en su realidad de hombre, al Señor de la Gloria.
En esa carne mortal, en ese niño humilde, adoraron al Verbo de Dios: en su infancia a la Sabiduría; en su debilidad a la Fortaleza; en sus pañales al Rey de Reyes; y en su realidad de hombre, al Señor de la Gloria.
Con sus dones los Reyes Magos predicaron a Dios a quien ofrecieron incienso, al Rey merecedor del símbolo por excelencia de la realeza, el oro, y al hombre al que un día habría que ungir con mirra.
Del mismo modo, presurosos y dóciles, llevémosle nosotros la voluntad de servirlo y amarlo ante todo.
Han llegado los santos Reyes Magos, protagonistas principales de la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo. Lamentablemente los católicos parecemos haber perdido de vista el significado de esta Solemnidad, que pasa un tanto desapercibida aunque sea la Navidad de las naciones.
Signo de lo cual es la abrumadora propaganda que tiene Papá Noel, desconocido casi por completo no muchos años ha, en detrimento de nuestros tradicionales astrónomos.
Nademos nosotros contra corriente, restaurando la tradición católica en la mente y en el corazón de nuestros hijos. ¡Qué las "verdades" de los racionalistas sean para ellos malos sueños, como enseña este cuento de José María Pemán que los Reyes han dejado como presente a nuestros lectores:
El Republicano y los Reyes Magos
Como su padre había sido también republicano y racionalista, le había puesto por nombre Sócrates. Él, a su vez, siguiendo la costumbre, le había puesto a su hijo Plutarco.
Su mujer, obesa y dulce, disculpaba todo esto, con la sumisa tolerancia de las mujeres españolas. Tenía un supersticioso respeto para ese mundo de fronteras inviolables donde se encierran las «cosas de los hombres».
Estaba segura de que su marido tenía «buen fondo», que es lo que importa, y de que, cuando se sintiese morir, pediría los sacramentos.
Respaldada en estas confianzas, con su bata de flores y su manojo de llaves, iba y venía por la casa, callada, hacendosa, humilde de llamarse, sencillamente, Rosario, entre el bebedor de la cicuta y el autor de las Vidas paralelas.
Don Sócrates era republicano federal. Profesaba las «ideas nuevas», o sea, las ideas francesas y alemanas de 1890. En un estante, encuadernadas y con cantos de oro, guardaba las obras de Castelar, Pi y Margall, Salmerón, Darwin y Augusto Compte. Y su mujer les quitaba el polvo, todos los sábados, con un plumerito, cogiendo cada tomo displicentemente, con dos dedos, para no contagiarse, como quien coge una viborilla.
Don Sócrates había oído, en sus mocedades, un discurso de Castelar en un círculo republicano. Era la anécdota más emocionante de su vida, y recordaba todos los detalles de la escena.
Al terminar, había logrado llegar hasta el orador y apretarle una mano, diciendo:
—No sé cómo puede usted respirar, don Emilio.
Y don Emilio se había vuelto a él y le había hablado. Era la única vez que le había hablado don Emilio. Le había dicho:
—¡Je!… ¡La costumbre!
Y aquella noche, Rosario alzó de pronto sus dulces ojos cansados de la costura.
—Sócrates, ¿sabes que Plutarquito le ha pedido una trompeta a los reyes magos?
Sócrates dejó sobre la camilla el periódico que leía, se quitó los quevedos y replicó con severidad:
—Rosario: es menester acostumbrar al niño, desde chico, a no pedir nada a los reyes…
—Pero ya tú ves: una trompeta…
—Una trompeta todavía menos; al son de una trompeta ha cometido la humanidad todas sus grandes estupideces.
Hubo una pausa. Sócrates terminó:
—Se empieza pidiendo a los reyes una trompeta y se acaba pidiéndoles una credencial. Es menester infundir en el niño, desde ahora, la dignidad del ciudadano libre... Es preciso que se entere que cada uno tiene que buscarse lo suyo, de día y muy despabilado. Que nadie le trae a uno nada...
—Pero, hijo, tiempo tiene el niño de enterarse de eso. Todavía es pronto…
—Nunca es pronto para la verdad…
—Está bien, hombre. No te enfades…
Y Rosario bajó la cabeza otra vez sobre la costura, y no habló ya una palabra. Porque había tomado la resolución que todas las mujeres dulces y sumisas toman siempre ante estos pequeños conflictos: no discutir más.
La escena que se desarrolló a prima noche, la noche de reyes, no tuvo originalidad ninguna. Desde la alcoba matrimonial se oyó la voz adormilada de don Sócrates:
—Pero, Rosario, ¿no vienes? Y Rosario, que cosía en la salita, contestó sencillamente:
—Espérate, Sócrates, que tengo que acabar de marcar estos calcetines. Duérmete tú…
Y aguzando el oído, esperó unos momentos a que la respiración de su marido, que se filtraba entre las cortinas de la alcoba, fuese convirtiéndose en un ronquido leve, pacífico y sereno, característico de los niños y de los republicanos federales.
Entonces Rosario se descalzó para no hacer ruido, se dirigió a un armario y sacó un envoltorio de papel...
Nadie se desliza más suavemente que las madres, en la noche de reyes. Calzadas de silencio y de ternura, resbalan como hadas, en suave complicidad con la alfombra...
Así entró doña Rosario en la alcoba con su bata de flores... obesa y sublime, sobre la sordina de sus pies descalzos.
Plutarquito dormía apaciblemente en su cama de metal dorado, bajo una litografía de la Sagrada Familia de Murillo. Porque don Sócrates no creía, pero respetaba el arte. Doña Rosario recorrió tácitamente la habitación... e iba a dar un beso a Plutarquito, cuando se sintió bruscamente separada de un empellón.
Miró con horror y encontró tras de sí a su marido, magnífico y desconcertante, con sus zapatillas, su largo batín azul y su gorro con borla. Estaba agigantado por la ira. Parecía la imagen de la inteligencia rompiendo la superstición.
Don Sócrates sentencio:
—Rosario, te oí salir de puntillas del gabinete, y me lo supuse todo. Porque otra cosa no podía ser. Tienes cincuenta años y pelos en la barba.
Y después de estas declaraciones mortificantes, don Sócrates encendió la luz eléctrica, zamarreó fuertemente a Plutarquito para despertarlo y exclamó con tono de arenga revolucionaria:
—¡Plutarco! ¡Plutarco! No he de dejar que siembren de errores tu razón naciente. Fíjate bien. ¿Ves a tu madre? Tu madre es la que te ha traído esa ridícula trompeta bélica. No creas nunca que te la trajeron los reyes magos. Eso es una superchería. Nebrija dice que los tres reyes magos ni fueron tres, ni fueron reyes, ni fueron magos...
Rosario lloraba tras su marido. Plutarquito se había despertado a medias y pugnaba por abrir sus ojos azules. Don Sócrates tomó a su mujer con una mano... y recalcó apocalípticamente:
—Graba bien lo que te digo, Plutarco. ¿Ves a tu madre? ¿Ves la trompeta? ¿Ves la realidad cruda?
Plutarquito abrió un ojo con dificultad. Bostezó. Le temblaba la voz.
—Veo a mamá y a la trompeta. Lo otro no lo veo…
—Quiero decir, Plutarco, que es preciso que, desde niño, aprendas a guiarte por lo que ven tus ojos y no por…
Plutarquito se había dormido profundamente. El sueño de sus seis años sin remordimientos podía más que las sonoras palabras del racionalista.
A la mañana siguiente, don Sócrates estaba desayunándose en la cama. Don Sócrates desayunaba en la cama los días que no tenía oficina. Tomaba frutas y espinacas, porque era vegetariano. De pronto irrumpió en la alcoba Plutarquito, tocando sonoramente la trompeta. Don Sócrates le hizo subir a la cama sobre sus rodillas.
—Vamos a ver, Plutarquito, ¿quién te ha traído esa trompeta?
—Toma…, ¡los reyes!
—Pero, entonces, ¿no recuerdas que esta noche?…
—Verás, papá. Esta noche, cuando me acosté, me quedé con los ojos muy abiertos, para no dormirme, y ver entrar a los reyes. Paquito, el primo, me había dicho que él los vio el año pasado, y que entraron en su cuarto por el balcón. Y yo los vi esta noche. Gaspar tenía una barba blanca, como el tío Miguel. Y Melchor era negro. Parecía un limpiabotas. Llevaban todos unos mantos muy largos, muy largos…
—Pero, luego…
—Luego me dormí, papá. Y soñé una cosa rarísima y divertidísima. No me atrevo a decírtela.
—¿Qué soñaste?
—Soñé que tú, papá, estabas junto a mi cama. Llevabas una sotana azul muy larga y un gorro colorado. ¡Qué ridículo! Parecías uno de esos muñecos de la feria a los que se le pueden tirar seis pelotas por una perra gorda.
—¿Y qué más?
—¡Qué sé yo! Allí empezaste a decir que si la trompeta la había traído mamá, que si los reyes magos no eran de verdad. ¡Qué sé yo! ¡Tonterías! Yo no recuerdo bien todos los disparates que decías.
Luego bajó la voz y añadió:
—Pero no se lo vayas a contar a mamá. Porque, cuando sueño cosas raras, mamá me da una cucharada de sal de fruta.
Don Sócrates bajó la cabeza pensativo. Entre las cortinas se dibujaba la figura obesa y dulce de doña Rosario, sonriente, paciente, ligeramente irónica; segura de su triunfo definitivo.
Don Sócrates reanudó su austero desayuno de vegetariano. Estaba perplejo. Los reyes magos habían podido más que él. Sus verdades eran sueños para su hijo…
viernes, 4 de enero de 2019
RECUERDA QUE ESTE SÁBADO ES PRIMER SÁBADO DE MES
No olvides que nos hemos comprometido, en este año, a lo siguiente:
-Cumplir la petición de la dulcísima Virgen en Fátima: realizar la comunión reparadora de los cinco primeros sábados de mes. Haz clic AQUÍ.
-Rezar diariamente la oración por los pecadores enseñada por la Virgen en Fátima, pidiendo -además- con nuestras propias palabras que el Papa consagre, junto con todos los obispos del mundo, Rusia al Inmaculado Corazón de María. Esta es la oración: "Oh Jesús mío, perdónanos y líbranos del fuego de infierno, lleva al Cielo a todas las almas, socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia".
jueves, 3 de enero de 2019
LA PARÁBOLA DE LOS TALENTOS
Los talentos no representan las pertenencias materiales.
Pero el evangelio es muy claro que ¡el talento no es mío! No es posesión mía, pertenece al Señor y yo soy sólo su siervo. Es importante que nos demos cuenta de lo que somos y todo lo que recibimos en esta vida no nos pertenece, sino que pertenece a Dios.
En la continuación de la parábola, hay dos actitudes diferentes entre los siervos ...
Señor, gracias por los talentos que me has dado. No permitas que la apatía o el desánimo me lleven a enterrarlos o a utilizarlos para mi beneficio personal. Ilumina mi oración, permite que me acerque a Ti con confianza y con un corazón sincero, para desprenderme de mi voluntad y unirme más a la tuya.
miércoles, 2 de enero de 2019
2 DE ENERO: FINALIZA LA RECONQUISTA CRISTIANA DE ESPAÑA CON LA CAÍDA DE GRANADA EN 1492
Hoy, 2 de enero, recordamos la reconquista de Granada alcanzada en esa fecha el año de 1492, con la que finaliza el proceso histórico de la Reconquista de la península ibérica que los reinos cristianos habían comenzado en el siglo VIII y por el cual el papa Alejandro VI reconoció a Isabel y Fernando con el título de Reyes Católicos en 1496. Para conmemorar esta fecha reproducimos un artículo que publicamos hace cuatro años y que conviene releer.
LA RECONQUISTA CRISTIANA DE ESPAÑA
por Oscar Méndez Casanueva
La invasión musulmana de Hispania tuvo lugar el año 711. Apenas unos años después, todo el territorio de la península Ibérica había caído en poder de los islamitas. Así el reino visigodo cristiano fue aniquilado. Las horda islámicas -con la cimitarra en la mano- pretendían destruir la fe, deseaban que callasen las campanas y que cesaran los cánticos y loores a la dulcísima Virgen María y a su bendito Hijo. Su fin era implantar la fe de Mahoma y destruir la fe en la Trinidad del verdadero y único Dios: el Dios en el que creen los cristianos. Su filosofía última era: Luchar por Allāh o morir. De ahí la guerra o el sometimiento contra quienes consideraban infieles.
El año 722, desde las montañas astures, en la Gruta de Covadonga, se refugiaba un grupo de cristianos dirigidos por el noble visigodo Don Pelayo. Ahí, con una imagen de la Santísima Virgen como patrona, se inició la reconquista cristiana en la denominada Batalla de Covadonga. Las fuerzas de don Pelayo eran mínimas y lograron un triunfo sobre el invasor, cuyos numerosos contingentes fueron derro
tados en gran medida porque una parte de cerro se desgajó y cayó sobre los musulmanes. Los cristianos consideraron al terremoto que esto provocó como señal de una intervención divina, derivada de la confianza de don Pelayo en la intercesión de la Virgen María. Así, desde entonces, los que se refugiaban en la fidelidad para mantener su fe católica, salieron a pelear con los moros con el fin de recobrar su tierra y buscar, luego, ser apóstoles de esa fe.
.Si la primera vez que María estuvo en una gruta finalizó la gestación del Verbo de Dios, en la segunda -en Covadonga- se inició la gestación de España, que duraría ocho siglos.
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En ese tiempo, analizando con un sentido teológico la historia, podemos decir que si históricamente fue un proceso difícil y complejo donde no todo fueron victorias, pues hubo mucho de humanidad: derrotas, divisiones y traiciones; en realidad -en el fondo- se trató moralmente de una sola guerra, un solo fin, un solo ideal, una misma bandera y sobre todo, una perenne e idéntica Cruz: la de Cristo. Ésa es la grandeza de España en su unidad, bajo el lema: "Si yo caigo, levanta primero mi estandarte".
En ese tiempo, analizando con un sentido teológico la historia, podemos decir que si históricamente fue un proceso difícil y complejo donde no todo fueron victorias, pues hubo mucho de humanidad: derrotas, divisiones y traiciones; en realidad -en el fondo- se trató moralmente de una sola guerra, un solo fin, un solo ideal, una misma bandera y sobre todo, una perenne e idéntica Cruz: la de Cristo. Ésa es la grandeza de España en su unidad, bajo el lema: "Si yo caigo, levanta primero mi estandarte".
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Así fueron naciendo los diferentes reinos y territorios cristianos. Entre otros: Asturias, Castilla, Navarra, Aragón y lo que sería Portugal.
Así fueron naciendo los diferentes reinos y territorios cristianos. Entre otros: Asturias, Castilla, Navarra, Aragón y lo que sería Portugal.
.Todo este proceso multisecular concluye con Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón (los Reyes Católicos) que contraen matrimonio en 1469, logrando así la unidad de España y más tarde consumando la Reconquista cristiana peninsular con la toma de Granada, el 2 de enero de 1492. Ésta se realizó aprovechando la rivalidad entre los últimos gobernadores musulmanes de España. Boabdil, último rey moro, es apresado y entrega las llaves de la ciudad donde se encontraba la majestuosa Alahambra y desde donde había gobernado (ver imagen).
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Se dice que Boabdil, al salir de Granada camino de su exilio en las Alpajurras, al subir una colina, volvió la cabeza para ver su ciudad -por última vez- y lloró, escuchando el reproche de su madre la sultana Aixa: "No llores como una mujer lo que no supiste defender como un hombre". Debido a esto, esa colina recibe el nombre del Suspiro del moro. Hoy la mitología y la imaginación popular hablan que Boabdil, a su muerte, fue encantado y que su alma pena en los patios, recintos y jardines de la Alahambra, llorando su desventura. Naturalmente, esta leyenda fue fruto de la mitomanía.
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Se dice que Boabdil, al salir de Granada camino de su exilio en las Alpajurras, al subir una colina, volvió la cabeza para ver su ciudad -por última vez- y lloró, escuchando el reproche de su madre la sultana Aixa: "No llores como una mujer lo que no supiste defender como un hombre". Debido a esto, esa colina recibe el nombre del Suspiro del moro. Hoy la mitología y la imaginación popular hablan que Boabdil, a su muerte, fue encantado y que su alma pena en los patios, recintos y jardines de la Alahambra, llorando su desventura. Naturalmente, esta leyenda fue fruto de la mitomanía.
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Con la caída de Granada finalizó la reconquista cristiana de España.
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EFECTOS DE LA RECONQUISTA
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Ese mismo año de 1492, en el mes de octubre, se realizaría el descubrimiento de América, patrocinado por la reina Isabel la Católica. El viento de Covadonga soplaba sobre las velas de las tres carabelas. Era la Cruz que venía pintada en éstas y se convertía en madera en los mástiles que las sostenían. La Redención se haría más viva y actuante en el nuevo mundo. Dios lo quiere y el hombre fiel pone los medios. A María, la Estrella Matutina, se encomiendan. Ella es brújula y guía. Si el mar abre sus confines, el Cielo también lo hace, pues Ella es Capitana.
Ese mismo año de 1492, en el mes de octubre, se realizaría el descubrimiento de América, patrocinado por la reina Isabel la Católica. El viento de Covadonga soplaba sobre las velas de las tres carabelas. Era la Cruz que venía pintada en éstas y se convertía en madera en los mástiles que las sostenían. La Redención se haría más viva y actuante en el nuevo mundo. Dios lo quiere y el hombre fiel pone los medios. A María, la Estrella Matutina, se encomiendan. Ella es brújula y guía. Si el mar abre sus confines, el Cielo también lo hace, pues Ella es Capitana.
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Tres décadas después será entronizada en el gran teocalli. Previamente, con audacia y valentía inauditas, Cortés ha arrojado -desde lo alto- al ídolo Huichilobos que cae por la escalinata de la pirámide, convertido en mil pedazos de piedra. En su lugar pondrá la imagen de la verdadera Reina en su advocación de la Virgen de los Remedios. Los indios quedan estupefactos de la temeridad y sorprendidos de que su "dios" fuese destruido con pasmosa facilidad y sin que nada sobrenatural sucediese. ¿Quién es esa dulce Señora que con tanta facilidad se erige por encima del ídolo que exigía que miles de corazones fueran extraídos para saciar su apetito de sangre? ¡De las montañas astures a la cima del teocalli!. Sólo diez años después estará de nuevo en otra cima y en otro cerro, como en Covadonga: el Tepeyac. Esta vez no será sólo su imagen que luego dejará grabada en el ayate de ese humilde, santo y sencillo indio. Será la Virgen misma. La misma Virgen que inspiró en Covadonga y auxilió a los cristianos, la misma de la reconquista ibérica, la de los mares que abren sendas y canales de Redención, la del teocalli en Tenochtitlan. Ahora en el Tepeyac, donde abraza, tutela y forja una nueva nación cristiana y mestiza.
Tres décadas después será entronizada en el gran teocalli. Previamente, con audacia y valentía inauditas, Cortés ha arrojado -desde lo alto- al ídolo Huichilobos que cae por la escalinata de la pirámide, convertido en mil pedazos de piedra. En su lugar pondrá la imagen de la verdadera Reina en su advocación de la Virgen de los Remedios. Los indios quedan estupefactos de la temeridad y sorprendidos de que su "dios" fuese destruido con pasmosa facilidad y sin que nada sobrenatural sucediese. ¿Quién es esa dulce Señora que con tanta facilidad se erige por encima del ídolo que exigía que miles de corazones fueran extraídos para saciar su apetito de sangre? ¡De las montañas astures a la cima del teocalli!. Sólo diez años después estará de nuevo en otra cima y en otro cerro, como en Covadonga: el Tepeyac. Esta vez no será sólo su imagen que luego dejará grabada en el ayate de ese humilde, santo y sencillo indio. Será la Virgen misma. La misma Virgen que inspiró en Covadonga y auxilió a los cristianos, la misma de la reconquista ibérica, la de los mares que abren sendas y canales de Redención, la del teocalli en Tenochtitlan. Ahora en el Tepeyac, donde abraza, tutela y forja una nueva nación cristiana y mestiza.
.Si la reconquista española fue amor a la fe y al imperio, a la Patria y a la Cruz, amor al terruño para purificarlo y volverlo a Cristo... su espíritu misionero fue más allá y prevaleció en medio de todo lo que de humano hubo (con aciertos y desaciertos, con bajezas y heroicidades, con bienes y males), y trascendió en el tiempo, como corresponde al espíritu apostólico que desde el inicio encerraba.
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Los hilos teológicos de la historia tienen sus propios y definidos caminos. Hay quienes sólo ven en la historia una sucesión de acontecimientos y fechas. No alcanzan -siquiera- a vislumbrar algo de la metafísica de la historia, en donde María, con su amorosa maternidad universal designada desde la Cruz redentora, continúa la eficaz misión de intercesora ante su Hijo que inició en una fiesta de esponsales hace dos mil años. Y nos repite en sus apariciones -para ayudarle a que sea más eficaz su misión- lo mismo que dijo a los sirvientes en aquellas bodas de Caná: "Haced lo que Él os diga".
Los hilos teológicos de la historia tienen sus propios y definidos caminos. Hay quienes sólo ven en la historia una sucesión de acontecimientos y fechas. No alcanzan -siquiera- a vislumbrar algo de la metafísica de la historia, en donde María, con su amorosa maternidad universal designada desde la Cruz redentora, continúa la eficaz misión de intercesora ante su Hijo que inició en una fiesta de esponsales hace dos mil años. Y nos repite en sus apariciones -para ayudarle a que sea más eficaz su misión- lo mismo que dijo a los sirvientes en aquellas bodas de Caná: "Haced lo que Él os diga".
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