viernes, 10 de abril de 2020
VÍA CRUCIS (Meditaciones del P. Ramón Cué, S.J.)
El Vía crucis de todos los hombres
(extracto).
I- Jesús es condenado a muerte.
Gracias, Señor, por tu condena a muerte. Has querido pasar para siempre a la historia con “antecedentes penales”. En los archivos de la justicia humana tienes una ficha irredimible: reo de muerte. Y por esa ficha tuya, infamante e injusta, son quemadas para siempre nuestras justas fichas de merecida y culpable condenación; son destruidos los archivos de nuestras comprobadas injusticias personales y se nos concede un edicto plenario de absolución. Por tu condena a muerte, gracias, Señor.
‐Se dice al terminar cada estación:
‐Adorámoste Cristo y te bendecimos que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
‐Se reza un Padrenuestro, una Avemaría y un Gloria.
II- Jesús carga con la cruz.
Cristo no estrenó ninguna cruz. Es absurdo imaginar que los soldados acudieran a un bosque próximo a escoger y talar un árbol con cuyo tronco preparar una cruz nueva para Cristo. No era hora de labrar cruces nuevas, sino de aprovechar las existentes, y que por eso vienen con restos de sangre seca del último crucificado, incrustada en las rugosidades de sus nudos. Precisamente éso era lo que buscaba Cristo: solidarizarse con las cruces, ya en uso, de sus hermanos los hombres. No estrenó una cruz flamante para él. Un modelo especial. Quería nuestra cruz, ya usada por nosotros, para hacerla suya… Quería una cruz transida y mojada por el sudor, la sangre y el llanto de otros hombres. Una cruz que se había estremecido ya en el aire con los estertores de los moribundos y así derrotar definitivamente entre sus brazos a la muerte.
III- Jesús cae por primera vez.
Cristo sigue cayendo y cayendo en las calles de nuestra vida. En las esquinas, en las aceras, en los cruces de caminos, en las cunetas de nuestra existencia, hay hermanos caídos en la tierra y aplastados por su cruz.
IV- Jesús encuentra a su Madre.
El que multiplicó los panes y los peces, el que caminó sobre el oleaje enfebrecido, el que resucitó a los muertos y expulsó con el látigo a los mercaderes del templo, no tiene ahora fuerzas ni para llevar, como un hombre, el peso de su cruz. Y ahora ha rodado por el suelo aplastado por ella. Pero en frente de ti, cerca, en esa esquina, ahí te esperan bien abiertos, unos ojos a los que puedes asirte fuerte y firmemente, para levantarte y ponerte de pie. Míralos: los ojos de María, tu Madre. Ahí la tienes, puntual; justo después de tu caída. Es una cita a la que no fallan jamás las madres. Ellas se las arreglan para estar siempre junto a sus hijos derribados. Dios conceda a todos los hombres una mujer así -madre, esposa, hermana o hija-, en las esquinas dolorosas de su Vía Crucis. Una mujer que se parezca a María, la Madre de Jesús.
V-El Cireneo carga con la cruz de Cristo.
Si quieres llevar mejor tu cruz, carga al mismo tiempo la de otro. En la ciencia cristiana, una cruz sola pesa más que dos: si sumas cruces, restas peso. Si tratas de restar en tu egoísmo, sumas y multiplicas tu propia cruz. Cuando encima de la tuya cargas con la de tu hermano, la propia se aligera, se alegra, le nacen alas…. Si te centras en tu cruz personal, tú solo, al margen de todo y de todos, te pesará más, hasta convertirse en una obsesión que te aplaste. ¿Por qué no haces de Cireneo de tu hermano? Verás cómo cambia todo radicalmente.
VI- La Verónica limpia el rostro de Jesús.
La Verónica, compadecida, desafiando a la autoridad y al orden público, enjuga el rostro desfigurado y sangrante de Cristo. Por ser la única persona que se había atrevido públicamente a dar por El la cara, en recompensa Cristo le da también la suya. Por desgracia, ha aparecido hoy otra versión, diametralmente opuesta, de la Verónica. Verónicas al revés. Van por los caminos de la vida buscando caras maltrechas, sangrantes y desfiguradas de los hombres. Pero no para enjugar el llanto, restañar la sangre y limpiar el polvo y la saliva, devolviéndoles así un rostro sano, limpio y bello. Al revés. Se dedican a hurgar en todos los basurales de la sociedad, a revolver las aguas corrompidas de todas las cloacas, para entresacar con gancho afilado de curiosidad malsana, todos los chismes groseros, todos los cuentos denigrantes, todas las calumnias putrefactas. Verónicas al revés, que afirman conmoverse y llorar ante el rostro sangrante de Cristo y que no tienen empacho en herir y ensangrentar la cara de Cristo en sus hermanos.
VII- Jesús cae por segunda vez.
Lo más pavoroso y desolador en el hombre caído debe ser, Señor, sentirse solo y saberse solo en su caída; solo y desasistido en su debilidad; solo y abandonado en su culpabilidad. La más trágica soledad debe ser la del hombre y su pecado, en el desierto absoluto de su impotencia. Pero desde que Tú caíste, Señor, nadie puede sentirse solo en su caída y su pecado. Tus caídas suavizan y ablandan nuestras piedras, alfombran nuestros caminos, acolchan cariñosamente nuestros golpes y tropezones. Nadie cae solo. Nadie peca solo. Ya estaba allí Cristo, caído en tierra para amortiguar el golpe. Para recoger nuestra debilidad en su fortaleza. Para darnos su mano y ponernos de pie.
VIII- Jesús habla a las hijas de Jerusalén.
Jesús dice a las mujeres: "Si al árbol verde lo tratan de esta manera, ¿en el seco qué se hará?" Toma Señor, nuestra leña seca, amontónala sobre tu tronco verde y que el fuego redentor de esa hoguera ilumine, purifique y redima al mundo. Ahí está nuestra leña seca: préndele fuego. Y abrasa al mundo en tu amor.
IX- Jesús cae por tercera vez.
No hay peor pecado que el de soberbia, ni más peligrosa caída que la del orgullo. La caída del soberbio no se ve. No cae hacia abajo, manchándose su carne con polvo y barro. El soberbio cae hacia arriba, tratando de usurparle a Dios el sitio. En la caída hacia arriba el abismo es tan profundo que a veces no se toca fondo; crece nuestro orgullo y se refina nuestra soberbia, más ciega cada vez. En la caída hacia abajo, por alta que sea pronto se toca tierra, y se palpa en el choque, dolorosamente, la propia debilidad. El golpe contra la tierra despierta nuestra humildad. El hombre que cae hacia abajo se descalabra, y, humillado, puede volver a levantarse. Dios le hecha una mano. Gracias, Señor, por nuestras caídas. Con polvo, con sangre, con roturas y descalabros aprendemos nuestra medida exacta, nuestra pequeñez y debilidad.
X- Jesús es despojado de sus vestidos.
Es lógico que a nuestros crucifijos, les ciñamos la cintura con un paño. Por respeto, por pudor, por cariño. Pero, sinceramente, ese paño...... se lo ponemos a Cristo ¿por Él o por nosotros? ¿Por piedad, pensando en Jesús, o por cómoda tranquilidad para evitar que sufran nuestros ojos y se perturbe nuestra sensibilidad? Este viejo y egoísta recurso lo aplicamos continua y sistemáticamente en nuestra vida: no ver ni oír nada que pueda hacernos sufrir; nada que hiera nuestros ojos ni comprometa nuestro corazón. Y así nos pasamos la vida poniendo paños y vendas sobre las penas, los dolores, las tristezas y las injusticias que padecen nuestros hermanos. Tapamos con paños los dolores ajenos como cubrimos, Señor, con velos, tu cintura en tus imágenes. El caso es no ver, no enterarse, no sufrir. Pero en este juego peligroso y egoísta de velos y paños, hay cristianos que deciden ponerse las vendas ellos mismos sobre sus propios ojos, taponándose herméticamente los oídos y acorazarse el corazón con una armadura blindada: llevan el corazón blindado a prueba de sufrimientos ajenos.
XI-Jesús es clavado en la cruz.
El Emperador Constantino hace 1600 años publicó una ley aboliendo para siempre el suplicio de la cruz. Fue un homenaje a tu Persona, Señor, y un desagravio de la misma Roma que, cuatro siglos antes, te había ejecutado con el suplicio más infame. Pero el decreto de Constantino ha sido completamente inútil. La cruz no ha podido, ni podrá nunca, ser abolida. A todos nos busca y nos persigue. Y tarde o temprano, en todas partes, en vida o en muerte, todos acabamos crucificados. A la corta o a la larga, a todos nos aguarda la cruz. En nuestra vida todos repetimos esta Undécima Estación del Via Crucis. Enséñame, Señor, a transformar mi cruz en sonrisa y gloria entre mis labios, aunque sepa a hiel y vinagre.
XII- Jesús muere en la cruz.
El Viernes Santo en el Calvario, a las tres de la tarde, no murió Cristo solamente con una muerte individual y personal. También nosotros moríamos a la misma hora. En su naturaleza humana estabamos presentes todos los hombres; sobre sus espaldas gravitaban todos nuestros pecados. Su Pasión era la consecuencia de haberse responsabilizado ante su Padre de todos nuestros delitos. Por eso también en su muerte moríamos con Él todos los pecadores. Al cargar con nuestros pecados, Cristo cargó también con nuestra muerte, porque pecado y muerte están siempre inseparablemente soldados. Desde que Cristo murió en la cruz ya la muerte es radicalmente distinta.
XIII- Jesús es descolgado de la cruz y puesto en los brazos de su Madre.
Señora de la Piedad, por tu Hijo muerto, concédeles a todas las madres ser siempre playas abiertas para recibir a sus hijos después de las tormentas y los naufragios de sus vidas. Anima, Señora, a los hijos, a regresar a la playa de la madre. En ese regazo pueden recomponerse todas las roturas.
Y si a los hijos, destrozados y malditos por la vida, nos faltara el regazo de una madre, recuérdanos, Señora, que tú eres siempre Madre y que tu regazo es la playa siempre abierta para los restos de nuestro naufragio.
XIV-Jesús es enterrado en un sepulcro.
El Vía Crucis de Cristo no termina en un sepulcro lleno, sino en una tumba vacía. Porque el sepulcro está vacío recorremos y repetimos su Vía Crucis y lo copiamos en nuestra vida, ya que al final nos espera la gloria de la resurrección. Nunca ha habido un sepulcro más vacío: todo, con El ha resucitado: sus Palabras, sus Promesas, sus Parábolas, sus Milagros, sus Bienaventuranzas. Ya tienen respuesta los pecadores, los enfermos, los pobres, los oprimidos, los pacíficos, los misericordiosos, los muertos. Todo ha resucitado en Cristo. Las catorce estaciones del Vía Crucis solamente se comprenden y se aceptan cuando se las ha contemplado desde la altura del Calvario, junto al sepulcro vacío, transfiguradas con la luz nueva del alba que se quiebra con sus temblores pascuales en la mañana de la Resurrección.
jueves, 9 de abril de 2020
JUEVES Y VIERNES SANTO
JUEVES SANTO
*Recordamos que el Viernes Santo obligan gravemente el ayuno y la abstinencia
*Recordamos que el Viernes Santo obligan gravemente el ayuno y la abstinencia
El Jueves Santo se celebra:
-La Última Cena,
-El Lavatorio de los pies,
-La institución de la Eucaristía y del Sacerdocio
-La oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní.
En la Misa vespertina, antes del ofertorio, el sacerdote celebrante toma una toalla y una bandeja con agua y lava los pies de doce varones, recordando el mismo gesto de Jesús con sus apóstoles en la Última Cena.
La Eucaristía
Este es el día en que se instituyó la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino donde se renueva incruentamente el sacrificio del Calvario. Cristo tuvo la Última Cena con sus apóstoles y por el gran amor que nos tiene, se quedó con nosotros en la Eucaristía, con su Presencia Real, para guiarnos en el camino de la salvación.
Todos estamos invitados a celebrar la cena instituida por Jesús. Esta noche santa, Cristo nos deja su Cuerpo y su Sangre. Revivamos este gran don y comprometámonos a servir a nuestros hermanos.
El lavatorio de los pies

Jesús en este pasaje del Evangelio nos enseña a servir con humildad y de corazón a los demás. Este es el mejor camino para seguir a Jesús y para demostrarle nuestra fe en Él. Recordar que esta no es la única vez que Jesús nos habla acerca del servicio. Debemos procurar esta virtud para nuestra vida de todos los días. Vivir como servidores unos de otros.
La noche en el huerto de los Olivos
Lectura del Evangelio según San Marcos14, 32-42.:
Reflexionemos con Jesús en lo que sentía en estos momentos: su miedo, la angustia ante la muerte, la tristeza por ser traicionado, su soledad, su compromiso por cumplir la voluntad de Dios, su obediencia a Dios Padre y su confianza en Él. Las virtudes que nos enseña Jesús este día, entre otras, son la obediencia, la generosidad y la humildad.
Los monumentos y la visita de las siete iglesias
Se acostumbra, después de la Misa vespertina, hacer un monumento para resaltar la Eucaristía y exponerla de una manera solemne para la adoración de los fieles.
La Iglesia pide dedicar un momento de adoración y de agradecimiento a Jesús, un acompañar a Jesús en la oración del huerto. Es por esta razón que las Iglesias preparan sus monumentos. Este es un día solemne.
En la visita de las siete iglesias o siete templos, se acostumbra llevar a cabo una breve oración en la que se dan gracias al Señor por todo su amor al quedarse con nosotros. Esto se hace en siete templos diferentes y simboliza el ir y venir de Jesús en la noche de la traición. Es a lo que refieren cuando dicen “traerte de Herodes a Pilatos”.
.
-La Última Cena,
-El Lavatorio de los pies,
-La institución de la Eucaristía y del Sacerdocio
-La oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní.
En la Misa vespertina, antes del ofertorio, el sacerdote celebrante toma una toalla y una bandeja con agua y lava los pies de doce varones, recordando el mismo gesto de Jesús con sus apóstoles en la Última Cena.
La Eucaristía
Este es el día en que se instituyó la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino donde se renueva incruentamente el sacrificio del Calvario. Cristo tuvo la Última Cena con sus apóstoles y por el gran amor que nos tiene, se quedó con nosotros en la Eucaristía, con su Presencia Real, para guiarnos en el camino de la salvación.
Todos estamos invitados a celebrar la cena instituida por Jesús. Esta noche santa, Cristo nos deja su Cuerpo y su Sangre. Revivamos este gran don y comprometámonos a servir a nuestros hermanos.
El lavatorio de los pies

Jesús en este pasaje del Evangelio nos enseña a servir con humildad y de corazón a los demás. Este es el mejor camino para seguir a Jesús y para demostrarle nuestra fe en Él. Recordar que esta no es la única vez que Jesús nos habla acerca del servicio. Debemos procurar esta virtud para nuestra vida de todos los días. Vivir como servidores unos de otros.
La noche en el huerto de los Olivos
Lectura del Evangelio según San Marcos14, 32-42.:
Reflexionemos con Jesús en lo que sentía en estos momentos: su miedo, la angustia ante la muerte, la tristeza por ser traicionado, su soledad, su compromiso por cumplir la voluntad de Dios, su obediencia a Dios Padre y su confianza en Él. Las virtudes que nos enseña Jesús este día, entre otras, son la obediencia, la generosidad y la humildad.
Los monumentos y la visita de las siete iglesias
Se acostumbra, después de la Misa vespertina, hacer un monumento para resaltar la Eucaristía y exponerla de una manera solemne para la adoración de los fieles.
La Iglesia pide dedicar un momento de adoración y de agradecimiento a Jesús, un acompañar a Jesús en la oración del huerto. Es por esta razón que las Iglesias preparan sus monumentos. Este es un día solemne.
En la visita de las siete iglesias o siete templos, se acostumbra llevar a cabo una breve oración en la que se dan gracias al Señor por todo su amor al quedarse con nosotros. Esto se hace en siete templos diferentes y simboliza el ir y venir de Jesús en la noche de la traición. Es a lo que refieren cuando dicen “traerte de Herodes a Pilatos”.
.
Fuente: Catholic.net
Otro post de este día, haz click: LAVATORIO DE LOS PIES
___________________________________________________________________________________________________________________
VIERNES SANTO
ESTE DÍA OBLIGA GRAVEMENTE EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA (Para ver su normatividad haz click AQUÍ)

-Obligación grave de ayuno y abstinencia
.
-Día en que crucificaron a Cristo en el Calvario
-Cómo rezar el Via Crucis
-Pésame a la Virgen
En este día recordamos cuando Jesús muere en la cruz para salvarnos del pecado y darnos la vida eterna. Obliga el ayuno y la abstinencia (haz click). El sacerdote lee la pasión de Cristo en la liturgia de la Adoración a la cruz. Este día no se celebra la Santa Misa.
En las iglesias, las imágenes se cubren con una tela morada al igual que el crucifijo y el sagrario está abierto en señal de que Jesús no está.
El color morado en la liturgia de la Iglesia significa luto. Se viste de negro la imagen de la Virgen en señal de luto por la muerte de su Hijo.
Podemos recordar leyendo el Evangelio de San Juan, capítulo 18, versículos 1-19, 42.
¿Cómo podemos vivir este día?
Este día manda la Iglesia guardar el ayuno y la abstinencia.
Se acostumbra rezar el Vía Crucis y meditar en las Siete Palabras de Jesús en la cruz.
Se participa en la Liturgia de Adoración a la Cruz con mucho amor, respeto y devoción.
Se trata de acompañar a Jesús en su sufrimiento.
A las tres de la tarde, recordamos la crucifixión de Jesús rezando el Credo.
¿Cómo se reza un Viacrucis?
Esta costumbre viene desde finales del siglo V, cuando los cristianos en Jerusalén, se reunían por la mañana del Viernes Santo a venerar la cruz de Jesús. Volvían a reunirse al empezar la tarde para escuchar la lectura de la Pasión.
El Viacrucis es una manera de recordar la pasión de Jesús y de revivir con Él y acompañarlo en los sufrimientos que tuvo en el camino al Calvario.
Se divide en catorce estaciones que narran, paso a paso, la Pasión de Cristo desde que es condenado a muerte hasta que es colocado en el sepulcro.
El Viacrucis se reza caminando en procesión, como simbolismo del camino que tuvo que recorrer Jesús hasta el Monte Calvario. Hasta adelante, alguno de los participantes lleva una cruz grande y es el que preside la procesión. Se hacen paradas a lo largo del camino para reflexionar en cada una de las estaciones, mediante alguna lectura específica.
Antes de cada estación se reza: "Adorámoste Cristo y te bendecimos que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén". Después de escuchar con atención la estación que se medita, al final de cada una, se reza: "Señor pequé, ten misericordia de mi, pecamos y nos pesa ten misericordia de nosotros", seguido de un Padrenuestro, una Ave María y un Gloria, mientras se camina hasta la siguiente estación. El que lleva la cruz, se la puede pasar a otra persona.
El sermón de las Siete Palabras
Esta devoción consiste en reflexionar en las últimas siete frases que pronunció Jesús en la cruz, antes de su muerte.
Primera Palabra
"Padre: Perdónalos porque no saben lo que hacen". (San Lucas 23, 24)
Jesús nos dejó una gran enseñanza con estas palabras, ya que a pesar de ser Dios, no se ocupó de probar su inocencia, ya que la verdad siempre prevalece. Nosotros debemos ocuparnos del juicio ante Dios y no del de los hombres. Jesús no pidió el perdón para Él porque no tenía pecado, lo pidió para quienes lo acusaron. Nosotros no somos nadie para juzgar. Dios nos ha perdonado grandes pecados, por lo que nosotros debemos perdonar a los demás. El perdonar ayuda a quitar el odio. El amor debe ganar al odio. La verdadera prueba del cristiano no consiste en cuánto ama a sus amigos, sino a sus enemigos. Perdonar a los enemigos es grandeza de alma, perdonar es prueba de amor.
Segunda Palabra
"Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso". (San Lucas 23,43)
Estas palabras nos enseñan la actitud que debemos tomar ante el dolor y el sufrimiento. La manera como reaccionemos ante el dolor depende de nuestra filosofía de vida. Dice un poeta que dos prisioneros miraron a través de los barrotes de su celda y uno vio lodo y otro vio estrellas. Estas son las actitudes que se encuentran manifestadas en los dos ladrones crucificados al lado de Jesús: uno no le dio sentido a su dolor y el otro sí lo hizo. Necesitamos espiritualizar el sufrimiento para ser mejores personas. Jesús en la cruz es una prueba de amor. El ladrón de la derecha, al ver a Jesús en la cruz comprende el valor del sufrimiento. El sufrimiento puede hacer un bien a otros y a nuestra alma. Nos acerca a Dios si le damos sentido.
Tercera Palabra
"Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre". (San Juan 19, 26-27)
La Virgen es proclamada Madre de todos los hombres.
El amor busca aligerar al que sufre y tomar sus dolores. Una madre cuando ama quiere tomar el dolor de las heridas de sus hijos. Jesús y María nos aman con un amor sin límites. María es Madre de cada uno de nosotros. En Juan estamos representados cada uno de nosotros. María es el refugio de los pecadores. Ella entiende que somos pecadores.
Cuarta Palabra
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (San Marcos 15, 34)
Es una oración, un salmo. Es el hijo que habla con el Padre.
Estas palabras nos hacen pensar en el pecado de los hombres. El pecado es la muerte del alma. La bondad es el constante rechazo al pecado. El pecado es el abandono de Dios por parte del hombre. El hombre rechazó a Dios y Jesús experimentó esto.
Quinta Palabra
"¡Tengo sed!" (San Juan 19, 28)
La sed es un signo de vida. Tiene sed de dar vida y por eso muere.
Él tenía sed por las almas de los hombres. El Pastor estaba sólo, sin sus ovejas. Durante toda su vida Jesús había buscado almas. Los dolores del cuerpo no eran nada en comparación del dolor del alma. Que el hombre despreciara su amor le dolía profundamente en su corazón. Todo hombre necesita ser feliz y no se puede ser feliz sin Dios. La sed de todo hombre es la sed del amor.
Sexta Palabra
"Todo está consumado". (San Juan 19, 30)
Todo tiene sentido: Jesús por amor nos da su vida. Jesús cumplió con la voluntad de su Padre. Su misión terminaría con su muerte. El plan estaba realizado. Nuestro plan no está aún terminado, porque todavía no hemos salvado nuestras almas. Todo lo que hagamos debe estar dirigido a este fin. El sufrimiento, los tropiezos de la vida nos recuerdan que la felicidad completa solo la podremos alcanzar en el cielo. Aprendemos a morir muriendo a nosotros mismos, a nuestro orgullo, nuestra envidia, nuestra pereza, miles de veces cada día.
Séptima Palabra
"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". (San Lucas 23, 46)
Jesús muere con serenidad, con paz, su oración es de confianza en Dios. Se abandona en las manos de su Padre.
Estas palabras nos hacen pensar que debemos de cuidar nuestra alma, no sólo nuestro cuerpo. Jesús entregó su cuerpo, pero no su alma. Devolvió su espíritu a su Padre no con grito de rebelión sino con un grito triunfante. Nadie nos puede quitar nuestro espíritu. Es importante recordar cual es nuestro destino en al vida para no equivocarnos de camino a seguir. Jesús nunca perdió de vista su meta a seguir. Sacrificó todo para alcanzarla. Lo más importante en la vida es la salvación de nuestras almas.
Pésame a la Virgen
Bajo el título de la Virgen de la Soledad o la Dolorosa, se venera a María en muchos lugares y se celebra el viernes santo. Se acostumbra rezar "el Santo Rosario de Pésame"
El Viernes Santo se acompaña a María en la experiencia de recibir en brazos a su Hijo muerto con un sentido de condolencia. Se dice que se le va a dar el pésame a la Virgen, cuya imagen se viste de negro ese día, como señal de luto.
Acompañamos a María en su dolor profundo, el dolor de una madre que pierde a su Hijo amado. Ha presenciado la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al mismo tiempo le alienta una gran esperanza sostenida por la fe. María vio a su hijo abandonado por los apóstoles temerosos, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.
María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no lo comprendamos.
Es Ella quien con su compañía, su fortaleza y su fe nos da fuerza en los momentos del dolor, en los sufrimientos diarios y pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de ella y comprendamos que en el dolor, somos más parecidos a Cristo y capaces de amarlo con mayor intensidad.
La imagen de la Virgen dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido a los propios sufrimientos.
Autora: Teresa Fernández
En este día recordamos cuando Jesús muere en la cruz para salvarnos del pecado y darnos la vida eterna. Obliga el ayuno y la abstinencia (haz click). El sacerdote lee la pasión de Cristo en la liturgia de la Adoración a la cruz. Este día no se celebra la Santa Misa.
En las iglesias, las imágenes se cubren con una tela morada al igual que el crucifijo y el sagrario está abierto en señal de que Jesús no está.
El color morado en la liturgia de la Iglesia significa luto. Se viste de negro la imagen de la Virgen en señal de luto por la muerte de su Hijo.
Podemos recordar leyendo el Evangelio de San Juan, capítulo 18, versículos 1-19, 42.
¿Cómo podemos vivir este día?
Este día manda la Iglesia guardar el ayuno y la abstinencia.
Se acostumbra rezar el Vía Crucis y meditar en las Siete Palabras de Jesús en la cruz.
Se participa en la Liturgia de Adoración a la Cruz con mucho amor, respeto y devoción.
Se trata de acompañar a Jesús en su sufrimiento.
A las tres de la tarde, recordamos la crucifixión de Jesús rezando el Credo.
¿Cómo se reza un Viacrucis?
Esta costumbre viene desde finales del siglo V, cuando los cristianos en Jerusalén, se reunían por la mañana del Viernes Santo a venerar la cruz de Jesús. Volvían a reunirse al empezar la tarde para escuchar la lectura de la Pasión.
El Viacrucis es una manera de recordar la pasión de Jesús y de revivir con Él y acompañarlo en los sufrimientos que tuvo en el camino al Calvario.
Se divide en catorce estaciones que narran, paso a paso, la Pasión de Cristo desde que es condenado a muerte hasta que es colocado en el sepulcro.
El Viacrucis se reza caminando en procesión, como simbolismo del camino que tuvo que recorrer Jesús hasta el Monte Calvario. Hasta adelante, alguno de los participantes lleva una cruz grande y es el que preside la procesión. Se hacen paradas a lo largo del camino para reflexionar en cada una de las estaciones, mediante alguna lectura específica.
Antes de cada estación se reza: "Adorámoste Cristo y te bendecimos que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí, pecador. Amén". Después de escuchar con atención la estación que se medita, al final de cada una, se reza: "Señor pequé, ten misericordia de mi, pecamos y nos pesa ten misericordia de nosotros", seguido de un Padrenuestro, una Ave María y un Gloria, mientras se camina hasta la siguiente estación. El que lleva la cruz, se la puede pasar a otra persona.
El sermón de las Siete Palabras
Esta devoción consiste en reflexionar en las últimas siete frases que pronunció Jesús en la cruz, antes de su muerte.
Primera Palabra
"Padre: Perdónalos porque no saben lo que hacen". (San Lucas 23, 24)
Jesús nos dejó una gran enseñanza con estas palabras, ya que a pesar de ser Dios, no se ocupó de probar su inocencia, ya que la verdad siempre prevalece. Nosotros debemos ocuparnos del juicio ante Dios y no del de los hombres. Jesús no pidió el perdón para Él porque no tenía pecado, lo pidió para quienes lo acusaron. Nosotros no somos nadie para juzgar. Dios nos ha perdonado grandes pecados, por lo que nosotros debemos perdonar a los demás. El perdonar ayuda a quitar el odio. El amor debe ganar al odio. La verdadera prueba del cristiano no consiste en cuánto ama a sus amigos, sino a sus enemigos. Perdonar a los enemigos es grandeza de alma, perdonar es prueba de amor.
Segunda Palabra
"Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso". (San Lucas 23,43)
Estas palabras nos enseñan la actitud que debemos tomar ante el dolor y el sufrimiento. La manera como reaccionemos ante el dolor depende de nuestra filosofía de vida. Dice un poeta que dos prisioneros miraron a través de los barrotes de su celda y uno vio lodo y otro vio estrellas. Estas son las actitudes que se encuentran manifestadas en los dos ladrones crucificados al lado de Jesús: uno no le dio sentido a su dolor y el otro sí lo hizo. Necesitamos espiritualizar el sufrimiento para ser mejores personas. Jesús en la cruz es una prueba de amor. El ladrón de la derecha, al ver a Jesús en la cruz comprende el valor del sufrimiento. El sufrimiento puede hacer un bien a otros y a nuestra alma. Nos acerca a Dios si le damos sentido.
Tercera Palabra
"Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre". (San Juan 19, 26-27)
La Virgen es proclamada Madre de todos los hombres.
El amor busca aligerar al que sufre y tomar sus dolores. Una madre cuando ama quiere tomar el dolor de las heridas de sus hijos. Jesús y María nos aman con un amor sin límites. María es Madre de cada uno de nosotros. En Juan estamos representados cada uno de nosotros. María es el refugio de los pecadores. Ella entiende que somos pecadores.
Cuarta Palabra
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (San Marcos 15, 34)
Es una oración, un salmo. Es el hijo que habla con el Padre.
Estas palabras nos hacen pensar en el pecado de los hombres. El pecado es la muerte del alma. La bondad es el constante rechazo al pecado. El pecado es el abandono de Dios por parte del hombre. El hombre rechazó a Dios y Jesús experimentó esto.
Quinta Palabra
"¡Tengo sed!" (San Juan 19, 28)
La sed es un signo de vida. Tiene sed de dar vida y por eso muere.
Él tenía sed por las almas de los hombres. El Pastor estaba sólo, sin sus ovejas. Durante toda su vida Jesús había buscado almas. Los dolores del cuerpo no eran nada en comparación del dolor del alma. Que el hombre despreciara su amor le dolía profundamente en su corazón. Todo hombre necesita ser feliz y no se puede ser feliz sin Dios. La sed de todo hombre es la sed del amor.
Sexta Palabra
"Todo está consumado". (San Juan 19, 30)
Todo tiene sentido: Jesús por amor nos da su vida. Jesús cumplió con la voluntad de su Padre. Su misión terminaría con su muerte. El plan estaba realizado. Nuestro plan no está aún terminado, porque todavía no hemos salvado nuestras almas. Todo lo que hagamos debe estar dirigido a este fin. El sufrimiento, los tropiezos de la vida nos recuerdan que la felicidad completa solo la podremos alcanzar en el cielo. Aprendemos a morir muriendo a nosotros mismos, a nuestro orgullo, nuestra envidia, nuestra pereza, miles de veces cada día.
Séptima Palabra
"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". (San Lucas 23, 46)
Jesús muere con serenidad, con paz, su oración es de confianza en Dios. Se abandona en las manos de su Padre.
Estas palabras nos hacen pensar que debemos de cuidar nuestra alma, no sólo nuestro cuerpo. Jesús entregó su cuerpo, pero no su alma. Devolvió su espíritu a su Padre no con grito de rebelión sino con un grito triunfante. Nadie nos puede quitar nuestro espíritu. Es importante recordar cual es nuestro destino en al vida para no equivocarnos de camino a seguir. Jesús nunca perdió de vista su meta a seguir. Sacrificó todo para alcanzarla. Lo más importante en la vida es la salvación de nuestras almas.
Pésame a la Virgen
Bajo el título de la Virgen de la Soledad o la Dolorosa, se venera a María en muchos lugares y se celebra el viernes santo. Se acostumbra rezar "el Santo Rosario de Pésame"
El Viernes Santo se acompaña a María en la experiencia de recibir en brazos a su Hijo muerto con un sentido de condolencia. Se dice que se le va a dar el pésame a la Virgen, cuya imagen se viste de negro ese día, como señal de luto.
Acompañamos a María en su dolor profundo, el dolor de una madre que pierde a su Hijo amado. Ha presenciado la muerte más atroz e injusta que se haya realizado jamás, pero al mismo tiempo le alienta una gran esperanza sostenida por la fe. María vio a su hijo abandonado por los apóstoles temerosos, flagelado por los soldados romanos, coronado con espinas, escupido, abofeteado, caminando descalzo debajo de un madero astilloso y muy pesado hacia el monte Calvario, donde finalmente presenció la agonía de su muerte en una cruz, clavado de pies y manos.
María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no lo comprendamos.
Es Ella quien con su compañía, su fortaleza y su fe nos da fuerza en los momentos del dolor, en los sufrimientos diarios y pidámosle la gracia de sufrir unidos a Jesucristo, en nuestro corazón, para así unir los sacrificios de nuestra vida a los de ella y comprendamos que en el dolor, somos más parecidos a Cristo y capaces de amarlo con mayor intensidad.
La imagen de la Virgen dolorosa nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. Encontremos en Ella una compañía y una fuerza para dar sentido a los propios sufrimientos.
Autora: Teresa Fernández
"¡Oh maravillosa y nueva virtud! ¡Lo que no hiciste desde el cielo servido de ángeles, hiciste desde la cruz acompañado de ladrones! Y no solamente la cruz, mas la misma figura que en ella tienes, nos llama dulcemente a amor; la cabeza tienes reclinada, para oírnos y darnos besos de paz, con la cual convidas a los culpados, siendo tú el ofendido; los brazos tendidos, para abrazarnos; las manos agujereadas, para darnos tus bienes; el costado abierto, para recibirnos en tus entrañas; los pies clavados, para esperarnos y para nunca poder apartarte de nosotros. De manera, que mirándote, Señor, todo me convida a amor: el madero, la figura, el misterio, las heridas de tu cuerpo; y, sobre todo, el amor interior me da voces que te ame y que nunca te olvide de mi corazón".
-San Juan de Ávila.
¡Oh Cruz fiel! El más noble de los árboles; ningún bosque produjo otro igual en hoja ni en flor ni en fruto. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan dulce peso!
.
Recomendamos escuchar hoy (haz click): MI CRISTO ROTO (AUDIO Y TEXTO)
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------¡Oh Cruz fiel! El más noble de los árboles; ningún bosque produjo otro igual en hoja ni en flor ni en fruto. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan dulce peso!
.
Reflexión
La vida del cristiano es un “vía crucis” si se acepta la invitación de Jesús de llevar la propia cruz detrás de Él cada día.
Podemos ser condenados al desprecio, podemos sentir el silencio que hiere y condena nuestra fidelidad cristiana. En nuestro “via crucis” hay también momentos de caída, de fragilidad y de cansancio, pero también nosotros tenemos una Madre (María) que nos acompaña en nuestro caminar como a Jesús.
El camino de la cruz de Cristo y el nuestro son unas vías de salvación y de apostolado, porque hemos sido invitados a colaborar en la salvación de nuestros hermanos. Todos los cristianos somos responsables del destino eterno de quienes nos rodean. Cristo nos enseña con la cruz a salir de nosotros mismos, y a dar así un sentido apostólico a nuestra vida.
Cuando contemplemos el crucifijo, cuando veamos la figura sufriente de Cristo en la cruz, pidamos la gracia de recordar que los dolores de Cristo crucificado son fruto del pecado. Evitemos, y pidamos la fortaleza a Dios para ello, cada una de las ocasiones de pecado que se nos presenten en nuestras vidas.
Recomendamos escuchar hoy (haz click): MI CRISTO ROTO (AUDIO Y TEXTO)
TEMAS RECOMENDADOS PARA SEMANA SANTA:
(Haz click sobre los título que vayas eligiendo)
Ver la película LA PASIÓN de Mel Gibson: LA PASIÓN DE CRISTO, EL FILM
CINCO PASOS PARA REALIZAR UNA BUENA CONFESIÓN
LA SEMANA SANTA, DÍA A DÍA
LA PASIÓN DEL SEÑOR por Fray Luis de Granada
EVANGELIO DE LA PASIÓN (del domingo de Ramos)
NO OLVIDES LA CONFESIÓN EN LA CUARESMA Y LA COMUNIÓN PASCUAL (Mandamientos)
LAVATORIO DE LOS PIES
LA SEMANA SANTA, DÍA A DÍA
LA PASIÓN DEL SEÑOR por Fray Luis de Granada
EVANGELIO DE LA PASIÓN (del domingo de Ramos)
NO OLVIDES LA CONFESIÓN EN LA CUARESMA Y LA COMUNIÓN PASCUAL (Mandamientos)
LAVATORIO DE LOS PIES
ANTE EL CRISTO DE LA BUENA MUERTE (Poesía)
¿EN QUÉ LADO QUIERES ESTAR? ¡SÓLO EL NECIO POSTERGA SU CONVERSIÓN!...¿TENDRÁ TIEMPO LUEGO?(Video-reflexión)
MUERTE Y JUICIO PARTICULAR (Video-reflexión)
MUERTE CLÍNICA DE JESÚS (video)
_________________________________________________________________
miércoles, 8 de abril de 2020
martes, 7 de abril de 2020
EN LA MENOR PARTÍCULA DE LA HOSTIA CONSAGRADA ESTÁ TODO CRISTO
Está todo entero con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
«Igual que el sol no se puede dividir, tampoco se pueden separar Dios y el hombre en la blancura de la hostia. Supongamos que ésta fuese dividida: si se pudiera hacer de ella millares de millares de trocitos, en cada uno estaría todo Dios y todo hombre, como te he dicho; como el espejo que se quiebra, y, a pesar de todo, no se parte la imagen que se vé en él, así al dividir la hostia, no se separa a Dios y al hombre sino que cada parte lo contiene todo».
Santa Catalina de Siena
_______________________________________
lunes, 6 de abril de 2020
domingo, 5 de abril de 2020
DOMINGO DE RAMOS 2020
Cuando Jesús entró en Jerusalén la gente lo aclamaba porque esperaban un mesías solo para lo material y humano. Cuando Jesús exhorta a la conversión, a la cruz, a la humildad… entonces ese “cristo” ya no interesa y hay que matarlo. Es lo que HOY hacemos: queremos un “dios”, a nuestra manera y por eso no soportamos al verdadero Dios en Cristo Jesús.
P. Santiago González
Fuente: Adelante la Fe.
_______________________________
sábado, 4 de abril de 2020
A PROPÓSITO DE EPIDEMIAS
En estos días de epidemia, recordemos que Santa Teresita vivió en el convento una epidemia de gripe que acabó con la vida de varias religiosas. En el monasterio, ella era una de las más jóvenes, que tuvieron que cuidar de las enfermas lo mejor que pudieron. Todas lo vivieron con espíritu de fe. Las que morían, lo hacían con paz y gozo, deseosas de ir al encuentro del Señor. Las que quedaban en pie, recordaban las palabras de san Juan de la Cruz: "¿De qué te sirve dar a Dios lo que él no te pide, si no le das lo que sí te pide?" y comprendieron que Dios les pedía vivir con paz las circunstancias inesperadas, cambiando sus horarios, adaptándose a la situación, conservando la fe y la esperanza en todas las circunstancias. Así lo describe ella:
"Se declaró la gripe en la comunidad y solo otras dos hermanas y yo quedamos en pie. Nunca podré expresar todo lo que vi, y lo que me pareció la vida y todo lo que es pasajero...
El día en que cumplí 19 años, lo festejamos con una muerte, a la que pronto siguieron otras dos.
En esa época, yo estaba sola en la sacristía, por estar muy gravemente enferma mi primera de oficio. Yo tenía que preparar los entierros, abrir las rejas del coro para la misa, etc. Dios me dio muchas gracias de fortaleza en aquellos momentos. Ahora me pregunto cómo pude hacer todo lo que hice sin sentir miedo. La muerte reinaba por doquier. Las más enfermas eran cuidadas por las que apenas se tenían en pie. En cuanto una hermana exhalaba su último suspiro, había que dejarla sola.
Una mañana, al levantarme, tuve el presentimiento de que sor Magdalena se había muerto. El claustro estaba a oscuras y nadie salía de su celda. Por fin, me decidí a entrar en la celda de la hermana Magdalena, que tenía la puerta abierta. Y la vi, vestida y acostada en su jergón. No sentí el menor miedo. Al ver que no tenía cirio, se lo fui a buscar, y también una corona de rosas.
La noche en que murió la madre superiora, yo estaba sola con la enfermera. Es imposible imaginar el triste estado de la comunidad en aquellos días. Solo las que quedaban de pie pueden hacerse una idea.
Pero en medio de aquel abandono, yo sentía que Dios velaba por nosotras. Las moribundas pasaban sin esfuerzo a mejor vida, y enseguida de morir se extendía sobre sus rostros una expresión de alegría y de paz, como si estuviesen durmiendo un dulce sueño. Y así era en realidad, pues, cuando haya pasado la apariencia de este mundo, se despertarán para gozar eternamente de las delicias reservadas a los elegidos..."
¡Qué diferente actitud con la del mundo actual, donde muchos dicen "creer" en Nuestro Señor, y su promesa de vida eterna, pero vemos un pavor demencial por siquiera, enfermar de coronavirus!...no hablemos ya de la posibilidad de contemplar próxima la muerte.
Aprendamos de los héroes de la fe, los Santos, a aceptar el plan providente de Dios para nuestras vidas, seguros de que "todo lo que sucede, coopera para bien de los que aman a Dios" (Romanos 8, 28).
________________________________
viernes, 3 de abril de 2020
PODEROSO MEDIO
"No encuentro otro medio más poderoso para atraer sobre nosotros el Reino de Dios, la Sabiduría eterna, que unir a la oración vocal la oración mental, rezando el Santo Rosario y meditando sus misterios".
________________________________
jueves, 2 de abril de 2020
miércoles, 1 de abril de 2020
ORACIÓN EN TIEMPOS DE PESTE Y MORTANDAD
(Tomado del Ritual Romano, título IX, cap. 10)
V/. De la peste, el hambre y la guerra;
R/. Líbranos, Señor.
V/. No te acuerdes, Señor, de nuestros pecados pasados.
R/. Y que tu misericordia prontamente nos ayude, porque pobres nos hemos hecho.
V/. Ruega por nosotros, San Sebastián,
R/. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Oremos
Óyenos, Dios Salvador Nuestro, y por la intercesión de la Gloriosa siempre Virgen María, Madre de Dios, del mártir San Sebastián, y de todos los santos, libra a tu pueblo del pavor de tus castigos, dándole la confianza de tu inmensa misericordia.
Te rogamos, Señor, que apartes propicio la muerte y la epidemia, a fin de que nuestros corazones mortales reconozcan que sufren flagelos cuando te enojas, y que Tú también eres Quien los hace cesar por tu gran misericordia. Te lo pedimos por Jesucristo, Señor nuestro. Así sea.
V/. De la peste, el hambre y la guerra;
R/. Líbranos, Señor.
____________________________________
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


















