viernes, 10 de marzo de 2023

DE CORAZÓN A CORAZÓN


"¡Si supieras, Sacerdote mío, lo que se aprende leyendo libros, estudiando cuestiones, examinando dificultades a la luz de la lámpara de mi Sagrario!

¡Si supieras la diferencia que hay entre sabios de biblioteca y sabios de Sagrario!

¡Si supieras todo lo que un rato de Sagrario da de luz a una inteligencia, de calor a un corazón, de aliento a un alma, de suavidad y fruto a una Obra!...

¡Si supieras tú y todos mis Sacerdotes el valor que para estar de pie junto a todas las cruces infunde ese rato de rodillas ante mi Sagrario!...

¡Ah! Si se supiera prácticamente todo esto, ¿cómo se verían mis sagrarios tan vacíos de Sacerdotes y en cambio tan llenos los círculos de recreos, los paseos públicos, y alguna vez... hasta los cafés, cines y teatros?

¡Si supieran! ¡Si supieran!"

 Mons. Manuel González G., El Corazón de Jesús al corazón del sacerdote.

martes, 7 de marzo de 2023

SENTENCIAS DE SANTO TOMÁS DE AQUINO


   Entre las excelencias que tuvo el ingenio del santo, fué una encerrar en breves palabras grandes sentencias.

   Preguntóle una vez su hermana cómo se podría salvar, y él respondió: Queriendo.

   Otra vez le preguntó cuál era la cosa que más se había de desear en esta vida, y respondió: Morir bien.

   Decía que la ociosidad era el anzuelo con que el demonio pescaba, y que con él cualquier cebo era bueno.

   Aseguraba que no entendía cómo un hombre que sabe que está en pecado mortal, podía reírse ni alegrarse en ningún tiempo.

   Preguntado cómo se conocería si un hombre era perfecto, respondió: Quien en su conversación habla de niñerías y burlas; quien huye de ser tenido en poco y le pesa si lo es, aunque haga maravillas, no le tengáis por perfecto, porque todo es virtud sin cimientos., y quien no quiere sufrir, cerca está de caer.

   Recoge, pues, alguna de estas sentencias, en las cuales está encerrada la verdadera sabiduría.

lunes, 6 de marzo de 2023

EL PELÍCANO, FIGURA DE JESÚS


 EL PELÍCANO, FIGURA DE JESÚS 


"Señor Jesús, bondadoso Pelícano,

límpiame a mí, inmundo, con tu sangre;

de la que una sola gota puede liberar

de todos los crímenes al mundo entero".


Himno Adorote devote.


El pelícano es desde los primeros años de nuestra era uno de los símbolos que usaban los primeros cristianos para referirse a Jesús. Uno de los motivos, y quizá el más relevante, era la creencia que había en aquella época de que los pelícanos adultos, si no habían conseguido pescar, se inmolaban o al menos desgarraban su piel y daban su propia carne y su propia sangre para alimentar a sus crías.

De modo similar, Jesús se deja prender y crucificar por la Redención de todos nosotros. San Isidoro de Sevilla, en su obra “Etimologías” deja constancia de la amplia difusión de esta vinculación en aquella época.

El hecho de alimentar a sus hijos con su propia carne y su propia sangre, también vinculó al pelícano con la propia Eucaristía. El pan y el vino, a través de la transubstanciación, se convierten real y verdaderamente en el Cuerpo y en la Sangre de Jesús, alimento para el alma de los cristianos.

Así como las crías del pelícano no podrían sobrevivir sin el alimento que les da su madre, así los cristianos debemos comer y beber dignamente (es decir, en gracia SANTIFICANTE, una vez confesados) el Cuerpo y la Sangre de Cristo presentes, junto con su Alma y Divinidad, en la Eucaristía.


miércoles, 1 de marzo de 2023

SI EL AMOR FALLA, EL TEMOR AYUDA


Una vez cuando viajaba en el avión del lado de la ventanilla, viendo a la altura que me encontraba me pregunté: ¿Qué pasa si el avión cae y Dios me pide cuentas de mi alma en este preciso instante? ¿Estoy preparado para ir a su encuentro?

Hay veces que vivimos nuestra vida como si nunca fuésemos a morir. Sin embargo, la muerte en el cristiano debe estar siempre presente ya que cada día de vida que el Señor nos regala debe ser usado para la salvación de nuestra alma.

Pensemos que es lo que querríamos hacer si supiéramos a ciencia cierta que hoy es el último día que el Señor no da en esta tierra. ¿Cómo querría terminar mi vida? ¿Pecando o viviendo santamente? Por eso, no tardemos en convertirnos. Hagámoslo hoy, ya que mañana puede ser muy tarde. Hoy es el día de confesarse si no estoy en gracia de Dios, no mañana. Hoy es el día de perdonar si todavía no lo hice, mañana puede que ya no respire más. Hoy es el día de ser fiel a Dios, no mañana, pues no tenemos asegurados ni los próximos cinco minutos.

Alguno pensará: usted es muy trágico. Pues más trágico es vivir la vida alejado de Dios y en el pecado, que pensando en la muerte en orden a vivir en gracia.

Es obvio que nuestra vida no la tiene que guiar el miedo. No debemos pecar, no porque nos vayamos a ir al infierno, sino porque Dios nos amó primero y murió en la cruz por nuestra salvación. El amor de Cristo crucificado nos debe llevar a ser santos. Sin embargo, como decía San Ignacio: si el amor falla, el temor ayuda. Pensar en el infierno y en la muerte puede ayudar a nuestra conversión, aunque tenemos que tratar de superar esa etapa. Si solo evitamos el pecado por miedo al infierno, somos esclavos, no hijos. En cambio, si evitamos el pecado por amor del Omnipotente (es decir, por temor filial), nos comportamos como hijos de Dios, dignos del bautismo que hemos recibido.

Que la Virgen María nos conceda la gracia de vivir cada día como si fuese el último, y que nuestro corazón solo le pertenezca a Jesucristo.

Bendiciones nuevamente! 

Padre Tomás Beroch