lunes, 12 de febrero de 2024

INTOLERANCIA CON LA HEREJÍA


«No debería tolerarse curas o confesores que estén tildados de herejía; y a los convencidos en ella habríase de despojar en seguida de todas las rentas eclesiásticas; que MÁS VALE ESTAR LA GREY SIN PASTOR, QUE TENER POR PASTOR A UN LOBO. Los pastores, católicos ciertamente en la fe, pero que con su mucha ignorancia y mal ejemplo de públicos pecados pervierten al pueblo, parece deberían ser muy rigurosamente castigados, y privados de las rentas por sus obispos, o a lo menos separados de la cura de almas; porque la mala vida e ignorancia de éstos metió a Alemania la peste de las herejías».

San Ignacio de Loyola, Carta a San Pedro Canisio. 13 de Agosto de 1554

jueves, 8 de febrero de 2024

“Fiducia Supplicans”: un llamamiento filial al Papa para que retire la Declaración


El 2 de febrero de 2024, 90 eclesiásticos, investigadores y autores publicaron un texto titulado “Llamamiento filial” dirigido a los obispos y cardenales de la Iglesia para pedirles, por un lado, que prohíban la aplicación de la Declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) en sus diócesis y, por otro lado, que pidan a Francisco que retire este documento. 

 Esta iniciativa fue publicada en distintos idiomas por varios sitios conservadores como: LifeSiteNews, Infovaticana.com, Katholisches.info, Sandro Magister, Crisis Magazine, InfoCatolica, Edward Pentin y otros.

 El documento permanecerá abierto para ser firmado hasta el 15 de febrero. Infovaticana anunció el 6 de febrero que monseñor Joseph Strickland, exobispo de Tyler, Texas, había dado su consentimiento. 

 Una Declaración enérgicamente cuestionada.

El Llamamiento señala, en primer lugar, la ola de rechazos que se ha extendido por el mundo católico, particularmente en el continente africano. Pero la protesta no se limita a África: varias conferencias episcopales europeas (Ucrania, Polonia, Hungría, Francia, Países Bajos) se han opuesto a ella optando por no aplicarla. 

Los cardenales han protestado más o menos enérgicamente. Otros obispos locales y asociaciones sacerdotales también han rechazado el texto romano. El Llamamiento señala que “nunca, en la historia de la Iglesia católica, un documento del magisterio romano había sido objeto de un rechazo tan fuerte”. Incluso… tomando en cuenta el rechazo hacia la encíclica Humanae vitae de Pablo VI. 

 Al contrario, los autores señalan que el documento fue recibido muy favorablemente por los pocos episcopados y prelados que, durante décadas, han abogado abiertamente por un cambio en la doctrina sobre la moral sexual. Lo que plantea interrogantes sobre la ortodoxia de Fiducia supplicans (FS).  

El Llamamiento continúa rechazando el intento de disyunción entre doctrina y liturgia o pastoral. Su vínculo es esencial y separarlas es una imposibilidad, porque “en el lenguaje universal de la humanidad, siempre implica una aprobación de lo que se bendice”. El resultado es que FS hace creer “al mundo entero” que las parejas irregulares “serán en adelante aceptables ante Dios”. 

En cuanto a querer distinguir a la “pareja” de la “unión”, como explicó el cardenal Víctor Fernández, se trata de un juego de palabras “ya que una pareja es pareja por la unión que le da existencia”. Sin embargo, lo que sucede es que "un sacerdote bendice a dos personas que se presentan como una pareja", y "una pareja definida por su relación objetivamente pecaminosa". 

En la práctica, "el mensaje que realmente se está enviando, y que el pueblo de Dios y el mundo entero inevitablemente registrarán, y ya están registrando, es este: la Iglesia católica finalmente ha evolucionado y ahora acepta las uniones homosexuales, y de forma más general las extramatrimoniales". 

Por eso los autores piden a los pastores: (1) “que sigan el valiente ejemplo de tantos hermanos obispos en todo el mundo: prohibiendo inmediatamente la aplicación de este documento en su diócesis”. Y (2) que pidan al Papa que retire urgentemente este lamentable documento, que está en contradicción con la Escritura y la Tradición y que claramente produce un grave escándalo. 

Una "respuesta" del Papa 

En una entrevista concedida a la revista Credere, que se publicará en el número del 8 de febrero, Francisco retoma la cuestión de las bendiciones y repite lo que ya había afirmado durante su audiencia con el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, es decir, que no bendice “un matrimonio homosexual”, sino a “dos personas que se aman, y les pido que oren por mí también”. Y añade: "Escandalizarse por tal bendición… es hipocresía". 

Por lo tanto, el Llamamiento tiene muy pocas posibilidades de ser escuchado por Francisco, que no tiene intención de ser cuestionado. 

 Fuentes: InfoCatolica/LifeSiteNews/Vatican news – FSSPX.Actualités Imagen: Screenshot catturato dal sito mediasetinfinity.mediaset.it, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons

viernes, 2 de febrero de 2024

LA PURIFICACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA Y LA PRESENTACIÓN DE SU DIVINO HIJO EN EL TEMPLO(¹). – 2 de febrero.


Nos refiere el Sagrado Evangelio de San Lucas; cap. II, vers. 21–38.

     Desde Belén, el cuadragésimo día después del nacimiento de Jesús, José y María llevaron al Niño Jesús a Jerusalén para cumplir las prescripciones legales de presentarle al Señor conforme estaba escrito en la ley que Dios mandó a Moisés: «La mujer que ha dado a luz un hijo, se abstendrá de asistir al templo durante cuarenta días. El día cuadragésimo, presentará al sacrificador un cordero de un año y una tortolilla en ofrenda por el pecado. Si no pudiera procurarse un cordero, ofrecerá dos tortolillas. El sacrificador rogará por ella y con esto, quedará purificada (Levit.; cap. XII). «Además, me serán consagrados los primogénitos. Los rescataréis al precio de cinco siclos de plata. Si vuestros hijos os interrogaren sobre este rescate, les responderéis que el Señor os sacó de Egipto inmolando todos los primogénitos de los egipcios y que en recuerdo de esta libertad, le consagráis los primogénitos de vuestros hijos» (Exod.; cap. XIII). Esta doble ley obligaba a todas las madres excepto a la Virgen Madre; y a todos los primogénitos excepto al Niño-Dios. Evidentemente, la que concibió del Espíritu Santo y dió a luz al Santo de los Santos, no tenía mancha alguna de que purificarse; así como el que nació para rescatar al mundo, no tenía necesidad de rescatarse a sí propio; pero quiso Dios dejar en la obscuridad de la vida común a los dos privilegiados de su corazón, para dar a la tierra una lección sublime de obediencia y humildad. 

     En el día fijado por la ley, la divina familia se encaminó a la ciudad santa. María llevaba al Niño en sus brazos; seguíalos José con la humilde ofrenda que debía presentar la pobre madre. Después de algunas horas de marcha, entraron en Jerusalén. Los príncipes de los sacerdotes, pontífices y doctores, ni sospecharían acaso que pasaba delante de sus ojos aquel mismo Mesías cuyos gloriosos destinos tantas veces habían predicado al pueblo. Habrían respondido con una sonrisa de desprecio a quien les hubiera mostrado en ese niño al Libertador de Israel. 

     María se dirigió al templo, dichoso abrigo de sus primeros años. Al subir con Jesús por las gradas del majestuoso edificio, acordábase involuntariamente de la predicción del profeta Ageo. Quinientos años antes, los restos de las tribus cautivas vueltos de Babilonia, reedificaban la ciudad y el templo, y los ancianos no podían contener sus lágrimas al recordar las magnificencias desaparecidas para siempre:

     –«No lloréis, exclamó entonces el profeta Ageo; esperad un poco y el Deseado de las Naciones llenará de esplendor esta casa y la gloria del nuevo templo eclipsará la del primero» (Agg.; cap. II. 8-10). 

     La predicción se cumplía en aquel día en que la presencia del Cristo glorificaba y santificaba la casa de Dios; pero, como en el Pesebre, dejaba a los sabios sumidos en las tinieblas y sólo se revelaba a los humildes. 

     Vivía a la sazón en Jerusalén un venerable anciano justo y temeroso de Dios llamado Simeón. Fiel a Dios y confiado en sus promesas, no sólo aguardaba al Consolador de Israel, sino que una esperanza aun más dulce llenaba su corazón de una santa alegría. El Espíritu Santo estaba en él con gracia de profecía y por secretas inspiraciones le había anunciado que no moriría antes de ver con sus ojos al Mesías de Dios. En aquel día, conducido por el espíritu de Dios, el santo anciano llegó al templo. Cuando José y María penetraron en el sagrado recinto, Simeón divisó al niño en los brazos de su madre. Su mirada se detuvo fijamente en Jesús, sus ojos se humedecieron en lágrimas y su alma, súbitamente iluminada, descubrió al Hijo de Dios bajo los velos de su humanidad. Al punto, arrebatado en un santo transporte, toma al Niño en sus brazos, lo estrecha sobre su corazón y con voz trémula de emoción, le dice:

     –«¡Bendito seas, Señor! Has cumplido tu palabra; ahora puedo morir en paz, pues mis ojos han visto al Salvador, a Aquél que habéis enviado, luz de las naciones y la gloria de tu pueblo de Israel». 

     Así habló el hombre de  Dios. José y María oían llenos de admiración aquel himno de alabanza en honor del divino Niño, cuando, de pronto, ven que la frente del anciano palidece, como si un doloroso pensamiento turbase su espíritu. Bendijo a entrambos santos esposos y luego dijo a la madre: 

     –«Este niño ha venido para ruina y resurrección de muchos en Israel. Será blanco de contradicción entre los hombres y con ocasión de su venida, los pensamientos ocultos en el fondo de los corazones quedarán patentes como en pleno día. En cuanto a vos ¡oh madre! una espada de dolor atravesará vuestra alma». 

     Con esas palabras el Profeta anunciaba la oposición de los judíos al reino del Mesías y hacía entrever el Gólgota. María comprendió el martirio que la esperaba y sin turbarse respondió como en otra ocasión al ángel: 

     –«Que se cumpla en su sierva la voluntad de Dios». 

     En este momento solemne llegó al templo un nuevo testigo que Dios enviaba para reconocer y glorificar al divino Niño. Era Ana, la profetiza, la hija de Fanuel, de la tribu de Asser. Viuda, después de siete años de matrimonio, aquella mujer venerable entonces de edad de ochenta años, llevaba una vida santa. Pasaba sus días en la casa de Dios, maceraba su cuerpo con ayunos continuos y día y noche elevaba sus súplicas ante el altar del Señor. Al igual que el santo anciano Simeón, reconoció en el Niño al Mesías prometido a su pueblo y transportada de gozo, estalló en acciones de gracias y dió testimonio de Jesús delante de todos los que esperaban la redención de Israel. Después de estas manifestaciones gloriosas al par que sombrías, María se acercó al atrio de los hebreos. Un sacrificador recibió las dos tortolillas, oblación de la pobre madre y recitó en su presencia las oraciones del sagrado rito. El sacerdote la introdujo entonces en el recinto interior para la ceremonia de la presentación. Juntamente con José, María puso el niño en manos del Ministro de Dios y después de pagar los cinco siclos de rescate, lo recibió nuevamente en sus brazos. En aquel momento, en vez de recobrar la libertad que le aseguraban las formalidades legales, el Niño Dios se sometía voluntariamente a la esclavitud y consagrándose del todo a la gloria de su Padre, se ofrecía como víctima por la salvación de la humanidad. María y José, movidos por el mismo amor, ofrecían a Dios como obra suya el tesoro depositado en sus manos. 

     Cumplidas las prescripciones de la ley de Moisés, los santos esposos regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret".

                                     *       *       *

     REFLEXIÓN(²): Represéntanos cada año la Santa Iglesia el misterio de este día en la procesión que hace hoy con las candelas encendidas, que es una ceremonia antiquísima y de grande devoción, instituida por inspiración del Espíritu Santo para enseñarnos a tomar a Cristo y llevarle en nuestras manos como luz del mundo y hacha encendida; suplicándole que alumbre e inflame nuestras vidas y nuestros corazones. Recibamos pues con sencillez de niños, la luz de su santa doctrina y practiquémosla con buena voluntad porque contradecirla y despreciarla es señal de reprobación; creerla y practicarla es prenda de eterna vida. En este misterio es muy digna de ponderarse aquella profecía del venerable anciano Simeón el cual, teniendo en sus brazos al Divino Infante, dijo que este Niño sería para muchos salud, y para otros piedra de tropiezo y escándalo. Estas dos cosas se han visto cumplidas en todos los siglos y se cumplirán hasta el fin del mundo. ¡Tremendos juicios de Dios! 

     ORACIÓN: Todopoderoso y Sempiterno Dios, rogamos humildemente a vuestra Majestad Excelsa, que así como vuestro Unigénito Hijo fue presentado hoy en el templo, vestido de nuestra carne, así nos concedáis la gracia de presentarnos a Vos con la pureza que debemos. Por Jesucristo, Dios y Señor Nuestro. Amén.   

                                     *       *       *

MEDITACIÓN: LA PURIFICACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.(³).

     I. Al presentarse para ser purificada, María sacrifica su gloria a la gloria de Dios, porque, para cumplir la ley, oculta sus dos admirables prerrogativas: la de virgen y la de Madre de Dios. Aprende de este misterio a poner tu honra en la obediencia a Dios. Aunque fuese preciso que pases por el mayor pecador de la tierra, siempre que Dios sea con ello glorificado, debes estar contento. Jesús te da el ejemplo sometiéndose a la circuncisión, y María observando la ceremonia de la purificación. La verdadera honra está en la estima que Dios tiene de ti.

     II. Ella inmola a su querido Hijo, lo presenta a su Padre para que disponga de Él a su agrado. Da a Dios lo más precioso que tiene. ¡Gran lección para padres y madres! Es menester que ofrezcan a Dios sus hijos y no, por lo contrario, que les impidan consagrarse a su servicio cuando quieran hacerlo. Ofrezcamos hoy a Dios lo más querido que tenemos: nuestros corazones, nuestra voluntad, nuestras inclinaciones!

     III. El Eterno Padre recompensa a María por su generosidad: le devuelve su Hijo y su honor por medio de Simeón, quien reconoce en Ella a la Virgen Madre de Dios y lo torna a sus brazos. Si sacrificas a Dios tu honra y tus inclinaciones, Él te recompensará liberalmente aun en esta vida. ¡Cuán bueno es servir a un Señor tan generoso! Él da los bienes del cielo a quien le sacrifica los de la tierra. ¿Por qué no cambiar la tierra por el cielo? ¿Por qué con bienes pasajeros, no comprar los eternos? ¿Por qué, con lo que es perecedero, no adquirir lo que dura siempre? (San Pedro Crisólogo). 

ORACIÓN

     Dios todopoderoso y eterno, escuchad benigno las súplicas que dirigimos a vuestra suprema Majestad, y así como vuestro Unigénito fue hoy presentado al templo, revestido de carne semejante a la nuestra, haced que nos presentemos ante Vos con un corazón purificado. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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Fuentes: (¹)"JESUCRISTO, su Vida, su Pasión, su Triunfo", del Rvdo. P. Berthe, F.SS.R.

     (²)"FLOS SANCTORUM ANNO DOMINI", P. Francisco de Paula Morell S. J.

     (³)"MARTIROLOGIO ROMANO" (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo I; Patron Saints Index.

jueves, 1 de febrero de 2024

𝗟𝗼𝘀 𝗗𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝘀𝗽í𝗿𝗶𝘁𝘂 𝗦𝗮𝗻𝘁𝗼.



𝗟𝗼𝘀 𝗗𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝘀𝗽í𝗿𝗶𝘁𝘂 𝗦𝗮𝗻𝘁𝗼 𝘀𝗼𝗻 𝘀𝗶𝗲𝘁𝗲: 𝗦𝗮𝗯𝗶𝗱𝘂𝗿í𝗮, 𝗘𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼, 𝗖𝗼𝗻𝘀𝗲𝗷𝗼, 𝗙𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝘇𝗮, 𝗖𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮, 𝗣𝗶𝗲𝗱𝗮𝗱, 𝗧𝗲𝗺𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗗𝗶𝗼𝘀.

Los Dones del Espíritu Santo sirven para afianzarnos en la Fe, Esperanza, y Caridad, y darnos prontitud para actuar las virtudes necesarias a la perfección de la vida cristiana.

𝗦𝗮𝗯𝗶𝗱𝘂𝗿í𝗮 es un Don con el que, alzando el entendimiento de estas cosas terrenas y caducas, contemplamos las eternas, a saber: la Eterna Verdad, que es Dios, amándole y deleitándonos en Él, en lo cual consiste todo nuestro bien.

𝗘𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 es un Don que facilita la inteligencia de las Verdades de la Fe y de los Divinos Misterios, inasequibles a la luz natural de nuestro entendimiento.

𝗖𝗼𝗻𝘀𝗲𝗷𝗼 es un Don con el que, en las dudas e incertidumbres de la vida humana, conocemos lo que ha de redundar en mayor Gloria de Dios y salud nuestra o de nuestro prójimo.

𝗙𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝘇𝗮 es un Don que nos inspira valor y aliento para guardar fielmente las Leyes de Dios y de la Iglesia, y con que vencemos todos los obstáculos y asaltos de nuestros enemigos.

𝗖𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 es un Don con el que juzgamos rectamente de las cosas creadas, y conocemos la manera de usar bien de ellas y de enderezarlas al último fin, que es Dios.

𝗣𝗶𝗲𝗱𝗮𝗱 es un Don con el que veneramos y amamos a los Santos, y conservamos un corazón piadoso y benévolo para con nuestro prójimo por Amor de Dios.

𝗧𝗲𝗺𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗗𝗶𝗼𝘀 es un Don que nos inspira reverencia de Dios y temor de ofenderle, y nos aparta del mal moviéndonos al bien.

Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto.