sábado, 28 de octubre de 2023

RECORDEMOS CUÁLES SON LAS INTENCIONES DEL SUMO PONTÍFICE


 Para obtener indulgencias, junto con otras condiciones, la Iglesia suele pedir que se recen ciertas oraciones (por lo general un Padrenuestro, una Avemaría y Gloria ‐y un Credo‐) por las intenciones del Sumo Pontífice.

Existe el error generalizado que se refiere a las intenciones que en ese momento tenga, de acuerdo con las circunstancias, el Papa reinante. Esto no es así. En realidad cuando la Iglesia establece que se rece "por la intenciones del Sumo Pontífice", se refiere a determinadas intenciones que ya tiene preestablecidas como intrínsecas para los romanos pontífices. 

A continuación las enumeramos: 

 1 – La exaltación de la Iglesia Católica: porque el Señor la fundó y constituyó como signo e instrumento de salvación para el mundo. 

 2 – La eliminación de la herejía: porque el Señor pidió a sus discípulos y a cuantos creyeran en él seguir la verdad toda íntegra y no elegir partes de la misma, absolutizándolas y haciéndolas disparatadas y erróneas. Dichas “verdades” que los protestantes dicen haber conservado, si lo son realmente, ya se encuentran en la verdad católica de donde las copiaron.

 3 – La propagación de la fe: porque el Señor ordenó a los apóstoles y a sus sucesores enseñar el Evangelio y hacer discípulas a todas las naciones.

 4 – La conversión de los pecadores: porque el Señor vino a salvar todas las almas mediante su palabra divina y la institución de los sacramentos. 

 5 – La verdadera concordia entre las naciones: porque el Señor hizo caer con su cruz el muro de enemistad que se erige entre aquéllas. Se recuerda que los papas consideraron a todos los pueblos, en especial los cristianizados, como sus hijos. 

 6 – Los demás bienes del pueblo cristiano.

 Imagen: El segundo Papa de la Iglesia Católica: San Lino.

jueves, 26 de octubre de 2023

VENID, JESÚS


   La Humanidad no tiene fuerzas para apartar el obstáculo que ella misma ha creado tratando de impedir vuestro regreso. Enviad a vuestro ángel, ¡oh, Señor!, y haced que nuestra noche se vuelva luminosa como el día.

   ¡Cuántos corazones os esperan, oh, Señor! ¡Cuántas almas se consumen en el anhelo del día en que sólo Vos viviréis y reinaréis en los corazones!

Venid, Jesús Nuestro Señor.

   Hay muchas señales de que la hora de vuestro regreso no está lejana.

   ¡Oh, María! Vos, que habéis visto resucitado a vuestro Hijo, que con la primera aparición de Jesús visteis suprimida la inenarrable angustia producida por la noche de la Pasión, María, a Vos ofrecemos las primicias de este día. A Vos, esposa del Espíritu divino, nuestro corazón y nuestra esperanza.

Pío XII, Mensaje Pascual de 1957

miércoles, 25 de octubre de 2023

UN OBISPO HABLA DESDE ROMA

Monseñor Stankevičs, arzobispo de Riga, presente en el Sínodo de la Sinodalidad, declaró que "debemos ser fieles a las Sagradas Escrituras y a 2,000 años de interpretación de la Iglesia".

 

martes, 24 de octubre de 2023

EL ARMA


Para combatir a Satanás eficazmente y en todas partes, el Padre Pío usaba el santo Rosario, que rezaba sin interrupción y con perseverancia. Lo llamaba con un nombre signi­ficativo: el “Arma”. Se puede interpretar que era para él el arma de defensa y de ataque contra Satanás.

El 7 de octubre de 1916 el Padre Pío tuvo una visión, que por humildad prefirió decir que era un sueño. Cuenta él mismo:

"Me parecía estar -dice el Padre Pío- en la ventana del coro de la pequeña iglesia de San Giovanni Rotondo y mirando por la ventana vi en la plaza, ubicada delante de la iglesia, una inmensa muchedumbre muy apretada. Después de haber observado esta innumerable multitud de gente, me incliné a esta ventana, y pregunté:

-“¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren?”

Y toda esta multitud, en coro, con una voz tosca y ensordecedora, gritó: “¡La muerte del Padre Pío!”. Me di cuenta que eran todos demonios.

Ante estas palabras entré al pequeño coro para rezar, uiitn llegó a mi encuentro la Santa Virgen, la cual, con una mirada maternal, apenada y con un gesto decidido, me puso entre las manos un “Arma”, diciéndome: *¡Con esta arma, eres tú quien ganarás!* Me incliné en la ventana del pequeño coro y todas estas personas cayeron a tierra fulminadas, permaneciendo desva­necidas. ¡Yo me desperté!

En seguida me volví a dormir -prosigue el Padre Pío-, y me encontré en la misma ventana. Vi de nuevo una incontable multitud, asombrado, y no sin una cierta desilusión, grité: “¡Ah!... ustedes no han muerto!”, y pregunté otra vez: “¿Quiénes son ustedes?”. Ellos respondieron: “¡Somos cristianos!”. Ya tranquilizado, les dije: “¡Ustedes son los hijos y los discípulos de Jesús!... ¡Entonces, vengan conmigo! ¡Síganme y obedézcanme! ¡Y nadie más los perju­dicará!”

Y añadí: “Aprieten siempre en sus manos el Arma de María, y ustedes ganarán siempre y por todas partes la victoria sobre los enemigos infernales”.»

Cuando hablaba del Arma, sus hermanos no entendían de qué se trataba, no se sabía qué era, en qué consistía, dónde estaba escondida, cómo poder encontrarla.

Algunos días antes de su muerte, el Padre Pío reveló el misterio e indicó muy claramente el “Arma de María”.

Estando en su cama, dice a sus hermanos que estaban con él en su celda: “Pásenme el Arma”.

Y los hermanos, sorprendidos y con curiosidad, le pre­guntaron: “¿Dónde está el Arma? ¡Nosotros no vemos nada!”.

Y el Padre Pío respondió: “¡Está en mi hábito, que ustedes tienen colgado en la percha!”.

Los hermanos, después de haber buscado en todos los bolsillos de su hábito le dicen: “¡Padre, no hay ningún Arma en su hábito!... Solamente hay un Rosario”.

Y en seguida el Padre Pío dijo: “¡Y eso, ¿no es un Arma?!... ¿La verdadera Arma?”

Con esta Arma el Padre Pío derrotó a la inmensa multitud de diablos que estaban furiosos desde el comienzo de su ministerio sacerdotal en San Giovanni Rotondo, en la pequeña iglesia; con esta “Arma de María” venció conti­nuamente a Satanás y a sus satélites durante toda su vida, que estaba siempre expuesta a los ataques tan insidiosos del infierno.

El Padre Pío dio como legado a sus hijos espirituales: "Esto es mi testamento y mi voluntad: ¡Amen y hagan amar a la Virgen María! ¡Recen y hagan rezar el Rosario!”.

Por eso en la jaculatoria bien conocida, en honor a la Inmaculada, el Padre Pío había insertado: “Oh, María, sin pecado concebida, “terror de los demonios”, ruega por nosotros que recurrimos a ti”.

(Padre Pío, el primer Sacerdote estigmatizado. P. Ramón Ricciardi).

lunes, 23 de octubre de 2023

Y ME DISTE POR VIDA TU VIDA


 Y ME DISTE POR VIDA TU VIDA

Y me diste por vida tu vida.

Y me diste por madre a tu madre.

Y me diste tu amor sin medida.

Y me diste la fe para amarte.


Se clavó a una cruz para desclavarte del pecado. 

Se dejó matar para que tuvieras vida eterna.

Bebió el cáliz de la tortura, el dolor y el sufrimiento para que bebieras el vino nuevo de la salvación.

Se dio por ti para que lo des todo por Él.


Luis Fernando