sábado, 19 de febrero de 2011

SIN AMOR ES IMPOSIBLE


No existe posibilidad alguna de salvación, para la persona que no sea capaz de amar. Que no se capaz de devolver al Señor al menos una pequeña parte del amor que Él nos tiene. Y no pensemos que ese amor suyo a nosotros es un amor genérico, como es generalmente el nuestro, sino tremendamente personal e individualizado, como si cualquiera de nosotros fuésemos la única persona creada por Él. En nuestra pobre mente, esta idea no nos cuadra, porque en nosotros todo es limitado y como siempre medimos todo, con medidas antropomórficas, incluso lo divino, nos resulta imposible concebir que a millones de seres humanos, se les pueda querer individual y personalmente, como si solo uno de ellos fuese el único ser creado por Dios. Y esto es así, de tal forma que si fuese necesario, el Señor bajaría otra vez a la tierra y solo por ti lector o por mí que escribo estas líneas, estaría y está dispuesto a volver a dar su vida humana, con todo el sufrimiento y dolor con que nos la regaló, hace ya más de dos mil años.

Para Dios, el amor es el todo de todo, y ello es perfectamente comprensible que así sea, ya que reiteradamente, San Juan el discípulo amado, no lo escribió una y otra vez en sus cartas y en el evangelio.

“Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es amor, y el que vive en amor permanece en Dios, y Dios en él”. (1Jn 4,16). Y aquí, más que emplear la palabra Dios, que para nosotros, puede tener un cierto sentido restrictivo, hemos de emplear el término “Santísima Trinidad”, porque teniendo en cuenta lo poco que conocemos de este gozoso misterio, sabemos que es precisamente el amor lo que une indisolublemente a las tres personas divinas, porque Ellas, las tres lo que tienen es una eterna comunicación de amor.

Y nosotros hemos sido creados, para participar en esa eterna comunicación de amor, en participar en la propia naturaleza del amor de Dios. Y es ahí, donde precisamente se encuentra la felicidad que tan desesperadamente buscamos por errados caminos mundanos y materiales. Solo el amor de Dios puede darnos la plena felicidad, para la que hemos sido creados. Y esta felicidad, que en este mundo nadie puede alcanzarla plenamente, sino solo en muy pequeñas dosis, por aquellas almas dichosas que han alcanzado un nivel de vida espiritual tremendamente alto. Esta felicidad que nos proporciona la participación en el amor del misterio trinitario, es la que nos espera a los que seamos capaces de superar la prueba de amor a la que ahora, aquí abajo, estamos convocados a superar. Tenemos que demostrar que somos dignos de recibir, ese gran amor que Dios nos tiene preparado, para los que se salven. ¡Pero ojo!, este amor no será de la misma medida o tamaño para todo el mundo, sino que será escalonado y jerarquizado, de acuerdo con la cuantía y calidad del amor, que aquí abajo seamos capaces de demostrar.

Reiteradamente más de un santo ha escrito o dicho, que las almas serán juzgadas por la cuantía de su amor. Las obras son importantes pero si no las hemos ejecutado en función del amor a Dios, arriba no nos computarán. A este respecto San Juan de la Cruz escribe diciendo: “Al atardecer te examinarán de amor. Al término de la vida y al término de la existencia, el criterio del juicio será el amor”. Más seremos juzgados por el amor demostrado al Señor durante nuestra vida, que por la bondad de las obras que hayamos ejecutado, porque por muy loable que éstas hayan sido a los ojos de los demás, si resulta que no las hemos realizado en función del amor a Dios, de nada nos aprovecharán.

Es necesario distinguir entre una obra realizada a favor de los demás en razón del amor que al Señor se le profesa, que la obra realizado en favor de los demás solo por razones humanitarias, que es lo que se conoce con el nombre de “filantropía”. San Pablo claramente decía: “Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha”. (1Cor 13,3).

Al mencionar el término caridad, San Pablo se refiere naturalmente a la tercera virtud teologal, a la Caridad entendida solo como amor al Señor.

Es triste ver cuantas buenas obras se ejecutan en el mundo de espaldas al Señor, por ejemplo, la mayoría de las que se realizan al amparo de esas nuevas organizaciones de carácter laico y muchas veces político denominadas ONG, que viven de las subvenciones estatales y que a nadie dan cuenta del dinero que reciben y en que lo emplean.

Muchas veces se realizan obras de caridad, en las que sus promotores o promotoras, más buscan un afán de protagonismo personal y de vanidad, creando rastrillos, tómbolas y rifas para conseguir dinero, que no dudo de que al final se destine, a la obra benéfica de que se trate. Pero tal como diría el Señor cuando estaba entre nosotros: Con su vanidad ya están pagados.

El amor puro y desinteresado demostrado al Señor a lo largo de nuestra vida, será el principal activo con que nos podremos presentar allá arriba. El amor es lo básico y fundamental, todo lo demás, sea una obra de caridad, un sacrificio un ayuno, o sea lo que sea, solo nos aprovechará si lo hemos realizado en función del amor que le debemos al Señor, porque solo en razón de este Amor y nada más que de este Amor nos podemos salvar, ya que en sí, ese Amor es Dios mismo.

Autor: Juan del Carmelo
Fuente: ReL
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