lunes, 28 de septiembre de 2009

Y DESPUÉS DEL PEQUEÑO BRAULIO... ¿QUIÉN SIGUE?


-El siguiente artículo fue escrito en el año 2,000 y causó un fuerte impacto en los lectores. Sin duda conservan plena vigencia los razonamientos que en él se desarrollan y nos muestra que lo que entonces se denunciaba como una posibilidad, hoy -lamentablemente- es ya un hecho en la capital mexicana, donde ya se aprobó el aborto. El paralelismo de dos sucesos que se narran es impresionante y el testimonio final de una mujer violada nos deja reflexionando profundamente-.


En los últimos meses ha habido dos sucesos en México que han impactado de diversa manera a la opinión pública. Ambos aparentemente inconexos, pero que, como veremos, tienen gran interrelación entre sí y nos llevarán a importantes reflexiones. Se refieren a acontecimientos que, por desagradables, muchos quisieran ignorar, pero que –quiérase o no- son parte viva de una sociedad con un alto grado de descomposición y que deben analizarse por su gravedad.

EL PEQUEÑO BRAULIO

El primero, se refiere al escándalo que provocó el cruel secuestro de un bebé por parte de un enfermero que atendía al abuelo de la víctima y un cómplice; quienes, conjuntamente, cometieron el atroz crimen de raptar al pequeño Braulio en una maleta, para luego asesinarlo en un hotel, incinerarlo en un lote baldío y aún pedir rescate. Antes de conocerse la fatal noticia del crimen, la foto del bebé con el rostro sonriente -que denotaba la felicidad de un niño muy amado por sus padres- recorrió todo el país. Un ejército invisible de mexicanos se solidarizó con la familia de la víctima y trató, por todos los medios, de localizar al pequeño Braulio. Realmente impactantes fueron los angustiosos llamados de sus padres a los secuestradores. Sin embargo, todo fue inútil: el par de chacales habían cegado la vida de aquel bebé sonriente.

El dolor de sus familiares –padres y abuelos- y sus careos con los infames asesinos conmovieron a toda la sociedad. El repudio a los victimarios fue generalizado, provocando, incluso, el debate sobre la conveniencia o no de la pena de muerte para futuros criminales que, al igual que éstos, fuesen tan arteros y desalmados. Quienes la defendían, alegaban en su favor la necesidad de un castigo ejemplar para criminales de víctimas tan indefensas (como Braulio), para asesinos que con toda la alevosía, ventaja y premeditación perpetran actos tan abominables contra un bebé. Los detractores de la pena de muerte argüían los posibles errores en los juicios, así como otras consideraciones. Sin embargo, ahora sólo una cosa es cierta: el pequeño bebé Braulio no estará más con sus padres.

PAULINA E ISAAC

El otro suceso que a primera vista podría parecer que no tiene relación con el anterior y que también provocó ríos de tinta en la prensa nacional, fue el caso de Paulina e Isaac, que aconteció unos cuantos meses después del crimen del que fue objeto el pequeño Braulio.

Paulina es una jovencita, de catorce años, muy humilde –de un estrato cultural y económico muy bajo- que fue víctima de una violación. Como resultado de este artero ataque, Paulina quedó embarazada. En su difícil situación, seguramente mal aconsejada, pensó que la solución a su problema sería el aborto. Para ello acudió junto con su madre ante el Sr. XXXX, Procurador de Justicia de Baja California, estado situado al norte de México, para solicitar una orden para que le fuese practicado un legrado.

El Sr. XXXX consciente de que el aborto no es otra cosa que el asesinato de un ser humano, al observar la confusión de Paulina y de su madre, intentó disuadirlas de su decisión, pero ante su negativa consideró conveniente que fuesen orientadas por un sacerdote católico, por ser éste de la misma religión que Paulina. El Padre con el que acudieron le explicó seguramente a la jovencita, con afecto y comprensión, que si era aborrecible y condenable lo que habían hecho con ella, también lo sería cegar la vida -con premeditación, alevosía y ventaja- de un pequeñísimo ser indefenso que no pidió que lo trajesen al mundo y que este niño era tan víctima del violador como lo fue la propia Paulina. Que moralmente era inadmisible tratar falsamente de solucionar un crimen -el de la violación- con otro peor: el asesinato de un bebé en gestación. Que no tenía obligación de conservar al niño y que podía otorgarlo en adopción. Con caridad y prudencia, seguramente trató de hacerle ver que la ley civil que aprueba el aborto en estos casos, es una ley criminal, pues viola el derecho más sagrado del ser humano: la propia vida, ya que ésta se inicia en el momento de la fecundación del óvulo, que produce un ser humano diferente a la madre -con todos sus derechos, incluyendo en primer término precisamente ese respeto a su vida-. No se trataba, entonces, de una decisión de Paulina sobre su cuerpo sino sobre la vida de un tercero: su propio hijo. A pesar de todo, en su desolación Paulina y su madre no entendían la trascendencia de su terrible decisión y no pudieron ser convencidas por el sacerdote.

SE FIRMA EL EDICTO DE MUERTE

Ante esta situación el Sr. XXXX, según declaró se sentía obligado a defender en conciencia la vida del niño: “...ante el hecho de que me llega alguien que está latiendo, yo tengo derecho a considerar que tiene derecho a vivir y poner lo mejor de mí y buscar la mejor palabra que pueda disponer para tratar de que esa criatura no forme parte de las estadísticas (de los bebés asesinados)”. Por ello volvió a intentar convencer a la madre de Paulina y a la misma menor de que respetasen la vida del bebé y lo diesen en adopción. Ante la insistencia y exigencia de la madre de Paulina, de que acatara la ley, el Procurador de Justicia cedió, igual que Pilatos, –contra su conciencia- y firmó la criminal resolución para que se practicara el aborto. “Si no firmas el edicto de muerte no eres amigo de la ley” le habrán dicho, al igual que los judíos pedían a gritos la muerte de Jesucristo: “Si no lo crucificas no eres amigo del César”. Seguramente tuvo el atenuante de que suponía lo que después acontecería: el Dr. Ismael Ávila, director del Hospital General se negó a realizarlo argumentando cuestiones de ética médica, sin embargo y debido a ello fue detenido en la agencia del Ministerio Público. Se le deja salir y avisa que ya están preparados el ginecólogo y el anestesiólogo. Poco tiempo después, Paulina y su madre, luego de hablar con los médicos y personal de acción social que le ofrecían conservar al bebé y buscarle unos padres en adopción, cambian de opinión al conocer los riesgos que todo aborto implica, negándose a firmar la responsiva para que se efectuara la criminal operación que asesinaría al pequeño bebé.

Finalmente, el pequeño nace. La madre, olvidando todas sus dudas y amarguras, se vuelca de cariño y ternura hacia su bebé y decide no darlo en adopción. Curiosamente lo bautiza con el nombre de Isaac. Seguramente, en su ignorancia, no sabía que Isaac es el personaje que la Biblia relata que iba ser sacrificado por su padre Abraham, para probar su fidelidad a Dios, pero que una vez comprobada ésta, un ángel detiene su mano a fin de evitar su muerte. El nuevo Isaac también se había salvado de la muerte decretada, inicialmente, por su madre y su abuela, como consecuencia de un acto criminal –también- de su propio padre.

Isaac corrió con mejor suerte que el pequeño Braulio: se respetó su derecho a la vida.

FEMINISTAS EXACERBADAS

Sin embargo, la historia no terminó ahí. Los grupos dizque feministas, conectados con partidos y asociaciones de izquierda, se rasgaron las vestiduras por la actitud del Procurador de Justicia de Baja California. No les bastó que firmara la resolución a favor del aborto, pues había tratado de convencer a la menor que no asesinara a su hijo. Según ellas había violado la ley. ¡La ley! ¡la ley! LA INFAME E INICUA ley que permite a las madres inmolar a sus hijos en caso de violación. Al director del Hospital General y a sus médicos casi se los comen vivos las activistas: “No respetan los derechos humanos” vociferaron. Pedían la sangre de Isaac en nombre de la justicia. Del violador, miserable criminal, claro está, ni siquiera se acordaron. ¿Por qué tanta comprensión con él? ¿Por qué no obligarlo a pagar la manutención del niño? Lo importante era que cayera todo el peso de su “justicia” sobre el Procurador y los médicos. Que sirva de precedente para que las madres hagan lo que quieran con su cuerpo, decían. Estas feministas y “compañeros de viaje” han causado tan gran revuelo que lograron confundir incluso a personas antes tan indignadas por la muerte del niño Braulio. Dos diferentes medidas para dos criaturas que tenían el mismo derecho, pero según ellas: Braulio merecía la vida e Isaac la muerte. ¡Paradójica incongruencia! Siendo que el homicidio que se intentaba con Isaac fue el mismo que se cometió con Braulio. La diferencia de tiempo –antes o después del parto- no cambia la perversidad del crimen, ni la disminuye o aumenta al ser éste menos o más tangible. El ser humano inicia su vida en el momento de la fecundación del óvulo. Por ello, cualquier instrumento (DIU), pastillas (anticonceptivos con doble efecto: anovulatorio y/o microabortivo) o sustancia (pastilla o inyección “del día siguiente”) que impida la implantación de ese óvulo fecundado son tan criminales como cualquier aborto.
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Ciertamente, no se buscaba el bien de Paulina sino la manipulación del caso, políticamente, contra un partido que está contra el aborto y que gobierna Baja California (aunque extrañamente su candidato, Vicente Fox, futuro presidente de México, lo acepta en casos que considera “extremos”). Es puro activismo, para buscar la total despenalización de este crimen en México. En el estado de Yucatán ya lograron que se le permita, por motivos económicos, cuando la mujer tenga más de tres hijos.

Lo que deseaban en el caso de Isaac, era sólo transformar el escenario: la maleta donde transportaron al pequeño Braulio por el vientre de su madre que lo llevaría, directamente, ya no al viejo hotel donde azotaron al bebé sonriente sino al higiénico hospital en donde con toda pulcritud sería asesinado. El lote baldío donde incineraron a Braulito se cambiaría por un quirófano en donde Isaac moriría calcinado por sustancias mortíferas o desmembrado o succionado del útero materno. El “rescate” que pedían los criminales sería pagado ahora con fondos del erario o de la madre del bebé. Los secuestradores y ejecutores serían ahora transformados en autoridades que autorizan el crimen y en médicos criminales y enfermeras altamente preparadas para asesinar pulcramente bebés –“productos” les llaman ellos-. Sin embargo, como se dice coloquialmente: “no se les hizo”. Felizmente Isaac, al igual que el personaje bíblico no fue muerto, en este caso, por decisión de su propia madre, quien ahora lo ama a pesar de todo su calvario. Quienes pedían su sangre, como los judíos la de Cristo, se revuelcan de rabia. De Isaac no querían que quedara ni su sombra. Ahora que Isaac vive, tienen en la mira a los que de alguna manera defendieron su derecho. No quieren más Isaacs vivos. Si no, que lo digan los miles de niños abortados. Primero fue el homicidio del pequeño Braulio, luego el intento con Isaac... ¿quiénes y cuántos siguen después? ¿Qué hacemos nosotros por evitar este genocidio a través del crimen legalizado o no, que paso a paso avanza en nuestro país? Cada vez son más las causales por las que “la ley” permite el aborto. Sus activistas no cesan en intentar su plena autorización –con cualquier pretexto y en cualquier situación- e influyen cada vez más en la opinión pública, ante la pasividad de una mayoría creyente (o cuando menos consciente de este gran crimen) que debería luchar virilmente a favor de la vida.

UNA ACTITUD EJEMPLAR

Finalmente, sin ningún comentario que sólo saldría sobrando, citaré las palabras de una mujer violada: “Yo ya decidí. Seré Madre. El niño será mío y de nadie más, sé que podría confiarlo a otras personas, pero él –aunque yo no lo quería ni lo esperaba- tiene el derecho de mi amor de madre. No se puede arrancar una planta con sus raíces. El grano de trigo caído en el surco tiene necesidad de crecer allí....”. Esta frase no es de una mujer común sino de Sor Lucy Vertrusc, una de las religiosas víctimas de violación por parte de soldados serbios, quien ahora con la debida licencia dejará su congregación para realizar su “vocación religiosa de otra manera...me iré con mi hijo...Dios me indicará el camino a recorrer...me iré con mi madre a recoger, en nuestros bosques, la resina de la corteza de los árboles...alguien tiene que empezar a romper la cadena de odio que destruye desde siempre nuestros países. Por eso, al hijo que vendrá le enseñaré sólo el amor. Este mi hijo nacido de la violencia, testimoniará junto a mí que la única grandeza que honra al ser humano es la del perdón”.

Autor: Lic Oscar Méndez Casanueva.
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3 comentarios:

  1. yo pensaba que me iba a aparecer niños guapos no cochinadas de primera mi hermano se llama braulio y el es guapo y aveces mensito pero a el lo voy a subir a internet de los niños mensos y guapos pongan cosas divertidas no tonterias el que escribio todo esto es un idiota...

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  2. ¿De verdad crees que tu comentario rebosa inteligencia y resulta ésta muy superior a las que consideras "tonterías" escritas por un dizque "idiota"?

    Este blog no es un aparador de "niños guapos" ni tampoco de "niños mensos" que ignoramos por qué tanto te interesan (?). Creemos que te equivocaste de sitio. Cierto que en la etiqueta "curiosidades" colocamos temas divertidos, pero estos no son la finalidad primordial ni los temas principales de nuestro sitio.

    Esta es la dirección de esa etiqueta, por si te interesa:
    http://catolicidad-catolicidad.blogspot.mx/search/label/Curiosidades

    Inicialmente, por tu comentario, supusimos que tu edad era de una niña muy pequeña, pero por la ortografía y redacción suponemos que cronológicamente no lo eres tanto.

    En fin, te aconsejamos buscar un sitio más afín a tus "profundos" intereses.

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  3. A mi en lo perzonal me enqanto el artiqulo y totalmente de aquerdo qon lo qe en el ze dize !

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