viernes, 18 de julio de 2014

VENCER AL MAL CON EL BIEN




La cizaña es una planta parecida al trigo, que es muy difícil al ojo experto del labriego, distinguirla del propio trigo. Y, mezclada con harina buena, contamina el pan y es perjudicial para el hombre. Sembrar cizaña entre el trigo era un caso de venganza personal, que se dió muchas veces en Oriente.

Mientras dormían los hombres,
 vino su enemigo, sembró la cizaña
 en medio del trigo, y se fué
Los Santos Padres han visto en la cizaña una imagen de la mala doctrina, del error, que se puede confundir con la verdad misma, “porque es propio del demonio mezclar el error con la verdad” -afirma San Juan Crisóstomo-, y difícilmente se distinguen; pero, después, el error siempre produce consecuencias catastróficas en el pueblo.

Hoy, esta parábola no ha perdido nada de actualidad: muchos cristianos se han dormido y han permitido que el enemigo sembrara la semilla, en la más completa impunidad. Y así han surgido errores sobre casi todas las verdades de fe y moral.

Por lo tanto, hemos de estar vigilantes con aquellas publicaciones, programas de televisión, lecturas, y otras muchas cosas más que siembran el error y la mala doctrina. Es necesario vigilar para no dar cabida al error, que pronto lleva a la esterilidad y al alejamiento de Dios.

APREMIA CAMBIAR EL RUMBO

En efecto, el error y la ignorancia han producido muchos estragos. El profeta Oseas escribió: languidece mi pueblo. Y, en nuestros tiempos, no podemos negar que andan muchos sumidos en la tristeza, en el pecado, en el desconsuelo, en la desorientación más grande, por falta de la verdad sobre Dios. Son muchas las personas que se dejan arrastrar por las modas y por las ideas impuestas por unos pocos que están en lugares de gran influencia, o se ven deslumbrados por falsos razonamientos, con complicidad de las malas pasiones.

Desgraciadamente, el enemigo de Dios y de las almas ha utilizado todos los medios posibles. Se desfiguran unas noticias. Se silencian otras. Se propagan ideas demoledoras sobre el matrimonio, a través de seriales de televisión de gran alcance. Se ridiculiza el valor de la castidad y del celibato. Se propugna el aborto y la eutanasia. Se siembra la desconfianza ante los sacramentos. Y se da una idea pagana de la vida, como si Cristo no hubiera venido a redimirnos y a recordarnos que nos espera en el Cielo. Y esto, además, se hace con una constancia y un empeño increíbles. Se puede decir, en verdad, que el enemigo no descansa.

IMPRIMIR UN RUMBO A LA HISTORIA

Sin embargo, debemos considerar que a la historia se le puede imprimir un rumbo distinto. No está predeterminada al mal y Dios nos ha dado la libertad para que sepamos conducirla a Él. Y ésta es tarea de todos: a cada cristiano, esté donde esté, le atañe la misión de sacar a los hombres de la ignorancia y de sus errores.

Es cierto que hay profesiones que pueden tener una mayor influencia en la vida pública. Sin embargo, todos podemos y debemos sembrar buena semilla con simpatía, con amabilidad, con oportunidad, en la propia familia, entre los amigos, en el ámbito en el que nos movemos, mostrando con valentía la belleza de la verdad y desenmascarando el error. Otras veces, aconsejando un buen libro, con contenido doctrinal católico. También animaremos a los demás, con el propio ejemplo, a que se comporten como buenos cristianos.

Sería bueno que nos convenciéramos de que debemos sacar el máximo provecho, a las muchas oportunidades que se nos presentan en la vida ordinaria, paras sembrar la buena semilla de Cristo. Unas veces será con motivo de un viaje. Otras, al leer el periódico, al charlar con los vecinos, a propósito de la educación de los hijos, al participar en un Colegio profesional, o al emitir el voto en unas elecciones. Pensemos que así servimos a Cristo y seremos su voz en el mundo.

VENCER EL MAL

La abundancia de cizaña sólo puede contrarrestarse con abundancia de buena doctrina: vencer al mal con el bien, decía San Pablo en la Carta a los Romanos. Y también lo debemos hacer con el ejemplo de vida, la coherencia de conducta, -que es naturalidad-, y con la presencia activa en las realidades humanas nobles que nos atañen. Porque no basta con lamentarse ante los errores y los medios tan poderosos que hay para difundirlos. Es la hora de salir al descubierto con todos los medios, pocos o muchos, que tengamos a nuestro alcance. Y disponernos a no desaprovechar una sola ocasión que se nos presente.

Debemos preguntarnos: ¿qué puedo hacer yo en mi familia, en el trabajo, en la escuela, en la agrupación social o deportiva a la que pertenezco?. Reflexionemos: las modas pasan, y aquellos aspectos contrarios a la doctrina de Jesucristo que perduren, los cambiaremos los cristianos con empeño, con alegría, con una santa tozudez humana y sobrenatural. Nada es inevitable, todo puede llevar otro rumbo, si hay hombres y mujeres que aman a Cristo y están santamente empeñados en que las costumbres sean más conformes con el querer de Dios. Debemos estar absolutamente convencidos de que la doctrina de Jesucristo es la única que puede traer la felicidad y la alegría al mundo.

Padre José Manuel Ardións Neo.

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